LECCION DEL DIA

DESPERTAR AL AMOR

martes, 11 de diciembre de 2018

11 DICIEMBRE: Hoy sólo ofrezco milagros, pues quiero que retornen a mí.

AUDIOLIBRO



EJERCICIOS


LECCIÓN 345


Hoy sólo ofrezco milagros, pues quiero que retornen a mí.


1. Padre, todo milagro es un reflejo de los regalos que me haces a mí, Tu Hijo. 2Y cada uno que concedo retorna a mí, recordándome que la ley del amor, es universal. 3Incluso aquí dicha ley se manifiesta en una forma que se puede reconocer, y cuya eficacia puede verificarse. 4Los milagros que concedo se me devuelven en la forma que más me puede ayudar con los problemas que percibo. 5Padre, en el Cielo es diferente, pues allí no hay necesidades. 6Pero aquí en la tierra, el milagro se parece más a tus regalos que cualquier otro regalo que yo pueda hacer. 7Así pues, déjame hoy hacer solamente este regalo, que al haber nacido del verdadero per­dón, ilumina el camino que debo recorrer para poder recordarte.

2. Que la paz sea con todos los corazones que la buscan. 2La luz ha venido a ofrecer milagros para bendecir a este mundo exhausto. 3Éste hallará descanso hoy, pues nosotros ofreceremos lo que hemos recibido



Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones para la práctica en las instrucciones de la Segunda Parte del Libro de Ejercicios, o en la Tarjeta de Práctica de este libro.

Comentario

El pensamiento básico es parecido al de ayer: lo que doy me vuelve. Al darme cuenta de que esto es así, decido al comienzo del día, y al comienzo de todos los días, ofrecer sólo lo que quiero. Milagros. Dar un milagro significa ver más allá de las ilusiones de mis hermanos, y contemplarlos como verdaderamente son: creaciones de Dios. Significa no aceptar ni apoyar la imagen que mi hermano tiene de sí mismo como un ego limitado, un pequeño trozo de mente atrapada en un cuerpo. En lugar de eso, le veo como un ser de espíritu sin límites, espléndido de gloria. En el Capítulo 8 del Texto se nos dice.

Mas cuando ves a un hermano como una entidad física "pierdes" su poder y su gloria así como los tuyos… No dejes que él se menosprecie a sí mismo en tu mente, sino libéralo de su creencia de que es insignificante y así te liberarás tú de la tuya. (T.8.VII.5:3,5:6)

Eso es dar un milagro. Negarme a ver a mi hermano de la manera limitada en que él se ve a sí mismo, y ver al Cristo en él, por él. Así el milagro nos bendice a mi hermano y a mí, pues cuando mi mente sana de las ilusiones, se extiende a él, llevando luz a su mente. Le doy la oportunidad de verse a sí mismo tal como Dios le ve.

La ley del amor es universal. Incluso aquí dicha ley se manifiesta en una forma que se puede reconocer, y cuya eficacia puede verificarse. (1:2-3)

La ley del amor se expuso ayer: “que lo que doy a mi hermano es el regalo que me hago a mí mismo”. La forma en que esta ley se manifiesta aquí es algo que puedo reconocer. No es algo abstracto (sólo una idea), toma forma y se convierte en algo concreto. Cuando ofrezco milagros a los que me rodean, vuelven a mí, no en la misma forma en que los ofrecí sino en la forma que yo necesito para satisfacer mis necesidades tal como yo las veo (1:4). En el Cielo no hay necesidades (1:5); pero aquí en la tierra veo necesidades y la ley del amor se adapta a lo que yo veo (1:6).

Puedo ofrecer un milagro con un profundo acto de perdón, o a uno que pasa a mi lado puedo ofrecerle un milagro con una sonrisa que le dice: “Eres digno de ser amado”. Ofrezco un milagro con cada gesto de amabilidad, con cada gesto de cortesía, con cada muestra de respeto, o con cada acto bondadoso. Sea cual sea la forma, si el contenido del mensaje es: “Eres digno de ser amado. Eres valioso. Eres inocente”, he ofrecido un milagro, y me volverá.

Padre, que elija empezar el día firmemente decidido a ofrecer únicamente milagros a los que me rodean. Que diga desde lo más profundo de mi corazón:

Que la paz sea con todos los corazones que la buscan. La luz ha venido a ofrecer milagros para bendecir a este mundo exhausto. (2:1-2)

Y antes de que entre hoy en el ajetreo, voy a detenerme unos minutos y los pasaré ofreciendo paz a todos los corazones que la buscan y en quienes piense. Ese esfuerzo no se pierde nunca, y recibiré lo que estoy dispuesto a dar.


¿Qué es un milagro? (Parte 5)

L.pII.13.3:1-3

El perdón es la morada de los milagros. Los ojos de Cristo se los ofrecen a todos los que Él contempla con misericordia y con amor. La percepción queda corregida ante Su vista, y aquello cuyo propósito era maldecir tiene ahora el de bendecir. (3:1-3)

Un milagro corrige la percepción, y los milagros están en el perdón. Cuando miramos con los ojos de Cristo, miramos con misericordia y con amor, miramos con perdón. Y entonces, “repartimos” milagros a todos los que contemplamos con esa percepción corregida. No es sólo que algo cambia en nuestra mente o que nuestra percepción se vea afectada, algo se transmite o “llega” de nosotros a aquellos a los que contemplamos. Aquí, y en muchos lugares del Curso, un milagro parece tener un aspecto en el que algo pasa de mi mente perdonadora a otras mentes. Se dice que los milagros son “interpersonales” (T.1.II.1:4). Cuando acepto el perdón en mi mente, para mí mismo o para otro, se extiende a otros. Ciertamente, extenderlo es el modo en que lo acepto:

Los milagros son expresiones naturales de perdón. Por medio de los milagros aceptas el perdón de Dios al extendérselo a otros. (T.1.I.21:1-2)

La frase “aquello cuyo propósito era maldecir tiene ahora el de bendecir”, me recuerda la historia de la Biblia acerca de José y sus hermanos. Debido a que era el favorito de su padre, sus hermanos le vendieron como esclavo para Egipto, pues estaban celosos de él Pero debido a su habilidad para interpretar los sueños del faraón, José alcanzó un gran poder en Egipto. Años más tarde durante una época de hambre, su familia vino a Egipto buscando comida, y José era el hombre que estaba al mando de las provisiones de comida. En lugar de vengarse de ellos, José les dijo:

Para salvar vidas Dios me envió delante de vosotros… O sea que no fuisteis vosotros los que me enviasteis acá, sino Dios. (Génesis 45:5, :8)

Aunque vosotros pensasteis hacerme daño, Dios lo pensó para bien. (Génesis 50:20)

Cuando hemos recibido el perdón en nuestros corazones, podremos ver bendiciones en lugar de acciones que otros hacen para perjudicarnos. “Aquello cuyo propósito era maldecir tiene ahora el de bendecir”. Encontramos eso cuando el Texto dice:

Debes estarle agradecido tanto por sus pensamientos de amor como por sus peticiones de ayuda, pues ambas cosas, si las percibes correctamente, son capaces de traer amor a tu conciencia. (T.12.I.6:2)

Y ciertamente, ese tipo de percepción es un milagro.





TEXTO

 

IV. La verdad que yace tras las ilusiones



1. Atacarás lo que no te satisfaga, y así, no te darás cuenta de que fuiste tú mismo quien lo inventó. 2Tu batalla es siempre con las ilusiones. 3Pues la verdad que yace tras ellas es tan hermosa y tan serena en su amorosa dulzura, que si fueses consciente de ella te olvidarías por completo de tus defensas y te apresurarías a echarte en sus brazos. 4La verdad jamás puede ser atacada. 5tú sabías esto cuando inventaste los ídolos. 6Los concebiste precisa­mente para olvidarte de este hecho. 7Lo único que atacas son las ideas falsas, nunca las verdaderas. 8Los ídolos son todas las ideas que concebiste para llenar la brecha que tú crees se formó entre lo que es verdad y tú. 9Y las atacas por lo que crees que ellas representan 10Pero lo que yace tras ellas no puede ser atacado.

2. Los dioses que inventaste -opresores e incapaces de satisfa­certe- son como juguetes infantiles descomunales. 2Un niño se asusta cuando una cabeza de madera salta de una caja de resorte al ésta abrirse repentinamente, o cuando un oso de felpa, suave y silencioso, emite sonidos al él apretarlo. 3Las reglas que él había establecido para las cajas de resorte y para los osos de felpa le han fallado y le han hecho perder el "control" de lo que le rodea. 4Ahora tiene miedo, pues pensó que las reglas lo protegían. 5Ahora tiene que aprender que las cajas y los osos no lo engaña­ron, ni violaron ninguna regla, y que lo ocurrido no quiere decir que su mundo se haya vuelto caótico y peligroso. 6Es él quien estaba equivocado. 7No comprendió bien qué era lo que lo man­tenía a salvo y pensó que eso lo había abandonado.

3. La inexistente brecha se encuentra repleta de juguetes de innu­merables formas. 2Cada uno de ellos parece violar las reglas que estableciste para él. 3Sin embargo, ninguno de ellos fue jamás lo que tú pensabas que era. 4Y así, no pueden sino dar la impresión de que violan las reglas de seguridad que estableciste, toda vez que éstas son falsas. 5Mas tú no estás en peligro. 6Puedes reírte de los muñecos que saltan de cajas de resorte y de los juguetes que emiten sonidos, de la misma manera en que lo hace el niño que ya ha aprendido que no suponen ningún peligro para él. 7Sin embargo, mientras le guste jugar con ellos, seguirá percibiéndo­los como si respetaran las reglas que él estableció para su propio deleite. 8Por lo tanto, todavía habrá reglas que dichos juguetes parecerán violar y como consecuencia de ello él se asustará. 9Mas ¿está él realmente a merced de sus juguetes? 10¿Y pueden éstos realmente suponer una amenaza para él?

4. La realidad obedece las leyes de Dios y no las reglas que tú mismo estableces. 2Son Sus leyes las que garantizan tu seguridad. 3Las ilusiones que creas con respecto a ti no obedecen ninguna ley. 4Parecen danzar por un rato, al compás de las leyes que tú promulgaste para ellas. 5Mas luego se desploman para no levan­tarse más. 6No son más que juguetes, hijo mío, de modo que no lamentes su pérdida. 6Su danza jamás te brindó felicidad alguna, 8pero tampoco eran cosas que pudiesen asustarte o mantenerte a salvo si respetaban tus reglas. 9Las ilusiones no deben ni apre­ciarse ni atacarse, sino que simplemente se deben considerar como juguetes infantiles, sin ningún significado intrínseco. 10Ve significado en una sola de ellas, y lo verás en todas. 11No veas significado en ninguna, y no podrán afectarte en absoluto.

5. Las apariencias engañan precisamente porque son apariencias y no la realidad. 2No les prestes atención sea cual sea la forma que adopten. 3Lo único que hacen es distorsionar la realidad y produ­cir temor, debido a que ocultan la verdad. 4No ataques lo que tú mismo hiciste a fin de ser engañado, pues eso demostraría que has sido engañado. 5El ataque tiene el poder de hacer que las ilusiones parezcan reales. Mas en realidad no hace nada. 7¿Quién podría tener miedo de un poder que no tiene efectos reales? 8¿Qué podría ser dicho poder, sino una ilusión que hace que las cosas parezcan ser como él mismo? 9Observa calmada­mente sus juguetes, y comprende que no son más que ídolos que no hacen sino danzar al compás de vanos deseos. 10No los vene­res, pues no existen. 11Cuando atacas, no obstante, te olvidas de esto. 12El Hijo de Dios no necesita defenderse de sus sueños. 13Sus ídolos no suponen ninguna amenaza para él. 14El único error que comete es creer que son reales. 15Mas ¿hay algo que las ilusiones puedan lograr?

6. Lo único que las apariencias pueden hacer es engañar a la mente que desea ser engañada. Mas tú puedes tomar una deci­sión muy simple que te situará por siempre más allá del engaño. 3No te preocupes por cómo se va a lograr esto, pues eso no es algo que puedas entender. 4Pero sí verás los grandes cambios que se producirán de inmediato, una vez que hayas tomado esta sim­ple decisión: que no deseas lo que crees que un ídolo te puede dar. 5Pues así es como el Hijo de Dios declara que se ha liberado de todos ellos. 6Y, por lo tanto, es libre.

7. ¡Qué paradójica es la salvación! 2¿Qué otra cosa podría ser, sino un sueño feliz? Lo único que te pide es que perdones todas las cosas que nadie jamás hizo, que pases por alto lo que no existe y que no veas lo ilusorio como si fuese real. 4Se te pide únicamente que permitas que se haga tu voluntad y que dejes de buscar las cosas que ya no deseas. 5se te pide también que permitas que se te libere de los sueños de lo que nunca fuiste y desistas de tu empeño de querer sustituir la Voluntad de Dios por la fuerza de los deseos vanos.

8. Llegado este punto, el sueño de separación empieza a desvane­cerse y a desaparecer. 2Pues aquí la brecha inexistente comienza a percibirse libre de los juguetes de terror que tú inventaste. 3Esto es lo único que se te pide. 4Alégrate en verdad de que la salvación no pida mucho, sino de que pida tan poco. 5En realidad no pide nada. 6Y aun en las ilusiones sólo pide que el perdón sea el substi­tuto del miedo. 7Ésa es la única regla para tener sueños felices. 8La brecha se vacía de todos los juguetes de temor, poniéndose así de manifiesto su irrealidad. 9Los sueños no sirven para nada, 10el Hijo de Dios no tiene ninguna necesidad de ellos. 11No le ofrecen ni una sola cosa que él pudiera jamás desear. 12El Hijo de Dios se libera de las ilusiones por su propia voluntad y simplemente se le restaura a lo que él es. 13¿Qué podría ser el plan de Dios para su salvación, sino un medio para darse a Sí Mismo Su Hijo?












lunes, 10 de diciembre de 2018

10 DICIEMBRE: Hoy aprendo la ley del amor: que lo que le doy a mi hermano es el regalo que me hago a mí mismo.

AUDIOLIBRO



EJERCICIOS


LECCIÓN 344


Hoy aprendo la ley del amor: que lo que le doy a mi hermano es el regalo que me hago a mí mismo.


1. Ésa es Tu ley, Padre mío, no la mía. 2Al no comprender lo que signifi­caba dar, procuré quedarme con lo que deseaba sólo para mí. 3Y cuando contemplé el tesoro que creía tener, encontré un lugar vacío en el que nunca hubo nada, en el no hay nada ahora y en el que nada habrá jamás. 4¿Quién puede compartir un sueño? 5¿Y qué puede ofrecerme una ilu­sión? 6Pero aquel a quien perdone me agasajará con regalos mucho más valiosos que cualquier cosa que haya en la tierra. 7Permite que mis her­manos redimidos llenen mis arcas con los tesoros del Cielo, que son los únicos que son reales. 8Así se cumple la ley del amor. 9Y así es como Tu Hijo se eleva y regresa a Ti.

2. ¡Qué cerca nos encontramos unos de otros en nuestro camino hacia Dios! 2¡Qué cerca está Él de nosotros! 3¡Qué cerca el final del sueño del pecado y la redención del Hijo de Dios!



Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones para la práctica en las instrucciones de la Segunda Parte del Libro de Ejercicios, o en la Tarjeta de Práctica de este libro.

Comentario

¿Y si nos diéramos cuenta de que lo que damos a otros es lo que nos quedará al final? ¿Y si reconociéramos que todo lo que intentamos conservar sólo para nosotros se perderá? ¿Cómo cambiaría eso el modo en que vivimos?

La lección se refiere a nuestros regalos de amor y perdón más que a algo físico, aunque lo físico a menudo representa ese amor. “Pero aquel a quien perdone me agasajará con regalos mucho más valiosos que cualquier cosa que haya en la tierra” (1:6). El Curso nos enseña que todo es una idea; y las ideas cuando se dan, únicamente aumentan, no perdemos nada al darlas. Por otra parte, cuando intentamos guardar nuestro cariño para nosotros solos, terminamos con las manos vacías: “Y cuando contemplé el tesoro que creía tener, encontré un lugar vacío en el que nunca hubo nada, en el no hay nada ahora y en el que nada habrá jamás” (1:3). Únicamente lo que se comparte es real porque únicamente la Unidad es la realidad, y la separación es ilusoria. No podemos tener algo sólo para nosotros porque no estamos solos.

¿Cómo nos elevamos y regresamos a Dios?” (1:9). Perdonando a nuestros hermanos (1:6-8). Cada uno de los que perdono llena “mis arcas con los tesoros del Cielo, que son los únicos que son reales” (1:7). Hay un corto poema que aprendí hace años en la época de mi fundamentalismo cristiano que dice:

Sólo una vida, que pronto habrá terminado,
Sólo lo que se Le da a Cristo durará.

Sólo el amor es real. Sólo el amor es eterno.

¡Qué cerca nos encontramos unos de otros en nuestro camino hacia Dios! ¡Qué cerca está Él de nosotros! ¡Qué cerca el final del sueño del pecado y la redención del Hijo de Dios! (2:1-3)

No creo que todavía tenemos una idea de lo estrechamente que estamos unidos unos a otros, o de lo cerca que estamos unos de otros. Cada vez que eliges escuchar la Voz de Dios en lugar de la del ego, por muy poco que sea, me ayudas en mi camino a Dios. Cada vez que abro los ojos a la visión de Cristo, tú ves un poco mejor. Tú y yo y todos nosotros somos realmente uno. Como dice la Lección 19: “No soy el único que experimenta los efectos de mis pensamientos”. Si hoy estoy dispuesto a ver a otro como completo, le ayudo en el camino a Dios al recordarle Quien es realmente, y literalmente me he ayudado a mí mismo del mismo modo porque nuestras mentes están unidas. ¡Cuántas oportunidades nos esperan a cada uno de nosotros hoy! ¡Qué impaciente estoy de extender el perdón por todo el mundo!


¿Qué es un milagro? (Parte 4)

L.pII.13.2:3-5

El milagro invierte la percepción que antes estaba al revés, y de esa manera pone fin a las extrañas distorsiones que ésta manifestaba. (2:3)

Las percepciones que hemos aprendido del ego están al revés, y un milagro invierte esas percepciones y las pone bien de nuevo. Tal vez ésta es una referencia de cómo funciona la vista física. En la vista física, la imagen proyectada por la lente de nuestros ojos está verdaderamente al revés. La mente literalmente aprende a ver la imagen invertida como si estuviera al derecho. En un experimento a las personas se les daban gafas que invertían la imagen, de modo que en la retina aparecía del derecho, la gente veía todo como si estuviera al revés. Sin embargo, después de varios días la mente se adaptaba y veía todo de nuevo del modo correcto. Cuando les quitaron las gafas, ¡la gente veía entonces las cosas como si estuvieran del revés!

Por ejemplo, la percepción de que lo que doy, lo pierdo, está completamente al revés; la verdadera percepción me muestra que lo que doy, lo conservo. Percibimos lo que es falso, pero nuestra mente ha aprendido a interpretarlo como la verdad. Vemos ilusiones y pensamos que son reales, creemos que la realidad es ilusoria. Tenemos miedo al amor, y amamos el miedo. Pensamos que la culpa es buena, y que la inocencia es culpabilidad. Un milagro invierte todo esto, corrige nuestra percepción, invirtiendo nuestra comprensión. El cambio en la percepción es lo que acaba con la distorsión (deformación) en lo que se está manifestando (es decir, lo que estamos viendo en la forma).

“Ahora la percepción se ha vuelto receptiva a la verdad” (2:4). Cuando el milagro invierte mi percepción y pone fin a la deformación, puedo percibir la verdad (o su reflejo con exactitud). Mientras no se corrija la percepción, la verdad no puede entrar.

“Ahora puede verse que el perdón está justificado” (2:5). Ésta es quizá la inversión más total de todas. Una de las ideas más firmes del Curso es que el perdón está justificado. Si pensamos en el perdón desde el punto de vista del ego, lo vemos como librar a alguien del castigo sin ninguna razón, “fruto de la bondad de nuestro corazón”. El Curso dice que tenemos todas las razones para perdonar. Está totalmente justificado (T.30.VI.2:1). Lo que no está justificado es el juicio, la condena y la ira (T.30.VI.1:1). Esto es algo que no puede aprenderse a través de la lógica (aunque es completamente lógico). Cuando vemos nuestra condena a alguien como justa, así es como lo vemos. No sirve de nada que intentemos razonar nosotros para verlo de manera diferente, no funciona. Tampoco podemos “obligarnos” a nosotros mismos a hacerlo. Si intentamos forzarnos a “perdonar” mientras seguimos viendo culpa, nos sentimos como si no fuéramos honestos con nosotros mismos.


Cuando Le entregas tu percepción al Espíritu Santo y Le pides ver tal como Él ve, Él te da Su percepción. Simplemente aparece en la mente. Literalmente ya no ves ninguna razón para condenar, y sí todas las razones para dar amor. Tu ira, perfectamente justificada hace un momento, ahora ya no existe. Es como el cambio que ocurre cuando miras al dibujo de un Ojo Mágico (donde una imagen de tres dimensiones se esconde en una de dos dimensiones) o una ilusión óptica. Lo estás mirando sólo por un lado, de repente lo miras por el otro. Y cuando lo miras por un lado, no puedes verlo por el otro. Así es el milagro. Invierte tu percepción. Estabas viendo un lado, ahora ves el otro. No puedes hacer que “suceda”, pero cuando sucede, lo sabes.




TEXTO


III. Más allá de todo ídolo


1. Los ídolos son algo muy concreto. 2Mas tu voluntad es univer­sal, puesto que es ilimitada. 3Y así, no tiene forma, ni su contenido se puede expresar en función de la forma. 4Los ídolos son límites. 5Representan la creencia de que hay ciertas formas que pueden brindar felicidad, y de que, limitando, se consigue todo. 6Es como si dijeras: "No tengo necesidad de todo. 7Lo único que quiero es este trocito, y para mí será como si fuese todo". 8Y esto no puede sino dejarte insatisfecho porque tu voluntad es que todo sea tuyo. 9Decídete en favor de los ídolos y estarás buscando perder. 10Decídete por la verdad y todo será tuyo.

2. No es la forma en sí lo que andas buscando. 2¿Qué forma puede ser un sustituto del Amor de Dios el Padre? 3¿Qué forma puede ocupar el lugar de todo el amor que reside en la Divinidad de Dios el Hijo? 4¿Qué ídolo puede dividir en dos lo que es eterna­mente uno? 5¿Y se podría acaso limitar lo que es ilimitado? 6Tú no deseas ningún ídolo, 7pues ésa no es tu voluntad. 8Ningún ídolo puede concederte el regalo que buscas. 9Cuando decides qué forma debe tener lo que quieres, dejas de entender su propósito. 10de ese modo, ves tu voluntad en el ídolo, reduciéndola así a una forma concreta. 11Mas eso nunca podrá ser tu voluntad por­que lo que comparte toda la creación no puede contentarse con ideas triviales o con cosas insignificantes.

3. Tras la búsqueda de todo ídolo yace el anhelo de compleción. 2Lo pleno no tiene forma porque es ilimitado. 3Buscar una per­sona o una cosa especial para añadir, a lo que tú eres y así alcan­zar tu compleción, sólo puede querer decir que crees que te falta algo que una forma puede proporcionarte. 4Y que al encontrarla, alcanzarás tu compleción en una forma que a ti te gusta. 5El pro­pósito de todo ídolo es éste: que no mires más allá de él a la raíz de la creencia de que te falta algo. 6Esto sólo podría ser cierto si hubieses pecado. 7Pues el pecado es la idea de que te encuentras solo y aparte de lo que es pleno. 8Es necesario, por lo tanto, que la búsqueda de la plenitud se lleve cabo más allá de los límites que tú mismo te has impuesto.

4. No es nunca el ídolo lo que realmente quieres. 2Mas lo que crees que te ofrece, eso ciertamente lo quieres, y tienes derecho a pedirlo. 3Y es imposible que te sea negado. 4El que tu voluntad sea estar completo es la Voluntad de Dios, y por tal razón se te concede. 5Dios no sabe nada de formas. 6Él no te puede contestar utilizando términos que no tienen sentido. 7Y tu voluntad no se puede satisfacer con formas vacías, concebidas exclusivamente para llenar una brecha que no existe. 8No es esto lo que quieres. 9La creación no le da a ninguna persona ni a ninguna cosa sepa­rada el poder de completar al Hijo de Dios. 10¿A qué ídolo se puede apelar para que le dé al Hijo de Dios lo que ya es suyo?

5. Alcanzar la compleción es la función del Hijo de Dios. 2Sin embargo, no tiene necesidad de buscarla. 3Más allá de todo ídolo se alza su santa voluntad de ser únicamente lo que él es. 4Pues ser más que pleno no tiene sentido. 5Si se hubiese producido algún cambio en el Hijo de Dios, o si se le pudiese reducir a alguna forma y limitar a lo que no se encuentra en él, entonces no sería tal como Dios lo creó. 6¿Qué necesidad tiene de ídolos para ser quien es? 7¿Podría acaso desprenderse de alguna parte de sí mismo? 8Lo que no es pleno no puede otorgar plenitud. 9Mas lo que se pide sinceramente no puede ser negado. 10Tu voluntad se te concede. 11No en una forma que no habría de satisfacerte, sino en el Pensamiento pleno y completamente hermoso que Dios abriga de ti.

6. Lo que Dios no conoce no existe. 2lo que Él conoce existe para siempre y es inmutable. 3Pues los pensamientos duran tanto como la mente que los pensó. 4Y la Mente de Dios no tiene fin, ni puede haber un instante en que Sus Pensamientos puedan estar ausentes o cambiar. 5Los pensamientos ni nacen ni mueren. 6Comparten los atributos de su creador, y no tienen una vida separada aparte de la de él. 7Tus pensamientos están en tu mente, tal como tú estás en la Mente que te concibió. 8Por lo tanto, no hay partes separadas en lo que existe dentro de la Mente de Dios. 9Su Mente es por siem­pre una, y está eternamente unida y en paz.

7. Los pensamientos parecen ir y venir. 2Sin embargo, lo único que esto significa es que algunas veces eres consciente de ellos y otras no. 3Un pensamiento del que te has olvidado parece nacer de nuevo en ti cuando retorna a tu conciencia. 4Mas no murió cuando lo olvidaste. 5Siempre estuvo ahí, sin embargo, no eras consciente de él. 6El Pensamiento que Dios abriga de ti no se ha visto afectado en modo alguno por tu olvido. 7Siempre será exactamente como era antes de que te olvidaras de él, como seguirá siendo cuando lo recuerdes 8y como fue durante el lapso en que lo habías olvidado.

8. Los Pensamientos de Dios están mucho más allá de cualquier posibilidad de cambio y su resplandor es eterno. 2No están espe­rando a nacer, 3sino a que se les dé la bienvenida y se les recuerde. 4El Pensamiento que Dios abriga de ti es como una estrella inmutable en un firmamento eterno. 5Se encuentra tan alto en el Cielo que aquellos que se encuentran fuera del Cielo no saben que está allí. 6No obstante, brillará por toda la eternidad sereno, puro y hermoso. 7En ningún momento ha dejado de estar allí, ni ha habido jamás un instante en que su luz se haya atenuado o haya perdido su perfección.

9. El que conoce al Padre conoce esta luz, pues Él es el eterno firmamento que la mantiene a salvo, por siempre elevada y fir­memente anclada. 2La perfecta pureza de esa luz no depende de si se ve en la tierra o no. 3El firmamento la envuelve y la man­tiene dulcemente en su perfecto lugar, el cual está tan lejos de la tierra como la tierra lo está del Cielo. 4No es la distancia ni el tiempo lo que hace que esta estrella sea invisible desde la tierra. 5Mas aquellos que andan en pos de ídolos no pueden saber que la estrella está ahí.

10Más allá de todo ídolo se encuentra el Pensamiento que Dios abriga de ti. 2Este Pensamiento no se ve afectado en modo alguno por la confusión y el terror del mundo, por los sueños de naci­miento y muerte que aquí se tienen, ni por las innumerables for­mas que el miedo puede adoptar, sino que, sin perturbarse en lo más mínimo, sigue siendo tal como siempre fue. 3Rodeado de una calma tan absoluta que el estruendo de batallas ni siquiera llega hasta él, dicho Pensamiento descansa en la certeza y en per­fecta paz. 4Tu única realidad se mantiene a salvo en él, completa­mente inconsciente del mundo que se postra ante ídolos y no conoce a Dios. 5El Pensamiento que Dios abriga de ti, completa­mente seguro de su inmutabilidad y de que descansa en su eterno hogar, nunca ha abandonado la Mente de su Creador, al que conoce tal como su Creador sabe que dicho Pensamiento se encuentra en Su Propia Mente.

11. ¿Dónde podría existir el Pensamiento que Dios abriga de ti sino donde tú te encuentras? 2¿Podría acaso tu realidad ser algo aparte de ti y encontrarse en un mundo que le es completamente desconocido? 3Fuera de ti no hay firmamento eterno, ni estrella inmutable, ni realidad alguna. 4La mente del Hijo del Cielo, en el Cielo está, pues ahí la Mente del Padre y la del Hijo se unieron en la creación, la cual no tiene fin. 5Tú no tienes dos realidades, sino una sola, 6no puedes ser consciente más que de una. 7Tu reali­dad es o bien un ídolo, o bien el Pensamiento que Dios abriga de ti. 8No olvides, por lo tanto, que los ídolos tienen que mantener oculto lo que tú eres, no de la Mente de Dios, sino de la tuya. 9La estrella sigue brillando y el firmamento jamás ha cambiado. 10Mas tú, el santo Hijo de Dios, no eres consciente de tu realidad.









domingo, 9 de diciembre de 2018

9 DICIEMBRE: No se me pide que haga ningún sacrificio para encontrar la misericordia y la paz de Dios.


AUDIOLIBRO



EJERCICIOS


LECCIÓN 343


No se me pide que haga ningún sacrificio para encontrar la misericordia y la paz de Dios.


1. El final del sufrimiento no puede suponer una pérdida. 2El regalo de lo que lo es todo tan sólo puede aportar ganancias. 3Tú sólo das. 4Nunca quitas. 5Y me creaste para que fuese como Tú, de modo que el sacrificio es algo tan imposible para mí como lo es para Ti. 6Yo también no puedo sino dar. 7Y así, todas las cosas me son dadas para siempre. 8Aún soy tal como fui creado. 9Tu Hijo no puede hacer sacrificios, pues es íntegro, al ser su función completarte a Ti. 10Soy íntegro por ser Tu Hijo. 11No puedo perder, pues sólo puedo dar, y así, todo es mío eternamente.

2. La misericordia y la paz de Dios son gratuitas. 2La salvación no cuesta nada. 3Es un regalo que se debe dar y recibir libremente. 4Y esto es lo que vamos a aprender hoy.





Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones para la práctica en las instrucciones de la Segunda Parte del Libro de Ejercicios, o en la Tarjeta de Práctica de este libro.

Comentario

La idea de pérdida y sacrificio le es completamente ajena al Curso. Nos dice “El sacrificio es una noción que Dios desconoce por completo” (T.3.I.4:1). Como señala la primera línea de la lección, ¿cómo podría ser un sacrificio el final del sufrimiento? ¿Cómo puede obtenerse la felicidad por medio del sacrificio? Es ridículo cuando piensas en ello y, sin embargo, durante siglos muchas religiones han creído que para encontrar la misericordia de Dios tienes que renunciar a algo, normalmente algo valioso. Tienes que sufrir para alcanzar el Cielo. Tienes que pagar por tus equivocaciones.

El Cielo, o la salvación, tienen que ser sólo ganancia. ¿Cómo podría ser una pérdida y seguir siendo el Cielo? Voy a decir a mi Padre:

Tú sólo das. Nunca quitas. Y me creaste para que fuese como Tú, de modo que el sacrificio es algo tan imposible para mí como lo es para Ti. Yo también no puedo sino dar. (1:3-6)
Y lo que Dios da, lo da para siempre.

Aún soy tal como fui creado. Tu Hijo no puede hacer sacrificios, pues es íntegro, al ser su función completarte a Ti. (1:8-9)

No puedo perder lo que soy, no puedo sacrificar algo valioso y quedarme incompleto porque eso estaría en contra de mi función de completar a Dios. Para que Dios esté completo (lo cual por supuesto está, siendo Dios) yo debo estar completo, pues ¡Él me creó para completarle a Él! Por lo tanto, no puedo hacer sacrificios, debo permanecer completo.
Estamos acosados por la idea de que de algún modo tenemos que ganarnos la misericordia y la paz de Dios. Especialmente cuando me he desviado por alguna maniobra del ego, siempre me siento como si tuviera que “pasar por algo” para encontrar mi camino de vuelta. Necesito tener un verdadero periodo de remordimiento y de sentirme culpable. ¡Al menos tengo que dormir para reponerme! No parece correcto pasar inmediatamente de la locura del ego a un estado de paz y dicha sin pagar antes algún tipo de castigo. Sin embargo

La misericordia y la paz de Dios son gratuitas. La salvación no cuesta nada. Es un regalo que se debe dar y recibir libremente. Y esto es lo que vamos a aprender hoy. (2:1-4)

Ya que la misericordia y la paz de Dios son gratuitas están disponibles de inmediato en cada instante. Sólo necesito estar dispuesto a darlas y a recibirlas libremente.

En este instante, ahora mismo, voy a darme misericordia a mí mismo. Voy a ver el corazón del niño en dolor por lo que ha hecho, y voy a extenderle por encima misericordia como si fuese un manto caliente. Hoy voy a aceptarme con amor y afirmar de nuevo mi propia inocencia. ¿Qué he olvidado quien soy? No pasa nada. ¿Qué me he enfadado con un hermano? Sigo mereciendo misericordia y paz. ¿Qué he traicionado a un amigo? Dios sigue considerándome Su Hijo. No se me pide ningún sacrificio ni ningún castigo, ni siquiera un tiempo “decente” de lamentaciones. Puedo sencillamente y con total confianza abrir mi mente a mi Amigo y darle la bienvenida. Puedo regresar a casa con Dios. ¿A qué estoy esperando? Voy a ir ahora mismo a Él.


¿Qué es un milagro? (Parte 3)

L.pII.13.2:1-2

Una de las lecciones que se repiten con mayor frecuencia en el Curso es que dar y recibir son lo mismo: “Dar y recibir son en verdad lo mismo” (Lección 108). Esta lección, una de las más importantes de las que el Espíritu Santo quiere enseñarnos (es la primera lección del Espíritu Santo, en el Capítulo 6: “Para poder tener, da todo a todos”), es también para nosotros una de las más difíciles de aprender porque es lo contrario de nuestra manera de pensar habitual.

En el milagro reside el don de la gracia, pues se da y se recibe como uno. (2:1)

Para recibir un milagro, tenemos que darlo; para darlo, tenemos que recibirlo. Recibir un milagro y dar un milagro son una cosa, no dos. Muchos de nosotros nos liamos intentando entender si primero tengo que perdonarme a mí mismo para poder perdonar a otro, o si tengo que perdonar a otro antes de poder perdonarme a mí mismo. La respuesta es sí y no, a las dos preguntas. Para perdonarte a ti mismo tienes que perdonar a la otra persona, pero para perdonar a la otra persona tienes que perdonarte a ti mismo. Son una misma cosa. Parecen ser dos acciones distintas pero no lo son, son una misma acción porque mi hermano y yo somos un solo Ser. Dentro del tiempo, a menudo puede parecer que una acción ocurre antes, pero en realidad ocurren al mismo tiempo.

“Y así, nos da un ejemplo de lo que es la ley de la verdad, que el mundo no acata porque no la entiende” (2:2). Pienso que “la ley de la verdad” es lo mismo que “la ley del amor” de la de la que se habla en la Lección 344: “lo que le doy a mi hermano es el regalo que me hago a mí mismo”. Si hiciéramos nuestro este pensamiento completamente, estaríamos fuera de aquí, con el programa de estudios aprendido. Un milagro demuestra esta ley, nos muestra una representación gráfica de ella. Cuando ofrezco un milagro a un hermano, observo su devastación y me doy cuenta de que lo que estoy viendo es falso (1:3). Estoy viendo su plenitud, en lugar de la ilusión de su carencia. El hecho de que yo lo vea en él se lo hace ver a él mismo, si quiere hacerlo. Y cuando recibe el milagro, yo soy bendecido. Se me recuerda quien soy.


El mundo no obedece esta ley ni la entiende. Desaprender la manera de pensar del mundo acerca de esto es lo que el Curso llama “el deshacimiento del concepto de „obtener‟” (T.6.V(B).3:1). Le llama a esto el primer paso en la inversión de la manera de pensar del ego (invertir, darle la vuelta). Los milagros son importantes para nosotros porque nos demuestran esta ley, nos ayudan a conocer mediante la experiencia que dar es recibir, que conservo lo que quiero al darlo a otros.