DESPERTAR AL AMOR

martes, 3 de octubre de 2017

3 OCTUBRE: Se me ha dado la Palabra de Dios para que la comparta.

AUDIOLIBRO



EJERCICIOS 


LECCIÓN 276


Se me ha dado la Palabra de Dios para que la comparta.


1. ¿Qué dice la Palabra de Dios? 2"Mi Hijo es tan puro y santo como Yo Mismo." 3Así fue como Dios se convirtió en el Padre del Hijo que Él ama, pues así fue como lo creó. 4Ésta es la Palabra que el Hijo no creó con el Padre, pues nació como resultado de ella. 5Aceptemos Su Paternidad, y todo se nos dará. 6Mas si negamos que fuimos creados en Su Amor, estaremos negando nuestro Ser, y así, no tendremos certeza acerca de quiénes somos, Quién es nuestro Padre y cuál es nuestro propósito aquí. 7No obstante, sólo con que reconozcamos a Aquel que nos dio Su Palabra en nuestra creación, Su recuerdo aflorará de nuevo en nuestras mentes y así podremos recordar a nuestro Ser.

2. Padre, he hecho mía Tu Palabra. ?Y es ésta la que les quiero compartir a todos mis hermanos, quienes me fueron confiados para que los amara como si fuesen míos, tal como yo soy amado, bendecido y salvado por Ti.






Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones para la práctica en las instrucciones de la Segunda Parte del Libro de Ejercicios, o en la Tarjeta de Práctica de este libro.

Comentario

La frase “la Palabra de Dios” de Un Curso de Milagros aquí se define como: "Mi Hijo es tan puro y santo como Yo Mismo" (1:2). En otro lugar se dice que es: “Soy tal como Dios me creó” (L.110.11:4-6). Fuimos creados por esta Palabra; como en la Biblia, Él habló, y así se hizo: “Dios dijo: „Hágase la luz‟ (Génesis 1:3). Igualmente Él dijo: "Mi Hijo es tan puro y santo como Yo Mismo", y fue creado el Hijo, puro y santo como Dios. El Pensamiento que Dios tuvo acerca de nosotros fue Su acto creativo de Paternidad, permanece sin cambios y sin posibilidad de cambios. Yo no puedo hacerme algo distinto a lo que Dios me creó.

Aceptemos Su Paternidad, y todo se nos dará. (1:5)

Oír Su Palabra es aceptar Su Paternidad, aceptar que fuimos creados en Su Amor y que no podemos ser distintos a lo que Él creó y dispuso que fuésemos. Es aceptar la Expiación (M.22.1:6), el hecho indudable de que yo (es decir, mi verdadero Ser, y no la imagen de mi ego) soy tan puro y santo como Dios Mismo.

Y es ésta la que les quiero compartir a todos mis hermanos, quienes me fueron confiados para que los amara como si fuesen míos. (2:2)

Lo que quiero comunicar a mis hermanos es que todos ellos comparten esta inocencia conmigo. Mis quejas, mis juicios, o mis críticas, comunican culpa. Mi perdón comunica su inocencia. Padre, muéstrame cómo comunicar la Expiación hoy, muéstrame cómo de palabra y de hecho hablar la Palabra de Dios: “Tú eres tan santo y puro como Dios Mismo”.

Esto se relaciona claramente con el comienzo de la página de introducción sobre Cristo:

Cristo es el Hijo de Dios tal como Él lo creó. Cristo es el Ser que compartimos. (L.pII.6.1:1-2)

Él es la única parte de ti que en verdad es real. Lo demás son sueños. (L.pII.6.3:2-3)


¿Qué es el Cristo? (Parte 6)

L.pII.6.3:4

Lo demás son sueños. Mas éstos se le entregarán a Cristo, para que se desvanezcan ante Su gloria y pueda por fin serte revelado tu santo Ser, el Cristo. (3:3-4)

Puedo pensar: “De acuerdo. Cristo es la única parte real de mí. Todo el resto, todas esas cosas que pienso de mí la mayor parte del tiempo, son sólo sueños. Pero estos sueños me parecen muy, muy reales. ¿Qué diablos hago con todos estos sueños? La respuesta está en estas palabras: “éstos se le entregarán a Cristo”. El Curso a menudo nos pide que hagamos esto de varias maneras, habla de llevar nuestra oscuridad a la luz, o de llevar nuestras fantasías a la realidad, o nuestras ilusiones a la verdad. Nosotros, en nuestra confusión no podemos ver la verdad acerca de nosotros o de otros, porque estamos cegados por nuestras ilusiones. El Espíritu Santo fue creado para nosotros para que viese la verdad en nuestro nombre hasta que podamos verla por nosotros mismos (T.17.II.1:6-8). Él representa a Cristo para nosotros, en nosotros. Nosotros Le traemos nuestros sueños a Él, y Él los transforma en la verdad (ver 4:1).

En términos prácticos esto significa que cuando me doy cuenta de que estoy viendo desde el punto de vista del ego de la separación y el ataque, necesito aquietarme, y dulcemente exponerle estas creencias al Espíritu Santo dentro de mi mente. Necesito decirle: “Así es como estoy viendo las cosas. Muéstrame cómo las ves Tú. Quiero verlas de manera diferente”.

Cuando descubrimos pensamientos oscuros en nuestra mente, pensamientos de ira, de celos, de autocompasión y desesperación, nuestra respuesta natural (del ego) es esconderlos, a menos que estemos tan ciegos como para identificarnos totalmente con ellos y justificarlos. Avergonzados de nuestros pensamientos erróneos, intentamos ocultarlos debajo de la alfombra y fingir que no están ahí. Esto no los hace desaparecer, sólo hace que queden sepultados. Por ejemplo, al hablar del odio del ego, el Curso nos enseña que buscamos relaciones de amor especiales para compensar nuestro odio. Dice: 

No puedes limitar el odio. La relación de amor especial no lo contrarrestará, sino que simplemente lo ocultará donde no puedas verlo. Mas es esencial que lo veas, y que no trates de ocultarlo. (T.16.IV.1:5-7)

Esconder nuestros pensamientos desagradables es negación. Y lleva directamente a la proyección (vemos nuestros pensamientos escondidos realizados por otros). Pensamos que ganamos puntos del ego al condenar a otras personas. Cuando nos disgustamos por los errores de otros, esto es lo que está sucediendo (T.17.I.6:5).

En lugar de eso, cuando no intentamos esconder nuestro ego, sino que voluntariamente lo llevamos a la luz dentro de nosotros para que desaparezca, desaparece. No necesitamos entender cómo sucede esto, porque nosotros no lo hacemos; el Espíritu Santo lo hace (T.17.I.6:3-4). De lo único que tenemos que ocuparnos es de estar dispuestos a que suceda. Cuando desaparecen las ilusiones que están ocultando la verdad, nuestro santo Ser, el Cristo, nos es revelado al fin (3:4).







TEXTO 

 

II. La perfidia de creerse especial



1. Hacer comparaciones es necesariamente un mecanismo del ego, pues el amor nunca las hace. 2Creerse especial siempre con­lleva hacer comparaciones. 3Pues se establece al ver una falta en otro; y se perpetúa al buscar y mantener claramente a la vista cuanta falta se pueda encontrar. 4Esto es lo que persigue el especialismo, y esto es lo que contempla. 5Y aquel a quien tu deseo de ser especial así rebaja, habría sido tu salvador si tú no hubieses elegido usarlo como un triste ejemplo de cuán especial eres tú. 6Frente a la pequeñez que ves en él, tú te yergues alto y señero, irreprochable y honesto, puro e inmaculado. 7No entiendes que al hacer eso es a ti mismo a quien rebajas.

2. Tratar de ser especial es siempre a costa de la paz. 2¿Quién podría atacar y menospreciar a su salvador y al mismo tiempo reconocer su fuerte apoyo? 3¿Quién podría menoscabar su omni­potencia y al mismo tiempo compartir su poder? 4¿Y quién podría usarlo como medida de la pequeñez y al mismo tiempo liberarse de toda limitación? 5Tú tienes una función que desem­peñar en la salvación. 6Realizarla te brindará felicidad. 7Pero tratar de ser especial siempre te ocasionará dolor. 8Pues es una meta que se opone a la salvación, y, por lo tanto, va en contra de la Voluntad de Dios. 9Atribuir valor a ser especial es apreciar una voluntad ajena, para la cual las ilusiones acerca de ti son más importantes que la verdad.

3. Ser especial es la idea del pecado hecha realidad. 2Sin esa base no es posible ni siquiera imaginarse el pecado. 3Pues el pecado surgió de ella, de lo que no es nada, y no es más que una flor maléfica desprovista de raíces. 4He aquí al que se ha erigido a sí mismo en "salvador", el "creador" que crea de forma diferente a como crea el Padre e hizo que Su Hijo fuese como él y no como el Padre. 5Sus hijos "especiales" son muchos, nunca uno solo, y cada uno de ellos se encuentra exiliado de sí mismo y de Aquel de Quien forma parte. 6Y ninguno de ellos ama la Unicidad * que los creó como uno solo con Él. 7Ellos eligieron el especialismo en lugar del Cielo y de la paz, y lo envolvieron cuidadosamente en el pecado para mantenerlo "a salvo" de la verdad.

4. Tú no eres especial. 2Si crees que lo eres y quieres defender tu especialismo en contra de la verdad de lo que realmente eres, ¿cómo vas a poder conocer la verdad? 3¿Qué respuesta del Espí­ritu Santo podría llegar hasta ti, cuando a lo que escuchas es a tu deseo de ser especial, que es lo que pregunta y lo que responde? 4Tan sólo prestas oídos a su mezquina respuesta, la cual ni siquiera se oye en la melodía que en amorosa alabanza de lo que eres fluye eternamente desde Dios a ti. 5Y este colosal himno de honor que amorosamente se te ofrece por razón de lo que eres parece silencioso e inaudible ante el "poderío" de tu especia­lismo. 6Te esfuerzas por escuchar una voz que no tiene sonido, y, sin embargo, la Llamada de Dios Mismo te parece insonora.

5. Puedes defender tu especialismo, pero nunca oirás la Voz que habla en favor de Dios a su lado, 2pues hablan diferentes idiomas y llegan a oídos diferentes. 3Para todo aquel que se cree especial la verdad tiene un mensaje diferente, y un significado distinto. 4Sin embargo, ¿cómo podría ser que la verdad fuese diferente para cada persona? 5Los mensajes especiales que oyen los que se creen especiales les convencen de que ellos son diferentes y de que son algo aparte, cada uno con sus pecados especiales y "a salvo” del amor, el cual no ve su especialismo en absoluto. 6La visión de Cristo es su "enemigo", pues no ve aquello que ellos quieren ver y les mostraría que el especialismo que ellos creen ver es una ilusión.

6. ¿Qué podrían ver en su lugar? 2Podrían ver el brillante fulgor del Hijo de Dios, tan semejante al de su Padre que el recuerdo de Éste alborearía de inmediato en sus mentes. 3con ese recuerdo el Hijo recordaría sus propias creaciones, que son tan semejantes a él como él es semejante a su Padre. 4el mundo que él cons­truyó, así como su deseo de ser especial junto con todos los peca­dos que en defensa de ese deseo albergó contra sí mismo, se desvanecerían a medida que su mente aceptase la verdad acerca de lo que él es y retornase para ocupar el lugar que aquellos ocupaban, 5Éste es el único "costo" de la verdad: jamás volverás a ver lo que nunca tuvo lugar ni a oír lo que no tiene sonido. 6¿Es acaso un sacrificio renunciar a lo que no es nada y recibir a cam­bio el Amor de Dios para siempre?

7. Tú que has encadenado a tu salvador a tu deseo de ser especial y has otorgado a dicho deseo el lugar de aquel, recuerda esto: tu salvador no ha perdido la capacidad de perdonarte todos los pecados que tú crees haber interpuesto entre él y la función de salvarte que Dios le encomendó. 2tú no puedes cambiar su fun­ción, ni tampoco la verdad que mora en él y en ti. 3Pero ten por seguro que esta verdad es exactamente la misma en cada uno de vosotros. 4La verdad no transmite mensajes diferentes y sólo tiene un significado. 5es un significado que tú y tu hermano podéis entender y que os brinda liberación a ambos. 6He aquí a tu her­mano ofreciéndote la llave del Cielo que tiene en su mano. 7No permitas que el sueño de ser especial continúe interponiéndose entre vosotros. 8Lo que es uno está unido en la verdad.

8. Piensa en la hermosura que verás dentro de ti cuando lo consi­deres tu amigo. 2Él es enemigo de tu deseo de ser especial, pero amigo de lo que es real en ti. 3Ni uno solo de los ataques que pensaste haber lanzado contra él lo ha despojado del regalo que Dios quiere que él te dé. 4Su necesidad de dártelo es tan impe­riosa como la tuya de recibirlo. 5Permítele que te perdone tu deseo de ser especial, y que restaure la plenitud de tu mente y te haga uno con él. 6El está en espera de tu perdón, pero únicamente para poder devolvértelo a ti. 7No fue Dios Quien condenó a Su Hijo, sino tú, para salvar su especialismo y matar a su Ser.

9. Has llegado muy lejos por el camino de la verdad, demasiado lejos como para titubear ahora. 2Un paso más, y todo vestigio del temor a Dios quedará disuelto en el amor. 3El deseo de ser espe­cial de tu hermano y el tuyo son enemigos, y en su mutuo odio están comprometidos a matarse el uno al otro y a negar que son lo mismo. 4Mas no han sido ilusiones las que han llegado hasta este último obstáculo, el cual parece hacer que Dios y Su Cielo estén tan lejos que no se pueden alcanzar. 5Aquí en este santo lugar se alza la verdad esperando para recibirte a ti y a tu her­mano en silenciosa bendición y en una paz tan real y abarcadora que nada queda excluido. 6No traigas ninguna de las ilusiones que abrigas acerca de ti mismo a este lugar, al que vienes lleno de esperanza y honestidad.

10. He aquí el que te puede salvar de tu deseo de ser especial. 2Él tiene tanta necesidad de que lo aceptes como parte de ti, como tú de que él te acepte a ti. 3Eres tan semejante a Dios como Dios lo es a Sí Mismo. 4Dios no es especial, pues Él no se quedaría con nin­guna parte de lo que Él es sólo para Sí, negándosela a Su Hijo y reservándola sólo para Sí Mismo. 5esto es lo que tú temes, pues si Él no es especial, entonces Su Voluntad dispuso que Su Hijo fuese como Él, y, por lo tanto, tu hermano no puede sino ser como tú. 6Él no es especial, pero lo tiene todo, incluyéndote a ti. 7Dale sólo lo que ya es suyo, y recuerda que Dios Se dio a Sí Mismo a ambos con el mismo amor, para que ambos pudierais compartir el universo con Él, Quien dispuso que el amor jamás pudiese ser dividido ni mantenerse separado de lo que es y ha de ser para siempre.

11. Tú le perteneces a tu hermano, pues a él no se le negó ninguna parte del amor. 2¿Cómo iba a ser que tú perdieses por ser él ínte­gro? 3Lo que se le ha dado a él es lo que hace que tú seas íntegro, y lo que hace que él sea íntegro también. 4El Amor de Dios te dio a ti tu hermano, y a ti a él porque el Padre se dio a Sí Mismo. 5Lo que es igual a Dios es uno con El. 6Y ahora que finalmente tienes la esperanza de paz a la vista, sólo el deseo de ser especial podría hacer que el hecho innegable de que tú y tu Padre sois uno pare­ciese ser todo menos el Cielo.

12. El deseo de ser especial es el sello de la traición impreso sobre el regalo del amor. 2Todo lo que apoya sus propósitos no tiene otro objetivo que el de matar. 3Todo regalo que lleve impreso su sello no ofrece otra cosa que traición al que lo da y al que lo recibe. 4Ni una sola mirada de los ojos que él ciega deja de con­templar escenas de muerte. 5Todo aquel que cree en su poder no hace sino transigir y hacer concesiones para establecer al pecado como substituto del amor y servirle con gran lealtad. 6toda rela­ción que tenga el propósito del pecado en gran estima no hace sino aferrarse al asesinato como arma de seguridad y como el protector supremo de todas las ilusiones contra la "amenaza" del amor.

13. La esperanza de ser especial hace que parezca posible que Dios hizo al cuerpo para que fuese la prisión que mantiene a Su Hijo separado de El. 2Pues el especialismo requiere un lugar especial donde Dios no pueda entrar y un escondite donde a lo único que se le da la bienvenida es a tu insignificante yo. 3Nada es sagrado aquí, excepto tú y sólo tú, un ente aparte y separado de todos tus hermanos; a salvo de cualquier intrusión de la cordura en las ilu­siones; a salvo de Dios, pero destinado al conflicto eterno. 4He aquí las puertas del infierno tras las cuales tú mismo te encerraste, para gobernar en la demencia y en la soledad tu reino especial, separado de Dios y alejado de la verdad y de la salvación.


14. La llave que tú tiraste Dios se la dio a tu hermano, cuyas santas manos quieren ofrecértela cuando estés listo para aceptar el plan de Dios para tu salvación en vez del tuyo. 2¿Cómo puedes llegar a estar listo, salvo reconociendo toda tu abyecta desdicha y dándote cuenta de que tu plan ha fracasado y de que jamás te aportará ninguna clase de paz o felicidad? 3Ésta es la desesperación por la que ahora estás pasando, pero no es más que una ilusión de deses­peración. 4La muerte de tu especialismo no es tu muerte, sino tu despertar a la vida eterna. 5No haces sino emerger de una ilusión de lo que eres a la aceptación de ti mismo tal como Dios te creó.





lunes, 2 de octubre de 2017

2 OCTUBRE: La sanadora Voz de Dios protege hoy todas las cosas

AUDIOLIBRO



EJERCICIOS

LECCIÓN 275

La sanadora Voz de Dios protege hoy todas las cosas.


1. Escuchemos hoy a la Voz que habla por Dios, la cual nos habla de una lección ancestral que es tan cierta hoy como siempre lo fue. 2Sin embargo, este día ha sido seleccionado como aquel en el que hemos de buscar y oír, aprender y entender. 3Escuchemos juntos, 4pues lo que nos dice la Voz que habla por Dios no lo podemos entender por nuestra cuenta, ni aprenderlo estando separados. 5En esto reside la protección de todas las cosas. 6Y en esto se encuentra la curación que brinda la Voz que habla por Dios.
                   
2. Tu sanadora Voz protege hoy todas las cosas, por lo tanto, dejo todo en Tus Manos. 2No tengo que estar ansioso por nada. 3Pues Tu Voz me indicará lo que tengo que hacer y adónde debo ir, con quién debo hablar y qué debo decirle, qué pensamientos debo albergar y qué palabras trans­mitirIe al mundo. 4La seguridad que ofrezco me es dada a mí. 5Padre, Tu Voz protege todas las cosas a través de mí.




Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones para la práctica en las instrucciones de la Segunda Parte del Libro de Ejercicios, o en la Tarjeta de Práctica de este libro.

Comentario

Jesús nos dice en esta lección que necesitamos unirnos a Él para escuchar la Voz que habla por Dios (1:3). “Pues lo que nos dice la Voz que habla por Dios no lo podemos entender por nuestra cuenta, ni aprenderlo estando separados” (1:4). Date cuenta de que la unión que Jesús nos ruega aquí no es principalmente de unos con otros o con otras personas, aunque eso se da por sentado, lo que nos pide es nuestra unión a Él.

Si el problema es una creencia en la realidad de la separación, ese problema no puede ser sanado solo y separado. ¡Estar solo y separado es el problema! Cualquier sanación, cualquier salvación, cualquier iluminación que la Voz que habla por Dios nos trae es algo que se comparte.

Puedo unirme a Jesús al escuchar la Voz que habla por Dios, eso es algo que puedo hacer ahora, en la privacidad de mi hogar, sin nadie a mi alrededor. Lo que oigo (que es siempre alguna forma del mensaje: “El Hijo de Dios es inocente”) es algo que se aplica a Jesús y a mí, a mí y a Jesús. Lo comparto con Él. La paz, la seguridad y la protección llegan, abandono todas las defensas que tengo contra Jesús y permito que Su Presencia esté conmigo. Reconozco que Jesús y yo compartimos un objetivo y unos intereses comunes. Veo que Él no tiene en Su corazón ningún ataque contra mí, y yo no tengo ninguno contra Él. “En esto (unión) reside la protección de todas las cosas” (1:5).

Cuando salgo al mundo para encontrarme con otras personas, lo que he encontrado en la Presencia de Jesús puedo extenderlo a todos con los que me encuentro. Lo que Él y yo hemos escuchado juntos es compartido, no sólo entre nosotros dos, sino con el Hijo de Dios en todos. Escucho la Voz sanadora del Padre, y protege todas las cosas, por lo que “No tengo que estar ansioso por nada” (2:2). Todos los seres comparten este mismo objetivo e intereses. Estamos todos en el mundo por este mismo propósito. Cualquier percepción de competición o ataque por mi parte, o por parte de otro, es sólo un error de percepción, y no es nada de lo que haya que tener miedo.

“La seguridad que ofrezco me es dada a mí” (2:4). Ofrezco seguridad al mundo desde mi unión con Jesús, y al darla, se me da a mí. Puedo decir: “Todos los que me encuentro están a salvo conmigo”. “Y estoy a salvo con todos los que me encuentro”. Cada encuentro es santo porque yo soy santo. Cuando el propósito del día se establece así desde el comienzo, puedo estar seguro de que se me guiará en todo. Se nos darán instrucciones muy concretas para nuestra actividad aquí en este mundo, aunque el mundo sólo sea una ilusión: “Pues Tu Voz me indicará lo que tengo que hacer y adónde debo ir, con quién debo hablar y qué debo decirle, qué pensamientos debo albergar y qué palabras transmitirle al mundo” (2:3).

Es una Voz sanadora la que escucho, una sanación que consiste en compartir, en unirse, en no tener intereses separados. La unión es la sanación. “El único propósito de este mundo es sanar al Hijo de Dios” (T.24.VI.4:1), y la sanación del Hijo de Dios en mí y en todos los que me encuentro hoy es el propósito de este día. Nada más. Que hoy sea un día en el que escucho la Voz. Que “busque y oiga, aprenda y entienda” (1:2).

Allan Watts escribió un libro llamado La Sabiduría de la Inseguridad. Según recuerdo, habla de lo poco sabio que es buscar seguridad porque la seguridad del ego y del cuerpo no es posible. Si continuamente estás buscando seguridad te volverás loco. Es mucho mejor y más sabio aceptar el hecho de la inseguridad y fluir con el universo.

Cuando esta lección habla de que escuchar la Voz protege todas las cosas, está diciendo lo mismo. Reconocemos que no sabemos las respuestas, no podemos resolver todo. No sabemos “lo que tenemos que hacer y adónde debemos ir, con quién debemos hablar y qué debemos decirle, qué pensamientos debemos albergar y qué palabras transmitirle al mundo” (2:3), pero Él lo sabe. En lugar de intentar continuamente obtener las respuestas para nosotros, nos mantenemos en contacto con la Respuesta Misma, el Único que sabe. En lugar de tener millones en el banco, confiamos en que lo que necesitemos se nos dará cuando lo necesitemos, y no nos preocupamos por ello. Dejamos el gobierno del universo en las Manos de Dios.

Nuestra seguridad y protección no está en nosotros, solos y separados. Procede únicamente de escuchar la Voz en cada momento. No conocemos el camino al Cielo, pero caminamos con Uno que lo conoce.


¿Qué es el Cristo? (Parte 5)

L.pII.6.3:1-3

Cristo, nuestro Ser, es “el hogar del Espíritu Santo” (3:1). El Curso a menudo se refiere al Espíritu Santo como “la Voz que habla por Dios”, esta Voz procede de nuestro Ser, el Cristo. Éste es Su Hogar, donde el Espíritu Santo “reside”, por así decirlo. Cuando sentimos un impulso interno en una dirección determinada, o, como en el caso de Helen Schucman (que escribió el Curso), parece que oímos palabras de verdad que se nos hablan dentro de nuestra mente, es la presencia dentro de nosotros de esta “parte” de nuestra mente la que lo hace posible. Cristo es el eslabón que nos mantiene unidos a Dios (2:1). Si Cristo no existiese dentro de nosotros, no oiríamos estos mensajes, porque el eslabón que nos une a Dios no existiría. (Para ir un poco más lejos, ¡si no existiese esa unión con Dios, no existiríamos en absoluto!). Por lo tanto, el hecho de que sentimos estos mensajes internos que nos llevan en dirección a Dios y al amor demuestra que la unión con Dios todavía existe dentro de nosotros. Eso, a su vez, confirma lo que el Curso dice: “¡No estamos separados de Dios!”.

Cristo se siente a gusto únicamente en Dios (3:1). De nuevo, esto podemos sentirlo en nuestra propia experiencia. El sentimiento de no sentirnos en nuestro hogar en este mundo es casi universalmente reconocido; en un momento u otro, parece que todo el mundo se ha sentido así, algunos de manera más intensa que otros quizá, aunque todos lo hemos sentido de algún modo. ¿De dónde procede ese sentimiento? ¿Es posible que no estemos en nuestro hogar en este mundo? Dado lo extendido de esta experiencia, ¿no es probable que haya una parte de nosotros que realmente no se siente en el hogar aquí, sino sólo en Dios? El Curso nos aconseja que escuchemos esta Voz Interior que parece llamarnos a regresar a nuestro hogar, un hogar que no podemos recordar con claridad, pero que de alguna manera sabemos que es real. (Ver especialmente en el Texto “La Canción Olvidada” (T.21.I), o la Lección 182 “Permaneceré muy quedo por un instante e iré a mi hogar”)

“Cristo permanece en paz en el Cielo de tu mente santa” (3:1), como ya hemos explicado en los últimos dos días. Suceda lo que suceda en el exterior, el Cristo en nuestra mente permanece eternamente en paz.

Él es la única parte de ti que en verdad es real. Lo demás son sueños. (3:2-3)

Ésta es una afirmación fundamental. Para la mayoría de nosotros, esta parte de nuestra mente que está eternamente en paz, parece muy lejana y escondida, algo con lo que entramos en contacto en momentos de profunda meditación. La parte que nos parece “real” de nuestra consciencia es la parte agitada y confusa. Podemos reconocer que el Cristo en nuestro interior es real, pero sólo parece ser una pequeña parte de lo que somos. En realidad, esta lección dice que esa parte profundamente tranquila y santa es lo único real de lo que pensamos que somos, el resto son sueños.

Pienso que esto a menudo nos causa miedo a muchos de nosotros. La idea de que la mayor parte de lo que pensamos acerca de nosotros no es real en absoluto sino sólo un sueño, es bastante aterradora. Nos hemos identificado tanto con estos aspectos de nosotros y nos hemos convencido tanto de su realidad, que nos asusta la idea de que puedan desaparecer si entramos en contacto con el Cristo dentro de nosotros. Parece una especie de muerte o de destrucción, como si la mayor parte de nuestra persona fuera a borrarse en una especie de lobotomía cósmica. El Texto habla a menudo y con fuerza acerca de nuestro miedo a encontrar nuestro Ser (ver, por ejemplo el Capítulo 13, Secciones II y III del Texto). Una de esas afirmaciones es:

Has construido todo tu demente sistema de pensamiento porque crees que estarías desamparado en Presencia de Dios, y quieres salvarte de Su Amor porque crees que éste te aniquilaría. Tienes miedo de que pueda alejarte completamente de ti mismo y empequeñecerte porque crees que la magnificencia radica en el desafío y la grandeza en el ataque. (T.13.III.4:1-2)

Piensa en esto desde el otro lado de la pregunta por un momento. ¿Y si la mayor parte de lo que pensamos acerca de nosotros es sólo un sueño? ¿Qué perderíamos si desapareciera? Nada. Nada, excepto los sueños de dolor y sufrimiento, nada excepto nuestra profunda sensación de soledad.

La iluminación no destruye la personalidad individual. No destruye nada en absoluto, sólo elimina los sueños y las ilusiones. Quita lo que no es verdad ni nunca lo ha sido. El Cristo es la única “parte” de nosotros que es real, y la única pérdida que experimentaremos es la pérdida de cosas que jamás han existido.





TEXTO

Capítulo 24


EL DESEO DE SER ESPECIAL



Introducción


1. No olvides que la motivación de este curso es alcanzar y con­servar el estado de paz. 2En ese estado la mente se acalla y se alcanza la condición en la que se recuerda a Dios. 3No es necesa­rio que le digas lo que Él debe hacer. 4Él no fallará. 5Allí donde puede entrar, Él ya ha entrado. 6¿Cómo no iba a poder entrar allí donde es Su Voluntad estar? 7Alcanzarás la paz porque ésa es Su Voluntad. 8¿Crees que una sombra puede frenar la Voluntad que mantiene al universo a salvo? 9Dios no tiene que contemporizar con las ilusiones para ser lo que es. 10Ni Su Hijo tampoco. 11Ellos simplemente son. 12¿Y qué ilusión que en su vagar parezca flotar e interponerse entre Ellos tiene el poder de invalidar los designios de Su Voluntad conjunta?

2. Aprender este curso requiere que estés dispuesto a cuestionar cada uno de los valores que abrigas. 2Ni uno solo debe quedar oculto y encubierto, pues ello pondría en peligro tu aprendizaje. 3Ninguna creencia es neutra. 4Cada una de ellas tiene el poder de dictar cada decisión que tomas. 5Pues una decisión es una conclu­sión basada en todo lo que crees. 6Es el resultado de lo que se cree y emana de ello tal como el sufrimiento es la consecuencia inevita­ble de la culpabilidad, y la libertad, de la falta de pecado. 7La paz no tiene substitutos. 8No hay alternativa para lo que Dios crea. 9La verdad surge de lo que Él sabe. 10Y así como toda la creación sur­gió en Su Mente por razón de lo que Él sabe, del mismo modo tus decisiones proceden de tus creencias.


I. El deseo de ser especial: el sustituto del amor

 1. El amor es extensión. 2Negarte a dar un regalo -por insignifi­cante que sea- es no conocer el propósito del amor. 3El amor lo da todo eternamente. 4Si retienes una sola creencia, una sola ofrenda, el amor desaparece, pues has pedido que un sustituto ocupe su lugar. 5ahora la pugna -el substituto de la paz- no puede sino acompañar a la única alternativa que puedes elegir en lugar del amor. 6El que la hayas elegido es lo que le confiere toda la realidad que parece tener.

 2. Las creencias nunca se atacarán unas a otras abiertamente, ya que es imposible que se puedan producir desenlaces conflictivos. 2Mas una creencia que no se haya reconocido es una decisión de batallar en secreto, en la que los resultados del conflicto se mantie­nen ocultos y nunca se llevan ante la razón para ver si son sensa­tos o no. 3Y son muchos los resultados insensatos que se han obtenido y muchas las decisiones absurdas que se han tomado que ahora se han convertido en creencias a las que se les ha otor­gado el poder de determinar las decisiones subsiguientes. 4No subestimes el poder que tienen estos guerreros ocultos para des­truir tu paz. 5Pues ésta se encuentra a su merced mientras tu deci­sión de dejarla en sus manos siga en pie. 6Los enemigos secretos de la paz -tu más mínima decisión de elegir el ataque en vez del amor- se encuentran ahí por tu propia elección, sin ser reconoci­dos y prestos a desafiarte a combatir y a llevarte a una violencia mucho más grande de lo que te imaginas. 7No niegues su presen­cia ni sus terribles resultados. 8Lo único que se puede negar es su realidad, no sus consecuencias.

3. La única creencia que se mantiene celosamente oculta y que se defiende aunque no se reconoce, es la fe en ser especial. 2Esto se manifiesta de muchas formas, pero siempre choca con la realidad de la creación de Dios y con la grandeza con la que Él dotó a Su Hijo. 3¿Qué otra cosa podría justificar el ataque? 4¿Quién podría odiar a alguien cuyo Ser es el suyo propio y a Quien conoce? 5Sólo los que se creen especiales pueden tener enemigos, pues creen ser diferentes y no iguales. 6cualquier clase de diferencia impone diferentes órdenes de realidad y una ineludible necesi­dad de juzgar.

4. Lo que Dios creó no puede ser atacado, pues no hay nada en el universo que sea diferente de ello. 2Lo que es diferente, sin embargo, exige juicios, y éstos tienen que proceder de alguien que es "mejor", alguien incapaz de ser como aquel a quien con­dena, alguien "superior" a él, y en comparación, inocente. 3Y así, el deseo de ser especial se convierte simultáneamente en un medio y en un fin. 4Pues ser especial no sólo separa, sino que también sirve como base desde la que el ataque contra los que parecen ser "inferiores", es "natural" y "justo". 5Los que se creen especiales se sienten débiles y frágiles debido a las diferencias, pues lo que los hace especiales es su enemigo. 6Sin embargo, ellos lo protegen y lo llaman "amigo". 7Luchan por él contra todo el universo, pues no hay nada en el mundo que sea más valioso para ellos.

5. El deseo de ser especial es el gran dictador de las decisiones erróneas. 2He aquí la gran ilusión de lo que tú eres y de lo que tu hermano es. 3Y he aquí también lo que hace que se ame al cuerpo y se le considere algo que vale la pena conservar. 4Ser especial es una postura que requiere defensa. 5Las ilusiones la pueden atacar y es indudable que lo hacen. 6Pues aquello en lo que tu hermano se tiene que convertir para que tú puedas seguir siendo especial es una ilusión. 7Hay que atacar a aquel que es "peor" que tú, de forma que tu especialismo * pueda perpetuarse a costa de su derrota. 8Pues ser especial supone un triunfo, y esa victoria consti­tuye la derrota y humillación de tu hermano. 9¿Cómo puede vivir tu hermano con el fardo de todos tus pecados sobre él? 10¿Y quién, sino tú, es su conquistador?

6. ¿Podrías odiar a tu hermano si fueses igual que él? 2¿Podrías atacarlo si te dieses cuenta de que caminas con él hacia una misma meta? 3¿No harías todo lo posible por ayudarlo a alcan­zarla si percibieses que su triunfo es el tuyo propio? 4Tu deseo de ser especial te convierte en su enemigo; pero en un propósito compartido, eres su amigo. 5Ser especial jamás se puede compar­tir, pues depende de metas que sólo tú puedes alcanzar. 6él jamás debe alcanzarlas, pues de otro modo tu meta se vería en peligro. 7¿Qué significado puede tener el amor allí donde el obje­tivo es triunfar? 8¿Y qué decisión puede tomarse en favor de ese objetivo que no acabe perjudicándote?

7. Tu hermano es tu amigo porque su Padre lo creó semejante a ti. 2No hay diferencia alguna entre vosotros. 3Se te ha dado tu hermano para que el amor se pueda extender, no para que se lo niegues. 4Lo que no das, lo pierdes. 5Dios se dio a Sí Mismo a vosotros dos, y recordar esto es el único propósito que compartís ahora. 6Por lo tanto, es el único propósito que tenéis. 7¿Podríais atacaros el uno al otro si decidieseis no permitir que el deseo de ser especial se interpusiese entre vosotros? 8Observa imparcial­mente qué es lo que hace que no aceptes a tu hermano del todo, o qué es lo que te lleva a pensar que quizá os convendría más estar separados. 9¿No es siempre acaso tu creencia de que tu sensación de ser especial se ve menoscabada por vuestra relación? 10¿Y no es éste el "enemigo" que hace que cada uno de vosotros sea una ilusión para el otro?

8Tu temor a Dios y a tu hermano procede de cada creencia de ser especial que aún no has reconocido. 2Pues exiges que tu hermano se postre ante ella en contra de su voluntad. 3Y Dios Mismo tiene que honrarla o pagar las consecuencias. 4Todo vestigio de malicia, toda punzada de odio y todo deseo de perpetuar la separación nace ahí. 5Pues en este punto el propósito que compartes con tu hermano queda velado de vuestras conciencias. 6Te resistes a aceptar este curso porque te enseña que tú y tu hermano sois igua­les. 7No tenéis ningún propósito que no sea el mismo, ni ninguno que vuestro Padre no comparta con vosotros. 8Pues se ha elimi­nado de vuestra relación todo objetivo de ser especial. 9¿Destrui­rías ahora el objetivo de santidad que el Cielo le confirió a esta relación? 10¿Qué perspectiva puede tener el que se cree especial que no cambie con cada aparente golpe, con cada afrenta, o con cada juicio que se imagina ha sido emitido contra él?

9. Los que se creen especiales se ven obligados a defender las ilusiones contra la verdad, 2pues ¿qué otra cosa es el deseo de ser especial sino un ataque contra la Voluntad de Dios? 3No amas a tu hermano mientras sea eso lo que defiendes en contra suya. 4Esto es lo que él ataca y lo que tú proteges. 5He aquí el motivo de la batalla que libras contra él. 6Aquí él no puede sino ser tu ene­migo, no tu amigo. 7Jamás podrá haber paz entre los que son diferentes. 8Mas él es tu amigo precisamente porque sois lo mismo.

domingo, 1 de octubre de 2017

1 OCTUBRE: Este día le pertenece al Amor. Hoy no tendré miedo de nada.

AUDIOLIBRO



EJERCICIOS

LECCIÓN 274

Este día le pertenece al Amor. Hoy no tendré miedo de nada.

1. Padre, hoy quiero dejar que todas las cosas sean como Tú las creaste y ofrecerle a Tu Hijo el honor que se merece por su impecabilidad; el amor de un hermano hacia su hermano y Amigo. 2De ese modo soy redimido. 3Y del mismo modo, la verdad pasará a ocupar el lugar que antes ocupa­ban las ilusiones, la luz reemplazará toda oscuridad y Tu Hijo sabrá que él es tal como Tú lo creaste.

2. Hoy nos llega una bendición especial de Aquel que es nuestro Padre. 2Dedícale a Él este día, y no tendrás miedo de nada hoy, pues el día habrá sido consagrado al Amor.





Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones para la práctica en las instrucciones de la Segunda Parte del Libro de Ejercicios, o en la Tarjeta de Práctica de este libro.

Comentario

Dedícale a Él este día, y no tendrás miedo de nada hoy, pues el día habrá sido consagrado al Amor. (2:2)

Miedo es lo que surge cuando cerramos nuestra consciencia al Amor. No es nada sino la ausencia ilusoria del Amor, “ilusoria” porque el Amor nunca está ausente. El Amor es lo único que existe. Como el sol físico, el Amor siempre está brillando. A veces decimos: “Hoy no ha salido el sol”. Por supuesto que el sol ha salido, pero hay una interferencia: las nubes, algo que se pone delante y que nos impide ver el sol. Entonces vemos la oscuridad, que no es sino la ausencia de luz. La oscuridad no es nada en sí misma. Cuando se quita la interferencia, la luz está ahí, como siempre ha estado.

Así también, cuando quitamos la interferencia a nuestra consciencia del Amor, el Amor sigue estando ahí y el miedo ha desaparecido. Si dedicamos este día al Amor, no habrá miedo.

Es fácil ver cómo podemos entender cualquier forma de miedo como una petición de amor. “El miedo es un síntoma de tu profunda sensación de pérdida” (T.12.I.9:1). El miedo es cómo nos sentimos cuando el Amor parece estar ausente; por lo tanto, es simplemente un grito automático a la presencia del Amor. Es una petición de Amor, y nada más. El miedo puede tomar muchas formas: ira, preocupación, tristeza, celos, enfermedad o un deseo adictivo de una cosa o persona, pero todos ellos son sólo formas de miedo. Cuando sea consciente de ellos en mí, voy a llevárselos al Espíritu Santo para que Él pueda reinterpretarlos (T.12.I.8:8-9), para que yo pueda entender que todas las formas de miedo no son nada más que una petición inconsciente de amor (T.12.I.8:13), y por lo tanto no hay nada de lo que sentirse culpable.

Cuando era niño creía que toda enfermedad era causada por gérmenes. Tenía una idea muy clara de que un bicho invasor se metía en mi cuerpo y lo estropeaba, podía entender eso. Aunque metafísicamente esto no es una imagen verdadera, ni siquiera científicamente totalmente cierta, era lo que yo creía que era verdad. Eso era lo que la enfermedad era para mí.

Un día durante un largo viaje estaba sentado en la parte de atrás del coche, leyendo un tebeo. Empecé a sentirme mal. Supongo que nunca había sentido mareo antes, así que debía ser muy pequeño. Pensé que “me estaba poniendo enfermo” y les dije a mis padres que pararan el coche porque me iba a poner enfermo. Entré en la sala de descanso de una estación de servicio. Cuando entraba me sentí menos enfermo. Usé el baño, y pasados unos minutos me sentí mejor. Me sentí muy sorprendido, ¿qué le había pasado a la enfermedad?

Cuando volví al coche y se lo dije a mis padres, ellos dijeron: “¡Oh! Debes haber sentido el mareo por viajar en coche”. Me explicaron que a veces el movimiento puede hacerte sentir mal, pero que no es lo mismo que tener la gripe. Recuerdo que dije algo como: “¿Queréis decir que no estoy enfermo? ¿Qué sólo me siento enfermo? Estuvieron más o menos de acuerdo con mi interpretación. Me explicaron que se debía a que la mente se sentía confundida porque mis ojos estaban mirando a cosas que no se movían mientras que el resto del cuerpo sentía el movimiento. En efecto, me dijeron que ¡la enfermedad se debía a la falsa percepción de mi mente!

En mi joven mente, algo se iluminó. ¡Quería leer aquel tebeo! Aunque mis padres me aconsejaron que no lo hiciese, continué leyendo. Empecé a sentirme mal de nuevo. Pero entonces sabía la verdad: ¡No estaba realmente enfermo! Era una falsa enfermedad. No había ninguna causa real (gérmenes) para estar enfermo. Era mi mente la que me lo estaba haciendo, así que mi mente podía deshacerlo. Así que a pesar de las náuseas y dolor de estómago, seguí leyendo. Me dije a mí mismo: “No estoy realmente enfermo”. Y la náusea desapareció, y ya nunca más he vuelto a sentir mareo en toda mi vida, excepto una vez en un trasatlántico durante una tormenta muy fuerte, después de todo mil cien personas vomitaron, excepto yo y una docena de personas, supongo que la “prueba” era demasiado aplastante.

Tal como aquel día me convencí a mí mismo que la enfermedad no era real (una lección muy clara en mi vida acerca del poder de la mente), el Espíritu Santo quiere convencernos que nuestros miedos no son reales. Tal como aquel día que no había nada mal en mi cuerpo, Él quiere que sepamos que cuando sentimos miedo, no hay nada malo en nuestra mente. A pesar de lo que vemos en el mundo, el Espíritu Santo quiere que sepamos que el miedo es producido por nuestra propia mente; no es real, porque el Amor nunca está ausente y por lo tanto no hay ninguna razón para el miedo. Puedes sentir miedo en cualquiera de sus formas (Él nunca nos pide que neguemos eso, en lugar de ello nos pide que lo miremos y lo reconozcamos muy claramente), pero lo que sí nos pide es que nos demos cuenta de que lo que estamos sintiendo es falso. No tiene causa. Es sólo algo producido por una mente que se ha cerrado a la verdad. Ni siquiera tenemos que curar nuestro miedo, porque ¡la enfermedad no es real!

O amamos a nuestros hermanos o les tenemos miedo, ésas son las únicas dos emociones en este mundo, según el Curso (T.12.I.9:5). Entonces, dedicar el día al Amor significa que no reaccionaremos con miedo a nuestros hermanos. Queremos “dejar que todas las cosas sean como Tú las creaste” (1:1), y por lo tanto honramos a nuestros hermanos en su perfecta inocencia. Le daremos a cada uno de ellos, como Hijo de Dios, “el amor de un hermano hacia su hermano y Amigo” (1:1).

El camino del Curso se basa en esto, en aprender a abandonar nuestros miedos y en responder unos a otros con amor, honrando lo que todos somos en verdad, en lugar de temer lo que nuestros hermanos parecen ser. Así es como somos redimidos (1:2), así es como la luz reemplaza a toda la oscuridad del mundo (1:3).

Este día le pertenece al Amor. Hoy no tendré miedo de nada.


¿Qué es el Cristo? (Parte 4)

L.pII.6.2:4-5

El Cristo es la parte de nuestra mente en la que se encuentra la Respuesta de Dios (2:3). Esta parte de nuestra mente no se ve afectada por nada que los ojos del cuerpo puedan percibir (2:4). Nuestra mente, tal como somos conscientes de ella, se ve más que afectada por lo que nuestros ojos ven, está dominada por ello, y sacudida como una hoja al viento (¡como muy bien saben los publicistas!). Pero hay algo en nosotros, en algún lugar de nosotros, que está de acuerdo con esta afirmación de que no se ve alterado o perturbado por las percepciones físicas. Permanece perfectamente en calma a pesar de lo que parezca suceder a nuestro alrededor. Permanece completamente amorosa, sin que importen qué ataques se le hagan a nuestro amor. Esto es el Cristo, nuestro verdadero Ser.
Lo que estamos practicando es hacernos conscientes de esta parte de nosotros mismos. En los instantes santos que pasamos escuchando en silencio estamos intentando conectarnos con este centro silencioso y sereno de nuestro ser. Ésta es la Voz que intentamos escuchar, una Voz de una quietud majestuosa y de una total serenidad. El Cristo no es un ser extraño, algo separado de nosotros que tenemos que aprender a imitar. Él es nuestro Ser. Él es como el ojo del huracán. Cuando nuestra mente está agitada y aparentemente sin control, si queremos abandonar lo que nos causa agitación, podemos entrar en ese ojo de la tormenta y encontrar la paz dentro de nosotros, que siempre está ahí. En el momento en que lo hacemos el cambio es tan sorprendente que no hay confusión posible. El estruendo del viento se para. La explosión de los elementos se detiene de repente. No hay nada más que paz. En este centro tranquilo de nuestro ser, todos los acontecimientos de nuestras vidas que nos han llevado de acá para allá, indefensos ante su agarre, no tienen efecto alguno. Y en ese momento sabemos: “Esto es lo que Yo soy”.

Debido a la confusión de nuestra mente, debido a que hemos inventado un aparente problema donde no hay ninguno, el Padre ha puesto en Cristo “los medios para tu salvación” (2:5), la Respuesta a nuestras ilusiones. Y sin embargo, este Cristo permanece sin ser afectado por los “problemas”, completamente puro, Él “no conoce el pecado” (2:5). La Respuesta al pecado está en Él y, sin embargo, en Él habiéndose Respondido al problema, ni siquiera existe. La perfección de Cristo no ha sido manchada por nuestra locura. Todavía es tan perfecto como en el instante en que fue creado. Y Él es yo. “Soy el santo Hijo de Dios Mismo” (L.191). Aquí, en la quietud del Ser de Cristo, sé que todos mis “pecados” no son nada, que no tienen ningún efecto. Aquí soy más que inocente, aquí soy santo. Todas las cosas son santas. Y nada irreal existe.