LECCION DEL DIA

DESPERTAR AL AMOR

miércoles, 18 de septiembre de 2019

18 SEPTIEMBRE: Dios es mi refugio y seguridad.

AUDIOLIBRO



EJERCICIOS



5. ¿Qué es el cuerpo?


1. El cuerpo es una cerca que el Hijo de Dios se imagina haber erigido para separar partes de su Ser de otras partes. 2Cree vivir dentro de esa cerca, para morir a medida que ésta se deteriora y se desmorona. 3Pues cree estar a salvo del amor dentro de ella. 4Al identificarse con lo que considera es su seguridad, cree ser lo que ésta es. 5¿De qué otro modo, si no, podría estar seguro de que permanece dentro del cuerpo, y de que mantiene al amor afuera? 

2. El cuerpo no perdurará. 2Sin embargo, para él eso supone una doble seguridad. 3Pues la temporalidad del Hijo de Dios es la "prueba” de que sus cercas funcionan y de que están llevando a cabo la tarea que su mente les asignó. 4Pues si su unidad aún permaneciese intacta, ¿quién podría atacar y quién podría ser ata­cado? 5¿Quién podría ser el vencedor? 6¿Quién la presa? 7¿Quién podría ser la víctima? 8¿Quién el asesino? 9Y si él no muriese, ¿qué "prueba" habría de que el eterno Hijo de Dios puede ser des­truido?

3. El cuerpo es un sueño. 2Al igual que otros sueños, a veces pa­rece reflejar felicidad, pero puede súbitamente revertir al miedo, la cuna de todos los sueños. 3Pues sólo el amor puede crear de verdad, y la verdad jamás puede temer. 4Hecho para ser temeroso, el cuerpo no puede sino cumplir el propósito que le fue asignado. 5Mas podemos cambiar el propósito que el cuerpo obedece si cambiamos de parecer con respecto a su finalidad.

4. El cuerpo es el medio a través del cual el Hijo de Dios recobra la cordura. 2Aunque el cuerpo fue concebido para condenarlo al infierno para siempre, el objetivo del Cielo ha substituido a la búsqueda del infierno. 3El Hijo de Dios busca la mano de su her­mano para ayudarlo a marchar por la misma senda que él. 4Ahora el cuerpo es santo. 5Ahora su propósito es sanar la misma mente para dar muerte a la cual fue concebido.

5. Te identificarás con lo que pienses que te ha de dar seguridad. 2Sea lo que sea, creerás que ello es lo que tú eres. 3Tu seguridad reside en la verdad, no en las mentiras. 4El amor es tu seguridad. 5El miedo no existe. 6Identifícate con el amor, y estarás a salvo. 7Identifícate con el amor, y estarás en tu morada. 8Identifícate con el amor, y hallarás tu Ser.

AUDIOLIBRO



EJERCICIOS


LECCIÓN 261


Dios es mi refugio y seguridad.


1. Me identificaré con lo que creo es mi refugio y mi seguridad. 2Me veré a mí mismo allí donde percibo mi fuerza y pensaré que vivo dentro de la ciudadela en la que estoy a salvo y en la que no puedo ser atacado. 3No dejes que hoy busque seguridad en el peligro ni que trate de hallar mi paz en ataques asesinos. 4Vivo en Dios. 5En Él encuentro mi refugio y mi fortaleza. 6En Él radica mi Identidad. 7En Él reside la paz eterna. 8Y sólo allí recordaré Quién soy realmente.

2. No dejes que vaya en pos de ídolos, 2Padre mío, pues lo que deseo es estar Contigo en casa. 3Elijo ser tal como Tú me creaste y encontrar al Hijo que Tú creaste como mi. Ser.




Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones para la práctica en las instrucciones de la Segunda Parte del Libro de Ejercicios, o en la Tarjeta de Práctica de este libro.

Comentario

Si has leído la página anterior del Libro de Ejercicios acerca de ¿Qué es el Cuerpo?, te habrás dado cuenta de que el último párrafo de la sección dice: “Te identificarás con lo que pienses que te ha de dar seguridad” (L.pII.5.5:1). Este pensamiento vuelve a aparecer al comienzo de esta lección: “Me identificaré con lo que creo es mi refugio y mi seguridad” (1:1). Por ejemplo, si tenemos un hogar en el que nos sentimos a salvo y seguros, nos identificaremos con ese hogar. Lo que nos hace sentirnos a salvo se convierte en parte de nuestra identidad. Si la relación es lo bastante fuerte, se volverá realmente nuestra identidad en nuestra mente. Empezamos a ver nuestra “ciudadela” (1:2) de seguridad como una parte fundamental de nosotros mismos. “Me veré a mí mismo allí donde percibo mi fuerza” (1:2).

Esto es lo que hemos hecho con nuestro cuerpo. Equivocadamente vemos nuestro cuerpo como lo que nos mantiene a salvo (“a salvo del amor”, realmente, ver L.pII.5.1:1-3). El cuerpo se convierte en lo que protegemos de Dios, o del conflicto dentro de nuestra mente entre el amor y el miedo: tú “…llegas a la conclusión de que tú eres tu cuerpo, en un intento de escapar del conflicto que tú mismo habías provocado” (T.3.IV.6:3). Al ver el cuerpo como lo que me mantiene a salvo, me identifico con él y percibo a mi “ser” como existiendo dentro de él. También percibo a mi identidad como ego individual de la misma manera. Me protege de “perderme a mi mismo” en la unidad que alienta el amor. Por ello, apoyo mi sensación de “peligro” e incluso me meto en “ataques asesinos” (1:3) porque estas cosas parecen proteger mi individualidad de los avances de otros “seres”. La misma dinámica se refleja en el mundo, en personas e incluso naciones que atacan a otros violentamente, justificando que sólo están buscando proteger su propia paz. Está a la vista que esta postura se contradice a sí misma. ¿Cómo puedo “buscar seguridad en el peligro” o “tratar de hallar mi paz en ataques asesinos”? (1:3)

Nuestra verdadera seguridad está en Dios. “Vivo en Dios” y no en mi cuerpo ni en mi ego (1:4).

En Él encuentro mi refugio y mi fortaleza. En Él radica mi Identidad. (1:5-6)

Para saber que esto es verdad, tenemos que abandonar los pensamientos que nos identifican con nuestro cuerpo y con nuestro ego, y tenemos que empezar a renunciar al ataque como un modo de vida y de protección. El ataque no protege al Ser, protege al ego: el falso ser. El ataque protege al miedo, al caos y al conflicto. Por lo tanto, el único modo de encontrar de verdad la paz y de encontrar “Quien soy realmente” es poner fin a nuestra protección del falso ser, y recordar que nuestra verdadera paz eterna se encuentra únicamente en Dios (1:7-8).



¿Qué es el cuerpo? (Parte 1)

L.pII.5.1:1-3

¿Qué es el cuerpo? ¿Quién, fuera del Curso, habría contestado como lo hace este párrafo? “El cuerpo es una cerca que el Hijo de Dios se imagina haber erigido para separar partes de su Ser de otras partes” (1:1). El cuerpo es una cerca. ¡Qué idea más extraña es ésta! (Es una idea que se amplia en “El Pequeño Jardín” (T.18.VIII)). Su propósito (la razón por la que el ego lo hizo) es mantener algo afuera, separar partes de mi Ser de otras partes. El cuerpo es un instrumento de división y separación, por eso lo hicimos. Es un instrumento diseñado para protegernos de la totalidad. Mi cuerpo me separa y me diferencia de los otros “seres” que caminan sobre este mundo dentro de otros cuerpos.

Pensamos que vivimos “dentro de esta cerca”, es decir, en el cuerpo. ¿Hay alguien que pueda negar que es así como se plantea la vida, la suposición fundamental detrás de cada una de sus acciones? Pensamos que vivimos en el cuerpo, y pensamos que cuando el cuerpo se deteriora y se desmorona, morimos (1:2). La muerte del cuerpo produce mucho miedo. Cuando nuestro amigo cuadraplégico, Allan Greene, todavía era nuestro vecino, con sólo una pierna y brazos atrofiados, con los dedos de la mano negros, consumidos y sin vida, a la mayoría de las personas les resultaba profundamente inquietante encontrarse con él (aunque de algún modo, en su presencia, muchos de nosotros superamos ese malestar debido a su consciencia de no ser aquel cuerpo). ¿Por qué generalmente sentimos ese malestar ante personas desfiguradas, mutiladas, o moribundas? Una razón es que saca nuestros propios y enterrados miedos al deterioro de nuestro propio cuerpo, y detrás de todo eso, el miedo a la muerte misma.

El Curso nos lleva a una nueva consciencia de un Ser que no vive en un cuerpo, un Ser que no muere cuando el cuerpo se deteriora y desmorona. Nos lleva a separarnos de nuestra identificación con este ser limitado y corporal, y a reforzar nuestra sensación de identidad con el Ser que no tiene cuerpo.

¿Por qué nuestro ego ha hecho el cuerpo como una cerca? ¿Qué mantiene la cerca fuera? Sorprendentemente, lo que mantiene afuera es al amor. “Pues cree estar a salvo del amor dentro de ella” (1:3). ¿Por qué queremos mantener al amor fuera? ¿Por qué creímos necesitar algo para mantenernos “a salvo” del amor? El Amor deja entrar a todas las partes de nuestro Ser que estamos intentando mantener fuera. El Amor destruye nuestra ilusión de separación. El Amor entiende que no somos esta cosa limitada que creemos ser, y que nuestros hermanos son parte de nosotros, se extiende continuamente, dando y recibiendo, como una fuerza magnética que atrae y junta de nuevo todas las partes separadas del Ser.

¿Has sentido alguna vez, en un momento de intenso amor por otra persona, una oleada de miedo? ¿Has sentido alguna vez como si estuvieses a punto de perderte a ti mismo si te entregabas a este amor? Ese sentimiento te da una pista del lamentable miedo que el ego le tiene al amor. El ego quiere que busques el amor (porque sabes que lo necesitas y lo quieres) para tenerte contento (y atrapado), pero quiere que no lo encuentres nunca. El Amor representa la pérdida de la identidad del ego. Para el ego, eso es la muerte. Y por eso se inventa el cuerpo para mantener al amor fuera, como un medio de conservar nuestra sensación de separación.





TEXTO


VI. La luz de la relación santa


1. ¿Deseas la libertad del cuerpo o la de la mente? 2Pues no pue­des tener ambas. 3¿Qué valoras más, el cuerpo o la mente? 4¿Cuál de ellos es tu objetivo? 5Pues a uno de ellos lo ves como un medio; al otro como un fin. 6uno de ellos tiene que servir al otro y dejar que predomine, realzando su importancia al disminuir la suya propia. 7Los medios sirven al fin, y a medida que el fin se alcanza, el valor de los medios disminuye, quedando totalmente eclipsa­dos cuando se reconoce que ya no tienen función alguna. 8Todo aquel que anhela la libertad tratará de encontrarla. 9Pero la bus­cará donde cree que está y donde cree que puede hallarla. 10Creerá que es igualmente posible alcanzar o bien la libertad de la mente o bien la del cuerpo, y elegirá a uno de ellos para que sirva al otro como medio para encontrarla.

2. Cuando se ha elegido la libertad del cuerpo, la mente se usa como un medio cuyo valor reside en su habilidad de ingeniar medios para conseguir la libertad del cuerpo. 2Pero dado que liberar al cuerpo no tiene sentido, la mente se ha puesto al servi­cio de las ilusiones. 3Esta situación es tan contradictoria e imposi­ble que cualquiera que la elija no tiene idea de lo que es valioso. 4Mas aun en esta confusión -tan profunda que es indescripti­ble- el Espíritu Santo espera pacientemente, tan seguro del resultado final como del Amor de Su Creador. 5Él sabe que esa decisión descabellada la tomó uno a quien Su Creador ama tanto como el amor se ama a sí mismo.

3. No te intranquilices pensando cómo puede el Espíritu Santo intercambiar tan fácilmente los medios y el fin en aquellos que Dios ama y quiere que sean libres para siempre. 2En lugar de ello, siéntete agradecido de poder ser el medio para lograr Su fin. 3Éste es el único servicio que conduce a la libertad. 4Para lograr este fin hay que percibir al cuerpo libre de pecado porque lo que se busca es la impecabilidad. 5La falta de contradicción permite que la transición de medios a fin sea tan fácil como lo es el inter­cambio del odio por la gratitud ante los ojos que perdonan. 6Os santificaréis el uno al otro al usar el cuerpo sólo en beneficio de la impecabilidad. 7Y os será imposible odiar aquello que sirve a quien queréis sanar.

4. Esta relación santa, hermosa en su inocencia, llena de forta­leza, y resplandeciendo con una luz mucho más brillante que la del sol que alumbra el firmamento que ves, es la que tu Padre ha elegido como uno de los medios para llevar a cabo Su plan. 2Sién­tete agradecido de que no sirva en absoluto para llevar a cabo el tuyo. 3No usará indebidamente nada que se le confíe, ni dejará de usar nada que se le ofrezca. 4Esta santa relación tiene el poder de curar todo dolor, sea cual sea su forma. 5Ni tu hermano ni tú por separado podéis ser útiles en absoluto. 6Únicamente en vuestra voluntad conjunta radica la curación. 7Pues ahí es donde se encuentra vuestra curación y ahí es donde aceptaréis la Expia­ción. 8al sanar los dos, la Filiación queda sanada porque vues­tras voluntades se han unido.

5. Ante una relación santa no hay pecado. 2Ya no se percibe nin­guna forma de error, y la razón, unida al amor, contempla calla­damente cualquier confusión y observa simplemente: "Eso fue un error". 3luego, la misma Expiación que aceptaste en tu rela­ción corrige el error y, allí donde éste estaba, deposita una parte del Cielo. 4¡Cuán bendito eres tú que permites que este regalo se otorgue! 5Cada parte del Cielo que restituyes se te da a ti. 6cada lugar vacío del Cielo que vuelves a llenar con la Luz Eterna que traes contigo, resplandece sobre ti. 7Los medios de la impecabili­dad no conocen el miedo porque únicamente son portadores de amor.

6. Criatura de paz, la luz ha descendido sobre ti. 2No reconoces la luz que traes contigo, pero la recordarás. 3¿Quién podría negarse a sí mismo la visión que le brinda a los demás? 4¿Y quién dejaría de reconocer el regalo que, por mediación suya, él permitió que se depositase en el Cielo? 5El amoroso servicio que le prestas al Espíritu Santo te lo prestas a ti mismo. 6Tú que ahora eres Su medio tienes que amar todo lo que Él ama. 7Y lo que traes contigo es tu recuerdo de todo lo que es eterno. 8Ningún vestigio de lo temporal puede permanecer por mucho tiempo en la mente que sirve a lo intemporal. 9Y ninguna ilusión puede turbar la paz de una relación que se ha convertido en el instrumento de la paz.

7. Cuando hayas contemplado a tu hermano con absoluto per­dón, del que no se haya excluido ningún error ni nada se man­tenga oculto, ¿qué error podría haber en cualquier parte que tú no pudieses pasar por alto? 2¿Y qué tipo de sufrimiento podría nublar tu vista e impedirte ver más allá de él? 3¿Y qué ilusión no ibas a reconocer como un error, como una sombra que puedes atravesar completamente impávido? 4Dios no permite que nada sea un obstáculo para aquellos que hacen Su Voluntad, y éstos reconocerán que sus voluntades son la Suya porque la sirven. 5la sirven de buen grado. 6¿Podrían, entonces, demorarse mucho en recordar lo que son?

8Verás tu valía a través de los ojos de tu hermano, y cada uno será liberado cuando vea a su salvador en el lugar donde antes pensó que había un agresor. 2Mediante esta liberación se libera el mundo. 3Este es tu papel en la consecución de la paz. 4Pues has preguntado cuál es tu función aquí, y se te ha contestado. 5No intentes cambiarla ni substituirla por ninguna otra. 6Pues ésa fue la única función que se te dio. 7Acepta sólo esta función y sírvela de todo corazón, pues lo que el Espíritu Santo hace con los regalos que le das a tu hermano, a quién se los ofrece, dónde y cuándo, es cosa Suya. 8Los concederá allí donde sean recibidos y se les dé la bienvenida. 9Utilizará cada uno de ellos en beneficio de la paz. 10Y ni la más leve sonrisa o la buena voluntad de alguien para pasar por alto la más diminuta equivocación le pasará desapercibida a Él.

9. ¿Qué otra cosa podría ser contemplar con caridad aquello que tu Padre ama, sino una bendición universal? 2Extender el perdón es la función del Espíritu Santo. 3Deja eso en Sus manos. 4Ocúpate únicamente de entregarle aquello que se puede extender. 5No guardes ningún secreto tenebroso que Él no pueda usar, antes bien, ofrécele los pequeños regalos que Él puede extender para siempre. 6Él aceptará cada uno de ellos y los convertirá en una fuerza potente en favor de la paz. 7El Espíritu Santo no dejará de bendecir ni uno solo de los regalos que le haces ni los limitará en forma alguna. 8Los infundirá de todo el poder que Dios le ha conferido, a fin de hacer de cada uno de ellos un manantial de curación para todos. 9Cada pequeño regalo que le ofreces a tu hermano derrama luz sobre el mundo. 10No te preo­cupes por las tinieblas; mira más allá de ellas y contempla a tu hermano. 11Y deja que las tinieblas sean disipadas por Aquel que conoce la luz y que tiernamente la deposita en cada una de las dulces sonrisas de fe y de confianza con que bendices a tu her­mano.







martes, 17 de septiembre de 2019

17 SEPTIEMBRE: Que recuerde que Dios me creó.

AUDIOLIBRO



EJERCICIOS


LECCIÓN 260


Que recuerde que Dios me creó.


1. Padre, yo no me creé a mí mismo, aunque en mi demencia creí que así había sido. 2No obstante, en cuanto que Pensamiento Tuyo, no he aban­donado mi Fuente y sigo siendo parte de Aquel que me creó. 3Tu Hijo, Padre mío, Te llama hoy. 4Que recuerde que Tú me creaste. 5Que recuerde mi Identidad. 6Y que deje que mi impecabilidad vuelva a alzarse ante la visión de Cristo, a través de la cual deseo hoy contemplar a mis hermanos y contemplarme a mí mismo.


2. Ahora recordamos nuestra Fuente; y en Ella encontramos por fin nuestra verdadera Identidad. 2Sómos en verdad santos porque nuestra Fuente no conoce el pecado. 3Y nosotros que somos Sus Hijos, somos semejantes los unos a los otros, y semejantes a Él.




Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones para la práctica en las instrucciones de la Segunda Parte del Libro de Ejercicios, o en la Tarjeta de Práctica de este libro.

Comentario

Desde el punto de vista del Curso hay una estrecha e irrompible relación entre reconocer nuestra verdadera Fuente (“Soy tal como Dios me creó) y conocer nuestra verdadera Identidad. Cuando reconocemos a Dios y sólo a Dios como nuestra Fuente, todas las dudas sobre nuestra identidad desaparecen, porque somos tal como Dios nos creó. “Ahora recordamos nuestra Fuente; y en Ella encontramos por fin nuestra verdadera Identidad” (2:1). Si nuestro objetivo es recordar Quién somos verdaderamente, el único modo de lograrlo es aceptar a Dios como nuestro Autor. Todas las falsas ideas acerca de nosotros mimos proceden de la idea de que de alguna manera nos hemos hecho a nosotros mismos, o al menos hemos jugado un importante papel en nuestra manera de ser.

En nuestra “locura”, pensamos que nos hemos hecho a nosotros mismos. Quizá reconocemos a regañadientes a Dios como el creador original y, sin embargo, todos creemos que desde entonces hemos sido el factor más importante en darle forma a nuestra vida y a nuestro destino. Eso es lo que creemos si creemos en el pecado. ¿Iba Dios a crear el pecado? Si Él no lo hizo, y el pecado existe, ¿quién lo hizo? Así que lo admitamos o no de manera consciente, creemos que nos hemos hecho a nosotros mismos, si creemos que no somos completamente inocentes y perfectos. Resumiendo, pensamos que “Dios nos creó, y nosotros la hemos fastidiado”.

Y sin embargo, el Curso diría que no hemos abandonado nuestra Fuente. Dios es todo lo que existe; y todo lo que existe, existe en Él. Seguimos siendo parte de Él. Por lo tanto, no podemos ser lo que pensamos que somos. No podemos separarnos de Él, pero pensamos que lo hemos hecho. La separación nunca sucedió ni jamás puede suceder.

Sólo con recordar que Dios nos creó, recordaremos al mismo tiempo nuestra Identidad (1:4-5). Tal como la naturaleza del sol define al rayo de sol, del mismo modo lo que nos define a nosotros es nuestra Fuente. Esto es lo que nos muestra la visión de Cristo cuando miramos a nuestros hermanos y a nosotros mismos. Somos inocentes y santos “porque nuestra Fuente no conoce el pecado” (2:2). Por lo tanto, “somos semejantes los unos a los otros, y semejantes a Él” (2:3).

Que hoy recuerde que Dios me creó. Mi Fuente determina lo que yo soy. No estoy determinado por mi pasado, por mi educación, por mis palabras o por mis hechos poco amables. Tampoco mis hermanos por los suyos. Ahora somos hermanos, todos nosotros, definidos por Dios. Y lo que somos es Su Hijo perfecto.

¿Qué es el pecado? (Parte 10)

L.pII.4.5:5-8

El pecado no existe. La creación no ha cambiado. (5:5-6)

Recordar nuestra Fuente nos dice esto. El “pecado” es únicamente un juego de niños que nos hemos inventado, y que no ha tenido ningún efecto en absoluto en la creación de Dios. Es un juego que jugamos sólo en nuestra imaginación, no ha cambiado nuestra Realidad ni una pizca. La “Caída” nunca sucedió. No hay nada por lo que expiar o pagar. La puerta del Cielo está abierta de par en par para darnos la bienvenida.

Todo lo que tenemos que hacer es dejar de imaginar este juego de niños. Todo lo que tenemos que hacer es dejar de imaginar que la culpa, ya sea la nuestra o la de otro, nos sirve para algo, y abandonarla. Nos aferramos a la culpa y al pecado sólo para mantener nuestra ilusión de separación. ¿Se merecen (la culpa y el pecado) el precio que pagamos por ellos? Cuando abandonamos el pecado, la separación desaparece, y se nos restaura el Cielo.

¿Deseas aún seguir demorando tu regreso al Cielo? ¿Hasta cuándo, santo Hijo de Dios, vas a seguir demorándote, hasta cuándo? (5:7-8).






TEXTO


V. La debilidad y la indefensión


1. ¿Cómo se superan las ilusiones? 2Ciertamente no mediante el uso de la fuerza o de la ira, ni oponiéndose a ellas en modo alguno. 3Se superan dejando simplemente que la razón te diga que las ilusiones contradicen la realidad. 4Las ilusiones se opo­nen a lo que no puede sino ser verdad. 5La oposición procede de ellas, no de la realidad. 6La realidad no se opone a nada. 7Lo que simplemente "es" no necesita defensa ni ofrece ninguna. 8Sólo las ilusiones necesitan defensa debido a su debilidad. 9Mas ¿cómo podría ser difícil recorrer el camino de la verdad cuando la debi­lidad es el único obstáculo? 10Tú eres el fuerte en este aparente conflicto 11y no necesitas ninguna defensa. 12Tampoco deseas nada que necesite defensa, pues cualquier cosa que necesite defensa te debilitará.

2. Examina para qué desea las defensas el ego, 2verás que siempre es para justificar lo que va en contra de la verdad, lo que se esfuma en presencia de la razón y lo que no tiene sentido. 3¿Puede esto acaso estar justificado? 4¿ Qué otra cosa podría ser, sino una invitación a la demencia para que te salve de la verdad? 5¿Y de qué se te salvaría, sino de lo que temes? 6La creencia en el pecado requiere constante defensa, y a un costo exorbitante. 7Es preciso combatir y sacrificar todo lo que el Espíritu Santo te ofrece. 8Pues el pecado está tallado en un bloque que fue arran­cado de tu paz y colocado entre el retorno de ésta y tú.

3. Sin embargo, ¿cómo iba a poder estar la paz tan fragmentada? 2La paz sigue aún intacta, pues no se le ha quitado nada. 3Date cuenta de que tanto los medios como aquello de lo que se compo­nen los sueños perversos no significa nada. 4En realidad tu her­mano y tú estáis unidos y no hay nada que se interponga entre vosotros. 5Puesto que Dios os lleva de la mano, ¿qué podría sepa­rar lo que Él ha unido Consigo Mismo como un solo Ser? 6Es de tu Padre de Quien te quieres defender. 7Sin embargo, sigue siendo imposible excluir el amor. 8Dios descansa contigo serena­mente, sin defensas y en total mansedumbre, pues sólo en esa quietud se encuentra la fuerza y el poder. 9Ahí la debilidad no tiene cabida porque ahí no hay ataque, y, por lo tanto, no hay ilusiones. 10El amor descansa en la certeza. 11Sólo la incertidum­bre se defiende. 12toda incertidumbre no es otra cosa que las dudas que tienes acerca de ti mismo.

4. ¡Cuán débil es el miedo! 2¡Cuán ínfimo e insensato! 3¡Cuán insignificante ante la silenciosa fortaleza de aquellos a quienes el amor ha unido! 4Tal es tu "enemigo": un ratoncillo asustado que pretende enfrentarse al universo. 5¿Qué probabilidades tiene de ganar?. 6¿Sería acaso difícil ignorar sus débiles chillidos que pre­gonan su omnipotencia y quieren ahogar el himno de alabanza al Creador que perpetuamente y cual una sola voz entonan todos los corazones del universo? 7¿Qué es más fuerte, ese ratoncillo o todo lo que Dios creó? 8No es ese ratón lo que te une a tu her­mano, sino la Voluntad de Dios. 9¿Y podría un ratón traicionar a quienes Dios ha unido?

5. ¡Si tan sólo reconocieseis lo poco que se interpone entre voso­tros y la conciencia de vuestra unión! 2No os dejéis engañar por la ilusión de tamaño, espesor, peso, solidez y firmeza de cimien­tos que ello presenta. 3Es verdad que para los ojos físicos parece ser un cuerpo enorme y sólido, y tan inamovible como una mon­taña. Sin embargo, dentro de ti hay una Fuerza que ninguna ilusión puede resistir. 5Este cuerpo tan solo parece ser inamovi­ble, pero esa Fuerza es realmente irresistible. 6¿Qué ocurre, entonces, cuando se encuentran? 7¿Se puede seguir defendiendo la ilusión de inamovilidad por mucho más tiempo contra lo que calladamente la atraviesa y la pasa de largo?


6. Nunca te olvides de que cuando sientes surgir la necesidad de defenderte de algo es que te has identificado a ti mismo con una ilusión. 2Consecuentemente, crees ser débil porque estás solo. 3Ése es el costo de todas las ilusiones. 4No hay ninguna que no esté basada en la creencia de que estás separado; 5ninguna que no pa­rezca interponerse, densa, sólida e inamovible, entre tu hermano y tú; 6ni ninguna que la verdad no pueda pasar por alto felizmente y con tal facilidad, que tienes que quedar convencido de que no es nada, a pesar de lo que pensabas que era. 7Si perdonas a tu her­mano, esto es lo que inevitablemente sucederá. 8Pues es tu renuen­cia a pasar por alto aquello que parece interponerse entre vosotros lo que hace que parezca impenetrable y lo que defiende la ilusión de su inamovilidad.


lunes, 16 de septiembre de 2019

16 SEPTIEMBRE: Que recuerde que el pecado no existe.

AUDIOLIBRO



EJERCICIOS


LECCIÓN 259


Que recuerde que el pecado no existe.


1. El pecado es el único pensamiento que hace que el objetivo de alcanzar a Dios parezca irrealizable. 2¿Qué otra cosa podría impe­dirnos ver lo obvio, o hacer que lo que es extraño y distorsionado parezca más claro? 3¿Qué otra cosa sino el pecado nos incita al ataque? 4¿Qué otra cosa sino el pecado podría ser la fuente de la culpabilidad y exigir castigo y sufrimiento? 5¿Y qué otra cosa sino el pecado podría ser la fuente del miedo, al eclipsar la creación de Dios y conferirle al amor los atributos del miedo y del ataque?

2. Padre, hoy no quiero ser presa de la locura. 2No tendré miedo del amor ni buscaré refugio en su opuesto. 3Pues el amor no puede tener opuestos. 4Tú eres la Fuente de todo lo que existe. 5Y todo lo que existe sigue estando Contigo, así como Tú con ello.



Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones para la práctica en las instrucciones de la Segunda Parte del Libro de Ejercicios, o en la Tarjeta de Práctica de este libro.

Comentario

El concepto de pecado incluye la idea de que lo que yo he hecho o pensado o dicho, ha alterado lo que yo soy de manera que no se puede reparar. Pensamos en el pecado no como una mancha de polvo sobre una superficie limpia, sino como una especie de podredumbre seca que se ha establecido en la estructura de nuestro ser.

Cuando Jesús dice que no existe el pecado, está diciendo que nuestras ideas están equivocadas. Nada de lo que hemos hecho ha alterado lo que somos de ninguna manera. La superficie sigue estando sin alterar, y puede limpiarse de manera sencilla. Estamos creados con una capa mental protectora sorprendente. Por debajo de las capas de suciedad, seguimos siendo el santo Hijo de Dios.

Si pensamos en el pecado como lo hacemos normalmente, el objetivo de alcanzar a Dios sigue siendo inalcanzable (1:1). Si lo vemos como Jesús lo ve, podemos ver que el objetivo ya se ha logrado, no es algo a alcanzar, sino algo para celebrar.

Cuando vemos el pecado en otro como podredumbre seca, nos sentimos justificados por nuestros ataques (1:3). Cuando lo vemos como manchas sobre la superficie, nuestro amor responde con un deseo de limpiar la superficie de la mente de nuestro hermano para que muestre la belleza escondida en la suciedad.

Todos somos conscientes de algunos patrones de hábitos de ataques a nosotros mismos. Todos ellos proceden de la sensación de que meremos castigo y sufrimiento porque somos culpables (1:4).No nos meremos la salud, la felicidad y la dicha continua. Pensamos que lo malo está en nosotros, en lugar de estar sobre nosotros.

Cuando hayamos aceptado completamente la verdad de nuestra inocencia, habremos abierto el camino a la abundancia y salud completas. El universo se levanta para apoyarnos, lo bueno fluye continuamente en nuestro camino, pero continuamente lo impedimos porque sin darnos cuenta de ello, pensamos que no nos lo merecemos. Todo esto surge de la creencia en el pecado.

El pecado nos hace tenerle miedo al amor (2:2). Tener miedo al amor es demencial, pero “el pecado es demencia” (L.pII.4.1:1). Si Dios es la Fuente de todo lo que existe, entonces todo lo que existe tiene que ser amor; no puede haber opuestos, ni miedo ni pecado (2:4-5). Recordar que no existe el pecado es aceptar nuestra propia perfecta inocencia, y la perfecta inocencia de todo lo que existe. Y todas las pruebas que vemos que muestran lo contrario es una ilusión inventada por nuestra propia mente.

¿Qué es el pecado? (Parte 9)

L.pII.4.5:1-4

Se nos pregunta: ¿Hasta cuándo vas a seguir jugando el juego infantil del pecado? Eso es todo lo que es, un juego tonto. No una cosa horrorosa y terrible, simplemente mentes poco maduras jugando “juegos peligrosos” (5:2). Pienso que no es coincidencia que en el famoso capítulo bíblico sobre el amor, I Corintios 13, el apóstol Pablo habla de que cuando somos niños, hablamos como niños y actuamos como niños, pero cuando hemos crecido, dejamos “las cosas de niños”. Eso es lo que nos pide la lección que hagamos. Nos pide que crezcamos. El “pecado” es un juego de niños peligroso que hemos estado jugando durante muchísimo tiempo. Ya es hora de dejarlo a un lado y aceptar nuestro papel “maduro” como extensiones del Amor de Dios.

Ya es hora de abandonar estos juguetes. Ya es hora de abandonar toda idea de pecado y de culpa, la idea de que podemos hacer, y hemos hecho, algo que puede cambiar para siempre nuestra naturaleza. Algo que merece eterna condena y castigo. Es hora de mirar a nuestro alrededor y darnos cuenta de que nada, absolutamente nada, de esto existe. El pecado, como una forma de comportamiento humano, no existe. No hay pecados, únicamente errores. No hay nada que no pueda corregirse. No hay nada que pueda privarnos del Amor de Dios. No hay nada que pueda quitarnos nuestra herencia eterna. No hay nada que pueda separarnos del Amor de Dios.

¿Cuándo vas a estar listo para regresar a tu hogar? ¿Hoy quizá?

Hemos abandonado nuestro hogar. Nos hemos alejado porque creíamos que éramos malos y habíamos hecho algo imperdonable. Pero no hay nada que no se pueda perdonar. Es únicamente nuestra propia creencia en el pecado y la culpa lo que nos mantiene aquí, sin hogar. Nuestro hogar nos sigue esperando. Como el hijo de la parábola del hijo pródigo, nos sentamos en la pocilga de cerdos lamentando nuestra pérdida, mientras el Padre observa al final del camino preguntando: “¿Cuándo vas a estar listo para regresar a tu hogar? Yo estoy aquí, sigo amándote. Te estoy esperando”. Hoy, ahora, en este instante santo, nos aquietamos un instante, y vamos a casa.







TEXTO


IV. La bifurcación del camino



1. Cuando llegas al lugar en que la bifurcación del camino resulta evidente, no puedes seguir adelante. 2Tienes que decidirte por uno de los dos caminos, 3pues si sigues adelante de la manera en que ibas antes de llegar a este punto, no llegarás a ninguna parte. 4El único propósito de llegar hasta aquí fue decidir cuál de los dos caminos vas a tomar ahora. 5El trayecto que te condujo hasta aquí ya no importa. 6Ya no tiene ninguna utilidad. 7Nadie que haya llegado hasta aquí puede decidir equivocadamente, pero sí puede demorarse. 8Y no hay momento de la jornada más frus­trante y desalentador, que aquel en el que te detienes ahí donde el camino se bifurca, indeciso con respecto a qué rumbo seguir.

2. Son sólo los primeros pasos por el camino recto los que pare­cen difíciles, pues ya te has decidido, si bien puede que aún creas que puedes volverte atrás y elegir la otra alternativa. 2Pero no es así. 3Ninguna decisión que se haya tomado y que cuente con el respaldo del poder del Cielo puede ser revocada. 4Tu camino ya se decidió. 5Si reconoces esto no habrá nada que no se te diga.

3. Y así, tú y tu hermano os encontráis ahí en ese santo lugar, ante el velo de pecado que pende entre vosotros y la faz de Cristo. 2¡Dejad que sea descorrido! 3¡Descorredlo juntos! 4Pues es sólo un velo lo que se interpone entre vosotros. 5Por separado, cada uno de vosotros lo veréis como un sólido muro y no os daréis cuenta de lo delgado que es el cortinaje que ahora os separa. 6Aun así, éste ya casi ha sido eliminado de vuestra conciencia, e incluso aquí, ante el velo, la paz ha venido a vosotros. 7Piensa en lo que os espera después: el amor de Cristo iluminará vuestros rostros e irradiará desde ellos a un mundo en penumbra y con necesidad de luz. 8Y desde este santo lugar Él regresará con vosotros, sin irse de él y sin abandonaros. 9Os convertiréis en Sus mensajeros, al restituirlo a Él a Sí Mismo.

4. ¡Pensad en la hermosura que veréis, vosotros que camináis a Su lado! 2¡Y pensad cuán bello os parecerá el otro! 3¡Cuán felices os sentiréis de estar juntos después de una jornada tan larga y solita­ria en la que caminabais por separado! 4Las puertas del Cielo, francas ya para vosotros, las abriréis ahora para los que aún sufren. 5Y nadie que mire al Cristo en vosotros dejará de regoci­jarse. 6¡Qué bello es el panorama que visteis más allá del velo y que ahora llevaréis para iluminar los cansados ojos de aquellos que todavía están tan extenuados como una vez lo estuvisteis vo­sotros! 7¡Cuán agradecidos estarán de veros llegar y ofrecer el per­dón de Cristo para desvanecer así la fe que ellos aún tienen en el pecado!

5. Cualquier error que cometas, el otro ya lo habrá corregido tier­namente por ti. 2Pues para él tu hermosura es su salvación, y la quiere proteger de cualquier daño. 3cada uno será para el otro su firme defensor contra todo lo que parezca surgir para separa­ros. 4Y así caminaréis por el mundo conmigo, pues tengo un mensaje que aún no se ha llevado a todos. 5Y vosotros estáis aquí para permitir que se reciba. 6La oferta de Dios todavía sigue en pie, pero aguarda aceptación. 7Se recibe de vosotros que la habéis aceptado. 8En vuestras manos unidas se deposita confiadamente, pues vosotros que la compartís os habéis convertido en sus devo­tos guardianes y protectores.

6. A todos aquellos que comparten el Amor de Dios se les con­cede la gracia de ser los dadores de lo que han recibido. 2así aprenden que es suyo para siempre. 3Todas las barreras desapa­recen ante su llegada, de la misma manera en que cada obstáculo que antes parecía bloquear su camino quedó finalmente supe­rado. 4Ese velo que tú y tu hermano descorréis juntos os abre el camino a la verdad y se lo abre también a otros. 5Los que permi­ten que se les libere de las ilusiones de sus mentes son los salva­dores de este mundo, y caminan por él con su Redentor, llevando Su mensaje de esperanza, libertad y emancipación del sufri­miento a todo aquel que necesite un milagro para salvarse.

7. ¡Qué fácil es ofrecer este milagro a todos! 2Nadie que lo haya recibido tendría dificultad alguna en darlo. 3Pues al recibirlo aprendió que no se le daba solamente a él. 4Tal es la función de una relación santa: que recibáis juntos y que deis tal como reci­báis. 5Cuando se está ante el velo, esto todavía parece difícil. 6Pero si extendéis vuestras manos unidas y tocáis eso que parece un denso muro, notaréis con cuánta facilidad se deslizan vuestros dedos a través de su insubstancialidad. 7Ese muro no es sólido en absoluto. 8Y es sólo una ilusión lo que se interpone entre tú y tu hermano y el santo Ser que compartís.