DESPERTAR AL AMOR

martes, 27 de junio de 2017

27 JUNIO: QUINTO REPASO. Repaso de las lecciones 165 y 166

AUDIOLIBRO
 




EJERCICIOS

LECCIÓN 178


Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo.



1. (165) Que mi mente no niegue el Pensamiento de Dios.
2Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo. 

2. (166) Se me han confiado los dones de Dios.
2Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo.




Instrucciones para la práctica

Propósito: Dedicar más tiempo y esfuerzo a practicar, para que puedas acelerar el paso en tu viaje a Dios. Reconocer la verdad de la idea central (“Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo”). Hacer de este repaso un regalo a Jesús, y un tiempo en el que compartes con Él una experiencia nueva y sin embargo antigua.

La oración: Usa la oración de los párrafos 2 y 3 para dedicar el repaso a Dios. Le pides a Dios que dirija tus prácticas y que te llame de vuelta cuando te retrasas en tus prácticas, para que puedas progresar más rápido por el camino que te lleva a Él.

El pensamiento central: El centro del repaso es esta idea (“Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo”). El propósito de este repaso es llevarnos a un lugar donde entendemos y experimentamos esta idea de verdad. Y el propósito de las ideas que se repasan es apoyar la idea central, sacar diferentes aspectos de ella, y hacerla “más significativa, más personal y verdadera” (L.rV.In.4:2). Por lo tanto, haz que esta idea domine cada uno de estos diez días del repaso. Empieza y termina el día con ella, empieza y termina cada periodo de práctica, y envuelve con ella cada repetición de las ideas del repaso.

Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Por lo menos cinco minutos; lo ideal es treinta minutos o más.
Pasa un rato repitiendo el pensamiento central (“Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo”). Y las dos ideas del repaso. Envuelve cada idea del repaso con el pensamiento central. Usa las ideas del repaso para que iluminen algún aspecto del pensamiento central y hazlo más significativo para ti.
Luego entra en lo que llamamos “meditación de la mente abierta”. Mantén tu mente quieta y silenciosa, sin palabras. Las palabras son como señales indicadoras: señalan al significado; pero ahora estás buscando la experiencia directa del significado, y para esto las palabras se interponen. En este vacío de palabras, simplemente espera con “silenciosa expectación” (L.94.4:1) la experiencia de lo que nos hablan las palabras, la experiencia de nuestro verdadero Ser. Toda tu atención está esperando en “tranquila expectación” (L.157.4:3). Tu mente está en reposo, sin embargo también preparada. Toda tu consciencia está esperando que surja la comprensión y se extienda. Concéntrate en esto sin palabras. Sin embargo, cuando tu mente se distraiga, lo que sucederá de vez en cuando, repite el pensamiento central para recordarte a ti mismo lo que estás esperando: la experiencia de tu propio Ser; y luego vuelve a tu espera sin palabras.
Termina repitiendo el pensamiento central una vez más.

Recordatorios cada hora: Uno o dos minutos, a la hora en punto (más corto si las circunstancias no lo permiten).
Sugerencia: Repite las dos ideas del repaso, rodeando cada una de ellas con el pensamiento central. Luego dale gracias a Dios por Sus regalos en la hora anterior, y pídele Su dirección para la hora que comienza. Termina con el pensamiento central.

Comentario

Párrafo 10 de la Introducción al Quinto Repaso:

La práctica del Libro de Ejercicios está pensada no sólo para producir un nuevo sistema de pensamiento sino también una experiencia: “una experiencia que es nueva para ti, aunque tan antigua como el tiempo e incluso aún más antigua” (10:1). ¿Cómo puede ser una experiencia más antigua que el tiempo? ¿Cómo sino siendo parte de la eternidad? “El instante santo se extiende hasta la eternidad y hasta la Mente de Dios” (T.15.V.11:5). “El instante santo es una miniatura de la eternidad” (T.17.IV.11:4). Estos momentos que pasamos en quietud con Dios son oportunidades de salirnos del tiempo y entrar en la eternidad, lo que aquí experimentamos es más antiguo que el tiempo, increíblemente antiguo y, sin embargo, presente ahora mismo, siempre presente.

Estamos sintiendo nuestro Ser. “Santificado sea tu nombre e inmaculada tu gloria para siempre” (10:2-3). Esta palabras nos suenan (si tu formación es cristiana, en todo caso) como si hablaran de Dios. Sin embargo, hablan de ti y de mí. ¿Cómo es sentir esa experiencia? ¿Cómo es conocerte a ti mismo como uno a los que estas palabras pueden aplicarse, uno a quien se le han confiado los dones de Dios? No creo que las palabras puedan expresarlo, aunque muchos lo han intentado. Lo que se necesita es una experiencia; luego, las palabras sobran.

“Existe una clase de experiencia tan diferente de todo lo que el ego pudiera ofrecerte que nunca más querrás volver a encubrirla u ocultarla” (T.4.III.5:1). Eso es lo que buscamos en estos momentos de quietud. No desesperadamente ni ansiosamente, no con preocupación o miedo de que no nos venga, sino con paz, en silencio, con confianza. No podemos obligarla a que suceda, únicamente podemos “dejar” que suceda. No buscamos añadirnos nada a nosotros mismos, simplemente buscamos dejar de negar el Pensamiento de Dios, que es la pura verdad acerca de lo que somos.

En este momento podemos sentir que nuestra “plenitud ahora es total, tal como Dios lo dispuso” (10:4). Una vez que has conocido tu propio estado de que nada te falta, ¿por qué ibas a querer de nuevo taparlo o esconderlo? Únicamente la mentira de que eres algo que no quieres conocer podría haberte convencido para que lo escondieras. Fuera del instante santo, nuestro Ser está rodeado por un anillo de miedo, tenemos miedo de acercarnos al Ser porque nos hemos engañado al creer que lo que encontraremos es aterrador.

El tiempo que parece ser necesario para encontrar el instante santo no se debe a que sea misterioso y difícil de alcanzar, el tiempo es sólo la medida de nuestro miedo a nuestro Ser. Es necesario este tiempo para acallar dulcemente nuestros miedos, hasta que estemos listos para encontrar el Ser que está más allá del tiempo, más antiguo que el tiempo, completo y que nada le falta tal como Dios Lo creó. Este Ser es el Pensamiento de Dios. No somos conscientes de nuestro Ser porque hemos negado este Pensamiento. Nuestra experiencia de nuestro Ser es sólo el final de nuestra negación. El Ser no cambia, no viene y se va. Simplemente es.

En este Ser completamos Su extensión con la nuestra (10:5). La extensión creadora de Dios se completa cuando nosotros, a nuestra vez, nos extendemos. El Amor que nos creó ahora fluye a través de nosotros para darles alegría a otros. Estamos practicando lo que siempre hemos conocido, lo conocíamos antes de que la verdad original pareciera desaparecer dentro de la ilusión, y la conoceremos de nuevo. En el instante santo la conocemos ya, ahora mismo. Y lo que conocemos es esto: Se nos han confiado los regalos de Dios. Nuestro darlos completa Su dar. “Y le recordamos al mundo que está libre de toda ilusión cada vez que decimos: Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo.” (10:7-8).




TEXTO

IX. El instante santo y la atracción de Dios


1. Tal como el ego quiere que la percepción que tienes de tus her­manos se limite a sus cuerpos, de igual modo el Espíritu Santo quiere liberar tu visión para que puedas ver los Grandes Rayos que refulgen desde ellos, los cuales son tan ilimitados que llegan hasta Dios. 2Este cambio de la percepción a la visión es lo que se logra en el instante santo. 3Mas es necesario que aprendas exacta­mente lo que dicho cambio entraña, para que por fin llegues a estar dispuesto a hacer que sea permanente. 4Una vez que estés dispuesto, esta visión no te abandonará nunca, pues es perma­nente. 5Cuando la hayas aceptado como la única percepción que deseas, se convertirá en conocimiento debido al papel que Dios Mismo desempeña en la Expiación, pues es el único paso en ella que Él entiende. 6Esto, por lo tanto, no se hará de esperar una vez que estés listo para ello. 7Dios ya está listo, tú no.

2. Nuestra tarea consiste en continuar, lo más rápidamente posi­ble, el ineludible proceso de hacer frente a cualquier interferencia y de verlas a todas exactamente como lo que son. 2Pues es imposi­ble que reconozcas que lo que crees que quieres no te ofrece absolutamente ninguna gratificación. 3El cuerpo es el símbolo del ego, tal como el ego es el símbolo de la separación. 4Y ambos no son más que intentos de entorpecer la comunicación y, por lo tanto, de imposibilitarla. 5Pues la comunicación tiene que ser ilimitada para que tenga significado, ya que si no tuviese significado te dejaría insatisfecho. 6La comunicación sigue siendo, sin embargo, el único medio por el que puedes entablar auténticas relaciones, que al haber sido establecidas por Dios, son ilimitadas.

3. En el instante santo, en el que los Grandes Rayos reemplazan al cuerpo en tu conciencia, se te concede poder reconocer lo que son las relaciones ilimitadas. 2Mas para ver esto, es necesario renunciar a todos los usos que el ego hace del cuerpo y aceptar el hecho de que el ego no tiene ningún propósito que tú quieras compartir con él. 3Pues el ego quiere reducir a todo el mundo a un cuerpo para sus propios fines, y mientras tú creas que el ego tiene algún fin, elegirás utilizar los medios por los que él trata de que su fin se haga realidad. 4Mas esto nunca tendrá lugar. 5Sin embargo, debes haberte dado cuenta de que el ego, cuyos objeti­vos son absolutamente inalcanzables, luchará por conseguirlos con todas sus fuerzas, y lo hará con la fortaleza que tú le has prestado.

4. Es imposible dividir tu fuerza entre el Cielo y el infierno, o entre Dios y el ego, y liberar el poder que se te dio para crear, que es para lo único que se te dio. 2El amor siempre producirá expansión. 3El ego es el que exige límites, y éstos representan sus exi­gencias de querer empequeñecer e incapacitar. 4Si te limitas a ver a tu hermano como un cuerpo, que es lo que harás mientras no quieras liberarlo del mismo, habrás rechazado el regalo que él te puede hacer. 5Su cuerpo es incapaz de dártelo, 6y tú no debes buscarlo a través del tuyo. 7Entre vuestras mentes, no obstante, ya existe continuidad, y lo único que es necesario es que se acepte su unión para que la soledad desaparezca del Cielo.

5. Sólo con que le permitieses al Espíritu Santo hablarte del Amor que Dios te profesa y de la necesidad que tienen tus creaciones de estar contigo para siempre, experimentarías la atracción de lo eterno. 2Nadie puede oír al Espíritu Santo hablar de esto y seguir estando dispuesto a demorarse aquí por mucho más tiempo. 3Pues tu voluntad es estar en el Cielo, donde no te falta nada y donde te sientes en paz, en relaciones tan seguras y amorosas que es imposible que en ellas haya límite alguno. 4¿No desearías intercambiar tus irrisorias relaciones por esto? 5Pues el cuerpo es insignificante y limitado, y sólo aquellos que desees ver libres de los límites que el ego quisiera imponer sobre ellos, pueden ofre­certe el regalo de la libertad.

6. No tienes la menor idea de los limites que le has impuesto a tu percepción ni de toda la belleza que podrías ver. 2Pero recuerda esto: la atracción de la culpabilidad es lo opuesto a la atracción de Dios. 3La atracción que Dios siente por ti sigue siendo ilimi­tada, pero puesto que tu poder es el Suyo, y, por lo tanto, tan grande como el de Él, puedes darle la espalda al amor. 4La impor­tancia que le das a la culpabilidad se la quitas a Dios. 5tu visión se torna débil, tenue y limitada, pues has tratado de separar al Padre del Hijo y de limitar su comunicación. 6No busques la Expiación en mayor separación, 7ni limites tu visión del Hijo de Dios a lo que interfiere en su liberación y a lo que el Espíritu Santo tiene que deshacer para liberarlo. 8Pues es su propia creencia en la limitación lo que lo ha aprisionado.


7. Cuando el cuerpo deje de atraerte y ya no le concedas ningún valor como medio de obtener algo, dejará de haber entonces interferencia en la comunicación y tus pensamientos serán tan libres como los de Dios. 2A medida que le permitas  al Espíritu Santo enseñarte a utilizar el cuerpo sólo como un medio de comunicación y dejes de valerte de él para fomentar la separación y el ata­que, que es la función que el ego le ha asignado, aprenderás que no tienes necesidad del cuerpo en absoluto. 3En el instante santo no hay cuerpos, y lo único que se experimenta es la atracción de Dios. 4Al aceptarla como algo completamente indiviso te unes a Él por completo en un instante, pues no quieres imponer ningún límite en tu unión con Él. 5La realidad de esta relación se convierte en la única verdad que jamás podrías desear. 6Toda verdad reside en ella.  




lunes, 26 de junio de 2017

26 JUNIO: QUINTO REPASO. Repaso de las lecciones 163 y 164

AUDIOLIBRO
 




EJERCICIOS

LECCIÓN 177

Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo.



1. (163) La muerte no existe. 2El Hijo de Dios es libre.
3Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo. 

2. (164) Ahora somos uno con Aquel que es nuestra Fuente.
2Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo. 





Instrucciones para la práctica

Propósito: Dedicar más tiempo y esfuerzo a practicar, para que puedas acelerar el paso en tu viaje a Dios. Reconocer la verdad de la idea central (“Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo”). Hacer de este repaso un regalo a Jesús, y un tiempo en el que compartes con Él una experiencia nueva y sin embargo antigua.

La oración: Usa la oración de los párrafos 2 y 3 para dedicar el repaso a Dios. Le pides a Dios que dirija tus prácticas y que te llame de vuelta cuando te retrasas en tus prácticas, para que puedas progresar más rápido por el camino que te lleva a Él.

El pensamiento central: El centro del repaso es esta idea (“Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo”). El propósito de este repaso es llevarnos a un lugar donde entendemos y experimentamos esta idea de verdad. Y el propósito de las ideas que se repasan es apoyar la idea central, sacar diferentes aspectos de ella, y hacerla “más significativa, más personal y verdadera” (L.rV.In.4:2). Por lo tanto, haz que esta idea domine cada uno de estos diez días del repaso. Empieza y termina el día con ella, empieza y termina cada periodo de práctica, y envuelve con ella cada repetición de las ideas del repaso.

Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Por lo menos cinco minutos; lo ideal es treinta minutos o más.
Pasa un rato repitiendo el pensamiento central (“Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo”). Y las dos ideas del repaso. Envuelve cada idea del repaso con el pensamiento central. Usa las ideas del repaso para que iluminen algún aspecto del pensamiento central y hazlo más significativo para ti.
Luego entra en lo que llamamos “meditación de la mente abierta”. Mantén tu mente quieta y silenciosa, sin palabras. Las palabras son como señales indicadoras: señalan al significado; pero ahora estás buscando la experiencia directa del significado, y para esto las palabras se interponen. En este vacío de palabras, simplemente espera con “silenciosa expectación” (L.94.4:1) la experiencia de lo que nos hablan las palabras, la experiencia de nuestro verdadero Ser. Toda tu atención está esperando en “tranquila expectación” (L.157.4:3). Tu mente está en reposo, sin embargo también preparada. Toda tu consciencia está esperando que surja la comprensión y se extienda. Concéntrate en esto sin palabras. Sin embargo, cuando tu mente se distraiga, lo que sucederá de vez en cuando, repite el pensamiento central para recordarte a ti mismo lo que estás esperando: la experiencia de tu propio Ser; y luego vuelve a tu espera sin palabras.
Termina repitiendo el pensamiento central una vez más.

Recordatorios cada hora: Uno o dos minutos, a la hora en punto (más corto si las circunstancias no lo permiten).
Sugerencia: Repite las dos ideas del repaso, rodeando cada una de ellas con el pensamiento central. Luego dale gracias a Dios por Sus regalos en la hora anterior, y pídele Su dirección para la hora que comienza. Termina con el pensamiento central.

Comentario

Párrafo 9 de la Introducción al Quinto Repaso:

Cuatro días más de este repaso, cuatro días más de nuestro “regalo” a él. Por supuesto, cada momento en que nos conectamos con nuestra mente recta, cada momento que entramos en el instante santo, es un regalo también. Este párrafo tiene un maravilloso sabor de ello: nuestro escuchar sus palabras, nuestro darlas al mundo, Cristo trabajando a través de nosotros para salvar al mundo, caminar con él a Dios, coger la mano de nuestro hermano mientras caminamos. Una maravillosa energía que nos une, todos parte del todo que es nuestro Ser, que procede de Dios. La energía viene a nosotros, y a través de nosotros a nuestros hermanos, y a través de ellos a nosotros, uniéndonos a todos juntos en la estructura divina. Somos uno con Aquel que es nuestra Fuente.

“Pues esto es lo único que necesito: que oigas mis palabras y que se las ofrezcas al mundo. Tú eres mi voz, mis ojos, mis pies y mis manos, con los cuales llevo la salvación al mundo” (9:2-3). Éste es el verdadero propósito de mi existencia y de mi experiencia aquí en el mundo. Puedo sentir confusión, día a día, acerca de mi propósito y la forma que está tomando. Puedo tener mis dudas acerca de aquellos con los que me estoy relacionando ahora, preguntándome cómo demonios pueden ser parte de un plan divino. Puedo preguntarme eso mismo acerca de mí. Pero Jesús habla con estas palabras del Curso: “Mi única necesidad eres tú. Necesito tu presencia física para llegar a través de ti a aquellos que están perdidos en la ilusión de los cuerpos”.

¿Cómo puede ser posible? ¿Cómo, en el lío en el que estoy metido, puede suceder esto? No lo sé. Pero confío en que el Espíritu Santo lo sabe. Todo lo que tengo que hacer es estar disponible, estar dispuesto a que eso suceda. Que recuerde que estos pensamientos de ansiedad, duda, falta de confianza, y tristeza, son sólo formas de la creencia en la muerte; y que los abandone, poniéndolos en Sus manos. Que me ponga yo también en Sus manos, recordando que soy uno con Aquel que es mi Fuente, soy Amor al igual que Dios, soy una extensión de Su Ser, como todos lo somos. Si puedo creer esto, soy libre.

Donna Cary ha escrito una canción maravillosa, una de las muchas basadas en su experiencia con el Curso. El estribillo repite una y otra vez: “Él me está pidiendo que me entregue a Él. Llamándome para que me entregue a Él”. La canción habla del miedo que surge cuando oímos esta llamada. ¿Puedo decir hoy: “Él me necesita. Quiere mis manos, mis pies, mis ojos, y mi voz. Padre, tengo miedo, pero aquí estoy. Úsame.”? Que yo sea el instrumento de Su paz. O, en las palabras de una poeta cristiana del siglo pasado, Amy Carmichael:

Ama a través de mí, Amor de Dios.
Hazme como tu aire claro,
A través del cual pasan los colores libremente,
como si no estuviera ahí.

“Dios es sólo Amor y, por tanto, eso es lo que soy yo”. Que ese Amor se extienda a través de mí libremente y sin obstáculos. Que yo sea claro y puro. Recuérdame, Dios, que yo soy libre hoy, que la muerte no existe, que nada se opone al Amor o a la Vida. Que mi vida sea una expresión de esa verdad.




TEXTO

VIII. La única relación real



1. El instante santo no es un sustitutivo de tu necesidad de aprender, pues el Espíritu Santo no puede dejar de ser tu Maestro hasta que el instante santo se haya extendido mucho más allá del tiempo. 2fin de llevar a cabo Su tarea docente, el Espíritu Santo tiene que valerse de todo lo que hay en este mundo para tu libera­ción. 3Tiene que aprovechar cualquier señal o indicación de que estás dispuesto a aprender de Él lo que es la verdad. 4No se demora en utilizar cualquier cosa que le ofrezcas en favor de eso. 5Su interés por ti y el cuidado que te profesa son ilimitados. 6En vista del miedo que tienes del perdón, que Él percibe con la misma claridad con la que sabe que el perdón libera, Él te ense­ñará a recordar que el perdón no conlleva ninguna clase de pér­dida, sino que, por el contrario, es tu salvación. 7Y te enseñará asimismo que perdonando completamente, es decir, reconociendo que no hay nada que necesite ser perdonado, quedas completa­mente absuelto.

2. Escúchale gustosamente, y aprende de Él que no tienes necesi­dad de relaciones especiales en absoluto. 2Lo único que buscas en ellas es aquello que desechaste. 3Y a través de ellas nunca podrás aprender el valor de lo que descartaste, lo cual, sin embargo, sigues anhelando con todo tu corazón: 4Unámonos para hacer que el instante santo sea lo único que hay, al desear que sea lo único que hay. 5El Hijo de Dios tiene tanta necesidad de que estés dispuesto a tratar de lograr esto, que es imposible concebir una necesidad mayor. 6Contempla la única necesidad que Dios y Su Hijo comparten, y que quieren satisfacer juntos. 7No estás solo en esto. 8La voluntad de tus creaciones te llama para que compartas tu voluntad con ellas. 9Por lo tanto, dale la espalda a la culpabilidad en paz y dirígete hacia Dios y hacia tus creaciones.

3. Relaciónate únicamente con lo que nunca te abandonará y con lo que nunca podrías abandonar. 2La soledad del Hijo de Dios es la soledad de su Padre. 3No rechaces la conciencia de tu comple­ción, ni procures restituírtela tú mismo. 4No tengas miedo de poner la redención en manos del Amor de tu Redentor. 5Él no te fallará, pues viene de parte de Uno que no puede fallar. 6Acepta tu sensación de fracaso como una simple equivocación con res­pecto a quién eres. 7Pues el santo anfitrión de Dios se encuentra más allá de todo fracaso, y nada que su voluntad disponga puede ser negado. 8Estás eternamente en una relación tan santa, que invoca a todo el mundo a escaparse de la soledad y a unirse a ti en tu amor. 9Y todo el mundo tiene que buscar el lugar donde estás y encontrarte allí.

4. Piensa en esto por un instante: Dios te dio la Filiación para asegurar tu perfecta creación. 2Ése fue Su regalo, pues tal como Él no se negó a darse a Sí Mismo a ti, tampoco se negó darte Su creación. 3Todo lo que jamás fue creado es tuyo. 4Tu única rela­ción es la relación que tienes con todo el universo. 5Y ese universo, al ser de Dios, está mucho más allá de la mísera suma de todos los cuerpos separados que percibes. 6Pues todas las partes del universo están unidas en Dios a través de Cristo, donde se vuelven semejantes a su Padre. 7Cristo sabe que Él no está sepa­rado de Su Padre, Quien constituye Su única relación, en la que Él da tal como Su Padre le da a Él.

5. El Espíritu Santo es el intento de Dios de liberarte de lo que Él no entiende. 2Y por razón del Origen del intento, éste no puede fracasar. 3El Espíritu Santo te pide que respondas tal como Dios lo hace, pues quiere enseñarte lo que tú no entiendes. 4Dios respon­derá a toda necesidad, sea cual fuere la forma en que ésta se manifieste. 5El Espíritu Santo, por consiguiente, mantiene este canal abierto para recibir la comunicación de Dios a ti y la tuya a Él. 6Dios no entiende tu problema de comunicación, pues Él no lo comparte contigo. 7Tú eres el único que cree que es comprensible. 9EI Espíritu Santo sabe que no lo es, y, sin embargo, lo entiende porque tú lo inventaste.


6.  La conciencia de lo que Dios no puede saber y de lo que tú no entiendes reside únicamente en el Espíritu Santo. 2Su santa fun­ción consiste en aceptar ambas cosas y, al eliminar de ellas todo elemento de desacuerdo, unirlas en una sola. 3Él hará eso porque ésa es Su función. 4Deja, por lo tanto, lo que a ti te parece imposi­ble en manos de Aquel que sabe que sí es posible, toda vez que esa es la Voluntad de Dios. 5Y permite que Aquel cuyas enseñan­zas son sólo en favor de Dios te enseñe el único significado de las relaciones. 6Pues Dios creó la única relación que tiene significado, y esa relación es la relación que Él tiene contigo.









domingo, 25 de junio de 2017

25 JUNIO: QUINTO REPASO. Repaso de las lecciones 160 y 162

AUDIOLIBRO
 



EJERCICIOS

LECCIÓN 176

Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo.



1. (161) Dame tu bendición, santo Hijo de Dios.
2Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo. 

2. (162) Soy tal como Dios me creó.
2Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo.




Instrucciones para la práctica

Propósito: Dedicar más tiempo y esfuerzo a practicar, para que puedas acelerar el paso en tu viaje a Dios. Reconocer la verdad de la idea central (“Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo”). Hacer de este repaso un regalo a Jesús, y un tiempo en el que compartes con Él una experiencia nueva y sin embargo antigua.

La oración: Usa la oración de los párrafos 2 y 3 para dedicar el repaso a Dios. Le pides a Dios que dirija tus prácticas y que te llame de vuelta cuando te retrasas en tus prácticas, para que puedas progresar más rápido por el camino que te lleva a Él.

El pensamiento central: El centro del repaso es esta idea (“Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo”). El propósito de este repaso es llevarnos a un lugar donde entendemos y experimentamos esta idea de verdad. Y el propósito de las ideas que se repasan es apoyar la idea central, sacar diferentes aspectos de ella, y hacerla “más significativa, más personal y verdadera” (L.rV.In.4:2). Por lo tanto, haz que esta idea domine cada uno de estos diez días del repaso. Empieza y termina el día con ella, empieza y termina cada periodo de práctica, y envuelve con ella cada repetición de las ideas del repaso.

Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Por lo menos cinco minutos; lo ideal es treinta minutos o más.
Pasa un rato repitiendo el pensamiento central (“Dios es sólo Amor y, por ende, eso es lo que soy yo”). Y las dos ideas del repaso. Envuelve cada idea del repaso con el pensamiento central. Usa las ideas del repaso para que iluminen algún aspecto del pensamiento central y hazlo más significativo para ti.
Luego entra en lo que llamamos “meditación de la mente abierta”. Mantén tu mente quieta y silenciosa, sin palabras. Las palabras son como señales indicadoras: señalan al significado; pero ahora estás buscando la experiencia directa del significado, y para esto las palabras se interponen. En este vacío de palabras, simplemente espera con “silenciosa expectación” (L.94.4:1) la experiencia de lo que nos hablan las palabras, la experiencia de nuestro verdadero Ser. Toda tu atención está esperando en “tranquila expectación” (L.157.4:3). Tu mente está en reposo, sin embargo también preparada. Toda tu consciencia está esperando que surja la comprensión y se extienda. Concéntrate en esto sin palabras. Sin embargo, cuando tu mente se distraiga, lo que sucederá de vez en cuando, repite el pensamiento central para recordarte a ti mismo lo que estás esperando: la experiencia de tu propio Ser; y luego vuelve a tu espera sin palabras.
Termina repitiendo el pensamiento central una vez más.

Recordatorios cada hora: Uno o dos minutos, a la hora en punto (más corto si las circunstancias no lo permiten).
Sugerencia: Repite las dos ideas del repaso, rodeando cada una de ellas con el pensamiento central. Luego dale gracias a Dios por Sus regalos en la hora anterior, y pídele Su dirección para la hora que comienza. Termina con el pensamiento central.

Comentario

Párrafo 8 de la Introducción al Quinto Repaso:

Nuestras prácticas de alguna manera liberan al Cristo en el mundo. Abrir nuestra mente al Espíritu Santo nos deja dispuestos como canales para aquellos a nuestro alrededor. Por supuesto, el Espíritu Santo es “Aquel que ve tu extrema necesidad, y que conoce la respuesta que Dios le ha dado” (8:1). Creo que una de las cosas que hace que el Curso sea tan extraordinario es el modo en el que reconoce nuestra “extrema necesidad” y sin embargo afirma que en realidad no tenemos necesidades. Es como si nos dijera: “Sé que el mundo del dolor y la pérdida es sólo una ilusión y nada por lo que debas preocuparte, pero también sé que para ti es muy, muy real, y estoy dispuesto a trabajar contigo partiendo de esa base.

Claramente, se nos anima a desarrollar una relación con Jesús y el Espíritu Santo. “Juntos repasaremos estos pensamientos” (8:2). “Juntos les dedicaremos nuestro tiempo y esfuerzos” (8:3). No somos individuos practicando un tipo de manipulación mental; nos estamos comprometiendo a una relación, una aventura de colaboración:

La curación no procede de nadie más. Tienes que aceptar dirección interna. La dirección que recibas no puede sino ser lo que quieres, pues, de lo contrario, no tendría sentido para ti. Por eso es por lo que la curación es una empresa de colaboración. Yo puedo decirte lo que tienes que hacer, pero tú tienes que colaborar teniendo fe en que yo sé lo que debes hacer. (T.8.IV.5-9)

Así que estamos repasando estos pensamientos con él. No estamos pensando en ellos por nuestra cuenta, sino escuchando esa guía desde dentro mientras pensamos en ellos.

“Y juntos se los enseñaremos a nuestros hermanos” (8:4). ¿Te has dado cuenta de que casi cada vez que le Curso habla acerca del proceso que estamos pasando, termina con algún aspecto de compartir o extensión, algún modo de dar a nuestros hermanos lo que nosotros hemos recibido? El Curso no es un camino personal de salvación. Lo que es más, enseña que no existe la salvación individual, porque “el individuo” es una ilusión. No estamos solos. No somos individuos separados que pueden salvarse individualmente. Somos partes de un todo, y cuando empezamos a recibir lo que el Espíritu Santo tiene que enseñar, debemos compartirlo, porque compartir es lo que Él enseña. “Enseñar con acciones o con pensamientos; con palabras o sin ellas; en cualquier lenguaje o sin lenguaje; en todo lugar o momento, o en cualquier forma” (M.1.3:6).

Enseñamos porque el todo no está completo hasta que todos estén incluidos. Tal como Jesús no está completo sin nosotros, nosotros no estamos completos sin nuestros hermanos. Como Jesús, nosotros podemos reconocer que lo tenemos todo en nosotros mismos y al hacerlo, reconocer que nuestros hermanos lo tienen todo. El estado de estar completo está ahí, pero sin admitirlo ni reconocerlo: “Soy tal como Dios me creó”, como nos lo recuerda una de las dos ideas del repaso. “Nuestro hogar ancestral… se ha mantenido a salvo de los azotes de éste, así como inmaculado y seguro, tal como será cuando al tiempo le llegue su fin” (8:8). No lo podemos perder, pero hemos perdido la consciencia de él, y esa consciencia es lo que compartimos con los demás.

Cuando empezamos a aceptar que nada nos falta, nos convertimos en recordatorios para todos de que tampoco les falta nada, y de que lo compartimos todo con todos. No hay necesidad de “predicar”, ni de un grupo espiritual selecto diciéndole al resto del mundo “cómo es”. Es la feliz comunicación de que “Tú eres completo, como yo. Soy tal como Dios me creó, y tú eres tal como Dios te creó”. Venimos a nuestros hermanos no como superiores, sino pidiéndoles que nos den su bendición, reconociéndoles como el Hijo de Dios que son, junto con nosotros: 
“Dame tu bendición, santo Hijo de Dios”.


Tu santidad es la salvación del mundo. Te permite enseñarle al mundo que es uno contigo, sin predicarle ni decirle nada, sino simplemente mediante tu sereno reconocimiento de que en tu santidad todas las cosas son bendecidas junto contigo. (L.37.3:1-2)