LECCION DEL DIA

DESPERTAR AL AMOR

sábado, 11 de julio de 2020

11 JULIO: Tengo una función que Dios quiere que desempeñe.


AUDIOLIBRO




EJERCICIOS

LECCIÓN 192 


Tengo una función que Dios quiere que desempeñe.



1. La santa Voluntad de tu Padre es que tú lo completes, y que tu Ser sea Su Hijo sagrado, por siempre puro como Él, creado del Amor y en él, preservado, extendiendo amor y creando en su Nombre, por siempre uno con Dios y con tu Ser. 2Mas ¿qué sen­tido puede tener tal función en un mundo de envidia, odio y ataque?

2. Tienes, por lo tanto, una función en el mundo de acuerdo a sus propias normas. 2Pues, ¿quién podría entender un lenguaje que está mucho más allá de lo que buenamente puede entender? 3El perdón es tu función aquí. 4No es algo que Dios haya creado, ya que es el medio por el que se puede erradicar lo que no es verdad. 5Pues, qué necesidad tiene el Cielo de perdón? 6En la tierra, no obstante, tienes necesidad de los medios que te ayudan a abando­nar las ilusiones. 7La creación aguarda tu regreso simplemente para ser reconocida, no para ser íntegra.

3. Lo que la creación es no puede ni siquiera concebirse en el mundo. 2No tiene sentido aquí. 3El perdón es lo que más se le asemeja aquí en la tierra. 4Pues al haber nacido en el Cielo, carece de forma. 5Dios, sin embargo, creó a Uno con el poder de traducir a formas lo que no tiene forma en absoluto. 6Lo que Él hace es forjar sueños, pero de una clase tan similar al acto de despertar que la luz del día ya refulge en ellos, y los ojos que ya empiezan a abrirse contemplan los felices panoramas que esos sueños les ofrecen.

4. El perdón contempla dulcemente todas las cosas que son desco­nocidas en el Cielo, las ve desaparecer, y deja al mundo como una pizarra limpia y sin marcas en la que la Palabra de Dios puede ahora reemplazar a los absurdos símbolos que antes estaban escri­tos allí. 2El perdón es el medio por el que se supera el miedo a la muerte, pues ésta deja de ejercer su poderosa atracción y la culpa­bilidad desaparece. 3El perdón permite que el cuerpo sea perci­bido como lo que es: un simple recurso de enseñanza del que se prescinde cuando el aprendizaje haya terminado, pero que es incapaz de efectuar cambio alguno en el que aprende.

5. La mente no puede cometer errores sin un cuerpo. 2No puede pensar que va a morir o ser víctima de ataques despiadados. 3La ira se ha vuelto imposible. a¿Dónde está el terror ahora? 4¿Qué temores podrían aún acosar a los que han perdido la fuente de todo ataque, el núcleo de la angustia y la sede del temor? 5Sólo el perdón puede liberar a la mente de la idea de que el cuerpo es su hogar. 6Sólo el perdón puede restituir paz que Dios dispuso para Su santo Hijo. 7Sólo el perdón puede persuadir al Hijo a que contemple de nuevo su santidad.

6. Una vez que la ira haya desaparecido, podrás percibir que a cambio de la visión de Cristo y del don de la vista no se te pidió sacrificio alguno, y que lo único que ocurrió fue que una mente enferma y atormentada se liberó de su dolor. 2¿Es esto indesea­ble? 3¿Es algo de lo que hay que tener miedo? 4¿O bien es algo que se debe anhelar, recibir con gratitud y aceptar jubilosamente? 5Somos uno, por lo tanto, no renunciamos a nada. 6Y Dios cierta­mente nos ha dado todo.

7. No obstante, necesitamos el perdón para percibir que esto es así. 2Sin su benévola luz, andamos a tientas en la oscuridad usando la razón únicamente para justificar nuestra furia y nues­tros ataques. 3Nuestro entendimiento es tan limitado que aquello que creemos comprender no es más que confusión nacida del error. 4Nos encontramos perdidos en las brumas de sueños cam­biantes y pensamientos temibles, con los ojos herméticamente cerrados para no ver la luz, y las mentes ocupadas en rendir culto a lo que no está ahí.

8. ¿Quién puede nacer de nuevo en Cristo sino aquel que ha per­donado a todos los que ve, o en los que piensa o se imagina? 2¿Quién que mantenga a otro prisionero puede ser liberado? 3Un carcelero no puede ser libre, pues se encuentra atado al que tiene preso. 4Tiene que asegurarse de que no escape, y así, pasa su tiempo vigilándolo. 5Y los barrotes que mantienen cautivo al preso se convierten en el mundo en el que su carcelero vive allí con él. 6Sin embargo, de la liberación del preso depende que el camino de la libertad quede despejado para los dos.

9. Por lo tanto, no mantengas a nadie prisionero. 2Libera en vez de aprisionar, pues de esa manera tú quedas libre. 3Los pasos a seguir son muy sencillos. 4Cada vez que sientas una punzada de cólera, reconoce que sostienes una espada sobre tu cabeza. 5Y ésta te atravesará o no, dependiendo de si eliges estar condenado o ser libre. 6Así pues, todo aquel que aparentemente te tienta a sentir ira representa tu salvador de la prisión de la muerte. 7Por lo tanto, debes estarle agradecido en lugar de querer infligirle dolor.

10. Sé misericordioso hoy. 2El Hijo de Dios es digno de tu miseri­cordia. 3Él es quien te pide que aceptes el camino de la libertad ahora. 4No te niegues a ello. 5El Amor que su Padre le profesa te lo profesa a ti también. 6Tu única función aquí en la tierra es perdo­narlo, para que puedas volver a aceptarlo como tu Identidad. 7Él es tal como Dios lo creó. 8Y tú eres lo que él es. 9Perdónale ahora sus pecados y verás que eres uno con él.



RESUMEN DE LA PRÁCTICA

Instrucciones generales: Tiempo de quietud por la mañana/ noche, recordatorios cada hora, Respuesta a la tentación. Ver la Lección 153.

Propósito: Abandonar la ira, para cumplir tu función de perdonar a tu hermano sus pecados y así sentir que tú eres lo que él es: el Hijo de Dios. Esto intensificará tu motivación y fortalecerá tu compromiso. Y salvará al mundo.

Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Por lo menos cinco minutos; lo ideal es treinta minutos o más.

Recordatorios cada hora: Uno o dos minutos, a la hora en punto, (menos si las circunstancias no lo permiten).

Respuesta a la tentación: Siempre que alguien te tiente a enfadarte, date cuenta de que sostienes una espada sobre tu cabeza y que caerá o se desviará según lo que elijas. Date cuenta de que tienes que estarle agradecido a tu hermano, pues te ha dado una oportunidad de liberarte a ti mismo, y por lo tanto es tu salvador.

Comentario

En el Cielo tenemos una elevada y santa función: es la creación. El primer párrafo lo describe lo mejor que se puede en palabras, aunque aquí en la tierra no podemos ni imaginar lo que es (3:1). La creación es completar a Dios, extender Su Amor en Su Nombre. ¿Qué significa eso? No podemos entenderlo completamente hasta que estemos allí de nuevo, sintiendo su significado de manera directa.

Por lo tanto, en la tierra tenemos “una función en el mundo de acuerdo a sus propias normas” (2:1), algo que podemos entender en el entorno en el que nos encontramos. “El perdón es tu función aquí” (2:3). “El perdón es lo que más se le asemeja (a la creación) aquí en la tierra” (3:3). La creación no tiene forma, el perdón es la creación traída a la forma, un sueño feliz tan cerca del Cielo que, cuando entremos en él completamente, nuestros “ojos que ya empiezan a abrirse contemplan los felices panoramas que esos sueños les ofrecen” (3:4-6).

Tal como se presenta en el Curso, el perdón es mucho más que simplemente abandonar los resentimientos concretos que albergamos contra aquellos que han sido injustos con nosotros. Es un cambio total en nuestra manera de ver al mundo entero. La postura básica del ego es ver al mundo como la causa de nuestros sufrimientos. Parece haber razón más que suficiente para esa opinión. ¿Cómo podemos estar contentos cuando nada dura, cuando el dolor y el sufrimiento parecen estar en todas partes, cuando las personas y las cosas que amamos nos las arrebata el destino y cuando la muerte nos espera al final, sin importar lo que hagamos? El perdón significa que dejamos a un lado tal opinión acerca del mundo, y permitimos que al Espíritu Santo lo reemplace todo ello con una nueva manera de ver las cosas. Esto incluye una nueva valoración de nuestro propio cuerpo, en el que dejamos de identificarnos con él, y ya no nos vemos atados a él. Llegamos a ver el cuerpo como “un simple recurso de enseñanza del que se prescinde cuando el aprendizaje haya terminado, pero que es incapaz de efectuar cambio alguno en el que aprende” (4:3). Nos damos cuenta de que en realidad somos una “mente sin un cuerpo” (5:1). “Sólo el perdón puede liberar a la mente de la idea de que el cuerpo es su hogar” (5:5).

Ésa es la meta a la que el Curso nos está llevando. Sin embargo, aunque el perdón es mucho más que simplemente abandonar los resentimientos concretos, es ahí donde empieza. Al trabajar con lo concreto empezamos por lo básico, y poco a poco aprendemos a generalizarlo y aplicarlo al mundo entero, incluyendo nuestra jaula física (cuerpo).

Puede parecer que se nos pide que abandonemos muchísimo. Sin duda, finalmente se nos pide que abandonemos el mundo entero, incluido nuestro cuerpo, toda esta “vida” en la que pensamos que estamos viviendo. Pero, cuando todo esto se haya logrado, cuando nuestra ira contra el mundo haya desaparecido

… podrás percibir que a cambio de la visión de Cristo y del don de la vista no se te pidió sacrificio alguno, y que lo único que ocurrió fue que una mente enferma y atormentada se liberó de su dolor. ¿Es esto indeseable? ¿Es algo de lo que hay que tener miedo? (6:1-3)

Si podemos llegar a perdonar al mundo, lo veremos como la ilusión que siempre ha sido, y lo dejaremos ir con mucho gusto, conscientes de que nunca fue nada más que una pesadilla de dolor y de muerte. Por el contrario, si no lo hemos perdonado, no hacemos más que “rendir culto a lo que no está ahí” (7:4). Lo valoramos precisamente porque nos castiga, porque en nuestra locura de culpa secretamente creemos que nos lo merecemos.
Nuestra ira contra el mundo nos aprisiona. Nos hemos convertido en el guardián, atentos a encontrarle culpa, y al hacer esto nos condenamos a nosotros mismos a la prisión con los prisioneros que estamos vigilando. Si el “guardián” no perdona a “todos los que ve, o en los que piensa o se imagina” (8:1), él tiene que vivir en la prisión vigilando a los criminales. Esto es lo que nos ata a este mundo, no su belleza, ni sus posibilidades, sino nuestra ira contra él por no ser lo que pensamos que debería ser. Nuestra ira sostiene una espada sobre nuestra cabeza (9:4).

Por lo tanto, el modo de escapar de la prisión es liberar a todos los prisioneros. Podemos aprender esto reconociendo que cada vez que nos sentimos tentados a enfadarnos, que puede manifestarse desde la furia más desenfrenada hasta una ligera irritación (L.21.2:5), se nos está ofreciendo una oportunidad de liberarnos a nosotros mismos. Podemos estar agradecidos, en lugar de furiosos. Podemos perdonar. Incluso podemos estar agradecidos por la oportunidad (9:7). Ésta es nuestra única función verdadera aquí (10:6). Ésta es la lección que toda la vida nos está enseñando. Esto es Un Curso de Milagros.


viernes, 10 de julio de 2020

10 JULIO: Soy el santo Hijo de Dios Mismo.

AUDIOLIBRO


EJERCICIOS

LECCIÓN 191


Soy el santo Hijo de Dios Mismo.


1. He aquí la declaración de tu liberación de las cadenas del mundo. 2Y he aquí asimismo la liberación del mundo entero. 3No te das cuenta de lo que has hecho al asignarle al mundo el papel de carcelero del Hijo de Dios. 4¿Qué podría ser entonces sino un mundo depravado y temeroso, amedrentado por las sombras, vengativo y salvaje, desprovisto de razón, ciego y enajenado por el odio?

2. ¿Qué has hecho para que éste sea tu mundo? 2¿Qué has hecho para que sea eso lo que ves? 3Niega tu Identidad, y ése es el resul­tado. 4Contemplas el caos y proclamas que eso es lo que tú eres. 5No ves nada que no dé testimonio de ello. 6No hay sonido que no te hable de la flaqueza que hay dentro y fuera de ti; ni aliento que respires que no parezca acercarte más a la muerte; ni esperanza que alientes que no haya de acabar en llanto.

3. Niega tu verdadera Identidad y no podrás escaparte de la locura que dio lugar a este extraño, antinatural y fantasmal pensa­miento que se burla de la creación y se ríe de Dios. 2Niega tu verdadera Identidad, y te enfrentas al universo solo, sin un amigo: una diminuta mota de polvo contra legiones de enemigos. 3Niega tu verdadera Identidad y contemplarás la maldad, el pecado y la muerte, y verás la desesperanza arrebatarte de las manos todo vestigio de esperanza, dejándote solamente con ansias de morir. 

4. Sin embargo, ¿qué podría ser esto sino un juego en el que pue­des negar tu Identidad? 2Eres tal como Dios te creó. 3Creer cual­quier otra cosa es absurdo. 4Con este solo pensamiento todo el mundo se libera. 5Con esta sola verdad desaparecen todas las ilu­siones. 6Con este solo hecho se proclama que la impecabilidad es eternamente parte integral de todo, el núcleo central de su exis­tencia y la garantía de su inmortalidad.

5. Deja que la idea de hoy encuentre un lugar entre tus pensa­mientos, y te habrás elevado muy por encima del mundo, así como por encima de todos los pensamientos mundanos que lo mantienen prisionero. 2Y desde este lugar de seguridad y escape retornarás a él y lo liberarás. 3Pues aquel que puede aceptar su verdadera Identidad realmente se salva. 4Y su salvación es el regalo que les hace a todos, como muestra de gratitud hacia Aquel que le mostró el camino a la felicidad que cambió toda su perspec­tiva acerca del mundo.

6. Basta con un solo pensamiento santo como éste para liberarte: tú eres el santo Hijo de Dios Mismo. 2Y con este pensamiento santo comprendes asimismo que has liberado al mundo. 3No tie­nes necesidad de usarlo cruelmente, y luego percibir esa misma necesidad en él. 4Lo liberas de tu aprisionamiento. 5No verás una imagen devastadora de ti mismo vagando por el mundo llena de terror, mientras que éste se retuerce en agonía porque tus miedos han dejado impreso en su corazón el sello de la muerte.

7. Alégrate hoy de cuán fácilmente desaparece el infierno. 2No necesitas más que decirte a ti mismo:

3Soy el santo Hijo de Dios Mismo. 4No puedo sufrir ni sentir dolor; no puedo sufrir pérdidas ni dejar de hacer todo lo que la salvación me pida.

5Y con ese pensamiento todo lo que contemples cambiará por completo.

8. Un milagro ha iluminado todas las lúgubres y viejas cavernas en las que los ritos de la muerte reverberaban desde los orígenes del tiempo: 2Pues el tiempo ya no tiene dominio sobre el mundo. 3El Hijo de Dios ha venido radiante de gloria a redimir a los que estaban perdidos, a salvar a los desvalidos y a darle al mundo el regalo de su perdón. 4¿Quién podría ver el mundo como un lugar siniestro y pecaminoso cuando el Hijo de Dios ha venido por fin a liberarlo nuevamente?

9. Tú que te percibes a ti mismo como débil y frágil, lleno de vanas esperanzas y de anhelos frustrados; nacido sólo para morir, llorar y padecer, escucha esto: se te ha dado todo poder en la tierra y en el Cielo. 2No hay nada que no puedas hacer. 3Juegas el juego de la muerte, el de ser impotente, el de estar lamentablemente encadenado a la disolución en un mundo que no tiene misericor­dia contigo. 4No obstante, cuándo tengas misericordia con él, su misericordia resplandecerá sobre ti.

10. Deja entonces que el Hijo de Dios despierte de su sueño, y que al abrir sus ojos santos, regrese para bendecir el mundo que él fabricó. 2Éste nació de un error, pero acabará en el reflejo de la santidad del Hijo de Dios. 3Y éste dejará de dormir y de soñar con la muerte. 4Únete a mí hoy. 5Tu gloria es la luz que salva al mundo. 6No sigas negándote a conceder la salvación. 7Contempla el mundo que te rodea, y observa el sufrimiento que se abate sobre él. 8¿No está acaso dispuesto tu corazón a llevarles descanso a tus fatigados hermanos?

11. Ellos tienen que esperar hasta que tú te liberes. 2Permanecen encadenados hasta que tú seas libre. 3No pueden ver la misericor­dia del mundo hasta que tú la encuentres en ti mismo. 4Sufren hasta que tú niegues que el dolor te atenaza. 5Mueren hasta que tú aceptes tu propia vida eterna. 6Eres el santo Hijo de Dios Mismo. 7Recuerda esto, y el mundo entero se libera. 8Recuerda esto, y la tierra y el Cielo son uno.


RESUMEN DE LA PRÁCTICA

Instrucciones para la práctica: Tiempo de quietud por la mañana/ noche, recordatorios cada hora, Respuesta a la tentación. Ver la Lección 153.

Propósito: Abandonar las ideas acerca de ti como un ser débil, frágil, y a merced de un mundo terrible, y recordar que tú eres el santo Hijo de Dios Mismo. Esto intensificará tu motivación y fortalecerá tu compromiso.

Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Por lo menos cinco minutos; lo ideal es treinta minutos o más. (Sugerencia) 

  • Empieza diciendo: “Soy el santo Hijo de Dios Mismo. No puedo sufrir ni sentir dolor; no puedo sufrir pérdidas ni dejar de hacer todo lo que la salvación me pida”. 
  • Luego intenta dejar de lado todas tus imágenes acerca de ti mismo como débil, frágil, inútil, que has sido atacado, y recuerda que tú eres el santo Hijo de Dios, dotado de todo poder en la tierra y en el Cielo.


Recordatorios cada hora: Uno o dos minutos, a la hora en punto, (menos si las circunstancias no lo permiten).

Respuesta a la tentación: Siempre que sea necesario.
Repite la idea.

Comentario

Una vez más el Curso hace sonar su nota principal: Tú eres tal como Dios te creó. Todo lo que Dios crea es como Él Mismo: santo, sin pecado, sin culpa, un pozo de Amor sin fin, e inmortal. Para darle un giro a un dicho popular, no somos seres humanos que buscan una experiencia espiritual, somos seres espirituales que piensan que estamos teniendo una experiencia humana. No empezamos a vivir en el momento del nacimiento, y no dejamos de existir cuando el cuerpo deja de funcionar. Somos aspectos de un ser inmortal, que existe fuera del tiempo. “Soy el santo Hijo de Dios Mismo”.

La manera en que nos vemos a nosotros mismos determina la manera en que vemos al mundo. Es posible que no se vea claro al principio, pero si nos vemos a nosotros mismos como algo distinto al Hijo de Dios, le estamos asignando “al mundo el papel de carcelero del Hijo de Dios” (1:3). Si nos vemos a nosotros como seres separados y aislados, nos damos el papel de víctimas. Somos una mota de polvo dentro de un huracán, dando vueltas por el universo sin ninguna consideración por nuestro bienestar (3:2).

El mundo entonces toma una apariencia que refleja esta identidad equivocada que hemos aceptado. El mundo entero da testimonio de nuestra fragilidad, toda nuestra experiencia aquí parece ser la prueba de que la muerte es segura y la pérdida inevitable (2:5-6). Eso es lo que hace la proyección. El mundo se convierte en nuestro carcelero, el que nos hace sus víctimas. Si negamos nuestra identidad como el santo Hijo de Dios, tal como Dios nos creó, hacemos del mundo un lugar de caos, de maldad, de pecado y de muerte. Luego nos enfadamos con el mundo por ello, ¡aunque nosotros le hemos dado este papel al mundo!” Hoy mientras contemplo al mundo, que me pregunte a mí mismo: “¿Qué he hecho para que éste sea mi mundo?” Y que luego me responda a mí mismo: “He negado mi identidad como Hijo de Dios”. De este modo, aceptar mi Identidad es perdonar al mundo por lo que no me ha hecho.

Si corregimos ese único error, hemos cambiado el mundo que vemos. El mundo no puede ser tal como lo vemos, porque la Identidad no se puede negar. Nuestra imaginada identidad como que no-somos-el-Hijo-de-Dios no es más que un juego tonto, que no tiene ningún efecto real ni consecuencias reales. Si podemos empezar a aceptar nuestra Identidad, todas las ilusiones que proceden de ese error desaparecen (4:1-6).

De nuevo se nos pide que “practiquemos” reconocer nuestra Identidad en el instante santo. Durante un momento, dejamos que la idea de hoy encuentre un lugar entre nuestros pensamientos” (5:1). En ese instante santo nos elevamos muy por encima del mundo (5:1) a un lugar de seguridad, donde reconocemos que es imposible que seamos víctimas del mundo, porque vemos nuestra naturaleza eterna, que no puede ser atacada. Y desde este lugar de seguridad y escape retornarás a él y lo liberarás (5:2). Fíjate en la semejanza de esta descripción con la de la Lección 184 (párrafo 10). En el instante santo aceptamos la Expiación para nosotros mismos, reconocemos nuestra verdadera Identidad. Y luego regresamos para traer a todo el mundo el mensaje de esta Identidad compartida, para que se libere junto con nosotros.

Darnos cuenta de nuestra Identidad es suficiente para liberarnos de todos los problemas para siempre, y para liberar al mundo junto con nosotros. Apegarnos a nuestra pequeña identidad individual es continuar con “una imagen devastadora de ti mismo vagando por el mundo llena de terror, mientras que éste se retuerce en agonía porque tus miedos han dejado impreso en su corazón el sello de la muerte” (6:5). ¿De verdad quiero seguir jugando a este juego trágico y tonto? ¿Quiero continuar manteniendo al mundo prisionero porque no ha satisfecho mis necesidades y que me ha negado lo que es mi derecho? ¿O estoy dispuesto hoy a reconocer que yo he hecho esto, que he negado a mi Ser y he culpado al mundo por ello?

El final de esta lección habla de manera elogiosa de que “El Hijo de Dios ha venido radiante de gloria a redimir a los que estaban perdidos” (8:3). ¿Quién es este “Hijo de Dios”? No habla de Jesús. Está hablando de ti y de mí. Nos pide que nos demos cuenta de que nuestra gloria salva al mundo, y nos pide que no la neguemos ni ocultemos (10:5-6). Nos pide que veamos el sufrimiento del mundo (no que lo apartemos diciendo: “¡Es sólo una ilusión!”), y que busquemos en nuestro corazón cómo responder a él (10:7-8).

¿Cómo podemos liberar a nuestros hermanos del sufrimiento? Aceptando nuestra propia liberación, encontrando nuestra verdadera Identidad (11:1-5).

Eres el santo Hijo de Dios Mismo. Recuerda esto, y el mundo entero se libera. Recuerda esto, y la tierra y el Cielo son uno. (11:6-8)







TEXTO


III. Sombras del pasado



1. Perdonar no es otra cosa que recordar únicamente los pensa­mientos amorosos que diste en el pasado, y aquellos que se te dieron a ti. 2Todo lo demás debe olvidarse. 3El perdón es una forma selectiva de recordar que no se basa en tu propia selección. 4Pues las tenebrosas figuras que quieres hacer inmortales son "enemigos" de la realidad. 5Procura estar dispuesto a perdonar al Hijo de Dios por lo que él no hizo. 6Las tenebrosas figuras son los testigos que traes contigo para demostrar que el Hijo de Dios hizo lo que no hizo. 7Puesto que las traes contigo, las oirás. 8Y tú que las conservas porque tú mismo así lo elegiste, no puedes entender cómo llegaron hasta tu mente ni cuál es su propósito. 9Representan el mal que crees que se te infligió. 10Las traes con­tigo sólo para poder devolver mal por mal, con la esperanza de que su testimonio te permita pensar que otro es culpable sin que ello te afecte a ti. 11Hablan tan decididamente en favor de la sepa­ración que nadie que no estuviese obsesionado por perpetuar la separación podría oírlas. 12Te ofrecen las "razones" por las cuales deberías entablar alianzas no santas a fin de apoyar los objetivos del ego y hacer de tus relaciones testimonios de su poder.

2. Son estas tenebrosas figuras las que quieren santificar al ego ante tus ojos, y enseñarte que lo que haces para mantenerlo a salvo es en realidad amor. 2Estas tenebrosas figuras siempre hablan de venganza, y todas las relaciones que entablan son absolutamente dementes. 3Tales relaciones tienen, sin excepción, el propósito de excluir la verdad del otro, así como la verdad acerca de ti. 4Por eso es por lo que ves tanto en ti como en el otro lo que no está ahí, haciendo de ambos los esclavos de la ven­ganza. 5Y por eso es por lo que cualquier cosa que te recuerde tus resentimientos pasados te atrae y te parece que es amor, independientemente de cuán distorsionadas sean las asociaciones que te llevan a hacer esa conexión. 6finalmente, ésa es la razón de que todas las relaciones de ese tipo se convierten en intentos de unión a través del cuerpo, pues sólo los cuerpos pueden conside­rarse medios de venganza. 7Es evidente que los cuerpos son el foco central de todas las relaciones no santas. 8Has aprendido esto por experiencia propia. 9Pero de lo que tal vez no te das cuenta es de todas las razones que hacen que la relación no sea santa. 10Pues la falta de santidad procura reforzarse a sí misma, tal como la santidad lo hace, atrayendo hacia sí lo que percibe como afín a ella.

3. No es con el cuerpo del otro con el que se intenta la unión en la relación no santa, sino con los cuerpos de los que no están ahí. 2Pues ni siquiera el cuerpo del otro, que de por sí es una percep­ción de él seriamente limitada, es el foco central tal como es, o al menos, no del todo. 3Lo que se puede emplear para fantasías de venganza, y lo que más fácilmente puede asociarse con aquellos contra quienes realmente se busca la venganza, es donde se centra la atención, y son estas partes las que se seleccionan como las únicas que tienen valor. 4Cada paso en el proceso de entablar, mantener o romper una relación no santa es un avance progresivo hacia una mayor fragmentación y una mayor irrealidad. 5Las tenebrosas figuras se vuelven cada vez más imperantes, y la importancia de aquel en quien parecen manifestarse disminuye.

4. El tiempo es ciertamente severo con la relación no santa. 2Pues el tiempo es cruel en manos del ego, de la misma manera en que es benévolo cuando se usa en favor de la mansedumbre. 3La atrac­ción de la relación no santa empieza a disminuir y a ponerse en duda casi de inmediato. 4Una vez que se ha establecido la rela­ción, la duda surge inevitablemente, pues el propósito de la rela­ción no se puede alcanzar. 5El "ideal" de la relación no santa, por lo tanto, requiere que la realidad del otro no venga a "estropear" el sueño. 6cuanto menos aporte a la relación, "mejor" se vuelve ésta. 7Y así, el intento de unión se convierte en una forma de excluir incluso a aquel con quien se procuró la unión. 8Pues la relación se estableció precisamente para excluirle de ella y para que la "unión" fuese con fantasías en las que se goza de una "dicha" ininterrumpida.

5¿Cómo puede el Espíritu Santo introducir Su interpretación de que el cuerpo es un medio de comunicación en las relaciones cuyo único propósito es separarse de la realidad? 2Lo que el per­dón es, es lo que le capacita para hacerlo. 3Si se ha olvidado todo, excepto los pensamientos amorosos, lo que queda es eterno. 4Y el pasado transformado se vuelve como el presente. 5El pasado deja de estar en conflicto con el ahora. 6Esta continuidad extiende el presente al aumentar su realidad y su valor en la percepción que tienes de él. 7En estos pensamientos amorosos, y oculta tras la fealdad de la relación no santa en la que se recuerda el odio, se encuentra la chispa de belleza dispuesta a cobrar vida tan pronto como se le entregue la relación a Aquel que le infunde vida y belleza. 8Por eso es por lo que la Expiación se centra en el pasado, que es la fuente de la separación y donde ésta debe ser des-hecha. 9Pues la separación debe ser corregida allí donde fue concebida. 

6. El ego trata de "resolver" sus problemas, no en su punto de origen, sino donde no fueron concebidos. 2así es como trata de garantizar que no tengan solución. 3Lo único que el Espíritu Santo desea es resolver todo completa y perfectamente, de modo que busca y halla la fuente de los problemas allí donde ésta se encuen­tra, y allí mismo la deshace. 4Y con cada paso del proceso de des­hacer que Él lleva a cabo, la separación se va deshaciendo más y más, y la unión se vuelve cada vez más inminente. 5Ninguna "razón" que hable en favor de la separación le causa confusión alguna. 6Lo único que percibe en la separación es que tiene que ser des-hecha. 7Permite que Él descubra la chispa de belleza que se encuentra oculta en tus relaciones y te la revele. 8Su belleza te atraerá tanto, que no estarás dispuesto a perderla de vista nuevamente. 9Y dejarás que esta chispa transforme la relación de modo que la puedas ver más y más. 10Pues la desearás más y más, y estarás cada vez menos dispuesto a que esté oculta de ti. 11Y aprenderás a buscar y a establecer las condiciones en las que esta belleza se puede ver.

7. Harás todo esto gustosamente, sólo con que le dejes mantener la chispa delante de ti para que alumbre tu camino y puedas verlo con claridad. 2El Hijo de Dios es uno. 3A quienes Dios ha unido como uno, el ego no los puede desunir. 4Por muy oculta que se encuentre en toda relación, la chispa de la santidad no puede sino estar a salvo. 5Pues el Creador de la única relación que existe no se ha excluido a Sí Mismo de ninguno de sus aspectos. 6Éste es el único aspecto de la relación que el Espíritu Santo ve porque sabe que únicamente ese aspecto es verdad. 7Tú has hecho que la rela­ción sea irreal y, por lo tanto, no santa, al verla como no es y donde no está. 8Entrégale el pasado a Aquel que puede hacer que cambies de parecer con respecto a él por ti. 9Pero asegúrate antes que nada de que te das cuenta plenamente de lo que has hecho que el pasado represente, y por qué.

8El pasado se convierte en la justificación para entablar una alianza continua y profana con el ego contra el presente. 2Pues el presente es perdón. 3Por lo tanto, las relaciones que la alianza no santa fomenta no se perciben ni se experimentan como si estuvie­sen ocurriendo ahora. 4Mas el marco de referencia al que se recu­rre para que le dé significado al presente es una ilusión del pasado en la que se conservan aquellos elementos que se ajustan al propósito de la relación no santa, y se abandonan todos los demás. 5lo que de esta manera se abandona, es toda la verdad que el pasado jamás habría podido ofrecer al presente para que diese testimonio de la realidad de éste. 6Lo que se conserva no hace sino dar testimonio de la realidad de los sueños.

9. Sigue estando en tus manos elegir unirte a la verdad o a la ilusión. 2Pero recuerda que elegir una es abandonar la otra. 3Dota­rás de belleza y realidad a la que elijas porque tu elección depende de cuál valoras más. 4La chispa de belleza o el velo de fealdad, el mundo real o el de la culpabilidad y el miedo, la verdad o la ilusión, la libertad o la esclavitud, es todo lo mismo. 5Pues no puedes elegir más que entre Dios o el ego. 6Todo sistema de pen­samiento o bien es verdadero o bien falso, y todos sus atributos se derivan naturalmente de lo que es. 7Únicamente los Pensamientos de Dios son verdaderos. 8Y todo lo que se deriva de ellos procede de lo que son, y es tan verdadero como la santa Fuente de donde procedieron.

10Santo hermano mío, quiero formar parte de todas tus relacio­nes, e interponerme entre tus fantasías y tú. 2Permite que mi rela­ción contigo sea algo real para ti, y déjame infundirle realidad a la percepción que tienes de tus hermanos. 3No fueron creados para que pudieses hacerte daño a través de ellos. 4Fueron creados para crear junto contigo. 5Ésta es la verdad que quiero interponer entre tu objetivo de locura y tú. 6No te separes de mí ni dejes que el santo propósito de la Expiación se pierda de vista en sueños de venganza. 7Las relaciones en las que tales sueños se tienen en gran estima me excluyen a mí. 8En el Nombre de Dios, déjame entrar a formar parte de ellas y brindarte paz para que tú a tu vez puedas ofrecerme paz a mí.








jueves, 9 de julio de 2020

9 JULIO: Elijo el júbilo de Dios en lugar del dolor.

AUDIOLIBRO

 

EJERCICIOS

LECCIÓN 190

 

Elijo el júbilo de Dios en lugar del dolor.



1. El dolor es una perspectiva errónea. 2Cuando se experimenta en cualquier forma que sea, es señal de que nos hemos engañado a nosotros mismos. 3El dolor no es un hecho en absoluto. 4Sea cual sea la forma que adopte, desaparece una vez que se percibe correctamente. 5Pues el dolor proclama que Dios es cruel. 6¿Cómo podría entonces ser real en cualquiera de las formas que adopta? 7El dolor da testimonio del odio que Dios el Padre le tiene a Su Hijo, de la pecaminosidad que ve en él y de Su demente deseo de venganza y de muerte.

2. ¿Es posible acaso dar fe de semejantes proyecciones? 2¿Qué podrían ser sino falsedades? 3El dolor no es sino un testigo de los errores del Hijo con respecto a lo que él cree ser. 4Es un sueño de una encarnizada represalia por un crimen que no pudo haberse cometido; por un ataque contra lo que es completamente inex­pugnable. 5Es una pesadilla en la que hemos sido abandonados por el Amor Eterno, el cual jamás habría podido abandonar al Hijo que creó como fruto de Su Amor.

3. El dolor es señal de que las ilusiones reinan en lugar de la verdad. 2Demuestra que Dios ha sido negado, confundido con el miedo, percibido como demente y considerado como un traidor a Sí Mismo. 3Si Dios es real, el dolor no existe. 4Mas si el dolor es real, entonces es Dios Quien no existe. 5Pues la venganza no forma parte del amor. 6Y el miedo, negando el amor y valiéndose del dolor para probar que Dios está muerto, ha demostrado que la muerte ha triunfado sobre la vida. 7El cuerpo es el Hijo de Dios, corruptible en la muerte y tan mortal como el Padre al que ha asesinado.

4. ¡Que la paz ponga fin a semejantes necedades! 2Ha llegado el momento de reírse de ideas tan absurdas. 3No es necesario pen­sar en ellas como si fuesen crímenes atroces o pecados secretos de graves consecuencias. 4¿Quién sino un loco podría pensar que son la causa de algo? 5Su testigo, el dolor, es tan demente como ellas, y no se debe tener más miedo de él que de las dementes ilusiones a las que ampara, y que trata de demostrar que no pue­den sino seguir siendo verdad.

5. Son únicamente tus pensamientos los que te causan dolor. 2Nada externo a tu mente puede herirte o hacerte daño en modo alguno. 3No hay causa más allá de ti mismo que pueda abatirse sobre ti y oprimirte. 4Nadie, excepto tú mismo, puede afectarte. 5No hay nada en el mundo capaz de hacerte enfermar, de entriste­certe o de debilitarte. 6Eres tú el que tiene el poder de dominar todas las cosas que ves reconociendo simplemente lo que eres. 7Conforme percibas su inocuidad, ellas aceptarán como suya tu santa voluntad. 8Y lo que antes inspiraba miedo se convierte ahora en una fuente de inocencia y santidad.

6. Santo hermano mío, piensa en esto por un momento: el mundo que ves no hace nada. 2No tiene efectos. 3No es otra cosa que la representación de tus pensamientos. 4será completamente dis­tinto cuando elijas cambiar de parecer y decidas que lo que real­mente deseas es el júbilo de Dios. 5Tu Ser se alza radiante en este santo júbilo, inalterado e inalterable por siempre jamás. 6¿Le nega­rías a un pequeño rincón de tu mente su propia herencia y lo conservarías como hospital para el dolor, como un lugar enfermizo a donde toda cosa viviente tiene que venir finalmente a morir?

7. Tal vez parezca que el mundo te causa dolor. 2Sin embargo, al no tener causa, no tiene el poder de ser la causa de nada. 3Al ser un efecto, no puede producir efectos. 4Al ser una ilusión, es lo que tú deseas que sea. 5Tus vanos deseos constituyen sus pesares. 6Tus extraños anhelos dan lugar a sus sueños de maldad. 7Tus pensamientos de muerte lo envuelven con miedo, mientras que en tu benévolo perdón halla vida.

8. El dolor es la forma en que se manifiesta el pensamiento del mal, causando estragos en tu mente santa. 2El dolor es el rescate que gustosamente has pagado para no ser libre. 3En el dolor se le niega a Dios el Hijo que Él ama. 4En el dolor el miedo parece triunfar sobre el amor, y el tiempo reemplazar a la eternidad y al Cielo. 5Y el mundo se convierte en un lugar amargo y cruel, donde reina el pesar y donde los pequeños gozos sucumben ante la embestida del dolor salvaje que aguarda para trocar toda alegría en sufrimiento.

9. Rinde tus armas, y ven sin defensas al sereno lugar donde por fin la paz del Cielo envuelve todas las cosas en la quietud. 2Aban­dona todo pensamiento de miedo y de peligro. 3No permitas que el ataque entre contigo. 4Depón la cruel espada del juicio que apuntas contra tu propio cuello, y deja a un lado las devastadoras acometidas con las que procuras ocultar tu santidad.

10. Así entenderás que el dolor no existe. 2Así el júbilo de Dios se vuelve tuyo. 3Éste es el día en que te es dado comprender plena­mente la lección que encierra dentro de sí todo el poder de la salvación: el dolor es una ilusión; el júbilo es real. 4El dolor es dormir; el júbilo, despertar. 5El dolor es un engaño; y sólo el júbilo es verdad.

11. Por lo tanto, volvemos nuevamente a optar por la única alter­nativa que jamás se puede elegir, ya que sólo elegimos entre las ilusiones y la verdad, entre el dolor y el júbilo, entre el Cielo y el infierno. 2Que la gratitud hacia nuestro Maestro invada nuestros corazones, pues somos libres de elegir nuestro júbilo en vez de dolor, nuestra santidad en vez de pecado, la paz de Dios en vez de conflicto y la luz del Cielo en lugar de las tinieblas del mundo.



RESUMEN DE LA PRÁCTICA

Instrucciones generales: Tiempo de quietud por la mañana/ noche, recordatorios cada hora, Respuesta a la tentación. Ver la Lección 153.

Propósito: Abandonar la idea de que el mundo te causa dolor, y sentir la alegría que está más allá del mundo. Esto intensificará tu motivación y fortalecerá tu compromiso.
Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Por lo menos cinco minutos; lo ideal es treinta minutos o más.
Abandonar todos los pensamientos de ataque, de juicio, de peligro y miedo, y sumergirte en el lugar tranquilo y silencioso de la paz del Cielo. Aquí entenderás que lo que te pertenece es el gozo de Dios, en lugar del dolor.

Recordatorios cada hora: Uno o dos minutos, a la hora en punto, (menos si las circunstancias no lo permiten).

Respuesta a la tentación: (Sugerencia) Cada vez que te sientas tentado a pensar que el mundo es la causa de tu sufrimiento, o que creas en alguna forma de peligro y de ataque, elige el gozo de Dios en lugar del dolor.

Comentario

Ésta es una lección que se resiste. Nos enfrenta a otro de esos obstáculos de los que hemos estado hablando: la aparente realidad del dolor. Como muy claramente afirma la lección, el dolor parece ser la prueba de “una pesadilla en la que hemos sido abandonados por el Amor Eterno” (2:5). “El dolor da testimonio del odio que Dios el Padre le tiene a Su Hijo… ” (1:7).

Todo el que ha padecido un dolor serio sabe de lo que esto está hablando. Todo el que ha tenido a un ser querido que ha soportado un dolor constante y profundo, conoce la pregunta que surge en la mente: ¿Cómo puede permitir Dios que suceda esto, si Él es Amor?” Incluso las formas más leves de dolor cuentan la misma historia, hacen la misma pregunta.

No voy a aparentar que yo he logrado eliminar por completo este obstáculo de mi mente. Me resulta difícil escribir sobre esta lección porque reconozco que una parte muy presente de mí todavía ve el dolor como real, en lugar de cómo una ilusión. Sin embargo, sí creo que lo que la lección es verdad. Elijo creerlo, y quiero creerlo. Así que no me veo en conflicto respecto a este tema. Estoy aprendiendo, cada vez más, a mirar a mis miedos a la cara, y reconocer que todavía creo en gran parte que el dolor es real. Y si esta lección es verdad, esto debe significar que parte de mí cree que Dios no existe (3:3-4), que lo imposible ha sucedido, y que el Amor eterno me ha abandonado. Si he leído el Texto con lucidez, esto no es nada nuevo para mí.

Entonces, ¿qué? ¿Necesito revolcarme en la culpa porque mi mente no ha cambiado completamente? Por supuesto que no.

Ha llegado el momento de reírse de ideas tan absurdas. No es necesario pensar en ellas como si fuesen crímenes atroces o pecados secretos de graves consecuencias”. (4:2-3)

Si el modo de recordar el Amor de Dios es mirar sin juzgar ni condenar mi negación de Dios, entonces estas “ideas absurdas” en mi mente es una parte necesaria del proceso, y una señal de progreso, no un retroceso. Y la cura no es la culpa, sino ¡la risa!

Básicamente, tenemos dos elecciones respecto al dolor. O bien está causado por algo de fuera de nosotros, lo que a la larga significa que somos inocentes sufriendo a manos de un Dios enfadado (o que Dios no existe y estamos sometidos a un destino ciego), o que el dolor me lo causo yo mismo con mis propios pensamientos. Si lo primero es verdad, no tengo esperanza de escapatoria. Si lo último es verdad, puedo escaparme cambiando mis pensamientos. ¡Prefiero creer esto último! Aunque esté equivocado, ¿qué puedo perder?
La postura del Curso es clarísima:

Son únicamente tus pensamientos los que te causan dolor. Nada externo a tu mente puede herirte o hacerte daño en modo alguno… Nadie, excepto tú mismo, puede afectarte. (5:1-2,4)

Se necesita práctica para aprender a utilizar estos pensamientos sin culpa. Somos responsables, pero no culpables; el Curso es también muy claro acerca de esto. También se necesita práctica, quizá más todavía, cuando te relacionas con alguien que está en dolor. ¡Que Dios nos perdone si utilizamos este razonamiento para hacer que alguien se sienta culpable por su sufrimiento! El Curso es también muy claro en que si todavía no podemos aceptar esto completamente, si nuestro nivel de miedo es todavía demasiado grande para confiar únicamente en la mente para aliviar el dolor, se necesita un enfoque que lo apacigüe. Intentar abandonar la medicación, por ejemplo, cuando ello hace que aumente nuestro miedo, es contraproducente (ver T.2.IV.3-5 y T.2.V.2). Sanar es liberarse del miedo, lo que aumenta el miedo no puede ser sanación.

Que aprenda a aplicar cada vez más esta lección en modos que mi nivel de miedo pueda tolerar. Que me dé cuenta, por ejemplo, de que la persona que me corta el tráfico no me ha herido, sólo mis pensamientos sobre ello pueden hacerme daño. Que me dé cuenta de que la persona que parece rechazar mi amor no me ha causado ningún daño, únicamente mis pensamientos sobre ello pueden hacerme daño. Que practique con el dolor físico lo mejor que pueda; si tengo dolor de cabeza, malestar de estómago o resfriado, que me dé cuenta de que mis pensamientos son la causa, no algo que esté fuera de mi mente. Que me dé cuenta de que si tomo medicación, estoy tapando los síntomas, no curando el problema, y que le dé igual atención a la sanación de mi mente. Si siento un dolor más agudo o crónico, que niegue lo que parece demostrar (la ira o la no existencia de Dios), que me ría de la idea de que Dios está enfadado, y que me dé cuenta de que mi mente sólo me está mostrando que mi mente está equivocada con respecto a lo que yo creo ser (2:3). Que no me concentre en hacer que el dolor desaparezca sino en sanar el pensamiento que lo produce. Usar la “magia” (medios físicos) para aliviar el dolor mientras me dedico a controlar mi mente es lo sensato, y libera a mi mente para hacer lo que necesita hacer.

Y que busque a menudo el instante santo, para venir “sin defensas al sereno lugar donde por fin la paz del Cielo envuelve todas las cosas en la quietud” (9:1). Que sienta el Amor de Dios dentro de mí, y deje a un lado la cruel espada del juicio que apunto contra mi propio cuello (9:4), aunque sólo sea por un momento. Puedo decir que yo lo he experimentado, que he visto desaparecer el dolor durante el instante santo tanto en mí mismo como en un amigo que padecía dolor crónico. Estos instantes santos pueden prepararnos para experimentar una más profunda y duradera liberación de todo dolor, y liberar la alegría que ha estado acallada por nuestro dolor.

El dolor es una ilusión; el júbilo es real. El dolor es dormir; el júbilo, despertar. El dolor es un engaño; y sólo el júbilo es verdad. (10:3-6)




TEXTO


II. El mundo perdonado

 

1. ¡Imagínate cuán hermosos te parecerán todos aquellos a quie­nes hayas perdonado! 2En ninguna fantasía habrás visto nunca nada tan bello. 3Nada de lo que ves aquí, ya sea en sueños o des­pierto, puede compararse con semejante belleza. 4Y no habrá nada que valores tanto como esto ni nada que tengas en tanta estima. 5Nada que recuerdes que en alguna ocasión hiciera cantar a tu corazón de alegría te brindó ni una mínima parte de la felicidad que esta visión ha de brindarte. 6Pues gracias a ella podrás ver al Hijo de Dios. 
7Contemplarás la belleza que el Espíritu Santo adora contemplar, y por la que le da gracias al Padre. 8Él fue creado para ver esto por ti hasta que tú aprendas a verlo por tu cuenta. 9Y todas Sus enseñanzas conducen a esa visión y a dar gracias con Él 

2. Esta belleza no es una fantasía. 2Es el mundo real, resplande­ciente, puro y nuevo, en el que todo refulge bajo la luz del sol. 3No hay nada oculto aquí, pues todo ha sido perdonado y ya no que­dan fantasías que oculten la verdad. 4El puente entre ese mundo y éste es tan corto y tan fácil de cruzar, que nunca te hubieses podido imaginar que fuese el punto de encuentro de mundos tan dispares. 5Mas este corto puente es la cosa más poderosa conec­tada a este mundo. 6Este ínfimo paso, tan pequeño que ni siquiera has reparado en él, es un  salto que te lleva a través del tiempo hasta la eternidad, y te conduce más allá de toda fealdad hacia una belleza que te subyugará y que nunca cesará de maravillarte con su perfección.

3. Este paso, el más corto que jamás se haya dado, sigue siendo el mayor logro en el plan de Dios para la Expiación. 2Todo lo demás se aprende, pero esto es algo que se nos da, y que es completo en sí mismo y absolutamente perfecto. 3Nadie, excepto Aquel que planeó la salvación, podría completarlo tan perfectamente. 4El mundo real, en toda su belleza, es algo que se aprende a alcanzar. 5Todas las fantasías se desvanecen y nada ni nadie continúa siendo prisionero de ellas, y gracias a tu propio perdón ahora puedes ver. 6Lo que ves, sin embargo, es únicamente lo que inven­taste, excepto que ahora la bendición de tu perdón descansa sobre ello. 7Y con esta última bendición que el Hijo de Dios se da a sí mismo, la percepción real, nacida de la nueva perspectiva que ha aprendido, habrá cumplido su propósito.

4. Las estrellas se desvanecerán en la luz, y el sol que iluminó al mundo para que su belleza se pudiese apreciar desaparecerá. 2La percepción no tendrá razón de ser cuando haya sido perfeccio­nada, pues nada que haya sido utilizado para el aprendizaje ten­drá función alguna. 3Nada cambiará jamás; y las fluctuaciones y los matices, así como las diferencias y contrastes que hacían que la percepción fuese posible cesarán. 4La percepción del mundo real será tan fugaz que apenas tendrás tiempo de dar gracias a Dios por él. 5Pues una vez que hayas alcanzado el mundo real y estés listo para recibir a Dios, Él dará de inmediato el último paso.

5. El mundo real se alcanza simplemente mediante el completo perdón del viejo mundo, aquel que contemplas sin perdonar. 2El Gran Transformador de la percepción emprenderá contigo un examen minucioso de la mente que dio lugar a ese mundo, y te revelará las aparentes razones por las que lo construiste. 3A la luz de la auténtica razón que le caracteriza te darás cuenta, a medida que lo sigas, de que ese mundo está totalmente desprovisto de razón. 4Cada punto que Su razón toque florecerá con belleza, y lo que parecía feo en la oscuridad de tu falta de razón, se verá transformado de repente en algo hermoso. 5Ni siquiera lo que el Hijo de Dios inventó en su demencia podría no tener oculto den­tro de sí una chispa de belleza que la dulzura no pudiese liberar. 

6. Esta belleza brotará para bendecir todo cuanto veas, conforme contemples al mundo con los ojos del perdón. 2Pues el perdón transforma literalmente la visión, y te permite ver el mundo real alzarse por encima del caos y envolverlo dulce y calladamente, eliminando todas las ilusiones que habían tergiversado tu percepción y que la mantenían anclada en el pasado. 3La hoja más insignificante se convierte en algo maravilloso, y las briznas de hierba en símbolos de la perfección de Dios.

7. Desde el mundo perdonado el Hijo de Dios es elevado fácil­mente hasta su hogar. 2una vez en él sabrá que siempre había descansado allí en paz. 3Incluso la salvación se convertirá en un sueño y desaparecerá de su mente. 4Pues la salvación es el final de los sueños, y dejará de tener sentido cuando el sueño finalice. 5¿Y quién, una vez despierto en el Cielo, podría soñar que aún pueda haber necesidad de salvación?

8¿Cuánto deseas la salvación? 2Pues ella te dará el mundo real, el cual está esperando ansiosamente ese momento. 3Las ansias del Espíritu Santo por dártelo son tan intensas que Él no quisiera esperar, si bien espera pacientemente. 4Une Su paciencia a tu impaciencia para que tu encuentro con Él no se demore más. 5Ve gustosamente a encontrarte con tu Redentor, y con absoluta con­fianza abandona con Él este mundo y entra al mundo real de belleza y perdón.