LECCION DEL DIA

DESPERTAR AL AMOR

martes, 25 de abril de 2017

25 ABRIL: TERCER REPASO: Repaso de las lecciones 99 y 100


AUDIOLIBRO


EJERCICIOS


LECCION 115

Para los repasos de mañana y noche:

1. (99) La salvación es mi única función aquí.

2Mi función aquí es perdonar al mundo por todos los errores que yo he cometido. 3Pues así me libero de ellos junto con él.

2. (100) Mi papel en el plan de salvación de Dios es esencial.

2Soy esencial en el plan de Dios para la salvación del mundo.
3Pues Él me dio Su plan para que yo salvara al mundo.

3. A la hora en punto:
2La salvación es mi única función aquí.

3Media hora más tarde:
4Mi papel en el plan de salvación de Dios es esencial.




Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones del Tercer Repaso

Comentario

Mi tarea es perdonar al mundo por todos mis errores (1:2). A menos que sepa algo acerca de las enseñanzas del Curso sobre la proyección, no tendré idea de lo que esto significa. Cada “pecado” que veo ahí fuera en el mundo (incluso los atentados terroristas) es, en cierto modo, una proyección de un juicio que he hecho acerca de mí mismo. Mi negativa a perdonar algo, o a verlo como una petición de amor que merece una respuesta de amor sanador, es un reflejo del grado en el que no me he perdonado a mí mismo. La forma que percibo “ahí fuera” puede cambiar, alterar y sufrir una transformación de mi propia forma de “pecado” para que yo no la reconozca. De hecho, en lo que al ego se refiere, cuanto menos se reconozca mejor. Pero el contenido es siempre el mismo. Puede que no ponga bombas a niños, pero si juzgo a aquellos que lo hacen como que no merecen perdón, estoy albergando una creencia en la venganza (que no me he perdonado a mí mismo), y mi juicio acerca de los terroristas es mi juicio acerca de mí mismo.

Por lo tanto, cuando libero al mundo de culpa, me he liberado a mí mismo.

Mi única función es perdonar. No es tener éxito en el mundo, ni cambiar algo, únicamente perdonar. Únicamente cuando acepto perdonar llego a la paz interna.

El que yo lo haga (mi parte en el perdón) es esencial para todo el proceso. Para que el mundo encuentre su completa inocencia, su falta de culpa, tengo que dejar de culparle yo. Hay personas a mi alrededor hoy que necesitan que se les quite la culpa de sus hombros y, para que así sea, me los encuentro. Puede parecer que estoy de negocios, comprando o vendiendo, enseñando, arreglando huesos rotos, o programando ordenadores, pero la verdadera razón por la que estoy aquí es para salvar al mundo, para perdonarlo y liberarlo de toda culpa.




TEXTO

VI. El despertar a la redención


1. Es imposible no creer en lo que ves, pero es igualmente imposi­ble ver lo que no crees. 2La percepción se construye sobre la base de la experiencia, y la experiencia conduce a las creencias. 3La percepción no se estabiliza hasta que las creencias se cimientan. 4De hecho, pues, lo que ves es lo que crees. 5Eso es lo que quise decir con: "Dichosos los que sin ver creyeron", pues aquellos que creen en la resurrección la verán. 6La resurrección es el triunfo definitivo de Cristo sobre el ego, no atacándolo sino transcendién­dolo. 7Pues Cristo ciertamente se eleva por encima del ego y de todas sus "obras"; y asciende hasta el Padre y Su Reino.

2. ¿Qué prefieres, unirte a la resurrección o a la crucifixión? 2¿Condenar a tus hermanos o liberarlos? 3¿Te gustaría trascen­der tu prisión y ascender hasta el Padre? 4Estas preguntas son todas la misma y se contestan al unísono. 5Ha habido mucha con­fusión con respecto a lo que significa la percepción, debido a que la palabra se usa con el significado de "conciencia" y también con el de "interpretación de la conciencia". 6No obstante, no puedes ser consciente sin interpretar, pues lo que percibes es tu propia interpretación.

3. Este curso es muy claro. 2Si no lo ves así, es porque estás haciendo interpretaciones contra él, y, por lo tanto, no crees lo que dice. 3puesto que lo que crees determina tu percepción, no per­cibes el significado del curso y, consecuentemente, no lo aceptas. 4Con todo, diferentes experiencias conducen a diferentes creen­cias, y a través de éstas, a diferentes percepciones. 5Pues las per­cepciones se aprenden mediante creencias, y la experiencia ciertamente enseña. 6Te estoy conduciendo a una nueva clase de experiencia que cada vez estarás menos dispuesto a negar: 7Aprender de Cristo es fácil, pues percibir con Él no entraña nin­gún esfuerzo. 8Sus percepciones son tu conciencia natural, y lo único que te fatiga son las distorsiones que introduces en ésta. 9Deja que sea el Cristo en ti Quien interprete por ti, y no trates de limitar lo que ves con creencias pueriles indignas del Hijo de Dios. 10Pues hasta que Cristo no sea aceptado completamente, el Hijo de Dios se considerará a sí mismo huérfano.

4. Yo soy tu resurrección y tu vida. 2Vives en mí porque vives en Dios. 3todos tus hermanos viven en ti, tal como tú vives en cada uno de ellos. 4¿Cómo ibas a poder, entonces, percibir indignidad en un hermano sin percibirla en ti mismo? 5¿Y cómo ibas a poder percibirla en ti mismo sin percibirla en Dios? 6Cree en la resurrec­ción porque ésta ya se ha consumado, y se ha consumado en ti. 7Esto es tan cierto ahora como lo será siempre, pues la resurrec­ción es la Voluntad de Dios, Quien no sabe de tiempo ni de excepciones. 8Pero no hagas excepciones o, de lo contrario, no percibirás lo que se ha consumado para ti. 9Pues ascendemos hasta el Padre juntos, como fue en un principio, como es ahora y como será siempre, pues ésa es la naturaleza del Hijo de Dios tal como su Padre lo creó.

5. No subestimes el poder de la devoción del Hijo de Dios, ni el poder que el dios al que venera ejerce sobre él, 2pues el Hijo de Dios se postra ante el altar de su dios, tanto si es el dios que él inventó como si es el Dios qué lo creó a él. 3Por eso es por lo que su esclavitud es tan total como su libertad, pues obedecerá única­mente al dios que acepte. 4El dios de la crucifixión exige que él crucifique, y sus devotos le obedecen. 5Se crucifican a sí mismos en su nombre, creyendo que el poder del Hijo de Dios emana del sacrificio y del dolor. 6El Dios de la resurrección no exige nada, pues no es Su Voluntad quitarte nada: 7No exige obediencia, pues la obediencia implica sumisión. 8Lo único que quiere es que te des cuenta de cuál es tu voluntad y que la hagas, no con un espíritu de sacrificio y sumisión, sino con la alegría de la libertad.

6. La resurrección no puede sino atraerte irresistiblemente a que le ofrezcas tu lealtad con agrado porque es el símbolo de la dicha. 2Su irresistible poder reside en el hecho de que representa lo que tú quieres ser. 3La libertad de abandonar todo aquello que te hiere, te humilla y te atemoriza no se te puede imponer, pero se te puede ofrecer a través de la gracia de Dios. 4Y tú puedes aceptarla mediante Su gracia, pues Dios es misericordioso con Su Hijo y lo acepta sin reservas como Suyo: 5¿Quién es, entonces, tuyo?. 6El Padre te ha dado todo lo que es Suyo, y Él Mismo es tuyo junto con todos tus hermanos. 7Protégelos en su resurrección, pues, de lo contrario, no despertarás en Dios, rodeado de la seguridad de lo que es tuyo para siempre.

7. No hallarás paz hasta que hayas extraído los clavos de las manos del Hijo de Dios y hayas sacado la última espina de su frente. 2El Amor de Dios rodea a Su Hijo, a quien el dios de la crucifixión condena. 3No enseñes que mi muerte fue en vano. 4Enseña, más bien, que no morí, demostrando que vivo en ti. 5Pues poner fin a la crucifixión del Hijo de Dios es la tarea de la redención, en la cual todo el mundo juega un papel igualmente importante. 6Dios no juzga a Su inocente Hijo. 7Habiéndose dado a Sí Mismo a él, ¿cómo iba a poder juzgarlo?

8. Te has crucificado a ti mismo y te has puesto una corona de espinas sobre la cabeza. 2Aun así, no puedes crucificar al Hijo de Dios, pues la Voluntad de Dios no puede morir. 3Su Hijo ha sido redimido de su propia crucifixión, y tú no puedes condenar a muerte a quien Dios ha dado vida eterna. 4El sueño de la crucifi­xión aún descansa pesadamente sobre tus ojos, pero lo que ves en sueños no es la realidad, mientras sigas percibiendo al Hijo de Dios como crucificado, es que estás dormido. 6Y mientras creas que puedes crucificarle estarás simplemente teniendo pesadillas. 7Tú que estás comenzando a despertar, todavía eres consciente de tus sueños y aún no los has olvidado. 8Te olvidarás de ellos y cobrarás conciencia de Cristo cuando otros despierten para com­partir contigo tu redención.  

9. Despertarás a tu propia llamada, pues la Llamada a despertar se encuentra dentro de ti. 2Si vivo en ti, tú estás despierto. 3No obstante, tienes que ver las obras que llevo a cabo a través de ti, o, de lo contrario, no percibirás que las he llevado a cabo en ti. 4No pongas límites a lo que crees que puedo hacer a través de ti, o no aceptarás lo que puedo hacer por ti. 5Esto, no obstante, ya ha tenido lugar, y a menos que des todo lo que has recibido, no sabrás que tu redentor vive y que has despertado con él. 6La redención se reconoce únicamente compartiéndola.

10. El Hijo de Dios está a salvo. 2Lleva únicamente esta conciencia a la Filiación, y tu papel en la redención será tan importante como el mío. 3Pues tu papel tiene que ser como el mío si lo aprendes de mí. 4Si crees que el tuyo está limitado, no haces sino limitar el mío. 5No hay grados de dificultad, en los milagros porque todos los Hijos de Dios tienen el mismo valor, y su igualdad es su unicidad. 6Todo el poder de Dios reside en cada una de sus partes por igual, y nada que contradiga Su Voluntad es grande o pequeño. 7Lo que no existe no tiene tamaño ni medida. 8Para Dios todo es posible. 9Y a Cristo le es dado ser como el Padre.

lunes, 24 de abril de 2017

24 ABRIL: TERCER REPASO: Repaso de las lecciones 97 y 98



AUDIOLIBRO




EJERCICIOS


LECCION 114

Para los repasos de mañana y noche:

1. (97) Soy espíritu.

2Soy el Hijo de Dios. 3No hay cuerpo que pueda conte­ner mi espíritu o imponerme una limitación que Dios no haya creado.

2. (98) Aceptaré el papel que me corresponde en el plan de Dios para la salvación.

2¿Cuál podría ser mi función sino aceptar la Palabra de Dios, Quien me creó para ser lo que soy y lo que por siempre he de ser?

3. A la hora en punto:
2Soy espíritu.

3Media hora más tarde:
4Aceptaré el papel que me corresponde en el plan de Dios para la salvación.

 


Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones del Tercer Repaso

Comentario

“No hay cuerpo que pueda contener mi espíritu” (1:3) o limitarlo. Muy a menudo, incluso cuando conectamos de algún modo con nuestra realidad espiritual, pensamos que somos seres humanos teniendo una experiencia espiritual (como alguien dijo), sería más exacto pensar que somos seres espirituales teniendo una experiencia humana. La primera manera considera nuestra humanidad la única realidad, y lo espiritual algo que va y viene dentro de esa realidad. La segunda manera se da cuenta de que lo espiritual es nuestra realidad básica, y que la “experiencia” humana es algo que viene y va dentro de esa realidad. “Soy espíritu” (1:1). Eso es lo que soy. La experiencia de que soy un ser humano en un cuerpo es una cosa temporal y pasajera. No cambia lo que soy, y no puede limitar lo que verdaderamente soy, aunque parece que me limita debido a que creo en la limitación.

El valor de cosas tales como las experiencias psíquicas o paranormales está en el grado en que nos ayudan a darnos cuenta de que los límites bajo los cuales nos movemos habitualmente no son firmes ni rígidos. Las mentes están verdaderamente unidas, el tiempo y el espacio no son límites absolutos, y así sucesivamente. Todos tenemos muchas habilidades de las que no somos conscientes (ver M.25.21:3), porque no somos cuerpo sino espíritu. Ir más allá de estos límites, mientras parece “supernatural desde la perspectiva del cuerpo, es verdaderamente natural; los límites son lo que no es natural” (ver M.25.2:7-8). Cualquier cosa que rompa nuestra ilusión de estar limitados al cuerpo, y que haga esa ilusión menos sólida, es útil, siempre que usemos esas experiencias o poderes bajo la dirección del Espíritu Santo. Las experiencias y los poderes no son objetivos en sí mismos.

Nuestro propósito principal no es desarrollar habilidades paranormales, sino llevar a cabo nuestro papel en el plan de Dios para la salvación, que es sencillamente aceptar Su Palabra acerca de “lo que soy y lo que por siempre he de ser” (2:2). En otras palabras, espíritu completo, santo y eterno. Date cuenta de que: mi función, mi parte en el plan, es aceptar la verdad acerca de lo que soy. Puede parecer que eso no tiene nada que ver con nadie más, pero tiene todo que ver con todos los demás, porque lo que soy es parte todos y todos son parte de mí. Mi ilusión es la de que estoy separado, la verdad es que todos somos uno. Aceptar la verdad acerca de mí es aceptar que tú eres parte de mí, y nosotros juntos parte de Dios. Eso conlleva perdonarte, perdonar al mundo y perdonar a Dios. Aceptar la Expiación para mí mismo significa extender la Expiación a todos a mi alrededor, no puedo encontrar mi Ser si te excluyo a ti. Para aceptar la plenitud de mi Ser y mi propio poder creativo, debo dejar de verme a mí mismo como víctima de algo o de alguien, porque ésa no es la verdad de lo que yo soy. Para aceptar mi integridad sin mancha de ser, debo dejar de culparte de cualquier cosa y darme cuenta de que únicamente mis propios pensamientos pueden afectarme.

Hoy, quiero relajarme y abandonar los límites del cuerpo. Miraré a los límites en los que creo y me recordaré a mí mismo que no son reales. Dejaré de darle “valor a lo que no lo tiene” (L.133, encabezamiento) y abandonaré mi inversión en mi cuerpo. Lo cuidaré como a cualquier posesión que me sea útil, pero intentaré, al menos un poco, deshacer mi apego a él y mi sensación de identidad con él. El cuerpo morirá, dejará de existir; pero yo no, pues yo soy espíritu. Quiero aceptar esta realidad acerca de mí porque éste es mi papel en el plan de Dios para la salvación.



TEXTO


10. La más seria amenaza para el ego es, pues, que te des cuenta de que cualquier cosa que parezca separarte de Dios es única­mente miedo, sea cual sea la forma en que se manifieste e inde­pendientemente de cómo el ego desee que lo experimentes: 2Su sueño de autonomía se estremece hasta su raíz cuando cobras conciencia de esto. 3Pues si bien puedes tolerar una falsa idea de independencia, no aceptarías el costo en miedo que ello supone una vez que lo reconocieses. 4Pero ése es su costo, y el ego no puede reducirlo. 5Si pasas por alto el amor estás pasándote por alto a ti mismo, y no podrás sino tener miedo de la irrealidad porque te habrás negado a ti mismo. 6Al creer que tu ataque contra la verdad ha tenido éxito, creerás que el ataque tiene poder. 7Dicho llanamente, pues, te has vuelto temeroso de ti mismo. 8Y nadie quiere encontrar lo que cree que le destruiría.

11. Si se pudiese lograr el objetivo de autonomía del ego, el propó­sito de Dios podría ser truncado, y eso es imposible. 2Solamente aprendiendo lo que es el miedo puedes por fin aprender a distin­guir lo posible de lo imposible y lo falso de lo verdadero. 3De acuerdo con las enseñanzas del ego, su objetivo se puede lograr, pero el propósito de Dios no. 4De acuerdo con las enseñanzas del Espíritu Santo, únicamente el propósito de Dios se puede lograr, y ya se ha logrado.

12. Dios depende de ti tanto como tú de Él porque Su Autonomía incluye la tuya, y, por lo tanto, está incompleta sin ella. 2Sólo puedes establecer tu autonomía identificándote con Él y llevando a cabo tu función tal como es en verdad. 3El ego cree que alcanzar su objetivo es la felicidad. 4Pero te ha sido dado conocer que la función de Dios es la tuya y que la felicidad no se puede encon­trar aparte de vuestra Voluntad conjunta. 5Reconoce únicamente que el objetivo del ego, que tan diligentemente has perseguido, no te ha aportado más que miedo, y se hará muy difícil mantener que el miedo es felicidad. 6Respaldado por el miedo, esto es lo que el ego quiere que creas. 7Pero el Hijo de Dios no está loco y no lo puede creer. 8De reconocer esto, no lo aceptaría, 9pues sólo un loco elegiría el miedo en lugar del amor, y sólo un loco podría creer que atacando es cómo se alcanza el amor. 10Pero el que ha sanado se da cuenta de que sólo el ataque, del que el Amor de Dios le protege completamente, puede producir miedo.

13. El ego analiza, el Espíritu Santo acepta. 2Sólo por medio de la aceptación se puede llegar a apreciar la plenitud, pues analizar significa fragmentar o separar. 3Tratar de entender la totalidad fragmentándola es, claramente el enfoque típicamente contradic­torio que el ego utiliza para todo. 4El ego cree que el poder, el entendimiento y la verdad radican en la separación, y que para establecer esta creencia tiene que atacar. 5Al no darse cuenta de que es imposible establecer esa creencia, y obsesionado por la convicción de que la separación es la salvación, el ego ataca todo lo que percibe, desmenuzándolo en partes pequeñas y desconectadas sin ninguna relación significativa entre sí, y desprovistas, por lo tanto, de todo significado. 6El ego siempre substituirá lo que tiene significado por el caos, pues si la separación es la salva­ción, la armonía es una amenaza.

14. Las interpretaciones que el ego hace de las leyes de la percep­ción son, y no pueden sino ser, exactamente las opuestas a las del Espíritu Santo. 2El ego se concentra en el error y pasa por alto la verdad. 3Hace que todos los errores que percibe sean reales, y concluye -utilizando su razonamiento típicamente circular- que la idea de una verdad consistente no tiene sentido por razón de los errores. 4El siguiente paso, entonces, es obvio. 5Si la idea de una verdad consistente no tiene sentido, la inconsistencia tiene que ser verdad. 6Teniendo muy presente el error, y, protegiendo lo que ha hecho real, el ego procede al siguiente paso en su sis­tema de pensamiento: el error es real y la verdad es un error.

15. El ego no trata de comprender esto, lo cual es obviamente incomprensible, pero trata por todos los medios de demostrarlo y eso es lo que hace constantemente. 2Valiéndose del análisis para atacar el significado, el ego logra pasarlo por alto, y lo que le queda es una serie de percepciones fragmentadas que él unifica en beneficio propio. 3Esto se convierte, entonces en el universo que percibe. 4Y es este universo lo que a su vez se convierte en la  demostración de su propia realidad.

16. No subestimes el poder de atracción que las demostraciones del ego ejercen sobre aquellos que están dispuestos a escucharle. 2La percepción selectiva escoge sus testigos cuidadosamente, y el testimonio de esos testigos es, congruente. 3Los argumentos en favor de la locura son convincentes para los locos, 4pues todo razonamiento concluye allí donde comienza, y no hay sistema de pensamiento que pueda trascender su propia fuente. 5Aun así, el razonamiento que carece de sentido no puede demostrar nada, y aquellos a quienes convence no pueden sino estar engañados. 6¿Cómo iba a poder enseñar verdaderamente el ego, cuando pasa por alto la verdad? 7¿Cómo iba a poder percibir lo que ha negado? 8Sus testigos dan testimonio de su negación, pero no de lo que ha negado. 9El ego mira de frente al Padre y no lo ve, pues ha negado a Su Hijo.

17. ¿Te gustaría recordar al Padre? 2Acepta a Su Hijo y lo recorda­rás. 3No hay nada que pueda demostrar que Su Hijo es indigno, pues no hay nada que pueda probar que una mentira es verdad. 4Lo que ves en Su Hijo a través de los ojos del ego es una demos­tración de que Su Hijo no existe. aSin embargo, dondequiera que el Hijo esté allí tiene que estar el Padre. 5Acepta lo que Dios no niega, y ello te demostrará su verdad. 6Los testigos de Dios se alzan en Su Luz y, contemplan lo que Él creó. 7Su silencio es la señal de que han contemplado al Hijo de Dios, y en la Presencia de Cristo no tienen que demostrar nada, pues Cristo les habla de Sí Mismo y de Su Padre. 8Guardan  silencio porque Cristo les habla, y son Sus palabras las que brotan de sus labios.

18. Cada hermano con quien te encuentras se convierte en un tes­tigo de Cristo o del ego, dependiendo de lo que percibas en él. 2Todo el mundo te convence de lo que quieres percibir y de la realidad del reino en favor del cual has decidido mantenerte alerta. 3Todo lo que percibes da testimonio del sistema de pensa­miento que quieres que sea verdadero. 4Cada uno de tus herma­nos tiene el poder de liberarte si tú decides ser libre. 5No puedes aceptar falsos testimonios acerca de un hermano a menos que hayas convocado falsos testigos contra él. 6Si no te habla de Cristo, es que tú no le hablaste de Cristo a él. 7No oyes más  que tu propia voz, y si Cristo habla a través de ti, le oirás.

domingo, 23 de abril de 2017

23 ABRIL: TERCER REPASO: Repaso de las lecciones 95 y 96

AUDIOLIBRO





EJERCICIOS


LECCION 113

Para los repasos de mañana y noche:

1. (95) Soy un solo Ser, unido a mi Creador.

2Mías son la serenidad y la paz perfecta, pues soy un solo Ser, completamente íntegro, uno con toda la creación y con Dios.

2. (96) La salvación procede de mi único Ser.

2Desde mi único Ser, cuyo conocimiento aún permanece en mi mente, veo el plan perfecto de Dios para mi salva­ción perfectamente consumado.

3. A la hora en punto:
2Soy un solo Ser, unido a mi Creador.

3Media hora más tarde:
4La salvación procede de mi único Ser.



Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones del Tercer Repaso

Comentario

Hay algo atrayente en ser “un solo Ser”, que no se puede explicar. Gran parte de la psicología moderna habla de la “integración” de los distintos aspectos de nuestro ser. Así pues, la mayor parte del tiempo nos sentimos como si estuviésemos hechos de piezas diferentes, que a veces trabajan juntas pero que la mayoría de las veces están en conflicto. Hay lo que los psicoanalistas Jungianos llaman nuestra “sombra”, que son tendencias reprimidas que nos siguen como figuras tenebrosas en nuestros sueños.

El Curso ofrece la visión de un Ser unificado. Habla de “una mente que está en paz consigo misma” (L.p.II.8.3:4). Nos dice que debido a que somos un solo Ser, no podemos estar en conflicto. El Texto habla de nuestra guerra contra nosotros mismos (Capítulo 23), y dice que el aparente conflicto que vemos en el mundo a nuestro alrededor no es nada más que un reflejo de la ilusión de conflicto que todos llevamos dentro de nuestra mente. Dice: “Se empieza a tener paz en él (mundo) cuando se le percibe de otra manera, y esta nueva percepción nos conduce hasta las puertas del Cielo y lo que yace tras ellas” (L.200.8:2). La paz tiene que comenzar dentro de nosotros, en la serenidad y en la calma de un ser unificado, en una mente libre de conflicto y ataque.

Sin embargo, el Ser del que estamos hablando es más que un individuo completo y unificado. Es un Ser que todos compartimos, “uno con toda la creación y con Dios” (1:2). Son aspectos diferentes de la misma cosa, pues cuando nos liberamos a nosotros mismos del conflicto dentro de nosotros, nuestro conflicto con el mundo desaparece milagrosamente.

Por eso, la salvación procede de mi único Ser. Cuando nos hayamos unido a nosotros mismos y hayamos reconocido la verdad de nuestro ser unificado, este estado de estar completo se extenderá a los otros de manera natural. Desde dentro del Círculo de la Expiación (T.14.V), acercamos a otros a su propia plenitud, que comparten con nosotros.

Hoy aquieto y acallo a mi mente de todos sus conflictos. Me aparto de la separación. Tomo mi tiempo en la quietud y el silencio para romper mi identificación con esta imagen de un ser dividido en partes diferentes, y me sumerjo en la consciencia de “un Ser” dentro de mí, Que es lo que realmente soy. Las imágenes conflictivas acerca de mí vienen y van con sorprendente frecuencia, ellas no pueden ser mi realidad. Algo permanece debajo de todo ello, el “murmullo” del ser en el que todos los destellos y dramas parecen ocurrir. Esta constancia es lo que soy, no los pensamientos que van y vienen y que exigen mi atención. Abrazo a este único Ser, con gran anhelo, diciendo: “La salvación procede de mi único Ser. Esta unidad es mi salvación. Esta unidad es mi realidad”