DESPERTAR AL AMOR

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sábado, 27 de abril de 2019

27 ABRIL: TERCER REPASO. Repaso de las lecciones 103 y 104


AUDIOLIBRO



EJERCICIOS


LECCION 117

Para los repasos de mañana y noche:

1. (103) Dios, al ser Amor, es también felicidad.

2Quiero recordar que el amor es felicidad y que nada más me puede hacer feliz.
3Elijo, por lo tanto, no abrigar ningún sustituto para el amor.

2. (104) Busco únicamente lo que en verdad me pertenece.

2EI amor, al igual que la dicha, constituyen mi patrimo­nio.
3Éstos son los regalos que mi Padre me dio.
4Acep­taré todo lo que en verdad me pertenece.

3. A la hora en punto:
2Dios, al ser Amor, es también felicidad.

3Media hora más tarde:
4Busco únicamente lo que en verdad me pertenece.



Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones del Tercer Repaso

Comentario

“Quiero recordar que el amor es felicidad y que nada más me puede hacer feliz” (1:2). Una de las cosas que con el tiempo me ha convencido de la verdad del Curso es esta misma experiencia: soy más feliz cuando estoy amando. No quiero sólo decir “soy feliz cuando estoy enamorado”, en el sentido romántico de la palabra, aunque eso tampoco está excluido. Cuando el amor fluye a través de mí, ya sea en una relación cercana e íntima o en algo más “distante” (sentado aquí y escribiendo estas notas y pensando en todos vosotros, por ejemplo), soy feliz. Amar me hace feliz. No, más que eso: “El amor es felicidad” (1:2).

(Barry Kaufman escribió un libro maravilloso titulado Amar Es Ser Feliz Con. Siempre he pensado que es un título muy profundo).

Por otra parte, el enfado es sufrimiento. Si pienso acerca de cómo me siento cuando estoy enfadado, me daré cuenta de que no me gusta cómo me siento. El Curso habla mucho de ideas y de cambiar nuestra mente, a menudo el cambio de mente es una decisión sobre los sentimientos: “Puedes empezar a cambiar de parecer con lo siguiente: Por lo menos puedo decidir que no me gusta cómo me estoy sintiendo ahora” (T.30.I.8:1-2). Los sentimientos pueden ser muy útiles cuando pensamos en ellos, y usarlos como motivadores para cambiar nuestra mente. El enfado me hace sufrir, amar me hace feliz. Por lo tanto, quiero elegir amar. ¿Es eso prestar atención a los sentimientos, o es lógica? ¿O los dos? Sea lo que sea, funciona.

He dicho que darme cuenta de que el amor y la felicidad van juntos, me ha convencido de que el Curso es verdad. Aquí está la razón. El Curso dice que somos completamente amorosos y completamente merecedores de ser amados. Dice: “Enseña solamente amor, pues eso es lo que eres” (T.6.I.13:2). A veces no siento que soy amor. Sin embargo, si cuando amo soy feliz, el amor debe ser mi voluntad, tiene que ser mi naturaleza. ¿Qué es la felicidad, excepto la libertad de ser yo mismo y de hacer realidad mi naturaleza? Si soy feliz cuando amo, entonces tengo que ser amor.

Esto es lo que significa esta frase: “El amor, al igual que la dicha, constituyen mi patrimonio” (2:2). Mi herencia. Mi naturaleza. Lo que yo soy. El amor me pertenece en verdad, y con él la felicidad, ya que son lo mismo.

Hoy, tan a menudo como pueda, me propongo recordarme a mí mismo: “El amor es felicidad”. Y luego en ese momento, ser simplemente el amor que yo soy. Si quiero ser feliz siempre, que sea siempre amoroso. ¡Y feliz! ¡Oh, qué felicidad y alegría cuando el corazón se abre y deja salir el amor! Que hoy no me cause dolor a mí mismo al no dejarlo manifestarse. ¡Que Dios os bendiga a todos!


viernes, 27 de abril de 2018

27 ABRIL: TERCER REPASO Repaso de lecciones 103 Y 104


AUDIOLIBRO



EJERCICIOS


LECCION 117

Para los repasos de mañana y noche:

1. (103) Dios, al ser Amor, es también felicidad.

2Quiero recordar que el amor es felicidad y que nada más me puede hacer feliz.
3Elijo, por lo tanto, no abrigar ningún sustituto para el amor.

2. (104) Busco únicamente lo que en verdad me pertenece.

2EI amor, al igual que la dicha, constituyen mi patrimo­nio.
3Éstos son los regalos que mi Padre me dio.
4Acep­taré todo lo que en verdad me pertenece.

3. A la hora en punto:
2Dios, al ser Amor, es también felicidad.

3Media hora más tarde:
4Busco únicamente lo que en verdad me pertenece.



Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones del Tercer Repaso

Comentario

“Quiero recordar que el amor es felicidad y que nada más me puede hacer feliz” (1:2). Una de las cosas que con el tiempo me ha convencido de la verdad del Curso es esta misma experiencia: soy más feliz cuando estoy amando. No quiero sólo decir “soy feliz cuando estoy enamorado”, en el sentido romántico de la palabra, aunque eso tampoco está excluido. Cuando el amor fluye a través de mí, ya sea en una relación cercana e íntima o en algo más “distante” (sentado aquí y escribiendo estas notas y pensando en todos vosotros, por ejemplo), soy feliz. Amar me hace feliz. No, más que eso: “El amor es felicidad” (1:2).

(Barry Kaufman escribió un libro maravilloso titulado Amar Es Ser Feliz Con. Siempre he pensado que es un título muy profundo).

Por otra parte, el enfado es sufrimiento. Si pienso acerca de cómo me siento cuando estoy enfadado, me daré cuenta de que no me gusta cómo me siento. El Curso habla mucho de ideas y de cambiar nuestra mente, a menudo el cambio de mente es una decisión sobre los sentimientos: “Puedes empezar a cambiar de parecer con lo siguiente: Por lo menos puedo decidir que no me gusta cómo me estoy sintiendo ahora” (T.30.I.8:1-2). Los sentimientos pueden ser muy útiles cuando pensamos en ellos, y usarlos como motivadores para cambiar nuestra mente. El enfado me hace sufrir, amar me hace feliz. Por lo tanto, quiero elegir amar. ¿Es eso prestar atención a los sentimientos, o es lógica? ¿O los dos? Sea lo que sea, funciona.

He dicho que darme cuenta de que el amor y la felicidad van juntos, me ha convencido de que el Curso es verdad. Aquí está la razón. El Curso dice que somos completamente amorosos y completamente merecedores de ser amados. Dice: “Enseña solamente amor, pues eso es lo que eres” (T.6.I.13:2). A veces no siento que soy amor. Sin embargo, si cuando amo soy feliz, el amor debe ser mi voluntad, tiene que ser mi naturaleza. ¿Qué es la felicidad, excepto la libertad de ser yo mismo y de hacer realidad mi naturaleza? Si soy feliz cuando amo, entonces tengo que ser amor.

Esto es lo que significa esta frase: “El amor, al igual que la dicha, constituyen mi patrimonio” (2:2). Mi herencia. Mi naturaleza. Lo que yo soy. El amor me pertenece en verdad, y con él la felicidad, ya que son lo mismo.

Hoy, tan a menudo como pueda, me propongo recordarme a mí mismo: “El amor es felicidad”. Y luego en ese momento, ser simplemente el amor que yo soy. Si quiero ser feliz siempre, que sea siempre amoroso. ¡Y feliz! ¡Oh, qué felicidad y alegría cuando el corazón se abre y deja salir el amor! Que hoy no me cause dolor a mí mismo al no dejarlo manifestarse. ¡Que Dios os bendiga a todos!





TEXTO


Capítulo 12

El PROGRAMA DE ESTUDIOS DEL ESPÍRITU SANTO



I. El juicio del Espíritu Santo


1. Se te ha dicho que no le otorgues realidad al error, y la manera de hacer esto es muy simple. 2Si deseas creer en el error, tienes que otorgarle realidad porque el error en sí no es real. 3Mas la verdad es real por derecho propio, y para creer en ella no tienes que hacer nada. 4Comprende que no reaccionas a nada directa­mente, sino a tu propia interpretación de ello. 5Tu interpretación, por lo tanto, se convierte en la justificación de tus reacciones. 6Por  eso es por lo que analizar los motivos de otros es peligroso. 7Si decides que alguien está realmente tratando de atacarte, abando­narte o esclavizarte, reaccionarás como si realmente lo hubiese hecho, al haberle otorgado realidad a su error. 8Interpretar el error es conferirle poder, y una vez que haces eso pasas por alto la verdad.

2. Analizar los motivos del ego es algo muy complicado, muy confuso y nunca se hace sin la participación de tu propio ego. 2Todo el proceso no es sino un intento inequívoco de demostrar que tienes la capacidad de comprender lo que percibes. 3Esto lo prueba el hecho de que reaccionas ante tus interpretaciones como si fuesen correctas. 4Puedes entonces controlar tus reacciones en lo que respecta a tu comportamiento, pero no en lo que respecta a tus emociones. 5Esto obviamente divide o ataca la integridad de tu mente, poniendo a uno de sus niveles contra otro.

3. Sólo hay una forma sensata de interpretar motivos. 2por tra­tarse del juicio del Espíritu Santo, no requiere esfuerzo alguno por tu parte. 3Todo pensamiento amoroso es verdadero. 4Todo lo demás es una petición de ayuda y de curación, sea cual sea la forma que adopte. 5¿Cómo puede estar justificado reaccionar con ira ante la súplica de un hermano? 6Ninguna reacción podría ser apropiada, excepto estar dispuesto a ayudarle, pues eso, y sólo eso, es lo que está pidiendo. 7Ofrécele cualquier otra cosa, y te estarás arrogando el derecho de atacar su realidad al interpre­tarla como mejor te parezca. 8Tal vez no esté completamente claro para ti el peligro que esto supone para tu propia mente. 9Si crees que una petición de ayuda es otra cosa, reaccionarás ante esa otra cosa. 10Tu reacción, por lo tanto, será inadecuada a la realidad tal como ésta es, pero no a la percepción que tú tienes de ella.

4. No hay nada que te impida reconocer todas las peticiones de ayuda exactamente como lo que son, excepto tu necesidad imaginaria de atacar. 2Esta necesidad es lo único que hace que estés dispuesto a entablar interminables "batallas" contra la realidad, en las que niegas que la necesidad de curación sea real hacién­dola irreal. 3No harías eso si no fuese por el hecho de que no estás dispuesto a aceptar la realidad tal como es, y, por consiguiente, te privas de ella.

5. Decirte que no juzgues lo que no entiendes es ciertamente un buen consejo. 2Nadie que sea parte interesada puede ser un tes­tigo imparcial porque la verdad se habrá convertido para él en lo que él quiere que sea. 3Si no estás dispuesto a percibir una petición de ayuda como lo que es, es porque no estás dispuesto a prestar ayuda ni a recibirla. 4Dejar de reconocer una petición de ayuda es negarse a recibir ayuda. 5¿Mantendrías que no la necesi­tas? 6Sin embargo, eso es lo que mantienes cuando te niegas a reconocer la súplica de un hermano, pues sólo respondiendo a su súplica puedes ser tú ayudado. 7Niégate ayudarle, no podrás reconocer la Respuesta que Dios te dio ti. 8El Espíritu Santo no necesita tu ayuda para interpretar motivos pero es indudable que tú necesitas la Suya.

6. La única reacción apropiada hacia un hermano es apreciarlo. 2Debes estarle agradecido tanto por sus pensamientos de amor como por sus peticiones de ayuda, pues ambas cosas, si las perci­bes correctamente, son capaces de traer amor a tu conciencia: 3Toda sensación de esfuerzo procede de tus intentos de no hacer simplemente eso. 4¡Cuán simple es, entonces, el plan de Dios para la salvación! 5No hay sino una sola manera de reaccionar ante la realidad porque la realidad no suscita conflicto alguno. 6No hay sino un solo Maestro de la realidad, el Cual entiende lo que ésta es. 7Este Maestro no cambia de parecer con respecto la realidad porque la realidad no cambia. 8Si bien tus interpretaciones de la realidad no tienen sentido en tu estado dividido, las Suyas son por siempre fieles a la verdad. 9Él te las da porque son para ti. 10No intentes "ayudar" a un hermano a tu manera, pues no pue­des ayudarte ti mismo. 11Mas oye sus ruegos que claman por la Ayuda de Dios, y reconocerás de este modo la necesidad que tú mismo tienes del Padre.

7. Las interpretaciones que haces de las necesidades de tu hermano son las interpretaciones que haces de las tuyas propias. 2Al prestar ayuda la estás pidiendo, y si percibes tan sólo una necesi­dad en ti serás sanado. 3Pues reconocerás la Respuesta de Dios tal como deseas que ésta sea, y si de verdad la deseas, ciertamente será tuya. 4Cada súplica a la que respondes en el Nombre de Cristo acerca más tu conciencia el recuerdo del Padre. 5En inte­rés de tu propia necesidad, pues, oye toda petición de ayuda como lo que es, para que Dios pueda responderte a ti.

8. Al aplicar cada vez más la interpretación del Espíritu Santo las reacciones de otros, irás cobrando mayor conciencia de que Su criterio es igualmente aplicable a las tuyas. 2Pues reconocer el miedo no es suficiente para poder escaparse de él, aunque sí es necesario para demostrar la necesidad de escapar. 3El Espíritu Santo tiene aún que transformar el miedo en verdad. 4Si se te dejase con el miedo, una vez que lo hubieses reconocido, habrías dado un paso que te alejaría de la realidad en vez de acercarte a ella. 5No obstante, hemos señalado repetidamente la necesidad de reconocer el miedo y de confrontarlo cara a cara como un paso crucial en el proceso .de desvanecer al ego. 6Considera entonces lo mucho que te va a servir la interpretación que hace el Espíritu Santo de los motivos de los demás. 7Al haberte enseñado a aceptar únicamente los pensamientos de amor de otros y a con­siderar todo lo demás como una petición de ayuda, te ha ense­ñado que el miedo en sí es una petición de ayuda. 8Esto es lo que realmente quiere decir reconocer el miedo. 9Si tú no lo proteges, el Espíritu Santo lo re-interpretará. 10En esto radica el valor prin­cipal de Aprender a percibir el ataque como una petición de amor. 11Ya hemos aprendido que el miedo y el ataque están inevitable­mente interrelacionados. 12Si el ataque es lo único que da miedo, y consideras al ataque como la petición de ayuda que real­mente es, te darás cuenta de la irrealidad del miedo. 13Pues el miedo, es una súplica de amor, en la que se reconoce inconsciente­mente lo que ha sido negado.

9. El miedo es un síntoma de tu profunda sensación de pérdida. 2Si al percibirlo en  otros aprendes a subsanar esa sensación de pérdida, se elimina la causa básica del miedo. 3De esa manera, te enseñas a ti mismo que no hay miedo en ti. 4Los medios para erradicarlo se encuentran en ti, y has demostrado esto al dárselos a otros. 5El miedo y el amor son las únicas emociones que eres capaz de experimentar. 6Una es falsa, pues procede de la nega­ción, y la negación depende, para poder existir, de que se crea en lo que se ha negado. 7Al interpretar correctamente el miedo como una afirmación categórica de la creencia subyacente que enmas­cara, estás socavando la utilidad que le has atribuido al hacer que sea inútil. 8Las defensas que son inservibles se abandonan auto­máticamente. 9Si haces que lo que el miedo oculta pase a ocupar una posición inequívocamente preeminente, el miedo deja de ser relevante. 10Habrás negado que puede ocultar al amor, lo cual era su único propósito. 11El velo que habías puesto sobre la faz del amor habrá desaparecido.

10. Si deseas contemplar el amor, que es la realidad del mundo, ¿qué mejor cosa podrías hacer que reconocer en toda defensa con­tra él la súplica de amor subyacente? 2¿Y de qué mejor manera podrías darte cuenta de su realidad que respondiendo a esa súplica dando amor? 3La interpretación que el Espíritu Santo hace del miedo ciertamente lo desvanece, pues la conciencia de la ver­dad no se puede negar. 4De esta manera el Espíritu Santo reem­plaza al miedo por el amor y transforma el error en verdad. 5de esta manera aprenderás de Él cómo reemplazar tu sueño de sepa­ración por el hecho innegable de la unidad. 6Pues la separación no es otra cosa que la negación de la unión, y si se interpreta correc­tamente, da testimonio de tu eterno conocimiento de que la unión es verdad.







jueves, 27 de abril de 2017

27 ABRIL: TERCER REPASO: Repaso de las lecciones 103 y 104


AUDIOLIBRO



EJERCICIOS


LECCION 117

Para los repasos de mañana y noche:

1. (103) Dios, al ser Amor, es también felicidad.

2Quiero recordar que el amor es felicidad y que nada más me puede hacer feliz.
3Elijo, por lo tanto, no abrigar ningún sustituto para el amor.

2. (104) Busco únicamente lo que en verdad me pertenece.

2EI amor, al igual que la dicha, constituyen mi patrimo­nio.
3Éstos son los regalos que mi Padre me dio.
4Acep­taré todo lo que en verdad me pertenece.

3. A la hora en punto:
2Dios, al ser Amor, es también felicidad.

3Media hora más tarde:
4Busco únicamente lo que en verdad me pertenece.



Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones del Tercer Repaso

Comentario

“Quiero recordar que el amor es felicidad y que nada más me puede hacer feliz” (1:2). Una de las cosas que con el tiempo me ha convencido de la verdad del Curso es esta misma experiencia: soy más feliz cuando estoy amando. No quiero sólo decir “soy feliz cuando estoy enamorado”, en el sentido romántico de la palabra, aunque eso tampoco está excluido. Cuando el amor fluye a través de mí, ya sea en una relación cercana e íntima o en algo más “distante” (sentado aquí y escribiendo estas notas y pensando en todos vosotros, por ejemplo), soy feliz. Amar me hace feliz. No, más que eso: “El amor es felicidad” (1:2).

(Barry Kaufman escribió un libro maravilloso titulado Amar Es Ser Feliz Con. Siempre he pensado que es un título muy profundo).

Por otra parte, el enfado es sufrimiento. Si pienso acerca de cómo me siento cuando estoy enfadado, me daré cuenta de que no me gusta cómo me siento. El Curso habla mucho de ideas y de cambiar nuestra mente, a menudo el cambio de mente es una decisión sobre los sentimientos: “Puedes empezar a cambiar de parecer con lo siguiente: Por lo menos puedo decidir que no me gusta cómo me estoy sintiendo ahora” (T.30.I.8:1-2). Los sentimientos pueden ser muy útiles cuando pensamos en ellos, y usarlos como motivadores para cambiar nuestra mente. El enfado me hace sufrir, amar me hace feliz. Por lo tanto, quiero elegir amar. ¿Es eso prestar atención a los sentimientos, o es lógica? ¿O los dos? Sea lo que sea, funciona.

He dicho que darme cuenta de que el amor y la felicidad van juntos, me ha convencido de que el Curso es verdad. Aquí está la razón. El Curso dice que somos completamente amorosos y completamente merecedores de ser amados. Dice: “Enseña solamente amor, pues eso es lo que eres” (T.6.I.13:2). A veces no siento que soy amor. Sin embargo, si cuando amo soy feliz, el amor debe ser mi voluntad, tiene que ser mi naturaleza. ¿Qué es la felicidad, excepto la libertad de ser yo mismo y de hacer realidad mi naturaleza? Si soy feliz cuando amo, entonces tengo que ser amor.

Esto es lo que significa esta frase: “El amor, al igual que la dicha, constituyen mi patrimonio” (2:2). Mi herencia. Mi naturaleza. Lo que yo soy. El amor me pertenece en verdad, y con él la felicidad, ya que son lo mismo.

Hoy, tan a menudo como pueda, me propongo recordarme a mí mismo: “El amor es felicidad”. Y luego en ese momento, ser simplemente el amor que yo soy. Si quiero ser feliz siempre, que sea siempre amoroso. ¡Y feliz! ¡Oh, qué felicidad y alegría cuando el corazón se abre y deja salir el amor! Que hoy no me cause dolor a mí mismo al no dejarlo manifestarse. ¡Que Dios os bendiga a todos!



TEXTO

8.  Hermosa criatura de Dios, estás pidiendo solamente lo que te prometí. 2¿Crees que yo te iba a engañar? 3El Reino de los Cielos está dentro de ti. 4Ten fe en que la verdad está en mí porque yo sé que está en ti. 5Los Hijos de Dios no tienen nada que no  compartan. 6Pídele la verdad a cualquier Hijo de Dios, y me la habrás pedido a mí. 7Cada uno de nosotros tiene dentro de sí la respuesta para poder dársela a cualquiera que la pida.

9. Pídele cualquier cosa al Hijo de Dios y su Padre te lo concederá, pues Cristo no se engaña con respecto a Su Padre, ni Su Padre se engaña con respecto a Cristo. 2No te engañes, pues, con respecto a tu hermano, y considera sus pensamientos amorosos como lo único que constituye su realidad, pues al negar que su mente esté dividida sanarás la tuya. 3Acéptalo como su Padre lo acepta y cúrale en Cristo, pues Cristo es su  curación así como la tuya. 4Cristo es el Hijo de Dios que no está en modo alguno separado de Su Padre y cuyos pensamientos son tan amorosos como el Pensa­miento de Su Padre, mediante el cual fue creado. 5No te engañes con respecto al Hijo de Dios, pues, si lo haces, no podrás sino engañarte inevitablemente con respecto a ti mismo. 6Y al enga­ñarte con respecto ti mismo te engañarás con respecto a tu Padre, para Quien cualquier engaño es imposible.

10. En el mundo real no hay enfermedades, pues en él no hay sepa­ración ni división. 2En él sólo se reconocen los pensamientos amo­rosos, puesto que todo el mundo dispone de tu ayuda, la Ayuda de Dios va contigo a todas partes. 3A medida que, por el hecho de pedir esta Ayuda estés dispuesto aceptarla, la ofrecerás porque la desearás. 4Nada estará fuera del alcance de tu poder sanador porque nada que pidas te será negado. 5¿Qué problema puede haber que no desaparezca en presencia de la Respuesta de Dios? 6Pide, entonces, conocer la realidad de tu hermano porque eso es lo que percibirás en él, y en su belleza verás reflejada la tuya.

11. No aceptes la percepción variable que tu hermano tiene de sí mismo, pues su mente dividida es la tuya, y no aceptarás tu pro­pia curación sin la suya. 2Compartís el mundo real de la misma manera en que compartís el Cielo, y la curación de tu hermano es tu curación. 3Amarte a ti mismo es curarte a ti mismo, y no pue­des percibir una parte de ti mismo como enferma y lograr tu objetivo. 4Hermano mío, sanamos juntos al vivir juntos y al amar juntos. 5No te engañes con respecto al Hijo de Dios, pues él es uno consigo mismo, y uno con su Padre. 6Ama a aquel a quien su Padre ama, y te darás cuenta del Amor que tu Padre te profesa. 

12. Si percibes que un hermano te ha ofendido arranca la ofensa de tu mente, pues es Cristo el que te ofende y estás engañado con respecto a Él. 2 Sana en Cristo y no te sientas ofendido por Él, pues la ofensa no tiene cabida en Él. 3Si lo que percibes te ofende, te ofendes a ti mismo y condenas al Hijo de Dios a quien Dios no condena. 4Deja que el Espíritu Santo elimine todas las ofensas que el Hijo de Dios comete contra sí mismo y no percibas a nadie si no es a través de Su consejo, pues Él quiere salvarte de toda condenación. 5Acepta Su poder sanador y extiéndelo a todos los que Él te envíe, pues Su Voluntad es sanar al Hijo de Dios, con respecto al cual Él no se engaña.

13. Los niños perciben fantasmas, monstruos y dragones espanto­sos y se aterran. 2Mas si preguntan a alguien en quien confían cuál es el significado de lo que perciben, y están dispuestos a abandonar sus propias interpretaciones en favor de la realidad, su miedo desaparece junto con ellas. 3Cuando se ayuda a un niño a que se dé cuenta de que lo que pensaba que era un fantasma es en realidad una cortina, el "monstruo" una sombra y el "dragón" un sueño, deja entonces de tener miedo y se ríe felizmente de su propio miedo.

14. Hijo mío, tienes miedo de tus hermanos, de tu Padre y de ti mismo. 2Pero estás simplemente engañado con respecto a ellos y con respecto a ti mismo. 3Pregúntale al Maestro de la realidad lo que son ellos y lo que eres tú, y al escuchar Su respuesta, tú también te reirás de tus miedos y los reemplazarás con la paz. 4Pues el miedo no se encuentra en la realidad, sino en las mentes de aquellos niños que no entienden la realidad. 5Es únicamente su falta de entendimiento lo que les asusta, y cuando aprenden a percibir correctamente dejan de tener miedo. 6Y así, cuando vuel­van a tener miedo preguntarán de nuevo cuál es la verdad. 7No es la realidad de tus hermanos, ni la de tu Padre ni la tuya lo que te asusta. 8No sabes lo que son y debido a ello los percibes a ellos y a ti mismo como fantasmas, monstruos y dragones. 9Pregúntale cuál es su realidad a Aquel que la conoce, y Él te dirá lo que ellos son. 10Pues tú no entiendes lo que ellos son, y, puesto que estás engañado con respecto a lo que ves, necesitas la realidad para poder desvanecer tus miedos.

15. ¿No intercambiarías tus miedos por la verdad, teniendo en cuenta que puedes lograrlo sólo con pedirlo? 2Pues si Dios no está engañado con respecto a ti, únicamente tú puedes estar engañado con respecto a ti mismo. 3Puedes, no obstante, aprender del Espí­ritu Santo cuál es la verdad acerca de ti, y Él te enseñará que, al ser tú parte de Dios, el engaño no tiene cabida en ti. 4Cuando te perci­bas a ti mismo sin engaño alguno, aceptarás el mundo real en lugar del mundo falso que fabricaste. 5Y entonces tu Padre des­cenderá hasta ti y dará el último paso por ti, elevándote hasta Él.




miércoles, 26 de abril de 2017

26 ABRIL: TERCER REPASO: Repaso de las lecciones 101 y 102


AUDIOLIBRO



EJERCICIOS


LECCION 117

Para los repasos de mañana y noche:

1. (101) La Voluntad de Dios para mí es perfecta felicidad.

2La Voluntad de Dios para mí es perfecta felicidad.
3Lo único que me puede hacer sufrir es la creencia de que hay otra voluntad aparte de la Suya.

2. (102) Comparto con Dios Su Voluntad de que yo sea feliz.

2Comparto lo que la Voluntad de mi Padre dispone para mí, Su Hijo.
3Lo que Él me ha dado es lo único que quiero.
4Lo que Él me ha dado es lo único que existe.

3. A la hora en punto:
2La Voluntad de Dios para mí es perfecta felicidad.

3Media hora más tarde:
4Comparto con Dios Su Voluntad de que yo sea feliz.



Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones del Tercer Repaso

Comentario

En algún lugar de nuestra mente colectiva hay un mito obscuro y terrible. El mito significa que la Voluntad de Dios para nosotros es sufrimiento, sacrificio, la pérdida de todo lo que amamos, renunciar a todo lo que queremos por Su Reino. Según este mito hacer la Voluntad de Dios es una cosa sin alegría y sombría. En una de sus conferencias, Marianne Williamson lo describió así: “Creía que tendría que vestirme de gris el resto de mi vida”.

La Voluntad de Dios es felicidad. ¿Cómo puede el Amor querer menos que eso para nosotros? Cada ser humano, incluso los más mezquinos, quieren que sus seres amados sean felices. ¿Cómo hemos podido imaginar que Dios, Amor perfecto, quería algo distinto a la perfecta felicidad para nosotros?

Entonces, todo nuestro sufrimiento debe venir de la creencia de que hay alguna “otra” voluntad que se opone a la de Dios y quiere estropear nuestra felicidad. Quizá, secretamente sospechamos que esa voluntad es la nuestra. Si no, sabemos que “ellos” están ahí fuera en algún lugar, y que la tienen tomada con nosotros. Sin embargo, no hay “otra” voluntad. No hay un poder malvado acechando al universo y apuntando a nuestra destrucción. Sólo existe Dios.

Comparto con Dios Su Voluntad de que yo sea feliz. No soy un incurable destructor de mí mismo, con un ramalazo obscuro e incomprensible contra Dios, contra el universo, y contra mí mismo, que me lleva sin remedio a la muerte. Mi verdadera voluntad es la de Dios, y yo quiero felicidad. “Mi voluntad es que haya luz”, como decía la lección 37. Su Voluntad es todo lo que realmente quiero.

El Curso habla mucho sobre los tenebrosos cimientos del ego que llevan a la muerte. Esas corrientes sombrías circulan por nuestra mente, deformando y viciando nuestra experiencia en este mundo. Pero el Curso no nos deja ahí, sin esperanza. Trae el mensaje de que aunque el ego parece real, no es lo que nosotros somos. No tiene poder sobre nosotros, es una invención equivocada de nuestra mente. Y debido a que nosotros lo hicimos, podemos deshacerlo. Ya que lo elegimos, podemos elegir de nuevo. Si dejamos de tenerle miedo a esos rincones tenebrosos de nuestra mente y los miramos de frente, reconoceremos que no tienen fundamento. Más allá de ellos veremos a nuestro Ser. Veremos lo que esos obscuros cimientos han estado ocultando todo el tiempo: nuestro propio intenso y ardiente amor a Dios, y el Suyo a nosotros (ver T.13.III.2:8). Aquí, en el auténtico cimiento de nuestro ser, queremos lo que Dios quiere y amamos lo que Dios ama.

Hoy, me permito descansar en el pensamiento feliz de que en el centro de mi ser hay un impulso irresistible hacia la verdad. Quizá no sienta “perfecta felicidad”, pero la sentiré. Tengo que sentirla porque lo más profundo de mi corazón lo quiere y se une a Dios en Su Voluntad, y no hay nada que pueda oponerse, nada real o con poder para oponerse.

“La Voluntad de Dios se hace sean cuales fueren tus reacciones a la Voz del Espíritu Santo, sea cual fuere la voz que elijas escuchar y sea cuales fueren los extraños pensamientos que te asalten”. (T.13.XI.5:3-4)

Es imposible que no alcances el Cielo, pues Dios es algo seguro, y lo que Su Voluntad dispone es tan seguro como Él. (T.13.XI.8:9)



TEXTO

VII. La condición de la realidad

1. El mundo que tú percibes no pudo haber sido creado por el Padre, pues el mundo no es tal como tú lo ves. 2Dios creó única­mente lo eterno, y todo lo que tú ves es perecedero. 3Por lo tanto, tiene que haber otro mundo que no estás viendo. 4La Biblia habla de un nuevo Cielo y de una nueva tierra, mas esto no puede ser cierto en un sentido literal, pues lo que es eterno no puede volver a ser creado. 5Percibir de manera diferente es sencillamente perci­bir de nuevo, lo cual implica que antes, o en el ínterin, no estabas percibiendo en absoluto. 6¿Cuál es entonces el mundo que le espera a tu percepción cuando finalmente lo veas?

2. Todo pensamiento amoroso que el Hijo de Dios jamás haya tenido es eterno. 2Los pensamientos amorosos que su mente per­cibe en este mundo constituyen la única realidad de éste. Siguen siendo percepciones porque él todavía cree estar separado. 4Mas son eternos porque son amorosos. 5al ser amorosos son semejantes al Padre, y, por lo tanto, no pueden morir. 6El mundo real ciertamente se puede percibir. 7Lo único que ello requiere es que estés dispuesto a no percibir nada más. 8Pues si percibes tanto el bien como el mal, estarás aceptando lo falso y lo verdadero, y no estarás distinguiendo claramente entre ellos.

3. El ego tal vez vea algo bueno, pero nunca ve sólo lo bueno. 2Esa es la razón de que sus percepciones sean tan variables. 3No rechaza la bondad por completo, pues eso sería inaceptable para ti. 4Pero siempre añade a lo real algo que no es real, confundiendo así la ilusión con la realidad. 5Pues las percepciones no pueden ser parcialmente verdaderas. 6Si crees tanto en la verdad como en la ilusión, no podrás saber cuál de ellas es cierta. 7Para establecer tu propia autonomía trataste de crear de manera diferente de como crea tu Padre, creyendo que lo que hiciste podía ser distinto de Él. 8No obstante, todo lo que es verdad es como Él. 9Percibir única­mente el mundo real te conducirá al Cielo real, ya que te capaci­tará para comprenderlo.

4. Percibir la bondad no es conocimiento, mas negar lo opuesto a la bondad te permite reconocer una condición en la que los opues­tos no existen. 2Y ésta es la condición del conocimiento. 3Sin esta conciencia no habrás satisfecho sus condiciones, y hasta que no lo hagas no sabrás que ya dispones de él. 4Has concebido muchas ideas que has interpuesto entre tu Creador y tú, y estas creencias constituyen el mundo que percibes. 5La verdad no está ausente aquí, pero está velada. 6No sabes cuál es la diferencia entre lo que tú has fabricado y lo que Dios creó, y de este modo no sabes cuál es la diferencia entre lo que tú has fabricado y lo que tú has crea­do. 7Creer que puedes percibir el mundo real es creer que puedes conocerte a ti mismo. 8Puedes conocer a Dios porque Su Voluntad es que se le conozca. 9De todo lo que has fabricado, el mundo real es lo único que el Espíritu Santo ha conservado para ti, y la salva­ción consiste en percibir únicamente eso, ya que es el reconoci­miento de que la realidad es únicamente lo que es verdad.

VIII. El problema y la respuesta­

1. Este curso es muy simple. 2Quizá pienses que no necesitas un curso que, en última instancia, enseña que sólo la realidad es ver­dad. 3Pero ¿crees realmente esto? 4Cuando percibas el mundo real, reconocerás que no lo creías. 5Mas la rapidez con la que tu nueva y única percepción real se convertirá en conocimiento no te dejará más que un instante en el que darte cuenta de que sola­mente, eso es verdad. 6Y luego todo lo que inventaste pasará al olvido, lo bueno y lo malo, lo falso y lo verdadero. 7Pues cuando el Cielo y la tierra se vuelvan uno dejarás de ver incluso el mundo real. 8El mundo no acabará destruido, sino que se convertirá en el Cielo. 9Lo que constituye la reinterpretación del mundo es la transformación de toda percepción en conocimiento.

2. La Biblia os dice que os volváis como niños. 2Los niños recono­cen que no entienden lo que perciben, y, por lo tanto, preguntan cuál es su significado. 3No cometas la equivocación de creer que entiendes lo que percibes, pues su significado se te escapa. 4Mas el Espíritu Santo ha preservado su significado para ti, y si tú le permites que lo interprete, Él te devolverá lo que tú despreciaste. 5Sin embargo, mientras creas que sabes cuál es el significado de lo que percibes, no verás la necesidad de preguntárselo a Él.

3. No sabes cuál es el significado de nada de lo que percibes. 2Ni uno solo de los pensamientos que albergas es completamente ver­dadero. 3Reconocer esto sienta las bases para un buen comienzo. 4No es que estés desencaminado, es que no has aceptado ningún guía. 5De lo que más necesidad tienes es de aprender a percibir, pues no entiendes nada. 6Reconoce esto, pero no lo aceptes, pues el entendimiento es tu herencia. 7Las percepciones son algo que se aprende, y ya dispones de un Maestro. 8Mas para estar dispuesto a aprender de Él tienes que estar dispuesto a poner en duda todo lo que aprendiste por tu cuenta, pues tú que no te enseñaste a ti mismo bien no deberías ser tu propio maestro.

4. Solamente tú puedes privarte a ti mismo de la verdad. 2Dios, no obstante, no te negará la Respuesta que Él dio. 3Pide, pues, lo que es tuyo, lo cual no es obra tuya, y no te defiendas contra la verdad. 4Tú ocasionaste el problema que Dios ha resuelto. 5Por lo tanto, hazte únicamente esta simple pregunta:

6¿ Deseo el problema o la solución?

7Decídete por a solución y la tendrás, pues la verás como es y, que ya dispones de ella.

5. Tal vez te quejes de que este curso no es lo suficientemente específico como para poderlo entender y aplicar. 2Mas tal vez no hayas hecho lo que específicamente propugna. 3Éste no es un curso de especulación teórica, sino de aplicación práctica. 4Nada podría ser más específico que el que le digan a uno que si pide recibirá. 5El Espíritu Santo te dará la respuesta para cada problema específico mientras creas que los problemas son específi­cos. 6Su respuesta es a la vez una y muchas mientras sigas creyendo que el que es Uno es muchos 7Puede que tengas miedo de Su especificidad por temor a lo que crees que ésta pueda exigirte. 8Mas es únicamente pidiendo como aprenderás que lo que procede de Dios no te exige nada en absoluto. 9Dios sólo da, nunca quita. 10Cuando te niegas a pedir, es porque crees que pedir equivale a quitar en vez de a compartir.

6. El Espíritu Santo te dará sólo lo que es tuyo, sin pedirte nada a cambio. 2Pues lo que es tuyo es todo lo que existe, y lo compartes con Dios. 3Ésa es su realidad. 4¿Podría el Espíritu Santo, que sólo dispone restituir, ser capaz de interpretar incorrectamente la pre­gunta que necesitas hacer para darte cuenta de Su respuesta? 5Has oído la respuesta, pero no has comprendido bien la pregunta. 6Crees que pedirle consejo al Espíritu Santo es pedir que se te prive de algo.

7. Criatura de Dios, no entiendes a tu Padre. 2Crees en un mundo que arrebata porque crees que arrebatando puedes obtener lo que quieres. 3Y esa percepción te ha costado perder de vista el mundo real. 4Tienes miedo del mundo tal como lo ves, pero el mundo real sigue siendo tuyo sólo con que lo pidas. 5No te lo niegues a ti mismo, pues únicamente puede liberarte. 6Nada que proceda de Dios puede esclavizar a Su Hijo, a quien Él creó libre y cuya liber­tad está al amparo de Su Ser. 7Bienaventurado tú que estás dispuesto a pedirle la verdad a Dios sin miedo, pues sólo así podrás aprender que Su respuesta es la liberación del miedo.

miércoles, 27 de abril de 2016

27 ABRIL: TERCER REPASO Repaso de lecciones 103 Y 104


AUDIOLIBRO



EJERCICIOS

LECCION 117


Para los repasos de mañana y noche:

1. (103) Dios, al ser Amor, es también felicidad.

2Quiero recordar que el amor es felicidad y que nada más me puede hacer feliz.
3Elijo, por lo tanto, no abrigar ningún sustituto para el amor.

2. (104) Busco únicamente lo que en verdad me pertenece.

2EI amor, al igual que la dicha, constituyen mi patrimo­nio.
3Éstos son los regalos que mi Padre me dio.
4Acep­taré todo lo que en verdad me pertenece.

3. A la hora en punto:
2Dios, al ser Amor, es también felicidad.

3Media hora más tarde:
4Busco únicamente lo que en verdad me pertenece.





TEXTO

VI. El despertar a la redención


1. Es imposible no creer en lo que ves, pero es igualmente imposi­ble ver lo que no crees. 2La percepción se construye sobre la base de la experiencia, y la experiencia conduce a las creencias. 3La percepción no se estabiliza hasta que las creencias se cimientan. 4De hecho, pues, lo que ves es lo que crees. 5Eso es lo que quise decir con: "Dichosos los que sin ver creyeron", pues aquellos que creen en la resurrección la verán. 6La resurrección es el triunfo definitivo de Cristo sobre el ego, no atacándolo sino transcendién­dolo. 7Pues Cristo ciertamente se eleva por encima del ego y de todas sus "obras"; y asciende hasta el Padre y Su Reino.

2. ¿Qué prefieres, unirte a la resurrección o a la crucifixión? 2¿Condenar a tus hermanos o liberarlos? 3¿Te gustaría trascen­der tu prisión y ascender hasta el Padre? 4Estas preguntas son todas la misma y se contestan al unísono. 5Ha habido mucha con­fusión con respecto a lo que significa la percepción, debido a que la palabra se usa con el significado de "conciencia" y también con el de "interpretación de la conciencia". 6No obstante, no puedes ser consciente sin interpretar, pues lo que percibes es tu propia interpretación.

3. Este curso es muy claro. 2Si no lo ves así, es porque estás haciendo interpretaciones contra él, y, por lo tanto, no crees lo que dice. 3puesto que lo que crees determina tu percepción, no per­cibes el significado del curso y, consecuentemente, no lo aceptas. 4Con todo, diferentes experiencias conducen a diferentes creen­cias, y a través de éstas, a diferentes percepciones. 5Pues las per­cepciones se aprenden mediante creencias, y la experiencia ciertamente enseña. 6Te estoy conduciendo a una nueva clase de experiencia que cada vez estarás menos dispuesto a negar: 7Aprender de Cristo es fácil, pues percibir con Él no entraña nin­gún esfuerzo. 8Sus percepciones son tu conciencia natural, y lo único que te fatiga son las distorsiones que introduces en ésta. 9Deja que sea el Cristo en ti Quien interprete por ti, y no trates de limitar lo que ves con creencias pueriles indignas del Hijo de Dios. 10Pues hasta que Cristo no sea aceptado completamente, el Hijo de Dios se considerará a sí mismo huérfano.

4. Yo soy tu resurrección y tu vida. 2Vives en mí porque vives en Dios. 3todos tus hermanos viven en ti, tal como tú vives en cada uno de ellos. 4¿Cómo ibas a poder, entonces, percibir indignidad en un hermano sin percibirla en ti mismo? 5¿Y cómo ibas a poder percibirla en ti mismo sin percibirla en Dios? 6Cree en la resurrec­ción porque ésta ya se ha consumado, y se ha consumado en ti. 7Esto es tan cierto ahora como lo será siempre, pues la resurrec­ción es la Voluntad de Dios, Quien no sabe de tiempo ni de excepciones. 8Pero no hagas excepciones o, de lo contrario, no percibirás lo que se ha consumado para ti. 9Pues ascendemos hasta el Padre juntos, como fue en un principio, como es ahora y como será siempre, pues ésa es la naturaleza del Hijo de Dios tal como su Padre lo creó.

5. No subestimes el poder de la devoción del Hijo de Dios, ni el poder que el dios al que venera ejerce sobre él, 2pues el Hijo de Dios se postra ante el altar de su dios, tanto si es el dios que él inventó como si es el Dios qué lo creó a él. 3Por eso es por lo que su esclavitud es tan total como su libertad, pues obedecerá única­mente al dios que acepte. 4El dios de la crucifixión exige que él crucifique, y sus devotos le obedecen. 5Se crucifican a sí mismos en su nombre, creyendo que el poder del Hijo de Dios emana del sacrificio y del dolor. 6El Dios de la resurrección no exige nada, pues no es Su Voluntad quitarte nada: 7No exige obediencia, pues la obediencia implica sumisión. 8Lo único que quiere es que te des cuenta de cuál es tu voluntad y que la hagas, no con un espíritu de sacrificio y sumisión, sino con la alegría de la libertad.

6. La resurrección no puede sino atraerte irresistiblemente a que le ofrezcas tu lealtad con agrado porque es el símbolo de la dicha. 2Su irresistible poder reside en el hecho de que representa lo que tú quieres ser. 3La libertad de abandonar todo aquello que te hiere, te humilla y te atemoriza no se te puede imponer, pero se te puede ofrecer a través de la gracia de Dios. 4Y tú puedes aceptarla mediante Su gracia, pues Dios es misericordioso con Su Hijo y lo acepta sin reservas como Suyo: 5¿Quién es, entonces, tuyo?. 6El Padre te ha dado todo lo que es Suyo, y Él Mismo es tuyo junto con todos tus hermanos. 7Protégelos en su resurrección, pues, de lo contrario, no despertarás en Dios, rodeado de la seguridad de lo que es tuyo para siempre.

7. No hallarás paz hasta que hayas extraído los clavos de las manos del Hijo de Dios y hayas sacado la última espina de su frente. 2El Amor de Dios rodea a Su Hijo, a quien el dios de la crucifixión condena. 3No enseñes que mi muerte fue en vano. 4Enseña, más bien, que no morí, demostrando que vivo en ti. 5Pues poner fin a la crucifixión del Hijo de Dios es la tarea de la redención, en la cual todo el mundo juega un papel igualmente importante. 6Dios no juzga a Su inocente Hijo. 7Habiéndose dado a Sí Mismo a él, ¿cómo iba a poder juzgarlo?

8. Te has crucificado a ti mismo y te has puesto una corona de espinas sobre la cabeza. 2Aun así, no puedes crucificar al Hijo de Dios, pues la Voluntad de Dios no puede morir. 3Su Hijo ha sido redimido de su propia crucifixión, y tú no puedes condenar a muerte a quien Dios ha dado vida eterna. 4El sueño de la crucifi­xión aún descansa pesadamente sobre tus ojos, pero lo que ves en sueños no es la realidad, mientras sigas percibiendo al Hijo de Dios como crucificado, es que estás dormido. 6Y mientras creas que puedes crucificarle estarás simplemente teniendo pesadillas. 7Tú que estás comenzando a despertar, todavía eres consciente de tus sueños y aún no los has olvidado. 8Te olvidarás de ellos y cobrarás conciencia de Cristo cuando otros despierten para com­partir contigo tu redención.  

9. Despertarás a tu propia llamada, pues la Llamada a despertar se encuentra dentro de ti. 2Si vivo en ti, tú estás despierto. 3No obstante, tienes que ver las obras que llevo a cabo a través de ti, o, de lo contrario, no percibirás que las he llevado a cabo en ti. 4No pongas límites a lo que crees que puedo hacer a través de ti, o no aceptarás lo que puedo hacer por ti. 5Esto, no obstante, ya ha tenido lugar, y a menos que des todo lo que has recibido, no sabrás que tu redentor vive y que has despertado con él. 6La redención se reconoce únicamente compartiéndola.

10. El Hijo de Dios está a salvo. 2Lleva únicamente esta conciencia a la Filiación, y tu papel en la redención será tan importante como el mío. 3Pues tu papel tiene que ser como el mío si lo aprendes de mí. 4Si crees que el tuyo está limitado, no haces sino limitar el mío. 5No hay grados de dificultad, en los milagros porque todos los Hijos de Dios tienen el mismo valor, y su igualdad es su unicidad. 6Todo el poder de Dios reside en cada una de sus partes por igual, y nada que contradiga Su Voluntad es grande o pequeño. 7Lo que no existe no tiene tamaño ni medida. 8Para Dios todo es posible. 9Y a Cristo le es dado ser como el Padre.