LECCION DEL DIA

DESPERTAR AL AMOR

martes, 19 de marzo de 2019

19 MARZO: ¡Que los milagros reemplacen todos mis resentimientos!

AUDIOLIBRO



EJERCICIOS


LECCIÓN 78

 
¡Que los milagros reemplacen todos mis resentimientos!


1. Tal vez aún no esté completamente claro para ti el hecho de que en cada decisión que tomas estás eligiendo entre un resentimiento y un milagro. 2Cada resentimiento se alza cual tenebroso escudo de odio ante el milagro que pretende ocultar. 3Y al alzarlo ante tus ojos no puedes ver el milagro que se encuentra tras él. 4Éste, no obstante, sigue allí aguardándote en la luz, pero en lugar de él contemplas tus resentimientos.

2. Hoy vamos a ir más allá de los resentimientos para contemplar el milagro en lugar de ellos. 2Invertiremos la manera como ves al no dejar que tu vista se detenga antes de que veas. 3No esperare­mos frente al escudo de odio, sino que lo dejaremos caer, y, sua­vemente, alzaremos los ojos en silencio para contemplar al Hijo de Dios.

3. Él te espera tras todos tus resentimientos, y a medida que dejas éstos de lado, él aparecerá radiante de luz en el lugar que antes ocupaba cada uno de ellos. 2Pues cada resentimiento constituye un obstáculo a la visión, mas según se elimina, puedes ver al Hijo de Dios allí donde él siempre ha estado. 3Él se encuentra en la luz, pero tú estabas en las tinieblas. 4Cada resentimiento hacía que las tinieblas fuesen aún más tenebrosas, lo cual te impedía ver.

4. Hoy intentaremos ver al Hijo de Dios. 2No nos haremos los ciegos para no verlo; no vamos a contemplar nuestros resenti­mientos. 3Así es como se invierte la manera de ver del mundo, al nosotros dirigir nuestra mirada hacia la verdad y apartarla del miedo. 4Seleccionaremos a alguien que haya sido objeto de tus resentimientos y, dejando éstos a un lado, lo contemplaremos. 5Quizá es alguien a quien temes o incluso odias; o alguien a quien crees amar, pero que te hizo enfadar; alguien a quien llamas amigo, pero que en ocasiones te resulta pesado o difícil de com­placer; alguien exigente, irritante o que no se ajusta al ideal que debería aceptar como suyo, de acuerdo con el papel que tú le has asignado.

5. Ya sabes de quien se trata: su nombre ya ha cruzado tu mente. 2 En él es en quien pedimos que se te muestre el Hijo de Dios. 3Al contemplarlo sin los resentimientos que has abrigado en su con­tra, descubrirás que lo que permanecía oculto cuando no lo veías, se encuentra en todo el mundo y se puede ver. 4El que era un enemigo es más que un amigo cuando está en libertad de asumir el santo papel que el Espíritu Santo le ha asignado. 5Deja que él sea hoy tu salvador. 6Tal es su función en el plan de Dios, tu Padre.

6. En nuestras sesiones de práctica más largas de hoy lo veremos asumiendo ese papel. 2Pero primero intenta mantener su imagen en tu mente tal como lo ves ahora. 3Pasa revista a sus faltas, a las dificultades que has tenido con él, al dolor que te ha causado, a sus descuidos y a todos los disgustos grandes y pequeños que te ha ocasionado. 4Contempla las imperfecciones de su cuerpo así como sus rasgos más atractivos, y piensa en sus errores e incluso en sus "pecados".

7. Pidámosle entonces a Aquél que conoce la realidad y la verdad de este Hijo de Dios, que se nos conceda poder contemplarlo de otra manera y ver a nuestro salvador resplandeciendo en la luz del verdadero perdón que se nos ha concedido. 2En el santo Nombre de Dios y en el de Su Hijo, que es tan santo como Él, le pedimos:

3Quiero contemplar a mi salvador en éste a quien Tú has designado como aquel al que debo pedir que me guíe hasta la santa luz en la que él se encuentra, de modo que pueda unirme a él.

4 Los ojos del cuerpo están cerrados, y mientras piensas en aquel que te agravió, deja que a tu mente se le muestre la luz que brilla en él más allá de tus resentimientos.

8. Lo que has pedido no se te puede negar. 2Tu salvador ha estado esperando esto hace mucho tiempo. 3Él quiere ser libre y hacer que su libertad sea también la tuya. 4El Espíritu Santo se extiende desde él hasta ti, y no ve separación alguna en el Hijo de Dios. 5Y lo que ves a través de Él os liberará a ambos. 6Mantente muy quedo ahora, y contempla a tu radiante salvador. 7Ningún som­brío resentimiento nubla la visión que tienes de él. 8Le has permi­tido al Espíritu Santo expresar a través de ese hermano el papel que Dios le asignó a Él para que tú te pudieses salvar.

9. Dios te da las gracias por estos momentos de sosiego en que dejas a un lado tus imágenes para ver en su lugar el milagro de amor que el Espíritu Santo te muestra. 2Tanto el mundo como el Cielo te dan las gracias, pues ni uno solo de los Pensamientos de Dios puede sino regocijarse por tu salvación y por la del mundo entero junto contigo.

10. Recordaremos esto a lo largo del día, y asumiremos el papel que se nos ha asignado como parte del plan de Dios para la salva­ción, y no del nuestro. 2La tentación desaparece cuando permiti­mos que todo aquel que se cruza en nuestro camino sea nuestro salvador, rehusándonos a ocultar su luz tras la pantalla de nues­tros resentimientos. 3Permite que todo aquel con quien te encuen­tres, o en quien pienses o recuerdes del pasado, asuma el papel de salvador, de manera que lo puedas compartir con él. 4Por ti y por él, así como por todos los que no ven, rogamos:

5iQue los milagros reemplacen todos mis resentimientos




Instrucciones para la práctica

Propósito: Dejar a un lado el negro escudo de resentimientos “y, suavemente, alzaremos los ojos en silencio para contemplar al Hijo de Dios” (2:3).

Ejercicios más largos: 2 veces, de diez a quince minutos. 

  • Selecciona una persona contra la que tienes resentimientos. Lee la lista en 4:5, y elige a la persona que te venga a la mente mientras lees la lista.
  • Cierra los ojos y repasa cómo ves en la actualidad a esta persona, de dos maneras. Primero, repasa sus actos y rasgos negativos: sus faltas, sus errores, sus “pecados”, y todos los modos en los que te ha causado problemas y dolor. Segundo, repasa su cuerpo “las imperfecciones de su cuerpo así como sus rasgos más atractivos” (6:4). Visualizar su cuerpo es una buena manera de ponerte en contacto con los resentimientos que albergas contra él. 
  • Luego pídele al Espíritu Santo que te muestre al radiante salvador que es realmente esta persona, más allá de tus resentimientos. Di: “Quiero contemplar a mi salvador en éste a quien Tú has designado como aquel al que debo pedir que me guíe hasta la santa luz en la que él se encuentra, de modo que pueda unirme a él”. Esta frase larga es un poderoso cambio de cómo ves a esta persona en la actualidad. Ahora le ves como un agresor que está separado de ti. Sin embargo, esta frase te lo representa como tu salvador, cuya santidad te llevará dentro del resplandor de tu verdadera realidad, donde descubrirás que tú y él sois uno. Lo único que se necesita para que él cumpla su papel es que tú le veas de verdad, que es a lo que invita la frase. Así que, no digas la frase sólo una vez. Repítela muchas veces durante el periodo de práctica. 
  • Esta frase invita a una experiencia real del Espíritu Santo. Le invita a Él a que te revele la realidad radiante de esta persona, que está más allá de tus resentimientos. Así pues, éste es otro ejercicio de pedir algo interno al Espíritu Santo. Recuerda el entrenamiento que has recibido en esto.
    1. Espera en calma. “Mantente muy quedo ahora, y contempla a tu radiante salvador” (8:6).
    2. Espera con confianza. “Lo que has pedido no se te puede negar” (8:1).
    3. De vez en cuando renueva tu petición repitiendo la frase.


Recordatorios frecuentes / Respuesta a la tentación: Siempre que te encuentres o pienses o recuerdes a alguien.
Ora: “¡Que los milagros reemplacen todos mis resentimientos!”. Esto significa “Que el milagro de Quien tú eres realmente reemplace mis resentimientos contra ti”. Date cuenta de que esto os libera a los dos, junto con todo el mundo.

Comentario

Si yo no tuviera resentimientos, todo sería milagroso para mí. La opinión del Curso es que la verdad es muy clara, y sólo parece difícil de ver porque la ocultamos de nuestra conciencia con nuestros resentimientos. El verdadero propósito de un resentimiento es ocultar el milagro que se encuentra debajo de él (1:2). Sin embargo, el milagro sigue ahí.

Hoy queremos ver milagros. “Invertiremos la manera como ves al no dejar que tu vista se detenga antes de que veas” (2:2). A eso es a lo que estamos acostumbrados a hacer: permitir que nuestra vista se detenga en la apariencia externa, sin mover nuestra percepción más allá de lo que la apariencia oculta. Lo que vemos en primer lugar, la apariencia externa, es nuestro “escudo de odio” (1:2; 2:3). Siempre nos muestra cosas que nos producen dolor de un modo u otro. Y no nos queremos detener en eso, queremos dejar a un lado el escudo y “alzaremos los ojos en silencio para contemplar al Hijo de Dios” (2:3).
El Hijo de Dios está oculto en cada uno de nosotros. Únicamente nuestros resentimientos nos impiden verle en todos.

Algunos de nosotros podemos ser muy conscientes de nuestros resentimientos, otros podemos preguntarnos de qué diablos se está hablando. Pero, a menos que ya vivamos en la perfecta percepción verdadera, libre de todo sufrimiento y siempre completamente feliz; si miramos honestamente a los pensamientos en nuestra mente, encontraremos allí resentimientos. A menudo no los reconocemos como lo que son. Hay una auténtica necesidad de un examen honesto de uno mismo para reconocer los escudos en nuestra mente que impiden a nuestra vista la luz.

Mira a algunas de las sugerencias (en 4:5) para elegir una persona con la que practicar esta lección. “Alguien a quien temes o incluso odias”, está muy claro para nosotros si tenemos una persona así en nuestra vida, podemos reconocer esto fácilmente como un resentimiento. “Alguien a quien crees amar, pero que te hizo enfadar”, también está probablemente muy claro; sí, eso es un resentimiento. Un amigo “que en ocasiones te resulta pesado”, ¿es eso un resentimiento que me oculta la luz? ¡Sí, ciertamente! Alguien “difícil de complacer”, a quien vemos exigente o irritante. ¿Son resentimientos? ¡Sí! O incluso alguien “que no se ajusta al ideal que debería aceptar como suyo, de acuerdo con el papel que tú le has asignado”. ¿Cuántos de nosotros, que nos consideramos alumnos espirituales del Curso, reconoceríamos ese pequeño juicio como un resentimiento?

Sí, esa opinión que tienes acerca de esa persona que no se ajusta a sus posibilidades, esa persona a quien amas y cuidas y por la que te preocupas tanto, eso es también un resentimiento que te impide ver la luz del Hijo de Dios.

Me gusta el modo en que Jesús dice: “Ya sabes de quién se trata: su nombre ya ha cruzado tu mente” (5:1). Él a menudo parece conocer muy bien lo que pasa dentro de nuestra mente, ¿verdad?

Este ejercicio es muy poderoso. También es muy práctico y con los pies en la tierra, ocupándose de una persona en nuestra vida. “Deja que él sea hoy tu salvador” (5:5).
¿Él? ¿Mi salvador? ¿Quieres que yo deje que esa persona sea mi salvador? ¿Cómo puedo yo verle así?

Si preguntas así me vienen, sólo demuestran la solidez ilusoria del escudo de resentimientos en mi mente. Puedo ver al Hijo de Dios en “ése” si estoy dispuesto a abandonar mis resentimientos.

Ahora recuerda. Sólo estamos haciendo aquí un ejercicio. Quizá no te sientes completamente preparado para abandonar todos tus resentimientos y tus juicios sobre esa persona para siempre. De acuerdo. ¿Qué tal si lo practicas durante diez o quince minutos? Sólo inténtalo para ver cómo te va, para ver cómo te sientes. Eso es todo lo que se pide.

Así es como salvamos al mundo, sólo con este tipo de práctica. Cristo espera ser liberado en cada uno de nosotros. Tú tienes el poder de liberarle hoy en cada uno a tu alrededor, sólo con mirar más allá de tus resentimientos y viendo el Cristo en ellos. El Espíritu Santo en tus hermanos y hermanas “se extiende desde (ellos) hasta ti, y no ve separación alguna en el Hijo de Dios” (8:4). Al permitirle a tu hermano que desempeñe el papel de salvador en tu mente, “Le has permitido al Espíritu Santo expresar a través de ese hermano el papel que Dios le asignó a Él para que tú te pudieses salvar” (8:8). Le has visto tal como es, y esa visión en tu mente despertará la suya para que vea la verdad acerca de sí mismo. La sacarás de él por medio de tu fe. Así es como nosotros mismos desempeñamos el papel de salvador, al sacarla de tus hermanos, su gratitud te enseñará la verdad acerca de ti, y te darás cuenta de que algo en ti se ha manifestado como gracia salvadora para elevar a tu hermano. Lo que has dado, tenías que tenerlo para haberlo dado. La salvación que le has dado es tuya, y la reconoces porque la has dado. Así es como funciona este proceso. Lo podemos practicar incluso con personas de nuestro pasado (10:3).

Así asumo el papel que Dios me ha asignado. Hoy elijo permitir que los milagros reemplacen a todos los resentimientos en mi mente. Cada vez que me dé cuenta de un resentimiento, pediré que un milagro lo reemplace. Amigo, que hoy te vea como mi salvador. Gracias por estar ahí. Gracias por ofrecerme esta oportunidad de dar.





TEXTO


II. La diferencia entre aprisionamiento y libertad
 
1. "Existe una lógica sobre la que basar tu elección. 2Sólo un Maes­tro sabe lo que es tu realidad: 3Si el propósito del plan de estudios es aprender a eliminar los obstáculos que obstruyen el conoci­miento de esa realidad, eso sólo lo puedes aprender de ese Maes­tro. El ego no sabe lo que está tratando de enseñar. Está tratando de enseñarte lo que eres, si bien él mismo no lo sabe. 6El ego no es más que un experto en crear confusión. No entiende nada más. 8Como maestro, pues, el ego está completamente confundido y sólo causa confusión. 9Aun si pudieses hacer caso omiso del Espí­ritu Santo, lo cual es imposible, no podrías aprender nada del ego porque el ego no sabe nada.

2. ¿Qué razón puede haber para elegir semejante maestro? 2¿No tendría más sentido hacer caso omiso de todo lo que enseña? 3¿Es éste el maestro al que el Hijo de Dios debe dirigirse para encon­trarse a sí mismo? El ego no te ha dado nunca una solución sensata a nada. 5Basándote simplemente en la experiencia que tienes de lo que enseña, ¿no sería ello suficiente para descalificarlo como tu futuro maestro?, 6Mas el daño que el ego le ha ocasionado a tu aprendizaje no se limita sólo a eso. 7Aprender es placentero si te conduce por la senda que te resulta natural, y facilita el desarrollo de lo que ya tienes. 8Mas si se te enseña en contra de tu naturaleza, lo que aprendas supondrá una pérdida para ti porque te aprisio­nará. 9Tu voluntad forma parte de tu naturaleza, y, por lo tanto, no  puede ir contra ella.

3. El ego no te puede enseñar nada mientras tu voluntad sea libre porque no le escucharías. 2Tu voluntad no es estar aprisionado porque tu voluntad es libre. 3Ésa es la razón de que el ego sea la negación del libre albedrío. 4No es nunca Dios el que te coacciona, ya que comparte Su Voluntad contigo. 5Su Voz enseña solamente en conformidad con Su Voluntad, mas ésa no es la lección que enseña el Espíritu Santo, pues eso es lo que tú eres. 6Su lección es que tu voluntad y la de Dios no pueden estar en desacuerdo porque son una. 7Esto supone la anulación de todo lo que el ego trata de enseñar. 8Por lo tanto, no es solamente la dirección del pro­grama de estudios lo que tiene que estar libre de conflictos, sino también el contenido.­

4. El ego trata de enseñarte que tu deseo es oponerte a la Voluntad de Dios. 2Esta lección antinatural no se puede aprender, y tratar de aprenderla viola tu libertad, lo cual hace que tengas miedo de tu voluntad porque es libre. 3El Espíritu Santo se opone a cualquier forma de aprisionamiento de la voluntad de un Hijo de Dios porque sabe que la voluntad del Hijo es la Voluntad del Padre. El Espíritu Santo te conduce firmemente por la senda de la libertad, enseñándote cómo descartar o mirar más allá de todo lo que te impediría seguir adelante.

5. Hemos dicho que el Espíritu Santo te enseña la diferencia que existe entre el dolor y la dicha. 2Eso es lo mismo que decir que te enseña la diferencia que hay entre estar aprisionado y ser libre. 3No puedes hacer esta distinción sin Él porque te has enseñado a ti mismo que el aprisionamiento es libertad. ¿Cómo ibas a poder distinguir entre una cosa y otra cuando crees que ambas son lo mismo? 5¿Cómo ibas a poder pedirle a la parte de tu mente que te enseñó a creer que son lo mismo que te enseñase de qué manera son diferentes?

6. Las enseñanzas del Espíritu Santo apuntan en una sola direc­ción y tienen un solo objetivo. 2Su dirección es la libertad y Su objetivo es Dios. 3El Espíritu Santo, no obstante, no puede conce­bir a Dios sin ti porque no es la Voluntad de Dios estar sin ti. 4Cuando hayas aprendido que tu voluntad es la de Dios, tu volun­tad no dispondrá estar sin Él, tal como Su Voluntad no dispone estar sin ti. 5Esto es libertad y esto es dicha. 6Si te niegas esto a ti mismo, le estarás negando a Dios Su Reino, pues para eso fue para lo que El te creó.

7. Cuando dije: "Todo poder y gloria son tuyos porque Suyo es el Reino", esto es lo que quise decir: la Voluntad de Dios no tiene límites, y todo poder y gloria residen en ella. 2Su fuerza, su paz y su amor son ilimitados. 3No tiene límites porque su extensión es ilimitada, y abarca todas las cosas porque las creó, 4y al crearlas, las hizo parte de sí misma. 5Tú eres la Voluntad de Dios porque así es como fuiste creado. Debido que tu Creador, crea única­mente a Semejanza Propia, eres como El. 2Eres parte de Aquel que es todo poder y gloria, y, por lo tanto, eres tan ilimitado como El.

8. ¿A qué otra cosa sino al  poder y a la gloria puede apelar el Espíritu Santo para restaurar el Reino de Dios? 2El Espíritu Santo, pues, apela simplemente a lo que el Reino es, para que éste reco­nozca lo que él mismo es. 3Cuando reconoces esto brindas ese reconocimiento automáticamente a todo el mundo porque has reconocido a todo el mundo. 4Mediante tu reconocimiento des­piertas el de ellos, y mediante el de ellos, el tuyo se extiende. 5El despertar se propaga fácilmente y con gran júbilo por todo el Reino, en respuesta a la Llamada a Dios. 6Ésta es la respuesta natural de todo Hijo de Dios a la Voz que habla en nombre de su Creador, ya que es la Voz que habla en nombre de las creaciones del Hijo y de su propia extensión.











lunes, 18 de marzo de 2019

18 MARZO: Tengo derecho a los milagros.


AUDIOLIBRO



EJERCICIOS

LECCION 77


Tengo derecho a los milagros.


1. Tienes derecho a los milagros debido a lo que eres. 2Recibirás milagros debido a lo que Dios es. 3Y ofrecerás milagros debido a que eres uno con Dios. 4Una vez más, ¡cuán simple es la salva­ción! 5Es sencillamente una afirmación de tu verdadera Identi­dad. 6Esto es lo que celebraremos hoy.

2. Tu derecho a los milagros no se basa en las ilusiones que tienes acerca de ti mismo. 2No depende de ningún poder mágico que te hayas adscrito ni de ninguno de los rituales que has ingeniado. 3Es inherente a la verdad de lo que eres. 4Está implícito en lo que Dios, tu Padre, es. 5Tu derecho a los milagros quedó establecido en tu creación y está garantizado por las leyes de Dios.

3. Hoy reivindicaremos los milagros a los que tienes derecho, pues te pertenecen. 2Se te ha prometido total liberación del mundo que construiste. 3Se te ha asegurado que el Reino de Dios se encuentra dentro de ti y que jamás lo puedes perder. 4No pedi­mos sino lo que en verdad nos pertenece. 5Hoy, sin embargo, nos aseguraremos también de no conformarnos con menos.

4. Comienza las sesiones de práctica más largas de hoy dicién­dote a ti mismo con absoluta certeza que tienes derecho a los milagros. 2Cierra los ojos y recuerda que estás pidiendo única­mente lo que por derecho propio te pertenece. 3Recuérdate tam­bién a ti mismo que los milagros jamás se le quitan a uno para dárselos a otro, y que al reivindicar tus derechos estás haciendo valer los derechos de todo el mundo. 4Los milagros no obedecen las leyes de este mundo. 5Proceden simplemente de las leyes de Dios.

5. Después de esta breve fase introductoria, espera en silencio la ratificación de que se te ha concedido tu petición. 2Has pedido la salvación del mundo así como la tuya. 3Has pedido que se te concedan los medios a través de los cuales se puede lograr esto. 4Es imposible que no se te den garantías al respecto. 5No estás sino pidiendo que se haga la Voluntad de Dios.

6. Al hacer esto, no estás realmente pidiendo nada. 2Estás afir­mando un hecho innegable. 3El Espíritu Santo no puede sino ase­gurarte que se te ha concedido tu petición. 4El hecho de que la aceptases lo confirma. 5Hoy no hay cabida para la duda ni la incertidumbre. 6Estamos haciendo por fin una petición real. 7La respuesta es una simple exposición de un simple hecho. 8Recibirás la ratificación que buscas.

7. Nuestras sesiones de práctica más cortas serán frecuentes, y estarán dedicadas a recordar un simple hecho. 2Repite hoy fre­cuentemente:

3Tengo derecho a los milagros.

4Pídelos cada vez que se presente una situación que los requiera. 5Reconocerás tales situaciones. 6Y como no estás dependiendo de ti mismo para encontrar el milagro, tienes pleno derecho a reci­birlo siempre que lo pidas.

8. Recuerda también que no te debes conformar con nada que no sea la respuesta perfecta. 2Si te asaltan tentaciones, di de inme­diato:

 
3No intercambiaré milagros por resentimientos.
4Quiero únicamente lo que me pertenece.
            5Dios ha establecido mi derecho a los milagros.




Instrucciones para la práctica

Propósito: Reclamar los milagros que te pertenecen, reclamar la seguridad de que son realmente tuyos, y negarte a contentarte con menos.

Ejercicios más largos: 2 veces, durante diez o quince minutos. 
  • Repite la idea con confianza como una petición de los milagros que Dios te ha prometido. Cierra los ojos y recuérdate a ti mismo 1) que estás pidiendo lo que te pertenece, y 2) que al aceptar los milagros confirmas el derecho a los milagros de todo el mundo. 
  • Durante el resto de la sesión de práctica, espera en silencio con confianza a que el Espíritu Santo te asegure que tu petición se te ha concedido, que realmente tienes derecho a los milagros. En otras palabras, esto es otro ejercicio de esperar algo del Espíritu Santo. En lecciones anteriores (71, 72, 75, 76), esperabas dirección, comprensión, o una experiencia de la visión. Aquí esperas la seguridad de que el almacén de milagros está abierto para ti realmente, de que es tuyo de verdad.
    1. Espera con la mente en silencio y lleno de esperanza.
    2. Espera con confianza. Puesto que pides la confirmación de algo que ya es tuyo, puedes pedir sin ninguna duda.
    3. De vez en cuando renueva tu petición y tu confianza repitiendo la idea.


Recordatorios frecuentes: Muy a menudo.
Repite la idea. A lo largo del día estate alerta a las situaciones en las que pedir un milagro. “Reconocerás tales situaciones” (7:5). Luego pide un milagro con confianza repitiendo la idea.

Respuesta a la tentación: Siempre que te sientas tentado a guardar un resentimiento.
Di rápidamente “No intercambiaré milagros por resentimientos. Quiero únicamente lo que me pertenece. Dios ha establecido mi derecho a los milagros”. No aceptes quedarte satisfecho con algo que no sea un milagro.


Comentario

Lo que hoy celebramos es nuestra verdadera Identidad, como seres que somos uno con Dios (1:3, 5, 6).La clave para lo que el Curso llama “salvación” es simplemente recordar lo que somos. Me gusta el triple resumen con el que empieza la lección. Cambiando un poco las palabras, los tres puntos son: 
  • Lo que somos nos da derecho a los milagros. 
  • Lo que Dios es garantiza que recibiremos milagros. 
  • Nuestra unidad con Dios significa que ofreceremos milagros a otros.


Nada de lo que pensamos acerca de nosotros, ningún poder especial que creamos tener, y ningún ritual que hagamos, nos traerá milagros. Vienen a nosotros debido a lo que somos, debido a algo que es parte de nuestro Ser. Los requisitos para los milagros se nos dieron en la creación, no tenemos que ganárnoslos.

“Él (el Espíritu Santo) nunca te preguntará qué has hecho para ser digno del regalo de Dios. Así pues, no te lo preguntes a ti mismo. Acepta, en cambio, Su respuesta pues Él sabe que tú eres digno de todo lo que Dios dispone para ti. No trates de librarte del regalo de Dios que el Espíritu Santo tan libre y gustosamente te ofrece. Él te ofrece sólo lo que Dios Le dio para ti. No tienes que decidir si eres merecedor de ello o no. Dios sabe que lo eres” (T.14.III.11:4-10).

La lección afirma que se nos “ha prometido total liberación del mundo que construimos” (3:2), de toda la obscuridad, del dolor, del sufrimiento y de la muerte que resultan de nuestros intentos de separación. Más allá de ello se nos “ha asegurado que el Reino de Dios se encuentra dentro de ti y que jamás lo puedes perder” (3:3). Hoy estamos decidiendo no ponerlos en duda, sino aceptarlos como hechos. Se puede escapar de la obscuridad, y la luz nunca se ha perdido. Y así, hoy, fijamos nuestra mente en la decisión “de no conformarnos con menos” (3:5).

Los periodos de práctica más largos empiezan con un breve momento de afirmación, recordándonos a nosotros mismos que tenemos derecho a los milagros, y que los milagros no se dan a uno a costa de otro. Al pedir para mí, estoy pidiendo para todos. Después de ese breve recordatorio, se pasa la práctica en quietud, esperando una sensación interna de seguridad de que los milagros que hemos pedido se nos han concedido. Ya que estamos pidiendo lo que es la Voluntad de Dios, para la salvación del mundo, existen todas las razones para creer que Él responderá favorablemente a nuestras peticiones.

En realidad, pedir milagros no es realmente pedir nada. Es una afirmación de lo que siempre es verdad. El Espíritu Santo no puede sino asegurarnos que se nos ha concedido nuestra petición (6:1-3).¿Cómo podría responder de manera diferente? Él no puede negarnos nuestra oración sin negar la verdad, y Él habla sólo en favor de la verdad. “Nada real puede ser amenazado. Nada irreal existe” (T.In.2:2-3). Esto es lo que afirma esta clase de oración.

En la descripción de las sesiones cortas de práctica, se nos dice que pidamos milagros “cada vez que se presente una situación que los requiera” (7:4). Luego dice: “Reconocerás tales situaciones” (7:5). Aquí no hay pregunta, ni siquiera la necesidad de explicar cómo lo sabremos. “Reconocerás tales situaciones”. Algo dentro de nosotros sabe cuándo pedir un milagro. Fíjate también en que no intentamos producir el milagro nosotros, con nuestros propios recursos; se lo pedimos al Espíritu Santo. Nos volvemos con nuestra necesidad a la Fuente de los milagros; no intentamos ocupar el lugar de la Fuente. Lo que somos es lo que nos da nuestro derecho a los milagros, pero no dependemos de nosotros mismos para encontrarlos (7:6).

Recordemos que un “milagro”, tal como el Curso lo entiende, no significa necesariamente ningún cambio visible. “Los milagros son pensamientos” (T.1.I.12:1). Son cambios aparte del nivel del cuerpo, un modo en el que reconocemos nuestra propia valía y la de nuestro hermano al mismo tiempo (T.1.I.17:2; 18:4). Un milagro es una corrección en el pensamiento falso (T.1.I.37:1). Los milagros son siempre expresiones de amor, “pero puede que no siempre tengan efectos observables” (T.1.I.35:1).

Recordemos también que “puede que no siempre” no significa “nunca”. Si digo: “A menudo tomo cereales en el desayuno, pero puede que no siempre los tome”, la consecuencia es que muchas veces tomo cereales. Así que, cuando el Curso dice que puede que los milagros no siempre tengan efectos observables, claramente da por sentado que la mayoría de las veces tienen efectos observables. No deberíamos pensar que un milagro no ha sucedido si no hay efectos observables, pero tampoco deberíamos abandonar toda esperanza de efectos observables. Sin embargo, el ingrediente esencial no es nada de este mundo, sino liberar a nuestra mente de las ilusiones.






TEXTO


Capítulo 8


EL VIAJE DE RETORNO



I. La dirección del plan de estudios



1. El conocimiento no es la motivación para aprender este curso. 2La paz lo es. 3La paz es el requisito previo para alcanzar el cono­cimiento, simplemente porque los que están en conflicto no están en paz, y la paz es la condición necesaria para el conocimiento porque es la condición del Reino. 4El conocimiento sólo puede ser restituido cuando satisfaces sus condiciones .5No es éste un trato que Dios haya hecho, pues Dios no hace tratos. 6Es   simplemente el resultado del uso incorrecto que has hecho de Sus leyes en nombre de una voluntad imaginaria que no es la Suya. 7El cono­cimiento es Su Voluntad. 8Si te opones a Su Voluntad, ¿cómo vas a poder gozar de conocimiento? 9Te he dicho lo que el conoci­miento te ofrece, pero tal vez aún no lo consideres algo entera­mente deseable. 10Pues, de lo contrario, no estarías tan dispuesto a descartarlo cuando el ego te pide que le seas leal.

2. Las distracciones del ego tal vez parezcan interferir en tu aprendizaje, pero el ego no tiene realmente ningún poder para distraerte a menos que tú se lo confieras. 2La voz del ego es una alucinación. 3No puedes esperar que te diga: "No soy real". 4No obstante, no se te pide que desvanezcas tus alucinaciones por tu cuenta. 5Se te pide simplemente que las evalúes a la luz de los resultados que te aportan. 6Si dejas de desearlas debido a la pér­dida de paz que te ocasionan, serán eliminadas de tu mente.

3. Cada vez que respondes a la llamada del ego estás haciendo un llamamiento a la guerra, y la guerra ciertamente te priva de la paz. 2Mas en esta guerra no hay adversario. 3Ésta es la re-inter­pretación de la realidad que tienes que hacer para asegurar tu paz, y la única que jamás necesitas hacer. 4Los que percibes como adversarios forman parte de tu paz, a la cual renuncias cuando los atacas. 5¿Cómo se puede tener aquello a lo que se renuncia? 6Compartes para tener, pero no renuncias a lo que compartes. 7Cuando renuncias a la paz, te excluyes a ti mismo de ella. 8Es ésta una condición tan ajena al Reino que te es imposible enten­der el estado que prevalece dentro de él.

4. Lo que aprendiste en el pasado tiene que haberte enseñado lo que no te convenía, por la sencilla razón de que no te hizo feliz. 2Sólo por esto debería ponerse en duda su valor. 3Si el propósito del aprendizaje es producir cambios -y ése es siempre su propó­sito- ¿te sientes satisfecho con los cambios que tu aprendizaje ha producido en ti? 4Si no estás contento con lo que aprendiste es señal evidente del fracaso de dicho aprendizaje, ya que significa que no conseguiste lo que deseabas.

5. El plan de estudios de la Expiación es el opuesto al que tú ela­boraste para ti, y lo mismo se puede decir de su resultado. 2Si el resultado de tu plan de estudios te ha hecho infeliz, y deseas otro diferente, obviamente es necesario que se efectúen cambios en el plan de estudios. 3El primer cambio que debe efectuarse es un cambio de dirección. 4Un plan de estudios que tenga sentido no debe ser inconsistente. 5Si lo planean dos maestros que creen en ideas diametralmente opuestas, no puede ser un plan integrado. 6Si esos dos maestros lo ponen en práctica simultáneamente, cada uno de ellos no hará sino ser un obstáculo para el otro. 7Esto da lugar fluctuaciones, pero no a un auténtico cambio. 8Los que son volátiles no tienen dirección. 8No pueden decidir ir en una direc­ción determinada porque no pueden abandonar la otra, si bien ésta última no existe. 10Su plan de estudios conflictivo les enseña que todas las direcciones existen, y no les proporciona ninguna base racional sobre la que fundar su elección.


6. Antes de que pueda efectuarse un auténtico cambio de direc­ción es necesario reconocer plenamente la total insensatez de semejante plan de estudios. 2No puedes aprender simultánea­mente de dos maestros que están en completo desacuerdo con respecto a todo. 3Su plan de estudios conjunto constituye una tarea de aprendizaje imposible. 4Te están enseñando cosas com­pletamente diferentes de forma completamente diferente, lo cual sería posible si no fuera porque las enseñanzas de ambos son acerca de ti. 5Ninguno de ellos puede alterar tu realidad, pero si los escuchas a los dos, tu mente estará dividida con respecto a lo que es tu realidad.







domingo, 17 de marzo de 2019

17 MARZO: No me gobiernan otras leyes que las de Dios.

AUDIOLIBRO



EJERCICIOS


LECCION 76


No me gobiernan otras leyes que las de Dios.


1. Hemos visto antes cuántas cosas absurdas te han parecido ser la salvación. 2Cada una de ellas te ha aprisionado con leyes tan absurdas como ellas mismas. 3Sin embargo, no estás aprisionado por ninguna de esas cosas. 4Mas para comprender que esto es cierto, primero te tienes que dar cuenta de que la salvación no se encuentra en ninguna de ellas. 5Mientras la busques en cosas que no tienen sentido te atarás a ti mismo a leyes que tampoco tienen sentido. 6Y de esta manera, tratarás de probar que la salvación está donde no está.

2. Hoy nos alegraremos de que no puedas probarlo. 2Pues si pudieses, buscarías la salvación eternamente donde no está, y jamás la hallarías. 3La idea de hoy te repite una vez más cuán simple es la salvación. 4Búscala allí donde te espera y allí la halla­rás. 5No la busques en ninguna otra parte, pues no está en nin­guna otra parte.

3. Piensa en la liberación que te brinda el reconocimiento de que no estás atado a las extrañas y enrevesadas leyes que has promul­gado para que te salven. 2Crees realmente que te morirías de hambre a menos que tengas fajos de tiras de papel moneda y montones de discos de metal. 3Crees realmente que una pequeña píldora que te tomes o que cierto fluido inyectado en tus venas con una fina aguja te resguardará de las enfermedades y de la muerte. 4Crees realmente que estás solo a no ser que otro cuerpo esté contigo.

4. La demencia es la que piensa estas cosas. 2Tú las llamas leyes y las anotas bajo diferentes nombres en un extenso catálogo de rituales que no sirven para nada ni tienen ningún propósito. 3Crees que debes obedecer las "leyes" de la medicina, de la econo­mía y de la salud. 4Protege el cuerpo y te salvarás.

5. Eso no son leyes, sino locura. 2EI cuerpo se ve amenazado por la mente que se hace daño a sí misma. 3El cuerpo sufre sólo para que la mente no pueda darse cuenta de que es la víctima de sí misma. 4El sufrimiento corporal es una máscara de la que la mente se vale para ocultar lo que realmente sufre. 5No quiere entender que es su propia enemiga; que se ataca a sí misma y que quiere morir. 6De esto es de lo que tus "leyes" quieren salvar al cuerpo. 7Para esto es para lo que crees ser un cuerpo.

6. No hay más leyes que las de Dios. 2Esto necesita repetirse una y otra vez hasta que te des cuenta de que es aplicable a todo lo que has hecho en oposición a la Voluntad de Dios. 3Tu magia no tiene sentido. 4Lo que pretende salvar no existe. 5Únicamente lo que pretende ocultar te salvará.

7. Las leyes de Dios jamás pueden ser reemplazadas. 2Dedicare­mos el día de hoy a regocijarnos de que así sea. 3No es ésta una verdad que queramos seguir ocultando. 4En lugar de ello nos daremos cuenta de que es una verdad que nos mantiene libres para siempre. 5La magia aprisiona, pero las leyes de Dios liberan. 6La luz ha llegado porque no hay más leyes que las de Él. 

8. Comenzaremos hoy las sesiones de práctica más largas con un breve repaso de las diferentes clases de "leyes" que hemos creído necesario acatar. 2Éstas incluyen, por ejemplo, las "leyes" de la nutrición, de la inmunización, de los medicamentos y de la pro­tección del cuerpo en las innumerables maneras en que ésta se lleva a cabo. 3Crees también en las "leyes" de la amistad, de las "buenas" relaciones y de la reciprocidad. 4Puede que hasta incluso creas que hay leyes que regulan lo que es de Dios y lo que es tuyo. 5Muchas "religiones" se han basado en eso. 6Dichas reli­giones no salvan, sino que condenan en nombre del Cielo. 7En cualquier caso, sus leyes no son más extrañas que otras "leyes" que tú crees que debes obedecer para estar a salvo.

9. No hay más leyes que las de Dios. 2Deshecha hoy todas tus insensatas creencias mágicas y mantén la mente en un estado de silenciosa preparación para escuchar la Voz que te dice la verdad. 3Estarás escuchando a Uno que te dice que de acuerdo con las leyes de Dios las pérdidas no existen. 4No se hacen ni se reciben pagos; no se pueden hacer intercambios; 5no hay sustitutos y ninguna cosa es reemplazada por otra. 6Las leyes de Dios dan eternamente sin jamás quitar nada.

10. Escucha a Aquél que te dice esto y date cuenta de cuán insensa­tas son las "leyes" que tú pensabas regían el mundo que creías ver. 2Sigue prestando atención. 3Él te dirá más. 4Te hablará del Amor que tu Padre te profesa, 5de la infinita dicha que te ofrece, 6de la ardiente añoranza que siente por Su único Hijo, creado como Su canal de creación, pero que éste le niega debido a su creencia en el infierno.

11. Abramos hoy los canales de Dios y permitamos que Su Volun­tad se extienda a través de nosotros hasta Él. 2De esa manera es como la creación se expande infinitamente. 3Su Voz nos hablará de esto, así como de los gozos del Cielo, que Sus leyes mantienen por siempre ilimitados. 4Repetiremos la idea de hoy hasta que hayamos escuchado y comprendido que no hay más leyes que las de Dios. 5Después nos diremos a nosotros mismos, a modo de dedicatoria con la cual concluye la sesión de práctica:

6No me gobiernan otras leyes que las de Dios.

12. Repetiremos hoy esta dedicatoria tan a menudo como sea posi­ble; por lo menos cuatro o cinco veces por hora, así como en respuesta a cualquier tentación de sentirnos sujetos a otras leyes a lo largo del día. 2Es nuestra declaración de que estamos a salvo de todo peligro y de toda tiranía. 3Es nuestro reconocimiento de que Dios es nuestro Padre y de que Su Hijo se ha salvado.



Instrucciones para la práctica

Propósito: Entender realmente que no te gobiernan otras leyes que las de Dios, ver la libertad en esta idea, y alegrarte de que así sea.

Ejercicios más largos: 2 veces, duración de diez a quince minutos. 

  • En la primera fase, repasa brevemente las diferentes “leyes” en las que crees. Éstas incluyen las leyes corporales: tales como las leyes de la nutrición, de la medicina, y de economía; las leyes sociales: tales como las leyes de la reciprocidad y de las buenas relaciones; las leyes religiosas: que determinan lo que debes darle a Dios para que Él te garantice Sus regalos. 
  • Rechaza estas “leyes” con el pensamiento de que no hay otras leyes que las de Dios. Luego espera en receptivo silencio oír la Voz de Dios (éste es otro ejercicio de escuchar al Espíritu Santo). Mientras escuchas, de vez en cuando repite la idea, como una invitación a la Voz de Dios para que te ayude a entender de verdad esta idea. Cuando oigas al Espíritu Santo, Él puede decirte que las leyes de Dios sólo dan, a diferencia de las “leyes” del mundo. Las leyes de Dios no piden pago por darte bendiciones sin fin. Puede continuar hablándote de todas las bendiciones que estas leyes te ofrecen, incluyendo los infinitos gozos del Cielo, todos los cuales proceden del infinito Amor de Dios por ti. Recuerda escuchar con confianza, sabiendo que incluso aunque ahora no oigas nada, La Voz de Dios continúa todavía hablándote, y que tu escucha de hoy te acercará más a oír de verdad. Si escuchas algo, puedes escribirlo luego si quieres. 
  • Termina repitiendo la idea.


Recordatorios frecuentes: de 4 a 5 por hora (como mínimo).
Repite la idea como una declaración de libertad de todas las leyes tiránicas de este mundo, y en reconocimiento de que únicamente vives bajo la bendición del Amor de Dios.

Siempre que te sientas sometido a las leyes de este mundo.Repite la idea. Debido a que generalmente damos por sentado las leyes de este mundo, no siempre nos damos cuenta cuándo nos sentimos oprimidos por ellas.

Por lo tanto, puedes explorar tu mente de vez en cuando para buscar las cosas que te esclavizan e identificar las leyes en las que se basan. Por ejemplo, en cualquier momento dado puedes descubrir que te esclavizan las leyes del hambre, del tiempo (trabajos con límite de plazo), del dinero (puede que tengas escasez de dinero), de la dinámica social (puedes estar en una situación políticamente delicada). Observa las leyes que te están esclavizando y responde a ellas repitiendo la idea como una declaración de que te has liberado de ellas de verdad.

Comentario

Ésta es quizá una de las lecciones más desafiantes del Libro de Ejercicios. Se enfrenta y echa al traste toda la parafernalia de protecciones de seguridad y substitutos de la salvación que hemos inventado, y de los cuales nos hemos convencido a nosotros mismos que dependemos. Nos impacta con sus afirmaciones enérgicas. Si estamos abiertos a lo que dice, empezaremos a ver que el Curso desafía todas nuestras suposiciones básicas sobre la vida y sobre nosotros mismos. Estamos más atrincherados en las ilusiones del ego de lo que hasta ahora nos hemos dado cuenta.

El punto de vista siguiente es el fondo de esta lección:

1. Somos mente perfecta y sin forma, cada uno de nosotros parte de una totalidad perfecta, pero hemos deseado separar y dividir una pequeña parte de la mente para llamarla “yo”. Además, no sólo hemos deseado hacerlo, sino que nos hemos convencido a nosotros mismos que de verdad lo hemos hecho. Nuestra sensación de identidad se limita a este pequeño fragmento de mente. Nuestra mente se siente enormemente culpable a causa de esta creencia, que es falsa.

2. Hemos inventado un mundo lleno de cuerpos por dos razones: primera, para apoyar nuestras ilusiones de separación; y segunda, para escapar de la culpa en nuestra mente proyectando esa culpa sobre el mundo y los “otros”. Nos hemos identificado principalmente con nuestro propio cuerpo, en lugar de incluso hacerlo con el pequeño fragmento de mente que percibimos como que está “dentro” del cuerpo.

3. Creyendo que somos el cuerpo, y que nosotros (nuestro cuerpo) estamos amenazados por muchas cosas en el mundo, hemos ideado una interminable lista de medios para proteger y conservar nuestro cuerpo. Éstas son las “leyes” del mundo de las que se habla en esta lección.

La primera frase de la Lección 76 se refiere a una afirmación anterior, en los tres primeros párrafos de la Lección 71, que señalaban en cuántas cosas sin sentido hemos buscado nuestra salvación (que pueden entenderse como protección, o seguridad, o incluso felicidad). En la Lección 71, el factor principal acerca de cada una de estas cosas era el pensamiento: “Si esto fuera diferente, me salvaría” (L.71.2:4).La Lección 76 ahora añade el pensamiento de que “cada una de ellas te ha aprisionado con leyes tan absurdas como ellas mismas” (1:2). Por ejemplo, si buscamos buena salud física para “salvarnos”, quedamos esclavizado por un montón de leyes que gobiernan la salud: nutrición, medicina, etc.

La lección identifica muchas de las supuestas leyes a las que creemos que estamos sometidos: la necesidad de dinero ( papel moneda y discos de metal), uso de medicinas para protegernos de la enfermedad, necesidad de interacción física con otros cuerpos (sexo, compañía), leyes de la medicina, de economía, y salud (nutrición, ejercicio, sueño, vitaminas), cualquier modo que utilizamos para proteger el cuerpo, “leyes” de la amistad y reciprocidad (ser justo), incluso leyes “religiosas”.

No estamos aprisionados por ninguna de estas leyes (1:3). Ésta es una afirmación sorprendente y casi increíble. Sin embargo, para entender nuestra libertad de estas leyes, primero tenemos que “darnos cuenta de que la salvación no se encuentra en ninguna de ellas” (1:4). En otras palabras, tenemos que darnos cuenta de que nuestro cuerpo y nuestro ego no necesitan protección. Tenemos que deshacer el error de identificación que hemos cometido. Por supuesto, ese deshacimiento es de lo que trata Un Curso de Milagros.

Al decir que nos “atamos” a nosotros mismos “a leyes que tampoco tienen sentido” (1:5) mientras buscamos la salvación intentando cambiar algo, cualquier cosa, que no sea nuestra mente, el Curso nos dice que estar sometidos a estas leyes del mundo es algo que hemos elegido y que continuamos eligiendo en cada momento. Al seguir los mandatos de nuestro propio ego en sus intentos de protegerse a sí mismo a costa de nuestra realidad, continuamos ciegamente buscando la salvación fuera de nosotros mismos. Esa búsqueda ciega es la que nos ata a las leyes del mundo. Por consiguiente, terminar esa búsqueda equivocada nos librará de las leyes de este mundo.

Creemos que los milagros significan la sanación repentina del cuerpo, o la llegada de dinero de una fuente inesperada, o la aparición de alguien o de algo que creemos que nos dará la felicidad. Creer esto es también buscar la salvación fuera de nuestra propia mente, y continuará atándonos a las leyes de este mundo. Lo que es peor, también continúa haciendo que nos parezca real nuestra identidad como egos separados.

La idea de vivir sin ninguna necesidad de dinero, o medicinas, o medios físicos de protección le atrae a todo el mundo. Ese estado puede ser nuestro, pero únicamente sin buscarla. El mundo y sus leyes no es donde se encuentra nuestra libertad. Libertad no es tener todo el dinero que necesitamos proporcionado mágicamente. Libertad no es tener perfecta salud física. Libertad no es tener “buenas” relaciones. La libertad no tiene nada que ver con nuestro cuerpo. La libertad solo puede encontrarse dentro de nosotros mismos.

“El cuerpo se ve amenazado por la mente que se hace daño a sí misma” (5:2). Toda nuestra escasez y sufrimiento físico es producido de manera inconsciente por nuestra propia mente, para que la mente no se dé cuenta de que es su propia víctima (5:3-5). Debido a nuestra culpa primaria, causada por nuestra creencia en la realidad de la separación, nuestra mente “se ataca así misma y quiere morir” (5:5). Por esta razón creemos que somos un cuerpo (el cual muere). Las “leyes” que creemos que tenemos que obedecer para salvar nuestro cuerpo son sólo un intento de la mente de disfrazar el verdadero problema, que es sus propios pensamientos de culpa y separación.

“Las leyes de Dios dan eternamente sin jamás quitar nada” (9:6). Las “leyes” del mundo no son como las de Dios, por lo tanto no pueden ser reales porque no proceden de Dios. Y “no hay más leyes que las de Dios” (9:1). En la práctica de hoy se nos pide que pensemos en nuestras insensatas leyes, y luego que escuchemos muy dentro para “escuchar la Voz que te dice la verdad” 92. Esta Voz nos hablará del eterno Amor de Dios, de Su deseo de que conozcamos “la dicha infinita” (10:5), y Su anhelo de usarnos como canales de Su creación (10:6). Si oímos este mensaje de Amor dentro de nosotros, nuestros pensamientos de culpa y separación desaparecerán. Nos daremos cuenta de Quién somos. Y al hacerlo, nuestro deseo demente de atacarnos y matarnos a nosotros mismos se acabará. La causa de nuestra falsa búsqueda desaparecerá, y con ella, nuestro aprisionamiento a las “leyes” que gobiernan estos ídolos que hemos fabricado.

Al llevar nuestra “leyes” imaginarias ante las leyes de Dios -leyes en las que no existe la pérdida, ni el dar o recibir pago, ni intercambios o substituciones, sino sólo el Amor de Dios sin condiciones- estamos llevando nuestras ilusiones ante la verdad (ver T. 14.VII.1-4, para una excelente aclaración de la razón por la que estos dos sistemas de creencias deben ponerse juntos para que todo lo falso desaparezca a la luz de la verdad).