LECCION DEL DIA

DESPERTAR AL AMOR

lunes, 22 de octubre de 2018

22 OCTUBRE: El Espíritu Santo ve hoy a través de mí.

AUDIOLIBRO



EJERCICIOS 


LECCIÓN 295


El Espíritu Santo ve hoy a través de mí.


1. Hoy Cristo pide valerse de mis ojos para así redimir al mundo. 2Me pide este regalo para poder ofrecerme paz mental y eliminar todo terror y pesar. 3Y a medida que se me libra de éstos, los sueños que parecían envolver al mundo desaparecen. 4La reden­ción es una. 5Al salvarme yo, el mundo se salva conmigo. 6Pues todos tenemos que ser redimidos juntos. 7El miedo se presenta en múltiples formas, pero el amor es uno.

2. Padre mío, Cristo me ha pedido un regalo, regalo éste que doy para que se me dé a mí. 2Ayúdame a usar los ojos de Cristo hoy, y permitir así que el Amor del Espíritu Santo bendiga todo cuanto contemple, de modo que la compasión de Su Amor pueda descender sobre mí.





Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones para la práctica en las instrucciones de la Segunda Parte del Libro de Ejercicios, o en la Tarjeta de Práctica de este libro.

Comentario

Mis ojos son los de Cristo. “Hoy Cristo pide valerse de mis ojos” (1:1). Y al final de la oración, los ojos de Cristo son los míos. “Ayúdame a usar los ojos de Cristo hoy” (2:2). Dos modos de decir lo mismo: pedir que Cristo mire a través de mis ojos o pedir que yo mire a través de Sus ojos, es pedir que Su visión, Sus ojos, reemplacen a nuestra limitada visión.

Cristo pide valerse de mis ojos “para poder ofrecerme paz mental y eliminar todo terror y pesar” (1:2). Él no me pide un sacrificio, sino que me pide para darme un regalo a mí. Me ofrece tomar mi percepción que me muestra dolor y terror, y reemplazarla con Su propia visión, mostrándome paz, dicha y amor.

Al empezar a dar nuestra vida a Dios empezamos a sentir que en lugar de vivir se vive a través de nosotros. El Espíritu Santo mira a través de nuestros ojos, habla a través de nuestros labios, piensa con nuestra mente. Es una experiencia de ser tomado y llevado a través de la vida por una energía de Amor sin límite que es mucho mayor de lo que podemos contener porque incluye a todo.

A veces parezco tan lejos de eso y, sin embargo, sé que está tan cerca como mi aliento. Más cerca. Padre, esta mañana pido la gracia de rendirme a ese flujo de Amor, la gracia de rendirme al Espíritu Santo, ahora, en este instante, y en todos los instantes de este día para que pueda compartir Su visión del mundo.

En cierto modo esta lección es todo el Curso: permitir que el Espíritu Santo mire a través de mí, que inunde al mundo con los ojos del Amor. Caminar durante el día sin ningún propósito en sus cosas externas, sólo vivir con un propósito escondido, una misión secreta: seré amoroso en esta situación. De eso es de lo que se trata, y nada más importa, nada más es real. Yo soy la luz del mundo. Estoy aquí para “permitir así que el Amor del Espíritu Santo bendiga todo cuanto contemple, de modo que la compasión de Su Amor pueda descender sobre mí” (2:2). Eso es mi vida, eso es todo. 

Estoy aquí únicamente para ser lo que soy, para ser mi Ser, que es Amor.


¿Qué es el mundo real? (Parte 5)

L.pII.8.3:1-3

¿Qué necesidad tiene dicha mente de pensamientos de muerte, asesinato o ataque? (3:1)

¿Cómo es “dicha mente”? “Una mente en paz” (2:2). Una “mente que se ha perdonado a sí misma” (2:6). “Una mente que está en paz consigo misma” (3:4). ¿Puedo imaginarme cómo es mi mente en paz consigo misma? ¿Puedo imaginarme cómo me sentiría si me hubiese perdonado a mí mismo completamente, sin llevar encima arrepentimientos del pasado, ni miedo al futuro, ni culpa escondida, y ni pizca de sensación de fracaso? Tener paz y haberme perdonado completamente a mí mismo, son lo mismo. Tienen que serlo. ¿Cómo puedo estar en paz si no me he perdonado algo a mí mismo? ¿Cómo puedo perdonarme algo a mí mismo, si no estoy en paz acerca de ello?

Que mire dentro de mí y esté dispuesto a enfrentarme a mi propia condena que está escondida en los oscuros rincones de mi mente. Sé que está ahí. Es la fuente del constante malestar que me persigue, la tendencia a mirar por encima del hombro, la aparentemente ligera ansiedad que siento ante una carta inesperada o una llamada de teléfono. Algo en mí espera ser “pillado”. Pero este juicio de mí mismo es la causa de más que mis sentimientos personales de malestar. Es también la causa de todos mis “pensamientos de muerte, asesinato o ataque” (3:1). Mi miedo a la muerte viene de mi culpa enterrada. Mis ataques instintivos a los que me rodean son un mecanismo de defensa que he desarrollado para evitar el juicio por mis “pecados”. Mi deseo de tomar la vida de otros para mí (en casos extremos, asesinato) viene de la sensación de que a mí me falta algo.

Y todo ello contribuye a mi percepción del mundo, ésa es la razón por la que veo “las escenas de miedo y los clamores de batalla” por todas partes. Si mi mente estuviera en paz, si me hubiera perdonado a mí mismo, vería el mundo de manera diferente. Lo vería sin estos filtros que deforman la visión. Vería el mundo real. Todo lo que “dicha mente” vería es “seguridad, amor y dicha” (3:2).

Sin culpa en mi mente, “¿Qué podría haber que ella quisiese condenar? ¿Y contra qué querría juzgar?” (3:3). La culpa en mi mente me ha llevado a la locura, y el mundo demente que veo es el resultado de esa culpa. Por esa razón “el Espíritu Santo sabe que la salvación es escapar de la culpabilidad” (T.14.III.13:4). Si en mi mente no hubiera culpa, no vería culpa en el mundo, porque toda la culpa que veo es la proyección de la mía propia. Cuando hoy vea a alguien culpable, cuando lo juzgue, que me recuerde a mí mismo: “Nunca odias a tu hermano por sus pecados, sino únicamente por los tuyos” (T.31.III.1:5). El problema que veo no está ahí fuera, en el mundo, sino dentro de mi propia mente. Que me vuelva entonces al Espíritu Santo y pida Su ayuda para eliminar la culpa de mi mente, para que ya no pueda impedir mi percepción del mundo real. Que hoy, y todos los días, mi objetivo sea “Una mente que está en paz consigo misma”. De esa mente, libre de culpa, la visión del mundo real surgirá de manera natural, sin ningún esfuerzo, pues estaré viendo con claridad por primera vez.




TEXTO

 

III. La zona fronteriza


1. La complejidad no forma parte de Dios. 2¿Cómo podría formar parte de Él cuando Él sólo conoce lo que es uno? 3Él solamente conoce una sola creación, una sola realidad, una sola verdad y un solo Hijo. 4Nada puede estar en conflicto con lo que es uno solo. 5¿Cómo iba a poder haber entonces complejidad en Él? 6¿Entre qué habría que decidir? 7Pues el conflicto es lo que da lugar a las alternativas. 8La verdad es simple: es una sola y no tiene opuestos. 9¿Y cómo iba a poder presentarse la discordia ante su simple pre­sencia y dar lugar a la complejidad allí donde únicamente existe la unicidad? 10La verdad no elige, pues no existen alternativas entre las que elegir. 11Y sólo si las hubiera, podría ser la elección un paso necesario en el avance hacia la unicidad. 12En lo que es todo no hay cabida para nada más. 13Sin embargo, esta inmensidad se encuentra más allá del alcance de este plan de estudios. 14No es necesario, pues, que nos detengamos en algo que no puede ser captado de inmediato.

2. Existe una zona fronteriza en el pensamiento que se encuentra entre este mundo y el Cielo. 2No es un lugar, y cuando llegas a ella, te das cuenta de que está fuera de los confines del tiempo. 3Ahí es adonde se llevan todos los pensamientos, donde se recon­cilian los valores conflictivos y donde todas las ilusiones se depo­sitan ante la verdad y se juzgan como falsas. 4Esta zona fronteriza está justo más allá de las puertas del Cielo. 5Ahí todo pensa­miento se vuelve puro y totalmente simple. 6Ahí se niega el pecado y en su lugar se recibe todo lo que simplemente es.

3. Éste es el final de la jornada. 2Nos hemos referido a ese lugar como el mundo real. 3Sin embargo, hay una contradicción en esto, en el sentido de que las palabras implican la idea de una realidad limitada, una verdad parcial, un segmento del universo hecho realidad. 4Esto se debe a que el conocimiento no ataca a la percepción. 5Ambos se llevan sencillamente el uno ante el otro, y sólo uno de ellos continúa más allá de la puerta donde se encuen­tra la Unicidad. 6La salvación es una zona fronteriza donde los conceptos de lugar y tiempo, así como el de elegir tienen aún significado, si bien se puede ver que son temporales, que están fuera de lugar y que toda elección ya se ha llevado a cabo.

4. Ninguna creencia que el Hijo de Dios albergue puede ser des­truida. 2Pero lo que es verdad para él tiene que llevarse ante la última comparación que él jamás tendrá que hacer: la última posible evaluación, el juicio final sobre este mundo. 3Se trata del juicio de la verdad con respecto a la ilusión, y el del conocimiento con respecto a la percepción: "No tiene ningún significado y no existe". 4Esto no es algo que tú decidas. 5Es la simple declaración de un simple hecho. 6Pero en este mundo no hay hechos simples porque todavía no está claro lo que es lo mismo y lo que es dife­rente. 7Esta distinción es lo único que se debe tener en cuenta a la hora de tomar cualquier decisión. 8Pues en ella radica la diferen­cia entre los dos mundos. 9En este mundo, elegir se vuelve impo­sible. 10En el mundo real, se simplifica.

5. La salvación se detiene justo antes del umbral del Cielo, pues sólo la percepción necesita salvación. 2El Cielo jamás se perdió, y, por lo tanto, no se puede salvar. 3Mas ¿quién puede elegir entre su deseo del Cielo y su deseo del infierno a menos que reconozca que no son lo mismo? 4Reconocer la diferencia es la meta de aprendizaje que este curso se ha propuesto. 5No irá más allá de este objetivo. 6Su único propósito es enseñar qué es lo mismo y qué es diferente, sentando así las bases sobre las que hacer la única elección que se puede hacer.

6. Este mundo complejo y super-complicado no te ofrece nin­guna base sobre la que elegir. 2Pues nadie comprende lo que es lo mismo, y todo el mundo parece estar eligiendo entre alternativas que realmente no existen. 3El mundo real es la esfera de la elec­ción hecha realidad, no en el resultado final, sino en la percepción de las alternativas entre las que se puede elegir. 4La idea de que hay alternativas entre las que elegir es una ilusión. 5Aun así, dentro de esta ilusión yace el des-hacimiento de todas las ilusio­nes, incluida ella.

7. ¿No se parece esto a tu función especial, en la que la separa­ción se subsana al pasar de lo que antes era el propósito de ser especial a lo que ahora es el de estar unido? 2Todas las ilusiones son una. 3Y en el reconocimiento de este hecho radica el que pue­das abandonar todo intento de elegir entre ellas y de hacerlas diferentes. 4¡Qué fácil es elegir entre dos cosas que obviamente son distintas! 5En esto no hay conflicto. 6Abandonar una ilusión que se reconoce como tal no puede ser un sacrificio. 7Cuando se desposee de realidad a aquello que nunca fue verdad, ¿cómo iba a ser difícil renunciar a ello y elegir lo que, por ende, no puede sino ser real?


IV. El lugar que el pecado dejó vacante


1. En este mundo el perdón es el equivalente de lo que en el Cielo es la justicia. 2El perdón transforma el mundo del pecado en un mundo simple, en el que se puede ver el reflejo de la justicia que emana desde más allá de la puerta tras la cual reside lo que carece de todo límite. 3No hay nada en el amor ilimitado que pudiese necesitar perdón. 4Y lo que en el mundo es caridad, más allá de la puerta del Cielo pasa a ser simple justicia. 5Nadie perdona a menos que haya creído en el pecado y aún crea que hay mucho por lo que él mismo necesita ser perdonado. 6El perdón se vuelve de esta manera el medio por el que aprende que no ha hecho nada que necesite perdón. 7El perdón siempre descansa en el que lo concede, hasta que reconoce que ya no lo necesita más. 8De este modo, se le reinstaura a su verdadera función de crear, que su perdón le ofrece nuevamente.

2. El perdón convierte el mundo del pecado en un mundo de glo­ria, maravilloso de ver. 2Cada flor brilla en la luz, y en el canto de todos los pájaros se ve reflejado el júbilo del Cielo. 3No hay tris­teza ni divisiones, pues todo se ha perdonado completamente. 4Y los que han sido perdonados no pueden sino unirse, pues nada se interpone entre ellos para mantenerlos separados y aparte. 5Los que son incapaces de pecar no pueden sino percibir su unidad, pues no hay nada que se interponga entre ellos para alejar a unos de otros. 6Se funden en el espacio que el pecado dejó vacante, en jubiloso reconocimiento de que lo que es parte de ellos no se ha mantenido aparte y separado.

3. El santo lugar en el que te encuentras no es más que el espacio que el pecado dejó vacante. 2En su lugar ves alzarse ahora la faz de Cristo. 3¿Quién podría contemplar la faz de Cristo y no recor­dar a Su Padre tal como Éste realmente es? 4¿Y quién que temiese al amor, podría pisar la tierra en la que el pecado ha dejado un sitio para que se erija un altar al Cielo que se eleve muy por encima del mundo hasta llegar más allá del universo y tocar el Corazón de toda la creación? 5¿Qué es el Cielo, sino un himno de gratitud, de amor y de alabanza que todo lo creado le canta a la Fuente de su creación? 6El más santo de los altares se erige donde una vez se creyó reinaba el pecado. 7Y a él vienen todas las luces del Cielo, para ser reavivadas y para incrementar su gozo. 8Pues en este altar se les restituye lo que habían perdido y recobran todo su fulgor.

4. Los milagros que el perdón deposita ante las puertas del Cielo no son insignificantes. 2Aquí el Hijo de Dios Mismo viene a reci­bir cada uno de los regalos que lo acerca más a su hogar. 3Ni uno solo de ellos se pierde, y a ninguno se le atribuye más valor que a otro. 4Cada uno de esos regalos le recuerda el amor de su Padre en igual medida que el resto. 5cada uno le enseña que lo que él temía, es lo que más ama. 6¿Qué otra cosa, salvo un milagro, podría hacerle cambiar de mentalidad de modo que comprenda que el amor no puede ser temido? 7¿Qué otro milagro puede haber aparte de éste? 8¿Y qué otra cosa se podría necesitar para que el espacio entre vosotros desaparezca?

5. Donde antes se percibía el pecado se alzará un mundo que se convertirá en el altar de la verdad, y allí tú te unirás a las luces del Cielo y entonarás con ellas su himno de gratitud y alabanza. 2tal como ellas vienen a ti para completarse a sí mismas, así tú te dirigirás a ellas con el mismo propósito. 3Pues no hay nadie que pueda oír el himno del Cielo sin añadir el poder de su voz a él, haciéndolo así aún más dulce. 4todos se unirán al himno ante el altar que fue erigido en el pequeño espacio que el pecado proclamaba que era suyo. 5lo que entonces era minúsculo se habrá expandido hasta convertirse en un himno excelso en el que todo el universo se habrá unido cual una sola voz.


6. Esa pequeña mácula de pecado que aún se interpone entre vo­sotros está demorando el feliz momento en el que las puertas del Cielo se abrirán. 2¡Cuán pequeño es el obstáculo que te impide disponer de la riqueza del Cielo! 3¡Y cuán grande será el gozo en el Cielo cuando te unas al imponente coro en alabanza al Amor de Dios!






domingo, 21 de octubre de 2018

21 OCTUBRE: Mi cuerpo es algo completamente neutro.

AUDIOLIBRO



EJERCICIOS 


LECCIÓN 294


Mi cuerpo es algo completamente neutro.


1. Soy un Hijo de Dios. 2¿Cómo iba a poder ser también otra cosa? 3¿Acaso creó Dios lo mortal y lo corruptible? 4¿De qué le sirve al bienamado Hijo de Dios lo que ha de morir? 5Sin embargo, lo que es neutro no puede ver la muerte, pues allí no se han depositado pensamientos de miedo, ni se ha hecho de ello una parodia del amor. 6La neutralidad del cuerpo lo protege mientras siga siendo útil. 7Una vez que no tenga ningún propósito, se dejará a un lado. 8No es que haya enfermado, esté viejo o lesionado. 9Es que simple­mente no tiene ninguna función, es innecesario, y, por consi­guiente, se le desecha. 10Haz que hoy no vea en él más que esto: algo que es útil por un tiempo y apto para servir, que se conserva mientras pueda ser de provecho, y luego es reemplazado por algo mejor.

2. Mi cuerpo, Padre, no puede ser Tu Hijo. 2Y lo que no ha sido creado no puede ser ni pecaminoso ni inocente; ni bueno ni malo. 3Déjame, pues, valerme de este sueño para poder ser de ayuda en Tu plan de que despertemos de todos los sueños que urdimos.








Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones para la práctica en las instrucciones de la Segunda Parte del Libro de Ejercicios, o en la Tarjeta de Práctica de este libro.

Comentario

Esta frase resume la actitud del Curso hacia el cuerpo. No es “ni bueno ni malo” (2:2), es neutro. Su valor o que sea perjudicial procede del uso que hagamos de él, del propósito al que sirve.

Hay una actitud hacia el cuerpo que lo ve como bueno, siempre merecedor de que respetemos sus deseos. Si alguien me excita sexualmente, debería satisfacer ese deseo. Si tengo hambre, debería comer; si estoy cansado, debería dormir. Toda represión de los deseos físicos está equivocada. Este punto de vista identifica incorrectamente mi cuerpo con mi ser. Convierte al cuerpo no sólo en algo bueno sino en Dios.

Hay otra actitud hacia el cuerpo que lo considera malvado. Por lo tanto, debo dominar y reprimir todos mis impulsos. Este punto de vista niega que el cuerpo es en cierto modo una expresión de mi ser. Considera al cuerpo un demonio. Produce culpa sin fin por cualquier deseo físico.

El Curso dice que el cuerpo no es ni bueno ni malo. Es neutro. No es ni pecaminoso ni inocente. Su única utilidad es la de despertar del sueño, o comunicar la salvación. Este enfoque no comete el error de identificarme con mi cuerpo. No me hace sentir mal por tener impulsos, ni por ignorar algunos de esos impulsos. Ni exalta ni condena al cuerpo. Acepta el cuerpo como un instrumento, útil para el propósito de la verdad y nada más. No ve ningún propósito en las metas corporales en sí.

La lección afirma: “Soy un Hijo de Dios” (1:1). Y no soy “otra cosa”, “mortal y corruptible” (1:2-3). Dios no creó el cuerpo mortal y corruptible, y al Hijo de Dios no le sirve de nada lo que va a morir (1:4). Sin embargo, si se ve el cuerpo como algo neutro, “no puede ver la muerte” (1:5). ¿Por qué? Porque “allí no se han depositado pensamientos de miedo, ni se ha hecho de ello una parodia del amor” (1:5). Sentimos la muerte (aparentemente) cuando consideramos al cuerpo como malvado (“pensamientos de miedo”) o como bueno (“una parodia del amor”). Considerar al cuerpo neutro “lo protege mientras siga siendo útil” (1:6). En otras palabras, para la mente que ha sanado, el cuerpo no puede morir hasta que haya hecho su trabajo. Dura tanto como sea necesario a la mente para sus propósitos de sanación en este mundo, y luego simplemente “se dejará a un lado” porque ya no tiene “ningún propósito” (1:7). Esto no es muerte sino simplemente el fin del cuerpo. Como dice “La Canción de la Oración”: “Lo llamamos muerte pero es la libertad” (C.3.II.3:1).

Cuando una mente que ha sanado ya no necesita más el cuerpo, el cuerpo simplemente se deja a un lado. “No es que haya enfermado, esté viejo o lesionado. Es que simplemente no tiene ninguna función, es innecesario y, por consiguiente, se le desecha” (1:8-9). Ha habido unos pocos que han sentido esta especie de fin del cuerpo que no es muerte. Robert me dice que ha leído de un monje tibetano que un día anunció a sus seguidores que su trabajo con el cuerpo estaba casi terminado y que abandonaría el cuerpo en unos pocos meses. Incluso dio la fecha exacta. Y aquel mismo día se sentó en meditación en la postura de loto y sencillamente lo abandonó. No estaba “enfermo, viejo o lesionado”. Sencillamente su cuerpo ya no era necesario.

¿Cómo podemos alcanzar un estado tan elevado y una muerte tan dulce (si se le puede llamar “muerte”)? La lección indica que nuestro camino está en poco a poco ir considerando a nuestro cuerpo como “algo que es útil por un tiempo y apto para servir, que se conserva mientras pueda ser de provecho, y luego es reemplazado por algo mejor” (1:10). No es ni una carga ni una meta en sí mismo. Sólo es un instrumento. Lo usamos en este sueño para “ser de ayuda en Tu plan de que despertemos de todos los sueños que urdimos” (2:3), y para nada más que eso. Considerar neutro al cuerpo es lo que lo protege mientras sea útil en este plan. Cuando nuestra mente está de acuerdo con el plan de Dios, valoramos el cuerpo por su utilidad para llevar a cabo el plan, y no por sí mismo. Ni lo exaltamos ni abusamos de él. No luchamos por conservar el cuerpo ni por abandonarlo. Sólo lo usamos para llevar a cabo nuestra función.


¿Qué es el mundo real? (Parte 4)

L.pII.8.2:3-6

Cuando vemos el mundo real, “Allí sólo hay reposo” (2:3). No hay conflicto, no hay “lucha”. Pienso que cuando vea el mundo real, habrá muy poco o ninguna sensación de prisa. Hay una actitud hacia la espiritualidad que infunde lo que es casi un modo de pánico: “¡Tenemos que arreglar las cosas, tenemos que hacerlo bien, inmediatamente!”. Esto no es reposo. La visión del mundo real es una visión tranquila, que nos llena de la seguridad de que “Nada real puede ser amenazado” (T.In.2:2) y, por lo tanto, no hay necesidad de pánico.

“No se oyen gritos de dolor o de pesar, pues allí nada está excluido del perdón” (2:4). No creo que esto signifique que nos volvamos indiferentes al sufrimiento del mundo. En el Texto, el Curso nos dice: “El amor siempre responde, pues es incapaz de negar una petición de ayuda, o de no oír los gritos de dolor que se elevan hasta él desde todos los rincones de este extraño mundo que construiste, pero que realmente no deseas” (T.13.VII.4:3). Lo que pienso que esta línea significa es que los gritos de dolor y sufrimiento no se oyen como testigos del miedo, sino como peticiones de ayuda, como algo que necesita una respuesta de amor en lugar de una respuesta de terror. La mente que ha sanado y ve el mundo real no se angustia por los gritos de dolor y sufrimiento porque sabe que “nada está excluido del perdón” (2:4). Nada está sin esperanza.

Y las escenas que se ven son apacibles, pues sólo escenas y sonidos felices pueden llegar hasta la mente que se ha perdonado a sí misma. (2:5-6)

Debajo de los sonidos de miedo, la mente que se ha perdonado a sí misma oye los himnos de gratitud (L.293.2:2). La canción del amor es más alta que el canto fúnebre del miedo. Todo lo que se ve lleva la nota de la salvación.


Hay una manera de contemplarlo todo que te acerca más a Él y a la salvación del mundo. (L.193.13:1)




sábado, 20 de octubre de 2018

20 OCTUBRE: El miedo ya se acabó y lo único que hay aquí es amor.

AUDIOLIBRO



EJERCICIOS 


LECCIÓN 293


El miedo ya se acabó y lo único que hay aquí es amor.


1. El miedo ya se acabó porque su fuente ha desaparecido, y con ella, todos sus pensamientos desaparecieron también. 2El amor sigue siendo el único estado presente, cuya Fuente está aquí para siempre. 3¿Cómo iba a parecerme el mundo claro y diáfano, segu­ro y acogedor; cuando todos mis errores pasados lo oprimen y me muestran manifestaciones distorsionadas de miedo? 4Mas en el presente el amor es obvio y sus efectos evidentes. 5El mundo entero resplandece en el reflejo de su santa luz, y por fin percibo un mundo perdonado.

2. Padre no permitas que Tu santo mundo me pase desapercibido hoy, 2ni que mis oídos sean sordos a todos los himnos de gratitud que el mundo entona bajo los sonidos del miedo. 3Hay un mundo real que el presente mantiene a salvo de todos los errores del pasado. 4Y éste es el único mundo que quiero tener ante mis ojos hoy.





Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones para la práctica en las instrucciones de la Segunda Parte del Libro de Ejercicios, o en la Tarjeta de Práctica de este libro.

Comentario

Pienso en el miedo como relacionado con el futuro, sin embargo aquí dice: “El miedo ya se acabó”. Pienso que esto significa algo más que mis experiencias de miedo ya se acabaron. Entendido así, es lo que nos gustaría. Lo que parece decir realmente es que el miedo está en el pasado. El miedo viene del pasado, existe en el pasado únicamente. Cuando el pasado me parece real, “cuando todos mis errores pasados lo oprimen”, entonces tengo miedo. (Y sólo entonces). Lo que temo es que el pasado condiciona el futuro. Si mi pasado está lleno de errores y culpa, y lo considero real, esto produce mi miedo actual al futuro.

La fuente del miedo hace real el pasado en el momento presente.

El Curso nos enseña que: “El pasado que tú recuerdas jamás tuvo lugar” (T.14.IX.1:10). Al principio me resulta difícil decirme a mí mismo: “Las cosas que pienso que sucedieron en el pasado jamás sucedieron, no son reales” Quizá es más fácil decir: “El pasado nunca existió del modo en que yo pienso”. Eso parece más posible, más aceptable. Decir eso es sólo un paso hacia la verdad, pero pienso que puede ser un paso útil. Empezamos aceptando que, al menos, nuestros recuerdos del pasado están distorsionados.

Cada cual puebla su mundo de figuras procedentes de su pasado individual, y ésa es la razón de que los mundos privados difieran tanto entre sí. No obstante, las imágenes que cada cual ve jamás han sido reales, pues están compuestas únicamente de sus reacciones hacia sus hermanos, y no incluyen las reacciones de éstos hacia él. (T.13.V.2:1-2)

Más que eso, el pasado que creemos conocer está lleno de razones para la culpa y el ataque. Recordamos las ofensas que nos han hecho, y las ofensas que hemos hecho nosotros. Esa percepción debe cambiar. Si aceptamos el juicio del Espíritu Santo, la percepción de culpa desaparece. El perdón es una especie de memoria selectiva. Podemos empezar a ver el pasado y todas las cosas del pasado como una expresión de amor o como una petición de ayuda.

Ésta es una especie de posición intermedia. Todavía creemos que el pasado es (o fue) real, pero estamos decidiendo verlo de una manera diferente. La verdad última es que el tiempo no existe, el mundo no existe, los cuerpos no existen. No son nada sino la representación de los pensamientos de nuestra mente.

Una semejanza física me ayuda. ¿Existe la ola de un océano? ¿Es real una ola? En cierto sentido, sí; en otro sentido, no. Una ola no existe separada del océano. Lo que llamamos una ola no es más que la representación de la energía física del agua. El agua, el océano (en este plano físico) son lo que es real, la ola está aquí un momento y al siguiente ha desaparecido, en este momento consta de un conjunto de moléculas de agua y en el siguiente consta de un conjunto de moléculas diferentes. Una ola no existe por sí misma separada de todo lo demás.

Todo el universo físico no es más que una ola en la Mente Eterna. La Mente es todo lo que es real.

En este sentido, nada del pasado es real. Todo el pasado de una ola no existe. La ola que ha pasado ha desaparecido completamente. Donde antes estuvo, ahora todo está en calma y sereno, sin que haya sido afectado por la ola. Las olas no cambian el océano.

Algunos pueden verlo de este modo, de comprender al menos la idea de que el pasado no existe. Otros podemos necesitar la forma más sencilla de “Nunca sucedió como yo pienso. La culpa nunca fue real”. La forma más sencilla llevará finalmente a la comprensión total, así que realmente no importa.

Entonces, cuando siento miedo, lo que tengo que buscar es la creencia en el pasado que hay detrás, quizá escondida, pero está ahí sin duda. Únicamente el pasado me hace tener miedo al futuro. Por esa razón los niños pequeños no tienen miedo, no tienen recuerdos de desastres pasados que puedan provocarles miedo. Cuando sienta miedo, que recuerde que depende de mi percepción del pasado, y que afirme: “Lo que recuerdo nunca sucedió tal como yo pienso. No hay nada que temer”.

Cuando voluntariamente elijo no dejar entrar al pasado en mi presente, “en el presente el amor es obvio y sus efectos evidentes” (1:4). La carga constante del pasado, desenterrando horrores recordados, impide completamente que “me dé cuenta de la presencia del amor”. Todo nuestro aprendizaje no es más que una acumulación de ideas acerca del pasado. Por lo tanto, todo eso no es nada. Empezamos a desaprender, a olvidar voluntariamente lo que pensamos que el pasado nos ha enseñado, y en ello encontramos la percepción verdadera y finalmente el verdadero conocimiento.

El mundo que contemplamos, cuando lo vemos sin el miedo del pasado, es el mundo real. Éste es el mundo que estamos pidiendo ver en esta lección. Debajo de todas las imágenes de miedo, el mundo está cantando “himnos de gratitud” (2:2). La percepción del Espíritu Santo puede atravesar la capa de miedo que hemos puesto sobre la realidad. Cuando compartimos Su percepción, nos damos cuenta de que el pasado ha desaparecido, y vemos y oímos lo que está aquí ahora, cuando “el amor es obvio y sus efectos evidentes”.

Entonces, me uno a la oración: “Éste es el único mundo que quiero tener ante mis ojos hoy” (2:4).


¿Qué es el mundo real? (Parte 3)

L.pII.8.2:1-2

“El mundo real te ofrece una contrapartida para cada pensamiento de infelicidad que se ve reflejado en tu mundo, una corrección segura para las escenas de miedo y los clamores de batalla que pueblan tu mundo” (2:1). Si el mundo real contiene una corrección para cada pensamiento de infelicidad, entonces tiene que consistir en pensamientos felices. La diferencia está en los pensamientos sobre lo que se ve, y no en los objetos que se ven. En esta frase parece que el mundo real es como una colección de vídeos, cada uno con una interpretación diferente de alguna persona o acontecimiento de nuestra vida. Podemos elegir ver los vídeos del Espíritu Santo o los del ego. Las mismas escenas pero con un Director diferente, con un significado diferente para todo.

“El mundo real muestra un mundo que se contempla de otra manera: a través de ojos serenos y de una mente en paz” (2:2). La diferencia está en la paz de la mente que ve. Ésta es la primera de tres referencias al estado de la mente que ve. Las otras dos referencias son: “la mente que se ha perdonado a sí misma” (2:6) y “una mente que está en paz consigo misma” (3:4).

Todos suponemos que nuestras percepciones (interpretaciones) del mundo nos están contando algo real del mundo. La verdad es que nos están contando algo acerca de nuestro propio estado mental. Las imágenes de miedo y los sonidos de lucha que percibimos son únicamente reflejos del miedo y de la lucha dentro de nuestra propia mente. Cuando llevamos nuestra mente a la paz, el mundo toma una apariencia diferente porque nuestra mente está proyectando su propio estado mental sobre el mundo. Que busque la sanación de mi propia mente, y la sanación del mundo se encargará de sí misma.