RESUMEN DE LA PRÁCTICA
Instrucciones generales: Tiempo de quietud por la mañana/ noche, recordatorios cada hora, Respuesta a la tentación. Ver la Lección 153.
Propósito: Renunciar a la herencia que te has dado a ti mismo: una colección de cosas separadas con nombres separados; y al hacerlo, sentir el Nombre que Dios te ha dado como tu verdadera herencia. Esta experiencia intensificará tu motivación y fortalecerá tu compromiso. No puedes fracasar hoy.
Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Por lo menos cinco minutos; lo ideal es treinta minutos o más.
- Repite la idea.
- Deja que tu mente acepte el Nombre que Dios te ha dado. Ésta es la respuesta a la lamentable herencia que te has fabricado para ti mismo. Usa sólo este Nombre en tus prácticas. Si te vienen a la mente otros nombres, responde con este Nombre. Date cuenta de que todos los otros nombres no se refieren a nada que sea real o que tú quieras.
Observaciones: Necesitas este tiempo en el que abandonas la oscura prisión del mundo y entras en la luz. Aquí entiendes el Nombre que Dios te ha dado, la única Identidad que todas las cosas comparten. Y luego regresa a la oscuridad, usando los nombres del mundo de la oscuridad, para declarar que no es real.
Recordatorios cada hora: Uno o dos minutos, a la hora en punto, (menos si las circunstancias no lo permiten).
Respuesta a la tentación: (Sugerencia) Cuando te sientas tentado a pensar que el nombre de alguien le define como un ser separado, aplícale en silencio el Nombre de Dios.
Comentario
Hay mucho en lo que pensar en esta lección. La manera en que los nombres, que son símbolos, están basados en la separación y alejamiento de las cosas. El modo en que la percepción se construye mediante estos nombres y diferencias. El modo en que todo esto nos obliga a ver la totalidad como un enemigo. El modo en que el aprendizaje del mundo consiste principalmente en aprender todos estos nombres y los modos de clasificar y separar las cosas
Todo esto es lo contrario a la realidad que está representada por el Nombre de Dios. El Nombre de Dios representa a la totalidad, a la unidad, “la única Identidad que comparten todas las cosas” (10:2). Nuestra percepción nos ha enseñado una ilusión, basada en miles de nombres de partes separadas que vemos como cosas separadas; sin embargo, la realidad es la Totalidad, sin diferencias, sin separación. La imagen de partes que nos hemos fabricado nos oculta la realidad de la Totalidad.
Entonces, ¿tenemos que intentar dejar a un lado completamente nuestra percepción de partes con nombres separados, y vivir viendo sólo la Unidad? ¿Está “mal” que usemos los nombres y símbolos del mundo, y que actuemos como si Juanita fuese diferente de Pepito? ¿Tenemos que tratar a un pájaro como a nuestro propio hijo? No. La lección afirma la verdad absoluta, pero no insiste en que intentemos que este mundo encaje en esa imagen.
Primero, dice muy claramente que aprender todos los nombres y símbolos de la separación “es una fase de aprendizaje por la que todo el que viene aquí tiene que pasar” (7:2). Como han dicho algunos maestros de psicología transpersonal (la rama de la psicología que enseña que la totalidad original va más allá del desarrollo del ego individual), no puedes ir más allá del ego hasta que has desarrollado un ego sano. El desarrollo del ego parece ser un paso necesario en nuestro crecimiento total. Los niños tienen que convertirse en egos adultos sanos antes de que tener éxito en ir más allá del ego. Si un adulto todavía está luchando con problemas del desarrollo de la personalidad que deberían haberse solucionado en la infancia o en la adolescencia, en un desarrollo “normal”, esos problemas necesitan tratarse en su propio nivel antes de que la persona busque dejar de lado al ego por completo.
Aquí estoy aplicando a la lección gran cantidad de cosas, y expresando lo que puede considerarse opiniones, no necesariamente algo que el Curso enseña. Pero pienso que esta sección da a entender esto: todos tenemos que pasar por la etapa de “la enseñanza del mundo” antes de poder poner en duda todas sus enseñanzas. No queremos “quedarnos cortos”como la enseñanza del mundo (7:4), pero parece que tenemos que pasar por ella. “Debidamente empleado, puede servir como punto de partida desde donde se puede comenzar otro tipo de aprendizaje” (7:5).
No sólo tenemos que pasar todos por el tipo de aprendizaje del mundo como punto de partida, sino que después de “ir más allá de los símbolos del mundo”, todavía hay una razón para que sigamos usándolos: tenemos una función docente (9:1). Por ejemplo, todavía llamas a las personas por su nombre, las tratas como individuos con necesidades individuales, pero “no te dejes engañar” por estas diferencias aparentes (9:3).Los nombres y símbolos del mundo son necesarios para la comunicación, pero “no son sino medios a través de los cuales puedes comunicarte de manera que el mundo te pueda entender, pero reconoces que no son la unidad en la que puede hallarse la verdadera comunicación” (9:5). Usamos los símbolos del mundo para comunicar el hecho de la Totalidad, usamos los símbolos para deshacer los símbolos.
Éste es un juego complicado. Permanecer en el mundo y jugar con las reglas de la separación, por así decirlo, hace que nos olvidemos de la realidad que estos símbolos de la separación nos están ocultando. ¡Por eso precisamente es tan importante la práctica de los instantes santos!
Así pues, lo que necesitas cada día son intervalos en los que las enseñanzas del mundo se convierten en una fase transitoria: una prisión desde la que puedes salir a la luz del sol y olvidarte de la oscuridad. Ahí entiendes la Palabra, el Nombre que Dios te ha dado; la única Identidad que comparten todas las cosas; el reconocimiento de lo que es verdad. Y luego vuelves a la oscuridad, no porque creas que es real, sino sólo para proclamar su irrealidad usando términos que aún tienen sentido en el mundo regido por la oscuridad. (10:1-3)
Practicar con el Nombre de Dios nos permite abandonar “todas las separaciones insensatas que nos mantenían ciegos” (14:3). En nuestros momentos de quietud recordamos la Totalidad y olvidamos las diferencias. Podemos ver diferencias todavía, pero lo que vemos no afecta a la verdad en absoluto (13:3). Todas las cosas siguen teniendo el Único Nombre. En nuestras prácticas renovamos esta consciencia, y luego “volvemos a la obscuridad”, volvemos al mundo de símbolos y sueños para revelarle la realidad que hemos experimentado en el instante santo.
Padre, nuestro Nombre es el Tuyo. En Él estamos unidos con toda cosa viviente, y Contigo que eres su único Creador. (15:1-2)