LECCION DEL DIA

DESPERTAR AL AMOR

domingo, 17 de febrero de 2019

17 FEBRERO: No hay nada que temer.

AUDIOLIBRO



EJERCICIOS


LECCION 48


No hay nada que temer.


1. La idea de hoy afirma simplemente un hecho. 2No es un hecho para los que creen en ilusiones, mas las ilusiones no son hechos. 3En realidad no hay nada que temer. 4Esto es algo muy fácil de reconocer. 5Pero a los que quieren que las ilusiones sean verdad les es muy difícil reconocerlo.

2. Las sesiones de práctica de hoy serán muy cortas, muy simples y muy frecuentes. 2Repite sencillamente la idea tan a menudo como puedas. 3Puedes hacerlo con los ojos abiertos en cualquier momento o situación. 4Recomendamos enérgicamente, no obs­tante, que siempre que puedas cierres los ojos durante aproxima­damente un minuto y repitas la idea lentamente para tus adentros varias veces. 5Es especialmente importante también que la uses de inmediato si observas que algo perturba tu paz mental.  

3. La presencia del miedo es señal inequívoca de que estás con­fiando en tu propia fortaleza. 2La conciencia de que no hay nada que temer indica que en algún lugar de tu mente, aunque no necesariamente en un lugar que puedas reconocer, has recordado a Dios y has dejado que Su fortaleza ocupe el lugar de tu debili­dad. 3En el instante en que estés dispuesto a hacer eso, cierta­mente no habrá nada que temer.




Instrucciones para la práctica

Recordatorios frecuentes: Muy a menudo, tan a menudo como sea posible.

Hay dos formas. Usa la más larga siempre que puedas.

  • Repite la idea. Puedes hacerlo con los ojos abiertos en cualquier circunstancia, incluso durante una conversación. Tan sólo lleva dos segundos.
  • Lleva un minuto aproximadamente, cierra los ojos y repite la idea lentamente varias veces.


Observaciones: Los periodos de práctica más largos se han dejado por hoy, por lo tanto vas a centrarte en la frecuencia .Vimos lo mismo en las Lecciones 20, 27 y 40. Por lo tanto, la lección de hoy es parte de una serie planeada para enseñarnos el hábito importantísimo de la práctica frecuente. Por eso, en lugar de tomarte un día libre, dedícate de lleno. Cuanto más pongas de tu parte, mayor beneficio obtendrás de ello.

Lecciones anteriores (27, 40) recomendaban establecer la frecuencia al comienzo del día y luego tratar de mantenerla. Yo recomendaría hacer hoy lo mismo. ¿Qué frecuencia quieres establecer? Echemos un vistazo a lecciones anteriores que precisaban una frecuencia:


  • Lección 20: 2 por hora
  • Lección 27: de 2 a 4 por hora
  • Lección 39: de 3 a 4 por hora
  • Lección 40: 6 por hora

La media es de 3 a 4 por hora, pero date cuenta también de que la frecuencia aumenta a medida que las lecciones avanzan. Yo sugeriría que elijas una frecuencia que realmente pienses que puedes mantener, y luego tener la firme intención de mantenerla, e incluso tomarte un momento para imaginarte a ti mismo practicándola en diferentes circunstancias. Durante el día, cuando te des cuenta de que te has olvidado, no te disgustes, nos sucede a todos. Simplemente vuelve a la práctica, de inmediato y sin culpa.

Respuesta a la tentación: Cuando algo perturbe tu paz mental.
Repite la idea de inmediato.


Comentario

Se puede entender este sencillo pensamiento al menos de dos maneras:

1) No hay nada a lo que temer.

2) ¿Miedo? ¡Eso no es cierto!

Como el tercer párrafo aclara, este pensamiento está relacionado con la lección de ayer acerca de confiar en la fortaleza de Dios en lugar de confiar en nuestra propia fortaleza, separada de la Suya. “La presencia del miedo es señal inequívoca de que estás confiando en tu propia fortaleza” (3:1). Como dijo la lección de ayer: “¿Quién puede depositar su fe en la debilidad y sentirse seguro?” (L.47.2:3). Por eso, cuando confiamos en nuestra propia fortaleza, sentimos miedo. Cuando confiamos en la fortaleza de Dios, no sentimos miedo. El miedo no es algo que debamos temer; sin embargo, es una señal que nos avisa de que nuestra fe está en el lugar equivocado, y lo que pide es corrección, no condena.

Desde la perspectiva de la mente recta, es un hecho que: no hay nada que temer. Dios es todo lo que existe, y nosotros somos parte de Él, nada fuera de Él existe. Por supuesto, no hay nada que temer. El miedo es la creencia en algo distinto de Dios, un dios falso, un ídolo con poder que se opone y vence a Dios. Secretamente creemos que hemos hecho eso, pero de lo que tenemos miedo es de nosotros mismos. Sin embargo, lo que creemos que hemos hecho nunca ha ocurrido. Por eso, no hay nada que temer. “Nada real puede ser amenazado” (T.In.2:2).

Si creemos en ilusiones, el miedo parece muy real, pero tenemos miedo de la nada. La lección dice que “es muy fácil de reconocer” que no hay nada que temer (1:4); lo que hace que parezca difícil es que queremos que las ilusiones sean verdad (1:5). Si no son verdad, entonces no somos quienes creemos ser y quienes queremos ser; somos creaciones de Dios, no nuestra propia creación. Por eso, nos aferramos a las ilusiones para dar validez a nuestro ego, y al hacerlo, conservamos el miedo.

Cuando nos permitimos a nosotros mismos recordar que no hay nada que temer, y cuando conscientemente nos recordamos ese hecho durante el día, eso nos demuestra que “en algún lugar de tu mente, aunque no necesariamente en un lugar que puedas reconocer, has recordado a Dios y has dejado que Su fortaleza ocupe el lugar de tu debilidad” (3:2). Esto es lo que el Texto llama la “mente recta”. Hay una parte de nuestra mente -realmente la única parte que existe- en la que ya hemos recordado a Dios. Esa parte de nuestra mente es lo que nos está despertando de nuestro sueño.

¿Alguna vez te has preguntado cómo es que encontraste Un Curso de Milagros, y por qué te atrae? Tu mente recta ha creado esta experiencia para ti; tu verdadero Ser te habla a través de sus páginas para despertarte. Cada vez que repetimos “No hay nada que temer”, nos estamos asociando con la parte de nosotros que ya está despierta, y que ya ha recordado la verdad. Puesto que ya estamos despiertos, el resultado es inevitable. Pero necesitamos esta apariencia de tiempo para “darnos tiempo a nosotros mismos” (por así decir) para despachar las ilusiones y reconocer la verdad siempre presente de nuestra realidad.




sábado, 16 de febrero de 2019

16 FEBRERO: Dios es la fortaleza en la que confío.

AUDIOLIBRO



EJERCICIOS


LECCION 47


Dios es la fortaleza en la que confío.


1. Si sólo confías en tus propias fuerzas, tienes todas las razones del mundo para sentirte aprensivo, ansioso y atemorizado. 2¿Qué puedes predecir o controlar? 3¿Qué hay en ti con lo que puedas contar? 4¿Qué te podría capacitar para ser consciente de todas las facetas de un problema, y de resolverlos de tal manera que de ello sólo resultase lo bueno? 5¿Qué hay en ti que te permita poder reconocer la solución correcta, y garantizar su consecución?

2. Por ti mismo no puedes hacer ninguna de esas cosas. 2Creer que puedes es poner tu confianza en algo que no es digno de ella, y justificar el miedo, la ansiedad, la depresión, la ira y el pesar. 3¿Quién puede depositar su fe en la debilidad y sentirse seguro? 4Por otra parte, ¿quién puede depositar su fe en la fortaleza y sentirse débil?

3. Dios es tu seguridad en toda circunstancia. 2Su Voz habla por Él en toda situación y en todos los aspectos de cada situación, dicién­dote exactamente qué es lo que tienes que hacer para invocar Su fortaleza y Su protección. 3En esto no hay excepciones porque en Dios no hay excepciones. 4Y la Voz que habla por Él piensa como Él.

4. Hoy trataremos de llegar más allá de tu debilidad hasta la Fuente de la verdadera fortaleza. 2Son necesarias hoy cuatro sesio­nes de práctica de cinco minutos cada una, aunque se te exhorta a que hagas más y a que les dediques más tiempo. 3Cierra los ojos y comienza como de costumbre repitiendo la idea de hoy. 4Luego dedica un minuto o dos a buscar situaciones en tu vida que hayas revestido de temor, y desecha cada una de ellas diciéndote a ti mismo:

5Dios es la fortaleza en la que confío.


5. Trata ahora de deslizarte más allá de todas las preocupaciones relacionadas con tu propia sensación de insuficiencia. 2Es obvio que cualquier situación que te causa inquietud está asociada con sentimientos de insuficiencia, pues, de lo contrario, creerías que puedes lidiar con la situación con éxito. 3Confiando en ti mismo no es la manera de adquirir confianza. 4Mas la fortaleza de Dios en ti tiene éxito en todo.

6. Reconocer tu propia debilidad es un paso necesario para la corrección de tus errores, pero no es suficiente para darte la con­fianza que necesitas, y a la que tienes derecho. 2Debes adquirir asimismo la conciencia de que confiar en tu verdadera fortaleza está plenamente justificado en relación con todo y en toda cir­cunstancia.

7. En la última fase de cada sesión de práctica, trata de llegar muy hondo dentro de tu mente a un lugar de verdadera seguri­dad. 2Reconocerás que has llegado cuando sientas una profunda sensación de paz, por muy breve que sea. 3Despréndete de todas las trivialidades que bullen y burbujean en la superficie de tu mente, y sumérgete por debajo de ellas hasta llegar al Reino de los Cielos. 4Hay un lugar en ti donde hay perfecta paz. 5Hay un lugar en ti en el que nada es imposible. 6Hay un lugar en ti donde mora la fortaleza de Dios.

8. Repite la idea frecuentemente en el transcurso del día. 2Úsala como respuesta a cualquier cosa que te perturbe. 3Recuerda que tienes derecho a la paz porque estás depositando tu confianza en la fortaleza de Dios.



Instrucciones para la práctica

Propósito: “Llegar más allá de tu debilidad hasta la Fuente de la verdadera fortaleza” (4:1), para que ganes confianza frente a todos los problemas y decisiones.

Ejercicios más largos: 4 veces (se anima a hacer más), durante cinco minutos (se alienta a que sean más largos). 

  • Cierra los ojos y repite la idea.
  • Busca en tu mente situaciones que te produzcan miedo. Abandona cada una de ellas diciendo: “Dios es la fortaleza en la que confío”. Haz esto durante uno o dos minutos. 
  • El resto del tiempo es otro ejercicio de meditación. Sumérgete muy profundo en tu mente, por debajo de todos tus pensamientos de preocupación, que se basan en tu sensación de insuficiencia. Llega por debajo de ellos a un lugar en donde nada está fuera del alcance de tu fortaleza, porque la fortaleza de Dios vive en ti. Puedes imaginarte que te estás sumergiendo por debajo de las aguas revueltas de la superficie a la profundidad en calma donde todo está tranquilo. “Reconocerás que has llegado cuando sientas una profunda sensación de paz, por muy breve que sea” (7:2). (Como en instrucciones anteriores) acuérdate de retirar tu mente de las distracciones, cuando sea necesario, y de mantener en la mente una actitud de confianza y deseo.


Recordatorios frecuentes: A menudo.
Repite la idea.

Respuesta a la tentación: Cuando surja cualquier alteración.
Repite la idea, recordando que tienes derecho a la paz porque estás confiando en la fortaleza de Dios, no en la tuya.


Comentario

Se cuenta en el Evangelio de Juan que Jesús dijo: “El Hijo no puede hacer nada por sí mismo, a menos que sea algo que ha visto hacer al Padre… Yo no puedo hacer nada por mi propia iniciativa; tal como oigo, así juzgo” (Juan 5:19, 30). Básicamente eso es lo que esta lección nos dice: No podemos hacer nada por nosotros mismos. Cuando la lección habla de “confiar en tu propia fuerza” (1:1) está hablando de intentar hacer cualquier cosa por nuestra cuenta, como una unidad independiente, separados de Dios y de Su creación. Está hablando de actuar como un ego. La lección dice que eso es imposible.

Otro ejemplo del Evangelio de Juan puede ser útil. Al final de Su vida en la tierra, Jesús comparó su vida a una vid, y a Sus discípulos con las ramas de la vid. Yo creo que hablaba desde el Cristo en Él, o quizás sería mejor decir que Cristo estaba hablando a través del hombre, Jesús. Él dijo: “Tal como la rama no puede dar fruto por sí sola, a menos que permanezca unida a la vid, del mismo modo ninguno de vosotros puede dar fruto, a menos que permanezcáis unidos a Mí… separados de Mí no podéis hacer nada” (Jn.15:4-5).

Piensa en ello. ¿Dónde termina la vid y empieza la rama? La rama es parte de la vid. Es toda su existencia, no puede actuar independientemente, no puede “dar fruto” si se la corta de la vid.

Somos partes o aspectos de la Filiación, y el Hijo es uno con el Padre. “Lo que Él (Dios) crea no está separado de Él, y no hay ningún lugar en el que el Padre acabe y el Hijo comience como algo separado” (L.132.12.4). Suena como la vid y sus ramas, ¿verdad?
Cuando intentamos actuar independientemente, no podemos hacer absolutamente nada. Tal como pensamos de nosotros mismos, ¿qué podemos predecir o controlar totalmente?¿Cómo podemos ser conscientes de todas las facetas de un problema” y “resolverlos de tal manera que de ello sólo resultase lo bueno”? (1:4). Abandonados a nosotros mismos, abandonados a los limitados recursos del ser tal como el ego lo ve, separados de todo, sencillamente no podemos. No tenemos lo que se necesita. “Si sólo confías en tus propias fuerzas, tienes todas las razones del mundo para sentirte aprensivo, ansioso y atemorizado” (1:1).


La lección nos pide que reconozcamos que no estamos limitados a lo que podemos pensar que es “nuestra fuerza”; “Dios es la fortaleza en la que confío”. Nos pide que actuemos basándonos en nuestra unión con Dios. Desde donde estamos, al comienzo, nos parece que estamos tratando con una especie de Dios externo, una “Voz” que habla dentro de nuestra mente o que actúa en determinadas circunstancias para guiarnos:
“Puesto que crees estar separado, el Cielo se presenta ante ti separado también. No es que lo esté realmente, sino que se presenta así a fin de que el vínculo (el Espíritu Santo) que se te ha dado para que te unas a la verdad pueda llegar hasta ti a través de lo que entiendes” (T.25.I.5:1-2).

Por eso puede parecer que se nos pide que nos “sometamos” a una fuerza superior, cuando de hecho todo lo que estamos haciendo es que nos asociemos con el resto de nuestro propio ser, del que nosotros mismos nos hemos separado. El Espíritu Santo, habla por nosotros, así como por Dios, pues somos uno (ver T.11.I.11:1; T.30.II.1:1-2; L.125.8:1; L.152.12:2).

Cuando nos damos cuenta de que no podemos vivir por nuestra cuenta, cuando aceptamos nuestra dependencia de este Poder Superior, Dios se convierte en nuestra fortaleza y seguridad en toda circunstancia. Su Voz nos dice “exactamente qué es lo que tienes que hacer para invocar Su fortaleza y Su protección” (3:2).

Cuando tenemos miedo, es porque estamos confiando en nuestra propia fuerza independiente, que no existe. Simplemente sentirse incapacitado para una tarea es una forma de miedo, que procede de la creencia de que yo existo por mí mismo. “¿Quién puede depositar su fe en la debilidad y sentirse seguro?” (2:3). Cuando aparezca el miedo, que me recuerde a mí mismo que no confío en mi propia fuerza sino en la de Dios. Eso me puede sacar del miedo y llevarme a un lugar de paz profunda y duradera.

Reconocer nuestra debilidad como ser independientes es un comienzo necesario (6:1). Si nos engañamos a nosotros mismos creyendo que podemos manejar todo por nuestra cuenta, sin Dios, sin nuestros hermanos, fallaremos y finalmente nos irritaremos. Pero no debemos quedarnos en ese reconocimiento, tenemos que ir más allá de ello y darnos cuenta de que tenemos la fortaleza de Dios, y que la confianza en esa fuerza “está plenamente justificada en relación con todo y en toda circunstancia” (6:2).

Casi cada vez que medito repito, silenciosamente o en voz alta, las palabras que están casi al final de esta lección:

“Hay un lugar en ti donde hay perfecta paz.
Hay un lugar en ti en el que nada es imposible.
Hay un lugar en ti donde mora la fortaleza de Dios.”
(7:4-6).

Hagamos hoy frecuentes pausas para sumergirnos por debajo de “todas las trivialidades que bullen y burbujean en la superficie de (nuestra) mente” (7:3) en lo más profundo de nuestra mente para encontrar ese lugar.







viernes, 15 de febrero de 2019

15 FEBRERO: Dios es el Amor en el que perdono.

AUDIOLIBRO



EJERCICIOS


LECCION 46


Dios es el Amor en el que perdono.


1. Dios no perdona porque nunca ha condenado. 2Y primero tiene que haber condenación para que el perdón sea necesario. 3El per­dón es la mayor necesidad de este mundo, y esto se debe a que es un mundo de ilusiones. 4Aquellos que perdonan se liberan a sí mismos de las ilusiones, mientras que los que se ruegan a hacerlo se atan a ellas. 5De la misma manera en que sólo te condenas a ti mismo, de igual modo, sólo te perdonas a ti mismo.

2. Pero si bien Dios no perdona, Su Amor es, no obstante, la base del perdón. 2El miedo condena y el amor perdona. 3El perdón, pues, des-hace lo que el miedo ha producido, y lleva de nuevo a la mente a la conciencia de Dios. 4Por esta razón, al perdón puede llamársele verdaderamente salvación. 5Es el medio a través del cual desaparecen las ilusiones.

3. Los ejercicios de hoy requieren por lo menos tres sesiones de práctica de cinco minutos completos, y el mayor número posible de las más cortas. 2Como de costumbre, comienza las sesiones de práctica más largas repitiendo la idea de hoy para tus adentros. 3Cierra los ojos mientras lo haces, y dedica un minuto o dos a explorar tu mente en busca de aquellas personas a quienes no has perdonado. 4No importa en qué medida no las hayas perdonado. 5O las has perdonado completamente o no las has perdonado en absoluto.

4. Si estás haciendo los ejercicios correctamente no deberías tener ninguna dificultad en encontrar un buen número de personas a quienes no has perdonado. 2En general, se puede asumir correc­tamente que cualquier persona que no te caiga bien es un sujeto adecuado. 3Menciona cada una de ellas por su nombre, y di:

4[Nombre], Dios es el Amor en el que te perdono.

5. El propósito de la primera fase de las sesiones de práctica de hoy es colocarte en una posición desde la que puedes perdonarte a ti mismo. 2Después que hayas aplicado la idea a todas las per­sonas que te hayan venido a la mente, di para tus adentros:

3Dios es el Amor en el que me perdono a mí mismo.

4Dedica luego el resto de la sesión a añadir ideas afines tales como:

5Dios es el Amor con el que me amo a mí mismo.
6Dios es el Amor en el que me alzo bendecido.

6. El modelo a seguir en cada aplicación puede variar conside­rablemente, pero no se debe perder de vista la idea central. 2Podrías decir, por ejemplo:

3No puedo ser culpable porque soy un Hijo de Dios.
4Ya he sido perdonado.
5El miedo no tiene cabida en una mente que Dios ama.
6No tengo necesidad de atacar porque el amor me ha perdonado.

7La sesión de práctica debe terminar, no obstante, con una repeti­ción de la idea de hoy en su forma original.

7. Las sesiones de práctica más cortas pueden consistir ya sea en una repetición de la idea de hoy en su forma original, o en una afín, según prefieras. 2Asegúrate, no obstante, de aplicar la idea de manera más concreta si surge la necesidad. 3Esto será necesa­rio en cualquier momento del día en el que te percates de cual­quier reacción negativa hacia alguien, tanto si esa persona está presente como si no. 4En tal caso, dile silenciosamente:

5Dios es el Amor en el que te perdono.


Instrucciones para la práctica

Ejercicios más largos: Al menos 3 veces, de cinco minutos completos. 

  • Repite la idea mientras cierras los ojos. Busca en tu mente aquellas personas que no has perdonado completamente. Esto no debería resultarte difícil, la falta de amor total es una señal de que no has perdonado. A cada uno dile: “Dios es el Amor en el que te perdono, (nombre)”. Esto te “colocará en una posición desde la que puedes perdonarte a ti mismo (5:1). 
  • Después de un minuto o dos de hacer esto, dite a ti mismo: “Dios es el Amor en el que me perdono a mí mismo”. Luego pasa el resto del tiempo dejando que tu mente plantee pensamientos relacionados con esta idea. No necesita ser una repetición, pero tampoco te alejes demasiado de ella. Sigue las instrucciones recibidas sobre dejar que surjan pensamientos relacionados.
  • Termina repitiendo la idea original.


Recordatorios frecuentes: Tantos como puedas.

Repite la idea, en la forma original o en forma de un pensamiento relacionado con ella.

Respuesta a la tentación: Cuando tengas una reacción negativa hacia alguien, tanto si esa persona está presente como si no (7:3).

Dile a esa persona silenciosamente: “Dios es el Amor en el que te perdono”.


Comentario

La totalidad de la enseñanza del Curso sobre el principio de la Expiación está contenida en la primera frase: “Dios no perdona porque nunca ha condenado”. Una y otra vez el Curso insiste en que Dios no es un Dios de venganza, que Dios no está enfadado con nosotros, que Él no sabe nada de castigos. Dios no condena, nunca lo ha hecho. Su corazón permanece eternamente abierto a nosotros. A mí concretamente.

En este mundo de ilusiones, donde la condena de unos a otros se ha convertido en un modo de vida (¿o de muerte?), el perdón es necesario; no el perdón de Dios sino el nuestro propio. El perdón es el modo en que nos liberamos de las ilusiones. Toda condena es condena de uno mismo, la culpa que vemos en otros es nuestra propia condena a nosotros mismos reflejada fuera y que nos vuelve; y al liberar a los otros de la condena, nos liberamos nosotros. “De la misma manera en que sólo te condenas a ti mismo, de igual modo, sólo te perdonas a ti mismo (1:5).

Como lecciones posteriores aclararán, nuestro propósito en este mundo es traerle el perdón, liberarlo de la carga de culpa que le hemos echado encima. Esto es lo que devuelve nuestra mente a la consciencia de Dios. Encontramos a Dios al liberar a aquellos a nuestro alrededor, librándolos de nuestros juicios, y reconociéndolos como la creación perfecta de Dios junto con nosotros. “Dios… y la forma de llegar a Él es apreciando a Su Hijo” (T.11.IV.7:2).


Liberar a todos los que conozco de las cadenas de mis juicios es lo que me permite perdonarme a mí mismo (5:1). Me envuelve una cálida sensación por dentro cuando digo: “Dios es el Amor en el que me perdono a mí mismo” (5:3). Puede que incluso no sea consciente de ninguna culpa, pero cuando me bendigo a mí mismo con el perdón, algo se derrite, y sé que el perdón era necesario. Hay una crítica a uno mismo, de la que no soy consciente, pero que siempre está ahí; y cuando me adentro en ella imaginando el Amor de Dios derramándose sobre mí como oro líquido, conociendo y aceptando (quizá justo en ese preciso momento) Su total aceptación de mí, rara es la vez que no se me escapan lágrimas de gratitud.



TEXTO


VI. El tiempo y la eternidad

 


1. Dios en Su conocimiento no está esperando, pero a Su Reino le falta algo mientras tú esperes. 2Todos los Hijos de Dios están esperando tu retorno, tal como tú estás esperando el suyo. 3En la eter­nidad las demoras no importan, pero en el tiempo son ciertamente trágicas. 4Has elegido estar en el tiempo en vez de en la eternidad, y, por consiguiente, crees estar en el tiempo. 5Sin embargo, tu elección es a la vez libre y modificable. 6No te corresponde estar en el tiempo. 7Te corresponde estar únicamente en la eternidad, donde Dios Mismo te ubicó para siempre.

2. Los sentimientos de culpabilidad son los que perpetúan el tiempo. 2Inducen miedo a las represalias o al abandono, garanti­zando así que el futuro sea igual que el pasado. 3En esto consiste la continuidad del ego, 4la cual le proporciona una falsa sensación de seguridad al creer que tú no puedes escaparte de ella. 5Pero no sólo puedes, sino que tienes que hacerlo. 6Dios te ofrece a cambio la continuidad de la eternidad. 7Cuando te decidas a hacer este intercambio, reemplazarás simultáneamente la culpabilidad por la dicha, la crueldad por el amor y el dolor por la paz. 8Mi papel consiste únicamente en desatar las cadenas que aprisionan tu voluntad y liberarla. 9Tu ego no puede aceptar esta libertad, y se opondrá a ella siempre que pueda y en cualquier forma que pueda. 10Y puesto que tú eres su hacedor, reconoces lo que él puede hacer, pues le conferiste el poder de hacerlo.­

3. Acuérdate siempre del Reino, y recuerda que tú que formas parte de él, jamás te puedes perder. 2La Mente que estaba en mí está en ti, pues Dios crea con absoluta imparcialidad. 3Deja que el Espíritu Santo te recuerde siempre Su imparcialidad, y déjame enseñarte cómo compartirla con tus hermanos. 4¿De qué otra manera sino se te puede brindar la oportunidad de reivindicarla para ti mismo? 5Ambas voces hablan simultáneamente en favor de diferentes interpretaciones de una misma cosa, o casi simultá­neamente, pues el ego siempre habla primero. 6Las interpretacio­nes que representan la otra alternativa no se hicieron necesarias hasta que se concibió la primera de ellas.

4. El ego dicta sentencia y el Espíritu Santo revoca sus decisiones, en forma similar a como en este mundo un tribunal supremo tiene la potestad de revocar las decisiones de un tribunal inferior. 2Las decisiones del ego son siempre erróneas porque están basa­das en el error para cuya defensa, se tomaron. 3El ego no interpreta correctamente nada de lo que percibe. 4No sólo cita las Escrituras para defender su causa, sino que incluso las interpreta como testigos a su favor. 5juicio del ego, la Biblia es algo temi­ble. 6Al percibirla como algo temible la interpreta con miedo. 7Al sentir miedo, no apelas al Tribunal Supremo porque crees que también fallaría en tu contra. 

5. Existen muchos ejemplos que muestran la forma en que las interpretaciones del ego son engañosas, pero con unos pocos bas­tará para mostrar cómo el Espíritu Santo puede reinterpretarlas bajo Su Propia Luz.

6. Para el Espíritu Santo, "Lo que el hombre sembrare, eso cose­chará" quiere decir que lo que consideres digno de ser cultivado lo cultivarás en ti mismo. 2Considerar que algo es valioso es lo que lo hace valioso para, ti.

7. "Mía es la venganza, dice el Señor", puede reinterpretarse fácil­mente si recuerdas que las ideas se expanden sólo al compartirse. 2La aseveración subraya el hecho de que la venganza no se puede compartir. 3Dásela, por lo tanto, al Espíritu Santo, Quien te librará de ella; puesto que no le corresponde estar en tu mente, la cual forma parte de Dios.

8. De acuerdo con la interpretación del ego, "Castigaré los peca­dos de los padres hasta la tercera y cuarta generación" es una ase­veración especialmente cruel. 2Se convierte simplemente en un intento por parte del ego de garantizar su propia supervivencia. 3Para el Espíritu Santo, la frase significa que en las generaciones posteriores Él todavía podrá reinterpretar lo que las genera­ciones previas habían entendido mal, anulando así la capacidad de dichos pensamientos para suscitar miedo.

9. "Los impíos perecerán" se convierte en una declaración de Expiación, si se entiende la palabra "perecerán" con el signifi­cado de "serán des-hechos". 2Todos los pensamientos no amoro­sos tienen que ser des-hechos, palabra ésta que el ego ni siquiera puede entender. 3Para el ego, deshacer significa destruir. 4El ego no será destruido porque forma parte de tu pensamiento, pero como no es creativo, y es, por consiguiente, incapaz de compartir, será reinterpretado de otra manera para así liberarte del miedo. 5La parte de la mente que le diste al ego regresará simplemente al Reino, donde a toda ella le corresponde estar. 6Puedes demorar la compleción del Reino, pero no puedes introducir el concepto de miedo en él.

10. No tienes por qué temer que el Tribunal Supremo te vaya a condenar. 2Éste simplemente declarará sin lugar el caso contra ti. 3No puede haber caso contra un Hijo de Dios, y todo testigo que da fe de la culpabilidad de las creaciones de Dios está levantando falso testimonio contra Dios Mismo. 4Apela jubilosamente todo lo que creas al Propio Tribunal Supremo de Dios, ya que éste habla por Él, y, por consiguiente, lo que afirma es la verdad. 5Declarará sin lugar el caso contra ti, no importa cuán cuidadosamente lo hayas preparado. 6Lo podrás haber planeado a prueba de todo, pero no está a prueba de Dios. 7El Espíritu Santo no le dará audiencia, pues El sólo puede dar testimonio de la verdad. 8Su veredicto será siempre: "Tuyo es el Reino", porque el Espíritu Santo te fue dado para recordarte lo que eres.

11. Cuando dije: "Yo he venido como una luz al mundo", lo que quise decir fue que vine a compartir la luz contigo. 2Recuerda mi referencia al espejo tenebroso del ego, y recuerda también que dije: "No mires ahí". 3Todavía sigue siendo cierto que es a ti quien le corresponde decidir dónde has de buscar para encon­trarte a ti mismo. 4La paciencia que tengas con tu hermano es la misma paciencia que tendrás contigo mismo. 5¿No es acaso digno un Hijo de Dios de que se tenga paciencia con él? 6He tenido infinita paciencia contigo porque mi voluntad es la Voluntad de nuestro Padre, de Quien aprendí lo que es la paciencia infinita. 7Su Voz estaba en mí tal como está en ti, exhortándonos a tener paciencia con la Filiación en Nombre de su Creador.


12. Ahora debes aprender que sólo la paciencia infinita produce resultados inmediatos. 2Así es como el tiempo se intercambia por la eternidad. 3La paciencia infinita recurre al amor infinito, y, al producir resultados ahora hace que el tiempo se haga innecesario. 4Hemos dicho repetidamente que el tiempo es un recurso de aprendizaje que será abolido cuando ya no sea necesario. 5El Espí­ritu Santo, que habla en favor de Dios en el tiempo, sabe también que el tiempo no tiene sentido. 6Él te recuerda esto en todo momento porque Su función especial consiste en conducirte de regreso a la eternidad y permanecer allí para bendecir tus creacio­nes. 7El es la única bendición que realmente puedes dar, pues es verdaderamente bendito. 8Puesto que Dios te dio el Espíritu Santo libremente, tienes que darlo tal como lo recibiste.