DESPERTAR AL AMOR

Mostrando entradas con la etiqueta LECCION 290. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta LECCION 290. Mostrar todas las entradas

jueves, 17 de octubre de 2019

17 OCTUBRE: Lo único que veo es mi actual felicidad.

AUDIOLIBRO



EJERCICIOS 


LECCIÓN 290


Lo único que veo es mi actual felicidad.


1. A menos que contemple lo que no está ahí, lo único que veo es mi actual felicidad. 2Los ojos que comienzan a abrirse por fin pue­den ver. 3Y deseo que la visión de Cristo descienda sobre mí hoy mismo. 4Pues lo que percibo a través de mi propia vista sin la Corrección que Dios me dio para ella, es atemorizante y doloroso de contemplar. 5Mas no voy a permitir que mi mente se siga enga­ñando un solo instante más, creyendo que el sueño que inventé es real. 6Éste es el día en que voy en pos de mi actual felicidad y en el que no he de contemplar nada que no sea lo que busco.

2. Con esta resolución vengo a Ti, y te pido que me prestes tu fortaleza, mientras procuro únicamente hacer Tu Voluntad. 2No puedes dejar de oírme, Padre. 3Pues lo que pido ya me lo has dado. 4Y estoy seguro de que hoy veré mi felicidad.




Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones para la práctica en las instrucciones de la Segunda Parte del Libro de Ejercicios, o en la Tarjeta de Práctica de este libro.

Comentario

“A menos que contemple lo que no está ahí, lo único que veo es mi actual felicidad” (1:1). Ésa es la clave: no mirar a lo que no está aquí. Muy a menudo miramos al pasado o al futuro, como estaba haciendo esta mañana mientras estaba tumbado en la cama. Ni el pasado ni el futuro están aquí. Por definición, son “no ahora”.

Lo que Jesús dice aquí es que si podemos por un momento dejar de mirar al pasado o al futuro, lo que veremos es la felicidad actual. Como dice un gurú: “Ya eres siempre feliz”. ¿Qué tiene esto que ver con el título de esta lección que el Espíritu Santo me enseña? “Lo que percibo a través de mi propia vista sin la Corrección (del Espíritu Santo) que Dios me dio para ella, es atemorizante y doloroso de contemplar” (1:4). El futuro es temible, el pasado es doloroso. Para ver necesito las gafas correctoras del Espíritu Santo.

El mundo que veo es doloroso porque el ego lo inventó para apoyarse y reforzarse a sí mismo. Si continúo mirándolo a través de los ojos que el ego fabricó, voy a ver testigos de la maldad, del pecado, del peligro y de la culpa. Necesito verlo de una manera diferente.

No se me pide que cierre los ojos y finja que el mundo no está ahí. Se me pide que voluntariamente me ponga las gafas correctoras y vea el mundo de manera diferente: como un testigo del Amor, de la dicha y de la paz. Lo primero de todo, en esta lección se me pide que mire dentro y me dé cuenta de que dejando de lado el pasado y el futuro, yo soy feliz por naturaleza. Se me pide que deje de mirar a lo que no está ahí. Ver lo que está aquí es el siguiente paso, y no habrá ninguna dificultad porque empiezo desde un estado de felicidad.

Si ya soy feliz, nada del presente puede cambiarlo porque no me falta nada, ya estoy en la felicidad.

Ésta es una gran técnica para la meditación: cuando surgen pensamientos, si se refieren al pasado, déjalos que se vayan flotando (como una hoja arrastrada por el agua). Si haces eso, lo que siempre descubrirás es tu felicidad actual. No tienes que fabricarla porque existe siempre.



¿Qué es el Espíritu Santo? (Parte 10)

L.pII.7.5:3-4

El Espíritu Santo es el regalo de Dios mediante el cual se le restituye la quietud del Cielo al bienamado Hijo de Dios. (5:3)

Me siento tan agradecido hoy por este regalo, sin el que la quietud del Cielo estaría fuera de mi alcance para siempre. Si tuviera que responder a la pregunta que plantea esta página ¿Qué es el Espíritu Santo?, lo haría así:

El Espíritu Santo es el regalo de Dios para devolver nuestra mente (atrapada en la ilusión) a la paz y a la cordura. Él es la unión entre nuestra mente y la de Dios. Puesto que es consciente tanto de la eterna verdad de Dios como de nuestra locura, Él puede usar las mismas ilusiones que hemos inventado para hacernos regresar a la realidad. Le llevamos nuestras ilusiones, y Él las cambia de testigos del miedo a testigos del Amor, dándonos una nueva interpretación de todo lo que vemos. Esta nueva interpretación está tan de acuerdo con la verdad que permite el fin de toda interpretación y el paso de nuestra mente al estado original del conocimiento.

¿Te negarías a asumir la función de completar a Dios, cuando todo lo que Su Voluntad dispone es que tú estés completo? (5:4)

Una vez más el Curso nos pide que tomemos parte activa en este proceso y que desempeñemos la función que Dios nos dio: completarle. Ésa es una frase sorprendente, ¿verdad? En otro lugar el Curso nos dice que siempre que pongamos en duda nuestra valía, deberíamos decir: “Dios Mismo está incompleto sin mí” (T.9.VII.8:2). Un poco más tarde explica: “Dios está incompleto sin ti porque Su grandeza es total, y tú no puedes estar excluido de ella” (T.9.VIII.9:8). Nos dice: “Sin ti, a Dios le faltaría algo, el Cielo estaría incompleto y habría un Hijo sin Padre” (T.24.VI.2:1).

Por supuesto, es imposible que Dios esté incompleto: “Dios no está incompleto y sin Hijos” (T.11.I.5:6). La cuestión es que somos parte de Dios, entonces Dios estaría incompleto si no estuviésemos unidos a Él para siempre. Estamos en Dios y, por lo tanto, aceptemos la parte en Él que nos ha dado, y pongamos fin a nuestro rechazo a hacerlo. Nuestra parte en completar a Dios es estar completos: “…todo lo que Su Voluntad dispone es que tú estés completo” (5:4). Únicamente se nos pide que llevemos al Espíritu Santo nuestra ilusión de estar incompletos, de que nos falta algo (paz y felicidad), para que Él pueda deshacer esa ilusión y que nos hagamos conscientes de nuestro eterno estado de estar completos, de que nada nos falta.

El proceso de llevar nuestras ilusiones al Espíritu Santo parece a menudo temible porque, desde nuestro punto de vista, parece que supone una pérdida. Se nos pide que renunciemos a algo. Pero ese algo que se nos pide que abandonemos es nuestra ilusión de separación, nuestra ilusión de estar incompletos y que nos falta algo. Renunciamos a nuestra sensación de que algo nos falta, y recordamos nuestro estado de ser completos. Como dice la Lección 98, éste es un trato en el que no podemos perder:

Y puesto que el tiempo no tiene significado, se te está dando todo a cambio de nada. He aquí un trato en el que no puedes perder. Y lo que ganas es en verdad ilimitado. (L.98.6:3-5)






TEXTO  


9. ¿Y qué puede pedirte el Amor a ti que piensas que todo esto es verdad? 2¿Podría Él, con justicia y con amor, creer que en tu con­fusión tienes algo que dar? 3No se te pide que tengas mucha con­fianza en Él, 4sino la misma que ves que Él te ofrece y que reconoces que no podrías tener en ti mismo. 5Él ve todo lo que tú mereces a la luz de la justicia de Dios, pero también se da cuenta de que no puedes aceptarlo. 6Su función especial consiste en ofrecerte los regalos que los inocentes merecen. 7Y cada regalo que aceptas le brinda alegría a Él y a ti. 8Él sabe que el Cielo se enri­quece con cada regalo que aceptas. 9Y Dios Se alegra cuando Su Hijo recibe lo que la amorosa justicia sabe que le corresponde. 10Pues el amor y la justicia no son diferentes. 11Precisamente por­que son lo mismo la misericordia se encuentra a la derecha de Dios, y le da al Hijo de Dios el poder de perdonarse a sí mismo sus pecados.

10¿Cómo se le iba a poder privar de algo a aquel que todo lo merece? 2Pues eso sería una injusticia, y ciertamente no sería justo para con toda la santidad que hay en él, por mucho que él no la reconozca. 3Dios no sabe de injusticias. 4Él no permitiría que Su Hijo fuese juzgado por aquellos que quieren destruirlo y que no pueden ver su valía en absoluto. 5¿Qué testigos fidedig­nos podrían convocar para que hablasen en su defensa? 6¿Y quién vendría a interceder en su favor, en lugar de abogar por su muerte? 7Tú no le harías justicia. 8No obstante, Dios se aseguró de que se hiciese justicia con el Hijo que Él ama, y de que ésta lo protegiese de cualquier injusticia que tratases de cometer contra él, al creer que la venganza es su merecido.

11. De la misma manera en que al especialismo no le importa quién paga el costo del pecado con tal de que se pague, al Espí­ritu Santo le es indiferente quién es el que por fin contempla la inocencia, con tal de que ésta se vea y se reconozca. 2Pues con un sólo testigo basta. 3La simple justicia no pide nada más. 4El Espí­ritu Santo le pregunta a cada uno si quiere ser ese testigo, de forma que la justicia pueda ser restituida al amor y quede allí satisfecha. 5Cada función especial que Él asigna es sólo para que cada uno aprenda que el amor y la justicia no están separados, 6que su unión los fortalece a ambos. 7Sin amor, la justicia está llena de prejuicios y es débil. 8Y el amor sin justicia es imposible. 9Pues el amor es justo y no puede castigar sin causa. 10¿Qué causa podría haber que justificase un ataque contra los que son inocen­tes? 11El amor, entonces, corrige todos los errores con justicia, no con venganza. 12Pues eso sería injusto para con la inocencia.

12. Tú puedes ser un testigo perfecto del poder del amor y de la justicia, si comprendes que es imposible que el Hijo de Dios merezca venganza. 2No necesitas percibir que esto es verdad en toda circunstancia. 3Tampoco necesitas corroborarlo con tu expe­riencia del mundo, que no es sino una sombra de todo lo que realmente está sucediendo dentro de ti. 4El entendimiento que necesitas no procede de ti, sino de un Ser más grande, tan excelso y santo que no podría dudar de Su propia inocencia. 5Tu función especial es que lo invoques, para que te sonría a ti cuya inocencia Él comparte. 6Su entendimiento será tuyo. 7Y así, la función espe­cial del Espíritu Santo se habrá consumado. 8El Hijo de Dios ha encontrado un testigo de su inocencia y no de sus pecados. 9¡Cuán poco necesitas darle al Espíritu Santo para que simplemente se te haga justicia!

13. Sin imparcialidad no hay justicia. 2¿Cómo iba a poder ser justo el especialismo? 3No juzgues, mas no porque tú seas también un miserable pecador, sino porque no puedes. 4¿Cómo iban a poder entender los que se creen especiales que la justicia es igual para todo el mundo? 5Quitar a uno para dar a otro es una injusticia contra ambos, pues los dos son iguales ante los ojos del Espíritu Santo. 6Su Padre les dio a ambos la misma herencia. 7El que desea tener más o tener menos, no es consciente de que lo tiene todo. 8El que él se crea privado de algo no le da el derecho de ser juez de lo que le corresponde a otro. 9Pues en tal caso, no puede sino sentir envidia y tratar de apoderarse de lo que le pertenece a aquel a quien juzga. 10No es imparcial ni puede ver de manera justa los derechos de otro porque no es consciente de los suyos propios.


14. Tú tienes derecho a todo el universo, a la paz perfecta, a la completa absolución de todas las consecuencias del pecado, y a la vida eterna, gozosa y completa desde cualquier punto de vista, tal como la Voluntad de Dios dispuso que Su santo Hijo la tuviese. 2Ésta es la única justicia que el Cielo conoce y lo único que el Espíritu Santo trae a la tierra. 3Tu función especial te muestra que sólo la justicia perfecta puede prevalecer sobre ti. 4Y así, estás a salvo de cualquier forma de venganza. 5El mundo engaña, pero no puede reemplazar la justicia de Dios con su propia versión. 6Pues sólo el amor es justo y sólo él puede percibir lo que la justi­cia no puede sino concederle al Hijo de Dios. 7Deja que el amor decida, y nunca temas que, por no ser justo, te vayas a privar a ti mismo de lo que la justicia de Dios ha reservado para ti.













miércoles, 17 de octubre de 2018

17 OCTUBRE: Lo único que veo es mi actual felicidad.

AUDIOLIBRO



EJERCICIOS 


LECCIÓN 290


Lo único que veo es mi actual felicidad.


1. A menos que contemple lo que no está ahí, lo único que veo es mi actual felicidad. 2Los ojos que comienzan a abrirse por fin pue­den ver. 3Y deseo que la visión de Cristo descienda sobre mí hoy mismo. 4Pues lo que percibo a través de mi propia vista sin la Corrección que Dios me dio para ella, es atemorizante y doloroso de contemplar. 5Mas no voy a permitir que mi mente se siga enga­ñando un solo instante más, creyendo que el sueño que inventé es real. 6Éste es el día en que voy en pos de mi actual felicidad y en el que no he de contemplar nada que no sea lo que busco.

2. Con esta resolución vengo a Ti, y te pido que me prestes tu fortaleza, mientras procuro únicamente hacer Tu Voluntad. 2No puedes dejar de oírme, Padre. 3Pues lo que pido ya me lo has dado. 4Y estoy seguro de que hoy veré mi felicidad.




Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones para la práctica en las instrucciones de la Segunda Parte del Libro de Ejercicios, o en la Tarjeta de Práctica de este libro.

Comentario

“A menos que contemple lo que no está ahí, lo único que veo es mi actual felicidad” (1:1). Ésa es la clave: no mirar a lo que no está aquí. Muy a menudo miramos al pasado o al futuro, como estaba haciendo esta mañana mientras estaba tumbado en la cama. Ni el pasado ni el futuro están aquí. Por definición, son “no ahora”.

Lo que Jesús dice aquí es que si podemos por un momento dejar de mirar al pasado o al futuro, lo que veremos es la felicidad actual. Como dice un gurú: “Ya eres siempre feliz”. ¿Qué tiene esto que ver con el título de esta lección que el Espíritu Santo me enseña? “Lo que percibo a través de mi propia vista sin la Corrección (del Espíritu Santo) que Dios me dio para ella, es atemorizante y doloroso de contemplar” (1:4). El futuro es temible, el pasado es doloroso. Para ver necesito las gafas correctoras del Espíritu Santo.

El mundo que veo es doloroso porque el ego lo inventó para apoyarse y reforzarse a sí mismo. Si continúo mirándolo a través de los ojos que el ego fabricó, voy a ver testigos de la maldad, del pecado, del peligro y de la culpa. Necesito verlo de una manera diferente.

No se me pide que cierre los ojos y finja que el mundo no está ahí. Se me pide que voluntariamente me ponga las gafas correctoras y vea el mundo de manera diferente: como un testigo del Amor, de la dicha y de la paz. Lo primero de todo, en esta lección se me pide que mire dentro y me dé cuenta de que dejando de lado el pasado y el futuro, yo soy feliz por naturaleza. Se me pide que deje de mirar a lo que no está ahí. Ver lo que está aquí es el siguiente paso, y no habrá ninguna dificultad porque empiezo desde un estado de felicidad.

Si ya soy feliz, nada del presente puede cambiarlo porque no me falta nada, ya estoy en la felicidad.

Ésta es una gran técnica para la meditación: cuando surgen pensamientos, si se refieren al pasado, déjalos que se vayan flotando (como una hoja arrastrada por el agua). Si haces eso, lo que siempre descubrirás es tu felicidad actual. No tienes que fabricarla porque existe siempre.



¿Qué es el Espíritu Santo? (Parte 10)

L.pII.7.5:3-4

El Espíritu Santo es el regalo de Dios mediante el cual se le restituye la quietud del Cielo al bienamado Hijo de Dios. (5:3)

Me siento tan agradecido hoy por este regalo, sin el que la quietud del Cielo estaría fuera de mi alcance para siempre. Si tuviera que responder a la pregunta que plantea esta página ¿Qué es el Espíritu Santo?, lo haría así:

El Espíritu Santo es el regalo de Dios para devolver nuestra mente (atrapada en la ilusión) a la paz y a la cordura. Él es la unión entre nuestra mente y la de Dios. Puesto que es consciente tanto de la eterna verdad de Dios como de nuestra locura, Él puede usar las mismas ilusiones que hemos inventado para hacernos regresar a la realidad. Le llevamos nuestras ilusiones, y Él las cambia de testigos del miedo a testigos del Amor, dándonos una nueva interpretación de todo lo que vemos. Esta nueva interpretación está tan de acuerdo con la verdad que permite el fin de toda interpretación y el paso de nuestra mente al estado original del conocimiento.

¿Te negarías a asumir la función de completar a Dios, cuando todo lo que Su Voluntad dispone es que tú estés completo? (5:4)

Una vez más el Curso nos pide que tomemos parte activa en este proceso y que desempeñemos la función que Dios nos dio: completarle. Ésa es una frase sorprendente, ¿verdad? En otro lugar el Curso nos dice que siempre que pongamos en duda nuestra valía, deberíamos decir: “Dios Mismo está incompleto sin mí” (T.9.VII.8:2). Un poco más tarde explica: “Dios está incompleto sin ti porque Su grandeza es total, y tú no puedes estar excluido de ella” (T.9.VIII.9:8). Nos dice: “Sin ti, a Dios le faltaría algo, el Cielo estaría incompleto y habría un Hijo sin Padre” (T.24.VI.2:1).

Por supuesto, es imposible que Dios esté incompleto: “Dios no está incompleto y sin Hijos” (T.11.I.5:6). La cuestión es que somos parte de Dios, entonces Dios estaría incompleto si no estuviésemos unidos a Él para siempre. Estamos en Dios y, por lo tanto, aceptemos la parte en Él que nos ha dado, y pongamos fin a nuestro rechazo a hacerlo. Nuestra parte en completar a Dios es estar completos: “…todo lo que Su Voluntad dispone es que tú estés completo” (5:4). Únicamente se nos pide que llevemos al Espíritu Santo nuestra ilusión de estar incompletos, de que nos falta algo (paz y felicidad), para que Él pueda deshacer esa ilusión y que nos hagamos conscientes de nuestro eterno estado de estar completos, de que nada nos falta.

El proceso de llevar nuestras ilusiones al Espíritu Santo parece a menudo temible porque, desde nuestro punto de vista, parece que supone una pérdida. Se nos pide que renunciemos a algo. Pero ese algo que se nos pide que abandonemos es nuestra ilusión de separación, nuestra ilusión de estar incompletos y que nos falta algo. Renunciamos a nuestra sensación de que algo nos falta, y recordamos nuestro estado de ser completos. Como dice la Lección 98, éste es un trato en el que no podemos perder:

Y puesto que el tiempo no tiene significado, se te está dando todo a cambio de nada. He aquí un trato en el que no puedes perder. Y lo que ganas es en verdad ilimitado. (L.98.6:3-5)






TEXTO  


9. ¿Y qué puede pedirte el Amor a ti que piensas que todo esto es verdad? 2¿Podría Él, con justicia y con amor, creer que en tu con­fusión tienes algo que dar? 3No se te pide que tengas mucha con­fianza en Él, 4sino la misma que ves que Él te ofrece y que reconoces que no podrías tener en ti mismo. 5Él ve todo lo que tú mereces a la luz de la justicia de Dios, pero también se da cuenta de que no puedes aceptarlo. 6Su función especial consiste en ofrecerte los regalos que los inocentes merecen. 7Y cada regalo que aceptas le brinda alegría a Él y a ti. 8Él sabe que el Cielo se enri­quece con cada regalo que aceptas. 9Y Dios Se alegra cuando Su Hijo recibe lo que la amorosa justicia sabe que le corresponde. 10Pues el amor y la justicia no son diferentes. 11Precisamente por­que son lo mismo la misericordia se encuentra a la derecha de Dios, y le da al Hijo de Dios el poder de perdonarse a sí mismo sus pecados.

10¿Cómo se le iba a poder privar de algo a aquel que todo lo merece? 2Pues eso sería una injusticia, y ciertamente no sería justo para con toda la santidad que hay en él, por mucho que él no la reconozca. 3Dios no sabe de injusticias. 4Él no permitiría que Su Hijo fuese juzgado por aquellos que quieren destruirlo y que no pueden ver su valía en absoluto. 5¿Qué testigos fidedig­nos podrían convocar para que hablasen en su defensa? 6¿Y quién vendría a interceder en su favor, en lugar de abogar por su muerte? 7Tú no le harías justicia. 8No obstante, Dios se aseguró de que se hiciese justicia con el Hijo que Él ama, y de que ésta lo protegiese de cualquier injusticia que tratases de cometer contra él, al creer que la venganza es su merecido.

11. De la misma manera en que al especialismo no le importa quién paga el costo del pecado con tal de que se pague, al Espí­ritu Santo le es indiferente quién es el que por fin contempla la inocencia, con tal de que ésta se vea y se reconozca. 2Pues con un sólo testigo basta. 3La simple justicia no pide nada más. 4El Espí­ritu Santo le pregunta a cada uno si quiere ser ese testigo, de forma que la justicia pueda ser restituida al amor y quede allí satisfecha. 5Cada función especial que Él asigna es sólo para que cada uno aprenda que el amor y la justicia no están separados, 6que su unión los fortalece a ambos. 7Sin amor, la justicia está llena de prejuicios y es débil. 8Y el amor sin justicia es imposible. 9Pues el amor es justo y no puede castigar sin causa. 10¿Qué causa podría haber que justificase un ataque contra los que son inocen­tes? 11El amor, entonces, corrige todos los errores con justicia, no con venganza. 12Pues eso sería injusto para con la inocencia.

12. Tú puedes ser un testigo perfecto del poder del amor y de la justicia, si comprendes que es imposible que el Hijo de Dios merezca venganza. 2No necesitas percibir que esto es verdad en toda circunstancia. 3Tampoco necesitas corroborarlo con tu expe­riencia del mundo, que no es sino una sombra de todo lo que realmente está sucediendo dentro de ti. 4El entendimiento que necesitas no procede de ti, sino de un Ser más grande, tan excelso y santo que no podría dudar de Su propia inocencia. 5Tu función especial es que lo invoques, para que te sonría a ti cuya inocencia Él comparte. 6Su entendimiento será tuyo. 7Y así, la función espe­cial del Espíritu Santo se habrá consumado. 8El Hijo de Dios ha encontrado un testigo de su inocencia y no de sus pecados. 9¡Cuán poco necesitas darle al Espíritu Santo para que simplemente se te haga justicia!

13. Sin imparcialidad no hay justicia. 2¿Cómo iba a poder ser justo el especialismo? 3No juzgues, mas no porque tú seas también un miserable pecador, sino porque no puedes. 4¿Cómo iban a poder entender los que se creen especiales que la justicia es igual para todo el mundo? 5Quitar a uno para dar a otro es una injusticia contra ambos, pues los dos son iguales ante los ojos del Espíritu Santo. 6Su Padre les dio a ambos la misma herencia. 7El que desea tener más o tener menos, no es consciente de que lo tiene todo. 8El que él se crea privado de algo no le da el derecho de ser juez de lo que le corresponde a otro. 9Pues en tal caso, no puede sino sentir envidia y tratar de apoderarse de lo que le pertenece a aquel a quien juzga. 10No es imparcial ni puede ver de manera justa los derechos de otro porque no es consciente de los suyos propios.


14. Tú tienes derecho a todo el universo, a la paz perfecta, a la completa absolución de todas las consecuencias del pecado, y a la vida eterna, gozosa y completa desde cualquier punto de vista, tal como la Voluntad de Dios dispuso que Su santo Hijo la tuviese. 2Ésta es la única justicia que el Cielo conoce y lo único que el Espíritu Santo trae a la tierra. 3Tu función especial te muestra que sólo la justicia perfecta puede prevalecer sobre ti. 4Y así, estás a salvo de cualquier forma de venganza. 5El mundo engaña, pero no puede reemplazar la justicia de Dios con su propia versión. 6Pues sólo el amor es justo y sólo él puede percibir lo que la justi­cia no puede sino concederle al Hijo de Dios. 7Deja que el amor decida, y nunca temas que, por no ser justo, te vayas a privar a ti mismo de lo que la justicia de Dios ha reservado para ti.













lunes, 17 de octubre de 2016

17 OCTUBRE: Lo único que veo es mi actual felicidad.

AUDIOLIBRO


EJERCICIOS 


LECCIÓN 290


Lo único que veo es mi actual felicidad.


1. A menos que contemple lo que no está ahí, lo único que veo es mi actual felicidad. 2Los ojos que comienzan a abrirse por fin pue­den ver. 3Y deseo que la visión de Cristo descienda sobre mí hoy mismo. 4Pues lo que percibo a través de mi propia vista sin la Corrección que Dios me dio para ella, es atemorizante y doloroso de contemplar. 5Mas no voy a permitir que mi mente se siga enga­ñando un solo instante más, creyendo que el sueño que inventé es real. 6Éste es el día en que voy en pos de mi actual felicidad y en el que no he de contemplar nada que no sea lo que busco.

2. Con esta resolución vengo a Ti, y te pido que me prestes tu fortaleza, mientras procuro únicamente hacer Tu Voluntad. 2No puedes dejar de oírme, Padre. 3Pues lo que pido ya me lo has dado. 4Y estoy seguro de que hoy veré mi felicidad.




 

TEXTO 


 IV. La luz que traes contigo



1. Las mentes que están unidas, y que reconocen que lo están, no pueden sentir culpabilidad. 2Pues no pueden atacar, y se regoci­jan de que así sea, al ver que su seguridad reside en ese hecho feliz. 3Su alegría radica en la inocencia que ven. 4por eso la buscan, puesto que su propósito es contemplarla y regocijarse. 5Todo el mundo anda en pos de lo que le proporcionaría alegría, según cada uno la define. 6No es el objetivo en sí lo que varía. 7Sin embargo, la manera en que se ve el objetivo es lo que deter­mina la elección de los medios, y lo que hace que éstos no pue­dan cambiar a no ser que se cambie el objetivo. 8Si éste cambia, se escogen otros medios, ya que lo que ha de proporcionar felicidad se define de otra manera y se busca de forma distinta.

2. Podría afirmarse, por lo tanto, que la ley básica de la percep­ción es: "Te regocijarás con lo que veas, pues lo ves para regoci­jarte". 2mientras creas que el sufrimiento y el pecado te pueden proporcionar alegría, seguirán estando ahí para que los veas. Nada es de por sí perjudicial o beneficioso a menos que así lo desees. 4Tu deseo es lo que determina los efectos que ha de tener en ti porque lo elegiste como un medio para obtener esos efectos, creyendo que eran los portadores del regocijo y de la felicidad. Esta ley rige incluso en el Cielo. 7El Hijo de Dios crea para ser feliz, puesto que comparte con su Padre el propósito que Éste tuvo al crearlo a fin de que su alegría fuese cada vez mayor y la de Dios junto con la suya.

3. Tú que eres el hacedor de un mundo que no es cierto, descansa y halla solaz en otro mundo donde mora la paz. 2Ése es el mundo que le llevas a todos los ojos fatigados y a todos los corazones desfallecidos que contemplan el pecado y entonan su triste estri­billo. 3De ti puede proceder su descanso. 4De ti puede surgir un mundo cuya contemplación los hará felices y donde sus corazo­nes estarán rebosantes de dicha. 5De ti procede una visión que se extiende hasta todos ellos, y los envuelve con dulzura y luz. 6Y en este creciente mundo de luz, las tinieblas que ellos pensaban que estaban ahí se desplazan hasta convertirse en sombras lejanas y distantes, que no se recordarán por mucho tiempo una vez que el sol las haya desvanecido. 7Y todos sus pensamientos "malvados" y todas sus esperanzas "pecaminosas", sus sueños de culpabili­dad y venganza despiadada, y todo deseo de herir, matar y morir, desaparecerán ante el sol que tú traes contigo.

4. ¿No desearías hacer esto por el Amor de Dios? 2¿Y por ti? 3Piensa en lo que ello representaría para ti. 4Pues los pensamien­tos "malvados" que ahora te atormentan te parecerán cada vez más remotos y alejados de ti. 5esto es así porque el sol que mora en ti ha despuntado para desvanecerlos con su luz. 6Persisten por un corto tiempo en formas enrevesadas, demasiado distantes como para que se puedan reconocer, y luego desaparecen para siempre. 7Y en la luz del sol te alzarás sereno, lleno de inocencia y sin temor alguno. 8Y desde ti, el descanso que encontraste se extenderá para que tu paz jamás pueda abandonarte y dejarte desamparado. 9Aquellos que ofrecen paz a todo el mundo han encontrado un hogar en el Cielo que el mundo no puede destruir. 10Pues es lo suficientemente grande como para contener al mundo entero dentro de su paz.

5. En ti reside el Cielo en su totalidad. 2A cada hoja seca que cae se le confiere vida en ti. 3Cada pájaro que jamás cantó cantará de nuevo en ti. 4cada flor que jamás floreció ha conservado su perfume y hermosura para ti. 5¿Qué objetivo puede suplantar a la Voluntad de Dios y a la de Su Hijo de que el Cielo le sea resti­tuido a aquel para quien fue creado como su único hogar? 6No ha habido nada ni antes ni después. 7No ha habido ningún otro lugar, ningún otro estado ni ningún otro tiempo. 8Nada que esté más allá o más acá. 9Nada más. 10En ninguna forma. 11Esto se lo puedes brindar al mundo entero y a todos los pensamientos erró­neos que se adentraron en él y permanecieron allí por un tiempo. 12¿De qué mejor manera se podrían llevar tus propios errores ante la verdad, que estando dispuesto a llevar la luz del Cielo contigo, según te diriges más allá del mundo de las tinieblas hacia la luz?



V. El estado de impecabilidad


1. El estado de impecabilidad es simplemente esto: todo deseo de atacar ha desaparecido, de modo que no hay razón para percibir al Hijo de Dios de ninguna otra forma excepto como es. 2La nece­sidad de que haya culpabilidad ha desaparecido porque ya no tiene propósito, y sin el objetivo de pecado no tiene sentido. 3El ataque y el pecado son una misma ilusión, pues cada uno es la causa, el objetivo y la justificación del otro. 4Por su cuenta nin­guno de los dos tiene sentido, si bien parece derivar sentido del otro. 5Cada uno depende del otro para conferirle el significado que parece tener. 6Y nadie podría creer en uno de ellos a menos que el otro fuese verdad, pues cada uno de ellos da fe de que el otro tiene que ser cierto.

2. El ataque convierte a Cristo en tu enemigo y a Dios junto con Él. 2¿Cómo no ibas a estar atemorizado con semejantes "enemi­gos"? 3¿Y cómo no ibas a tener miedo de ti mismo? 4Pues te has hecho daño, y has hecho de tu Ser tu "enemigo". 5ahora no puedes sino creer que tú no eres tú, sino algo ajeno a ti mismo, "algo distinto", "algo" que hay que temer en vez de amar. 6¿Quién atacaría lo que percibe como completamente inocente? 7¿Y quién que desease atacar, podría dejar de sentirse culpable por abrigar ese deseo, aunque anhelase la inocencia? 8Pues, ¿quién podría considerar al Hijo de Dios inocente y al mismo tiempo desear su muerte? 9Cada vez que contemplas a tu hermano, Cristo se halla ante ti. 10Él no se ha marchado porque tus ojos estén cerrados. 11Mas ¿qué podrías ver si buscas a tu Salvador y lo contemplas con ojos que no ven?

3. No es a Cristo a quien contemplas cuando miras de esa manera. 2A quien ves es al "enemigo", a quien confundes con Cristo. 3lo odias porque no puedes ver en él pecado alguno. 4Tampoco oyes su llamada suplicante, cuyo contenido no cambia sea cual sea la forma en que la llamada se haga, rogándote que te unas a él en inocencia y en paz. 5Sin embargo, tras los insensatos alaridos del ego, tal es la llamada que Dios le ha encomendado que te haga, a fin de que puedas oír en él Su Llamada a ti, y la contestes devol­viéndole a Dios lo que es Suyo.

4. El Hijo de Dios sólo te pide esto: que le devuelvas lo que es suyo, para que así puedas participar de ello con él. 2Por separado ni tú ni él lo tenéis. 3Y así, no os sirve de nada a ninguno de los dos. 4Pero si disponéis de ello juntos, os proporcionará a cada uno de vosotros la misma fuerza para salvar al otro y para salvarse a sí mismo junto con él. 5Si lo perdonas, tu salvador te ofrece salva­ción. 6Si lo condenas, te ofrece la muerte. 7Lo único que ves en cada hermano es el reflejo de lo que elegiste que él fuese para ti. 8Si decides contra su verdadera función -la única que tiene en realidad- lo estás privando de toda la alegría que habría encon­trado de haber podido desempeñar el papel que Dios le encomendó. 9Pero no pienses que sólo él pierde el Cielo. 10Y éste no se puede recuperar a menos que le muestres el camino a través de ti, para que así tú puedas encontrarlo, caminando con él.

5. Su salvación no supone ningún sacrificio para ti, pues me­diante su libertad tú obtienes la tuya. 2Permitir que su función se realice es lo que permite que se realice la tuya. 3Y así, caminas en dirección al Cielo o al infierno, pero no solo. 4¡Cuán bella será su impecabilidad cuando la percibas! 5¡Y cuán grande tu alegría cuando él sea libre para ofrecerte el don de la visión que Dios le dio para ti! 6Él no tiene otra necesidad que ésta: que le permitas completar la tarea que Dios le encomendó. 7Recuerda única­mente esto: que lo que él hace tú lo haces junto con él. 8Y tal como lo consideres, así definirás su función con respecto a ti hasta que lo veas de otra manera y dejes que él sea para ti lo que Dios dispuso que fuese.

6. Frente al odio que el Hijo de Dios pueda tener contra sí mismo, se encuentra la creencia de que Dios es impotente para salvar lo que Él creó del dolor del infierno. 2Pero en el amor que él se muestra a sí mismo, Dios es liberado para que se haga Su Volun­tad. 3Ves en tu hermano la imagen de lo que crees es la Voluntad de Dios para ti. 4Al perdonar entenderás cuánto te ama Dios, pero si atacas creerás que te odia, al pensar que el Cielo es el infierno. 5Mira a tu hermano otra vez, pero con el entendimiento de que él es el camino al Cielo o al infierno, según lo percibas. 6Y no te olvides de esto: el papel que le adjudiques se te adjudicará a ti, y por el camino que le señales caminarás tú también porque ése es tu juicio acerca de ti mismo.

sábado, 17 de octubre de 2015

17 OCTUBRE: Lo único que veo es mi actual felicidad.

AUDIOLIBRO


EJERCICIOS 


LECCIÓN 290


Lo único que veo es mi actual felicidad.


1. A menos que contemple lo que no está ahí, lo único que veo es mi actual felicidad. 2Los ojos que comienzan a abrirse por fin pue­den ver. 3Y deseo que la visión de Cristo descienda sobre mí hoy mismo. 4Pues lo que percibo a través de mi propia vista sin la Corrección que Dios me dio para ella, es atemorizante y doloroso de contemplar. 5Mas no voy a permitir que mi mente se siga enga­ñando un solo instante más, creyendo que el sueño que inventé es real. 6Éste es el día en que voy en pos de mi actual felicidad y en el que no he de contemplar nada que no sea lo que busco.

2. Con esta resolución vengo a Ti, y te pido que me prestes tu fortaleza, mientras procuro únicamente hacer Tu Voluntad. 2No puedes dejar de oírme, Padre. 3Pues lo que pido ya me lo has dado. 4Y estoy seguro de que hoy veré mi felicidad.




viernes, 17 de octubre de 2014

17 OCTUBRE: Lo único que veo es mi actual felicidad.

AUDIOLIBRO


EJERCICIOS 


LECCIÓN 290


Lo único que veo es mi actual felicidad.


1. A menos que contemple lo que no está ahí, lo único que veo es mi actual felicidad. 2Los ojos que comienzan a abrirse por fin pue­den ver. 3Y deseo que la visión de Cristo descienda sobre mí hoy mismo. 4Pues lo que percibo a través de mi propia vista sin la Corrección que Dios me dio para ella, es atemorizante y doloroso de contemplar. 5Mas no voy a permitir que mi mente se siga enga­ñando un solo instante más, creyendo que el sueño que inventé es real. 6Éste es el día en que voy en pos de mi actual felicidad y en el que no he de contemplar nada que no sea lo que busco.

2. Con esta resolución vengo a Ti, y te pido que me prestes tu fortaleza, mientras procuro únicamente hacer Tu Voluntad. 2No puedes dejar de oírme, Padre. 3Pues lo que pido ya me lo has dado. 4Y estoy seguro de que hoy veré mi felicidad.



TEXTO 
 

VII. La roca de la salvación


1. No obstante, si el Espíritu Santo puede convertir cada senten­cia que te impusiste a ti mismo en una bendición, entonces no pudo haber sido un pecado. 2El pecado es lo único en todo el mundo que no puede cambiar. 3Es inmutable. 4Y de su inmutabi­lidad depende el mundo. 5La magia del mundo parece ocultar de los pecadores el dolor del pecado, y engañar con falsos destellos y con ardides. 6Mas todo el mundo sabe que el costo del pecado es la muerte. 7Y ciertamente lo es. 8Pues el pecado es una petición de muerte, un deseo de hacer que los cimientos de este mundo sean tan firmes como el amor, tan dignos de confianza como el Cielo y tan fuertes como Dios Mismo. 9Todo aquel que cree que es posible pecar mantiene al mundo excluido del amor. 10Y esto no cambiará. 11Sin embargo, ¿sería posible que lo que Dios no creó compartiese los atributos de Su creación, cuando se opone a ella desde cualquier punto de vista?

2. Es imposible que el deseo de morir del "pecador" sea tan fuerte como la Voluntad de Dios por la vida. 2Tampoco es posible que los cimientos de un mundo que Él no creó fuesen tan firmes y seguros como el Cielo. 3¿Cómo iba ser posible que el Cielo y el infierno fuesen lo mismo? 4¿Y cómo podría ser que lo que Su Voluntad no dispuso no se pudiese cambiar? 5¿Qué otra cosa aparte de Su Voluntad es inmutable? 6¿Y qué puede compartir sus atributos, excepto ella misma? 7¿Qué deseo puede alzarse contra Su Voluntad, y ser inmutable? 8Si pudieses darte cuenta de que lo único que es inmutable es la Voluntad de Dios, este curso no te resultaría difícil. 9No obstante, eso es precisamente lo que no crees. 10Sin embargo, no podrías creer nada más, sólo con que vieses lo que realmente es.

3. Volvamos a lo que anteriormente dijimos, y pensemos en ello más detenidamente. 2Debe ser, o bien que Dios está loco, o bien que este mundo es un manicomio. 3Ni uno solo de los Pensamien­tos de Dios tiene sentido en este mundo. 4Y nada de lo que el mundo acepta como cierto tiene sentido alguno en Su Mente. 5Lo que no tiene sentido ni significado es demente. 6Y lo que es demente no puede ser la verdad. 7Si una sola de las creencias que en tanta estima se tienen aquí fuese cierta, entonces todo Pensa­miento que Dios jamás haya tenido sería una ilusión. 8Pero si uno solo de Sus Pensamientos es cierto, entonces todas las creencias a las que el mundo otorga significado son falsas y absurdas. 9Ésta es la decisión que tienes ante ti. 10No trates de verla de otra manera ni de hacer de ella lo que no es. 11Pues lo único que puedes hacer es tomar esta decisión. 12El resto depende de Dios, no de ti.

4. Justificar uno solo de los valores que el mundo apoya es negar la cordura de tu Padre y la tuya. 2Pues Dios y Su Hijo bienamado no piensan de manera diferente. 3Y es esta concordancia en el pensamiento lo que hace que el Hijo sea un co-creador con la Mente cuyo Pensamiento lo creó a él. 4De modo que si elige creer en un solo pensamiento que se oponga a la verdad, habrá deci­dido que él no es el Hijo de su Padre porque el Hijo está loco, y la cordura tiene que ser algo ajeno al Padre y al Hijo. 5Esto es lo que crees. 6No pienses que esta creencia depende de la forma en que se manifieste. 7El que de alguna manera crea que el mundo es cuerdo, que algunas de las cosas que piensa están justificadas o que está sustentando por algún tipo de razón, cree que eso es cierto. 8El pecado no es real porque ni el Padre ni el Hijo son dementes. 9Este mundo no tiene sentido porque se basa en el pecado. 10¿Quién podría crear lo inmutable si ello no estuviese basado en la verdad?

5. El Espíritu Santo tiene el poder de transformar todos los cimientos del mundo que ves en algo distinto: en una base que no sea demente, sobre la que se puedan sentar los cimientos de una percepción sana y desde la que se puede percibir otro mundo: 2un mundo en el que nada se opone a lo que conduciría al Hijo de Dios a la cordura y a la felicidad, 3y en el que nada da testimonio de la muerte ni de la crueldad, de la separación o de las diferen­cias. 4Pues ahí todo se percibe como uno, y nadie tiene que perder para que otro gane.

6. Pon a prueba todas tus creencias a la luz de este único requisi­to, y entiende que todo lo que satisface esta única petición es digno de tu fe. 2Nada más lo es. 3Lo que no es amor es pecado, y cada uno de ellos percibe al otro como demente y sin sentido. 4El amor es la base de un mundo que los pecadores perciben como completamente demente, ya que creen que el camino que ellos siguen es el que conduce a la cordura. 5Mas el pecado es igual­mente demente a los ojos del amor, que dulcemente prefieren mirar más allá de la locura y descansar serenamente en la ver­dad. 6Tanto el amor como el pecado ven un mundo inmutable, de acuerdo a como cada uno define la inalterable y eterna verdad de lo que eres. 7Y cada uno refleja un punto de vista de lo que el Padre y el Hijo deben ser para que ese punto de vista sea signifi­cativo y cuerdo.

7. Tu función especial es aquella forma en particular que a ti te parece más significativa y sensata para demostrar el hecho de que Dios no es demente. 2El contenido es el mismo. 3La forma se adapta a tus necesidades particulares, y al tiempo y lugar concre­tos en los que crees encontrarte, y donde puedes ser liberado de dichos conceptos, así como de todo lo que crees que te limita. 4El Hijo de Dios no puede estar limitado por el tiempo, por el espa­cio ni por ninguna cosa que la Voluntad de Dios no haya dis­puesto. 5No obstante, si se cree que lo que Su Voluntad dispone es una locura, entonces la forma de cordura que la hace más aceptable para los que son dementes requiere una decisión espe­cial. 6Esta decisión no la pueden tomar los que son dementes, cuyo problema es que sus decisiones no son libres, ni las toman guiados por la razón a la luz del sentido común.

8. Sería ciertamente una locura poner la salvación en manos de los dementes. 2Pero puesto que Dios no está loco, ha designado a Uno tan cuerdo como Él para que le presente un mundo de mayor cordura a todo aquel que eligió la demencia como su sal­vación. 3A Él le es dado elegir la forma más apropiada para ayu­dar al demente: una que no ataque el mundo que éste ve, sino que se adentre en él calladamente y le muestre que está loco. 4El Espíritu Santo no hace sino señalarle otra alternativa, otro modo de contemplar lo que antes veía, que él reconoce como el mundo en el que vive, el cual creía entender.

9. Ahora él tiene que poner todo esto en tela de juicio, pues la forma de la alternativa es una que no puede negar, pasar por alto, ni dejar de percibir completamente. 2La función especial de cada uno está diseñada de modo que se perciba como algo factible, como algo que se desea cada vez más a medida que se le demues­tra que es una alternativa que realmente desea. 3Desde esta pers­pectiva, su pecaminosidad así como todo el pecado que ve en el mundo, tienen cada vez menos que ofrecerle. 4Y por fin llega a entender que todo ello le ha costado su cordura y que se inter­pone entre él y cualquier esperanza de volver a ser cuerdo. 5Puesto que tiene un papel especial en la liberación de todos sus hermanos, no se le deja sin la posibilidad de escapar de la locura. 6Sería tan inaudito que se le excluyese y se le dejase sin una fun­ción especial en la esperanza de paz, como lo sería que el Padre ignorara a Su Hijo y lo pasase de largo sin ningún miramiento.

10. ¿En qué otra cosa se puede confiar, sino en el Amor de Dios? 2¿Y dónde mora la cordura, sino en Él? 3Aquel que habla por Dios puede mostrarte esto en la alternativa que eligió especialmente para ti. 4La Voluntad de Dios es que recuerdes esto, y que pases así del más profundo desconsuelo al júbilo perfecto. 5Acepta la función que se te ha asignado en el plan de Dios para mostrarle a Su Hijo que el infierno y el Cielo son diferentes, no lo mismo. 6Pero en el Cielo son lo mismo, pues carecen de las diferencias que habrían hecho del Cielo un infierno y del infierno un cielo, si tal demencia hubiese sido posible.

11. La creencia de que es posible perder no es sino el reflejo de la premisa subyacente de que Dios está loco. 2Pues en este mundo parece que alguien tiene que perder porque otro ganó. 3Si esto fuese cierto, entonces Dios estaría loco. 4Mas ¿qué es esa creencia, sino una forma de la premisa más básica según la cual, "El pecado es real y es lo que rige al mundo"? 5Por cada pequeña ganancia que se obtenga alguien tiene que perder, y pagar el importe exacto con sangre y sufrimiento. 6Pues, de lo contrario, el mal triunfaría y la destrucción sería el costo total de cualquier ganancia. 7Tú que crees que Dios está loco, examina esto deteni­damente y comprende que, o bien Dios es demente o bien es esto lo que lo es, pero no ambos.

12. La salvación es el renacimiento de la idea de que nadie tiene que perder para que otro gane. 2Y todo el mundo tiene que ganar, si es que uno solo ha de ganar. 3Con esto queda restaurada la cordura. 4Y sobre esta única roca de verdad la fe puede descansar con perfecta confianza y en perfecta paz en la eterna cordura de Dios. 5La razón queda satisfecha, pues con esto todas las creen­cias dementes pueden ser corregidas. 6Y si esto es verdad, el pecado no puede sino ser imposible. 7Ésta es la roca sobre la que descansa la salvación, el punto estratégico desde el que el Espí­ritu Santo le confiere significado y dirección al plan en el que tu función especial tiene un papel que jugar. 8Pues aquí tu función especial se vuelve íntegra porque comparte la función de la tota­lidad.

13. Recuerda que toda tentación no es más que esto: la creencia descabellada de que la locura de Dios te devolvería la cordura y te daría lo que quisieses, y de que o tú o Dios tenéis que perder frente a la locura porque vuestros objetivos son irreconciliables. 2La muerte exige vida, pero la vida no cuesta nada. 3Nadie tiene que sufrir para que la Voluntad de Dios se haga. 4La salvación es Su Voluntad porque tú la compartes con Él. 5No es sólo para ti, sino para el Ser que es el Hijo de Dios. 6Éste no puede perder, pues si pudiese, ello supondría una pérdida para su Padre, y para Él la pérdida es imposible. 7Y esto es cuerdo porque es la verdad.