LECCION DEL DIA

DESPERTAR AL AMOR

miércoles, 22 de agosto de 2018

22 AGOSTO: Padre, hoy vuelvo a ser Tu Hijo.

AUDIOLIBRO

EJERCICIOS


LECCIÓN 234,

Padre, hoy vuelvo a ser Tu Hijo.



1. Hoy vislumbraremos el momento en que los sueños de pecado y de culpa hayan desaparecido y hayamos alcanzado la santa paz de la que nunca nos habíamos apartado. 2Sólo un instante ha transcurrido entre la eternidad y lo intemporal. 3Y fue tan fugaz, que no hubo interrupción alguna en la continuidad o en los pen­samientos que están eternamente unidos cual uno solo. 4Jamás ocurrió nada que perturbase la paz de Dios el Padre ni la del Hijo. 5Hoy aceptamos la veracidad de este hecho.

2. Te agradecemos, Padre, que no podamos perder el recuerdo de Ti ni el de Tu Amor. 2Reconocemos nuestra seguridad y Te damos las gracias por todos los dones que nos has concedido, por toda la amorosa ayuda que nos has prestado, por Tu inagotable paciencia y por habernos dado Tu Palabra de que hemos sido salvados.



Instrucciones para la práctica

Propósito: Dar los últimos pasos a Dios. Esperar a que Él dé el último paso.

Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Tanto tiempo como sea necesario.
Lee la lección.
Utiliza la idea y la oración para dar comienzo al tiempo de quietud. No dependas de las palabras. Utilízalas como una sencilla invitación a Dios para que venga a ti.

   Siéntate en silencio y espera a Dios. Espera en quieta expectación a que Él se revele a Sí Mismo a ti. Busca únicamente la experiencia de Dios directa, profunda y sin palabras. Estate seguro de Su llegada, y no tengas miedo. Pues Él ha prometido que cuando Le invites, vendrá. Únicamente pides que cumpla Su antigua promesa, que Él quiere cumplir. Estos momentos de quietud son tu regalo a Él.

Recordatorios cada hora: No te olvides.
Da gracias a Dios por haber permanecido contigo y porque siempre estará ahí para contestar tu llamada a Él.

Recordatorios frecuentes: Tan a menudo como sea posible, incluso cada minuto.
Recuerda la idea. Permanece con Dios, deja que Él te ilumine.

Respuesta a la tentación: Cuando te sientas tentado a olvidarte de tu objetivo.
Utiliza la idea del día como una llamada a Dios y desaparecerán todas las tentaciones.

Lectura: Antes de uno de los momentos de práctica del día.

         Lee lentamente la sección “¿Qué es?”.
         Piensa en ella durante un rato.

Observaciones generales: Ahora, en esta parte final del año que tú y Jesús habéis pasado juntos, empiezas a alcanzar el objetivo de las prácticas, que es el objetivo del Curso. Jesús está tan cerca que no puedes fracasar. Has recorrido una gran parte del camino. No mires hacia atrás. Fija la mirada en el final del camino. No habrías podido llegar tan lejos si no te hubieses dado cuenta de que quieres conocer a Dios. Y eso es todo lo que se necesita para que Él venga a ti.


Comentario

Esta lección trata de disfrutar del Cielo por anticipado.

Hoy vislumbraremos el momento en que los sueños de pecado y de culpa hayan desaparecido y hayamos alcanzado la santa paz de la que nunca nos habíamos apartado. (1:1)

Eso es lo que hacemos cada día cuando nos acercamos a Dios en esos momentos de quietud y silencio. Nos estamos ofreciendo a nosotros mismos un anticipo del Cielo. Ahora mismo, en este mismo instante, imagínate que todos tus sueños de pecado y de culpa han desaparecido. Imagínate que todo el miedo ha desaparecido, ¡todo el miedo! Imagínate que cada pensamiento de conflicto ha desaparecido. Imagínate que no hay nada y que no puede haber nada que altere tu perfecto reposo.

Lo que estás imaginando es real, el verdadero estado de cómo son las cosas.

Jamás ocurrió nada que perturbase la paz de Dios el Padre ni la del Hijo. (1:4)

Los sueños de pecado y de culpa, el sueño de miedo, el sueño de conflicto, el sueño de cualquier alteración, es sólo eso: un sueño. Nada más que un sueño. Abandónalo. Déjalo ir, sin ningún significado ni sentido. Sólo una burbuja en la corriente.

Sólo un instante ha transcurrido entre la eternidad y lo intemporal. Y fue tan fugaz, que no hubo interrupción alguna en la continuidad o en los pensamientos que están eternamente unidos cual uno solo. Jamás ocurrió nada que perturbase la paz de Dios el Padre ni la del Hijo. Hoy aceptamos la veracidad de este hecho. (1:2-5)

En estos momentos de recuerdo, estos instantes santos que dedicamos cada día, estamos anticipando el momento en que nuestras pesadillas ya han desaparecido. No, todavía no estoy allí, tampoco tú, no en nuestra experiencia, aunque sí en la realidad; tal como afirma la lección: nunca nos apartamos (1:1). Nunca hubo una “interrupción en la continuidad”, y ni siquiera se perdió una nota en la melodía del Cielo. Sin embargo, la mayor parte del tiempo todavía estamos viviendo en el sueño. Pero podemos sentir momentos de anticipación, experiencias directas de la verdad. Eso es lo que buscamos ahora mismo. Un momento de anticipación. Una sensación en el centro de nuestro ser, algo que identificamos con la palabra “paz”, algo que las palabras no pueden expresar.

Éstos son momentos de práctica en los que voluntariamente nos elevamos por encima de nuestra experiencia mundana normal. Elegimos “aceptar como totalmente verdadero” el hecho de que la paz de Dios, el Padre y el Hijo, nunca se ha visto alterada. Sólo por un momento, ahora mismo, nos permitimos creerlo. No nos preocupa si dentro de quince minutos no lo creemos. No nos preocupa qué le sucederá a nuestra vida si lo creemos. No tenemos en cuenta toda la evidencia en contra que nos han traído nuestros sentidos en el pasado. Sencillamente dejamos que todo eso desaparezca, y sentimos profundamente el ambiente del Cielo. Esto es mi Hogar. Esto es lo que verdaderamente quiero. Esto es la verdad. Esto es todo lo que quiero.

Si surgen en nuestra mente pensamientos de pecado, o de culpa, o de miedo, simplemente los despedimos. “Esto no es lo que quiero sentir ahora. Ahora quiero la paz de Dios. Ahora mismo tengo la paz de Dios”.

Jesús, nuestro Hermano Mayor, se une a nosotros y nos dirige en la oración, orando con nosotros:

Te agradecemos, Padre, que no podamos perder el recuerdo de Ti ni el de Tu Amor. Reconocemos nuestra seguridad y Te damos las gracias por todos los dones que nos has concedido, por toda la amorosa ayuda que nos has prestado, por Tu inagotable paciencia y por habernos dado Tu Palabra de que hemos sido salvados. (2:1-2)



¿Qué es la salvación? (Parte 4)

L.pII.2.2:4-5

Para nuestra mente, la separación es real. “La separación es un sistema de pensamiento que si bien es bastante real en el tiempo, en la eternidad no lo es en absoluto” (T.3.VII.3:2). “La mente puede hacer que la creencia en la separación sea muy real” (T.3.VII.5:1). La mente se siente a sí misma dividida, separada de Dios, y con un trozo de mente separada de los otros trozos. Ésta es nuestra experiencia en el tiempo, y es “bastante real” en el tiempo, aunque no es real en la eternidad. En realidad, la mente no está dividida realmente, sencillamente no reconoce su unidad (2:4). Pero dentro de esa mente única, la experiencia de la separación parece real.

Piensa en cualquier sueño nocturno que hayas tenido en el que te hayas relacionado con otras personas. Tú eres tú mismo en el sueño, y los otros son otros personajes. Quizá alguien te está haciendo el amor. Quizá tú estás discutiendo con alguien, o te está persiguiendo un monstruo. Dentro del sueño, cada personaje es distinto y separado. Las otras personas en el sueño pueden decir o hacer cosas que te sorprenden o que no entiendes. Y sin embargo, de hecho, ¡cada uno de esos “otros personajes” sólo existe en tu propia mente y en tu propio sueño! Tu mente los está inventando. En el sueño hay separación entre los personajes. En realidad sólo hay una mente, y diferentes aspectos de esa mente se están relacionando unos con otros como si fueran seres diferentes.

Según el Curso, esto es exactamente lo que está sucediendo en todo este mundo. Es una sola mente, experimentando diferentes aspectos de sí misma como si fueran seres separados. Dentro de ese sueño la separación entre los diferentes personajes parece ser clara y distinta, insalvable. Y sin embargo, la mente sigue siendo una. La única mente no se reconoce no se conoce a sí misma, “al no conocerse a sí misma, pensó que había perdido su Identidad” (2:5). Pero, de hecho, la Identidad no se perdió, únicamente en el sueño.

Y así, dentro de cada trozo de la mente que no reconoce su unidad, Dios puso el Pensamiento de la paz, “el Pensamiento que tiene el poder de subsanar la división” (2:4). Esta “parte de cada fragmento” (2:4) recuerda la Identidad de la mente. Es una parte que es compartida por cada fragmento. Como un hilo dorado que recorre una pieza de tela, nos une a todos juntos, y lleva constantemente a los fragmentos aparentemente separados hacia su verdadera unidad. Este Pensamiento dentro de nosotros sabe que “Jamás ocurrió nada que perturbase la paz de Dios el Padre ni la del Hijo” (L.234.1:4).


Este Pensamiento, que Dios puso dentro de nosotros, es lo que buscamos cuando nos aquietamos en el instante santo. Al acallar todos los pensamientos separados, escuchamos Su Voz dentro de nosotros, hablándonos de nuestra unidad, nuestra compleción y plenitud, nuestra paz eterna. Este Pensamiento tiene el poder de sanar la separación, de deshacer la aparente realidad de nuestra ilusión de separación, y de devolverle a la Filiación la consciencia de su unidad. “La salvación reinstaura en tu conciencia la integridad de todos los fragmentos que percibes como desprendidos y separados” (M.19.4:2).



TEXTO


III. El pecado como ajuste


1. La creencia en el pecado es un ajuste. 2Y un ajuste es un cambio: una alteración en la percepción, o la creencia de que lo que antes era de una manera ahora es distinto. 3Cada ajuste es, por lo tanto, una distorsión, y tiene necesidad de defensas que lo sostengan en contra de la realidad. 4El conocimiento no requiere ajustes, y, de hecho, se pierde si se lleva a cabo: cualquier cambio o alteración, 5pues eso lo reduce de inmediato a ser simplemente una percep­ción: una forma de ver en la que se ha dejado de tener certeza y donde se ha infiltrado la duda. 6En esta condición deficiente es necesario hacer ajustes porque la condición en sí no es verdad. 7¿Quién necesita ajustarse a la verdad, si para ser entendida ésta sólo apela a lo que uno es?

2. Los ajustes, sean de la clase que sean, siempre forman parte del ámbito del ego. 2Pues la creencia fija del ego es que todas las relaciones dependen de que se hagan ajustes, para así hacer de ellas lo que él quiere que sean. 3Las relaciones directas, en las que no hay interferencia, él siempre las considera peligrosas. 4El ego se ha nombrado a sí mismo mediador de todas las relaciones, y hace todos los ajustes que cree necesarios y los interpone entre aquellos que se han de conocer, a fin de mantenerlos separados e impedir su unión. 5Esta planeada interferencia es lo que hace que te resulte tan difícil reconocer tu santa relación tal como es.

3. Los que son santos no interfieren en la verdad. 2No le tienen miedo, pues en la verdad es donde reconocen su santidad y donde se regocijan debido a lo que ven. 3La contemplan directa­mente, sin tratar de adaptarse a ella ni de que ella se adapte a ellos. 4Y así se dan cuenta de que se encontraba en ellos, al no haber decidido de antemano dónde debería estar. 5El hecho mismo de que ellos la busquen plantea una pregunta, y lo que ven es lo que les responde. 6Tú fabricas el mundo, y luego te adaptas a él y haces que él se adapte ti. 7Y no hay ninguna diferencia entre él y tú en tu percepción, la cual os inventó a los dos.

4. Todavía queda una pregunta por contestar, la cual es muy sim­ple. 2¿Te gusta lo que has fabricado? aUn mundo de asesinatos y de ataque por el que te abres paso tímidamente en medio de cons­tantes peligros, solo y temeroso, esperando a lo sumo a que la muerte se demore un poco antes de que se abalance sobre ti y desaparezcas. 3Todo eso son fabricaciones tuyas. 4Es un cuadro de lo que tú crees ser: de cómo te ves a ti mismo. 5Los asesinos están aterrorizados y los que matan tienen miedo de la muerte. 6Todas estas cosas no son sino los temibles pensamientos de aquellos que se amoldan a un mundo que se ha vuelto temible debido a los ajustes que ellos mismos hicieron. 7Y lo contemplan, con pesar desde su propia tristeza interior, y ven la tristeza en él.

5. ¿Te has preguntado alguna vez cómo es realmente el mundo y qué aspecto tendría si se contemplase con ojos felices? El mundo que ves no es sino un juicio con respecto a ti mismo. No existe en absoluto. 4Tus juicios, no obstante, le imponen una sentencia, la justifican y hacen que sea real. 5Ése es el mundo que ves: un juicio contra ti mismo, que tú mismo has emitido. 6El ego protege celo­samente esa imagen enfermiza de ti mismo, pues ésa es su ima­gen y lo que él ama, y la proyecta sobre el mundo. 7Y tú te ves obligado a adaptarte a ese mundo mientras sigas creyendo que esa imagen es algo externo a ti, y que te tiene a su merced. 8Ese mundo es despiadado, y si se encontrase fuera de ti, tendrías ciertamente motivos para estar atemorizado. 9Pero fuiste tú quien hizo que fuese inclemente; y si ahora esa inclemencia parece vol­verse contra ti, puede ser corregida.   
     
6. ¿Quién, que se encuentre en una relación santa, podría seguir siendo no santo por mucho más tiempo? 2El mundo que ven los santos es uno con ellos, de la misma forma en que el mundo que ve el ego es semejante a él. 3El mundo que ven los santos es her­moso porque lo que ven en él es su propia inocencia. 4Ellos no le impusieron lo que tenía que ser, ni hicieron ajustes para que se amoldase a sus mandatos. 5Simplemente le preguntaron con un leve susurro: "¿Qué eres?" 6Y Aquel que cuida de toda percep­ción les respondió. 7No aceptes los juicios del mundo como la respuesta a la pregunta: "¿Qué soy?" 8El mundo cree en el pecado, pero la creencia que lo fabricó tal como tú lo ves no se encuentra fuera de ti.

7. No procures que el Hijo de Dios se adapte a su demencia. 2En él reside un extraño que, mientras vagaba sin rumbo, entró en la morada de la verdad, mas tal como vino así se irá. 3Vino sin nin­gún propósito, pero no podrá permanecer ante la radiante luz que el Espíritu Santo te ofreció y que tú aceptaste. 4Pues bajo esa luz el extraño se queda sin hogar y a ti se te da la bienvenida. 5No le preguntes a ese transeúnte: "¿Qué soy?" 6Él es la única cosa en todo el universo que no lo sabe. 7Sin embargo, es él a quien se lo preguntas, y es a su respuesta a la que deseas amoldarte. 8Este pensamiento torvo y ferozmente arrogante, y, sin embargo, tan ínfimo y carente de significado que su pasar a través del universo de la verdad ni siquiera se nota, se vuelve tu guía. 9A él te diriges para preguntarle el significado del universo. 10Y a lo único que es ciego en todo el universo vidente de la verdad le preguntas: "¿Cómo debo contemplar al Hijo de Dios?"

8. ¿Se le puede pedir que emita juicios a lo que está desprovisto de todo juicio? 2si ya lo has hecho, ¿creerías la respuesta que te da y te ajustarías a ella como si fuese cierta? 3El mundo que ves a tu alrededor es la respuesta que te dio, y tú le has conferido el poder de hacer los ajustes necesarios en el mundo para que su respuesta sea cierta. 4Le preguntaste a ese soplo de locura que te explicase el significado de tu relación no santa, e hiciste que ésta se ajustase a su descabellada respuesta. 5¿Te hizo eso feliz? 6¿Te reuniste acaso jubilosamente con tu hermano para bendecir al Hijo de Dios y darle las gracias por toda la felicidad que os ha brindado? 7¿Has reconocido acaso a tu hermano como el eterno regalo que Dios te dio? 8¿Has visto la santidad que irradia en cada uno de vosotros para bendecir al otro? 9Ése es el propósito de tu relación santa. 10No le preguntes cuáles son los medios necesarios para su consecución la única cosa que haría todo lo posible para que siguiese siendo no santa. 11No le otorgues el poder de adaptar los medios al fin.

9. Los que llevan años aprisionados con pesadas cadenas, ham­brientos y demacrados, débiles y exhaustos, con los ojos aclima­tados a la oscuridad desde hace tanto tiempo que ni siquiera recuerdan la luz, no se ponen a saltar de alegría en el instante en que se les pone en libertad. 2Tardan algún tiempo en comprender lo que es la libertad. 3Andabas a tientas en el polvo y encontraste la mano de tu hermano, indeciso de si soltarla o bien asirte a la vida por tanto tiempo olvidada. 4Agárrate aún con más fuerza y levanta la vista para que puedas contemplar a tu fuerte compa­ñero, en quien reside el significado de tu libertad. 5Él parecía estar crucificado a tu lado. 6Sin embargo, su santidad ha perma­necido intacta y perfecta, y, con él a tu lado, este día entrarás en el Paraíso y conocerás la paz de Dios.

10. Eso es lo que mi voluntad dispone para ti y para tu hermano, y para cada uno de vosotros con respecto al otro y con respecto a sí mismo. 2Ahí sólo se puede encontrar santidad y unión sin lími­tes. 3Pues ¿qué es el Cielo sino unión, directa y perfecta, y sin el velo del temor sobre ella? 4Ahí somos uno, y ahí nos contempla­mos a nosotros mismos, y el uno al otro, con perfecta dulzura. 5Ahí no es posible ningún pensamiento de separación entre noso­tros. 6Tú que eras un prisionero en la separación eres ahora libre en el Paraíso. 7Y allí me uniré ti, que eres mi amigo, mi hermano y mi propio Ser.



11. El regalo que le has hecho a tu hermano me ha dado la certeza de que pronto nos uniremos. 2Comparte, pues, esta fe conmigo, y no dudes de que está justificada. 3En el amor perfecto no hay cabida para el miedo porque el amor perfecto no conoce el pecado y sólo puede ver a los demás como se ve a sí mismo. 4Si mira dentro de sí mismo con caridad, ¿qué podría inspirarle temor afuera? 5Los inocentes ven seguridad, y los puros de corazón ven a Dios en Su Hijo y apelan al Hijo para que él los guíe al Padre. 6¿Y a qué otro lugar querrían ir, sino allí donde anhelan estar? 7Tú y tu hermano os conduciréis el uno al otro hasta el Padre tan irremediablemente como que Dios creó santo a Su Hijo y así lo conservó. 8En tu hermano se encuentra la luz de la eterna pro­mesa de inmortalidad que Dios te hizo. 9No veas pecado en él, y el miedo no podrá apoderarse de ti.









martes, 21 de agosto de 2018

21 AGOSTO: Hoy le doy mi vida a Dios para que Él la guíe.

AUDIOLIBRO



EJERCICIOS


LECCIÓN 233



Hoy le doy mi vida a Dios para que Él la guíe.



1. Padre, hoy te entrego todos mis pensamientos. 2No quiero quedarme con ninguno de ellos. 3En su lugar, dame los Tuyos. 4Te entrego asi­mismo todos mis actos, de manera que pueda hacer Tu Voluntad en lugar de ir en pos de metas inalcanzables y perder el tiempo en vanas imaginaciones. 5Hoy vengo a Ti. 6Me haré a un lado y simplemente Te seguiré. 7Sé Tú el Guía hoy, y yo el seguidor que no duda de la sabiduría de lo Infinito, ni del Amor cuya ternura no puedo comprender, pero que es, sin embargo, el perfecto regalo que Tú me haces.

2. Hoy nos dirige un solo Guía. 2Y mientras caminamos juntos le entregamos este día sin reserva alguna. 3Éste es Su día. 4Y por eso es un día de incontables dones y de infinitas mercedes para noso­tros.




Instrucciones para la práctica

Propósito: Dar los últimos pasos a Dios. Esperar a que Él dé el último paso.

Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Tanto tiempo como sea necesario.
Lee la lección.
Utiliza la idea y la oración para dar comienzo al tiempo de quietud. No dependas de las palabras. Utilízalas como una sencilla invitación a Dios para que venga a ti.

   Siéntate en silencio y espera a Dios. Espera en quieta expectación a que Él se revele a Sí Mismo a ti. Busca únicamente la experiencia de Dios directa, profunda y sin palabras. Estate seguro de Su llegada, y no tengas miedo. Pues Él ha prometido que cuando Le invites, vendrá. Únicamente pides que cumpla Su antigua promesa, que Él quiere cumplir. Estos momentos de quietud son tu regalo a Él.

Recordatorios cada hora: No te olvides.
Da gracias a Dios por haber permanecido contigo y porque siempre estará ahí para contestar tu llamada a Él.

Recordatorios frecuentes: Tan a menudo como sea posible, incluso cada minuto.
Recuerda la idea. Permanece con Dios, deja que Él te ilumine.

Respuesta a la tentación: Cuando te sientas tentado a olvidarte de tu objetivo.
Utiliza la idea del día como una llamada a Dios y desaparecerán todas las tentaciones.

Lectura: Antes de uno de los momentos de práctica del día.

         Lee lentamente la sección “¿Qué es?”.
         Piensa en ella durante un rato.

Observaciones generales: Ahora, en esta parte final del año que tú y Jesús habéis pasado juntos, empiezas a alcanzar el objetivo de las prácticas, que es el objetivo del Curso. Jesús está tan cerca que no puedes fracasar. Has recorrido una gran parte del camino. No mires hacia atrás. Fija la mirada en el final del camino. No habrías podido llegar tan lejos si no te hubieses dado cuenta de que quieres conocer a Dios. Y eso es todo lo que se necesita para que Él venga a ti.


Comentario

Una cosa que me parece muy interesante acerca del Curso es que no es quisquilloso en su teología. Hay lugares en el Curso que dejan muy claro que Dios ni siquiera oye las palabras de nuestras oraciones y que, conociendo únicamente la Verdad, Él no conoce nuestros errores. Entonces, “lógicamente” las oraciones “deberían” ser dirigidas al Espíritu Santo o a Jesús, de los que se habla como intermediarios entre la verdad y las ilusiones, o un puente entre nosotros y Dios. Sin embargo, aquí en la Segunda Parte del Libro de Ejercicios tenemos 140 lecciones, cada una de las cuales contiene una oración dirigida al “Padre”.

En la lección de hoy, Le pedimos al Padre que nos guíe. Pero en otro sitio, se define ser Guía como la función del Espíritu Santo. Así que tengo la sensación de que Jesús (el autor) no está preocupado por la estricta exactitud teológica. Pienso que él es un buen ejemplo a seguir para nosotros. ¿Nos pediría que orásemos al Padre si fuera una práctica espiritual sin importancia?

Si no sacáramos nada más del Curso que la práctica de darle nuestra vida a Dios para que Él nos dirija, estaríamos rápidamente de vuelta en el Hogar. Podemos pedirle que reemplace nuestros pensamientos con los Suyos, y que durante el día dirija todo lo que pensamos, todo lo que hacemos y decimos. Literalmente pensar o actuar por nuestra propia cuenta es una pérdida de tiempo. Su sabiduría es infinita, Su Amor y Su ternura están más allá de lo que podemos comprender. ¿Podemos pedir un Guía más fiable?

El primer paso para seguir la dirección de Dios es hacernos a un lado, soltar las riendas de nuestra vida y ponerlas voluntariamente bajo Su control. Su dirección llegará. A veces, tal vez en muy pocas ocasiones, oiremos una Voz interior. Por experiencia personal, esto es muy raro. Otras veces, sucederán cosas a nuestro alrededor que nos mostrarán muy claramente el camino. O una seguridad interior surgirá sin razón aparente. Quizá como “por casualidad” nos daremos cuenta de algo que dice alguien, o una canción en la radio, o una frase de un libro. Si estamos escuchando para oírle, Le oiremos.

Otra solución es entregarle nuestro día a Él “sin reserva alguna” (2:2), es decir, sin quedarnos nada para solucionar por nuestra cuenta. A veces estamos tan obsesionados con lo que pensamos que queremos o necesitamos, que no estamos dispuestos a oír nada en contra de ello. Y si no estamos dispuestos a oír, no oiremos. Somos como un carrito de la compra roto, que siempre tira para la izquierda o para la derecha, no respondemos bien a la dirección. Tenemos que estar dispuestos a renunciar a todas nuestras preferencias, a toda nuestra inversión en un resultado determinado de antemano, y volvernos completamente dóciles, completamente abiertos a cualquier dirección que Él quiera darnos. Como dice un viejo cántico cristiano:

Hágase Tu Voluntad, Señor,
Hágase Tu Voluntad.
Tú eres el alfarero,
Yo soy la arcilla.
Moldéame y hazme,
Según Tu Voluntad,
Mientras espero,
Cediendo y en silencio.

Eso es lo que significa hacernos a un lado. Así es como le damos nuestra vida a Dios para que Él la guíe. Él nos guía. Nosotros Le seguimos, sin dudar.




¿Qué es la salvación? (Parte 3)

L.pII.2.2:1-3

El Pensamiento de la paz que es nuestra salvación “le fue dado al Hijo en el mismo instante en que su mente concibió el pensamiento de la guerra” (2:1). No transcurrió ningún tiempo entre el pensamiento de la guerra y el Pensamiento de la paz. La salvación se dio en el mismo instante en que surgió la necesidad. El Texto nos ofrece una imagen preciosa de esto, que dice: “No se perdió ni una sola nota del himno celestial” (T.26.V.5:4). La paz del Cielo no se vio alterada en absoluto. Y habiéndose contestado, el problema se resolvió para todo el tiempo y por toda la eternidad, en aquel instante de la eternidad.

Sin embargo, nuestro descubrimiento de la salvación necesita tiempo. O por lo menos así parece. Una semejanza: Imagínate que de repente, por una razón desconocida hasta ahora, te ves con la carga de pagar unos impuestos de hacienda de 10.000 euros, pero en ese mismo instante alguien deposita un millón de euros en tu cuenta corriente. Podrías pasar un montón de tiempo intentando conseguir el dinero que necesitas si no sabes que lo tienes en tu cuenta corriente, pero en realidad no tienes que hacer nada porque el problema ya está resuelto. Entonces, todo lo que necesitas hacer es dejar de intentar solucionar el problema y aprender que ya se ha solucionado.

Antes de que surgiese el pensamiento de la separación (o de la guerra), no había necesidad del “Pensamiento de la paz”. La paz simplemente existía, sin opuestos. Así que podría decirse que el problema creó su propia solución. Antes del problema, no había solución porque no había necesidad de solución. Pero cuando surgió el problema, la solución ya estaba allí. “Una mente dividida, no obstante, tiene necesidad de curación” (2:3). El pensamiento de separación es lo que hace necesario el pensamiento de sanación, pero cuando se acepta la sanación, o cuando se abandona el pensamiento de separación, ya no es necesaria la sanación. La sanación es un remedio temporal (relacionado con el tiempo). En el Cielo no hay necesidad de sanación.

Como el Curso dice acerca del perdón, debido a que hay una ilusión de necesidad, se necesita una ilusión de respuesta o solución. Pero esa “respuesta” es la simple aceptación de lo que siempre ha sido verdad, y siempre lo será. La paz simplemente existe, y la salvación consiste en nuestra aceptación de ese hecho. Tal como el Curso la ve, la salvación no es una respuesta divina activa a una necesidad real. En lugar de ello, es una aparente respuesta a un problema que no existe en la realidad.


Por eso el Curso le llama a nuestro camino espiritual “un viaje sin distancia” (T.8VI.9:7) y ciertamente “una jornada que nunca comenzó” (L.225.2:5). Mientras estamos en él, el viaje parece muy real, y a menudo muy largo. Cuando termine, sabremos que nunca abandonamos el Cielo, nunca fuimos a ninguna parte, y siempre hemos estado donde estamos: en el Hogar en Dios. El viaje en sí mismo es imaginario. Consiste en aprender poco a poco que la distancia que percibimos entre nosotros y Dios no existe realmente.




TEXTO


II. La ofrenda de azucenas


1. Observa todas las baratijas que se confeccionan para colgarse del cuerpo, para cubrirlo o para que él las use. 2Contempla todas las cosas inútiles que se han inventado para que sus ojos las vean. 3Piensa en las muchas  ofrendas que se le hacen para su deleite, y recuerda que todas ellas se concibieron para que aque­llo que aborreces pareciera hermoso. 4¿Utilizarías eso que aborre­ces para cautivar a tu hermano y atraer su atención? 5Date cuenta de que lo único que le ofreces es una corona de espinas, al no reconocer el cuerpo como lo que es y al tratar de justificar la interpretación que haces de su valor basándote en la aceptación que tu hermano hace de él. 6Aún así, el regalo proclama el poco valor que le concedes a tu hermano, del mismo modo en que el agrado con que él lo acepta refleja el poco valor que él se concede a sí mismo.

2. Si los regalos se han de dar y recibir de verdad, no se pueden dar a través del cuerpo. 2El cuerpo no puede ofrecer ni aceptar nada; tampoco puede dar o quitar nada. 3Sólo la mente puede evaluar, y sólo ella puede decidir lo que quiere recibir y lo que quiere dar. 4Y cada regalo que ofrece depende de lo que ella misma desea. 5La mente engalanará con gran esmero lo que ha elegido como hogar, y lo preparará para que reciba los regalos que ella desea obtener, ofreciéndoselos a aquellos que vengan dicho hogar, o a aquellos que quiere atraer a él. 6allí intercam­biarán sus regalos, ofreciendo y recibiendo lo que sus  mentes hayan juzgado como digno de ellos.

3. Cada regalo es una evaluación tanto del que recibe como del que da. 2No hay nadie que no considere como un altar a sí mismo aquello que ha elegido como su hogar. 3Y no hay nadie que no desee atraer a los devotos de lo que ha depositado allí, haciendo que sea digno de la devoción de éstos.  4Y todo el mundo ha puesto una luz sobre su altar para que otros puedan ver lo que ha depositado en él y lo hagan suyo. 5Este es el valor que le conce­diste a tu hermano y que te concediste a ti mismo. 6Éste es el regalo que le haces a él y que te haces a ti mismo: el veredicto acerca del Hijo de Dios por lo que él es. 7No te olvides de que es a tu salvador a quien le ofreces el regalo. 8Ofrécele espinas y te crucificas a ti mismo. 9Ofrécele azucenas y es a ti mismo a quien liberas.

4. Tengo gran necesidad de azucenas, pues el Hijo de Dios no me ha perdonado. 2¿Y puedo ofrecerle perdón cuando él me ofrece espinas? 3Pues aquel que le ofrece espinas a alguien está todavía contra mí, mas ¿quién podría ser íntegro sin él? 4Sé su amigo en mi nombre, para que yo pueda ser perdonado y tú puedas ver que el Hijo de Dios goza de plenitud. 5Pero examina primero el altar del hogar que has elegido, y observa lo que allí has depositado para ofrecérmelo a mí. 6Si son espinas cuyas puntas reful­gen en una luz de color sangre, has elegido al cuerpo como hogar y lo que me ofreces es separación. 7Las espinas, no obstante, han desaparecido. 8Examínalas más de cerca ahora y podrás ver que tu altar ya no es lo que era antes.

5. Todavía miras con los ojos del cuerpo, y éstos sólo pueden ver espinas. 2Sin embargo, has pedido ver otra cosa y se te ha conce­dido. 3Aquellos que aceptan el propósito del Espíritu Santo como su propósito comparten asimismo Su visión. 4lo que le permite a Él ver irradiar Su propósito desde cada altar es algo tan tuyo como Suyo. 5Él no ve extraños, sino tan sólo amigos entrañables y amorosos. 6Él no ve espinas, sino únicamente azucenas que reful­gen en el dulce resplandor de la paz, la cual irradia su luz sobre todo lo que Él contempla y ama.­

6. Durante estas Pascuas contempla a tu hermano con otros ojos. 2Tú me has perdonado ya. 3Sin embargo, no puedo hacer uso de tu regalo de azucenas, mientras tú no las veas. 4Ni tú puedes hacer uso de lo que yo te he dado mientras no lo compartas. 5La visión del Espíritu Santo no es un regalo nimio ni algo con lo que se juega, por un rato para luego dejarse de lado. 6Presta gran atención a esto, y no creas que es sólo un sueño, una idea pueril con la que entretenerte por un rato, o un juguete con el que juegas de vez en cuando y del que luego te olvidas. 7Pues si eso es lo que crees, eso es lo que será para ti.

7. Gozas ya de la visión que te permite ver más allá de las ilusio­nes. 2Se te ha concedido para que no veas espinas, ni extraños, ni ningún obstáculo a la paz. 3El temor a Dios ya no significa nada para ti. 4¿Quién temería enfrentarse a las ilusiones, sabiendo que su salvador está a su lado? 5Con él a tú lado tú visión se ha con­vertido en el poder más grande que Dios Mismo puede conceder para desvanecer las ilusiones, 6pues lo que Dios le dio al Espíritu Santo, tú lo has recibido. 7El Hijo de Dios cuenta contigo para su liberación. 8Pues tú has pedido -y se te ha concedido- la fortaleza para poder enfrentarte a este último obstáculo, y no ver cla­vos ni espinas que crucifiquen al Hijo de Dios y lo coronen como rey de la muerte.

8El hogar que has elegido está al otro lado, más allá del velo. 2Ha sido cuidadosamente preparado para ti y ahora está listo para recibirte. 3No lo verás con los ojos del cuerpo. 4Sin embargo, ya dispones de todo cuanto puedas necesitar. 5Tu hogar te ha estado llamando desde los orígenes del tiempo y nunca has sido com­pletamente sordo a su llamada. 6Oías, pero no sabías cómo mirar, ni hacia dónde. 7Pero ahora sabes. 8El conocimiento se encuentra en ti, presto a ser revelado y liberado de todo el terror que lo mantenía oculto. 9En el amor no hay cabida para el miedo. 10El himno de la Pascua es el grato estribillo que dice que al Hijo de Dios nunca se le crucificó. 11Alcemos juntos la mirada, no con miedo, sino con fe. 12no tendremos miedo, pues no veremos ninguna ilusión, sino una senda que conduce a las puertas del Cielo, el hogar que compartimos en un estado de quietud y donde moramos dulcemente y en paz como uno solo.

9. ¿No te gustaría que tu santo hermano te condujese hasta allí? 2Su inocencia alumbrará tú camino, ofreciéndote su luz guiadora y absoluta protección, y refulgiendo desde el santo altar en su interior donde tú depositaste las azucenas del perdón. 3Permite que sea él quien te salve de tus ilusiones, y contémplalo con la nueva visión que ve las azucenas y te brinda felicidad. 4Iremos más allá del velo del temor, alumbrándonos mutuamente el camino. 5La santidad que nos guía se encuentra dentro de noso­tros, al igual que nuestro hogar. 6De este modo hallaremos lo que Aquel que nos guía dispuso que hallásemos.

10. Este es el camino que conduce al Cielo y a la paz de la Pascua, donde nos unimos en gozosa conciencia de que el Hijo de Dios se ha liberado del pasado y ha despertado al presente. 2Ahora es libre, y su comunión con todo lo que se encuentra dentro de él es ilimitada. 3Ahora las azucenas de su inocencia no se ven manci­lladas por la culpabilidad, pues están perfectamente resguarda­das del frío estremecimiento del miedo, así como de la perniciosa influencia del pecado. 4Tu regalo lo ha salvado de las espinas y de los clavos, y su vigoroso brazo está ahora libre para condu­cirte a salvo a través de ellos hasta el otro lado. 5Camina con él ahora lleno de regocijo, pues el que te salva de las ilusiones ha venido a tu encuentro para llevarte consigo a casa.

11. He aquí tu salvador y amigo, a quien tu visión ha liberado de la crucifixión, libre ahora para conducirte allí donde él anhela estar. 2Él no te abandonará, ni dejará a su salvador a merced del dolor. 3gustosamente caminaréis juntos por la senda de la ino­cencia, cantando según contempláis las puertas del Cielo abiertas de par en par y reconocéis el hogar que os llamó. 4Concédele a tu hermano libertad y fortaleza para que pueda llegar hasta allí. 5ven ante su santo altar, donde la fortaleza y la libertad te aguar­dan para que ofrezcas y recibas la radiante conciencia que te con­duce a tu hogar. 6La lámpara está encendida en ti para que le des luz a tu hermano. 7Y las mismas manos que se la dieron a tu hermano, te conducirán más allá del miedo al amor.













lunes, 20 de agosto de 2018

20 AGOSTO: Permanece en mi mente todo el día, Padre mío.

AUDIOLIBRO



EJERCICIOS


LECCIÓN 232


Permanece en mi mente todo el día, Padre mío.



1. Padre mío, permanece en mi mente desde el momento en que me despierte, y derrama Tu luz sobre mí todo el día. 2Que cada minuto sea una oportunidad más de estar Contigo. 3Y que no me olvide de darte las gracias cada hora por haber estado conmigo y porque siempre estás ahí presto a escucharme y a contestarme cuando te llamo. 4Y al llegar la noche, que todos mis pensamientos sigan siendo acerca de Ti y de Tu Amor. 5Y que duerma en la confianza de que estoy a salvo, seguro de Tu cuidado y felizmente consciente de que soy Tu Hijo.

2. Así es como debería ser cada día. 2Practica hoy el final del miedo. 3Ten fe en Aquel que es tu Padre. 4Deja todo en Sus Manos. 5Deja que Él te revele todo y no te desanimes, pues eres Su Hijo.



Instrucciones para la práctica

Propósito: Dar los últimos pasos a Dios. Esperar a que Él dé el último paso.

Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Tanto tiempo como sea necesario.
Lee la lección.
Utiliza la idea y la oración para dar comienzo al tiempo de quietud. No dependas de las palabras. Utilízalas como una sencilla invitación a Dios para que venga a ti.

         Siéntate en silencio y espera a Dios. Espera en quieta expectación a que Él se revele a Sí Mismo a ti. Busca únicamente la experiencia de Dios directa, profunda y sin palabras. Estate seguro de Su llegada, y no tengas miedo. Pues Él ha prometido que cuando Le invites, vendrá. Únicamente pides que cumpla Su antigua promesa, que Él quiere cumplir. Estos momentos de quietud son tu regalo a Él.

Recordatorios cada hora: No te olvides.
Da gracias a Dios por haber permanecido contigo y porque siempre estará ahí para contestar tu llamada a Él.

Recordatorios frecuentes: Tan a menudo como sea posible, incluso cada minuto.
Recuerda la idea. Permanece con Dios, deja que Él te ilumine.

Respuesta a la tentación: Cuando te sientas tentado a olvidarte de tu objetivo.
Utiliza la idea del día como una llamada a Dios y desaparecerán todas las tentaciones.

Lectura: Antes de uno de los momentos de práctica del día.

         Lee lentamente la sección “¿Qué es?”.
         Piensa en ella durante un rato.

Observaciones generales: Ahora, en esta parte final del año que tú y Jesús habéis pasado juntos, empiezas a alcanzar el objetivo de las prácticas, que es el objetivo del Curso. Jesús está tan cerca que no puedes fracasar. Has recorrido una gran parte del camino. No mires hacia atrás. Fija la mirada en el final del camino. No habrías podido llegar tan lejos si no te hubieses dado cuenta de que quieres conocer a Dios. Y eso es todo lo que se necesita para que Él venga a ti.

Comentario

Cuando me despierto, Dios está en mi mente; Su Presencia está conmigo y en mi consciencia. Su Amor, y el gozo y la paz de saber que Dios está conmigo, tienen prioridad por encima de cualquier otra cosa. Surgen las molestias físicas y las preocupaciones acerca de organizar el día, pero nada de esto desplaza a la paz de Dios; es mi base, mis cimientos, y lo más importante. Es una consciencia constante, como el sonido de fondo del aire acondicionado, siempre aquí, a menudo sin notarse, pero listo para ser notado en cualquier momento en que Le preste atención.

“Que cada minuto sea una oportunidad más de estar Contigo” (1:2). ¡Éste es mi deseo! Estar con Dios cada minuto del día. Me recuerda al Nuevo Testamento, Juan 15: “Mora en mí, y yo en Ti”. O la expresión de esa misma idea del Antiguo Testamento: “El Dios eterno es tu refugio, y debajo están los brazos eternos” (Deut.33.27). Que hoy recuerde 

Y al llegar la noche, que todos mis pensamientos sigan siendo acerca de Ti y de Tu Amor. Y que duerma en la confianza de que estoy a salvo, seguro de Tu cuidado y felizmente consciente de que soy Tu Hijo. (1:4-5)

Seguro de estar a salvo. Por lo tanto, libre de todo miedo. La mayor parte de nuestra vida está dirigida por miedos de varias clases, el miedo dirige al ego. La paz es la ausencia de miedo. Y puesto que el miedo es la ausencia de amor, la paz y el amor van siempre juntos. Cuando estoy amando, estoy en paz. Cuando estoy en paz, estoy amando. Cuando estoy seguro de estar a salvo, conociendo la Presencia de Dios conmigo en cada momento, estoy en paz y el amor fluye a través de mí.

“Así es como debería ser cada día” (2:1). Éste es el propósito de la vida en este mundo: vivir cada día con Dios en mi mente. Despertar en Su Presencia, caminar en Su Amor radiante, y dormir bajo Su cuidado y protección. Vivir de tal manera que Su Presencia se convierta en lo primero de todo, y que la agitación y el ruido de este mundo queden en segundo plano.

¿Cómo es el día para alguien que ha aprendido lo que enseña el Curso? Sencillamente esto: Practicar constantemente el final del miedo. Caminar con fe en Aquel Que es mi Padre, confiándole a Él todas las cosas, y no desanimarme en nada porque yo soy Su Hijo (párrafo 2).



¿Qué es la salvación? (Parte 2)

L.pII.2.1:4

¿Cómo funciona la salvación? La esencia de esto se afirma en una frase sencilla: “La Palabra de Dios se le concede a toda mente que cree tener pensamientos separados, a fin de reemplazar, esos pensamientos de conflicto con el Pensamiento de la paz” (1:4). En el momento en que surgió en nuestra mente el pensamiento de conflicto, la Palabra de Dios se puso en nuestra mente también. Antes incluso de que comenzase el desastre, se dio la Respuesta.

Tú y yo, que pensamos que somos seres separados, somos esa mente que piensa que tiene pensamientos separados. Pero en nosotros se puso la Palabra de Dios, la Verdad está debajo de todos nuestros propios engaños. Desde dentro, el Pensamiento de Dios está trabajando en silencio, esperando, actuando para reemplazar todos nuestros pensamientos de conflicto. Los pensamientos de conflicto son miles, tomando miles de formas, cada una en conflicto con el universo, y la mayoría en conflicto con las demás. El Pensamiento de la paz es uno. Es el único remedio para cada pensamiento de conflicto, ya sea de odio, de ira, de desesperación, de frustración, de amargura, o de muerte. El Pensamiento de Dios los cura todos ellos.

El remedio está dentro de mí, ahora. Esto es la salvación: volverse hacia adentro, al Pensamiento de paz, y encontrarlo allí dentro de mí.







TEXTO

Capítulo 20


LA VISIÓN DE LA SANTIDAD


I. La Semana Santa

1. Hoy es Domingo de Ramos, la celebración de la victoria y la aceptación de la verdad.  2No nos pasemos esta Semana Santa lamentando la crucifixión del Hijo de Dios, sino celebrando jubi­losamente su liberación. 3Pues la Pascua de Resurrección es el signo de la paz, no del dolor. 4Un Cristo asesinado no tiene sen­tido. 5Pero un Cristo resucitado se convierte en el símbolo de que el Hijo de Dios se ha perdonado sí mismo, en la señal de que se considera a sí mismo sano e íntegro.

2. Esta semana empieza con ramos y termina con azucenas, el signo puro y santo de que el Hijo de Dios es inocente. 2No permi­tas que ningún signo lúgubre de crucifixión se interponga entre la jornada y su propósito, entre la aceptación de la verdad y su expresión. 3Esta semana celebramos la vida, no la muerte. 4Y honr­amos la perfecta pureza del Hijo de Dios, no sus pecados. 5Hazle a tu hermano la ofrenda de las azucenas, no la de una corona de espinas; el regalo del amor, no el "regalo" del miedo. 6Te encuen­tras a su lado, con espinas en una mano y azucenas en la otra, indeciso con respecto a cuál le vas a dar. 7Únete a mí ahora, des­hazte de las espinas y, en su lugar, ofrécele las azucenas. 8Lo que quiero esta Pascua es el regalo de tu perdón, que tú me concedes y yo te devuelvo. 9No podemos unirnos en la crucifixión ni en la muerte. 10Ni tampoco puede consumarse la resurrección hasta que tu perdón descanse sobre Cristo, junto con el mío.

3. Una semana es poco tiempo, sin embargo, la Semana Santa simboliza la jornada que el Hijo de Dios emprendió. 2Él comenzó con el signó de la victoria, la promesa de la resurrección, la cual ya se le había concedido. 3No dejes que caiga en la tentación de la crucifixión ni que se demore allí. 4Ayúdale a seguir adelante en paz más allá de ella, con la luz de su propia inocencia alum­brando el camino hacia su redención y liberación. 5No le obstru­yas el paso con clavos y espinas cuando su redención está tan cerca. 6Deja, en cambio, que la blancura de tu radiante ofrenda de azucenas lo acelere en su camino hacia la resurrección.

4. La Pascua no es la celebración del costo del pecado, sino la celebración de su final. 2Si al mirar entre los níveos pétalos de las azucenas que has recibido y ofrecido como tu regalo vislumbras tras el velo la faz de Cristo, estarás contemplando la faz de tu hermano y reconociéndola. 3Yo era un extraño y tú me acogiste, a pesar de que no sabías quién era. 4Mas lo sabrás por razón de tu ofrenda de azucenas. 5En el perdón que le concedes a ese forastero, que aunque es un extraño para ti es tu Amigo  ancestral, reside su liberación y tu redención junto con él. 6La temporada de Pascua es una temporada de júbilo, no de duelo. 7Contempla a tu Amigo resucitado y celebra su santidad junto conmigo. 8Pues la Pascua es la temporada de tu salvación, junto con la mía.