LECCION DEL DIA

DESPERTAR AL AMOR

martes, 23 de julio de 2019

23 JULIO: SEXTO REPASO Repaso a las lecciones 184

AUDIOLIBRO


EJERCICIOS


LECCIÓN 204


No soy un cuerpo. Soy libre. 
Pues aún soy tal como Dios me creó.


1. (184) El Nombre de Dios es mi herencia.

2El Nombre de Dios me recuerda que yo soy Su Hijo; que no soy esclavo del tiempo; que no estoy sujeto a las leyes que gobiernan el mundo de las ilusiones enfermizas, y que soy libre en Dios y eternamente uno con Él.

3No soy un cuerpo. 4Soy libre.
5Pues aún soy tal como Dios me creó.




Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones para la práctica del Sexto Repaso

Comentario

Si llevo el Nombre de Dios, soy Su Hijo. Tengo la herencia de la familia de Dios, ¡y qué herencia! No soy hijo de moléculas de ADN al azar. No soy el resultado de la supervivencia de los más aptos en una batalla feroz por dominar en la vida. No soy el resultado de mi familia humana, de mi educación, de mis estudios, de mis fracasos, ni de mi civilización. Lo que soy lo he heredado de Dios Mismo.

Como Hijo de Dios, “no soy esclavo del tiempo” (1:2). No estoy limitado al corto tiempo de la vida de mi cuerpo en la tierra. No necesito muchos años de progreso para alcanzar mi herencia, ya es mía ahora. Tampoco soy el resultado de mi pasado. No tengo que temer al futuro. Estoy libre de todas las limitaciones que el tiempo pueda intentar imponerme.

“No estoy sujeto a las leyes que gobiernan el mundo de las ilusiones enfermizas” (1:2). Las leyes del tiempo, del espacio, de la economía, de la salud y de la nutrición, no me gobierna ninguna ley que piense que es fija y que no puede evitarse aquí. Soy Hijo de Dios. Soy espíritu. Soy “eternamente uno con Él” (1:2).







TEXTO


Capítulo 18



EL FINAL DEL SUEÑO



I. El substituto de la realidad


1. Sustituir es aceptar una cosa por otra. 2Sólo con que examina­ses exactamente lo que esto implica, percibirías de inmediato cuánto difiere del objetivo que el Espíritu Santo te ha dado y quiere alcanzar por ti. 3Substituir es elegir entre dos opciones, renunciando a un aspecto de la Filiación en favor de otro. 4Para este propósito especial, uno de ellos se juzga como más valioso y reemplaza al otro. 5La relación en la que la substitución tuvo lugar queda de este modo fragmentada, y, consecuentemente, su propósito queda dividido. 6Fragmentar es excluir, y la substitu­ción es la defensa más potente que el ego tiene para mantener vigente la separación.

2. El Espíritu Santo nunca utiliza substitutos. 2En cualquier situa­ción en la que el ego percibe a una persona como sustituto de otra, el Espíritu Santo sólo ve su unión e indivisibilidad. 3Él no elige entre ellas, pues sabe que son una sola. 4Al estar unidas, son una sola porque son lo mismo. 5La substitución es claramente un proceso en el que se perciben como si fuesen diferentes. 6El deseo del Espíritu Santo es unir, el del ego, separar. 7Nada puede inter­ponerse entre lo que Dios ha unido y el Espíritu Santo considera uno. 8Pero todo parece interponerse en las relaciones fragmenta­das que el ego patrocina a fin de destruirlas.

3. La única emoción en la que la substitución es imposible es el amor. 2El miedo, por definición, conlleva substitución, pues es el substituto del amor. 3El miedo es una emoción fragmentada y fragmentante. 4Parece adoptar muchas formas y cada una parece requerir el que uno actúe de modo diferente para poder obtener satisfacción. 5Si bien esto parece dar lugar a un comportamiento muy variable, un efecto mucho más serio reside en la percepción fragmentada de la que procede dicho comportamiento. 6No se considera a nadie como un ser completo. 7Se hace hincapié en el cuerpo, y se le da una importancia especial a ciertas partes de éste, las cuales se usan como baremo de comparación, ya sea para aceptar o para rechazar, y así expresar una forma especial de miedo.

4. Tú que crees que Dios es miedo tan sólo llevaste a cabo una sustitución. 2Ésta ha adoptado muchas formas porque fue la sustitución de la verdad por la ilusión, la de la plenitud por la fragmentación. 3Dicha sustitución a su vez ha sido tan desmenu­zada y subdividida, y dividida de nuevo una y otra vez, que ahora resulta casi imposible percibir que una vez fue una sola y que todavía sigue siendo lo que siempre fue. 4Ese único error, que llevó a la verdad a la ilusión, a lo infinito a lo temporal, y a la vida a la muerte, fue el único que jamás cometiste. 5Todo tu mundo se basa en él. 6Todo lo que ves lo refleja, y todas las relaciones espe­ciales que jamás entablaste proceden de él.

5. Tal vez te sorprenda oír cuán diferente es la realidad de eso que ves. 2No te das cuenta de la magnitud de ese único error. 3Fue tan inmenso y tan absolutamente increíble que de él no pudo sino sur­gir un mundo totalmente irreal. 4¿Qué otra cosa si no podía haber surgido de él? 5medida que empieces a examinar sus aspectos fragmentados te darás cuenta de que son bastante temibles. 6Pero nada que hayas visto puede ni remotamente empezar a mostrarte la enormidad del error original, el cual pareció expulsarte del Cielo, fragmentar el conocimiento convirtiéndolo en inútiles añi­cos de percepciones desunidas y forzarte a llevar a cabo más sus­tituciones.

6. Ésa fue la primera proyección del error al exterior. 2El mundo surgió para ocultarlo, y se convirtió en la pantalla sobre la que se proyectó, la cual se interpuso entre la verdad y tú. 3Pues la ver­dad se extiende hacia adentro, donde la idea de que es posible perder no tiene sentido y lo único que es concebible es un mayor aumento. 4¿Crees que es realmente extraño que de esa proyec­ción del error surgiese un mundo en el que todo está invertido y al revés? 5Eso fue inevitable. 6Pues si se llevase la verdad ante esto, ésta sólo podría permanecer recogida en calma, sin tomar parte en la absurda proyección mediante la cual este mundo fue construido. 7No llames pecado a esa proyección sino locura, pues eso es lo que fue y lo que sigue siendo. 8Tampoco la revistas de culpabilidad, pues la culpabilidad implica que realmente ocu­rrió. 9Pero sobre todo, no le tengas miedo.

7. Cuando te parezca ver alguna forma distorsionada del error original tratando de atemorizarte, di únicamente: "Dios es Amor y el miedo no forma parte de Él", y desaparecerá. 2La verdad te salvará, 3pues no te ha abandonado para irse al mundo demente y así apartarse de ti. 4En tu interior se encuentra la cordura; la demencia, fuera de ti. 5Pero tú crees que es al revés: que la verdad se encuentra afuera y el error y la culpabilidad adentro. 6Tus míseras e insensatas substituciones, trastocadas por la locura y formando torbellinos que se mueven sin rumbo cual plumas arrastradas por el viento, son insustanciales. 7Se funden, se jun­tan y se separan, de acuerdo con patrones cambiantes que no tienen sentido y que no tienen que ser juzgados en absoluto. 8No tiene objeto juzgarlos individualmente. 9Las insignificantes diferencias que en lo relativo a la forma parece haber entre ellas no son diferencias reales en absoluto. 10Ninguna de tus sustitucio­nes tiene importancia. 11Eso es lo único que tienen en común, nada más. 12Sin embargo, ¿qué otra cosa es necesaria para hacer que todas sean lo mismo?

8Deja que se las lleve el viento, formando torbellinos y dando tumbos hasta que se pierdan de vista, lejos, muy lejos de ti. 2vuélvete hacia la majestuosa calma interna, donde en santa quie­tud mora el Dios viviente que nunca abandonaste y que nunca te abandonó. 3El Espíritu Santo te lleva dulcemente de la mano, y desanda contigo el camino recorrido en el absurdo viaje que emprendiste fuera de ti mismo, conduciéndote con gran amor de vuelta a la verdad y a la seguridad de tu interior. 4Él lleva ante la verdad todas tus dementes proyecciones y todas tus descabella­das sustituciones, las cuales ubicaste fuera de ti. 5Así es como Él invierte el curso de la demencia y te devuelve a la razón.

9. En tu relación con tu hermano, donde el Espíritu Santo se ha hecho cargo de todo a petición tuya; Él ha fijado el rumbo hacia adentro, hacia la verdad que compartís. 2En el demente mundo de afuera nada se puede compartir, sino únicamente sustituir. aEn la realidad, compartir y sustituir no tienen absolutamente nada en común. 3Dentro de ti amas a tu hermano con un amor perfecto. 4Ésa es tierra santa en la que ninguna sustitución puede tener lugar y donde sólo la verdad de tu hermano puede morar. 5Ahí estáis unidos en Dios, tan unidos como lo estáis con Él. 6El error original jamás llegó hasta ahí, ni lo hará jamás. 7Ahí reside la ver­dad radiante, a la que el Espíritu Santo ha confiado tu relación. 8Deja que Él la lleve ahí, donde tú quieres que esté. 9Ofrécele un poco de fe en tu hermano, para ayudarle a que te muestre que ningún sustituto del Cielo que hayas inventado puede excluirte de éste. 

10En ti no hay separación, y no hay sustituto que pueda mante­nerte separado de tu hermano. 2Tu realidad fue la creación de Dios, la cual no tiene sustituto. 3Estáis tan firmemente unidos en la verdad, que sólo Dios mora allí. 4Él jamás aceptaría otra cosa en lugar de vosotros. 5Él os ama a los dos por igual y cual uno solo. 6tal como Él os ama, así sois. 7Nosotros no estáis unidos en ilusiones, sino en un Pensamiento tan santo y tan perfecto que las ilusiones no pueden permanecer allí para mancillar el santo lugar donde os encontráis unidos. 8Dios está contigo, hermano mío. 9Unámonos en Él en paz y con gratitud, y aceptemos Su regalo como nuestra más santa y perfecta realidad, la cual compartimos con Él.

11. El Cielo le es restituido a toda la Filiación a través de tu rela­ción, pues en ella reside la Filiación, íntegra y hermosa, y a salvo en tu amor. 2El Cielo ha entrado silenciosamente, pues todas las ilusiones han sido llevadas dulcemente ante la verdad en ti, y el amor ha refulgido sobre ti, bendiciendo tu relación con la ver­dad. 3Dios y toda Su creación han entrado a formar parte de ella juntos. 4¡Cuán santa y hermosa es vuestra relación, la cual la ver­dad ilumina! 5El Cielo la contempla y se regocija de que lo hayas dejado venir a ti. 6Y Dios Mismo se alegra de que tu relación siga siendo tal como fue creada. 7El universo que se encuentra dentro de ti se une a ti junto con tu hermano. 8Y el Cielo contempla con amor aquello que está unido en él, junto con su Creador.

12. Aquel a quien Dios ha llamado no debe prestar oídos a ningún substituto. 2La llamada de los sustitutos no es más que el eco del error original que fragmentó el Cielo. 3¿Y qué fue de la paz de los que prestaron oídos a dicha llamada? 4Regresa conmigo al Cielo, y caminando junto con tu hermano ve a otro mundo más allá de éste, hasta llegar a la belleza y alegría que ese otro mundo te ofrece. 5¿Quieres debilitar y fragmentar aún más lo que ya se encuentra fragmentado y sin esperanzas? 6¿Es ahí donde busca­rías la felicidad? 7¿No preferirías acaso reparar lo que ha sido quebrantado y unirte a la cruzada para devolverle la plenitud a lo que fue asolado por la separación y la enfermedad?


13. Has sido llamado, junto con tu hermano, a la más santa fun­ción que este mundo puede ofrecer. 2Ésa es la única función que no tiene límites, y que llega hasta cada uno de los fragmentos de la Filiación cual auxilio sanador y unificador. 3Esto es lo que se te ofrece en tu relación santa. 4Acéptalo ahora, y lo darás tal como lo has recibido. 5La paz de Dios se te da con el luminoso propósito en el que te unes a tu hermano. 6La santa luz que os unió tiene que extenderse, de la misma forma en que la aceptasteis.


lunes, 22 de julio de 2019

22 JULIO: SEXTO REPASO Repaso a las lecciones 183

AUDIOLIBRO


EJERCICIOS


LECCIÓN 203


No soy un cuerpo. Soy libre.
Pues aún soy tal como Dios me creó.



1. (183) Invoco el Nombre de Dios y el mío propio.

2El Nombre de Dios es mi liberación de todo pensamiento de maldad y de pecado porque es mi nombre, así como el de Él.

3No soy un cuerpo. 4Soy libre.
5Pues aún soy tal como Dios me creó.




Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones para la práctica del Sexto Repaso

Comentario

“Invocar el Nombre de Dios” no es repetir simplemente una palabra, sino extenderme desde dentro de mí mismo, afirmando mi unión con mi Fuente. Invocar Su Nombre significa recordarme a mí mismo mi unión con Dios. “Es mi nombre, así como el de Él” (1:2). En cierto sentido, se parece al modo en que los soldados en una batalla gritan el nombre de su rey, o al modo en que los seguidores de un equipo de fútbol gritan el nombre de su equipo favorito en un partido. Es un medio de identificación, una afirmación de solidaridad y unidad.

Sin embargo, es mucho más que cualquier cosa con la que podamos compararlo en este mundo, porque el Nombre de Dios es mi nombre en un sentido mucho más profundo que la simple identificación emocional. Yo soy la extensión de Dios. Lo que Él es, yo lo soy también. Yo estoy creado de la esencia de Dios. “Aún soy tal como Dios me creó” (1:5). Afirmo esto cada vez que invoco Su Nombre.

Invocar el Nombre de Dios es recordarme a mí mismo que el otro nombre y el otro ser con el que generalmente me identifico no es lo que yo soy. “No soy un cuerpo” (1:3). En medio de la agitación y de las ocupaciones diarias, cuando invoco este Nombre, se me libera “de todo pensamiento de maldad y de pecado” (1:2). Cuando me siento limitado o aprisionado, puedo volver a descubrir mi libertad invocando Su Nombre. Al hacerlo, recuerdo que no soy un cuerpo, que soy libre.

Cuando me siente en quietud hoy, que me abra a la experiencia de Dios. Que me dé cuenta de ese inmenso Amor sin límites. Que me sumerja en Su paz sin límites. Que sea llevado dentro de Su alegría. Y mientras lo hago, que recuerde que todo lo que experimento de Dios, ESO SOY YO. Que también invoque mi propio nombre. Al recordar a Dios, que recuerde: “Esto soy yo”.




TEXTO

VIII. Las condiciones de la paz

 

1. El instante santo no es más que un caso especial, un ejemplo extremo, de lo que toda situación debería ser. 2El significado que el propósito del Espíritu Santo le ha dado al instante santo, se le da también a toda situación. 3El instante santo suscita la misma suspensión de falta de fe -que se rechaza y no se utiliza- para que la fe pueda responder a la llamada de la verdad. 4El instante santo es el ejemplo supremo, la demostración clara e inequívoca del significado de toda relación y de toda situación cuando se ven como un todo. 5La fe ha aceptado todos los aspectos de la situa­ción, y la falta de fe no ha impuesto el que nada se vea excluido de ella. 6Es una situación de perfecta paz, debido simplemente a que la has dejado ser lo que es.

2. Esta simple cortesía es todo lo que el Espíritu Santo te pide: 2que dejes que la verdad sea lo que es. 3No intervengas, no la ataques, ni interrumpas su llegada. 4Deja que envuelva cada situación y que te brinde paz. 5Ni siquiera se te pide que tengas fe, pues la verdad no pide nada. 6Déjala entrar, y ella invocará la fe que necesitas para gozar de paz, y se asegurará de que dispongas de ella. 7Pero no te alces contra ella, pues no puede hacer acto de presencia si te opones a ella.

3. ¿No desearías hacer de toda situación un instante santo? 2Pues tal es el regalo de la fe, que se da libremente dondequiera que la falta de fe se deja a un lado sin usar. 3El poder del propósito del Espíritu Santo puede usarse entonces en su lugar. 4Este poder transforma instantáneamente todas las situaciones en el único medio, seguro y continuo, de establecer Su propósito y de demostrar su realidad. 5Lo que se ha demostrado ha requerido fe, y ésta ha sido concedida. 6Ahora se convierte en un hecho, del que ya no se puede retirar la fe. 7La tensión que conlleva negarle la fe a la verdad es enorme y mucho mayor de lo que te imaginas. 8Pero responder a la verdad con fe no entraña tensión alguna. 

4. Para ti, que has respondido a la llamada de tu Redentor, la ten­sión que conlleva no responder a Su llamada parece ser mayor que antes. 2Pero no es así. 3La resistencia siempre estuvo ahí, pero se la atribuías a otra cosa, creyendo que era esa "otra cosa" la que la producía. 4Mas eso nunca fue verdad. 5Pues lo que esa "otra cosa" producía era pesar y depresión, enfermedad y dolor, tinie­blas y vagas imaginaciones de terror, escalofriantes fantasías de miedo y abrasadores sueños infernales. 6todo ello no era más que la intolerable tensión que se producía al negarte a depositar tu fe en la verdad y a ver su evidente realidad.

5. Tal fue la crucifixión del Hijo de Dios. 2Su falta de fe le oca­sionó todo eso. 3Piénsalo muy bien antes de permitirte usar tu falta de fe contra él. 4Pues él ha resucitado, y tú has aceptado la Causa de su despertar como tu propia causa. 5Has asumido el papel que te corresponde en su redención, y ahora eres completamente responsable por él. 6No le falles ahora, pues te ha sido dado comprender lo que tu falta de fe en él te ocasiona. 7Su salva­ción es tu único propósito. 8Ve sólo esto en toda situación, y cada una de ellas se convertirá en un medio de brindarte sólo eso. 

6. Cuando aceptaste la verdad como el objetivo de tu relación, te convertiste en un dador de paz tan irremediablemente como que tu Padre te dio paz. 2Pues el objetivo de la paz no se puede aceptar sin sus condiciones, y tú tuviste que haber tenido fe en dicho objetivo, pues nadie acepta lo que no cree que es real. 3Tu propósito no ha cambiado ni cambiará jamás, pues aceptaste lo que nunca puede cambiar. 4Y ahora no le puedes negar nada que necesite para ser eternamente inmutable. 5Tu liberación es segura. 6Da tal como has recibido. 7Y demuestra que te has elevado muy por encima de cualquier situación que pudiese detenerte y mantenerte separado de Aquel Cuya llamada contestaste.






domingo, 21 de julio de 2019

21 JULIO: SEXTO REPASO Repaso a las lecciones 182

AUDIOLIBRO


EJERCICIOS


LECCIÓN 202


No soy un cuerpo. Soy libre.
Pues aún soy tal como Dios me creó.


1. (182) Permaneceré muy quedo por un instante e iré a mi hogar.

2¿Por qué habría de elegir quedarme un solo instante más donde no me corresponde estar, cuando Dios Mismo me ha dado Su Voz, la cual me exhorta a retornar a mi hogar?

3No soy un cuerpo. 4Soy libre.
5Pues aún soy tal como Dios me creó.



Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones para la práctica del Sexto Repaso

Comentario

Justo ahora, en este mismo instante, y en cada instante de este día, tengo la posibilidad de aquietarme, de acallar mi mente, y de ir al hogar en el Cielo. El Cielo está aquí. El Cielo es ahora. No hay otro momento ni otro lugar.

Este mundo de agitación no es mi hogar, mi hogar está en la paz. Este mundo de sufrimiento no es mi hogar, mi hogar está en la felicidad. Este mundo de odio no es mi hogar, mi hogar está en el amor. Este cuerpo no es mi hogar, mi hogar está en Dios.

La Voz de Dios me llama constantemente para que vaya a mi hogar, y puedo hacerlo en cualquier momento en que elija hacerlo. ¡Qué agradecido me siento hoy por esta llamada interior! ¡Qué agradecido me siento de que, no importa a donde vaya, no importa lo que haga, esta Voz siempre está conmigo, llamándome al hogar!

Cuando oigo esta Voz, ¿por qué voy a elegir quedarme un instante más donde no estoy en mi hogar? Todas las razones que se me pudieran ocurrir, desaparecen en la nada, cuando me doy cuenta de la dulce y tierna llamada de Su Voz. Quiero recordarla ahora, y en cada momento de este día. “Permaneceré muy quedo por un instante e iré a mi hogar”.