DESPERTAR AL AMOR

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jueves, 31 de octubre de 2019

31 OCTUBRE: Que mi mundo no nuble la visión de Cristo.

AUDIOLIBRO




EJERCICIOS 


LECCIÓN 304


Que mi mundo no nuble la visión de Cristo.


1. Sólo puedo nublar mi santa vista si permito que mi mundo se entrometa en ella. 2Y no puedo contemplar los santos panoramas que Cristo contempla a menos que utilice Su visión. 3La percep­ción es un espejo, no un hecho. 4Y lo que contemplo es mi propio estado de ánimo reflejado afuera. 5Quiero bendecir el mundo con­templándolo a través de los ojos de Cristo. 6Y veré las señales inequívocas de que todos mis pecados me han sido perdonados.

2. Tú me conduces de las tinieblas a la luz y del pecado a la santidad. 2Déjame perdonar y así recibir la salvación del mundo. 3Ése es Tu regalo, Padre mío, que se me concede para que yo se lo ofrezca a Tu santo Hijo, de manera que él pueda hallar Tu recuerdo, y el de Tu Hijo tal como Tú lo creaste.





Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones para la práctica en las instrucciones de la Segunda Parte del Libro de Ejercicios, o en la Tarjeta de Práctica de este libro.

Comentario

Por supuesto, “mi mundo” es el mundo que inventé para apoyar a mi ego, el mundo imaginario del ataque y de la separación. La visión de Cristo es una facultad que todos nosotros tenemos, parte de nuestro Ser creado. La visión de Cristo nos muestra la realidad y la unidad, no el caos dividido que vemos habitualmente con nuestros ojos. Esta visión está siempre disponible para nosotros, pero el mundo que inventamos “puede nublar nuestra santa vista” (1:1). Por eso el pensamiento de hoy es una oración, o una decisión, de no dejar que eso ocurra, de no dejar que lo que nuestros ojos nos muestran nos impida ver lo que la visión de Cristo puede mostrarnos en todo momento y en cualquier momento, es decir, el mundo real.

La percepción es un espejo, no un hecho. Y lo que contemplo es mi propio estado de ánimo reflejado afuera. (1:3-4)

El mismo pensamiento se repite en todo el Curso:

La percepción puede dar forma a cualquier imagen que la mente desee ver. Ten presente esto. (M.19.5:2-3)

El mundo que ves se compone de aquello con lo que tú lo dotaste… Es el testimonio de tu estado mental, la imagen externa de una condición interna. (T.21.In.1:2,5)

Entonces, el mundo nos muestra nuestra propia mente. Únicamente nuestras propias proyecciones nublan la visión de Cristo. Cristo es la única realidad, la creación de Dios, y sin las proyecciones que hemos puesto encima esta realidad es todo lo que veríamos. Pero no podemos usar la percepción para verlo, en su lugar tenemos que usar la visión de Cristo, una facultad o sentido completamente diferente (1:2). Necesitamos dejar que la vista del mundo desaparezca de nuestra mente, por eso cerrar los ojos puede ser útil al principio, cuando lo que nuestros ojos nos muestran parece tan sólido y real.

Lo que vemos está condicionado por lo que queremos ver. Por lo tanto, se nos dan estas palabras para que las digamos: “Quiero bendecir el mundo contemplándolo a través de los ojos de Cristo” (1:5). Nuestra percepción puede convertirse en la verdadera percepción, que ve el mundo como un reflejo de la verdad, si es la verdad lo que queremos ver, en lugar de ser un espejo de nuestras proyecciones. “Cuando lo único que desees sea amor no verás nada más” (T.12.VII.8:1).

Hoy quiero sintonizarme con mi deseo natural, que Dios me ha dado, de bendecir al mundo. Quiero sacar ese deseo de bendecir, que siempre está en mí, y usarlo para cambiar mi percepción del mundo que me rodea. Quiero ver el mundo como un espejo que refleja el hecho de que “todos mis pecados me han sido perdonados” (1:6). “Déjame perdonar y así recibir la salvación del mundo” (2:2). Éste es un regalo que Dios me da y que puedo ofrecer a Su santo Hijo, de quien forma parte toda persona con la que me encuentro o en quien pienso hoy. Al perdonar a aquellos a mi alrededor, que es mi misión hoy, recibirán la ayuda para encontrar una vez más el recuerdo de Dios y del Cristo como su propio Ser (2:3).


¿Qué es el Segundo Advenimiento? (Parte 4)

L.pII.9.2:3-4

Continuación de la Parte 2 de la lista de descripciones acerca del Segundo Advenimiento.

5. El reconocimiento de la Perfecta Unidad

El Segundo Advenimiento es el reconocimiento de nuestra perfecta unidad:

La luz del perdón ilumina el camino del Segundo Advenimiento porque refulge sobre todas las cosas a la vez y cual una sola. Y así, por fin, se reconoce la unidad. (2:3-4)

Con el perdón perfecto, todas las barreras, todas las aparentes razones para la separación, desaparecen y nuestra unidad “por fin, se reconoce”.

Cada falta de perdón es una razón para la separación, una justificación para mantenernos aparte. Y a la inversa, cada razón para mantenernos aparte es una falta de perdón, un juicio contra otro. Para preparar el camino al Segundo Advenimiento de Cristo, que es el reconocimiento de nuestra unidad, antes el perdón tiene que ser completo. Muchos de nosotros recordamos la canción del musical Godspell: “Preparad el camino al Señor”, o lo recordamos de la Biblia como el mensaje de Juan el Bautista antes del comienzo del ministerio de Jesús. Bueno, el perdón es el modo de preparar el camino al Señor, respecto al Segundo Advenimiento. El perdón es “la luz que ilumina el camino al Segundo Advenimiento”. Elimina los obstáculos a nuestra consciencia de la unidad.





TEXTO


 Capítulo 27


LA CURACIÓN DEL SUEÑO


I. El cuadro de la crucifixión


1. El deseo de ser tratado injustamente es un intento de querer transigir combinando el ataque con la inocencia. 2¿Quién podría combinar lo que es totalmente incompatible y formar una unidad de lo que jamás puede unirse? 3Si recorres el camino de la bon­dad, no tendrás miedo del mal ni de las sombras de la noche. 4Mas no pongas símbolos de terror en tu senda, pues, de lo con­trario, tejerás una corona de espinas de la que ni tu hermano ni tú os podréis escapar. 5No puedes crucificarte sólo a ti mismo. 6Y si eres tratado injustamente, tu hermano no puede sino pagar por la injusticia que tú percibes. 7No puedes sacrificarte sólo a ti mismo, 8pues el sacrificio es total. 9Si de alguna manera el sacrifi­cio fuese posible, incluiría a toda la creación de Dios y al Padre junto con Su Hijo bienamado.

2. En tu liberación del sacrificio se pone de manifiesto la de tu hermano, haciéndose así evidente que tu liberación es la suya. 2Mas cada vez que sufres ves en ello la prueba de que él es culpa­ble por haberte atacado. 3De esta manera, te conviertes en la prueba de que él ha perdido su inocencia y de que sólo necesita contemplarte para darse cuenta de que ha sido condenado. 4Mas la justicia se encargará de que él pague por todas las injusticias cometidas contra ti. 5La injusta venganza por la que tú estás pagando ahora es él quien debería pagar por ella, y cuando recaiga sobre él, tú te liberarás. 6No desees hacer de ti mismo un símbolo viviente de su culpabilidad, pues no te podrás escapar de la sentencia de muerte a la que lo condenes. 7Mas en su ino­cencia hallarás la tuya.

3. Siempre que consientes sufrir, sentir privación, ser tratado injustamente o tener cualquier tipo de necesidad, no haces sino acusar a tu hermano de haber atacado al Hijo de Dios. 2Presentas ante sus ojos el cuadro de tu crucifixión, para que él pueda ver que sus pecados están escritos en el Cielo con tu sangre y con tu muerte, y que van delante de él, cerrándole el paso a la puerta celestial y condenándolo al infierno. 3Mas esto sólo está escrito así en el infierno, no en el Cielo, donde te encuentras a salvo del ataque y eres la prueba de su inocencia. 4La imagen que de ti le ofreces, te la muestras a ti mismo y le impartes toda tu fe. 5El Espíritu Santo, en cambio, te ofrece una imagen de ti mismo en la que no hay dolor ni reproche alguno para que se la ofrezcas a tu hermano. 6Y aquello de lo que se hizo un mártir para que diese testimonio de su culpabilidad se convierte ahora en el perfecto testigo de su inocencia.

4. El poder de un testigo transciende toda creencia debido a la convicción que trae consigo. 2Se le cree porque apunta más allá de sí mismo hacia lo que representa. 3Tu sufrimiento y tus enferme­dades no reflejan otra cosa que la culpabilidad de tu hermano, y son los testigos que le presentas no sea que se olvide del daño que te ocasionó, del que juras jamás escapará. 4Aceptas esta lamenta­ble y enfermiza imagen siempre que sirva para castigarlo. 5Los enfermos no sienten compasión por nadie e intentan matar por contagio. 6La muerte les parece un precio razonable si con ello pueden decir: "Mírame hermano, por tu culpa muero". 7Pues la enfermedad da testimonio de la culpabilidad de su hermano, y la muerte probaría que sus errores fueron realmente pecados. 8La enfermedad no es sino una "leve" forma de muerte, una forma de venganza que todavía no es total. 9No obstante, habla con certeza en nombre de lo que representa. 10La amarga y desolada imagen que le has presentado a tu hermano, tú la has contemplado con pesar. 11Y has creído todo lo que dicha imagen le mostró porque daba testimonio de su culpabilidad, la cual tú percibiste y amaste.

5. Ahora el Espíritu Santo deposita, en las manos que mediante su contacto con Él se han vuelto mansas, una imagen de ti muy dife­rente. 2Sigue siendo la imagen de un cuerpo, pues lo que real­mente eres no se puede ver ni imaginar. 3No obstante, esta imagen no se ha usado para atacar, y, por lo tanto, jamás ha experimen­tado sufrimiento alguno. 4Da testimonio de la eterna verdad de que nada te puede herir, y apunta más allá de sí misma hacia tu inocencia y la de tu hermano. 5Muéstrale esto, y él se dará cuenta de que toda herida ha sanado y de que todas las lágrimas han sido enjugadas felizmente y con amor. 6tu hermano contemplará su propio perdón allí, y con ojos que han sanado mirará más allá de la imagen hacia la inocencia que ve en ti. 7He aquí la prueba de que nunca pecó; de que nada de lo que su locura le ordenó hacer jamás ocurrió ni tuvo efectos de ninguna clase; 8de que ningún reproche que haya albergado en su corazón estuvo jamás justifi­cado y de que ningún ataque podrá jamás hacerle sentir el vene­noso e inexorable aguijón del temor.

6. Sé un testigo de su inocencia y no de su culpabilidad. 2Tu cura­ción es su consuelo y su salud porque demuestra que las ilusiones no son reales. 3El factor motivante de este mundo no es la volun­tad de vivir, sino el deseo de morir. 4El único propósito que tiene es probar que la culpabilidad es real. 5Ningún pensamiento, acto o sentimiento mundano tiene otra motivación que ésa. 6Éstos son los testigos que se convocan para que se crea en ellos y para que corroboren el sistema que representan y en favor del cual hablan. 7Y cada uno de ellos tiene muchas voces, y os hablan a ti y a tu hermano en diferentes lenguas. 8Sin embargo, el mensaje que os dan a ambos es el mismo. 8Engalanar el cuerpo es una forma de mostrar cuán hermosos son los testigos de la culpabilidad. 10Preo­cuparte por el cuerpo demuestra cuán frágil y vulnerable es tu vida; cuán fácilmente puede quedar destruido lo que amas. 11La depresión habla de muerte, y la vanidad, de tener un gran interés por lo que no es nada.

7. La enfermedad, no importa en qué forma se manifieste, es el testigo más convincente de la futilidad y el que refuerza a todos los demás y les ayuda a pintar un cuadro en el que el pecado está justificado. 2Los enfermos creen que todas sus extrañas necesida­des y todos sus deseos antinaturales están justificados. 3Pues ¿quién podría amar una vida que queda truncada tan pronto, y no atribuirle valor a los gozos pasajeros? 4¿Qué placer hay que sea duradero? 5¿No tienen los débiles el derecho de creer que cada migaja de placer robado constituye su justa retribución por la bre­vedad de sus vidas? 6Pues pagarán con su muerte por todos sus placeres tanto si disfrutan de ellos como si no. 7A la vida siempre le llega su final, sea cual sea la forma en que ésta se viva. 8Por lo tanto, se deleitan con lo pasajero y con lo efímero.

8Nada de esto es un pecado, sino un testigo de la absurda creencia de que el pecado y la muerte son reales, y de que tanto la inocencia como el pecado acabarán igualmente en la tumba. 2Si esto fuese cierto, tendrías ciertamente motivos para contentarte con ir en pos de gozos pasajeros y disfrutar de cada pequeño placer siempre que tuvieses la oportunidad. 3No obstante, en este cuadro no se percibe al cuerpo como algo neutral y desprovisto de un objetivo intrínseco. 4Pues se convierte en el símbolo del reproche y en la prueba de la culpabilidad, cuyas consecuencias aún están ahí a la vista, de modo que la causa jamás se pueda negar.

9. Tu función consiste en mostrarle a tu hermano que el pecado carece de causa. 2¡Cuán fútil tiene que ser verte a ti mismo como la prueba fehaciente de que lo que tu función es, jamás tendrá lugar! 3La imagen que te ofrece el Espíritu Santo no convierte al cuerpo en algo que éste no es. 4Lo único que hace es purificarlo de todo vestigio de acusación y reproche. 5Al representársele como algo carente de propósito, no se le puede considerar ni enfermo ni saludable, ni bueno ni malo. 6No da lugar a que se le pueda juzgar en modo alguno. 7No tiene vida, pero tampoco está muerto. 8Cualquier experiencia de amor o de miedo le es ajena. 9Pues ahora no da testimonio de nada, al no tener ningún propósito y al encontrarse la mente libre otra vez para determinar cuál debe ser su propósito. 10Ahora el cuerpo no está condenado, sino en espera de que se le confiera un propósito de modo que pueda llevar a cabo la función que se le encomiende.

10En este espacio vacío, del que el objetivo del pecado ha sido erradicado, se puede recordar el Cielo. 2Ahora su paz puede des­cender hasta aquí y la perfecta curación reemplazar a la muerte. 3El cuerpo puede convertirse en un símbolo de vida, en una pro­mesa de redención y en un hálito de inmortalidad para aquellos que están cansados de respirar el fétido hedor de la muerte. 4Deja que su propósito sea sanar. 5De esta manera, pregonará el men­saje que recibió y, mediante su salud y belleza, proclamará la verdad y el valor de lo que representa. 6Deja que reciba el poder de representar la vida eterna, por siempre a salvo del ataque. 7Y deja que su mensaje para tu hermano sea: "Contémplame her­mano, gracias a ti vivo".


11. La manera más fácil de dejar que esto se logre es simplemente ésta: no permitas que el cuerpo tenga ningún propósito proce­dente del pasado, cuando estabas seguro de que sabías que su propósito era fomentar la culpabilidad. 2Pues esto -afirma tu imagen enfermiza- es un símbolo duradero de lo que el cuerpo representa. 3Y ello impide que se le pueda conferir una perspec­tiva diferente, un propósito distinto. 4Tú no sabes cuál es su pro­pósito. 4No hiciste sino darle la ilusión de un propósito a una cosa que concebiste para ocultar de ti mismo tu función. 6Esta cosa sin propósito no puede ocultar la función que el Espíritu Santo te encomendó. 7Deja, pues, que el propósito del cuerpo y tu función se reconcilien finalmente y se consideren la misma cosa.






miércoles, 31 de octubre de 2018

31 OCTUBRE: Que mi mundo no nuble la visión de Cristo.

AUDIOLIBRO




EJERCICIOS 


LECCIÓN 304


Que mi mundo no nuble la visión de Cristo.


1. Sólo puedo nublar mi santa vista si permito que mi mundo se entrometa en ella. 2Y no puedo contemplar los santos panoramas que Cristo contempla a menos que utilice Su visión. 3La percep­ción es un espejo, no un hecho. 4Y lo que contemplo es mi propio estado de ánimo reflejado afuera. 5Quiero bendecir el mundo con­templándolo a través de los ojos de Cristo. 6Y veré las señales inequívocas de que todos mis pecados me han sido perdonados.

2. Tú me conduces de las tinieblas a la luz y del pecado a la santidad. 2Déjame perdonar y así recibir la salvación del mundo. 3Ése es Tu regalo, Padre mío, que se me concede para que yo se lo ofrezca a Tu santo Hijo, de manera que él pueda hallar Tu recuerdo, y el de Tu Hijo tal como Tú lo creaste.





Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones para la práctica en las instrucciones de la Segunda Parte del Libro de Ejercicios, o en la Tarjeta de Práctica de este libro.

Comentario

Por supuesto, “mi mundo” es el mundo que inventé para apoyar a mi ego, el mundo imaginario del ataque y de la separación. La visión de Cristo es una facultad que todos nosotros tenemos, parte de nuestro Ser creado. La visión de Cristo nos muestra la realidad y la unidad, no el caos dividido que vemos habitualmente con nuestros ojos. Esta visión está siempre disponible para nosotros, pero el mundo que inventamos “puede nublar nuestra santa vista” (1:1). Por eso el pensamiento de hoy es una oración, o una decisión, de no dejar que eso ocurra, de no dejar que lo que nuestros ojos nos muestran nos impida ver lo que la visión de Cristo puede mostrarnos en todo momento y en cualquier momento, es decir, el mundo real.

La percepción es un espejo, no un hecho. Y lo que contemplo es mi propio estado de ánimo reflejado afuera. (1:3-4)

El mismo pensamiento se repite en todo el Curso:

La percepción puede dar forma a cualquier imagen que la mente desee ver. Ten presente esto. (M.19.5:2-3)

El mundo que ves se compone de aquello con lo que tú lo dotaste… Es el testimonio de tu estado mental, la imagen externa de una condición interna. (T.21.In.1:2,5)

Entonces, el mundo nos muestra nuestra propia mente. Únicamente nuestras propias proyecciones nublan la visión de Cristo. Cristo es la única realidad, la creación de Dios, y sin las proyecciones que hemos puesto encima esta realidad es todo lo que veríamos. Pero no podemos usar la percepción para verlo, en su lugar tenemos que usar la visión de Cristo, una facultad o sentido completamente diferente (1:2). Necesitamos dejar que la vista del mundo desaparezca de nuestra mente, por eso cerrar los ojos puede ser útil al principio, cuando lo que nuestros ojos nos muestran parece tan sólido y real.

Lo que vemos está condicionado por lo que queremos ver. Por lo tanto, se nos dan estas palabras para que las digamos: “Quiero bendecir el mundo contemplándolo a través de los ojos de Cristo” (1:5). Nuestra percepción puede convertirse en la verdadera percepción, que ve el mundo como un reflejo de la verdad, si es la verdad lo que queremos ver, en lugar de ser un espejo de nuestras proyecciones. “Cuando lo único que desees sea amor no verás nada más” (T.12.VII.8:1).

Hoy quiero sintonizarme con mi deseo natural, que Dios me ha dado, de bendecir al mundo. Quiero sacar ese deseo de bendecir, que siempre está en mí, y usarlo para cambiar mi percepción del mundo que me rodea. Quiero ver el mundo como un espejo que refleja el hecho de que “todos mis pecados me han sido perdonados” (1:6). “Déjame perdonar y así recibir la salvación del mundo” (2:2). Éste es un regalo que Dios me da y que puedo ofrecer a Su santo Hijo, de quien forma parte toda persona con la que me encuentro o en quien pienso hoy. Al perdonar a aquellos a mi alrededor, que es mi misión hoy, recibirán la ayuda para encontrar una vez más el recuerdo de Dios y del Cristo como su propio Ser (2:3).


¿Qué es el Segundo Advenimiento? (Parte 4)

L.pII.9.2:3-4

Continuación de la Parte 2 de la lista de descripciones acerca del Segundo Advenimiento.

5. El reconocimiento de la Perfecta Unidad

El Segundo Advenimiento es el reconocimiento de nuestra perfecta unidad:

La luz del perdón ilumina el camino del Segundo Advenimiento porque refulge sobre todas las cosas a la vez y cual una sola. Y así, por fin, se reconoce la unidad. (2:3-4)

Con el perdón perfecto, todas las barreras, todas las aparentes razones para la separación, desaparecen y nuestra unidad “por fin, se reconoce”.

Cada falta de perdón es una razón para la separación, una justificación para mantenernos aparte. Y a la inversa, cada razón para mantenernos aparte es una falta de perdón, un juicio contra otro. Para preparar el camino al Segundo Advenimiento de Cristo, que es el reconocimiento de nuestra unidad, antes el perdón tiene que ser completo. Muchos de nosotros recordamos la canción del musical Godspell: “Preparad el camino al Señor”, o lo recordamos de la Biblia como el mensaje de Juan el Bautista antes del comienzo del ministerio de Jesús. Bueno, el perdón es el modo de preparar el camino al Señor, respecto al Segundo Advenimiento. El perdón es “la luz que ilumina el camino al Segundo Advenimiento”. Elimina los obstáculos a nuestra consciencia de la unidad.




TEXTO


 Capítulo 27


LA CURACIÓN DEL SUEÑO


I. El cuadro de la crucifixión


1. El deseo de ser tratado injustamente es un intento de querer transigir combinando el ataque con la inocencia. 2¿Quién podría combinar lo que es totalmente incompatible y formar una unidad de lo que jamás puede unirse? 3Si recorres el camino de la bon­dad, no tendrás miedo del mal ni de las sombras de la noche. 4Mas no pongas símbolos de terror en tu senda, pues, de lo con­trario, tejerás una corona de espinas de la que ni tu hermano ni tú os podréis escapar. 5No puedes crucificarte sólo a ti mismo. 6Y si eres tratado injustamente, tu hermano no puede sino pagar por la injusticia que tú percibes. 7No puedes sacrificarte sólo a ti mismo, 8pues el sacrificio es total. 9Si de alguna manera el sacrifi­cio fuese posible, incluiría a toda la creación de Dios y al Padre junto con Su Hijo bienamado.

2. En tu liberación del sacrificio se pone de manifiesto la de tu hermano, haciéndose así evidente que tu liberación es la suya. 2Mas cada vez que sufres ves en ello la prueba de que él es culpa­ble por haberte atacado. 3De esta manera, te conviertes en la prueba de que él ha perdido su inocencia y de que sólo necesita contemplarte para darse cuenta de que ha sido condenado. 4Mas la justicia se encargará de que él pague por todas las injusticias cometidas contra ti. 5La injusta venganza por la que tú estás pagando ahora es él quien debería pagar por ella, y cuando recaiga sobre él, tú te liberarás. 6No desees hacer de ti mismo un símbolo viviente de su culpabilidad, pues no te podrás escapar de la sentencia de muerte a la que lo condenes. 7Mas en su ino­cencia hallarás la tuya.

3. Siempre que consientes sufrir, sentir privación, ser tratado injustamente o tener cualquier tipo de necesidad, no haces sino acusar a tu hermano de haber atacado al Hijo de Dios. 2Presentas ante sus ojos el cuadro de tu crucifixión, para que él pueda ver que sus pecados están escritos en el Cielo con tu sangre y con tu muerte, y que van delante de él, cerrándole el paso a la puerta celestial y condenándolo al infierno. 3Mas esto sólo está escrito así en el infierno, no en el Cielo, donde te encuentras a salvo del ataque y eres la prueba de su inocencia. 4La imagen que de ti le ofreces, te la muestras a ti mismo y le impartes toda tu fe. 5El Espíritu Santo, en cambio, te ofrece una imagen de ti mismo en la que no hay dolor ni reproche alguno para que se la ofrezcas a tu hermano. 6Y aquello de lo que se hizo un mártir para que diese testimonio de su culpabilidad se convierte ahora en el perfecto testigo de su inocencia.

4. El poder de un testigo transciende toda creencia debido a la convicción que trae consigo. 2Se le cree porque apunta más allá de sí mismo hacia lo que representa. 3Tu sufrimiento y tus enferme­dades no reflejan otra cosa que la culpabilidad de tu hermano, y son los testigos que le presentas no sea que se olvide del daño que te ocasionó, del que juras jamás escapará. 4Aceptas esta lamenta­ble y enfermiza imagen siempre que sirva para castigarlo. 5Los enfermos no sienten compasión por nadie e intentan matar por contagio. 6La muerte les parece un precio razonable si con ello pueden decir: "Mírame hermano, por tu culpa muero". 7Pues la enfermedad da testimonio de la culpabilidad de su hermano, y la muerte probaría que sus errores fueron realmente pecados. 8La enfermedad no es sino una "leve" forma de muerte, una forma de venganza que todavía no es total. 9No obstante, habla con certeza en nombre de lo que representa. 10La amarga y desolada imagen que le has presentado a tu hermano, tú la has contemplado con pesar. 11Y has creído todo lo que dicha imagen le mostró porque daba testimonio de su culpabilidad, la cual tú percibiste y amaste.

5. Ahora el Espíritu Santo deposita, en las manos que mediante su contacto con Él se han vuelto mansas, una imagen de ti muy dife­rente. 2Sigue siendo la imagen de un cuerpo, pues lo que real­mente eres no se puede ver ni imaginar. 3No obstante, esta imagen no se ha usado para atacar, y, por lo tanto, jamás ha experimen­tado sufrimiento alguno. 4Da testimonio de la eterna verdad de que nada te puede herir, y apunta más allá de sí misma hacia tu inocencia y la de tu hermano. 5Muéstrale esto, y él se dará cuenta de que toda herida ha sanado y de que todas las lágrimas han sido enjugadas felizmente y con amor. 6tu hermano contemplará su propio perdón allí, y con ojos que han sanado mirará más allá de la imagen hacia la inocencia que ve en ti. 7He aquí la prueba de que nunca pecó; de que nada de lo que su locura le ordenó hacer jamás ocurrió ni tuvo efectos de ninguna clase; 8de que ningún reproche que haya albergado en su corazón estuvo jamás justifi­cado y de que ningún ataque podrá jamás hacerle sentir el vene­noso e inexorable aguijón del temor.

6. Sé un testigo de su inocencia y no de su culpabilidad. 2Tu cura­ción es su consuelo y su salud porque demuestra que las ilusiones no son reales. 3El factor motivante de este mundo no es la volun­tad de vivir, sino el deseo de morir. 4El único propósito que tiene es probar que la culpabilidad es real. 5Ningún pensamiento, acto o sentimiento mundano tiene otra motivación que ésa. 6Éstos son los testigos que se convocan para que se crea en ellos y para que corroboren el sistema que representan y en favor del cual hablan. 7Y cada uno de ellos tiene muchas voces, y os hablan a ti y a tu hermano en diferentes lenguas. 8Sin embargo, el mensaje que os dan a ambos es el mismo. 8Engalanar el cuerpo es una forma de mostrar cuán hermosos son los testigos de la culpabilidad. 10Preo­cuparte por el cuerpo demuestra cuán frágil y vulnerable es tu vida; cuán fácilmente puede quedar destruido lo que amas. 11La depresión habla de muerte, y la vanidad, de tener un gran interés por lo que no es nada.

7. La enfermedad, no importa en qué forma se manifieste, es el testigo más convincente de la futilidad y el que refuerza a todos los demás y les ayuda a pintar un cuadro en el que el pecado está justificado. 2Los enfermos creen que todas sus extrañas necesida­des y todos sus deseos antinaturales están justificados. 3Pues ¿quién podría amar una vida que queda truncada tan pronto, y no atribuirle valor a los gozos pasajeros? 4¿Qué placer hay que sea duradero? 5¿No tienen los débiles el derecho de creer que cada migaja de placer robado constituye su justa retribución por la bre­vedad de sus vidas? 6Pues pagarán con su muerte por todos sus placeres tanto si disfrutan de ellos como si no. 7A la vida siempre le llega su final, sea cual sea la forma en que ésta se viva. 8Por lo tanto, se deleitan con lo pasajero y con lo efímero.

8Nada de esto es un pecado, sino un testigo de la absurda creencia de que el pecado y la muerte son reales, y de que tanto la inocencia como el pecado acabarán igualmente en la tumba. 2Si esto fuese cierto, tendrías ciertamente motivos para contentarte con ir en pos de gozos pasajeros y disfrutar de cada pequeño placer siempre que tuvieses la oportunidad. 3No obstante, en este cuadro no se percibe al cuerpo como algo neutral y desprovisto de un objetivo intrínseco. 4Pues se convierte en el símbolo del reproche y en la prueba de la culpabilidad, cuyas consecuencias aún están ahí a la vista, de modo que la causa jamás se pueda negar.

9. Tu función consiste en mostrarle a tu hermano que el pecado carece de causa. 2¡Cuán fútil tiene que ser verte a ti mismo como la prueba fehaciente de que lo que tu función es, jamás tendrá lugar! 3La imagen que te ofrece el Espíritu Santo no convierte al cuerpo en algo que éste no es. 4Lo único que hace es purificarlo de todo vestigio de acusación y reproche. 5Al representársele como algo carente de propósito, no se le puede considerar ni enfermo ni saludable, ni bueno ni malo. 6No da lugar a que se le pueda juzgar en modo alguno. 7No tiene vida, pero tampoco está muerto. 8Cualquier experiencia de amor o de miedo le es ajena. 9Pues ahora no da testimonio de nada, al no tener ningún propósito y al encontrarse la mente libre otra vez para determinar cuál debe ser su propósito. 10Ahora el cuerpo no está condenado, sino en espera de que se le confiera un propósito de modo que pueda llevar a cabo la función que se le encomiende.

10En este espacio vacío, del que el objetivo del pecado ha sido erradicado, se puede recordar el Cielo. 2Ahora su paz puede des­cender hasta aquí y la perfecta curación reemplazar a la muerte. 3El cuerpo puede convertirse en un símbolo de vida, en una pro­mesa de redención y en un hálito de inmortalidad para aquellos que están cansados de respirar el fétido hedor de la muerte. 4Deja que su propósito sea sanar. 5De esta manera, pregonará el men­saje que recibió y, mediante su salud y belleza, proclamará la verdad y el valor de lo que representa. 6Deja que reciba el poder de representar la vida eterna, por siempre a salvo del ataque. 7Y deja que su mensaje para tu hermano sea: "Contémplame her­mano, gracias a ti vivo".



11. La manera más fácil de dejar que esto se logre es simplemente ésta: no permitas que el cuerpo tenga ningún propósito proce­dente del pasado, cuando estabas seguro de que sabías que su propósito era fomentar la culpabilidad. 2Pues esto -afirma tu imagen enfermiza- es un símbolo duradero de lo que el cuerpo representa. 3Y ello impide que se le pueda conferir una perspec­tiva diferente, un propósito distinto. 4Tú no sabes cuál es su pro­pósito. 4No hiciste sino darle la ilusión de un propósito a una cosa que concebiste para ocultar de ti mismo tu función. 6Esta cosa sin propósito no puede ocultar la función que el Espíritu Santo te encomendó. 7Deja, pues, que el propósito del cuerpo y tu función se reconcilien finalmente y se consideren la misma cosa.






lunes, 31 de octubre de 2016

31 OCTUBRE: Que mi mundo no nuble la visión de Cristo.

LECCION 303
AUDIOLIBRO


EJERCICIOS 


LECCIÓN 304


Que mi mundo no nuble la visión de Cristo.


1. Sólo puedo nublar mi santa vista si permito que mi mundo se entrometa en ella. 2Y no puedo contemplar los santos panoramas que Cristo contempla a menos que utilice Su visión. 3La percep­ción es un espejo, no un hecho. 4Y lo que contemplo es mi propio estado de ánimo reflejado afuera. 5Quiero bendecir el mundo con­templándolo a través de los ojos de Cristo. 6Y veré las señales inequívocas de que todos mis pecados me han sido perdonados.

2. Tú me conduces de las tinieblas a la luz y del pecado a la santidad. 2Déjame perdonar y así recibir la salvación del mundo. 3Ése es Tu regalo, Padre mío, que se me concede para que yo se lo ofrezca a Tu santo Hijo, de manera que él pueda hallar Tu recuerdo, y el de Tu Hijo tal como Tú lo creaste.





TEXTO  


10La salvación, perfecta e íntegra, sólo pide que desees, aunque sea mínimamente, que la verdad sea verdad; que estés dispuesto, aunque no sea del todo, a pasar por alto lo que no existe; y que abrigues un leve anhelo por el Cielo como lo que prefieres a este mundo, donde la muerte y la desolación parecen reinar. 2la creación se alzará dentro de ti en jubilosa respuesta, para reem­plazar al mundo que ves por el Cielo, el cual es completamente perfecto e íntegro. 3¿Qué es el perdón, sino estar dispuesto a que la verdad sea verdad? 4¿Qué puede permanecer enfermo y sepa­rado de la Unidad que encierra dentro de Sí todas las cosas? 5El pecado no existe. 6cualquier milagro es posible en el instante en que el Hijo de Dios percibe que sus deseos y la Voluntad de Dios son uno.

11. ¿Qué dispone la Voluntad de Dios? 2Dispone que Su Hijo lo tenga todo. 3Él garantizó esto cuando lo creó para que fuese todo. 4Es imposible perder nada, si lo que tienes es lo que eres. 5Éste es el milagro mediante el cual la creación se convirtió en tu función, la cual compartes con Dios. 6Esto no se entiende estando separado de Él, y, por lo tanto, no tiene sentido en este mundo. 7Aquí el Hijo de Dios no pide mucho, sino demasiado poco, 8pues está dispuesto a sacrificar la identidad que comparte con todo, a cambio de su propio miserable tesoro. 9Mas no puede hacer esto sin experimentar una sensación de desolación, de pérdida y de soledad. 10Éste es el tesoro tras el que ha ido en pos. 11Y sólo puede tener miedo de ello. 12¿Es acaso el miedo un tesoro? 13¿Puede ser la incertidumbre tu deseo? 14¿O es simplemente que te has equi­vocado con respecto a lo que es tu voluntad y a lo que realmente eres?

12. Examinemos en qué consiste el error, a fin de que pueda ser corregido, no encubierto. 2El pecado es la creencia de que el ata­que se puede proyectar fuera de la mente en la que se originó la creencia. 3Aquí la firme convicción de que las ideas pueden aban­donar su fuente se vuelve real y significativa. 4Y de este error surge el mundo del pecado y del sacrificio. 5Este mundo es un intento de probar tu inocencia y, al mismo tiempo, de atribuirle valor al ataque. 6Su fallo estriba en que sigues sintiéndote culpa­ble, aunque no entiendes por qué. 7Los efectos se ven como algo aparte de su fuente, y no parece que puedas controlarlos o impe­dir que se produzcan. 8Y lo que de esta manera se mantiene aparte jamás se puede unir.

13. Causa y efecto no son dos cosas separadas, sino una sola. 2Dios dispone que aprendas lo que siempre ha sido verdad: que Él te creó como parte Sí Mismo y que esto no puede sino seguir siendo verdad porque las ideas no abandonan su fuente. 3Ésta es la ley de la creación: que cada idea que la mente conciba sólo sirva para aumentar su abundancia y nunca para disminuirla. 4Esto es tan cierto con respecto a lo que se desea vanamente como con res­pecto a lo que la voluntad dispone verdaderamente, ya que la mente puede desear ser engañada, pero no puede hacer de sí misma lo que no es. 5creer que las ideas pueden abandonar su fuente es tratar inútilmente de hacer que las ilusiones sean ver­dad. 6Pues nunca será posible engañar al Hijo de Dios.

14 . El milagro es posible cuando causa y consecuencia se traen frente a frente, no cuando se mantienen aparte. 2Curar un efecto y no su causa tan sólo puede hacer que el efecto cambie de forma. 3Y esto no es liberación. 4El Hijo de Dios jamás se podrá contentar con nada que no sea la completa salvación y escape de la culpabi­lidad, 5pues, de otro modo, seguirá exigiéndose a sí mismo alguna clase de sacrificio, negando así que todo es suyo, y que no es sus­ceptible de sufrir ninguna clase de pérdida. 6Los efectos que pro­duce un pequeño sacrificio son iguales a los que produce toda la idea de sacrificio en sí. 7Si cualquier clase de pérdida fuese posi­ble, entonces el Hijo de Dios no sería pleno ni podría ser quien es. 8No podría tampoco conocerse a sí mismo ni reconocer su volun­tad. 9Habría abjurado de su Padre y de sí mismo, haciendo de Ambos sus enemigos acérrimos.

15. Las ilusiones apoyan el propósito para el que fueron concebi­das. 2Y cualquier significado que parezcan tener se deriva de ese propósito. 3Dios dio a todas las ilusiones que se concibieron, sea cual fuere su forma, otro propósito que justificase un milagro. 4En cada milagro radica la curación en su totalidad, pues Dios respondió a todas las ilusiones cual una sola. 5lo que es uno para Él, no puede sino ser todo lo mismo. 6Si tú crees que lo que es lo mismo es diferente, no haces sino engañarte a ti mismo. 7Lo que Dios considera uno solo, será eternamente uno solo y jamás estará dividido. 8Su Reino está unido: así fue creado y así será para siempre.

16. El milagro no hace sino invocar tu nombre ancestral, que reco­nocerás porque la verdad se encuentra en tu memoria. 2ése es el nombre que tu hermano invoca para su liberación y para la tuya. 3El Cielo refulge sobre el Hijo de Dios. 4No lo niegues, para que así puedas ser tú liberado. 5El Hijo de Dios renace en cada ins­tante, hasta que elige no volver a morir. 6En cada deseo de ataque elige la muerte en lugar de lo que la Voluntad de su Padre dis­pone para él. 7Mas cada instante le ofrece vida porque su Padre dispone que él viva.

17. La crucifixión se abandona en la redención porque donde no hay dolor ni sufrimiento no hay necesidad de curación. 2El per­dón es la respuesta a cualquier clase de ataque. 3De esta manera, se cancelan los efectos del ataque, y se responde al odio en nom­bre del amor. 4Gloria eterna a ti que se te ha encomendado salvar al Hijo de Dios de la crucifixión, del infierno y de la muerte. 5Pues tienes el poder de salvar al Hijo de Dios porque su Padre así lo dispuso. 6Y en tus manos yace la salvación, para ser ofre­cida y recibida como una.

18Usar el poder que Dios te ha dado como Él quiere que se use es algo natural. 2No es arrogancia ser como Él te creó ni hacer uso de lo que te dio como respuesta a todos los errores de Su Hijo para así liberarlo. 3Pero sí es arrogancia despreciar el poder que Él te dio y elegir un nimio e insensato deseo en vez de lo que Su Voluntad dispone. 4El don que Dios te ha dado es ilimitado. 5No hay circunstancia en la que no se pueda usar como respuesta ni problema que no se resuelva dentro de su misericordiosa luz.

19. Mora en paz, donde Dios quiere que estés. 2sé el instrumento por el que tu hermano puede hallar la paz en la que tus deseos se ven colmados. 3Unámonos para derramar bendiciones sobre el mundo del pecado y de la muerte. 4Pues lo que puede salvar a cualquiera de nosotros puede salvarnos a todos. 5No hay diferen­cias entre los Hijos de Dios. 6La unidad que el especialismo* niega, los salvará a todos, pues en lo que es uno no hay cabida para el especialismo. 7Y todo les pertenece a todos por igual. 8Ningún deseo puede interponerse entre un hermano y lo que es semejante a él. 9Arrebatarle algo a uno de ellos es desposeerlos a todos. 10Mas bendecir a uno de ellos, es bendecirlos a todos cual uno solo.

20. Tu nombre ancestral es el nombre de todos ellos, tal como el de ellos es el tuyo. 2lnvoca el nombre de tu hermano y Dios te contes­tará, pues es a Él a Quien invocas. 3¿Podría Él negarse a contestar cuando ya ha contestado a todos los que lo invocan? 4Un milagro no puede cambiar nada en absoluto. 5Pero puede hacer que lo que siempre ha sido verdad sea reconocido por aquellos que lo desco­nocen; y mediante este pequeño regalo de verdad se le permite a lo que siempre ha sido verdad ser lo que es, al Hijo de Dios ser él mismo y a toda la creación ser libre para invocar el Nombre de Dios cual una sola.

 

 


sábado, 31 de octubre de 2015

31 OCTUBRE: Que mi mundo no nuble la visión de Cristo.

AUDIOLIBRO


EJERCICIOS 


LECCIÓN 304


Que mi mundo no nuble la visión de Cristo.


1. Sólo puedo nublar mi santa vista si permito que mi mundo se entrometa en ella. 2Y no puedo contemplar los santos panoramas que Cristo contempla a menos que utilice Su visión. 3La percep­ción es un espejo, no un hecho. 4Y lo que contemplo es mi propio estado de ánimo reflejado afuera. 5Quiero bendecir el mundo con­templándolo a través de los ojos de Cristo. 6Y veré las señales inequívocas de que todos mis pecados me han sido perdonados.

2. Tú me conduces de las tinieblas a la luz y del pecado a la santidad. 2Déjame perdonar y así recibir la salvación del mundo. 3Ése es Tu regalo, Padre mío, que se me concede para que yo se lo ofrezca a Tu santo Hijo, de manera que él pueda hallar Tu recuerdo, y el de Tu Hijo tal como Tú lo creaste.





viernes, 31 de octubre de 2014

31 OCTUBRE: Que mi mundo no nuble la visión de Cristo.

AUDIOLIBRO


EJERCICIOS 


LECCIÓN 304


Que mi mundo no nuble la visión de Cristo.


1. Sólo puedo nublar mi santa vista si permito que mi mundo se entrometa en ella. 2Y no puedo contemplar los santos panoramas que Cristo contempla a menos que utilice Su visión. 3La percep­ción es un espejo, no un hecho. 4Y lo que contemplo es mi propio estado de ánimo reflejado afuera. 5Quiero bendecir el mundo con­templándolo a través de los ojos de Cristo. 6Y veré las señales inequívocas de que todos mis pecados me han sido perdonados.

2. Tú me conduces de las tinieblas a la luz y del pecado a la santidad. 2Déjame perdonar y así recibir la salvación del mundo. 3Ése es Tu regalo, Padre mío, que se me concede para que yo se lo ofrezca a Tu santo Hijo, de manera que él pueda hallar Tu recuerdo, y el de Tu Hijo tal como Tú lo creaste.




TEXTO

 

IX. Pues Ellos han llegado


1. ¡Cuán santo debes ser tú, que desde ti la Voz de Dios llama amorosamente a tu hermano para que puedas despertar en él la Voz que contesta tu llamada! 2¡Y cuán santo debe ser tu hermano cuando en él reside tu propia salvación, junto con su libertad! 3Por mucho que lo quieras condenar, Dios mora en él. 4Pero mientras ataques Su hogar elegido y luches con Su huésped, no podrás saber que Dios mora igualmente en ti. 5Mira a tu hermano con dulzura. 6Contempla amorosamente a aquel que lleva a Cristo dentro de sí, para que puedas ver su gloria y regocijarte de que el Cielo no esté separado de ti.

2. ¿Sería mucho pedir que tuvieses un poco de confianza en aquel que te trae a Cristo para que todos tus pecados te sean perdona­dos, sin excluir ni uno solo que todavía quisieras valorar? 2No olvides que una sola sombra que se interponga entre tu hermano y tú nubla la faz de Cristo y el recuerdo de Dios. 3¿E intercambia­rías Éstos por un odio inmemorial? 4El suelo que pisas es tierra santa por razón de Aquellos que, al estar ahí contigo, la han ben­decido con Su inocencia y con Su paz.

3. La sangre del odio desaparece permitiendo así que la hierba vuelva a crecer con fresco verdor, y que la blancura de todas las flores resplandezca bajo el cálido sol de verano. 2Lo que antes era un lugar de muerte ha pasado a ser ahora un templo viviente en un mundo de luz. 3Y todo por Ellos. 4Es Su Presencia la que ha elevado nuevamente a la santidad para que ocupe su lugar ances­tral en un trono ancestral. 5Y debido a Ellos los milagros han bro­tado en forma de hierba y flores sobre el terreno yermo que el odio había calcinado y dejado estéril. 6Lo que el odio engendró Ellos lo han des-hecho. 7Y ahora te encuentras en tierra tan santa que el Cielo se inclina para unirse a ella y hacerla semejante a él. 8La sombra de un viejo odio ya no existe, y toda desolación y aridez ha desaparecido para siempre de la tierra a la que Ellos han venido.

4. ¿Qué son cien años para Ellos, o mil, o cientos de miles? 2Cuando Ellos llegan, el propósito del tiempo se consuma. 3Lo que nunca tuvo lugar desaparece en la nada cuando Ellos llegan. 4Lo que el odio reivindicaba se entrega ahora al amor, y la liber­tad ilumina toda cosa viviente y la eleva hasta el Cielo, donde las luces se encienden con mayor fulgor a medida que cada una vuelve al hogar. 5Lo incompleto se vuelve completo de nuevo, y el gozo del Cielo aumenta porque lo que era suyo le ha sido restituido. 6La tierra ha quedado limpia de toda mancha de sangre, y los dementes se han desprendido de sus vestimentas de demen­cia para unirse a Ellos en el lugar donde tú te encuentras.

5. El Cielo se siente agradecido por este regalo que por tanto tiempo le había sido negado. 2Pues Ellos han venido a congregar a los Suyos. 3Lo que se había clausurado se abre; lo que se mante­nía oculto de la luz se le entrega a ésta para que pueda iluminarlo sin dejar ningún espacio o distancia entre la luz del Cielo y el mundo.

6. El más santo de todos los lugares de la tierra es aquel donde un viejo odio se ha convertido en un amor presente. 2Y Ellos acu­den sin demora al templo viviente, donde se les ha preparado un hogar. 3No hay un lugar en el Cielo que sea más santo. 4Y Ellos han venido a morar en el templo que se les ha ofrecido para que sea Su lugar de reposo, así como el tuyo. 5Lo que el odio le ha entregado al amor, se convierte en la luz más brillante de todo el resplandor del Cielo. 6Y el fulgor de todas las luces celestiales cobra mayor intensidad, como muestra de gratitud por lo que se les ha restituido.

7. Los ángeles revolotean amorosamente a tu alrededor, a fin de mantener alejado de ti todo sombrío pensamiento de pecado y asegurarse de que la luz permanezca allí donde ha entrado. 2Las huellas de tus pasos iluminan el mundo, pues por donde tú cami­nas el perdón te acompaña jubilosamente. 3No hay nadie en la tierra que deje de dar gracias a aquel que ha restaurado su hogar, protegiéndolo, así del crudo invierno y del gélido frío. 4¿Y cómo podrían el Señor, de los Cielos y Su Hijo dar menos como muestra de agradecimiento cuando han recibido mucho más?

8. Ahora el. templo del Dios viviente ha sido reconstruido de nuevo para ser el anfitrión de Aquel que lo creó. 2Donde Él mora, Su Hijo mora con Él y nunca están separados. 3Y dan gracias de que finalmente se les haya dado la bienvenida. 4Donde antes se alzaba una cruz, se alza ahora el Cristo resucitado, y en Su visión las viejas cicatrices desaparecen. 5Un milagro inmemorial ha venido a bendecir y a reemplazar una vieja enemistad, cuyo fin era la destrucción. 6Con dulce gratitud Dios el Padre y el Hijo regresan a lo que es Suyo, y a lo que siempre lo será. 7Ahora se ha consumado el propósito del Espíritu Santo. 8Pues Ellos han lle­gado. 9¡Por fin han llegado!

jueves, 31 de octubre de 2013

31 OCTUBRE: Que mi mundo no nuble la visión de Cristo.

AUDIOLIBRO


EJERCICIOS 


LECCIÓN 304


Que mi mundo no nuble la visión de Cristo.


1. Sólo puedo nublar mi santa vista si permito que mi mundo se entrometa en ella. 2Y no puedo contemplar los santos panoramas que Cristo contempla a menos que utilice Su visión. 3La percep­ción es un espejo, no un hecho. 4Y lo que contemplo es mi propio estado de ánimo reflejado afuera. 5Quiero bendecir el mundo con­templándolo a través de los ojos de Cristo. 6Y veré las señales inequívocas de que todos mis pecados me han sido perdonados.

2. Tú me conduces de las tinieblas a la luz y del pecado a la santidad. 2Déjame perdonar y así recibir la salvación del mundo. 3Ése es Tu regalo, Padre mío, que se me concede para que yo se lo ofrezca a Tu santo Hijo, de manera que él pueda hallar Tu recuerdo, y el de Tu Hijo tal como Tú lo creaste.




TEXTO

 

IX. Pues Ellos han llegado


1. ¡Cuán santo debes ser tú, que desde ti la Voz de Dios llama amorosamente a tu hermano para que puedas despertar en él la Voz que contesta tu llamada! 2¡Y cuán santo debe ser tu hermano cuando en él reside tu propia salvación, junto con su libertad! 3Por mucho que lo quieras condenar, Dios mora en él. 4Pero mientras ataques Su hogar elegido y luches con Su huésped, no podrás saber que Dios mora igualmente en ti. 5Mira a tu hermano con dulzura. 6Contempla amorosamente a aquel que lleva a Cristo dentro de sí, para que puedas ver su gloria y regocijarte de que el Cielo no esté separado de ti.

2. ¿Sería mucho pedir que tuvieses un poco de confianza en aquel que te trae a Cristo para que todos tus pecados te sean perdona­dos, sin excluir ni uno solo que todavía quisieras valorar? 2No olvides que una sola sombra que se interponga entre tu hermano y tú nubla la faz de Cristo y el recuerdo de Dios. 3¿E intercambia­rías Éstos por un odio inmemorial? 4El suelo que pisas es tierra santa por razón de Aquellos que, al estar ahí contigo, la han ben­decido con Su inocencia y con Su paz.

3. La sangre del odio desaparece permitiendo así que la hierba vuelva a crecer con fresco verdor, y que la blancura de todas las flores resplandezca bajo el cálido sol de verano. 2Lo que antes era un lugar de muerte ha pasado a ser ahora un templo viviente en un mundo de luz. 3Y todo por Ellos. 4Es Su Presencia la que ha elevado nuevamente a la santidad para que ocupe su lugar ances­tral en un trono ancestral. 5Y debido a Ellos los milagros han bro­tado en forma de hierba y flores sobre el terreno yermo que el odio había calcinado y dejado estéril. 6Lo que el odio engendró Ellos lo han des-hecho. 7Y ahora te encuentras en tierra tan santa que el Cielo se inclina para unirse a ella y hacerla semejante a él. 8La sombra de un viejo odio ya no existe, y toda desolación y aridez ha desaparecido para siempre de la tierra a la que Ellos han venido.

4. ¿Qué son cien años para Ellos, o mil, o cientos de miles? 2Cuando Ellos llegan, el propósito del tiempo se consuma. 3Lo que nunca tuvo lugar desaparece en la nada cuando Ellos llegan. 4Lo que el odio reivindicaba se entrega ahora al amor, y la liber­tad ilumina toda cosa viviente y la eleva hasta el Cielo, donde las luces se encienden con mayor fulgor a medida que cada una vuelve al hogar. 5Lo incompleto se vuelve completo de nuevo, y el gozo del Cielo aumenta porque lo que era suyo le ha sido restituido. 6La tierra ha quedado limpia de toda mancha de sangre, y los dementes se han desprendido de sus vestimentas de demen­cia para unirse a Ellos en el lugar donde tú te encuentras.

5. El Cielo se siente agradecido por este regalo que por tanto tiempo le había sido negado. 2Pues Ellos han venido a congregar a los Suyos. 3Lo que se había clausurado se abre; lo que se mante­nía oculto de la luz se le entrega a ésta para que pueda iluminarlo sin dejar ningún espacio o distancia entre la luz del Cielo y el mundo.

6. El más santo de todos los lugares de la tierra es aquel donde un viejo odio se ha convertido en un amor presente. 2Y Ellos acu­den sin demora al templo viviente, donde se les ha preparado un hogar. 3No hay un lugar en el Cielo que sea más santo. 4Y Ellos han venido a morar en el templo que se les ha ofrecido para que sea Su lugar de reposo, así como el tuyo. 5Lo que el odio le ha entregado al amor, se convierte en la luz más brillante de todo el resplandor del Cielo. 6Y el fulgor de todas las luces celestiales cobra mayor intensidad, como muestra de gratitud por lo que se les ha restituido.

7. Los ángeles revolotean amorosamente a tu alrededor, a fin de mantener alejado de ti todo sombrío pensamiento de pecado y asegurarse de que la luz permanezca allí donde ha entrado. 2Las huellas de tus pasos iluminan el mundo, pues por donde tú cami­nas el perdón te acompaña jubilosamente. 3No hay nadie en la tierra que deje de dar gracias a aquel que ha restaurado su hogar, protegiéndolo, así del crudo invierno y del gélido frío. 4¿Y cómo podrían el Señor, de los Cielos y Su Hijo dar menos como muestra de agradecimiento cuando han recibido mucho más?

8. Ahora el. templo del Dios viviente ha sido reconstruido de nuevo para ser el anfitrión de Aquel que lo creó. 2Donde Él mora, Su Hijo mora con Él y nunca están separados. 3Y dan gracias de que finalmente se les haya dado la bienvenida. 4Donde antes se alzaba una cruz, se alza ahora el Cristo resucitado, y en Su visión las viejas cicatrices desaparecen. 5Un milagro inmemorial ha venido a bendecir y a reemplazar una vieja enemistad, cuyo fin era la destrucción. 6Con dulce gratitud Dios el Padre y el Hijo regresan a lo que es Suyo, y a lo que siempre lo será. 7Ahora se ha consumado el propósito del Espíritu Santo. 8Pues Ellos han lle­gado. 9¡Por fin han llegado!