LECCION DEL DIA

DESPERTAR AL AMOR

domingo, 9 de diciembre de 2018

9 DICIEMBRE: No se me pide que haga ningún sacrificio para encontrar la misericordia y la paz de Dios.


AUDIOLIBRO



EJERCICIOS


LECCIÓN 343


No se me pide que haga ningún sacrificio para encontrar la misericordia y la paz de Dios.


1. El final del sufrimiento no puede suponer una pérdida. 2El regalo de lo que lo es todo tan sólo puede aportar ganancias. 3Tú sólo das. 4Nunca quitas. 5Y me creaste para que fuese como Tú, de modo que el sacrificio es algo tan imposible para mí como lo es para Ti. 6Yo también no puedo sino dar. 7Y así, todas las cosas me son dadas para siempre. 8Aún soy tal como fui creado. 9Tu Hijo no puede hacer sacrificios, pues es íntegro, al ser su función completarte a Ti. 10Soy íntegro por ser Tu Hijo. 11No puedo perder, pues sólo puedo dar, y así, todo es mío eternamente.

2. La misericordia y la paz de Dios son gratuitas. 2La salvación no cuesta nada. 3Es un regalo que se debe dar y recibir libremente. 4Y esto es lo que vamos a aprender hoy.





Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones para la práctica en las instrucciones de la Segunda Parte del Libro de Ejercicios, o en la Tarjeta de Práctica de este libro.

Comentario

La idea de pérdida y sacrificio le es completamente ajena al Curso. Nos dice “El sacrificio es una noción que Dios desconoce por completo” (T.3.I.4:1). Como señala la primera línea de la lección, ¿cómo podría ser un sacrificio el final del sufrimiento? ¿Cómo puede obtenerse la felicidad por medio del sacrificio? Es ridículo cuando piensas en ello y, sin embargo, durante siglos muchas religiones han creído que para encontrar la misericordia de Dios tienes que renunciar a algo, normalmente algo valioso. Tienes que sufrir para alcanzar el Cielo. Tienes que pagar por tus equivocaciones.

El Cielo, o la salvación, tienen que ser sólo ganancia. ¿Cómo podría ser una pérdida y seguir siendo el Cielo? Voy a decir a mi Padre:

Tú sólo das. Nunca quitas. Y me creaste para que fuese como Tú, de modo que el sacrificio es algo tan imposible para mí como lo es para Ti. Yo también no puedo sino dar. (1:3-6)
Y lo que Dios da, lo da para siempre.

Aún soy tal como fui creado. Tu Hijo no puede hacer sacrificios, pues es íntegro, al ser su función completarte a Ti. (1:8-9)

No puedo perder lo que soy, no puedo sacrificar algo valioso y quedarme incompleto porque eso estaría en contra de mi función de completar a Dios. Para que Dios esté completo (lo cual por supuesto está, siendo Dios) yo debo estar completo, pues ¡Él me creó para completarle a Él! Por lo tanto, no puedo hacer sacrificios, debo permanecer completo.
Estamos acosados por la idea de que de algún modo tenemos que ganarnos la misericordia y la paz de Dios. Especialmente cuando me he desviado por alguna maniobra del ego, siempre me siento como si tuviera que “pasar por algo” para encontrar mi camino de vuelta. Necesito tener un verdadero periodo de remordimiento y de sentirme culpable. ¡Al menos tengo que dormir para reponerme! No parece correcto pasar inmediatamente de la locura del ego a un estado de paz y dicha sin pagar antes algún tipo de castigo. Sin embargo

La misericordia y la paz de Dios son gratuitas. La salvación no cuesta nada. Es un regalo que se debe dar y recibir libremente. Y esto es lo que vamos a aprender hoy. (2:1-4)

Ya que la misericordia y la paz de Dios son gratuitas están disponibles de inmediato en cada instante. Sólo necesito estar dispuesto a darlas y a recibirlas libremente.

En este instante, ahora mismo, voy a darme misericordia a mí mismo. Voy a ver el corazón del niño en dolor por lo que ha hecho, y voy a extenderle por encima misericordia como si fuese un manto caliente. Hoy voy a aceptarme con amor y afirmar de nuevo mi propia inocencia. ¿Qué he olvidado quien soy? No pasa nada. ¿Qué me he enfadado con un hermano? Sigo mereciendo misericordia y paz. ¿Qué he traicionado a un amigo? Dios sigue considerándome Su Hijo. No se me pide ningún sacrificio ni ningún castigo, ni siquiera un tiempo “decente” de lamentaciones. Puedo sencillamente y con total confianza abrir mi mente a mi Amigo y darle la bienvenida. Puedo regresar a casa con Dios. ¿A qué estoy esperando? Voy a ir ahora mismo a Él.


¿Qué es un milagro? (Parte 3)

L.pII.13.2:1-2

Una de las lecciones que se repiten con mayor frecuencia en el Curso es que dar y recibir son lo mismo: “Dar y recibir son en verdad lo mismo” (Lección 108). Esta lección, una de las más importantes de las que el Espíritu Santo quiere enseñarnos (es la primera lección del Espíritu Santo, en el Capítulo 6: “Para poder tener, da todo a todos”), es también para nosotros una de las más difíciles de aprender porque es lo contrario de nuestra manera de pensar habitual.

En el milagro reside el don de la gracia, pues se da y se recibe como uno. (2:1)

Para recibir un milagro, tenemos que darlo; para darlo, tenemos que recibirlo. Recibir un milagro y dar un milagro son una cosa, no dos. Muchos de nosotros nos liamos intentando entender si primero tengo que perdonarme a mí mismo para poder perdonar a otro, o si tengo que perdonar a otro antes de poder perdonarme a mí mismo. La respuesta es sí y no, a las dos preguntas. Para perdonarte a ti mismo tienes que perdonar a la otra persona, pero para perdonar a la otra persona tienes que perdonarte a ti mismo. Son una misma cosa. Parecen ser dos acciones distintas pero no lo son, son una misma acción porque mi hermano y yo somos un solo Ser. Dentro del tiempo, a menudo puede parecer que una acción ocurre antes, pero en realidad ocurren al mismo tiempo.

“Y así, nos da un ejemplo de lo que es la ley de la verdad, que el mundo no acata porque no la entiende” (2:2). Pienso que “la ley de la verdad” es lo mismo que “la ley del amor” de la de la que se habla en la Lección 344: “lo que le doy a mi hermano es el regalo que me hago a mí mismo”. Si hiciéramos nuestro este pensamiento completamente, estaríamos fuera de aquí, con el programa de estudios aprendido. Un milagro demuestra esta ley, nos muestra una representación gráfica de ella. Cuando ofrezco un milagro a un hermano, observo su devastación y me doy cuenta de que lo que estoy viendo es falso (1:3). Estoy viendo su plenitud, en lugar de la ilusión de su carencia. El hecho de que yo lo vea en él se lo hace ver a él mismo, si quiere hacerlo. Y cuando recibe el milagro, yo soy bendecido. Se me recuerda quien soy.


El mundo no obedece esta ley ni la entiende. Desaprender la manera de pensar del mundo acerca de esto es lo que el Curso llama “el deshacimiento del concepto de „obtener‟” (T.6.V(B).3:1). Le llama a esto el primer paso en la inversión de la manera de pensar del ego (invertir, darle la vuelta). Los milagros son importantes para nosotros porque nos demuestran esta ley, nos ayudan a conocer mediante la experiencia que dar es recibir, que conservo lo que quiero al darlo a otros.




sábado, 8 de diciembre de 2018

8 DICIEMBRE: Dejo que el perdón descanse sobre todas las cosas, pues de ese modo es como se me concederá a mí.

AUDIOLIBRO



EJERCICIOS


LECCIÓN 342


Dejo que el perdón descanse sobre todas las cosas, pues de ese modo es como se me concederá a mí.


1. Te doy gracias, Padre, por el plan que ideaste para salvarme del infierno que yo mismo fabriqué. 2No es real. 3Y Tú me has proporcionado los medios para comprobar su irrealidad. 4Tengo la llave en mis manos, y he llegado hasta las puertas tras las cuales se halla el fin de los sueños. 5Me encuentro ante las puertas del Cielo, sin saber si debo entrar y estar en casa. 6No dejes que hoy siga indeciso. 7Quiero perdonar todas las cosas y dejar que la creación sea tal como Tú quieres que sea y como es. 8Quiero recordar que soy Tu Hijo, y que cuando por fin abra las puertas, me olvide de las ilusiones ante la deslumbrante luz de la verdad, conforme Tu recuerdo retorna a mí.

2. Hermano, perdóname ahora. 2Vengo a llevarte a casa conmigo. 3Y según avanzamos, el mundo se une a nosotros en nuestro camino a Dios.




Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones para la práctica en las instrucciones de la Segunda Parte del Libro de Ejercicios, o en la Tarjeta de Práctica de este libro.

Comentario

Como dice la cuarta frase: “Tengo la llave en mis manos”. El perdón es la llave. Cuando perdono, recibo el perdón, no de Dios como recompensa a mi buena acción (Dios no necesita perdonar pues nunca ha condenado), sino que recibo mi propio perdón. El perdón significa “dejar que la creación sea tal como Tú quieres que sea y como es” (1:7). Es el ego en mi mente el único que ha puesto una ilusión de “pecado” sobre el mundo que me rodea. Cuando miro al mundo con condena, no veo la realidad tal como es. No hay nada que condenar, y ese hecho es mi propia salvación. Si el pecado que creo ver en el mundo está realmente ahí, entonces estoy condenado con el mundo. Únicamente cuando dejo que la creación sea tal como Dios quiere que sea, inocente, puedo liberarme de la condena.

Éste es el plan de Dios para “salvarme del infierno que yo mismo fabriqué” (1:1). Yo inventé el infierno, Dios me da el perdón como medio de escapar de él. Gracias a Dios, el infierno no es real. El Curso dice que “he llegado hasta las puertas tras las cuales se halla el fin de los sueños” (1:4). Tengo el perdón, la llave, en mis manos. “Me encuentro ante las puertas del Cielo, sin saber si debo entrar y estar en casa” (1:5). Hoy, en cada instante en que me enfrente a la elección entre el juicio y el perdón, entre el asesinato y un milagro, me encuentro ante esa puerta, sujetando la llave en mis manos, preguntándome si debería entrar.

No dejes que hoy siga indeciso. Quiero perdonar todas las cosas y dejar que la creación sea tal como Tú quieres que sea y como es. Quiero recordar que soy Tu Hijo, y que cuando por fin abra las puertas, me olvide de las ilusiones ante la deslumbrante luz de la verdad, conforme Tu recuerdo retorna a mí. (1:6-8)

El perdón es la llave, la elección de abrir la puerta es mía. Para abrirla tengo que estar dispuesto a olvidar todas las ilusiones. Tengo que estar dispuesto a abandonar mi inversión en ver mis propios pecados en mi hermano y liberarle.

Hermano, perdóname ahora. Vengo a llevarte a casa conmigo. Y según avanzamos, el mundo se une a nosotros en nuestro camino a Dios. (2:1-3)

Voy a pensar en estas líneas con cada hermano que me encuentre hoy. “Hermano, perdóname ahora. Vengo a llevarte a casa conmigo”. ¡Que ése sea el modo en que saludo a todos en mi mente! ¡Vayamos todos juntos a casa!


¿Qué es un milagro? (Parte 2)

L.pII.13.1:4-6

(Un milagro) Corrige el error, mas no intenta ir más allá de la percepción, ni exceder la función del perdón. (1:4)

Un milagro está relacionado con la percepción, no con la revelación directa. Produce un cambio en mi percepción, deshaciendo mis errores de percepción (interpretación).

El contenido perceptual de los milagros es la plenitud. De ahí que puedan corregir o redimir la errada percepción de carencia. (T.1.I.41:1-2)

Cuando mi mente experimenta un milagro, veo la plenitud en lugar de la carencia. Con relación al “pecado”, que es una percepción de carencia de amor en alguien, el milagro hace que vea su amor en lugar de su “pecado”. Le veo como completo, en lugar de cómo alguien a quien le falta algo. El milagro deshace mi error, pero no intenta ir más allá. Los milagros ocurren en el reino de la percepción y del tiempo, no intentan llevarme al reino del conocimiento y de la eternidad. Corrigen mi percepción pero no dan conocimiento. “Se mantiene, por lo tanto, dentro de los límites del tiempo” (1:5).

El Curso aclara esto repetidas veces, debe ser importante. ¿Qué lo hace tan importante para nosotros? Esto: Cuando empezamos un camino espiritual, nos podemos preocupar en exceso. Queremos que un milagro nos lleve inmediatamente al reino del espíritu. Queremos un arreglo rápido. Pero no podemos hacer un cambio directamente de la percepción falsa al conocimiento puro. Tenemos que pasar por la etapa de corregir la percepción. No podemos saltarnos pasos. El Texto lo dice claramente: “…la percepción tiene que ser corregida antes de que puedas llegar a saber nada” (T.3.III.1:2). Para eso es para lo que están los milagros: para corregir nuestra percepción. Cuando nuestra percepción se ha corregido, Dios puede llevarnos el resto del camino de la percepción al conocimiento.

Una percepción redimida se convierte fácilmente en conocimiento, pues sólo la percepción puede equivocarse y la percepción nunca existió. Al ser corregida da paso al conocimiento, que es la única realidad eternamente. (T.12.VIII.8:6-7)

No obstante, (el milagro) allana el camino para el retorno de la intemporalidad y para el despertar del amor, pues el miedo no puede sino desvanecerse ante el benevolente remedio que el milagro trae consigo. (1:6)

“El benevolente remedio” del milagro, al corregir nuestra percepción, “allana el camino” para el regreso al conocimiento completo. Sin el deshacimiento de nuestra percepción falsa, nos opondremos al conocimiento y rechazaremos el amor, tendremos miedo de él. Por ejemplo, nuestra percepción deformada del amor cree que el amor significa sacrificio, y que el Amor total significaría sacrificio total. Por lo tanto, huimos de él, le tenemos miedo. Esas interpretaciones tienen que ser cambiadas antes incluso de que estemos dispuestos a dejar que el amor verdadero despierte dentro de nosotros. Debido a que el milagro elimina el miedo, abre el camino al amor. Pone fin a nuestro rechazo, elimina la interferencia.







viernes, 7 de diciembre de 2018

7 DICIEMBRE: Tan sólo puedo atacar mi propia impecabilidad, que es lo único que me mantiene a salvo.

AUDIOLIBRO



EJERCICIOS


13. ¿Qué es un milagro?


1. Un milagro es una corrección. 2No crea, ni cambia realmente nada en absoluto. 3Simplemente contempla la devastación y le recuerda a la mente que lo que ve es falso. 4Corrige el error, mas no intenta ir más allá de la percepción, ni exceder la función del perdón. 5Se mantiene, por lo tanto, dentro de los límites del tiempo. 6No obstante, allana el camino para el retorno de la intem­poralidad y para el despertar del amor, pues el miedo no puede sino desvanecerse ante el benevolente remedio que el milagro trae consigo.

2. En el milagro reside el don de la gracia, pues se da y se recibe como uno. 2Y así, nos da un ejemplo de lo que es la ley de la verdad, que el mundo no acata porque no la entiende. 3El mila­gro invierte la percepción que antes estaba al revés, y de esa manera pone fin a las extrañas distorsiones que ésta manifestaba. 4Ahora la percepción se ha vuelto receptiva a la verdad. 5Ahora puede verse que el perdón está justificado.

3. El perdón es la morada de los milagros. 2Los ojos de Cristo se los ofrecen a todos los que Él contempla con misericordia y con amor. 3La percepción queda corregida ante Su vista, y aquello cuyo propósito era maldecir tiene ahora el de bendecir. 4Cada azucena de perdón le ofrece al mundo el silencioso milagro del amor. 5Y cada una de ellas se deposita ante la Palabra de Dios, en el altar universal al Creador y a la creación, a la luz de la perfecta pureza y de la dicha infinita.

4. Al principio el milagro se acepta mediante la fe, porque pedirlo implica que la mente está ahora lista para concebir aquello que no puede ver ni entender. 2No obstante, la fe convocará a sus testigos para demostrar que aquello en lo que se basa realmente existe. 3Y así, el milagro justificará tu fe en él, y probará que esa fe descan­saba sobre un mundo más real que el que antes veías: un mundo que ha sido redimido de lo que tú pensabas que se encontraba allí.

5. Los milagros son como gotas de lluvia regeneradora que caen del Cielo sobre un mundo árido y polvoriento, al cual criaturas hambrientas y sedientas vienen a morir. 2Ahora tienen agua. 3Ahora el mundo está lleno de verdor. 4Y brotan por doquier señales de vida para demostrar que lo que nace jamás puede morir, pues lo que tiene vida es inmortal.



AUDIOLIBRO



EJERCICIOS


LECCIÓN 341


Tan sólo puedo atacar mi propia impecabilidad, que es lo único que me mantiene a salvo.


1. Padre, Tu Hijo es santo. 2Yo soy aquel a quien sonríes con un amor y con una ternura tan entrañable, profunda y serena que el universo te devuelve la sonrisa y comparte Tu Santidad. 3Cuán puros y santos somos y cuán a salvo nos encontramos nosotros que moramos en Tu Sonrisa, y en quienes has volcado todo Tu Amor; nosotros que vivimos unidos a Ti, en completa hermandad y Paternidad, y en inocencia tan perfecta que el Señor de la Inocencia nos concibe como Su Hijo: un universo de Pensa­miento que le brinda Su plenitud.

2. No ataquemos, pues, nuestra impecabilidad, ya que en ella se encuentra la Palabra que Dios nos ha dado. 2Y en su benévolo reflejo nos salvamos.




Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones para la práctica en las instrucciones de la Segunda Parte del Libro de Ejercicios, o en la Tarjeta de Práctica de este libro.

Comentario

Cuando ataco a alguien, me ataco a mí mismo. Cuando veo pecado en otro, ataco mi propia inocencia, y sólo mi inocencia me mantiene a salvo. Dios dice que yo soy inocente, ¿quién soy yo para no estar de acuerdo?

Yo soy aquel a quien sonríes con un amor y con una ternura tan entrañable, profunda y serena que el universo te devuelve la sonrisa y comparte Tu Santidad. (1:2)

Entonces, ¡qué absurdo atacar, cuando cualquier ataque es un ataque a lo que yo soy! ¡Qué absurdo atacar la maravilla que soy en una tonta búsqueda de otra identidad sin importancia! ¿Por qué poner en peligro mi experiencia de la profunda ternura de Dios?

… moramos en Tu Sonrisa… (1:3)

¡Que pensamiento más maravilloso! A veces he encontrado una persona cuya sonrisa era tan radiante que sentí que me inundaba. ¡Imagínate inundado por la sonrisa de Dios! ¡Que cariñoso amor irradia esa sonrisa! Voy a pasar un rato disfrutando de su resplandor compasivo.

Vivimos unidos a Él “en completa hermandad y Paternidad” (1:3). La unidad que disfrutamos no es sólo con el Padre sino también con todos nuestros hermanos. Éste es el estado que está destinado para nosotros para siempre. Es el estado en el que siempre estamos, si estamos dispuestos a disfrutar de él y a dejar a un lado cada pensamiento de ataque. “El Señor de la Inocencia nos concibe como Su Hijo: un universo de Pensamiento que le brinda Su plenitud” (1:3). Como Hijo Suyo, únicamente podemos ser la inocencia misma. Mi ataque 

No ataquemos, pues, nuestra impecabilidad, ya que en ella se encuentra la Palabra que Dios nos ha dado. Y en su benévolo reflejo nos salvamos. (2:1-2)


¿Qué es un milagro? (Parte 1)

L.pII.13.1:1-3

Un milagro es una corrección. No crea, ni cambia realmente nada en absoluto. (1:1-2)

El milagro corrige, no crea. No hace nada nuevo, simplemente arregla una valoración equivocada de lo que ya soy. Como dice la Lección 341, ya somos inocentes. No necesitamos hacernos inocentes. Todo lo que necesitamos hacer es dejar de atacar nuestra inocencia.

Pensamos en el milagro como un cambio sorprendente en la manera en que son las cosas. Pero tal como el Curso lo ve, un milagro no cambia nada. Simplemente elimina una falsa percepción (interpretación). Elimina la capa de pecado y culpa que hemos puesto sobre nuestra inocencia, y muestra la inocencia sin cambio que hemos intentado ocultar.

Un milagro a menudo tiene efectos externos, aunque no siempre:

Los milagros son expresiones de amor, pero puede que no siempre tengan efectos observables. (T.1.I.35.1)

Cuando hay efectos que se pueden ver, algo dentro de la ilusión parece cambiar, a menudo completamente. Alguien que estaba enfermo, se cura. Dos personas que estaban en guerra, de repente firman la paz. Pero eso es el efecto del milagro, no el milagro en sí mismo. El efecto sólo muestra en la forma lo que siempre ha sido verdad en la realidad: la persona “enferma” siempre ha sido completa, los amigos “en guerra” siempre han estado unidos como una sola mente. Los efectos observables nos muestran que la forma nunca ha sido real, pero el milagro es la percepción que lo vio antes de que fuera un efecto que se pudiese ver, y al darse cuenta de la falsedad de la ilusión, cambió la ilusión.

Simplemente contempla la devastación y le recuerda a la mente que lo que ve es falso. (1:3)

El milagro mira a la ilusión y le recuerda a la mente que es una ilusión. Vemos “devastación” en este mundo, pero el milagro nos recuerda que lo que vemos es falso. Vemos la mente deformada por la culpa de una persona, el milagro nos recuerda que no es real como tampoco sus aparentes efectos, y nos permite ver la plenitud e inocencia de la persona detrás de la ilusión que presenta al mundo.




TEXTO

 

II. El libre albedrío


1. ¿No te das cuenta de que oponerte al Espíritu Santo es luchar contra ti mismo? 2Él sólo te dice lo que es tu voluntad; Él habla por ti. 3En Su Divinidad radica la tuya. 4Y del único conocimiento de que Él goza es del tuyo, que ha sido salvaguardado para ti a fin de que puedas hacer tu voluntad a través de Él. 5Dios te pide que hagas tu voluntad. 6Él se une a ti, 7pues no estableció Su Reino solo. 8Y el Cielo mismo, donde todo lo creado es para ti, no representa otra cosa que tu voluntad. 9Ni una sola chispa de vida fue creada sin tu grato consentimiento, tal como tú quisiste que fuese. 10Ni uno solo de los Pensamientos que Dios jamás haya tenido pudo haber nacido sin tu bendición. 11Dios no es tu ene­migo. 12Él sólo quiere oírte llamarle "Amigo".

2. ¡Qué maravilloso es hacer tu voluntad! 2Pues eso es libertad. 3A nada más debería llamársele por ese nombre. 4A menos que hagas tu voluntad no serás libre. 5¿Y hubiese podido Dios dejar a Su Hijo sin lo que éste eligió para sí mismo? 6Lo único que Dios hizo al darte Su perfecta Respuesta fue asegurarse de que nunca perdie­ses tu voluntad. 7Escúchala ahora, para que te puedas acordar de Su Amor y conocer tu voluntad. 8Dios no podría haber permitido que Su Hijo fuese un prisionero de aquello que no desea. 9Él se une a tu voluntad de ser libre. 10oponerte a Él es decidir ir en contra de ti mismo y elegir estar encadenado.

3. Contempla una vez más a tu enemigo, al que elegiste odiar en vez de amar. 2Pues así es como nació el odio en el mundo y como se estableció en él el reino del miedo. 3Escucha ahora a Dios hablarte a través de Aquel que es Su Voz así como la tuya, recor­dándote que tu voluntad no es odiar ni ser un prisionero del miedo, un esclavo de la muerte o una insignificante criatura de escasa vida. 4Tu voluntad no tiene límites, pues no es tu voluntad que sea limitada. 5Lo que mora en ti se ha unido a Dios Mismo en el nacimiento de toda la creación. 6Acuérdate de Aquel que te creó, Quien a través de tu voluntad creó todo. 7Todo lo creado te está agradecido, pues nació gracias a tu voluntad. 8Ni una sola luz celestial podría brillar si no fuese por ti, pues fue tu voluntad lo que las ubicó en el Cielo.

4. ¿Qué motivos podrías tener para sentir ira contra un mundo que simplemente aguarda tu bendición para ser libre? 2Si fueses un prisionero, entonces Dios Mismo no podría ser libre. 3Pues lo que se le hace a quien Dios ama, se le hace a Dios Mismo. 4No pienses que Aquel que te hizo co-creador del universo junto con Él quiere aprisionarte. 5Él sólo desea que tu voluntad sea eterna­mente ilimitada. 6Este mundo aguarda la libertad que le otorgarás cuando hayas reconocido que eres libre. 7Pero tú no perdonarás al mundo hasta que hayas perdonado a Aquel que te dio tu volun­tad. 8Pues es a través de tu voluntad como el mundo se libera. 9Y tú no puedes ser libre estando separado de Aquel Cuya santa Voluntad compartes.


5. Dios se dirige a ti y te pide que salves al mundo, pues mediante tu propia salvación el mundo sana. 2todo el que camina sobre la faz de la tierra depende de tu decisión, para aprender que la muerte no tiene ningún poder sobre él, toda vez que comparte tu libertad y tu voluntad. 3Tu voluntad es sanarlo, y puesto que esto es una decisión que tomaste con él, él ha sanado. 4Y ahora Dios ha sido perdonado, pues decidiste ver a tu hermano como amigo