DESPERTAR AL AMOR

miércoles, 3 de abril de 2019

3 ABRIL: La luz, la dicha y la paz moran en mí.



AUDIOLIBRO

EJERCICIOS

LECCION 93


La luz, la dicha y la paz moran en mí.


1. Crees ser la morada del mal, de las tinieblas y del pecado. 2Piensas que si alguien pudiese ver la verdad acerca de ti sentiría tal repulsión que se alejaría de ti como si de una serpiente vene­nosa se tratase. 3Piensas que si la verdad acerca de ti te fuese revelada, te sobrecogería un horror tan grande que te apresura­rías de inmediato a quitarte la vida, pues sería imposible seguir viviendo después de haber contemplado semejante atrocidad.

2. Estas creencias están tan firmemente arraigadas en ti que resulta difícil hacerte entender que no tienen fundamento alguno. 2Que has cometido errores es obvio. 3Cierto es también, teniendo en cuenta lo que ahora crees, que has buscado la salvación por extra­ños caminos; que te has dejado engañar y que a tu vez has enga­ñado; que has tenido miedo de fantasías pueriles y de sueños crueles y que te has postrado ante ídolos de polvo.

3. Hoy vamos a poner en tela de juicio todo esto, no desde el punto de vista de lo que piensas, sino desde un punto de referen­cia muy distinto, desde el cual tales pensamientos vanos carecen de sentido. 2Esos pensamientos no concuerdan con la Voluntad de Dios. 3Él no comparte contigo estas extrañas creencias. 4Esto es suficiente para probarte que son erróneas, pero tú no te das cuenta de ello.

4. ¿Por qué no habrías de dar saltos de alegría cuando se te ase­gura que todo el mal que crees haber hecho nunca ocurrió; que todos tus pecados no son nada; que sigues siendo tan puro y santo como fuiste creado, y que la luz, la dicha y la paz moran en ti? 2La imagen que tienes de ti mismo no puede resistir la Volun­tad de Dios. 3Tú piensas que eso es la muerte, sin embargo, es la vida. 4Tú piensas que se te está destruyendo, sin embargo, se te está salvando.

5. El ser que tú fabricaste no es el Hijo de Dios. 2Por lo tanto, no existe en absoluto. 3Y todo lo que aparentemente hace o piensa carece de significado. 4No es bueno ni malo. 5Es simplemente irreal; nada más. 6No batalla con el Hijo de Dios. 7No le hace daño ni ataca su paz. 8No ha alterado la creación en absoluto, ni ha convertido la eterna impecabilidad en pecado, o el amor en odio. 9¿Qué poder puede poseer ese ser que tú fabricaste, cuando lo que hace es contradecir la Voluntad de Dios?

6. Tu impecabilidad está garantizada por Dios. 2Esto tiene que repetirse una y otra vez, hasta que se acepte. 3Es la verdad. 4Tu impecabilidad está garantizada por Dios. 5Nada puede afectarla, y nada puede cambiar lo que Dios creó eterno. 6El ser que tú fabri­caste, lleno de maldad y de pecado, no es nada. 7Tu impecabilidad está garantizada por Dios, y la luz, la dicha y la paz moran en ti.

7. La salvación requiere que aceptes un solo pensamiento: que eres tal como Dios te creó, y no lo que has hecho de ti mismo. 2Sea cual sea el mal que creas haber hecho, eres tal como Dios te creó. 3Sean cuales sean los errores que hayas cometido, la verdad con respecto a ti permanece inalterada. 4La creación es eterna e inalterable. 5Tu impecabilidad está garantizada por Dios. 6Eres, y siempre serás, exactamente como fuiste creado. 7La luz, la dicha y la paz moran en ti porque ahí las puso Dios.

8. En nuestras sesiones de práctica más largas de hoy, las cuales serían más provechosas si las llevases a cabo durante los prime­ros cinco minutos de cada hora de vigilia, comienza afirmando la verdad acerca de tu creación:

2La luz, la dicha y la paz moran en mí.
3Mi impecabilidad está garantizada por Dios.

4Luego deja a un lado las disparatadas imágenes que tienes de ti mismo, y pasa el resto de la sesión de práctica tratando de experi­mentar lo que Dios te ha dado, en lugar de lo que tú has decre­tado para ti mismo.

9. Pues o bien eres lo que Dios creó, o bien lo que tú mismo has hecho de ti. 2Un Ser es real; el otro no existe. 3Trata de experimen­tar la unidad de tu único Ser. 4Trata de apreciar Su santidad y el Amor del que fue creado. 5Trata de no ser un obstáculo para el Ser que Dios creó como lo que tú eres, ocultando Su majestad tras los insignificantes ídolos de maldad y de pecado que has inven­tado para reemplazarlo. 6Permítele venir ahí donde le corres­ponde estar. 7Ahí estás tú; Eso es lo que eres. 8Y la luz, la dicha y la paz moran en ti porque esto es así.

10. Tal vez no estés dispuesto o no puedas dedicar los primeros cinco minutos de cada hora a hacer estos ejercicios. 2Trata, no obstante, de hacerlos cuando puedas. 3Acuérdate por lo menos de repetir estos pensamientos cada hora:

4La luz, la dicha y la paz moran en mí.
5Mi impecabilidad está garantizada por Dios.

6Trata luego de dedicar un minuto más o menos, con los ojos cerrados, a cobrar conciencia de que se trata de una afirmación de la verdad acerca de ti.

11. Si surge alguna situación que parezca perturbarte, desvanece la ilusión de miedo de inmediato, repitiendo de nuevo estos pen­samientos. 2Si te sientes tentado de enfadarte con alguien, dile silenciosamente:

3La luz, la dicha y la paz moran en ti.
4Tu impecabilidad está garantizada por Dios.

5Hoy puedes hacer mucho por la salvación del mundo. 6Hoy pue­des hacer mucho por desempeñar más fielmente el papel que Dios te ha asignado en la salvación. 7Y hoy puedes asimismo hacer mucho por convencer a tu mente de que la idea de hoy es en efecto la verdad.



Instrucciones para la práctica

Propósito: Dejar de lado tu creencia de que eres pecador y malvado, y experimentar la inocencia de tu Ser tal como Dios te creó.

Ejercicios más largos: Cada hora, a la horas en punto, durante cinco minutos. 
  • Repite: “La luz, la dicha y la paz moran en mí. Mi impecabilidad está garantizada por Dios.” Me resulta útil hacer una breve pausa después de cada cualidad (“Luz… dicha… paz…”) de modo que puedo agradecer cada una por separado. 
  • El resto es una meditación corta, en la que intentas dejar el falso ser que te has inventado, que incluye todo tu sentido de ser y todas tus imágenes falsas acerca de ti. Llega muy dentro a tu Ser tal como Dios te creó, lleno de luz y dicha y paz. Intenta experimentar Su unidad y agradecer Su santidad y Amor.”Permítele venir ahí donde le corresponde estar” (9:6). Recuerda tener una actitud de confianza, deseo y determinación, y expulsar los pensamientos que distraen por medio de repetir la idea.

Alternativo: a la hora en punto, durante al menos un minuto.
Intenta hacer cada hora los cinco minutos siempre que puedas. Cuando no puedas o no estés dispuesto, por lo menos haz el ejercicio alternativo: 
  • Di: “La luz, la dicha y la paz moran en mí. Mi impecabilidad está garantizada por Dios.” 
  • Cierra los ojos e intenta darte cuenta de que esto es la verdad acerca de ti.

Respuesta a la tentación: Cada vez que una situación o persona te tiente a estar disgustado.
1. Si una situación te altera, di rápidamente: “La luz, la dicha y la paz moran en mí. Mi impecabilidad está garantizada por Dios.”
2. Si una persona parece enfadarte, dile en silencio: “La luz, la dicha y la paz moran en ti. Tu impecabilidad está garantizada por Dios.”

Apoyo a la práctica: Hoy es el comienzo de una serie de lecciones en las que se te pide que practiques cinco minutos cada hora. Para ayudarte a mejorar en este reto, estas lecciones contienen una enorme cantidad de ánimo para la práctica. Puedes ver ese aliento al final de las frases de esta lección, que te dicen que al hacer la práctica de hoy puedes ayudar a la salvación del mundo, acercar más tu propio papel en esa salvación, y ganar la seguridad de que la luz, la dicha y la paz verdaderamente moran en ti.

Comentario

El pensamiento del encabezamiento es muy positivo y refleja la verdad acerca de mí; pero el primer párrafo de la lección es bastante sombrío y refleja lo que el ego me ha enseñado acerca de mí, y me lo ha enseñado muy bien. Creo que yo soy “la morada del mal, de las tinieblas y del pecado” (1:1). A decir verdad, no muchos de nosotros somos conscientes de que pensamos esto de nosotros, y cuando surgen esos pensamientos los olvidamos rápidamente. Pero el modo en que me respondo a mí mismo, ciertamente, muestra que así es como pienso de mí mismo. De otro modo, ¿por qué protejo tanto mis “pensamientos privados”, por ejemplo? ¿Por qué tengo tanto miedo a examinarme a mí mismo y a mis motivaciones internas? ¿Por qué tengo miedo de abandonar el cuerpo y aparecer ante Dios, cuando esa posibilidad cruza mi mente? Tengo profundamente arraigadas dudas acerca de mi propia bondad y valía.

Supón que tuviera que encontrarme con alguien que pudiera leer mi mente y conocer cada uno de mis pensamientos. ¿Me sentiría cómodo con esa persona? Imagínate que tuviera que llevar puesto un casco con una pantalla de vídeo encima de mi frente y que reflejase mis pensamientos para que todos los viesen. ¿Cómo me sentiría? No tengo ninguna duda de que me sentiría muy, muy incómodo y quizá aterrorizado, porque hay muchos pensamientos que cruzan mi mente todo el tiempo que no me gustaría que los viese todo el mundo.

Incluso cuando estoy bastante seguro de lo inofensivo de mis intenciones, siempre hay algo escondido debajo de mis motivaciones y que desprecio. A veces mis actos más bondadosos están mezclados con cierto resentimiento o sensación de sacrificio y con motivos ocultos. A veces soy muy consciente de no confiar en mí mismo en ciertas situaciones. En el cuadro que describe el Curso, cada uno de nosotros tiene esta duda básica acerca de sí mismo. Secretamente sospechamos, o incluso conscientemente creemos, que no somos completamente merecedores de confianza ni completamente buenos y amorosos. Y como dice la lección, es “difícil” (2:1) sacar estas creencias acerca de nosotros mismos, sin embargo de eso es de lo que trata el Curso: despejar estos obstáculos que nos impiden darnos cuenta de la presencia del amor, que es nuestra herencia natural (ver T.In.1:7).

La verdad es que en lo más profundo de mi Ser, soy completamente amoroso y digno de ser amado (T.1.III.2:3-4). La luz, la dicha y la paz moran en mí, yo soy su hogar, y permanecen conmigo para siempre como creación de Dios. Para empezar a dudar de mis fuertes creencias negativas acerca de mí (que es un modo de definir lo que el Curso llama “culpa”), y para empezar a verme tal como Dios me creó, necesito “un punto de referencia muy distinto” (3:1). Necesito alcanzar un estado mental diferente. Eso es lo que el Espíritu Santo hace por mí, eso es lo que sucede en el instante santo.

La verdad acerca de mí es “que todo el mal que crees haber hecho nunca ocurrió; que todos tus pecados no son nada; que sigues siendo tan puro y santo como fuiste creado, y que la luz, la dicha y la paz moran en ti” (4:1). Negamos este mensaje constantemente, aunque es completamente ilógico hacerlo. Como dice Spot en Star Trek: los seres humanos no siempre son lógicos. Nuestra mente automáticamente inventa argumentos en contra para negar nuestra propia inocencia. O simplemente lo descartamos como absurdo, como “Poliana” sin siquiera considerarlo seriamente. ¿Por qué? Porque pensamos que admitir la verdad de nuestra inocencia es la muerte. Estamos tan identificados con esta imagen culpable de nosotros que amenazarla es amenazar nuestra propia existencia, o así lo parece. “Sin embargo, es la vida” (4:3), no la muerte. Cuando el Espíritu Santo nos presenta una imagen de nuestra inocencia nos aterroriza porque pone nuestro mundo patas arriba y rompe nuestro marco de referencia, basado en los juicios que hemos hecho. Da miedo pensar que hemos estado tan completamente equivocados acerca de nosotros, incluso aunque el error haya sido condenarnos y la verdad que desconocemos es nuestra propia inocencia.

Un método que la lección usa para ayudarnos a romper la vieja imagen de culpa acerca de nosotros es repetir una y otra vez: “Tu impecabilidad está garantizada por Dios” (6:1, y seis veces más en la lección). La repetición frecuente es un modo excelente de reprogramar la mente, por eso se nos pide que pasemos cinco minutos de cada hora (si podemos) repitiendo estas ideas y pensando en ellas, aceptando que son la verdad acerca de nosotros: “La luz, la dicha y la paz moran en mí. Mi impecabilidad está garantizada por Dios” (8:2-3; 10:4-5).

Cuando dice esto, la lección no quiere decir que Dios garantiza que nos cogerá a nosotros, pobres criaturas pecadoras, y que nos hará sin pecado. Eso no es necesario porque para empezar fuimos creados sin pecado y conservamos esa cualidad. Nunca he pecado, eso es lo que me dice la lección. Pienso que he pecado (¡y eso piensan los que me conocen!), creo que lo he hecho, estoy completamente convencido de que lo he hecho, pero nunca he pecado. Errores, sí; pero no pecados, porque no existe el pecado. “Pecar supondría violar la realidad, y lograrlo” (T.19.II.2:2), y eso simplemente no es posible.

“El Hijo de Dios puede estar equivocado, engañarse a sí mismo e incluso usar el poder de su mente contra sí mismo. Pero no puede pecar. No puede hacer nada que en modo alguno altere su realidad, o que haga que realmente sea culpable” (T.19.II.3:1-3).

Mi impecabilidad está garantizada porque no puedo pecar; eso es pura lógica. Si algo es imposible para mí, es una apuesta muy segura que nunca lo haré y que nunca lo he hecho.
Los ejercicios de hoy son intentos de sentir este único Ser, esta realidad tal como Dios la creó. Se necesita abandonar el otro “ser”. Abrirnos a la inmensidad del Amor que está dentro de nosotros, flotar en Él, ser rodeados por Él, abrazados por Él. Y luego el pensamiento más sorprendente: “Ahí estás tú; Eso es lo que eres” (9:7). ¡Eso eres tú! Si puedes, piensa en la experiencia más directa y dramática que hayas tenido de la Presencia de Dios, o de la presencia del amor, y dite a ti mismo: “Eso que experimenté en aquel momento, Eso soy Yo. Eso es lo que yo soy”.




TEXTO

III. La corrección del error
 
1. La vigilancia que el ego ejerce en relación con los errores de otros egos no es la clase de vigilancia que el Espíritu Santo quiere que mantengas. 2Los egos critican basándose en el tipo de "lógica" de que son partidarios. 3Entienden esa clase de lógica porque para ellos tiene sentido. 4Para el Espíritu Santo, no obstante, no tiene ningún sentido.

2. Para el ego lo caritativo, lo correcto y lo apropiado es señalar­les a otros sus errores y tratar de "corregirlos". 2Esto tiene per­fecto sentido para él porque no tiene idea de lo que son los errores ni de lo que es la corrección. 3Los errores pertenecen al ámbito del ego, y la corrección de los mismos estriba en el rechazo del ego. 4Cuando corriges a un hermano le estás diciendo que está equivocado. 5Puede que en ese momento lo que esté diciendo no tenga sentido, y es indudable que si está hablando desde su ego no lo tiene. 6Tu tarea, sin embargo, sigue siendo decirle que tiene razón. 7No tienes que decírselo verbal­mente si está diciendo tonterías. 8Necesita corrección en otro nivel porque su error se encuentra en otro nivel. 9Sigue teniendo razón porque es un Hijo de Dios. 10Su ego, por otra parte, está siempre equivocado, no importa lo que diga o lo que haga.

3. Si le señalas a tu hermano los errores de su ego, tienes forzosa­mente que estar viendo a través del tuyo porque el Espíritu Santo no percibe sus errores. 2Esto tiene que ser verdad, toda vez que no existe comunicación entre el ego y el Espíritu Santo. 3Lo que el ego está diciendo no tiene sentido, y el Espíritu Santo no intenta com­prender nada que proceda de él. 4Puesto que no lo entiende, tam­poco lo juzga, pues sabe que nada que el ego haga tiene sentido.

4. Reaccionar ante cualquier error, por muy levemente que sea, significa que no se está escuchando al Espíritu Santo. 2Él simple­mente pasa por alto todos los errores, y si tú les das importancia, es que no lo estás oyendo a Él. 3Si no lo oyes, es que estás escu­chando al ego, y mostrándote tan insensato como el hermano cuyos errores percibes. 4Esto no puede ser corrección. 5como resultado de ello, no sólo se quedan sus errores sin corregir, 6sino que renuncias a la posibilidad de poder corregir los tuyos.

5. Cuando un hermano se comporta de forma demente sólo lo puedes sanar percibiendo cordura en él. 2Si percibes sus errores y los aceptas, estás aceptando los tuyos. 3Si quieres entregarle tus errores al Espíritu Santo, tienes que hacer lo mismo con los suyos. 4A menos que ésta se convierta en la única manera en que lidias con todos los errores; no podrás entender cómo se deshacen. 5¿Qué diferencia hay entre esto y decirte que lo que enseñas es lo que aprendes? 6Tu hermano tiene tanta razón como tú, y si crees que está equivocado te estás condenando a ti mismo.

6. Tú no te puedes corregir a ti mismo. 2¿Cómo ibas a poder entonces corregir a otro? 3Puedes, no obstante, verlo verdaderamente, puesto que te es posible verte a ti mismo verdaderamente. 4Tu función no es cambiar a tu hermano, sino simplemente acep­tarlo tal como es. 5Sus errores no proceden de la verdad que mora en él, y sólo lo que es verdad en él es verdad en ti. 6Sus errores no pueden cambiar esto, ni tener efecto alguno sobre la verdad que mora en ti. 7Percibir errores en alguien, y reaccionar ante ellos como si fueran reales, es hacer que sean reales para ti. 8No podrás evitar pagar las consecuencias de esto, no porque se te vaya a castigar, sino porque estarás siguiendo al guía equivocado, y, por lo tanto, te extraviarás.

7. Los errores que tu hermano comete no es él quien los comete, tal como no eres tú quien comete los tuyos. 2Considera reales sus errores, y te habrás atacado a ti mismo. 3Si quieres encontrar tu camino y seguirlo, ve sólo la verdad a tu lado, pues camináis juntos. 4El Espíritu Santo en ti os perdona todo a ti y a él. 5Sus errores le son perdonados junto con los tuyos. 6La Expiación, al igual que el amor, no opera aisladamente. 7La Expiación no puede operar aisladamente porque procede del amor. 8Cualquier intento que hagas por corregir a un hermano significa que crees que puedes corregir, y eso no es otra cosa que la arrogancia del ego. 9La corrección le corresponde a Dios, Quien no conoce la arrogancia.


8. El Espíritu Santo lo perdona todo porque Dios lo creó todo. 2No trates de asumir Su función, o te olvidarás de la tuya. 3Acepta únicamente la función de sanar mientras estés en el tiempo por­que para eso es el tiempo. 4Dios te encomendó la función de crear en la eternidad. 5No necesitas aprender cómo crear, pero necesitas aprender a desearlo. 6Todo aprendizaje se estableció con ese pro­pósito. 7Así es como el Espíritu Santo utiliza una capacidad que tú inventaste, pero que no necesitas. 8iPonla a Su disposición! 9Tú no sabes cómo usarla. 10ÉI te enseñará cómo verte a ti mismo sin con­denación, según aprendas a contemplar, todas las cosas de esa manera. 11La condenación dejará entonces de ser real para ti, y todos tus errores te serán perdonados.





martes, 2 de abril de 2019

2 ABRIL: Los milagros se ven en la luz, y la luz y la fortaleza son una.


 
AUDIOLIBRO


EJERCICIOS

LECCION 92


Los milagros se ven en la luz, y la luz y la fortaleza son una.


1. La idea de hoy es una ampliación de la anterior. 2No asocias la luz con la fortaleza ni la oscuridad con la debilidad. 3Ello se debe a que tu idea de lo que significa ver está vinculada al cuerpo, a sus ojos y a su cerebro. 4De ahí que creas que puedes cambiar lo que ves poniendo trocitos de vidrio delante de tus ojos. 5Ésta es una de las muchas creencias mágicas que proceden de tu convicción de que eres un cuerpo y de que los ojos del cuerpo pueden ver.

2. Crees también que el cerebro puede pensar. 2Si comprendieses la naturaleza del pensamiento, no podrías por menos que reírte de esta idea tan descabellada. 3Es como si creyeses que eres tú el que sostiene el fósforo que le da al sol toda su luz y todo su calor; o quien sujeta al mundo firmemente en sus manos hasta que deci­das soltarlo. 4Esto, sin embargo, no es más disparatado que creer que los ojos del cuerpo pueden ver o que el cerebro puede pensar.

3. La fortaleza de Dios que mora en ti es la luz en la que ves, de la misma manera como es Su Mente con la que piensas. 2Su forta­leza niega tu debilidad. 3Y es ésta la que ve a través de los ojos del cuerpo, escudriñando la oscuridad para contemplar lo que es semejante a ella misma: los mezquinos y los débiles, los enfer­mizos y los moribundos; los necesitados, los desvalidos y los amedrentados; los afligidos y los pobres, los hambrientos y los melancólicos. 4Esto es lo que se ve a través de los ojos que no pueden ver ni bendecir.

4. La fortaleza pasa por alto todas estas cosas al mirar más allá de las apariencias. 2Mantiene su mirada fija en la luz que se encuen­tra más allá de ellas. 3Se une a la luz de la que forma parte. 4Se ve a sí misma. 5Te brinda la luz en la que tu Ser aparece. 6En la oscuridad percibes un ser que no existe. 7La fortaleza es lo que es verdad con respecto a ti, mas la debilidad es un ídolo al que se honra y se venera falsamente a fin de disipar la fortaleza y permi­tir que la oscuridad reine allí donde Dios dispuso que hubiese luz.

5. La fortaleza procede de la verdad, y brilla con la luz que su Fuente le ha otorgado; la debilidad refleja la oscuridad de su hacedor. 2Está enferma, y lo que ve es la enfermedad, que es como ella misma. 3La verdad es un salvador, y su voluntad es que todo el mundo goce de paz y felicidad. 4La verdad le da el caudal ilimi­tado de su fortaleza a todo aquel que la pide. 5Reconoce que si a alguien le faltase algo, les faltaría a todos. 6Y por eso imparte su luz, para que todos puedan ver y beneficiarse cual uno solo. 7Todos comparten su fortaleza, de manera que ésta pueda brin­darles a todos el milagro en el que ellos se unirán en propósito, perdón y amor.

6. La debilidad, que mira desde la oscuridad, no puede ver pro­pósito alguno en el perdón o en el amor. 2Ve todo lo demás como diferente de ella misma, y no ve nada en el mundo que quisiera compartir. 3Juzga y condena, pero no ama. 4Permanece en la os­curidad para ocultarse, y sueña que es fuerte y victoriosa, vence­dora de limitaciones que no hacen sino crecer descomunalmente en la oscuridad.

7. La debilidad se teme, se ataca y se odia a sí misma, y la oscuri­dad cubre todo lo que ve, dejándole sus sueños que son tan temi­bles como ella misma. 2Ahí no encontrarás milagros sino odio. 3La debilidad se separa de lo que ve, mientras que la luz y la fortaleza se perciben a sí mismas cual una sola. 4La luz de la fortaleza no es la luz que tú ves. 5No cambia, ni titila hasta finalmente extin­guirse. 6No cambia cuando la noche se convierte en día, ni se con­vierte en oscuridad hasta que se hace de día otra vez.

8. La luz de la fortaleza es constante, tan segura como el amor y eternamente feliz de darse a sí misma, ya que no puede sino darse a lo que es ella misma. 2Nadie que pida compartir su visión lo hace en vano, y nadie que entre en su morada puede partir sin un milagro ante sus ojos y sin que la fortaleza y la luz moren en su corazón.

9. La fortaleza que mora en ti te ofrecerá luz y guiará tu visión para que no habites en las vanas sombras que los ojos del cuerpo te proveen a fin de que te engañes a ti mismo. 2La fortaleza y la luz se unen en ti, y ahí donde se unen, tu Ser se alza presto a recibirte como Suyo. 3Tal es el lugar de encuentro que hoy trata­remos de hallar para descansar en él, pues la paz de Dios está ahí donde tu Ser, Su Hijo, aguarda ahora para encontrarse Consigo Mismo otra vez y volver a ser uno.

10. Dediquemos veinte minutos en dos ocasiones hoy a estar pre­sentes en ese encuentro. 2Déjate conducir ante tu Ser. 3Su fortaleza será la luz en la que se te concederá el don de la visión. 4Deja atrás hoy la oscuridad por un rato, y practica ver en la luz, cerrando los ojos del cuerpo y pidiéndole a la verdad que te muestre cómo hallar el lugar de encuentro entre el ser y el Ser, en el que la luz y la fortaleza son una.

11. Así es como practicaremos mañana y noche. 2Después de la reunión de por la mañana, usaremos el día para prepararnos para la de por la noche, cuando nuevamente nos volveremos a reunir en confianza. 3Repitamos la idea de hoy tan a menudo como sea posible, y reconozcamos que es un preludio a la visión y que se nos está llevando de las tinieblas a la luz donde única­mente pueden percibirse milagros.





Instrucciones para la práctica

Propósito: Experimentar la luz de la fortaleza en ti, que te mostrará los milagros que siempre están ahí.

Ejercicios más largos: 2 veces, mañana y noche, durante veinte minutos.
Este ejercicio es otra meditación, como las que has estado haciendo desde la lección 41. Por eso las instrucciones son tan cortas, se supone que sabes cómo hacerlo. Aquí, intentas sumergirte a ese lugar profundo de tu mente donde la luz y la fortaleza son una, y donde “tu Ser se alza presto a recibirte como Suyo” (9:2). Busca este lugar y descansa en la paz que te está esperando allí. Tu búsqueda no es tu propio esfuerzo únicamente. “Déjate conducir” allí (10:2), pídele a la verdad que te lleve allí (a esto se le daba mucha importancia en las Lecciones 69, 73, y 91). Mientras vas allí, recuerda retirar tu mente de las distracciones como se necesita, y tener una actitud de confianza, deseo y determinación.

Recordatorios frecuentes: Tan a menudo como puedas.
Repite la idea, reconociendo que se te está alejando de la ceguera del cuerpo a la luz de la verdadera visión, en la que se ven los milagros. Hazlo pensando “Me estoy preparando para la práctica de la noche”. De este modo, puedes usar el día para prepararte para un auténtico instante santo al final del día.

Comentario

El propósito de esta lección me parece que es encontrar “el lugar de encuentro entre el ser y el Ser”, tal como se dice en 10:4. “La fortaleza de Dios en ti es la luz en la que ves” (3:1). Hay Algo en mí que está muy lejos de lo que pienso que soy, como el sol está lejos de una cerilla. Hay una inmensidad en mí que no me imagino y que, por medio de estas lecciones, se me está conduciendo a descubrir. Hoy, en los dos periodos de práctica de veinte minutos, la “reunión” de la mañana y la noche como se le llama en 11:2, estoy intentando llevar el ser al Ser, llevar la cerilla al sol. Estoy intentando abrir la puerta a lo Infinito dentro de mí.

Esta fortaleza dentro de mí es mucho más poderosa de lo que se pueda decir. Es “constante, tan segura como el amor y eternamente feliz de darse a sí misma” (8:1). Dentro de mí, mi Ser “se alza presto a recibirme como Suyo” (9:2). Soy como una batería cerca de una planta de energía nuclear, a punto de enchufarse a un poder interminable que se renueva a sí mismo sin cesar. No, esa imagen es demasiado fría, le falta el “abrazo” de que se habla. Soy un niño pequeño y asustado, a punto de ser arrastrado a los brazos del universal Dios/Padre/Madre compasivo y todopoderoso.

Pienso que quizá el modo en que un niño pequeño ve a sus padres (gigantescos, inmensos, que todo lo saben, totalmente merecedores de confianza y capaces de hacerlo todo) es quizá un reflejo de la verdad de nuestra relación con Dios, e incluso de nuestra relación con nuestro verdadero Ser.

Esta lección me parece enormemente esperanzadora. Me dice que la fortaleza es la verdad acerca de mí (4:7). ¡Esas palabras merecen repetirse muchas veces! La verdad le da su fortaleza a todo el que se la pide, sin límites (5:4). Esta luz, esta fortaleza “no cambia, ni titila hasta finalmente extinguirse” (7:5). “Nadie que pida compartir su visión lo hace en vano” (8:2). Como una lección posterior nos dice: “Nadie que se proponga alcanzar la verdad puede fracasar”, L.131, encabezamiento). No importa cuántas veces lo haya intentado y haya fracasado, o cuánto tiempo hace que tuve un rayo de luz en mi mente, o lo débiles y pequeños esfuerzos de mi corazón; no puedo fracasar. Tengo la fortaleza de Dios en mí, y me llevará a donde quiero ir.

Hoy vengo a las sesiones de práctica con confianza en esa fortaleza. Mi fortaleza. Vengo a permitir, por este corto tiempo, que mi ser se encuentre con mi Ser. Vengo a dejar atrás la obscuridad y dejar que en la luz surja la verdadera visión en mi mente. No importa que no parezca durar. No importa que mi mente pueda parecer obscura antes y después de ello; ¡que me abra a la luz durante este instante, y que empiece su trabajo de llevarme a mi hogar! Traigo mis dudas, mis miedos, mi incredulidad al descubierto, y las expongo a esta luz, y en la luz desaparecen, y mi corazón se llena de alegría. Se me está “llevando de las tinieblas a la luz, donde únicamente pueden percibirse milagros” (11:3).






TEXTO


II. La respuesta a la oración


1. Todo aquel que haya tratado alguna vez de usar la oración para pedir algo ha experimentado lo que aparentemente es un fracaso. 2Esto es cierto no sólo en relación con cosas específicas que pudie­ran ser perjudiciales, sino también en relación con peticiones que están completamente de acuerdo con lo que este curso postula. 3Esto último, en particular, puede interpretarse incorrectamente como una prueba de que el curso no es sincero en lo que afirma. 4Tienes que recordar, no obstante, que el curso afirma, y repetidamente, que su propósito es ayudarte a escapar del miedo.

2. Supongamos, pues, que lo que le pides al Espíritu Santo es lo que realmente deseas, pero aún tienes miedo de ello. 2Si ese fuese el caso, obtenerlo ya no sería lo que deseas. 3Por eso es por lo que algunas formas específicas de curación no se logran, aun cuando se haya logrado el estado de curación. 4Un individuo puede pedir ser curado físicamente porque tiene miedo del daño corporal. 5Al mismo tiempo, si fuese curado físicamente, la amenaza que ello representaría para su sistema de pensamiento podría causarle mucho más miedo que la manifestación física de su aflicción. 6En ese caso no estaría pidiendo realmente que se le liberase del miedo, sino de un síntoma que él mismo eligió. 7Por lo tanto, no estaría pidiendo realmente ser curado.

3. La Biblia subraya que toda oración recibirá respuesta, y esto es absolutamente cierto. 2El hecho mismo de que se le haya pedido algo al Espíritu Santo garantiza una respuesta. 3Es igualmente cierto, no obstante, que ninguna de las respuestas que Él dé incrementará el miedo. 4Es posible que Su respuesta no sea oída. 5Es imposible, sin embargo, que se pierda. 6Hay muchas respues­tas que ya has recibido pero que todavía no has oído. 7Yo te ase­guro que te están esperando.

4. Si quieres tener la certeza de que tus oraciones son contestadas, nunca dudes de un Hijo de Dios. 2No pongas en duda su palabra ni lo confundas, pues la fe que tienes en él es la fe que tienes en ti mismo. 3Si quieres conocer a Dios y Su Respuesta, cree en mí cuya fe en ti es inquebrantable. 4¿Cómo ibas a poder pedirle algo al Espíritu Santo sinceramente, y al mismo tiempo dudar de tu her­mano? 5Cree en la veracidad de sus palabras por razón de la ver­dad que mora en él. 6Te unirás a la verdad en él, y sus palabras serán verdaderas. 7Al oírlo a él me oirás a mí. 8Escuchar la verdad es la única manera de poder oírla ahora y de finalmente conocerla.

5. El mensaje que tu hermano te comunica depende de ti. 2¿Qué te está diciendo? 3¿Qué desearías que te dijese? 4Lo que hayas decidido acerca de tu hermano determina el mensaje qué recibes. 5Recuerda que el Espíritu Santo mora en él, y Su Voz te habla a través de él. 6¿Qué podría decirte un hermano tan santo, excepto la verdad? 7Mas ¿le escuchas? 8Es posible que tu hermano no sepa quién es, pero en su mente hay una luz que sí lo sabe. 9El resplandor de esta luz puede llegar hasta tu mente, infundiendo verdad  a sus palabras y haciendo posible el que las puedas oír. 10Sus palabras son la respuesta que el Espíritu Santo te da a ti. 11¿Es la fe que tienes en tu hermano lo suficientemente grande como para permitirte oír dicha respuesta?

6. No puedes rezar sólo para ti, de la misma manera en que no puedes encontrar dicha sólo para ti. 2La oración es la re-afirma­ción de la inclusión, dirigida por el Espíritu Santo de acuerdo con las leyes de Dios. 3En tu hermano reside tu salvación. 4El Espíritu Santo se extiende desde tu mente a la suya, y te contesta. 5No puedes oír la Voz que habla por Dios sólo en ti, porque no estás solo. 6Su respuesta va dirigida únicamente a lo que eres. 7No podrás saber la confianza que tengo en ti a no ser que la extien­das. 8No tendrás confianza en la dirección que te ofrece el Espí­ritu Santo, o no creerás que es para ti, a menos que la oigas en otros. 9Tiene que ser para tu hermano por el hecho de que es para ti. 10¿Habría acaso creado Dios una Voz que fuese sólo para ti? 11¿Cómo podrías oír Su respuesta, excepto cuando el Espíritu Santo responde a todos los Hijos de Dios? 12Oye de tu hermano lo que quisieras que yo oyese de ti, pues tú no querrías que yo fuese engañado.

7. Al igual que Dios, yo te quiero por razón de la verdad que mora en ti. 2Tal vez tus engaños te engañen a ti, pero a mí no me pueden engañar. 3Puesto que sé lo que eres, no puedo dudar de ti. 4Oigo sólo al Espíritu Santo en ti, Quien me habla través de ti. 5Si me quieres oír, oye a mis hermanos en quienes la Voz que habla por Dios se expresa. 6La respuesta a todas tus oraciones reside en ellos. 7Recibirás la respuesta a medida que la oigas en todos tus hermanos. 8No escuches nada más, pues, de lo contra­rio, no estarás oyendo correctamente.

8. Cree en tus hermanos porque yo creo en ti, y aprenderás que está justificado que yo crea en ti. 2Cree en mí creyendo en ellos, en virtud de lo que Dios les dio. 3Te contestarán si aprendes a pedir­les solamente la verdad. 4No pidas bendiciones sin bendecirlos, pues sólo de esta manera puedes aprender cuán bendito eres. 5Al seguir este camino estarás buscando la verdad en ti. 6Esto no es ir más allá de ti mismo, sino hacia ti mismo. 7Oye únicamente la Respuesta de Dios en Sus Hijos, y se te habrá contestado.

9. No creer es estar en contra, o atacar. 2Creer es aceptar, y tam­bién ponerse de parte de aquello que aceptas. 3Creer no es ser crédulo, sino aceptar y apreciar. 4No puedes apreciar aquello en lo que no crees ni puedes sentirte agradecido por algo a lo que no le atribuyes valor. 5Por juzgar se tiene que pagar un precio porque juzgar es fijar un precio. 6Y el precio que fijes es el que pagarás.

10. Si pagar se equipara con obtener, fijarás el precio bajo, pero exigirás un alto rendimiento. 2Te habrás olvidado de que poner precio es evaluar, de tal modo que el rendimiento que recibes es directamente proporcional al valor atribuido. 3Por otra parte, si pagar se asocia con dar no se puede percibir como una pérdida, y la relación recíproca entre dar y recibir se reconoce. 4En este caso se fija un precio alto debido al valor del rendimiento. 5Por obtener hay que pagar un precio: se pierde de vista lo que tiene valor, haciendo inevitable el que no estimes lo que recibes. 6Al atribuirle poco valor, no lo apreciarás ni lo desearás.

11. Nunca te olvides, por consiguiente, de que eres tú el que deter­mina el valor de lo que recibes, y el que fija el precio de acuerdo con lo que das. 2Creer que es posible obtener mucho a cambio de poco es creer que puedes regatear con Dios. 3Las leyes de Dios son siempre justas y perfectamente consistentes. 4Al dar, recibes. 5Pero recibir es aceptar, no tratar de obtener algo. 6Es imposible no tener, pero es posible que no sepas que tienes. 7Estar dispuesto a dar es reconocer que tienes, y sólo estando dispuesto a dar puedes reconocer lo que tienes. 8Lo que das, por lo tanto, equivale al valor que le has adjudicado a lo que tienes, al ser la medida exacta del valor que le adjudicas. 9Y esto, a su vez, es la medida de cuánto lo deseas.

12. Así pues, sólo puedes pedirle algo al Espíritu Santo dándole algo, y sólo puedes darle algo allí donde lo reconoces. 2Si recono­ces al Espíritu Santo en todos, imagínate cuánto le estarás pidiendo y cuánto habrás de recibir. 3Él no te negará nada porque tú no le habrás negado nada a Él, y de este modo podrás compartirlo todo. 4Ésta es la manera, y la única manera, de disponer de Su respuesta porque Su respuesta es lo único que puedes pedir y lo único que puedes desear. 5Dile, pues, a todo el mundo:

6Puesto que mi voluntad es conocerme a mí
mismo, te veo a ti como el Hijo de Dios y como
mi hermano.





lunes, 1 de abril de 2019

1 ABRIL: Los milagros se ven en la luz.




AUDIOLIBRO





EJERCICIOS

LECCION 91


Los milagros se ven en la luz.


1. Es importante recordar que los milagros y la visión van nece­sariamente de la mano. 2Esto necesita repetirse una y otra vez. 3Es una de las ideas centrales de tu nuevo sistema de pensa­miento, y de la percepción a la que da lugar. 4El milagro está siempre aquí. 5Tu visión no causa su presencia, ni su ausencia es el resultado de que no veas. 6Es únicamente tu conciencia de los milagros la que se ve afectada. 7Los verás en la luz, mas no los verás en la oscuridad.

2. Para ti, pues, la luz es crucial. 2Mientras sigas en la oscuridad no podrás ver el milagro. 3Por lo tanto, estarás convencido de que no está ahí. 4Esto se deriva de las mismas premisas de las que procede la oscuridad. 5Negar la luz hace que te resulte imposi­ble percibirla. 6No percibir la luz es percibir la oscuridad. 7La luz entonces no te sirve de nada, a pesar de que está ahí. 8No la puedes usar porque su presencia te es desconocida. 9Y la apa­rente realidad de la oscuridad hace que la idea de la luz no tenga sentido.

3. Si se te dijera que lo que no ves se encuentra ahí, ello te parece­ría una locura. 2Es muy difícil llegar a convencerse de que lo que en verdad es una locura es no ver lo que se encuentra ahí, y, en su lugar, ver lo que no está ahí. 3Tú no dudas de que los ojos del cuerpo puedan ver. 4No dudas de la realidad de las imágenes que te muestran. 5Tienes absoluta fe en la oscuridad, no en la luz. 6¿Cómo se puede invertir esto? 7Tú no lo podrías hacer solo, pero no estás solo en esto.

4. Tus esfuerzos, por insignificantes que sean, están fuertemente respaldados. 2Sólo con que te percatases de cuán grande es esa fortaleza, tus dudas desaparecerían. 3Hoy dedicaremos el día a tratar de que sientas esa fortaleza. 4Cuando hayas sentido la for­taleza que mora en ti, la cual pone fácilmente a tu alcance todos los milagros, dejarás de dudar. 5Los milagros que tu sensación de debilidad ocultan se harán patentes de inmediato en tu concien­cia una vez que sientas la fortaleza que mora en ti.

5. Reserva diez minutos en tres ocasiones hoy para tener un rato de quietud en el que trates de dejar atrás tu debilidad. 2Esto se puede lograr fácilmente si te das instrucciones a ti mismo de que no eres un cuerpo. 3La fe se canaliza hacia lo que deseas, y tú diriges la mente en conformidad con ello. 4Tu voluntad sigue siendo tu maestro, y dispone de toda la fortaleza necesaria para hacer lo que desea. 5Puedes escaparte del cuerpo si así lo decides. 6Puedes experimentar la fortaleza que mora en ti.

6. Comienza las sesiones de práctica más largas con esta declara­ción que entraña una auténtica relación de causa y efecto:

2Los milagros se ven en la luz.
3Los ojos del cuerpo no perciben la luz.
4Mas yo no soy un cuerpo. 5¿Qué soy entonces?

6La pregunta con la que finaliza esta declaración es crucial para los ejercicios de hoy. 7Lo que piensas que eres es una creencia que debe ser erradicada. 8Pero lo que realmente eres es algo que tiene que serte revelado. 9La creencia de que eres un cuerpo necesita ser corregida, ya que es un error. 10La verdad de lo que eres apela a la fortaleza que mora en ti para que lleve a tu conciencia lo que el error oculta.

7. Si no eres un cuerpo, ¿qué eres entonces? 2Necesitas hacerte consciente de lo que el Espíritu Santo utiliza para reemplazar en tu mente la imagen de que eres un cuerpo. 3Necesitas sentir algo en lo que depositar tu fe a medida que la retiras del cuerpo. 4Nece­sitas tener una experiencia real de otra cosa, algo más sólido y seguro; algo más digno de tu fe y que realmente esté ahí.

8. Si no eres un cuerpo, ¿qué eres entonces? 2Hazte esta pregunta honestamente, y dedica después varios minutos a dejar que los pensamientos erróneos que tienes acerca de tus atributos sean corregidos y a que sus opuestos ocupen su lugar. 3Puedes decir, por ejemplo:

4No soy débil, sino fuerte.
5No soy un inútil, sino alguien todopoderoso.
6No estoy limitado, sino que soy ilimitado.
7No tengo dudas, sino seguridad.
8No soy una ilusión, sino algo real.
9No puedo ver en la oscuridad, sino en la luz.

9. En la segunda parte de tu sesión de práctica, trata de experi­mentar estas verdades acerca de ti mismo. 2Concéntrate en espe­cial en la experiencia de fortaleza. 3Recuerda que toda sensación de debilidad está asociada con la creencia de que eres un cuerpo, la cual es una creencia errónea y no merece que se tenga fe en ella. 4Deja de tener fe en ella, aunque sólo sea por un instante. 5A medida que avancemos te irás acostumbrando a tener fe en lo que es más valioso en ti.

10. Relájate durante el resto de la sesión de práctica, confiando en que tus esfuerzos, por insignificantes que sean, tienen todo el res­paldo de la fortaleza de Dios y de todos Sus Pensamientos. 2De Ellos es de donde procederá tu fortaleza. 3A través de Su fuerte respaldo es como sentirás la fortaleza que mora en ti. 4Dios y todos Sus Pensamientos se unen a ti en esta sesión de práctica, en la que compartes un propósito semejante al de Ellos. 5De Ellos es la luz en la que verás milagros porque Su fortaleza es tuya. 6Su fortaleza se convierte en tus ojos para que puedas ver.

11. Cinco o seis veces por hora, a intervalos razonablemente regu­lares, recuérdate a ti mismo que los milagros se ven en la luz. 2Asegúrate también de hacerle frente a cualquier tentación con la idea de hoy. 3La siguiente variación podría resultarte útil para este propósito especial:

4Los milagros se ven en la luz.
5No voy a cerrar los ojos por causa de esto.




Instrucciones para la práctica

Propósito: Olvidarte por un instante de tu débil imagen de ti mismo basada en el cuerpo y tener una experiencia de tu verdadera fortaleza. En su luz verás los milagros que siempre han estado ahí, esperando que tú los vieses.

Ejercicios más largos: 3 veces, de diez minutos. 
  • Empieza repitiendo: “Los milagros se ven en la luz. Los ojos del cuerpo no perciben la luz. Mas yo no soy un cuerpo. ¿Qué soy entonces?” Haz esta pregunta final con verdadera honestidad. Con esta pregunta, estás pidiendo que la fortaleza en ti te dé una experiencia de tu realidad, más allá del cuerpo. Así que pregúntalo con esa intención. 
  • Luego pasa varios minutos pensando en tus opiniones acerca de ti, y permite que sean corregidas y que sus opuestos ocupen su lugar. Por ejemplo, di: “No soy débil, sino fuerte. No soy un inútil, sino alguien todopoderoso. No tengo dudas, sino seguridad”, y así sucesivamente. Centra tu atención concretamente en los rasgos que suponen debilidad. 
  • Luego intenta experimentar estas verdades sobre ti, especialmente la experiencia de fortaleza. Intenta retirar tu fe en el cuerpo como tu única realidad, pues eso es lo que te hace sentirte débil. Dale instrucciones a tu mente para que vaya al lugar de fortaleza en ti (este ejercicio parece ser una especie de meditación). Recuerda que tu voluntad tiene el poder de hacerlo. “Puedes escaparte del cuerpo si así lo decides. Puedes experimentar la fortaleza que mora en ti” (5:5-6). Puedes usar la pregunta del principio: “¿Qué soy entonces?” como una especie de mantra para que te lleve a este lugar en ti. 
  • Durante el resto de la sesión, relájate con la confianza de que tu débil esfuerzo está apoyado con el poder de Dios, que se une a ti en tu práctica. Su fortaleza te llevará al profundo lugar donde tu fortaleza y Su luz moran.


Recordatorios frecuentes: 5 o 6 por hora, a intervalos regulares (cada diez o quince minutos).
Repite la idea, que significa que el milagro siempre está ahí, no tienes más que querer abrir los ojos. Ésta es una idea muy importante en el sistema de pensamiento que estás aprendiendo. Por esta razón hoy se necesitan repeticiones tan frecuentes.

Respuesta a la tentación: Cada vez que te sientas tentado a estar disgustado.
Repite: “Los milagros se ven en la luz. No voy a cerrar los ojos por causa de esto”.

Comentario

Como las lecciones del Libro de Ejercicios son más largas, no es práctico intentar comentar todo lo de la lección. Eso sería más de lo que una persona puede escribir en un día; de hecho, he escrito un librito de 48 páginas sobre la Lección 135. (El título es Una mente que ha sanado no hace planes). Por eso, elegiré y escribiré sobre algún aspecto de la lección que me diga algo en especial.

La primera idea, muy importante para la lección, es que “los milagros y la visión van necesariamente de la mano” (1:1). Se nos dice que repitamos esto con frecuencia, y que es una idea central para nuestro nuevo sistema de pensamiento. Aquí se habla de lo que el Curso quiere decir sobre la naturaleza del milagro. Un milagro no es un cambio en algo fuera de nuestra mente, es un cambio en la manera de ver, “un cambio a la visión”:

“Tal como el ego quiere que la percepción que tienes de tus hermanos se limite a sus cuerpos, de igual modo el Espíritu Santo quiere liberar tu visión para que puedas ver los Grandes Rayos que refulgen desde ellos, los cuales son tan ilimitados que llegan hasta Dios. Este cambio de la percepción a la visión es lo que se logra en el instante santo”. (T.15.IX.1:1-2)

“El milagro está siempre aquí” (1:4). Lo que cambia es nuestra aceptación o rechazo de la visión, o vemos o no vemos. Lo que cambia es nuestra consciencia. Por eso para experimentar el milagro, tenemos que tener la visión. Tenemos que abandonar la obscuridad para ver la luz. Como dice la sección “¿Qué es un milagro?”:

“Un milagro es una corrección. No crea, ni cambia realmente nada en absoluto. Simplemente contempla la devastación y le recuerda a la mente que lo que ve es falso”. (L.pII.13.1-3)2

La devastación es lo que vemos con nuestros ojos. El Curso es muy sincero acerca de la vista física: “Los ojos del cuerpo no perciben la luz” (6:39). “Tú no dudas de que los ojos del cuerpo puedan ver. No dudas de la realidad de las imágenes que te muestran” (3:3-4). Y, sin embargo, la lección nos pide que lo hagamos, que dudemos de que nuestros ojos realmente ven, y que dudemos de que lo que ven es real. Tenemos que abandonar la obscuridad para ver la luz; y lo que los ojos del cuerpo nos muestran no es luz, por lo tanto, tiene que ser obscuridad. Necesitamos un cambio a una nueva visión.

Esta necesidad de quitar nuestra fe a nuestros ojos y a lo que ven es parte de la razón por la que esta lección va a una segunda idea: “No soy un cuerpo” (6:4) Se nos dice que le demos instrucciones a nuestra mente de que no somos un cuerpo. Tenemos que querer darnos cuenta de que somos algo más, algo que no se ve con los ojos, sino de una manera diferente.

Los ejercicios de hoy están pensados para ayudarnos a darnos cuenta de que somos algo distinto de un cuerpo; estamos buscando una experiencia muy concreta. En el párrafo 7 se nos dice: “Necesitas hacerte consciente de lo que el Espíritu Santo utiliza para reemplazar en tu mente la imagen de que eres un cuerpo” (7:2). “Necesitas sentir algo en lo que depositar tu fe” (7:3). “Necesitas tener una experiencia real de otra cosa” (7:4). Una consciencia, una sensación, una experiencia. Hay algo dentro de nosotros, una fortaleza segura, “la cual pone fácilmente a tu alcance todos los milagros” (4:4). ¡No nos damos cuenta de lo fuertes que somos! Y más que eso: “tus esfuerzos, por insignificantes que sean, tienen todo el respaldo de la fortaleza de Dios y de todos Sus Pensamientos” (10:1). Siempre pienso en esto por medio de una semejanza, algo parecido a las ondas de sonido o de radio. Cuando mi pequeña voluntad encuentra la longitud de onda apropiada, de repente me siento unido por la armonía del universo, un poderoso rayo de energía divina que suena conmigo. Si podemos encontrar hoy la apropiada frecuencia de pensamiento, encontraremos esa consciencia, sentiremos esa sensación, y tendremos esa experiencia que nos lleva más allá del cuerpo y dentro de la visión.

¿No se merece esto diez minutos de esfuerzo, 3 veces hoy? Sé que sí.

Sin embargo, no te sientas desanimado si no sientes nada. Encontrarás la visión. Hoy tus esfuerzos no se pierden, y no pienses que has “fracasado” si no sucede nada. Recuerdo cuando aprendí a patinar. Empecé cayéndome mucho. Si hubiera pensado que había fracasado, lo habría dejado y nunca habría aprendido a patinar. Pero no lo hice. Continué cayéndome una y otra vez, hasta que un día ya no me caí. Con la visión espiritual, estoy en la etapa de caerme. He tenido experiencias increíbles, instantes santos, tal como en los comienzos de patinar había momentos en que me recorría manzanas sin caerme (patinando por la acera, saltando por encima de los agujeros), hasta que de repente me caía. Todavía no tengo la visión espiritual constante. Pero el milagro siempre está aquí, lo vea o no. Y mi visión mejora cada vez que practico.








TEXTO

Capítulo 9

LA ACEPTACIÓN DE LA EXPIACIÓN


I. La aceptación de la realidad.


1. Tener miedo de la Voluntad de Dios es una de las creencias más extrañas que la mente humana jamás haya podido concebir. 2Esto no habría podido ocurrir no ser que la mente hubiese estado ya tan profundamente dividida que le hubiese sido posible tener miedo de lo que ella misma es. 3La realidad sólo puede ser una "amenaza" para lo ilusorio, ya que lo único que la realidad puede defender es la verdad. 4El hecho mismo de que percibas la Volun­tad de Dios -que es lo que tú eres- como algo temible, demues­tra que  tienes miedo de lo que eres. 5Por lo tanto, no es de la Voluntad de Dios de lo que tienes miedo, sino de la tuya.

2. Tu voluntad no es la voluntad del ego, y por eso es por lo que el ego está contra ti. 2Lo que parece ser el temor a Dios es en realidad el miedo a tu propia realidad. 3En un estado de pánico no se puede aprender nada de manera consistente. 4Si el propó­sito de este curso es ayudarte a recordar lo que eres, y tú crees que lo que eres es algo temible, de ello se deduce forzosamente que no aprenderás este curso. 5Sin embargo, la razón de que el curso exista es precisamente porque no sabes lo que eres.

3. Si no sabes lo que es tu realidad, ¿por qué estás tan seguro de que es temible? 2La asociación que se hace entre la verdad y el miedo, que a lo sumo sería altamente artificial, es especialmente inadecuada en las mentes de aquellos que no saben lo que es la verdad. 3Lo único que esto quiere decir es que estás asociando arbitrariamente algo que se encuentra más allá de tu conciencia con algo que no deseas. 4Es evidente, pues, que estás juzgando algo de lo cual no tienes el menor conocimiento. 5Has urdido esta extraña situación de forma tal que te resulta imposible escapar de ella sin un Guía que sepa cuál es tu realidad. 6El propósito de este Guía no es otro que el de recordarte lo que deseas. 7Él no está tratando de imponerte una voluntad ajena. 8Está simplemente haciendo todo lo posible, dentro de los límites que tú le impones, por re-establecer tu propia voluntad en tu conciencia.

4. Has aprisionado tu voluntad más allá de tu propia conciencia, donde todavía se encuentra, pero desde donde no puede ayu­darte. 2Cuando dije que la función del Espíritu Santo es separar lo falso de lo verdadero en tu mente, quise decir que Él tiene el poder de ver lo que has ocultado y reconocer en ello la Voluntad de Dios. 3Gracias a este reconocimiento, Él puede hacer que la Voluntad de Dios sea real para ti porque Él está en tu mente, y, por lo tanto, Él es tu realidad. 4Si la percepción que Él tiene de tu mente trae la realidad de ésta hasta ti, te está ayudando a recor­dar lo que eres. 5Lo único que puede ocasionar temor en este proceso es lo que tú crees que perderías. 6Lo único que realmente puedes tener, no obstante, es lo que el Espíritu Santo ve.

5. He subrayado en muchas ocasiones que el Espíritu Santo nunca te pedirá que sacrifiques nada. 2Pero si te pides a ti mismo el sacrificio de la realidad, el Espíritu Santo tiene que recordarte que ésa no es la Voluntad de Dios porque no es la tuya. 3No hay diferencia alguna entre tu voluntad y la de Dios: 4Si tu mente no estuviese dividida reconocerías que ejercer tu voluntad es la salvación por­que la salvación es comunicación.

6. Es imposible comunicarse utilizando lenguas diferentes. 2 y tu Creador podéis comunicaros por medio de la creación porque ésa, y sólo ésa, es vuestra Voluntad conjunta. 3Una mente divi­dida no se puede comunicar porque habla en nombre de cosas diferentes a la misma mente. 4Al hacer esto, pierde la capacidad de comunicarse porque una comunicación confusa sencillamente no tiene ningún sentido. 5Es imposible comunicar un mensaje a menos que tenga sentido. 6¿Cuán sensatos pueden ser tus mensajes, cuando pides lo que no deseas? 7Sin embargo, mientras sigas teniendo miedo de tu voluntad, eso es precisamente lo que esta­rás pidiendo.

7. Tal vez insistas en que  el Espíritu Santo no te contesta, pero quizá sería más prudente examinar qué clase de peticionario eres. 2No pides únicamente lo que deseas. 3Ello se debe a que temes recibirlo, y ciertamente lo recibirías. 4Por eso es por lo que se lo sigues pidiendo al maestro que no puede dártelo. 5De él nunca podrás aprender qué es lo que deseas, y esto te da una ilusión de seguridad. 6Sin embargo, no puedes estar a salvo de la verdad, sino que sólo puedes estar a salvo en la verdad. 7La realidad es tu única seguridad. 8Tu voluntad es tu salvación porque es la misma que la de Dios. 9La separación no es más que la creencia de que es diferente.

8. Ninguna mente recta podría creer que su voluntad es más fuerte que la de Dios. 2Si una mente cree que su voluntad es diferente de la de Él, entonces sólo puede concluir o bien que Dios no existe o bien que Su Voluntad es temible. 3La primera conclusión da lugar al ateo, y la segunda, al mártir, que cree que Dios exige sacrificios 4Cualquiera de esas dos conclusiones de­mentes producirá pánico, ya que el ateo cree estar solo, y el már­tir que Dios lo está crucificando. 5No obstante, nadie quiere sentirse abandonado o sufrir represalias, aunque es posible que muchos procuren ambas cosas. 6¿Puedes acaso pedirle al Espíritu Santo semejantes "regalos" y esperar recibirlos? 7Él no puede darte lo que tú no deseas. 8Cuando le pides al Dador Universal lo que no quieres, le estás pidiendo lo que no se puede dar porque nunca se creó. 9Y nunca se creó porque nunca fue lo que tu volun­tad dispuso para ti.

9.  En última instancia todo el mundo tiene que recordar la Volun­tad de Dios porque, en última instancia, todo el mundo tiene que reconocerse a sí mismo. Este reconocimiento es el reconocimiento de que su voluntad y la de Dios son una. 3En presencia de la verdad, no hay descreídos ni sacrificios. 4En la seguridad de la realidad, el miedo no tiene absolutamente ningún sentido. 5Negar lo que simplemente es, tan sólo puede dar la impresión de que es temible. 6El miedo no puede ser real sin una causa, y Dios es la única Causa. 7Dios es Amor y Él es ciertamente lo que tú deseas. 8Ésa es tu voluntad. 9Pide esto y se te concederá, porque estarás pidiendo únicamente lo que ya te pertenece.

10. Cuando le pides al Espíritu Santo. lo que te podría hacer daño Él no puede contestarte porque no hay nada que te pueda hacer daño, y por lo tanto, no estás pidiendo nada. 2Cualquier deseo que proceda del ego es un deseo de algo que no existe, y solici­tarlo no constituye una petición. 3Es simplemente una negación en forma de petición. 4El Espíritu Santo no le da importancia a la forma, ya que sólo es consciente de lo que tiene significado. 5El ego no puede pedirle nada al Espíritu Santo porque no existe comunicación entre ellos. 6Tú, en cambio, puedes pedirle todo porque las peticiones que le haces a Él son reales, al proceder de tu mente recta. 7¿Negaría el Espíritu Santo la Voluntad de Dios? 8¿Y podría dejar de reconocerla en Su Hijo? .

11. No te das cuenta de la enorme cantidad de energía que desper­dicias negando la verdad. 2¿Qué le dirías a alguien que se empeña en intentar lo imposible, creyendo que lograrlo es tener éxito? 3La creencia de que para poder ser feliz tienes que tener lo imposible está en total desacuerdo con el principio de creación. 4Dios no pudo haber dispuesto que tu felicidad dependiese de lo que nunca podrías tener. 5El hecho de que Dios es Amor no requiere que se crea en ello, pero sí requiere aceptación. 6Puedes cierta­mente negar los hechos, pero no puedes hacer que cambien. 7Si te tapas los ojos con las manos, no podrás ver porque estarás interfi­riendo en las leyes de la visión. 8Si niegas el amor, no podrás conocerlo porque tu cooperación es la ley de su existencia. 9No puedes cambiar las leyes que tú no promulgaste, las leyes de la felicidad fueron creadas para ti, no por ti.

12. Cualquier intento de negar lo que simplemente es tiene necesariamente que producir miedo, y si el intento es fuerte producirá pánico. 2Querer imponer tu voluntad en contra de la realidad, aunque es imposible, puede convertirse en una obcecación, a pesar de que ése no es realmente tu deseo. 3Mas examina el resultado de ésta extraña decisión: 4Estás dedicando tu mente a lo que no deseas. 5¿Cuán real puede ser esa dedicación? 6Si realmente no deseas eso que persigues, es que nunca fue creado. 7Y si nunca fue creado, no es nada. 8¿Puedes realmente estar dedicado a lo que no es nada?

13. Dios en Su dedicación a ti te creó dedicado a todo, y te dio aquello lo que estás dedicado. 2De otra manera no habrías sido creado perfecto. 3La realidad lo es todo, y tú lo tienes todo por­que eres real. 4No puedes crear lo irreal porque la ausencia de realidad es temible y él miedo no es algo que pueda ser creado. 5Mientras sigas creyendo que es posible tener  miedo, no podrás crear. 6Dos órdenes de realidad que se oponen entre sí privan a la realidad de todo significado, y la realidad es significado.

14. Recuerda, pues, que la Voluntad de Dios es posible ya, y que nada más lo será nunca. 2En esto reside la simple aceptación de la realidad porque sólo eso es real. 3No puedes distorsionar la reali­dad y al mismo tiempo saber lo que es. 4si la distorsionas expe­rimentarás ansiedad, depresión y finalmente pánico, pues estarás tratando de convertirte a ti mismo en algo irreal. 5Cuando sientas esas cosas, no trates de buscar la verdad fuera de ti mismo, pues la verdad sólo puede encontrarse dentro de ti. 6Di, por lo tanto:

7Cristo está, en mí, y donde Él está Dios tiene
que estar, pues Cristo es parte de Él.