LECCION DEL DIA

DESPERTAR AL AMOR

lunes, 27 de mayo de 2019

27 MAYO: CUARTO REPASO Repaso a las lecciones 133 y 134

AUDIOLIBRO 


 

EJERCICIOS


LECCION 147 

Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.



(133) No le daré ningún valor a lo que no lo tiene.
(134) Permítaseme poder percibir el perdón tal como es. 


Instrucciones para la práctica
Propósito: Prepararnos para la segunda parte del Libro de Ejercicios (que no empieza hasta dentro de ochenta lecciones). El siguiente repaso (Quinto Repaso) habla de esta misma preparación. El Libro de Ejercicios parece dar por sentado que ya hemos pasado la peor parte (ver, por ejemplo, L.122.10:2), y que ahora, con mucha menos resistencia, podemos poner toda la atención en prepararnos para la cumbre del Libro de Ejercicios: la Segunda Parte.

Más largo: 2 (al principio y al final del día), durante siete minutos aproximadamente
.
Primero, pasa cinco minutos pensando en la idea central de este repaso: “Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios”. Acalla tu mente, y repite la idea una y otra vez, muy lentamente, poniendo toda tu atención en su significado. Deja que despeje y sustituya a toda tu habitual manera de pensar. Tus pensamientos habituales (como explican los párrafos 3 y 4) son realmente faltas de perdón disfrazadas. Puesto que estos pensamientos no son de Dios, ocultan la verdad de que tu mente alberga sólo lo que piensas con Dios. Al apartarlos y pensar sólo este pensamiento del Curso, entras en contacto con tu verdadero estado mental, en el que sólo piensa los Pensamientos de Dios. Esto te preparará para un día que refleja ese estado verdadero, en el que los pensamientos que se te ocurren proceden de Dios (ver 6:1-2).

Si tus pensamientos habituales intentan meterse por medio, elimínalos con el pensamiento central. Una sugerencia para estos momentos es usar las imágenes de 4:3. Imagina que tu mente es el océano. Poner uno de tus pensamientos habituales en tu mente es como un niño arrojando un palo al agua. ¿Cómo puede eso cambiar los grandes ritmos del océano (las mareas, el sol calentando el agua, la luna reflejándose sobre la superficie)? ¿Cómo puede eso cambiar los grandes pensamientos que compartes con Dios?
Después de estos cinco minutos, pasa a la segunda fase de la práctica. Lee las dos ideas del repaso, cierra los ojos, y repítelas mentalmente para tus adentros (muy, muy lentamente). Dios ha puesto un regalo dentro de cada palabra. Deja que tu mente reciba ese regalo. “Deja que cada palabra refulja con el significado que Dios le ha dado” (7:4). Recibe el pensamiento que Él ha puesto ahí para ti, pues ese recibir es el verdadero estado de tu mente.

El propósito de la primera fase de la práctica es prepararte para esta segunda fase. Al pasar cinco minutos con el pensamiento de Dios, te preparas a ti mismo para ver en las dos ideas únicamente el significado que Dios les ha dado.

Observaciones: Por la noche, repite la misma práctica. Date cuenta de que el pensamiento central ha hecho “de ese día una ocasión especial de bendición” (9:3), tanto para ti como para el mundo, debido a tu práctica llena de fe. Date cuenta también de que duermes rodeada con la gratitud de Dios por tu práctica. Pues ahora estás aprendiendo a reclamar la herencia que Dios te dio.

Más corto: Cada hora, durante un momento de silencio y quietud.
Esta es una pequeña versión de la práctica de la mañana y de la noche. Pasa un momento de quietud y silencio con el pensamiento central, y luego repite las dos ideas del repaso, lentamente, dándote tiempo para ver los preciosos regalos de significado que Dios ha puesto en ellas para ti.

Comentario

Que hoy mire a las cosas que considero valiosas y cambie mi opinión de todas ellas. ¿Por qué estoy haciendo esto? ¿Qué estoy valorando en ello? Las cosas que considero valiosas a menudo son tonterías si las examino. Por ejemplo, cuando empiezo a sentir la satisfactoria calidez de una verdadera intimidad en una relación, nada parece merecer la pena de terminar esa calidez. Recuerdo haber leído acerca de una iglesia fundamentalista que se dividió por el tema de si era pecado o no enchufar una guitarra eléctrica. Me pregunté: ¿Cómo es posible valorar algo como eso tanto como para apartar de tu corazón a personas que una vez fueron amigos muy cercanos? Así pues, muchas relaciones se rompen por temas que parecen igual de insignificantes.

El perdón ve que nada merece la pena de apartar de mi corazón a un Hijo de Dios. Tenemos tantas prioridades en nuestra consciencia, cosas que consideramos más importantes que el amor, más importantes que la unidad, más importantes que nuestra propia paz mental. ¿He llegado ya a valorar la paz mental por encima de todas las cosas? ¿He llegado al punto en el que todo lo que impida que el amor se extienda a través de mí es rápidamente eliminado?

Necesitamos hacernos conscientes de la causa de nuestro sufrimiento. Nos duele cerrar nuestro corazón. Nos duele negarnos a perdonar, darle vueltas en la mente a las ofensas cometidas contra nosotros y negarnos a abandonarlas. “El amor no abriga resentimientos” (L.68, encabezamiento). El perdón es un regalo para mí mismo, es una liberación de mi propio dolor. ¿Qué valoro por encima del libre fluir del amor, la calidez de la unión con mis hermanos? Que elija no valorar por más tiempo esas cosas que no tienen ningún valor, y que elija perdonar.

Que hoy dedique cinco minutos por la mañana, y cinco minutos por la noche, a abrir mi mente y despejarla de todos los pensamientos engañosos (L.rIV.In.5:2). Que aparte a un lado todos los valores menores, y que recuerde que mi mente alberga los mismos pensamientos que Dios. Que valore este pensamiento por encima de todo. Que me alegre de que mi mente y la Mente de Dios están de acuerdo, y que me dé cuenta de esta unión de mi mente con la de Dios, este compartir Sus pensamientos, esto es todo lo que es verdaderamente valioso.





TEXTO


Xl. La paz del Cielo

 

1. Las mejores alternativas que el ego ofrece para contrarrestar lo que se percibe como la ruda intromisión de la culpabilidad en la paz son: el olvido, el sueño y la muerte. 2Aun así, nadie piensa que está en conflicto y abatido por una guerra cruel, a menos que crea que ambos contendientes son reales: 3Al creerlo, se ve obli­gado a escapar, pues una guerra así pondría fin a su paz mental y, por lo tanto, lo destruiría. 4Mas sólo con que se diese cuenta de que la guerra es entre un poder real y uno irreal, podría mirar en su interior y ver su libertad. 5Nadie pensaría estar abatido y ator­mentado por interminables batallas si él mismo percibiese que no tienen absolutamente ningún significado.

2. No es la Voluntad de Dios que Su Hijo viva en estado de guerra. 2Por lo tanto, el imaginado "enemigo" que Su Hijo cree tener es totalmente irreal3No estás sino tratando de escapar de una guerra encarnizada de la que ya te has escapado. 4La guerra ya terminó, pues has oído el himno de la libertad elevarse hasta el Cielo. 5Grande es la dicha y el regocijo de Dios por tu liberación porque tú no creaste la libertad. 6Mas de la misma manera en que no creaste la libertad, tampoco creaste una guerra que pudiese poner en peligro dicha libertad. 7Nada destructivo ha existido nunca ni existirá jamás. 8La guerra, la culpabilidad y el pasado desaparecieron al unísono en la irrealidad de donde vinieron.  

3. Cuando todos estemos unidos en el Cielo, no valorarás nada de lo que valoras aquí. 2Pues nada de lo que valoras aquí lo valoras completamente, y, por lo tanto, no lo valoras en absoluto. 3Sólo aquello a lo que Dios otorgó valor tiene valor, y el valor de lo que Dios aprecia no es susceptible de ser juzgado, pues ya se fijó. 4Su valor es absoluto. 5Las únicas alternativas que tienes ante ti son apreciarlo o no. 6Valorarlo parcialmente significa que se desconoce su valor. 7En el Cielo está todo lo que Dios valora. 8Allí nada es, ambiguo. 9Todo es claro y luminoso, y suscita una sola res­puesta. 10En el Cielo no hay tinieblas ni contrastes. 11Nada varía 12ni sufre interrupción alguna. 13Lo único que se experimenta es una sensación de paz tan profunda que ningún sueño de este mundo ha podido jamás proporcionarte ni siquiera el más leve indicio de lo que dicha paz es. 

4. No hay nada en este mundo que pueda brindarte semejante paz porque no hay nada en este mundo que se comparta totalmente. 2La percepción perfecta tan sólo puede mostrarte lo que se puede compartir plenamente. 3Puede mostrarte asimismo lo que resulta de ese compartir, mientras todavía tengas presente los resultados de no compartir. 4El Espíritu Santo señala calladamente el con­traste sabiendo que, en última instancia, dejarás que Él juzgue por ti la diferencia, permitiéndole que te muestre cuál de las dos alternativas es cierta. 5Tiene perfecta fe en tu juicio final, porque sabe que es Él Quien lo emitirá por ti. 6Dudar de eso sería dudar de que Él vaya a llevar a cabo Su misión. 7Mas ¿cómo iba a ser posible eso cuando Su misión es de Dios?

5. Tú, cuya mente está ensombrecida por las dudas y la culpabili­dad, recuerda esto: Dios te dio el Espíritu Santo a Quien le enco­mendó la misión de eliminar toda duda y todo vestigio de culpabilidad que Su amado Hijo jamás se hubiese echado encima. 2Su misión no puede fracasar, pues nada puede impedir el logro de lo que Dios ha dispuesto que se logre. 3La Voluntad de Dios se hace sean cuales fueren tus reacciones a la Voz del Espíritu Santo, sea cual fuere la voz que elijas escuchar y 4sea cuales fueren los extraños pensamientos que te asalten. 5Encontrarás la paz en la que Dios te ha establecido porque Él no cambia de parecer. 6Él es tan estable, como la paz en la que moras, la cual el Espíritu Santo te recuerda.

6. En el Cielo no recordarás cambios ni variaciones. 2Sólo aquí tienes necesidad de contrastes. 3Los contrastes y las diferencias son recursos de aprendizaje necesarios, pues gracias a ellos apren­des lo que debes evitar y lo que debes procurar. 4Cuando hayas aprendido eso, encontrarás la respuesta que elimina la necesidad de las diferencias. 5La verdad viene por su cuenta a encontrarse consigo misma. 6Cuando hayas aprendido que tú le perteneces a la verdad, ésta vendrá hasta ti quedamente sin diferencias de nin­guna clase, 7pues no necesitarás ningún contraste que te ayude a comprender que eso, y sólo eso es lo que quieres. 8No temas que el Espíritu Santo vaya a fracasar en la misión que tu Padre le ha encomendado. 9La Voluntad de Dios no fracasa en nada.

7. Ten fe únicamente en lo que sigue a continuación, y ello será suficiente: la Voluntad de Dios es que estés en el Cielo, y no hay nada que te pueda privar del Cielo o que pueda privar al Cielo de tu presencia. 2Ni tus percepciones falsas más absurdas, ni tus ima­ginaciones más extrañas ni tus pesadillas más aterradoras significan nada. 3No prevalecerán contra la paz que la Voluntad de Dios ha dispuesto para ti. 4El Espíritu Santo restaurará tu cordura por­que la demencia no es la Voluntad de Dios. 5Si eso es suficiente para el Espíritu Santo, también es suficiente para ti. 6No conservarás lo que Dios desea que se elimine porque eso interrumpe Su comunicación contigo, que es con quien Él quiere comunicarse. 7Su Voz se oirá. 

8. El nexo de comunicación que Dios Mismo colocó dentro de ti y que une tu mente con la Suya, no puede ser destruido. 2Tal vez creas que ése es tu deseo, y esa creencia ciertamente interfiere en la profunda paz en la que se conoce la dulce y constante comuni­cación que Dios desea mantener contigo. 3Sus canales de extensión, no obstante, no pueden cerrarse del todo o separarse de Él. 4Gozarás de paz porque Su paz fluye todavía hacia ti desde Aquel Cuya Voluntad es la paz. 5Dispones de ella en este mismo ins­tante. 6El Espíritu Santo te enseñará a usarla, y al extenderla, sabrás que se encuentra en ti. 7Dios dispuso que el Cielo fuese tuyo, y nunca dispondrá nada más para ti. 8Lo único que el Espí­ritu Santo conoce es la Voluntad de Dios. 9Es imposible que no alcances el Cielo, pues Dios es algo seguro, y lo que Su Voluntad dispone es tan seguro como Él.

9. Aprenderás lo que es la salvación porque aprenderás a salvar. 2Es imposible que te puedas excluir de lo que el Espíritu Santo quiere enseñarte. 3La salvación es algo tan seguro como Dios. 4La certeza de Dios es suficiente. 5Date cuenta de que incluso la más tenebrosa pesadilla que perturba la mente del Hijo durmiente de Dios no tiene poder alguno sobre él. 6Él aprenderá la lección del despertar. 7Dios vela por él y la luz le rodea.

10. ¿Cómo iba a poder el Hijo de Dios perderse en sueños, cuando Dios ha puesto dentro de él la jubilosa llamada a despertar y a ser feliz? 2Él no se puede separar de lo que está en él. 3Su sueño no podrá resistir la llamada a despertar. 4Es tan seguro que la misión de la redención se cumplirá como que la creación permanecerá inmutable por toda la eternidad. 5No tienes que saber que el Cielo es tuyo para que lo sea. 6Lo es. 7Mas para saberlo; tienes que aceptar que la Voluntad de Dios es tu voluntad.

11. El Espíritu Santo deshará por ti todo lo que has aprendido que enseña que lo que no es verdad tiene que ser reconciliado con la verdad. 2Esta es la reconciliación con la que el ego quisiera sus­tituir tu reconciliación con la cordura y con la paz. 3El Espíritu Santo tiene pensado para ti un tipo de reconciliación muy dife­rente, y lo pondrá en práctica tan inexorablemente como que al ego le será imposible poner en práctica lo que él se propone. 4El fracaso es cosa del ego, no de Dios: 5No puedes alejarte de Él y es imposible que el plan que el Espíritu Santo le ofrece a todo el mundo para la salvación de todos, no sea perfectamente consu­mado. 6Serás liberado, y no recordarás nada de lo que fabricaste, salvo lo que fue creado para ti, y a su vez por ti. 7Pues, ¿cómo podrías recordar lo que nunca fue verdad, o no recordar lo que siempre lo fue? 8En esta reconciliación con la verdad, y sólo con la verdad, radica la paz del Cielo







domingo, 26 de mayo de 2019

26 MAYO: CUARTO REPASO Repaso a las lecciones 131 y 132

AUDIOLIBRO 


 

EJERCICIOS


LECCION 146 

Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.



(131) Nadie que realmente se proponga alcanzar la verdad puede fracasar.
(132) Libero al mundo de todo lo que jamás pensé que era. 




Instrucciones para la práctica
Propósito: Prepararnos para la segunda parte del Libro de Ejercicios (que no empieza hasta dentro de ochenta lecciones). El siguiente repaso (Quinto Repaso) habla de esta misma preparación. El Libro de Ejercicios parece dar por sentado que ya hemos pasado la peor parte (ver, por ejemplo, L.122.10:2), y que ahora, con mucha menos resistencia, podemos poner toda la atención en prepararnos para la cumbre del Libro de Ejercicios: la Segunda Parte.

Más largo: 2 (al principio y al final del día), durante siete minutos aproximadamente
.
Primero, pasa cinco minutos pensando en la idea central de este repaso: “Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios”. Acalla tu mente, y repite la idea una y otra vez, muy lentamente, poniendo toda tu atención en su significado. Deja que despeje y sustituya a toda tu habitual manera de pensar. Tus pensamientos habituales (como explican los párrafos 3 y 4) son realmente faltas de perdón disfrazadas. Puesto que estos pensamientos no son de Dios, ocultan la verdad de que tu mente alberga sólo lo que piensas con Dios. Al apartarlos y pensar sólo este pensamiento del Curso, entras en contacto con tu verdadero estado mental, en el que sólo piensa los Pensamientos de Dios. Esto te preparará para un día que refleja ese estado verdadero, en el que los pensamientos que se te ocurren proceden de Dios (ver 6:1-2).

Si tus pensamientos habituales intentan meterse por medio, elimínalos con el pensamiento central. Una sugerencia para estos momentos es usar las imágenes de 4:3. Imagina que tu mente es el océano. Poner uno de tus pensamientos habituales en tu mente es como un niño arrojando un palo al agua. ¿Cómo puede eso cambiar los grandes ritmos del océano (las mareas, el sol calentando el agua, la luna reflejándose sobre la superficie)? ¿Cómo puede eso cambiar los grandes pensamientos que compartes con Dios?
Después de estos cinco minutos, pasa a la segunda fase de la práctica. Lee las dos ideas del repaso, cierra los ojos, y repítelas mentalmente para tus adentros (muy, muy lentamente). Dios ha puesto un regalo dentro de cada palabra. Deja que tu mente reciba ese regalo. “Deja que cada palabra refulja con el significado que Dios le ha dado” (7:4). Recibe el pensamiento que Él ha puesto ahí para ti, pues ese recibir es el verdadero estado de tu mente.

El propósito de la primera fase de la práctica es prepararte para esta segunda fase. Al pasar cinco minutos con el pensamiento de Dios, te preparas a ti mismo para ver en las dos ideas únicamente el significado que Dios les ha dado.

Observaciones: Por la noche, repite la misma práctica. Date cuenta de que el pensamiento central ha hecho “de ese día una ocasión especial de bendición” (9:3), tanto para ti como para el mundo, debido a tu práctica llena de fe. Date cuenta también de que duermes rodeada con la gratitud de Dios por tu práctica. Pues ahora estás aprendiendo a reclamar la herencia que Dios te dio.

Más corto: Cada hora, durante un momento de silencio y quietud.
Esta es una pequeña versión de la práctica de la mañana y de la noche. Pasa un momento de quietud y silencio con el pensamiento central, y luego repite las dos ideas del repaso, lentamente, dándote tiempo para ver los preciosos regalos de significado que Dios ha puesto en ellas para ti.

Comentario

Continuando con la ampliación de ideas acerca del tema central del repaso, me quedé impresionado con estas frases de los párrafos 2 y 4 de la Introducción al repaso:

“No obstante, es verdad eternamente (que mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios)” (L.rIV.In.2:8).

“Tu mente, sin embargo, alberga sólo lo que piensas con Dios. Tus auto-engaños no pueden ocupar el lugar de la verdad, de la misma manera en que un niño que arroja un palo al mar no puede cambiar el ir y venir de las olas, evitar que el sol caliente las aguas o impedir que el plateado reflejo de luna se vea por la noche en ellas” (L.rIV.In.4:1-3).

Es “verdad eternamente” que mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios. Era verdad cuando Dios me creó. Será verdad cuando el viaje haya terminado y esté en mi hogar con Dios. Y es verdad ahora mismo. “Verdad eternamente”. El tercer párrafo habla de las muchas formas de falta de perdón “cuidadosamente ocultas” en mi mente, las defensas del ego, sus ilusiones, su uso del engaño a mí mismo para que continúe el juego de no ser consciente. Sin embargo, a pesar de esto, “mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios”. Nada de lo que hago afecta a este hecho. Todos los engaños del mundo pueden ocultar este hecho, pero no pueden cambiarlo. “Tus auto-engaños no pueden ocupar el lugar de la verdad” (L.rIv.In.4:2).

La imagen del niño arrojando un palo al océano es perfecta. Recuerdo que de niño solía ir al Cabo Cod. Solía estar cerca del rompiente del oleaje, con olas más altas que yo rompiendo delante de mí, y solía pegar puñetazos a las olas, peleando con ellas, mandando mi puño contra ellas. Para mí en aquella época, yo era como un guerrero luchando contra el océano. ¡Estaba seguro de que el océano estaba preocupado! ¡Estaba seguro de que mis esfuerzos poderosos reducían la velocidad de la marea un poco, por lo menos! ¡Seguro que sí, por supuesto!

Nuestra “rebelión” contra Dios ha tenido el mismo efecto. En otras palabras, ningún efecto. La idea de que podemos cambiar la creación de Dios es tan ridícula como un niño con un palo que cree que puede hacer daño al océano cuando lo arroja a él.

Ésta es la razón por la que “nadie que se proponga alcanzar la verdad puede fracasar”. Porque la verdad está aquí, en mi mente, donde siempre ha estado y donde siempre estará No puedo dejar de encontrarla porque ¡nunca la he perdido! Todavía la conservo.


He contemplado este mundo y he creído que era un lugar donde Dios no está. He visto lo que parece ser una falta de amor total. He estado profundamente desilusionado del mundo. Bueno, “Libero al mundo de todo lo que he pensado que era”. Dejo que todas esas impresiones del mundo se vengan abajo, porque no puede ser lo que pensé que era, no si todas nuestras mentes todavía albergan lo que pensamos con Dios. ¡Hay algo mal en esta imagen del mundo! Justo cuando había empezado a entender el mundo, viene el Curso y dice: “¡No te acercas ni por lo más remoto!” Así que, abandono mis juicios acerca del mundo, y abro mi mente para que se me enseñe de nuevo. Quizás, sólo quizás, el modo en que lo veía está relacionado con lo que pensaba acerca de mí, con la creencia de que mi mente estaba en guerra contra Dios. Quizás he visto un mundo en guerra contra Dios porque así me imagino que está mi mente, y lo he proyectado sobre el mundo. Y quizás. Si abandono mis locas ideas acerca de mí, mi imagen del mundo cambiará también. ¡Estoy deseando intentarlo!






sábado, 25 de mayo de 2019

25 MAYO: CUARTO REPASO Repaso a las lecciones 128 y 130

AUDIOLIBRO 


 

EJERCICIOS


LECCION 145 

Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.



(129) Más allá de este mundo hay un mundo que deseo.
(130) Es imposible ver dos mundos.




Instrucciones para la práctica

Propósito: Prepararnos para la segunda parte del Libro de Ejercicios (que no empieza hasta dentro de ochenta lecciones). El siguiente repaso (Quinto Repaso) habla de esta misma preparación. El Libro de Ejercicios parece dar por sentado que ya hemos pasado la peor parte (ver, por ejemplo, L.122.10:2), y que ahora, con mucha menos resistencia, podemos poner toda la atención en prepararnos para la cumbre del Libro de Ejercicios: la Segunda Parte.

Más largo: 2 (al principio y al final del día), durante siete minutos aproximadamente
.
Primero, pasa cinco minutos pensando en la idea central de este repaso: “Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios”. Acalla tu mente, y repite la idea una y otra vez, muy lentamente, poniendo toda tu atención en su significado. Deja que despeje y sustituya a toda tu habitual manera de pensar. Tus pensamientos habituales (como explican los párrafos 3 y 4) son realmente faltas de perdón disfrazadas. Puesto que estos pensamientos no son de Dios, ocultan la verdad de que tu mente alberga sólo lo que piensas con Dios. Al apartarlos y pensar sólo este pensamiento del Curso, entras en contacto con tu verdadero estado mental, en el que sólo piensa los Pensamientos de Dios. Esto te preparará para un día que refleja ese estado verdadero, en el que los pensamientos que se te ocurren proceden de Dios (ver 6:1-2).

Si tus pensamientos habituales intentan meterse por medio, elimínalos con el pensamiento central. Una sugerencia para estos momentos es usar las imágenes de 4:3. Imagina que tu mente es el océano. Poner uno de tus pensamientos habituales en tu mente es como un niño arrojando un palo al agua. ¿Cómo puede eso cambiar los grandes ritmos del océano (las mareas, el sol calentando el agua, la luna reflejándose sobre la superficie)? ¿Cómo puede eso cambiar los grandes pensamientos que compartes con Dios?
Después de estos cinco minutos, pasa a la segunda fase de la práctica. Lee las dos ideas del repaso, cierra los ojos, y repítelas mentalmente para tus adentros (muy, muy lentamente). Dios ha puesto un regalo dentro de cada palabra. Deja que tu mente reciba ese regalo. “Deja que cada palabra refulja con el significado que Dios le ha dado” (7:4). Recibe el pensamiento que Él ha puesto ahí para ti, pues ese recibir es el verdadero estado de tu mente.

El propósito de la primera fase de la práctica es prepararte para esta segunda fase. Al pasar cinco minutos con el pensamiento de Dios, te preparas a ti mismo para ver en las dos ideas únicamente el significado que Dios les ha dado.

Observaciones: Por la noche, repite la misma práctica. Date cuenta de que el pensamiento central ha hecho “de ese día una ocasión especial de bendición” (9:3), tanto para ti como para el mundo, debido a tu práctica llena de fe. Date cuenta también de que duermes rodeada con la gratitud de Dios por tu práctica. Pues ahora estás aprendiendo a reclamar la herencia que Dios te dio.

Más corto: Cada hora, durante un momento de silencio y quietud.
Esta es una pequeña versión de la práctica de la mañana y de la noche. Pasa un momento de quietud y silencio con el pensamiento central, y luego repite las dos ideas del repaso, lentamente, dándote tiempo para ver los preciosos regalos de significado que Dios ha puesto en ellas para ti.


Comentario

Aunque la mente del Hijo de Dios alberga sólo lo que piensa con Dios, “La falta de perdón es lo que impide que este pensamiento llegue a su conciencia” (L.rIV.In.2:7). Por lo tanto, el mundo que veo es un mundo que me muestra mi falta de perdón. “Es el sistema ilusorio de aquellos a quienes la culpabilidad ha enloquecido” (T.13.In.2:2). Lo único que mantiene la ilusión de que este mundo es real (con sus aparentes castigos, dolor, sufrimiento, separación y muerte) es una falta de perdón. ¿Por qué el dolor que siento, mental, emocional y físico, parece tan real? Toda esta realidad viene y es mantenido por una falta de perdón en mi mente. Por eso, como dice la Lección 121: “El perdón es la llave de la felicidad” (L.121, encabezamiento).

Hay un mundo que quiero de verdad, un mundo que está más allá de este mundo. El Curso lo llama el mundo real. “El mundo real es el estado mental en el que el único propósito del mundo es perdonar” (T.30.V.1:1). “El mundo real se alcanza simplemente mediante el completo perdón del viejo mundo, aquel que contemplas sin perdonar” (T.17.II.5:1). Mi percepción cambia de ver el mundo del dolor a ver el mundo real por medio de una única cosa: el perdón.

Ésta es la razón por la que no se pueden ver dos mundos. Pues, o bien mi mente perdona o no. O condena lo que ve, o lo acepta con compasivo perdón. Que empiece conmigo mismo: ¿Soy cruel conmigo mismo por lo que pienso de mí? ¡Que poca compasión tengo conmigo al juzgar mis errores! Esta crueldad que tengo conmigo es el origen del mundo cruel que veo.

Dentro de mí, y dentro de todos, hay un inmenso espacio de amabilidad, un corazón enorme que abraza a todos con amor. Ésta es la Mente que comparto con Dios. Dentro de mí, también, hay un niño asustado, lleno de dolor, que cree haber hecho daño al universo para siempre. Que me vuelva con amor a esa parte dolorida de mí y que le abra los brazos con consuelo y tierna y amorosa amabilidad. Mi corazón es lo bastante grande para sanar este dolor en lugar de rechazarlo. El amor que comparto con Dios es lo bastante grande para concederme misericordia. Que no me mantenga a mí mismo alejado de mi corazón por más tiempo. Que me acoja a mí mismo, con una cálida y tierna bienvenida.

Que también mire a los que se encuentran cerca de mí con la misma aceptación tierna y amable. Aquí está la curación de la soledad y el dolor, pues no hay nada tan doloroso como un corazón cerrado al amor. Ciertamente no hay otro dolor que este. El dolor es estrechar el corazón. El dolor es negar el amor que soy. En este gesto interno e ingenioso de rechazo está la causa del mundo que veo. Mi salvación y la salvación del mundo están en el deshacimiento de esta contracción de dolor. Aquí está la entrada al mundo real, un mundo radiante de amor, de esperanza, y seguro en su alegría.


Más allá de este mundo hay un mundo que deseo, y la llave para abrir la puerta es el perdón.