DESPERTAR AL AMOR

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sábado, 26 de octubre de 2019

26 OCTUBRE: La santidad eterna mora en mí

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AUDIOLIBRO



EJERCICIOS  

LECCIÓN 299


La santidad eterna mora en mí


1. Mi santidad está mucho más allá de mi propia capacidad de comprender o saber lo que es. 2No obstante, Dios, mi Padre, Quien la creó, reconoce que mi santidad es la Suya. 3Nuestra Voluntad conjunta comprende lo que es. 4Y nuestra Voluntad conjunta sabe que así es.

2. Padre, mi santidad no procede de mí. 2No es mía para dejar que el pecado la destruya. 3No es mía para dejar que sea el blanco del ataque. 4Las ilusiones pueden ocultarla, pero no pueden extinguir su fulgor ni atenuar su luz. 5Se yergue por siempre perfecta e intacta. 6En ella todas las cosas sanan, pues siguen siendo tal como Tú las creaste. 7Y puedo conocer mi santidad, 8pues fui creado por la. Santidad Misma, y puedo conocer mi Fuente porque Tu Voluntad es que se Te conozca.



Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones para la práctica en las instrucciones de la Segunda Parte del Libro de Ejercicios, o en la Tarjeta de Práctica de este libro.

Comentario

Éste es el tipo de lección que siempre me hace darme cuenta de mi mente dividida. Una parte está suspirando, llena de felicidad: “¡Ah! Qué maravilloso saber que la creación de Dios permanece intacta en mí” La otra parte está mirando a mi alrededor y por encima del hombro mientras dice: “¿Te refieres a mí?”

A veces, Padre, puedo aceptar la idea de que hay santidad en mí. Quiero aceptarlo más a menudo y más profundamente. Quiero saber que santidad es todo lo que yo soy. Puedo relacionarlo con la primera frase: “Mi santidad está mucho más allá de mi propia capacidad de comprender o saber lo que es” (1:1). Por lo menos la parte “mucho más allá de mi propia capacidad”. Pero hay una parte de mí que sabe que la santidad está aquí, quizá no conocida, quizá no entendida, pero todavía… aquí.

Cuando soy consciente de mi unión con Dios, cuando permito que esa comprensión entre en mi consciencia, entonces, junto con Él, sé que es así, que la santidad eterna mora en mí.

El Curso insiste en este punto, repitiéndolo con tanta frecuencia que tengo que darme cuenta de que hay una enorme resistencia a aceptarlo:

… mi santidad no procede de mí. No es mía para dejar que el pecado la destruya. No es mía para dejar que sea el blanco del ataque. Las ilusiones pueden ocultarla, pero no pueden extinguir su fulgor ni atenuar su luz. (2:1-4)

Puedo cambiar mi comportamiento, puedo tener alucinaciones y creer que he cambiado mi naturaleza original, pero en realidad no puedo cambiar lo que soy, no puedo cambiar mi Ser creado por Dios. Mi ataque a mí mismo no ha tenido efectos y nunca los tendrá. Sigo siendo tal como Dios me creó: el santo Hijo de Dios Mismo. Todo lo que parece decir otra cosa es sólo una ilusión, una invención de mi mente, luchando desesperadamente por mantener su identificación con el ego. La culpa es esa invención. Nadie que es santo puede ser culpable, por lo tanto, si soy culpable, no puedo ser santo. Así es como la mente del ego intenta demostrarme su realidad.

Hoy afirmo que mi santidad no procede de mí (2:1). Yo no creé mi santidad ni puedo hacerlo, y mucho menos cambiarla. Dios quiere que la conozca y así será conocida. Dejo a un lado mi incredulidad. Dejo que el pensamiento se aloje en mi mente:

“La santidad eterna mora en mí”.


¿Qué es el mundo real? (Parte 9)

L.pII.8.5:1-2

Cuando el tiempo ha servido al propósito del Espíritu Santo, Él ya no lo necesita. Pero es decisión nuestra a qué propósito sirve el tiempo. Dos secciones del Texto tratan de los dos usos del tiempo: el Capítulo 13, Sección IV, “La Función del Tiempo”, y el Capítulo 15, Sección I, “Los Dos Usos del Tiempo”. Estas secciones nos dicen que podemos usar el tiempo para el ego o para el Espíritu Santo. El ego utiliza el tiempo para perpetuarse a sí mismo, buscando nuestra muerte. Ve la destrucción como el propósito del tiempo. El Espíritu Santo ve la sanación como el propósito del tiempo.

El ego, al igual que el Espíritu Santo, se vale del tiempo para convencerte de la inevitabilidad del objetivo y del final del aprendizaje. Él objetivo del ego es la muerte, que es su propio fin. Mas el objetivo del Espíritu Santo es la vida, la cual no tiene fin. (T.15.I.2:7-9)

Se nos pide: “Empieza a usar el tiempo tal como lo hace el Espíritu Santo: como un instrumento de enseñanza para alcanzar paz y felicidad” (T.15.I.9:4). Y lo hacemos al practicar el instante santo. “El tiempo es tu amigo si lo pones a la disposición del Espíritu Santo” (T.15.I.15:1). Hay necesidad del tiempo mientras estamos aprendiendo todavía a usarlo sólo para Sus propósitos, vivir el momento presente, abandonando el pasado y el futuro, y buscar la paz dentro del instante santo.

Todos los días deberían consagrarse a los milagros. El propósito del tiempo es que aprendas a usarlo de forma constructiva. El tiempo es, por lo tanto, un recurso de enseñanza y un medio para alcanzar un fin. El tiempo cesará cuando ya no sea útil para facilitar el aprendizaje. (T.1.I.15)

“Ahora espera un sólo instante más para que Dios dé el paso final” (5:2). Ese “ahora” se refiere al momento en que el tiempo ha servido a su propósito. No queda nada más por hacer, nada que Él tenga que enseñarnos, nada que nosotros tengamos que aprender o hacer, excepto “esperar un sólo instante más para que Dios dé el paso final”. El tiempo continúa un instante más permitiéndonos apreciar el mundo real, y luego el tiempo y la percepción desaparecen. Este “paso final” es algo que se menciona a menudo en el Curso, “paso final” o “último paso” aparece 29 veces. (Ver por ejemplo en el Texto, el Capítulo 6.(V).5 , y el Capítulo 7, Sección I). Representa el cambio de la percepción (dualidad) al conocimiento (unidad), salir del mundo y entrar en el Cielo, salir del cuerpo y entrar en el espíritu. Está muy claro que esto es cosa de Dios, nosotros no tenemos nada que ver con ello. Nuestra única parte es prepararnos para ello, limpiando nuestra percepción hasta que toda ella se convierta en “percepción verdadera”, sin miedo. O como dice en la cita mencionada arriba: “Todos los días deberían consagrarse a los milagros”. Para eso es el tiempo.






viernes, 26 de octubre de 2018

26 OCTUBRE: La santidad eterna mora en mí

div class="MsoNormal" style="text-align: justify;">
AUDIOLIBRO



EJERCICIOS  

LECCIÓN 299


La santidad eterna mora en mí


1. Mi santidad está mucho más allá de mi propia capacidad de comprender o saber lo que es. 2No obstante, Dios, mi Padre, Quien la creó, reconoce que mi santidad es la Suya. 3Nuestra Voluntad conjunta comprende lo que es. 4Y nuestra Voluntad conjunta sabe que así es.

2. Padre, mi santidad no procede de mí. 2No es mía para dejar que el pecado la destruya. 3No es mía para dejar que sea el blanco del ataque. 4Las ilusiones pueden ocultarla, pero no pueden extinguir su fulgor ni atenuar su luz. 5Se yergue por siempre perfecta e intacta. 6En ella todas las cosas sanan, pues siguen siendo tal como Tú las creaste. 7Y puedo conocer mi santidad, 8pues fui creado por la. Santidad Misma, y puedo conocer mi Fuente porque Tu Voluntad es que se Te conozca.



Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones para la práctica en las instrucciones de la Segunda Parte del Libro de Ejercicios, o en la Tarjeta de Práctica de este libro.

Comentario

Éste es el tipo de lección que siempre me hace darme cuenta de mi mente dividida. Una parte está suspirando, llena de felicidad: “¡Ah! Qué maravilloso saber que la creación de Dios permanece intacta en mí” La otra parte está mirando a mi alrededor y por encima del hombro mientras dice: “¿Te refieres a mí?”

A veces, Padre, puedo aceptar la idea de que hay santidad en mí. Quiero aceptarlo más a menudo y más profundamente. Quiero saber que santidad es todo lo que yo soy. Puedo relacionarlo con la primera frase: “Mi santidad está mucho más allá de mi propia capacidad de comprender o saber lo que es” (1:1). Por lo menos la parte “mucho más allá de mi propia capacidad”. Pero hay una parte de mí que sabe que la santidad está aquí, quizá no conocida, quizá no entendida, pero todavía… aquí.

Cuando soy consciente de mi unión con Dios, cuando permito que esa comprensión entre en mi consciencia, entonces, junto con Él, sé que es así, que la santidad eterna mora en mí.

El Curso insiste en este punto, repitiéndolo con tanta frecuencia que tengo que darme cuenta de que hay una enorme resistencia a aceptarlo:

… mi santidad no procede de mí. No es mía para dejar que el pecado la destruya. No es mía para dejar que sea el blanco del ataque. Las ilusiones pueden ocultarla, pero no pueden extinguir su fulgor ni atenuar su luz. (2:1-4)

Puedo cambiar mi comportamiento, puedo tener alucinaciones y creer que he cambiado mi naturaleza original, pero en realidad no puedo cambiar lo que soy, no puedo cambiar mi Ser creado por Dios. Mi ataque a mí mismo no ha tenido efectos y nunca los tendrá. Sigo siendo tal como Dios me creó: el santo Hijo de Dios Mismo. Todo lo que parece decir otra cosa es sólo una ilusión, una invención de mi mente, luchando desesperadamente por mantener su identificación con el ego. La culpa es esa invención. Nadie que es santo puede ser culpable, por lo tanto, si soy culpable, no puedo ser santo. Así es como la mente del ego intenta demostrarme su realidad.

Hoy afirmo que mi santidad no procede de mí (2:1). Yo no creé mi santidad ni puedo hacerlo, y mucho menos cambiarla. Dios quiere que la conozca y así será conocida. Dejo a un lado mi incredulidad. Dejo que el pensamiento se aloje en mi mente:

“La santidad eterna mora en mí”.


¿Qué es el mundo real? (Parte 9)

L.pII.8.5:1-2

Cuando el tiempo ha servido al propósito del Espíritu Santo, Él ya no lo necesita. Pero es decisión nuestra a qué propósito sirve el tiempo. Dos secciones del Texto tratan de los dos usos del tiempo: el Capítulo 13, Sección IV, “La Función del Tiempo”, y el Capítulo 15, Sección I, “Los Dos Usos del Tiempo”. Estas secciones nos dicen que podemos usar el tiempo para el ego o para el Espíritu Santo. El ego utiliza el tiempo para perpetuarse a sí mismo, buscando nuestra muerte. Ve la destrucción como el propósito del tiempo. El Espíritu Santo ve la sanación como el propósito del tiempo.

El ego, al igual que el Espíritu Santo, se vale del tiempo para convencerte de la inevitabilidad del objetivo y del final del aprendizaje. Él objetivo del ego es la muerte, que es su propio fin. Mas el objetivo del Espíritu Santo es la vida, la cual no tiene fin. (T.15.I.2:7-9)

Se nos pide: “Empieza a usar el tiempo tal como lo hace el Espíritu Santo: como un instrumento de enseñanza para alcanzar paz y felicidad” (T.15.I.9:4). Y lo hacemos al practicar el instante santo. “El tiempo es tu amigo si lo pones a la disposición del Espíritu Santo” (T.15.I.15:1). Hay necesidad del tiempo mientras estamos aprendiendo todavía a usarlo sólo para Sus propósitos, vivir el momento presente, abandonando el pasado y el futuro, y buscar la paz dentro del instante santo.

Todos los días deberían consagrarse a los milagros. El propósito del tiempo es que aprendas a usarlo de forma constructiva. El tiempo es, por lo tanto, un recurso de enseñanza y un medio para alcanzar un fin. El tiempo cesará cuando ya no sea útil para facilitar el aprendizaje. (T.1.I.15)

“Ahora espera un sólo instante más para que Dios dé el paso final” (5:2). Ese “ahora” se refiere al momento en que el tiempo ha servido a su propósito. No queda nada más por hacer, nada que Él tenga que enseñarnos, nada que nosotros tengamos que aprender o hacer, excepto “esperar un sólo instante más para que Dios dé el paso final”. El tiempo continúa un instante más permitiéndonos apreciar el mundo real, y luego el tiempo y la percepción desaparecen. Este “paso final” es algo que se menciona a menudo en el Curso, “paso final” o “último paso” aparece 29 veces. (Ver por ejemplo en el Texto, el Capítulo 6.(V).5 , y el Capítulo 7, Sección I). Representa el cambio de la percepción (dualidad) al conocimiento (unidad), salir del mundo y entrar en el Cielo, salir del cuerpo y entrar en el espíritu. Está muy claro que esto es cosa de Dios, nosotros no tenemos nada que ver con ello. Nuestra única parte es prepararnos para ello, limpiando nuestra percepción hasta que toda ella se convierta en “percepción verdadera”, sin miedo. O como dice en la cita mencionada arriba: “Todos los días deberían consagrarse a los milagros”. Para eso es el tiempo.




TEXTO 

VIII. La inminencia de la salvación


1. El único problema pendiente es que todavía ves un intervalo entre el momento en que perdonas y el momento en que recibes los beneficios que se derivan de confiar en tu hermano. 2Esto tan sólo refleja la pequeña distancia que aún deseas interponer entre vosotros para que os mantenga un poco separados. 3Pues el tiempo y el espacio son la misma ilusión, pero se manifiestan de forma diferente. 4Si se ha proyectado más allá de tu mente, pien­sas que es el tiempo. 5Cuanto más cerca se trae a tu mente, más crees que es el espacio.

2. Quieres conservar cierta distancia entre vosotros para que os mantenga separados, y percibes ese espacio como el tiempo por­que aún crees que eres algo externo a tu hermano. 2Eso hace que la confianza sea imposible. 3no puedes creer que la confianza podría resolver cualquier problema ahora mismo. 4Crees, por lo tanto, que es más seguro seguir siendo un poco cauteloso y conti­nuar vigilando lo que percibes como tus intereses separados. 5Desde esta perspectiva te es imposible concebir que puedas obte­ner lo que el perdón te ofrece ahora mismo. 6En el intervalo que crees que existe entre dar el regalo y recibirlo parece que tienes que sacrificar algo y perder por ello. 7Ves la salvación como algo que tendrá lugar en el futuro, pero no ves resultados inmediatos.

3. Sin embargo, la salvación es inmediata. 2A no ser que la perci­bas así, tendrás miedo de ella, creyendo que, entre el momento en que aceptas su propósito como el tuyo propio y el momento en que sus efectos llegan hasta ti, el riesgo de pérdida es inmenso. 3De esta manera, el error que da lugar al miedo sigue oculto. 4La salvación eliminaría la brecha que todavía percibes entre vosotros y permitiría que os convirtieseis en uno instantáneamente. 5Y es ésto lo que crees que supondría una pérdida. 6No proyectes este temor en el tiempo, pues el tiempo no es el enemigo que tú perci­bes. 7El tiempo es tan neutral como el cuerpo, salvo en lo que respecta al propósito que le asignas. 8Mientras todavía quieras conservar un pequeño espacio entre vosotros, querrás tener un poco más de tiempo en el que aún puedas negar el perdón. 9Y esto no podrá sino hacer que el intervalo que transcurre entre el momento en que niegas el perdón y el momento en que lo otor­gas parezca peligroso, y el terror, justificado.

4. Mas el espacio que hay entre vosotros es evidente sólo en el presente, ahora mismo, y no se puede percibir en el futuro. 2Tam­poco es posible pasarlo por alto, excepto en el presente. 3No es lo que puedas perder en el futuro lo que temes. 4Lo que te aterroriza es unirte en el presente. 5¿Quién puede sentir desolación, excepto en el momento presente? 6Una causa futura aún no tiene efectos. 7Por lo tanto, eso quiere decir que si sientes temor, su causa se encuentra en el presente. 8Y es esa causa la que necesita correc­ción, no un estado futuro.

5. Todos los planes que haces para tu seguridad están centrados en el futuro, donde no puedes planear. 2Todavía no se le ha asig­nado ningún propósito al futuro, y lo que va a ocurrir aún no tiene causa. 3¿Quién puede predecir efectos que no tienen causa? 4¿Y quién podría tener miedo de dichos efectos a no ser que pen­sase que éstos ya han sido causados y los juzgase como desastro­sos ahora? 5La creencia en el pecado da lugar al miedo, y, al igual que su causa, mira hacia adelante y hacia atrás, pero pasa por alto lo que se encuentra aquí y ahora. 6Su causa, sin embargo, sólo puede estar aquí y ahora si sus efectos ya se han juzgado como temibles. 7Mas cuando se pasa esto por alto se protege la causa y se la mantiene alejada de la curación. 8Pues el milagro es algo que es ahora. 9Se encuentra ya aquí, en gracia presente, dentro del único intervalo de tiempo que el pecado y el miedo han pasado por alto, pero que, sin embargo, es el único tiempo que hay.

6. Llevar a cabo la corrección en su totalidad no requiere tiempo en absoluto. 2Pero aceptar que la corrección se puede llevar a cabo parece prolongarse una eternidad. 3El cambio de propósito que el Espíritu Santo le brindó a tu relación encierra en sí todos los efectos que verás. 4Éstos se pueden ver ahora. 5¿Por qué espe­rar a que se manifiesten en el transcurso del tiempo, temiendo que tal vez no se den, cuando ya se encuentran aquí? 6Se te ha dicho que todo lo que procede de Dios es para el bien. 7Sin embargo, parece como si no fuera así. 8No es fácil dar crédito de antemano al bien que se presenta en forma de desastre, 9ni es ésta una idea que tenga sentido.

7. ¿Por qué habría de aparecer el bien en forma de mal? 2¿Y no sería un engaño si lo hiciese? 3Su causa está aquí, si es que apa­rece en absoluto. 4¿Por qué, entonces, no son evidentes sus efec­tos? 5¿Por qué razón se ven en el futuro? 6Y procuras contentarte con suspirar y "razonar" que no entiendes esto ahora, pero que algún día lo entenderás 7que su significado te resultará claro entonces. 8Esto no es razonar, pues es injusto, y alude claramente al castigo hasta que el momento de la liberación sea inminente. 9Pero puesto que el propósito de la relación ha cambiado ahora para el bien, no hay razón para un intervalo en que azote el desastre, el cual se percibirá algún día como algo "bueno", aun­que ahora se perciba como doloroso. 10Esto es un sacrificio del ahora, que no puede ser el precio que el Espíritu Santo exige por lo que ha dado gratuitamente.

8Esta ilusión, no obstante, tiene una causa que, aunque falsa, tiene que estar en tu mente ahora. 2esta ilusión es tan sólo un efecto que tu mente engendra y una forma de percibir su resul­tado. 3Este intervalo de tiempo, en el que se percibe la represalia como la forma en la que se presenta el "bien", es sólo un aspecto de la diminuta brecha que hay entre vosotros, la cual todavía no se ha perdonado.

9. No te contentes con la idea de una felicidad futura. 2Eso no significa nada ni es tu justa recompensa. 3Pues hay causa para ser libre ahora. 4¿De qué sirve la libertad en forma de aprisiona­miento? 5¿Por qué habría de disfrazarse de muerte la liberación? 6La demora no tiene sentido, y el "razonamiento" que mantiene que los efectos de una causa presente se tienen que posponer hasta un momento futuro, es simplemente una negación del hecho de que causa y consecuencia tienen que darse simultánea­mente. 7No es del tiempo de lo que te tienes que liberar, sino de la diminuta brecha que existe entre vosotros. 8Y no dejes que ésta se disfrace de tiempo, y que de este modo se perpetúe, ya que al haber cambiado de forma no se puede reconocer como lo que es. 9El propósito del Espíritu Santo es ahora el tuyo. 10¿No debería ser Su felicidad igualmente tuya?






miércoles, 26 de octubre de 2016

26 OCTUBRE: La santidad eterna mora en mí

AUDIOLIBRO


EJERCICIOS  

LECCIÓN 299


La santidad eterna mora en mí


1. Mi santidad está mucho más allá de mi propia capacidad de comprender o saber lo que es. 2No obstante, Dios, mi Padre, Quien la creó, reconoce que mi santidad es la Suya. 3Nuestra Voluntad conjunta comprende lo que es. 4Y nuestra Voluntad conjunta sabe que así es.

2. Padre, mi santidad no procede de mí. 2No es mía para dejar que el pecado la destruya. 3No es mía para dejar que sea el blanco del ataque. 4Las ilusiones pueden ocultarla, pero no pueden extinguir su fulgor ni atenuar su luz. 5Se yergue por siempre perfecta e intacta. 6En ella todas las cosas sanan, pues siguen siendo tal como Tú las creaste. 7Y puedo conocer mi santidad, 8pues fui creado por la. Santidad Misma, y puedo conocer mi Fuente porque Tu Voluntad es que se Te conozca.





TEXTO

 

III. La zona fronteriza


1. La complejidad no forma parte de Dios. 2¿Cómo podría formar parte de Él cuando Él sólo conoce lo que es uno? 3Él solamente conoce una sola creación, una sola realidad, una sola verdad y un solo Hijo. 4Nada puede estar en conflicto con lo que es uno solo. 5¿Cómo iba a poder haber entonces complejidad en Él? 6¿Entre qué habría que decidir? 7Pues el conflicto es lo que da lugar a las alternativas. 8La verdad es simple: es una sola y no tiene opuestos. 9¿Y cómo iba a poder presentarse la discordia ante su simple pre­sencia y dar lugar a la complejidad allí donde únicamente existe la unicidad? 10La verdad no elige, pues no existen alternativas entre las que elegir. 11Y sólo si las hubiera, podría ser la elección un paso necesario en el avance hacia la unicidad. 12En lo que es todo no hay cabida para nada más. 13Sin embargo, esta inmensidad se encuentra más allá del alcance de este plan de estudios. 14No es necesario, pues, que nos detengamos en algo que no puede ser captado de inmediato.

2. Existe una zona fronteriza en el pensamiento que se encuentra entre este mundo y el Cielo. 2No es un lugar, y cuando llegas a ella, te das cuenta de que está fuera de los confines del tiempo. 3Ahí es adonde se llevan todos los pensamientos, donde se recon­cilian los valores conflictivos y donde todas las ilusiones se depo­sitan ante la verdad y se juzgan como falsas. 4Esta zona fronteriza está justo más allá de las puertas del Cielo. 5Ahí todo pensa­miento se vuelve puro y totalmente simple. 6Ahí se niega el pecado y en su lugar se recibe todo lo que simplemente es.

3. Éste es el final de la jornada. 2Nos hemos referido a ese lugar como el mundo real. 3Sin embargo, hay una contradicción en esto, en el sentido de que las palabras implican la idea de una realidad limitada, una verdad parcial, un segmento del universo hecho realidad. 4Esto se debe a que el conocimiento no ataca a la percepción. 5Ambos se llevan sencillamente el uno ante el otro, y sólo uno de ellos continúa más allá de la puerta donde se encuen­tra la Unicidad. 6La salvación es una zona fronteriza donde los conceptos de lugar y tiempo, así como el de elegir tienen aún significado, si bien se puede ver que son temporales, que están fuera de lugar y que toda elección ya se ha llevado a cabo.

4. Ninguna creencia que el Hijo de Dios albergue puede ser des­truida. 2Pero lo que es verdad para él tiene que llevarse ante la última comparación que él jamás tendrá que hacer: la última posible evaluación, el juicio final sobre este mundo. 3Se trata del juicio de la verdad con respecto a la ilusión, y el del conocimiento con respecto a la percepción: "No tiene ningún significado y no existe". 4Esto no es algo que tú decidas. 5Es la simple declaración de un simple hecho. 6Pero en este mundo no hay hechos simples porque todavía no está claro lo que es lo mismo y lo que es dife­rente. 7Esta distinción es lo único que se debe tener en cuenta a la hora de tomar cualquier decisión. 8Pues en ella radica la diferen­cia entre los dos mundos. 9En este mundo, elegir se vuelve impo­sible. 10En el mundo real, se simplifica.

5. La salvación se detiene justo antes del umbral del Cielo, pues sólo la percepción necesita salvación. 2El Cielo jamás se perdió, y, por lo tanto, no se puede salvar. 3Mas ¿quién puede elegir entre su deseo del Cielo y su deseo del infierno a menos que reconozca que no son lo mismo? 4Reconocer la diferencia es la meta de aprendizaje que este curso se ha propuesto. 5No irá más allá de este objetivo. 6Su único propósito es enseñar qué es lo mismo y qué es diferente, sentando así las bases sobre las que hacer la única elección que se puede hacer.

6. Este mundo complejo y super-complicado no te ofrece nin­guna base sobre la que elegir. 2Pues nadie comprende lo que es lo mismo, y todo el mundo parece estar eligiendo entre alternativas que realmente no existen. 3El mundo real es la esfera de la elec­ción hecha realidad, no en el resultado final, sino en la percepción de las alternativas entre las que se puede elegir. 4La idea de que hay alternativas entre las que elegir es una ilusión. 5Aun así, dentro de esta ilusión yace el des-hacimiento de todas las ilusio­nes, incluida ella.

7. ¿No se parece esto a tu función especial, en la que la separa­ción se subsana al pasar de lo que antes era el propósito de ser especial a lo que ahora es el de estar unido? 2Todas las ilusiones son una. 3Y en el reconocimiento de este hecho radica el que pue­das abandonar todo intento de elegir entre ellas y de hacerlas diferentes. 4¡Qué fácil es elegir entre dos cosas que obviamente son distintas! 5En esto no hay conflicto. 6Abandonar una ilusión que se reconoce como tal no puede ser un sacrificio. 7Cuando se desposee de realidad a aquello que nunca fue verdad, ¿cómo iba a ser difícil renunciar a ello y elegir lo que, por ende, no puede sino ser real?


IV. El lugar que el pecado dejó vacante


1. En este mundo el perdón es el equivalente de lo que en el Cielo es la justicia. 2El perdón transforma el mundo del pecado en un mundo simple, en el que se puede ver el reflejo de la justicia que emana desde más allá de la puerta tras la cual reside lo que carece de todo límite. 3No hay nada en el amor ilimitado que pudiese necesitar perdón. 4Y lo que en el mundo es caridad, más allá de la puerta del Cielo pasa a ser simple justicia. 5Nadie perdona a menos que haya creído en el pecado y aún crea que hay mucho por lo que él mismo necesita ser perdonado. 6El perdón se vuelve de esta manera el medio por el que aprende que no ha hecho nada que necesite perdón. 7El perdón siempre descansa en el que lo concede, hasta que reconoce que ya no lo necesita más. 8De este modo, se le reinstaura a su verdadera función de crear, que su perdón le ofrece nuevamente.

2. El perdón convierte el mundo del pecado en un mundo de glo­ria, maravilloso de ver. 2Cada flor brilla en la luz, y en el canto de todos los pájaros se ve reflejado el júbilo del Cielo. 3No hay tris­teza ni divisiones, pues todo se ha perdonado completamente. 4Y los que han sido perdonados no pueden sino unirse, pues nada se interpone entre ellos para mantenerlos separados y aparte. 5Los que son incapaces de pecar no pueden sino percibir su unidad, pues no hay nada que se interponga entre ellos para alejar a unos de otros. 6Se funden en el espacio que el pecado dejó vacante, en jubiloso reconocimiento de que lo que es parte de ellos no se ha mantenido aparte y separado.

3. El santo lugar en el que te encuentras no es más que el espacio que el pecado dejó vacante. 2En su lugar ves alzarse ahora la faz de Cristo. 3¿Quién podría contemplar la faz de Cristo y no recor­dar a Su Padre tal como Éste realmente es? 4¿Y quién que temiese al amor, podría pisar la tierra en la que el pecado ha dejado un sitio para que se erija un altar al Cielo que se eleve muy por encima del mundo hasta llegar más allá del universo y tocar el Corazón de toda la creación? 5¿Qué es el Cielo, sino un himno de gratitud, de amor y de alabanza que todo lo creado le canta a la Fuente de su creación? 6El más santo de los altares se erige donde una vez se creyó reinaba el pecado. 7Y a él vienen todas las luces del Cielo, para ser reavivadas y para incrementar su gozo. 8Pues en este altar se les restituye lo que habían perdido y recobran todo su fulgor.

4. Los milagros que el perdón deposita ante las puertas del Cielo no son insignificantes. 2Aquí el Hijo de Dios Mismo viene a reci­bir cada uno de los regalos que lo acerca más a su hogar. 3Ni uno solo de ellos se pierde, y a ninguno se le atribuye más valor que a otro. 4Cada uno de esos regalos le recuerda el amor de su Padre en igual medida que el resto. 5cada uno le enseña que lo que él temía, es lo que más ama. 6¿Qué otra cosa, salvo un milagro, podría hacerle cambiar de mentalidad de modo que comprenda que el amor no puede ser temido? 7¿Qué otro milagro puede haber aparte de éste? 8¿Y qué otra cosa se podría necesitar para que el espacio entre vosotros desaparezca?

5. Donde antes se percibía el pecado se alzará un mundo que se convertirá en el altar de la verdad, y allí tú te unirás a las luces del Cielo y entonarás con ellas su himno de gratitud y alabanza. 2tal como ellas vienen a ti para completarse a sí mismas, así tú te dirigirás a ellas con el mismo propósito. 3Pues no hay nadie que pueda oír el himno del Cielo sin añadir el poder de su voz a él, haciéndolo así aún más dulce. 4todos se unirán al himno ante el altar que fue erigido en el pequeño espacio que el pecado proclamaba que era suyo. 5lo que entonces era minúsculo se habrá expandido hasta convertirse en un himno excelso en el que todo el universo se habrá unido cual una sola voz.

6. Esa pequeña mácula de pecado que aún se interpone entre vo­sotros está demorando el feliz momento en el que las puertas del Cielo se abrirán. 2¡Cuán pequeño es el obstáculo que te impide disponer de la riqueza del Cielo! 3¡Y cuán grande será el gozo en el Cielo cuando te unas al imponente coro en alabanza al Amor de Dios!

lunes, 26 de octubre de 2015

26 OCTUBRE: La santidad eterna mora en mí

AUDIOLIBRO


EJERCICIOS  

LECCIÓN 299


La santidad eterna mora en mí


1. Mi santidad está mucho más allá de mi propia capacidad de comprender o saber lo que es. 2No obstante, Dios, mi Padre, Quien la creó, reconoce que mi santidad es la Suya. 3Nuestra Voluntad conjunta comprende lo que es. 4Y nuestra Voluntad conjunta sabe que así es.

2. Padre, mi santidad no procede de mí. 2No es mía para dejar que el pecado la destruya. 3No es mía para dejar que sea el blanco del ataque. 4Las ilusiones pueden ocultarla, pero no pueden extinguir su fulgor ni atenuar su luz. 5Se yergue por siempre perfecta e intacta. 6En ella todas las cosas sanan, pues siguen siendo tal como Tú las creaste. 7Y puedo conocer mi santidad, 8pues fui creado por la. Santidad Misma, y puedo conocer mi Fuente porque Tu Voluntad es que se Te conozca.





TEXTO

 

III. La zona fronteriza


1. La complejidad no forma parte de Dios. 2¿Cómo podría formar parte de Él cuando Él sólo conoce lo que es uno? 3Él solamente conoce una sola creación, una sola realidad, una sola verdad y un solo Hijo. 4Nada puede estar en conflicto con lo que es uno solo. 5¿Cómo iba a poder haber entonces complejidad en Él? 6¿Entre qué habría que decidir? 7Pues el conflicto es lo que da lugar a las alternativas. 8La verdad es simple: es una sola y no tiene opuestos. 9¿Y cómo iba a poder presentarse la discordia ante su simple pre­sencia y dar lugar a la complejidad allí donde únicamente existe la unicidad? 10La verdad no elige, pues no existen alternativas entre las que elegir. 11Y sólo si las hubiera, podría ser la elección un paso necesario en el avance hacia la unicidad. 12En lo que es todo no hay cabida para nada más. 13Sin embargo, esta inmensidad se encuentra más allá del alcance de este plan de estudios. 14No es necesario, pues, que nos detengamos en algo que no puede ser captado de inmediato.

2. Existe una zona fronteriza en el pensamiento que se encuentra entre este mundo y el Cielo. 2No es un lugar, y cuando llegas a ella, te das cuenta de que está fuera de los confines del tiempo. 3Ahí es adonde se llevan todos los pensamientos, donde se recon­cilian los valores conflictivos y donde todas las ilusiones se depo­sitan ante la verdad y se juzgan como falsas. 4Esta zona fronteriza está justo más allá de las puertas del Cielo. 5Ahí todo pensa­miento se vuelve puro y totalmente simple. 6Ahí se niega el pecado y en su lugar se recibe todo lo que simplemente es.

3. Éste es el final de la jornada. 2Nos hemos referido a ese lugar como el mundo real. 3Sin embargo, hay una contradicción en esto, en el sentido de que las palabras implican la idea de una realidad limitada, una verdad parcial, un segmento del universo hecho realidad. 4Esto se debe a que el conocimiento no ataca a la percepción. 5Ambos se llevan sencillamente el uno ante el otro, y sólo uno de ellos continúa más allá de la puerta donde se encuen­tra la Unicidad. 6La salvación es una zona fronteriza donde los conceptos de lugar y tiempo, así como el de elegir tienen aún significado, si bien se puede ver que son temporales, que están fuera de lugar y que toda elección ya se ha llevado a cabo.

4. Ninguna creencia que el Hijo de Dios albergue puede ser des­truida. 2Pero lo que es verdad para él tiene que llevarse ante la última comparación que él jamás tendrá que hacer: la última posible evaluación, el juicio final sobre este mundo. 3Se trata del juicio de la verdad con respecto a la ilusión, y el del conocimiento con respecto a la percepción: "No tiene ningún significado y no existe". 4Esto no es algo que tú decidas. 5Es la simple declaración de un simple hecho. 6Pero en este mundo no hay hechos simples porque todavía no está claro lo que es lo mismo y lo que es dife­rente. 7Esta distinción es lo único que se debe tener en cuenta a la hora de tomar cualquier decisión. 8Pues en ella radica la diferen­cia entre los dos mundos. 9En este mundo, elegir se vuelve impo­sible. 10En el mundo real, se simplifica.

5. La salvación se detiene justo antes del umbral del Cielo, pues sólo la percepción necesita salvación. 2El Cielo jamás se perdió, y, por lo tanto, no se puede salvar. 3Mas ¿quién puede elegir entre su deseo del Cielo y su deseo del infierno a menos que reconozca que no son lo mismo? 4Reconocer la diferencia es la meta de aprendizaje que este curso se ha propuesto. 5No irá más allá de este objetivo. 6Su único propósito es enseñar qué es lo mismo y qué es diferente, sentando así las bases sobre las que hacer la única elección que se puede hacer.

6. Este mundo complejo y super-complicado no te ofrece nin­guna base sobre la que elegir. 2Pues nadie comprende lo que es lo mismo, y todo el mundo parece estar eligiendo entre alternativas que realmente no existen. 3El mundo real es la esfera de la elec­ción hecha realidad, no en el resultado final, sino en la percepción de las alternativas entre las que se puede elegir. 4La idea de que hay alternativas entre las que elegir es una ilusión. 5Aun así, dentro de esta ilusión yace el des-hacimiento de todas las ilusio­nes, incluida ella.

7. ¿No se parece esto a tu función especial, en la que la separa­ción se subsana al pasar de lo que antes era el propósito de ser especial a lo que ahora es el de estar unido? 2Todas las ilusiones son una. 3Y en el reconocimiento de este hecho radica el que pue­das abandonar todo intento de elegir entre ellas y de hacerlas diferentes. 4¡Qué fácil es elegir entre dos cosas que obviamente son distintas! 5En esto no hay conflicto. 6Abandonar una ilusión que se reconoce como tal no puede ser un sacrificio. 7Cuando se desposee de realidad a aquello que nunca fue verdad, ¿cómo iba a ser difícil renunciar a ello y elegir lo que, por ende, no puede sino ser real?


IV. El lugar que el pecado dejó vacante


1. En este mundo el perdón es el equivalente de lo que en el Cielo es la justicia. 2El perdón transforma el mundo del pecado en un mundo simple, en el que se puede ver el reflejo de la justicia que emana desde más allá de la puerta tras la cual reside lo que carece de todo límite. 3No hay nada en el amor ilimitado que pudiese necesitar perdón. 4Y lo que en el mundo es caridad, más allá de la puerta del Cielo pasa a ser simple justicia. 5Nadie perdona a menos que haya creído en el pecado y aún crea que hay mucho por lo que él mismo necesita ser perdonado. 6El perdón se vuelve de esta manera el medio por el que aprende que no ha hecho nada que necesite perdón. 7El perdón siempre descansa en el que lo concede, hasta que reconoce que ya no lo necesita más. 8De este modo, se le reinstaura a su verdadera función de crear, que su perdón le ofrece nuevamente.

2. El perdón convierte el mundo del pecado en un mundo de glo­ria, maravilloso de ver. 2Cada flor brilla en la luz, y en el canto de todos los pájaros se ve reflejado el júbilo del Cielo. 3No hay tris­teza ni divisiones, pues todo se ha perdonado completamente. 4Y los que han sido perdonados no pueden sino unirse, pues nada se interpone entre ellos para mantenerlos separados y aparte. 5Los que son incapaces de pecar no pueden sino percibir su unidad, pues no hay nada que se interponga entre ellos para alejar a unos de otros. 6Se funden en el espacio que el pecado dejó vacante, en jubiloso reconocimiento de que lo que es parte de ellos no se ha mantenido aparte y separado.

3. El santo lugar en el que te encuentras no es más que el espacio que el pecado dejó vacante. 2En su lugar ves alzarse ahora la faz de Cristo. 3¿Quién podría contemplar la faz de Cristo y no recor­dar a Su Padre tal como Éste realmente es? 4¿Y quién que temiese al amor, podría pisar la tierra en la que el pecado ha dejado un sitio para que se erija un altar al Cielo que se eleve muy por encima del mundo hasta llegar más allá del universo y tocar el Corazón de toda la creación? 5¿Qué es el Cielo, sino un himno de gratitud, de amor y de alabanza que todo lo creado le canta a la Fuente de su creación? 6El más santo de los altares se erige donde una vez se creyó reinaba el pecado. 7Y a él vienen todas las luces del Cielo, para ser reavivadas y para incrementar su gozo. 8Pues en este altar se les restituye lo que habían perdido y recobran todo su fulgor.

4. Los milagros que el perdón deposita ante las puertas del Cielo no son insignificantes. 2Aquí el Hijo de Dios Mismo viene a reci­bir cada uno de los regalos que lo acerca más a su hogar. 3Ni uno solo de ellos se pierde, y a ninguno se le atribuye más valor que a otro. 4Cada uno de esos regalos le recuerda el amor de su Padre en igual medida que el resto. 5cada uno le enseña que lo que él temía, es lo que más ama. 6¿Qué otra cosa, salvo un milagro, podría hacerle cambiar de mentalidad de modo que comprenda que el amor no puede ser temido? 7¿Qué otro milagro puede haber aparte de éste? 8¿Y qué otra cosa se podría necesitar para que el espacio entre vosotros desaparezca?

5. Donde antes se percibía el pecado se alzará un mundo que se convertirá en el altar de la verdad, y allí tú te unirás a las luces del Cielo y entonarás con ellas su himno de gratitud y alabanza. 2tal como ellas vienen a ti para completarse a sí mismas, así tú te dirigirás a ellas con el mismo propósito. 3Pues no hay nadie que pueda oír el himno del Cielo sin añadir el poder de su voz a él, haciéndolo así aún más dulce. 4todos se unirán al himno ante el altar que fue erigido en el pequeño espacio que el pecado proclamaba que era suyo. 5lo que entonces era minúsculo se habrá expandido hasta convertirse en un himno excelso en el que todo el universo se habrá unido cual una sola voz.

6. Esa pequeña mácula de pecado que aún se interpone entre vo­sotros está demorando el feliz momento en el que las puertas del Cielo se abrirán. 2¡Cuán pequeño es el obstáculo que te impide disponer de la riqueza del Cielo! 3¡Y cuán grande será el gozo en el Cielo cuando te unas al imponente coro en alabanza al Amor de Dios!

domingo, 26 de octubre de 2014

26 OCTUBRE: La santidad eterna mora en mí

AUDIOLIBRO


EJERCICIOS  

LECCIÓN 299


La santidad eterna mora en mí


1. Mi santidad está mucho más allá de mi propia capacidad de comprender o saber lo que es. 2No obstante, Dios, mi Padre, Quien la creó, reconoce que mi santidad es la Suya. 3Nuestra Voluntad conjunta comprende lo que es. 4Y nuestra Voluntad conjunta sabe que así es.

2. Padre, mi santidad no procede de mí. 2No es mía para dejar que el pecado la destruya. 3No es mía para dejar que sea el blanco del ataque. 4Las ilusiones pueden ocultarla, pero no pueden extinguir su fulgor ni atenuar su luz. 5Se yergue por siempre perfecta e intacta. 6En ella todas las cosas sanan, pues siguen siendo tal como Tú las creaste. 7Y puedo conocer mi santidad, 8pues fui creado por la. Santidad Misma, y puedo conocer mi Fuente porque Tu Voluntad es que se Te conozca.


sábado, 26 de octubre de 2013

26 OCTUBRE: La santidad eterna mora en mí

AUDIOLIBRO


EJERCICIOS  

LECCIÓN 299


La santidad eterna mora en mí


1. Mi santidad está mucho más allá de mi propia capacidad de comprender o saber lo que es. 2No obstante, Dios, mi Padre, Quien la creó, reconoce que mi santidad es la Suya. 3Nuestra Voluntad conjunta comprende lo que es. 4Y nuestra Voluntad conjunta sabe que así es.

2. Padre, mi santidad no procede de mí. 2No es mía para dejar que el pecado la destruya. 3No es mía para dejar que sea el blanco del ataque. 4Las ilusiones pueden ocultarla, pero no pueden extinguir su fulgor ni atenuar su luz. 5Se yergue por siempre perfecta e intacta. 6En ella todas las cosas sanan, pues siguen siendo tal como Tú las creaste. 7Y puedo conocer mi santidad, 8pues fui creado por la. Santidad Misma, y puedo conocer mi Fuente porque Tu Voluntad es que se Te conozca.


viernes, 26 de octubre de 2012

26 OCTUBRE: La santidad eterna mora en mí

AUDIOLIBRO


EJERCICIOS  

LECCIÓN 299


La santidad eterna mora en mí


1. Mi santidad está mucho más allá de mi propia capacidad de comprender o saber lo que es. 2No obstante, Dios, mi Padre, Quien la creó, reconoce que mi santidad es la Suya. 3Nuestra Voluntad conjunta comprende lo que es. 4Y nuestra Voluntad conjunta sabe que así es.

2. Padre, mi santidad no procede de mí. 2No es mía para dejar que el pecado la destruya. 3No es mía para dejar que sea el blanco del ataque. 4Las ilusiones pueden ocultarla, pero no pueden extinguir su fulgor ni atenuar su luz. 5Se yergue por siempre perfecta e intacta. 6En ella todas las cosas sanan, pues siguen siendo tal como Tú las creaste. 7Y puedo conocer mi santidad, 8pues fui creado por la. Santidad Misma, y puedo conocer mi Fuente porque Tu Voluntad es que se Te conozca.


TEXTO  


10. La salvación, perfecta e íntegra, sólo pide que desees, aunque sea mínimamente, que la verdad sea verdad; que estés dispuesto, aunque no sea del todo, a pasar por alto lo que no existe; y que abrigues un leve anhelo por el Cielo como lo que prefieres a este mundo, donde la muerte y la desolación parecen reinar. 2Y la creación se alzará dentro de ti en jubilosa respuesta, para reem­plazar al mundo que ves por el Cielo, el cual es completamente perfecto e íntegro. 3¿Qué es el perdón, sino estar dispuesto a que la verdad sea verdad? 4¿Qué puede permanecer enfermo y sepa­rado de la Unidad que encierra dentro de Sí todas las cosas? 5El pecado no existe. 6Y cualquier milagro es posible en el instante en que el Hijo de Dios percibe que sus deseos y la Voluntad de Dios son uno.

11. ¿Qué dispone la Voluntad de Dios? 2Dispone que Su Hijo lo tenga todo. 3Y Él garantizó esto cuando lo creó para que fuese todo. 4Es imposible perder nada, si lo que tienes es lo que eres. 5Éste es el milagro mediante el cual la creación se convirtió en tu función, la cual compartes con Dios. 6Esto no se entiende estando separado de Él, y, por lo tanto, no tiene sentido en este mundo. 7Aquí el Hijo de Dios no pide mucho, sino demasiado poco, 8pues está dispuesto a sacrificar la identidad que comparte con todo, a cambio de su propio miserable tesoro. 9Mas no puede hacer esto sin experimentar una sensación de desolación, de pérdida y de soledad. 10Éste es el tesoro tras el que ha ido en pos. 11Y sólo puede tener miedo de ello. 12¿Es acaso el miedo un tesoro? 13¿Puede ser la incertidumbre tu deseo? 14¿O es simplemente que te has equi­vocado con respecto a lo que es tu voluntad y a lo que realmente eres?

12. Examinemos en qué consiste el error, a fin de que pueda ser corregido, no encubierto. 2El pecado es la creencia de que el ata­que se puede proyectar fuera de la mente en la que se originó la creencia. 3Aquí la firme convicción de que las ideas pueden aban­donar su fuente se vuelve real y significativa. 4Y de este error surge el mundo del pecado y del sacrificio. 5Este mundo es un intento de probar tu inocencia y, al mismo tiempo, de atribuirle valor al ataque. 6Su fallo estriba en que sigues sintiéndote culpa­ble, aunque no entiendes por qué. 7Los efectos se ven como algo aparte de su fuente, y no parece que puedas controlarlos o impe­dir que se produzcan. 8Y lo que de esta manera se mantiene aparte jamás se puede unir.

13. Causa y efecto no son dos cosas separadas, sino una sola. 2Dios dispone que aprendas lo que siempre ha sido verdad: que Él te creó como parte Sí Mismo y que esto no puede sino seguir siendo verdad porque las ideas no abandonan su fuente. 3Ésta es la ley de la creación: que cada idea que la mente conciba sólo sirva para aumentar su abundancia y nunca para disminuirla. 4Esto es tan cierto con respecto a lo que se desea vanamente como con res­pecto a lo que la voluntad dispone verdaderamente, ya que la mente puede desear ser engañada, pero no puede hacer de sí misma lo que no es. 5Y creer que las ideas pueden abandonar su fuente es tratar inútilmente de hacer que las ilusiones sean ver­dad. 6Pues nunca será posible engañar al Hijo de Dios.

14 . El milagro es posible cuando causa y consecuencia se traen frente a frente, no cuando se mantienen aparte. 2Curar un efecto y no su causa tan sólo puede hacer que el efecto cambie de forma. 3Y esto no es liberación. 4El Hijo de Dios jamás se podrá contentar con nada que no sea la completa salvación y escape de la culpabi­lidad, 5pues, de otro modo, seguirá exigiéndose a sí mismo alguna clase de sacrificio, negando así que todo es suyo, y que no es sus­ceptible de sufrir ninguna clase de pérdida. 6Los efectos que pro­duce un pequeño sacrificio son iguales a los que produce toda la idea de sacrificio en sí. 7Si cualquier clase de pérdida fuese posi­ble, entonces el Hijo de Dios no sería pleno ni podría ser quien es. 8No podría tampoco conocerse a sí mismo ni reconocer su volun­tad. 9Habría abjurado de su Padre y de sí mismo, haciendo de Ambos sus enemigos acérrimos.

15. Las ilusiones apoyan el propósito para el que fueron concebi­das. 2Y cualquier significado que parezcan tener se deriva de ese propósito. 3Dios dio a todas las ilusiones que se concibieron, sea cual fuere su forma, otro propósito que justificase un milagro. 4En cada milagro radica la curación en su totalidad, pues Dios respondió a todas las ilusiones cual una sola. 5Y lo que es uno para Él, no puede sino ser todo lo mismo. 6Si tú crees que lo que es lo mismo es diferente, no haces sino engañarte a ti mismo. 7Lo que Dios considera uno solo, será eternamente uno solo y jamás estará dividido. 8Su Reino está unido: así fue creado y así será para siempre.

16. El milagro no hace sino invocar tu nombre ancestral, que reco­nocerás porque la verdad se encuentra en tu memoria. 2Y ése es el nombre que tu hermano invoca para su liberación y para la tuya. 3El Cielo refulge sobre el Hijo de Dios. 4No lo niegues, para que así puedas ser tú liberado. 5El Hijo de Dios renace en cada ins­tante, hasta que elige no volver a morir. 6En cada deseo de ataque elige la muerte en lugar de lo que la Voluntad de su Padre dis­pone para él. 7Mas cada instante le ofrece vida porque su Padre dispone que él viva.

17. La crucifixión se abandona en la redención porque donde no hay dolor ni sufrimiento no hay necesidad de curación. 2El per­dón es la respuesta a cualquier clase de ataque. 3De esta manera, se cancelan los efectos del ataque, y se responde al odio en nom­bre del amor. 4Gloria eterna a ti que se te ha encomendado salvar al Hijo de Dios de la crucifixión, del infierno y de la muerte. 5Pues tienes el poder de salvar al Hijo de Dios porque su Padre así lo dispuso. 6Y en tus manos yace la salvación, para ser ofre­cida y recibida como una.

18. Usar el poder que Dios te ha dado como Él quiere que se use es algo natural. 2No es arrogancia ser como Él te creó ni hacer uso de lo que te dio como respuesta a todos los errores de Su Hijo para así liberarlo. 3Pero sí es arrogancia despreciar el poder que Él te dio y elegir un nimio e insensato deseo en vez de lo que Su Voluntad dispone. 4El don que Dios te ha dado es ilimitado. 5No hay circunstancia en la que no se pueda usar como respuesta ni problema que no se resuelva dentro de su misericordiosa luz.

19. Mora en paz, donde Dios quiere que estés. 2Y sé el instrumento por el que tu hermano puede hallar la paz en la que tus deseos se ven colmados. 3Unámonos para derramar bendiciones sobre el mundo del pecado y de la muerte. 4Pues lo que puede salvar a cualquiera de nosotros puede salvarnos a todos. 5No hay diferen­cias entre los Hijos de Dios. 6La unidad que el especialismo* niega, los salvará a todos, pues en lo que es uno no hay cabida para el especialismo. 7Y todo les pertenece a todos por igual. 8Ningún deseo puede interponerse entre un hermano y lo que es semejante a él. 9Arrebatarle algo a uno de ellos es desposeerlos a todos. 10Mas bendecir a uno de ellos, es bendecirlos a todos cual uno solo.

20. Tu nombre ancestral es el nombre de todos ellos, tal como el de ellos es el tuyo. 2lnvoca el nombre de tu hermano y Dios te contes­tará, pues es a Él a Quien invocas. 3¿Podría Él negarse a contestar cuando ya ha contestado a todos los que lo invocan? 4Un milagro no puede cambiar nada en absoluto. 5Pero puede hacer que lo que siempre ha sido verdad sea reconocido por aquellos que lo desco­nocen; y mediante este pequeño regalo de verdad se le permite a lo que siempre ha sido verdad ser lo que es, al Hijo de Dios ser él mismo y a toda la creación ser libre para invocar el Nombre de Dios cual una sola.