DESPERTAR AL AMOR

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jueves, 6 de junio de 2019

6 JUNIO: En Su Presencia he de estar ahora.


AUDIOLIBRO





EJERCICIOS


LECCION 157

En Su Presencia he de estar ahora.


1. Éste es un día de silencio y de fe. 2Es un tiempo especial y muy prometedor en el calendario de tus días. 3Es un tiempo que el Cielo ha reservado para rillar sobre él y verter una luz perenne en la que se oyen ecos de la eternidad. 4Este día es santo, pues anuncia una nueva experiencia; una manera de sentir distinta y una conciencia diferente. 5Son muchos los días y las noches que te has pasado celebrando la muerte. 6Hoy vas a aprender a sentir el júbilo de la vida.

2. Éste es otro punto decisivo en el plan de estudios. 2Añadimos ahora una nueva dimensión: otra clase de experiencia que arroja una nueva luz sobre todo lo que ya hemos aprendido y nos pre­para para lo que todavía nos queda por aprender. 3Nos lleva a las puertas donde finaliza el aprendizaje y donde captamos un atisbo de lo que se encuentra mucho más allá de lo que el aprendizaje puede lograr. 4Nos deja aquí por un instante, y nosotros seguimos adelante, seguros de nuestro rumbo y de nuestro único objetivo.

3. Hoy se te concederá tener un atisbo del Cielo, aunque regresa­rás nuevamente a las sendas del aprendizaje. 2Tu progreso, no obstante, ha sido tal que puedes alterar el tiempo lo suficiente como para poder superar sus leyes y adentrarte en la eternidad por un rato. 3Aprender a hacer esto te resultará cada vez más fácil, a medida que cada lección, fielmente practicada, te lleve con mayor rapidez a este santo lugar y te deje, por un momento, con tu Ser.

4. Él dirigirá tu práctica hoy, pues lo que estás pidiendo ahora es lo que Su Voluntad dispone. 2Y al haber unido tu voluntad a la Suya en este día, es imposible que no se te conceda lo que estás pidiendo. 3No necesitas más que la idea de hoy para iluminar tu mente y dejar que descanse en tranquila expectación y en sereno gozo, desde los cuales dejas atrás rápidamente al mundo.

5. A partir de hoy, tu ministerio adquirirá un genuino fervor y una luminosidad que se transmitirá desde tus dedos hasta aquellos a quienes toques, y que bendecirá a todos los que contemples. 2Una visión llegará a todos aquellos con quienes te encuentres, a todos aquellos en quienes pienses y a todos aquellos que piensen en ti. 3Pues la experiencia que has de tener hoy transformará tu mente de tal manera que se convertirá en la piedra de toque de los santos Pensamientos de Dios.

6. Tu cuerpo será santificado hoy, al ser su único propósito ahora iluminar el mundo con la visión de lo que has de experimentar en este día. 2Una experiencia como ésta no se puede transmitir directamente. 3No obstante, deja en nuestros ojos una visión que podemos ofrecerles a todos, para que puedan tener lo antes posi­ble la misma experiencia en la que el mundo se olvida callada­mente y el Cielo se recuerda por un tiempo.

7. A medida que esta experiencia se intensifica y todos tus objeti­vos excepto éste dejan de ser importantes, el mundo al que retor­nas se acerca cada vez más al final del tiempo, se asemeja un poco más al Cielo en todo y se aproxima un poco más a su libera­ción. 2Y tú que le brindas luz podrás ver la luz con más certeza; la visión con mayor nitidez. 3Mas llegará un momento en que no retornarás con la misma forma en la que ahora apareces, pues ya no tendrás más necesidad de ella. 4Pero ahora tiene un propósito, y lo cumplirá debidamente.

8. Hoy nos embarcamos en un viaje con el que jamás has soñado. 2Pero el Santísimo, el Dador de los sueños felices de la vida, el Traductor de la percepción a la verdad, el santo Guía al Cielo que se te ha dado, ha soñado por ti esta jornada que emprendes y das comienzo hoy, con la experiencia que este día te ofrece para que sea tuya.    

       
9. En la Presencia de Cristo hemos de estar ahora, serenamente inconscientes de todo excepto de Su radiante faz y de Su Amor perfecto. 2La visión de Su faz estará contigo, pero llegará un ins­tante que transcenderá toda visión, incluida ésta, la más sagrada. 3Esto es algo que jamás podrás enseñar porque no lo adquiriste a través del aprendizaje. 4No obstante, la visión habla del recuerdo de lo que supiste en ese instante, y de lo que, sin duda, habrás de saber de nuevo.




Instrucciones para la práctica

Propósito: Conducirnos a nuestra primera experiencia directa del Cielo. Éste es un día santo, un punto decisivo en el programa de estudios, el comienzo de un nuevo viaje. Hoy empezará tu ministerio. Tu único propósito ahora será llevar al mundo la visión que refleja lo que sientes hoy. Y se te dará poder para tocar a todos con esa visión.

Tiempo de quietud por la mañana/noche: Por lo menos cinco minutos; lo ideal es treinta minutos o más.

  • Acércate a esta práctica con un sentido de santidad, pues estás intentando pasar más allá del velo del mundo y entrar en el Cielo.
  • Repite la idea (puedes repetirla una y otra vez), y déjala que te sumerja en ese profundo lugar de tu mente, el lugar de quietud y descanso.
  • Luego espera allí “en tranquila expectación y en sereno gozo” (4:3), la experiencia que se te ha prometido. Confía en que tu Ser te llevará a donde necesitas ir. Él elevará tu mente a las más elevadas cimas de la percepción, a la más santa visión posible. Aquí, a “las puertas donde finaliza el aprendizaje” (2:3), te detendrás un momento, y luego atravesarás la entrada a la eternidad. Irás más allá de toda forma y por poco tiempo entrarás al Cielo.

Hoy se pretende que sea tu primera experiencia de lo que el Texto llama revelación: unión directa con Dios y con tu Ser. Si sucede (y la lección de mañana parece reconocer el hecho de que puede que no; ver L.158.11:1), no será la última. Tendrás esta experiencia cada vez más. Cada vez os acercará a ti y al mundo un poco más al día en el que esta experiencia será vuestra para toda la eternidad.

Recordatorios cada hora: Uno o dos minutos, a la hora en punto, (menos si las circunstancias no lo permiten).
Repite la idea y pasa un momento de quietud con ella, buscando entrar en la Presencia de tu Ser. Luego da gracias a Dios por Sus regalos a ti en la hora anterior, y deja que Su Voz te diga lo que Él quiere que hagas en esta hora que viene a continuación.

Comentario

Experiencia y Visión

Hoy me gustaría compartir algunos pensamientos basados principalmente en la Lección 157, pero con algunas referencias a la Lección 158 también. Esta lección introduce una serie de lecciones planeadas para llevarnos al instante santo, que es un objetivo muy importante del Libro de Ejercicios. A partir de este momento, “cada lección, fielmente practicada, te lleva con mayor rapidez a este santo lugar” (3:3).

El Curso habla aquí de una experiencia y de una visión que es el resultado de esa experiencia. El instante santo contiene un instante de conocimiento -algo más allá de la percepción- del que regresamos con la Visión de Cristo en nuestra mente, que podemos ofrecer a todos.

La experiencia de la que aquí se habla es sencillamente entrar en la Presencia de Dios. Es “una manera de sentir distinta y una conciencia diferente” (1:4) en la que “aprender a sentir el júbilo de la vida” (1:6). Se le llama el instante santo. La Lección 157 lo llama “un atisbo del Cielo” (3:1) y un momento en el que se te deja con tu Ser. Es un instante en el que “el mundo se olvida calladamente y el Cielo se recuerda por un tiempo” (6:3). Por un momento abandonamos el tiempo y entramos en la eternidad (3:2). No es algo que nosotros hacemos; el Espíritu Santo, “el Dador de los sueños felices de la vida” y “el Traductor de la percepción a la verdad”, nos conducirá. (8:2).

La visión de la que se habla es el resultado de la experiencia. No es “una visión”, algo que se ve con los ojos del cuerpo, sino “la visión”, una manera de ver. No hablamos de un estado de trance, ni de algunas apariciones en nuestra mente de visiones místicas. Estamos hablando de una manera diferente de ver el mundo, un mecanismo diferente de vista, algo distinto a los sentidos físicos. La religión oriental habla del Tercer Ojo para indicar lo mismo.

Al experimentar el instante santo, hemos despertado una manera diferente de ver. Ese nuevo tipo de visión no desaparece cuando regresamos al mundo (7:1), por así decir. Es sólo una manera de hablar para decir que volvemos. Nunca nos marchamos. O quizá mejor, puesto que el Cielo es lo real y este mundo es la ilusión, nunca vinimos aquí en absoluto. Lo que “regresa” con nosotros, dentro del sueño, es el recuerdo de Dios y del Cielo, el recuerdo de lo que vimos en ese instante santo. Seguimos viendo atisbos de él más allá de la vista del mundo, viendo el “mundo real” más allá del mundo; y más allá del mundo real vemos el Cielo.

Cada (aparentemente separado) instante santo que sentimos, fortalece esta nueva visión, este mecanismo nuevo de ver. Éste es el propósito de las recomendaciones del Libro de Ejercicios para los periodos de meditación diarios por la mañana y por la noche; son sesiones de práctica, ejercicios para desarrollar nuestra nueva visión. Por supuesto, se espera que ejercitemos esta visión constantemente durante el día, para tener varios instantes santos a lo largo del día. Si comparamos esto con aprender un idioma, las sesiones de meditación son como los laboratorios de idiomas y los estudios de gramática. Los ejercicios concentrados del idioma no son un fin en sí mismos sino que están planeados para prepararnos y mejorar nuestras capacidades de hablar y entender cuando salimos fuera y realmente utilizamos el idioma. Del mismo modo, la meditación no es un fin en sí misma. Es un ejercicio para fortalecer nuestra visión espiritual, pero el propósito es salir a la vida diaria y empezar a utilizar esa nueva visión tan a menudo como sea posible.

La Lección 157 dice: “Una experiencia como ésta no se puede transmitir directamente. No obstante, deja en nuestros ojos una visión que podemos ofrecerles a todos” (6:2-3). No puedo darte un instante santo directamente. Puedo hablarte de él, pero tú tienes que hacer tu propio trabajo y tener la experiencia por ti mismo.

Lo que puedo darte u ofrecerte es la nueva visión, la nueva manera de ver el mundo. La visión que todos podemos enseñar, como maestros de Dios “en prácticas”, es la del perdón y el amor dentro del mundo. Puedo enseñarte que es posible ver lo invisible más allá de lo visible, ver la verdad duradera detrás de las nubes de duda, miedo y defensa. Puedo enseñarte a “no ver a nadie como un cuerpo y a saludar a todo el mundo como el Hijo de Dios que es reconociendo que es uno contigo en santidad” (L.158.8:3-4). Al verte sin culpa, te enseño que ver sin culpa es posible.

Y al estar dispuesto a practicar la visión, dispuesto a pedir que se te muestre una manera diferente de ver, llega la experiencia del instante santo.




TEXTO

VII. Cómo compartir la percepción del Espíritu Santo

 

1. ¿Qué deseas? 2Pues en tus manos está poder disponer de la luz o de la oscuridad, del conocimiento o de la ignorancia, pero no de ambas alternativas a la vez. 3Los opuestos deben ponerse uno al lado del otro en vez de mantenerse separados. 4Pues su separa­ción sólo existe en tu mente, y, al igual que tú, se reconcilian al unirse. 5En la unión todo lo que no es real inevitablemente desa­parece, pues la verdad es unión. 6De la misma manera en que la oscuridad desaparece ante la luz, de igual modo la ignorancia se desvanece cuando alborea el conocimiento. 7La percepción es el medio a través del cual se lleva la ignorancia ante el conoci­miento. 8La percepción, no obstante, tiene que estar desprovista de engaño, pues de otra manera se convierte en el mensajero de la ignorancia en vez de en un ayudante en la búsqueda de la verdad.

2. La búsqueda de la verdad no es más que un honesto examen de todo lo que la obstaculiza. 2La verdad simplemente es. 3No se puede perder, buscar ni encontrar. 4Está dondequiera que estés, pues está en tu interior. 5Aun así, puedes reconocerla o pasarla por alto, o bien puede ser real o falsa para ti. 6Si la ocultas, se vuelve irreal para ti por haberla ocultado y haberla revestido de miedo. 7La verdad yace oculta bajo cada piedra angular de miedo sobre la que has erigido tu demente sistema de creencias. 8Pero no puedes saber esto, pues al ocultar la verdad en el miedo, no ves razón alguna para creer que mientras más mires de frente al miedo menos lo verás y más claro se hará lo que oculta.

3. Es imposible convencer a los que no saben de que saben. 2Desde su punto de vista no es verdad que sepan. 3Pero como Dios lo sabe, es verdad. 4Éstos son puntos de vista claramente opuestos acerca de la realidad de los que "no saben". 5Para Dios, no saber es algo imposible. 6No saber, por lo tanto, no es un punto de vista, sino simplemente una creencia en algo que no existe. 7Lo único que les ocurre a los que no saben es que abrigan esa creen­cia, y debido a ello, se equivocan con respecto a sí mismos. 8Se han definido a sí mismos de manera diferente de como fueron crea­dos. 9Su creación no fue un punto de vista, sino una certeza. 10Cuando la incertidumbre se lleva ante la certeza, se abandona toda convicción de que sea real.

4. Hemos estado haciendo hincapié en el hecho de que lo indesea­ble debe llevarse ante lo deseable, y lo que no se desea ante lo que se desea. 2Te darás cuenta de que ésta es la manera de alcanzar la salvación si te detienes a considerar lo que es la disociación. 3La disociación es un proceso de pensamiento distorsionado, en el que se abrigan dos sistemas de creencias que no pueden coexistir. 4Si se pone uno al lado del otro, resulta imposible aceptarlos a los dos. 5Pero si uno de ellos se mantiene oculto del otro, su separa­ción parece mantenerlos vigentes a los dos y hace que parezcan ser igualmente reales. 6Poner uno al lado del otro, por lo tanto, se convierte en motivo de miedo, pues si haces eso, no podrás por menos que dejar de aceptar uno de ellos. 7No puedes quedarte con los dos, pues cada uno supone la negación del otro. 8Si se mantienen separados, este hecho se pierde de vista, pues al estar entonces en lugares diferentes es posible creer firmemente en los dos. 9Ponlos uno al lado del otro, y su absoluta incompatibilidad resultará evidente de inmediato. 10Uno de ellos tiene que desapa­recer porque el otro se ve en el mismo lugar.

5. Cuando una mente cree en la oscuridad y se niega a abando­narla, la luz no puede entrar. 2La verdad no lucha contra la igno­rancia, ni el amor ataca al miedo. 3Lo que no necesita protección no tiene necesidad de defenderse a sí mismo. 4Las defensas son invenciones tuyas. 5Dios las desconoce. 6El Espíritu Santo las usa en favor de la verdad sólo porque tú las inventaste contra ella. 7La percepción que de acuerdo con Sus propósitos Él tiene de ellas, simplemente las transforma en una llamada a lo que has atacado con ellas. 8Las defensas, al igual que todo lo demás que has inventado, tienen que ser transformadas dulcemente en algo beneficioso para ti y ser reinterpretadas por el Espíritu Santo de medios de auto-destrucción a medios de conservación y libera­ción. 9La tarea del Espíritu Santo es imponente, pero el poder de Dios está con Él. 10Llevar a cabo esa tarea, por lo tanto, es algo tan fácil para Él, que se logró en el mismo instante en que se le dio para ti. 11No demores tu retorno la paz preguntándote cómo va a poder Él llevar a cabo lo que Dios le encomendó. 12Deja eso en manos de Uno que sabe. 13No se te pide que lleves a cabo tareas de tal magnitud. 14Se te pide únicamente que hagas lo poco que Él sugiere, confiando tan sólo en que, si Él te lo pide, tú lo puedes hacer. 15Verás cuán fácilmente puedes llevar a cabo todo lo que Él te pida.

6. El Espíritu Santo sólo te pide esto: que lleves ante Él todos los secretos que le hayas ocultado. 2Ábrele todas las puertas y pídele que entre en la oscuridad y la desvanezca con Su luz. 3Si lo invitas, Él entrará gustosamente. 4Y llevará la luz a la oscuridad si le franqueas la entrada a ella. 5Pero Él no puede ver lo que mantienes oculto. 6Él ve por ti, pero a menos que tú mires con Él, Él no puede ver. 7La visión de Cristo no es sólo para Él, sino para ti y para Él. 8Llévale, por lo tanto, todos tus pensamientos tene­brosos y secretos, y contémplalos con Él. 9Él abriga la luz y tú la oscuridad. 10Ambas cosas no pueden coexistir cuando las contempláis juntos. 11Su juicio prevalecerá, y Él te lo ofrecerá cuando unas tu percepción a la Suya.

7. Uniéndote a Su manera de ver es como aprendes a compartir con Él la interpretación de la percepción que conduce al conoci­miento. 2Por tu cuenta no puedes ver. 3Compartir la percepción con Aquel que Dios te ha dado te enseña a reconocer lo que ves. 4Es el reconocimiento de que ninguna cosa que ves significa nada por sí sola. 5Ver con Él te mostrará que todo significado, inclu­yendo el tuyo, no procede de una visión doble, sino de la dulce fusión de todas las cosas en un solo significado, una sola emoción y un solo propósito 6Dios tiene un solo Propósito, y lo comparte contigo. 7La única visión que el Espíritu Santo te ofrece brindará esta unicidad a tu mente con una claridad y una luminosidad tan intensas que por nada del mundo dejarías de aceptar lo que Dios quiere que tengas. 8Contempla tu voluntad, y acepta que es la Suya, y que todo Su Amor es tuyo. 9¡Que todo honor se te rinda ti a través del Espíritu Santo, y, a través de Él, a Dios!






miércoles, 6 de junio de 2018

6 JUNIO: En Su Presencia he de estar ahora.


AUDIOLIBRO





EJERCICIOS


LECCION 157

En Su Presencia he de estar ahora.


1. Éste es un día de silencio y de fe. 2Es un tiempo especial y muy prometedor en el calendario de tus días. 3Es un tiempo que el Cielo ha reservado para rillar sobre él y verter una luz perenne en la que se oyen ecos de la eternidad. 4Este día es santo, pues anuncia una nueva experiencia; una manera de sentir distinta y una conciencia diferente. 5Son muchos los días y las noches que te has pasado celebrando la muerte. 6Hoy vas a aprender a sentir el júbilo de la vida.

2. Éste es otro punto decisivo en el plan de estudios. 2Añadimos ahora una nueva dimensión: otra clase de experiencia que arroja una nueva luz sobre todo lo que ya hemos aprendido y nos pre­para para lo que todavía nos queda por aprender. 3Nos lleva a las puertas donde finaliza el aprendizaje y donde captamos un atisbo de lo que se encuentra mucho más allá de lo que el aprendizaje puede lograr. 4Nos deja aquí por un instante, y nosotros seguimos adelante, seguros de nuestro rumbo y de nuestro único objetivo.

3. Hoy se te concederá tener un atisbo del Cielo, aunque regresa­rás nuevamente a las sendas del aprendizaje. 2Tu progreso, no obstante, ha sido tal que puedes alterar el tiempo lo suficiente como para poder superar sus leyes y adentrarte en la eternidad por un rato. 3Aprender a hacer esto te resultará cada vez más fácil, a medida que cada lección, fielmente practicada, te lleve con mayor rapidez a este santo lugar y te deje, por un momento, con tu Ser.

4. Él dirigirá tu práctica hoy, pues lo que estás pidiendo ahora es lo que Su Voluntad dispone. 2Y al haber unido tu voluntad a la Suya en este día, es imposible que no se te conceda lo que estás pidiendo. 3No necesitas más que la idea de hoy para iluminar tu mente y dejar que descanse en tranquila expectación y en sereno gozo, desde los cuales dejas atrás rápidamente al mundo.

5. A partir de hoy, tu ministerio adquirirá un genuino fervor y una luminosidad que se transmitirá desde tus dedos hasta aquellos a quienes toques, y que bendecirá a todos los que contemples. 2Una visión llegará a todos aquellos con quienes te encuentres, a todos aquellos en quienes pienses y a todos aquellos que piensen en ti. 3Pues la experiencia que has de tener hoy transformará tu mente de tal manera que se convertirá en la piedra de toque de los santos Pensamientos de Dios.

6. Tu cuerpo será santificado hoy, al ser su único propósito ahora iluminar el mundo con la visión de lo que has de experimentar en este día. 2Una experiencia como ésta no se puede transmitir directamente. 3No obstante, deja en nuestros ojos una visión que podemos ofrecerles a todos, para que puedan tener lo antes posi­ble la misma experiencia en la que el mundo se olvida callada­mente y el Cielo se recuerda por un tiempo.

7. A medida que esta experiencia se intensifica y todos tus objeti­vos excepto éste dejan de ser importantes, el mundo al que retor­nas se acerca cada vez más al final del tiempo, se asemeja un poco más al Cielo en todo y se aproxima un poco más a su libera­ción. 2Y tú que le brindas luz podrás ver la luz con más certeza; la visión con mayor nitidez. 3Mas llegará un momento en que no retornarás con la misma forma en la que ahora apareces, pues ya no tendrás más necesidad de ella. 4Pero ahora tiene un propósito, y lo cumplirá debidamente.

8. Hoy nos embarcamos en un viaje con el que jamás has soñado. 2Pero el Santísimo, el Dador de los sueños felices de la vida, el Traductor de la percepción a la verdad, el santo Guía al Cielo que se te ha dado, ha soñado por ti esta jornada que emprendes y das comienzo hoy, con la experiencia que este día te ofrece para que sea tuya.    

       
9. En la Presencia de Cristo hemos de estar ahora, serenamente inconscientes de todo excepto de Su radiante faz y de Su Amor perfecto. 2La visión de Su faz estará contigo, pero llegará un ins­tante que transcenderá toda visión, incluida ésta, la más sagrada. 3Esto es algo que jamás podrás enseñar porque no lo adquiriste a través del aprendizaje. 4No obstante, la visión habla del recuerdo de lo que supiste en ese instante, y de lo que, sin duda, habrás de saber de nuevo.




Instrucciones para la práctica

Propósito: Conducirnos a nuestra primera experiencia directa del Cielo. Éste es un día santo, un punto decisivo en el programa de estudios, el comienzo de un nuevo viaje. Hoy empezará tu ministerio. Tu único propósito ahora será llevar al mundo la visión que refleja lo que sientes hoy. Y se te dará poder para tocar a todos con esa visión.

Tiempo de quietud por la mañana/noche: Por lo menos cinco minutos; lo ideal es treinta minutos o más.

  • Acércate a esta práctica con un sentido de santidad, pues estás intentando pasar más allá del velo del mundo y entrar en el Cielo.
  • Repite la idea (puedes repetirla una y otra vez), y déjala que te sumerja en ese profundo lugar de tu mente, el lugar de quietud y descanso.
  • Luego espera allí “en tranquila expectación y en sereno gozo” (4:3), la experiencia que se te ha prometido. Confía en que tu Ser te llevará a donde necesitas ir. Él elevará tu mente a las más elevadas cimas de la percepción, a la más santa visión posible. Aquí, a “las puertas donde finaliza el aprendizaje” (2:3), te detendrás un momento, y luego atravesarás la entrada a la eternidad. Irás más allá de toda forma y por poco tiempo entrarás al Cielo.

Hoy se pretende que sea tu primera experiencia de lo que el Texto llama revelación: unión directa con Dios y con tu Ser. Si sucede (y la lección de mañana parece reconocer el hecho de que puede que no; ver L.158.11:1), no será la última. Tendrás esta experiencia cada vez más. Cada vez os acercará a ti y al mundo un poco más al día en el que esta experiencia será vuestra para toda la eternidad.

Recordatorios cada hora: Uno o dos minutos, a la hora en punto, (menos si las circunstancias no lo permiten).
Repite la idea y pasa un momento de quietud con ella, buscando entrar en la Presencia de tu Ser. Luego da gracias a Dios por Sus regalos a ti en la hora anterior, y deja que Su Voz te diga lo que Él quiere que hagas en esta hora que viene a continuación.

Comentario

Experiencia y Visión

Hoy me gustaría compartir algunos pensamientos basados principalmente en la Lección 157, pero con algunas referencias a la Lección 158 también. Esta lección introduce una serie de lecciones planeadas para llevarnos al instante santo, que es un objetivo muy importante del Libro de Ejercicios. A partir de este momento, “cada lección, fielmente practicada, te lleva con mayor rapidez a este santo lugar” (3:3).

El Curso habla aquí de una experiencia y de una visión que es el resultado de esa experiencia. El instante santo contiene un instante de conocimiento -algo más allá de la percepción- del que regresamos con la Visión de Cristo en nuestra mente, que podemos ofrecer a todos.

La experiencia de la que aquí se habla es sencillamente entrar en la Presencia de Dios. Es “una manera de sentir distinta y una conciencia diferente” (1:4) en la que “aprender a sentir el júbilo de la vida” (1:6). Se le llama el instante santo. La Lección 157 lo llama “un atisbo del Cielo” (3:1) y un momento en el que se te deja con tu Ser. Es un instante en el que “el mundo se olvida calladamente y el Cielo se recuerda por un tiempo” (6:3). Por un momento abandonamos el tiempo y entramos en la eternidad (3:2). No es algo que nosotros hacemos; el Espíritu Santo, “el Dador de los sueños felices de la vida” y “el Traductor de la percepción a la verdad”, nos conducirá. (8:2).

La visión de la que se habla es el resultado de la experiencia. No es “una visión”, algo que se ve con los ojos del cuerpo, sino “la visión”, una manera de ver. No hablamos de un estado de trance, ni de algunas apariciones en nuestra mente de visiones místicas. Estamos hablando de una manera diferente de ver el mundo, un mecanismo diferente de vista, algo distinto a los sentidos físicos. La religión oriental habla del Tercer Ojo para indicar lo mismo.

Al experimentar el instante santo, hemos despertado una manera diferente de ver. Ese nuevo tipo de visión no desaparece cuando regresamos al mundo (7:1), por así decir. Es sólo una manera de hablar para decir que volvemos. Nunca nos marchamos. O quizá mejor, puesto que el Cielo es lo real y este mundo es la ilusión, nunca vinimos aquí en absoluto. Lo que “regresa” con nosotros, dentro del sueño, es el recuerdo de Dios y del Cielo, el recuerdo de lo que vimos en ese instante santo. Seguimos viendo atisbos de él más allá de la vista del mundo, viendo el “mundo real” más allá del mundo; y más allá del mundo real vemos el Cielo.

Cada (aparentemente separado) instante santo que sentimos, fortalece esta nueva visión, este mecanismo nuevo de ver. Éste es el propósito de las recomendaciones del Libro de Ejercicios para los periodos de meditación diarios por la mañana y por la noche; son sesiones de práctica, ejercicios para desarrollar nuestra nueva visión. Por supuesto, se espera que ejercitemos esta visión constantemente durante el día, para tener varios instantes santos a lo largo del día. Si comparamos esto con aprender un idioma, las sesiones de meditación son como los laboratorios de idiomas y los estudios de gramática. Los ejercicios concentrados del idioma no son un fin en sí mismos sino que están planeados para prepararnos y mejorar nuestras capacidades de hablar y entender cuando salimos fuera y realmente utilizamos el idioma. Del mismo modo, la meditación no es un fin en sí misma. Es un ejercicio para fortalecer nuestra visión espiritual, pero el propósito es salir a la vida diaria y empezar a utilizar esa nueva visión tan a menudo como sea posible.

La Lección 157 dice: “Una experiencia como ésta no se puede transmitir directamente. No obstante, deja en nuestros ojos una visión que podemos ofrecerles a todos” (6:2-3). No puedo darte un instante santo directamente. Puedo hablarte de él, pero tú tienes que hacer tu propio trabajo y tener la experiencia por ti mismo.

Lo que puedo darte u ofrecerte es la nueva visión, la nueva manera de ver el mundo. La visión que todos podemos enseñar, como maestros de Dios “en prácticas”, es la del perdón y el amor dentro del mundo. Puedo enseñarte que es posible ver lo invisible más allá de lo visible, ver la verdad duradera detrás de las nubes de duda, miedo y defensa. Puedo enseñarte a “no ver a nadie como un cuerpo y a saludar a todo el mundo como el Hijo de Dios que es reconociendo que es uno contigo en santidad” (L.158.8:3-4). Al verte sin culpa, te enseño que ver sin culpa es posible.

Y al estar dispuesto a practicar la visión, dispuesto a pedir que se te muestre una manera diferente de ver, llega la experiencia del instante santo.



TEXTO

VII. Cómo compartir la percepción del Espíritu Santo

 

1. ¿Qué deseas? 2Pues en tus manos está poder disponer de la luz o de la oscuridad, del conocimiento o de la ignorancia, pero no de ambas alternativas a la vez. 3Los opuestos deben ponerse uno al lado del otro en vez de mantenerse separados. 4Pues su separa­ción sólo existe en tu mente, y, al igual que tú, se reconcilian al unirse. 5En la unión todo lo que no es real inevitablemente desa­parece, pues la verdad es unión. 6De la misma manera en que la oscuridad desaparece ante la luz, de igual modo la ignorancia se desvanece cuando alborea el conocimiento. 7La percepción es el medio a través del cual se lleva la ignorancia ante el conoci­miento. 8La percepción, no obstante, tiene que estar desprovista de engaño, pues de otra manera se convierte en el mensajero de la ignorancia en vez de en un ayudante en la búsqueda de la verdad.

2. La búsqueda de la verdad no es más que un honesto examen de todo lo que la obstaculiza. 2La verdad simplemente es. 3No se puede perder, buscar ni encontrar. 4Está dondequiera que estés, pues está en tu interior. 5Aun así, puedes reconocerla o pasarla por alto, o bien puede ser real o falsa para ti. 6Si la ocultas, se vuelve irreal para ti por haberla ocultado y haberla revestido de miedo. 7La verdad yace oculta bajo cada piedra angular de miedo sobre la que has erigido tu demente sistema de creencias. 8Pero no puedes saber esto, pues al ocultar la verdad en el miedo, no ves razón alguna para creer que mientras más mires de frente al miedo menos lo verás y más claro se hará lo que oculta.

3. Es imposible convencer a los que no saben de que saben. 2Desde su punto de vista no es verdad que sepan. 3Pero como Dios lo sabe, es verdad. 4Éstos son puntos de vista claramente opuestos acerca de la realidad de los que "no saben". 5Para Dios, no saber es algo imposible. 6No saber, por lo tanto, no es un punto de vista, sino simplemente una creencia en algo que no existe. 7Lo único que les ocurre a los que no saben es que abrigan esa creen­cia, y debido a ello, se equivocan con respecto a sí mismos. 8Se han definido a sí mismos de manera diferente de como fueron crea­dos. 9Su creación no fue un punto de vista, sino una certeza. 10Cuando la incertidumbre se lleva ante la certeza, se abandona toda convicción de que sea real.

4. Hemos estado haciendo hincapié en el hecho de que lo indesea­ble debe llevarse ante lo deseable, y lo que no se desea ante lo que se desea. 2Te darás cuenta de que ésta es la manera de alcanzar la salvación si te detienes a considerar lo que es la disociación. 3La disociación es un proceso de pensamiento distorsionado, en el que se abrigan dos sistemas de creencias que no pueden coexistir. 4Si se pone uno al lado del otro, resulta imposible aceptarlos a los dos. 5Pero si uno de ellos se mantiene oculto del otro, su separa­ción parece mantenerlos vigentes a los dos y hace que parezcan ser igualmente reales. 6Poner uno al lado del otro, por lo tanto, se convierte en motivo de miedo, pues si haces eso, no podrás por menos que dejar de aceptar uno de ellos. 7No puedes quedarte con los dos, pues cada uno supone la negación del otro. 8Si se mantienen separados, este hecho se pierde de vista, pues al estar entonces en lugares diferentes es posible creer firmemente en los dos. 9Ponlos uno al lado del otro, y su absoluta incompatibilidad resultará evidente de inmediato. 10Uno de ellos tiene que desapa­recer porque el otro se ve en el mismo lugar.

5. Cuando una mente cree en la oscuridad y se niega a abando­narla, la luz no puede entrar. 2La verdad no lucha contra la igno­rancia, ni el amor ataca al miedo. 3Lo que no necesita protección no tiene necesidad de defenderse a sí mismo. 4Las defensas son invenciones tuyas. 5Dios las desconoce. 6El Espíritu Santo las usa en favor de la verdad sólo porque tú las inventaste contra ella. 7La percepción que de acuerdo con Sus propósitos Él tiene de ellas, simplemente las transforma en una llamada a lo que has atacado con ellas. 8Las defensas, al igual que todo lo demás que has inventado, tienen que ser transformadas dulcemente en algo beneficioso para ti y ser reinterpretadas por el Espíritu Santo de medios de auto-destrucción a medios de conservación y libera­ción. 9La tarea del Espíritu Santo es imponente, pero el poder de Dios está con Él. 10Llevar a cabo esa tarea, por lo tanto, es algo tan fácil para Él, que se logró en el mismo instante en que se le dio para ti. 11No demores tu retorno la paz preguntándote cómo va a poder Él llevar a cabo lo que Dios le encomendó. 12Deja eso en manos de Uno que sabe. 13No se te pide que lleves a cabo tareas de tal magnitud. 14Se te pide únicamente que hagas lo poco que Él sugiere, confiando tan sólo en que, si Él te lo pide, tú lo puedes hacer. 15Verás cuán fácilmente puedes llevar a cabo todo lo que Él te pida.

6. El Espíritu Santo sólo te pide esto: que lleves ante Él todos los secretos que le hayas ocultado. 2Ábrele todas las puertas y pídele que entre en la oscuridad y la desvanezca con Su luz. 3Si lo invitas, Él entrará gustosamente. 4Y llevará la luz a la oscuridad si le franqueas la entrada a ella. 5Pero Él no puede ver lo que mantienes oculto. 6Él ve por ti, pero a menos que tú mires con Él, Él no puede ver. 7La visión de Cristo no es sólo para Él, sino para ti y para Él. 8Llévale, por lo tanto, todos tus pensamientos tene­brosos y secretos, y contémplalos con Él. 9Él abriga la luz y tú la oscuridad. 10Ambas cosas no pueden coexistir cuando las contempláis juntos. 11Su juicio prevalecerá, y Él te lo ofrecerá cuando unas tu percepción a la Suya.

7. Uniéndote a Su manera de ver es como aprendes a compartir con Él la interpretación de la percepción que conduce al conoci­miento. 2Por tu cuenta no puedes ver. 3Compartir la percepción con Aquel que Dios te ha dado te enseña a reconocer lo que ves. 4Es el reconocimiento de que ninguna cosa que ves significa nada por sí sola. 5Ver con Él te mostrará que todo significado, inclu­yendo el tuyo, no procede de una visión doble, sino de la dulce fusión de todas las cosas en un solo significado, una sola emoción y un solo propósito 6Dios tiene un solo Propósito, y lo comparte contigo. 7La única visión que el Espíritu Santo te ofrece brindará esta unicidad a tu mente con una claridad y una luminosidad tan intensas que por nada del mundo dejarías de aceptar lo que Dios quiere que tengas. 8Contempla tu voluntad, y acepta que es la Suya, y que todo Su Amor es tuyo. 9¡Que todo honor se te rinda ti a través del Espíritu Santo, y, a través de Él, a Dios!






martes, 6 de junio de 2017

6 JUNIO: En Su Presencia he de estar ahora.


AUDIOLIBRO





EJERCICIOS


LECCION 157

En Su Presencia he de estar ahora.


1. Éste es un día de silencio y de fe. 2Es un tiempo especial y muy prometedor en el calendario de tus días. 3Es un tiempo que el Cielo ha reservado para rillar sobre él y verter una luz perenne en la que se oyen ecos de la eternidad. 4Este día es santo, pues anuncia una nueva experiencia; una manera de sentir distinta y una conciencia diferente. 5Son muchos los días y las noches que te has pasado celebrando la muerte. 6Hoy vas a aprender a sentir el júbilo de la vida.

2. Éste es otro punto decisivo en el plan de estudios. 2Añadimos ahora una nueva dimensión: otra clase de experiencia que arroja una nueva luz sobre todo lo que ya hemos aprendido y nos pre­para para lo que todavía nos queda por aprender. 3Nos lleva a las puertas donde finaliza el aprendizaje y donde captamos un atisbo de lo que se encuentra mucho más allá de lo que el aprendizaje puede lograr. 4Nos deja aquí por un instante, y nosotros seguimos adelante, seguros de nuestro rumbo y de nuestro único objetivo.

3. Hoy se te concederá tener un atisbo del Cielo, aunque regresa­rás nuevamente a las sendas del aprendizaje. 2Tu progreso, no obstante, ha sido tal que puedes alterar el tiempo lo suficiente como para poder superar sus leyes y adentrarte en la eternidad por un rato. 3Aprender a hacer esto te resultará cada vez más fácil, a medida que cada lección, fielmente practicada, te lleve con mayor rapidez a este santo lugar y te deje, por un momento, con tu Ser.

4. Él dirigirá tu práctica hoy, pues lo que estás pidiendo ahora es lo que Su Voluntad dispone. 2Y al haber unido tu voluntad a la Suya en este día, es imposible que no se te conceda lo que estás pidiendo. 3No necesitas más que la idea de hoy para iluminar tu mente y dejar que descanse en tranquila expectación y en sereno gozo, desde los cuales dejas atrás rápidamente al mundo.

5. A partir de hoy, tu ministerio adquirirá un genuino fervor y una luminosidad que se transmitirá desde tus dedos hasta aquellos a quienes toques, y que bendecirá a todos los que contemples. 2Una visión llegará a todos aquellos con quienes te encuentres, a todos aquellos en quienes pienses y a todos aquellos que piensen en ti. 3Pues la experiencia que has de tener hoy transformará tu mente de tal manera que se convertirá en la piedra de toque de los santos Pensamientos de Dios.

6. Tu cuerpo será santificado hoy, al ser su único propósito ahora iluminar el mundo con la visión de lo que has de experimentar en este día. 2Una experiencia como ésta no se puede transmitir directamente. 3No obstante, deja en nuestros ojos una visión que podemos ofrecerles a todos, para que puedan tener lo antes posi­ble la misma experiencia en la que el mundo se olvida callada­mente y el Cielo se recuerda por un tiempo.

7. A medida que esta experiencia se intensifica y todos tus objeti­vos excepto éste dejan de ser importantes, el mundo al que retor­nas se acerca cada vez más al final del tiempo, se asemeja un poco más al Cielo en todo y se aproxima un poco más a su libera­ción. 2Y tú que le brindas luz podrás ver la luz con más certeza; la visión con mayor nitidez. 3Mas llegará un momento en que no retornarás con la misma forma en la que ahora apareces, pues ya no tendrás más necesidad de ella. 4Pero ahora tiene un propósito, y lo cumplirá debidamente.

8. Hoy nos embarcamos en un viaje con el que jamás has soñado. 2Pero el Santísimo, el Dador de los sueños felices de la vida, el Traductor de la percepción a la verdad, el santo Guía al Cielo que se te ha dado, ha soñado por ti esta jornada que emprendes y das comienzo hoy, con la experiencia que este día te ofrece para que sea tuya.    

       
9. En la Presencia de Cristo hemos de estar ahora, serenamente inconscientes de todo excepto de Su radiante faz y de Su Amor perfecto. 2La visión de Su faz estará contigo, pero llegará un ins­tante que transcenderá toda visión, incluida ésta, la más sagrada. 3Esto es algo que jamás podrás enseñar porque no lo adquiriste a través del aprendizaje. 4No obstante, la visión habla del recuerdo de lo que supiste en ese instante, y de lo que, sin duda, habrás de saber de nuevo.




Instrucciones para la práctica

Propósito: Conducirnos a nuestra primera experiencia directa del Cielo. Éste es un día santo, un punto decisivo en el programa de estudios, el comienzo de un nuevo viaje. Hoy empezará tu ministerio. Tu único propósito ahora será llevar al mundo la visión que refleja lo que sientes hoy. Y se te dará poder para tocar a todos con esa visión.

Tiempo de quietud por la mañana/noche: Por lo menos cinco minutos; lo ideal es treinta minutos o más.

  • Acércate a esta práctica con un sentido de santidad, pues estás intentando pasar más allá del velo del mundo y entrar en el Cielo.
  • Repite la idea (puedes repetirla una y otra vez), y déjala que te sumerja en ese profundo lugar de tu mente, el lugar de quietud y descanso.
  • Luego espera allí “en tranquila expectación y en sereno gozo” (4:3), la experiencia que se te ha prometido. Confía en que tu Ser te llevará a donde necesitas ir. Él elevará tu mente a las más elevadas cimas de la percepción, a la más santa visión posible. Aquí, a “las puertas donde finaliza el aprendizaje” (2:3), te detendrás un momento, y luego atravesarás la entrada a la eternidad. Irás más allá de toda forma y por poco tiempo entrarás al Cielo.

Hoy se pretende que sea tu primera experiencia de lo que el Texto llama revelación: unión directa con Dios y con tu Ser. Si sucede (y la lección de mañana parece reconocer el hecho de que puede que no; ver L.158.11:1), no será la última. Tendrás esta experiencia cada vez más. Cada vez os acercará a ti y al mundo un poco más al día en el que esta experiencia será vuestra para toda la eternidad.

Recordatorios cada hora: Uno o dos minutos, a la hora en punto, (menos si las circunstancias no lo permiten).
Repite la idea y pasa un momento de quietud con ella, buscando entrar en la Presencia de tu Ser. Luego da gracias a Dios por Sus regalos a ti en la hora anterior, y deja que Su Voz te diga lo que Él quiere que hagas en esta hora que viene a continuación.

Comentario

Experiencia y Visión

Hoy me gustaría compartir algunos pensamientos basados principalmente en la Lección 157, pero con algunas referencias a la Lección 158 también. Esta lección introduce una serie de lecciones planeadas para llevarnos al instante santo, que es un objetivo muy importante del Libro de Ejercicios. A partir de este momento, “cada lección, fielmente practicada, te lleva con mayor rapidez a este santo lugar” (3:3).

El Curso habla aquí de una experiencia y de una visión que es el resultado de esa experiencia. El instante santo contiene un instante de conocimiento -algo más allá de la percepción- del que regresamos con la Visión de Cristo en nuestra mente, que podemos ofrecer a todos.

La experiencia de la que aquí se habla es sencillamente entrar en la Presencia de Dios. Es “una manera de sentir distinta y una conciencia diferente” (1:4) en la que “aprender a sentir el júbilo de la vida” (1:6). Se le llama el instante santo. La Lección 157 lo llama “un atisbo del Cielo” (3:1) y un momento en el que se te deja con tu Ser. Es un instante en el que “el mundo se olvida calladamente y el Cielo se recuerda por un tiempo” (6:3). Por un momento abandonamos el tiempo y entramos en la eternidad (3:2). No es algo que nosotros hacemos; el Espíritu Santo, “el Dador de los sueños felices de la vida” y “el Traductor de la percepción a la verdad”, nos conducirá. (8:2).

La visión de la que se habla es el resultado de la experiencia. No es “una visión”, algo que se ve con los ojos del cuerpo, sino “la visión”, una manera de ver. No hablamos de un estado de trance, ni de algunas apariciones en nuestra mente de visiones místicas. Estamos hablando de una manera diferente de ver el mundo, un mecanismo diferente de vista, algo distinto a los sentidos físicos. La religión oriental habla del Tercer Ojo para indicar lo mismo.

Al experimentar el instante santo, hemos despertado una manera diferente de ver. Ese nuevo tipo de visión no desaparece cuando regresamos al mundo (7:1), por así decir. Es sólo una manera de hablar para decir que volvemos. Nunca nos marchamos. O quizá mejor, puesto que el Cielo es lo real y este mundo es la ilusión, nunca vinimos aquí en absoluto. Lo que “regresa” con nosotros, dentro del sueño, es el recuerdo de Dios y del Cielo, el recuerdo de lo que vimos en ese instante santo. Seguimos viendo atisbos de él más allá de la vista del mundo, viendo el “mundo real” más allá del mundo; y más allá del mundo real vemos el Cielo.

Cada (aparentemente separado) instante santo que sentimos, fortalece esta nueva visión, este mecanismo nuevo de ver. Éste es el propósito de las recomendaciones del Libro de Ejercicios para los periodos de meditación diarios por la mañana y por la noche; son sesiones de práctica, ejercicios para desarrollar nuestra nueva visión. Por supuesto, se espera que ejercitemos esta visión constantemente durante el día, para tener varios instantes santos a lo largo del día. Si comparamos esto con aprender un idioma, las sesiones de meditación son como los laboratorios de idiomas y los estudios de gramática. Los ejercicios concentrados del idioma no son un fin en sí mismos sino que están planeados para prepararnos y mejorar nuestras capacidades de hablar y entender cuando salimos fuera y realmente utilizamos el idioma. Del mismo modo, la meditación no es un fin en sí misma. Es un ejercicio para fortalecer nuestra visión espiritual, pero el propósito es salir a la vida diaria y empezar a utilizar esa nueva visión tan a menudo como sea posible.

La Lección 157 dice: “Una experiencia como ésta no se puede transmitir directamente. No obstante, deja en nuestros ojos una visión que podemos ofrecerles a todos” (6:2-3). No puedo darte un instante santo directamente. Puedo hablarte de él, pero tú tienes que hacer tu propio trabajo y tener la experiencia por ti mismo.

Lo que puedo darte u ofrecerte es la nueva visión, la nueva manera de ver el mundo. La visión que todos podemos enseñar, como maestros de Dios “en prácticas”, es la del perdón y el amor dentro del mundo. Puedo enseñarte que es posible ver lo invisible más allá de lo visible, ver la verdad duradera detrás de las nubes de duda, miedo y defensa. Puedo enseñarte a “no ver a nadie como un cuerpo y a saludar a todo el mundo como el Hijo de Dios que es reconociendo que es uno contigo en santidad” (L.158.8:3-4). Al verte sin culpa, te enseño que ver sin culpa es posible.

Y al estar dispuesto a practicar la visión, dispuesto a pedir que se te muestre una manera diferente de ver, llega la experiencia del instante santo.




TEXTO


VI. La luz de la comunicación


1. La jornada que juntos emprendemos es el intercambio de la oscuridad por la luz, y el de la ignorancia por el entendimiento. 2Nada que entiendas puede ser temible. 3Es sólo en la oscuridad y en la ignorancia donde percibes lo aterrador, y huyes de ello para sumirte en una oscuridad todavía más tenebrosa. 4Mas sólo lo que está oculto puede aterrorizar, no por lo que es intrín­secamente, sino por el hecho de estar oculto. 5Lo tenebroso es aterrador porque no comprendes su significado. 6Si lo comprendieses estaría claro para ti, y ya no estarías en la oscuridad. 7Nada tiene un valor oculto, pues lo que está oculto no puede ser compartido, y por lo tanto, se desconoce su valor. 8Lo que está oculto se mantiene aparte, pero el valor de algo reside siempre en el aprecio que se le da conjuntamente. 9Lo que está oculto no puede ser amado, y, así, sólo puede ser temido.

2. La serena luz en la que el Espíritu Santo mora dentro de ti es sencillamente una luz donde todo está al descubierto, donde no hay nada oculto, y, por ende, donde no hay nada que temer. 2El ataque siempre cederá ante el amor si se lleva ante éste y no se mantiene oculto de él. 3No hay tinieblas que la luz del amor no pueda disipar, a menos que se mantengan. ocultas de la influencia benéfica del amor. 4Lo que se mantiene fuera del alcance del amor no puede compartir su poder curativo, pues ha sido separado de él y se ha mantenido en la oscuridad. 5Los centinelas de la oscu­ridad la vigilan celosamente, y tú, que fabricaste de la nada a esos guardianes de lo ilusorio, tienes ahora miedo de ellos.

3. ¿Vas a continuar otorgándole un poder imaginario a esas extra­ñas ideas de seguridad? 2No son ni seguras ni inseguras. 3No Pro­tegen ni tampoco atacan. 4No hacen nada en absoluto, pues no son nada en absoluto. 5En cuanto que guardianes de las tinieblas y de la ignorancia no recurras a ellas a no ser que quieras sentir miedo, pues lo que mantienen en la oscuridad es temible. 6Abandónalas, y lo que era temible dejará de serlo. 7Sin la protección de la oscu­ridad, lo único que queda es la luz del amor, pues sólo éste tiene significado y sólo él puede vivir en la luz. 8Todo lo demás no puede sino desaparecer.

4. La muerte cede ante la vida, simplemente porque la destruc­ción no es verdad. 2La luz de la inocencia desvanece la culpabili­dad con su fulgor porque cuando se pone una al lado de la otra, la verdad de una hace que la falsedad de la otra resulte perfecta­mente evidente. 3No mantengas la culpabilidad separada de la inocencia, pues tu creencia de que puedes conservar las dos es una absurdidez. 4Lo único que has hecho al mantenerlas separa­das es perder el significado de ambas al confundir la una con la otra. 5así, no te das cuenta de que sólo una de ellas tiene sen­tido. 6La otra no tiene sentido en absoluto.

5. Tú has considerado la separación como un medio de interrum­pir la comunicación con tu Padre. 2El Espíritu Santo la reinter­preta como un medio, de re-establecer lo que nunca se inte­rrumpió, pero sí se había velado. 3Él puede valerse de todo lo que has fabricado para Su santísimo propósito. 4Él sabe que tú no estás separado de Dios, pero percibe muchas cosas en tu mente que te hacen pensar que lo estás. 5De eso, y sólo de eso, es de lo que Él desea apartarte. 6Él te enseñará cómo usar en tu favor tu poder de decisión, que tú concebiste para sustituir tu poder creador. 7Tú que concebiste el poder de decisión para crucificarte a ti mismo, tienes que aprender del Espíritu Santo cómo utili­zarlo en beneficio de la santa causa de la restauración.

6. Tú que hablas haciendo uso de símbolos turbios y engañosos no entiendes el lenguaje que has inventado. 2No tiene sentido, pues su propósito no es facilitar la comunicación, sino interrum­pirla. 3Si el propósito del lenguaje es facilitar la comunicación, ¿cómo puede tener sentido dicha lengua? 4Mas incluso este extraño y tergiversado esfuerzo de querer comunicar no comuni­cando, contiene suficiente amor como para hacer que tenga sen­tido si su intérprete no es su hacedor. 5Tú que la inventaste sólo estás expresando conflictos, y el Espíritu Santo quiere liberarte de ellos. 6Pon en Sus manos lo que quieres comunicar. 7Él lo inter­pretará con perfecta claridad, pues sabe con Quién estás en per­fecta comunicación.

7. No sabes lo que dices, y, por lo tanto, no sabes lo que se te dice, 2pero tu Intérprete se da cuenta de lo que quieres decir en tu extraño lenguaje. 3Él no intentará comunicar lo que no tiene sen­tido, sino que separará todo lo que lo tiene, descartando el resto, y les transmitirá a aquellos que verdaderamente quieran comuni­carse contigo lo que en verdad quieres comunicarles. 4Hablas dos lenguajes al mismo tiempo, lo cual no puede sino ser algo ininte­ligible. 5Mas si uno de ellos no tiene sentido y el otro lo tiene, sólo este último. puede utilizarse para la comunicación. 6El otro no haría sino obstruirla.

8. La única función del Espíritu Santo es facilitar la comunicación. 2Para poder restablecerla, por consiguiente, tiene que eliminar todo lo que la obstaculizaría. 3No le ocultes nada, por lo tanto, que pudiera obstaculizarla, pues Él no atacará a tus centinelas. 4Sim­plemente llévalos ante Él, y permite que Su dulzura te muestre que en la luz no son temibles y que no pueden servir de guardia­nes de las tenebrosas puertas tras las cuales no hay nada que se encuentre celosamente oculto. 5Abramos todas las puertas y deje­mos que la luz entre a raudales. 6En el templo de Dios no hay recintos secretos. 7Sus puertas están abiertas de par en par para recibir a Su Hijo. 8Nadie puede dejar de acudir allí donde Dios lo ha llamado, a menos que él mismo le dé la espalda a la bienvenida que le extiende su Padre.



lunes, 6 de junio de 2016

6 JUNIO: En Su Presencia he de estar ahora


AUDIOLIBRO



EJERCICIOS


LECCION 157

En Su Presencia he de estar ahora.


1. Éste es un día de silencio y de fe. 2Es un tiempo especial y muy prometedor en el calendario de tus días. 3Es un tiempo que el Cielo ha reservado para rillar sobre él y verter una luz perenne en la que se oyen ecos de la eternidad. 4Este día es santo, pues anuncia una nueva experiencia; una manera de sentir distinta y una conciencia diferente. 5Son muchos los días y las noches que te has pasado celebrando la muerte. 6Hoy vas a aprender a sentir el júbilo de la vida.

2. Éste es otro punto decisivo en el plan de estudios. 2Añadimos ahora una nueva dimensión: otra clase de experiencia que arroja una nueva luz sobre todo lo que ya hemos aprendido y nos pre­para para lo que todavía nos queda por aprender. 3Nos lleva a las puertas donde finaliza el aprendizaje y donde captamos un atisbo de lo que se encuentra mucho más allá de lo que el aprendizaje puede lograr. 4Nos deja aquí por un instante, y nosotros seguimos adelante, seguros de nuestro rumbo y de nuestro único objetivo.

3. Hoy se te concederá tener un atisbo del Cielo, aunque regresa­rás nuevamente a las sendas del aprendizaje. 2Tu progreso, no obstante, ha sido tal que puedes alterar el tiempo lo suficiente como para poder superar sus leyes y adentrarte en la eternidad por un rato. 3Aprender a hacer esto te resultará cada vez más fácil, a medida que cada lección, fielmente practicada, te lleve con mayor rapidez a este santo lugar y te deje, por un momento, con tu Ser.

4. Él dirigirá tu práctica hoy, pues lo que estás pidiendo ahora es lo que Su Voluntad dispone. 2Y al haber unido tu voluntad a la Suya en este día, es imposible que no se te conceda lo que estás pidiendo. 3No necesitas más que la idea de hoy para iluminar tu mente y dejar que descanse en tranquila expectación y en sereno gozo, desde los cuales dejas atrás rápidamente al mundo.

5. A partir de hoy, tu ministerio adquirirá un genuino fervor y una luminosidad que se transmitirá desde tus dedos hasta aquellos a quienes toques, y que bendecirá a todos los que contemples. 2Una visión llegará a todos aquellos con quienes te encuentres, a todos aquellos en quienes pienses y a todos aquellos que piensen en ti. 3Pues la experiencia que has de tener hoy transformará tu mente de tal manera que se convertirá en la piedra de toque de los santos Pensamientos de Dios.

6. Tu cuerpo será santificado hoy, al ser su único propósito ahora iluminar el mundo con la visión de lo que has de experimentar en este día. 2Una experiencia como ésta no se puede transmitir directamente. 3No obstante, deja en nuestros ojos una visión que podemos ofrecerles a todos, para que puedan tener lo antes posi­ble la misma experiencia en la que el mundo se olvida callada­mente y el Cielo se recuerda por un tiempo.

7. A medida que esta experiencia se intensifica y todos tus objeti­vos excepto éste dejan de ser importantes, el mundo al que retor­nas se acerca cada vez más al final del tiempo, se asemeja un poco más al Cielo en todo y se aproxima un poco más a su libera­ción. 2Y tú que le brindas luz podrás ver la luz con más certeza; la visión con mayor nitidez. 3Mas llegará un momento en que no retornarás con la misma forma en la que ahora apareces, pues ya no tendrás más necesidad de ella. 4Pero ahora tiene un propósito, y lo cumplirá debidamente.

8. Hoy nos embarcamos en un viaje con el que jamás has soñado. 2Pero el Santísimo, el Dador de los sueños felices de la vida, el Traductor de la percepción a la verdad, el santo Guía al Cielo que se te ha dado, ha soñado por ti esta jornada que emprendes y das comienzo hoy, con la experiencia que este día te ofrece para que sea tuya.    

       
9. En la Presencia de Cristo hemos de estar ahora, serenamente inconscientes de todo excepto de Su radiante faz y de Su Amor perfecto. 2La visión de Su faz estará contigo, pero llegará un ins­tante que transcenderá toda visión, incluida ésta, la más sagrada. 3Esto es algo que jamás podrás enseñar porque no lo adquiriste a través del aprendizaje. 4No obstante, la visión habla del recuerdo de lo que supiste en ese instante, y de lo que, sin duda, habrás de saber de nuevo.





TEXTO

IV. Tu papel en la Expiación

 

1. Cuando aceptas la inocencia de un hermano ves la Expiación en él. 2Pues al proclamarla en él haces que sea tuya y ves lo que buscabas. 3Mas no verás el símbolo de la inocencia de tu hermano refulgiendo en él mientras todavía creas que no se encuentra en él. 4Su inocencia es tu Expiación. 5Concédesela, y te darás cuenta de la verdad de lo que has reconocido. 6No obstante, para que la verdad pueda ser recibida, tiene primero que ofrecerse, del mismo modo en que Dios se la dio primero a Su Hijo. 7El primero en el tiempo no significa nada, pero el Primero en la eternidad es Dios el Padre, Quien es a la vez Primero y Uno. 8Más allá del Primero no hay ningún otro, pues no hay ninguna secuencia, ni segundo ni tercero, ni nada excepto el Primero.

2. Tú que perteneces a la Primera Causa, que fuiste creado por Él a Su Semejanza y como parte de Él, eres mucho más que simple­mente inocente. 2El estado de inocencia es sólo la condición en la que lo que nunca estuvo ahí ha sido eliminado de la mente pertur­bada que pensó que sí estaba ahí. 3Ese estado, y sólo ese estado, es lo que tienes que alcanzar, con Dios a tu lado. 4Pues hasta que no lo alcances, seguirás creyendo que estás separado de Él. 5Tal vez sientas Su Presencia a tu lado, pero no podrás saber que eres uno con Él. 6Esto no se puede enseñar. 7El aprendizaje se ocupa única­mente de la condición en la que ello ocurre por su cuenta.

3. Cuando hayas permitido que todo lo que empaña a la verdad en tu santísima mente sea des-hecho y, consecuentemente, te alces en gracia ante tu Padre, Él se dará a Sí Mismo a ti como siempre lo ha hecho. 2Darse a Sí Mismo es lo único que Él sabe, y así, todo conocimiento consiste en eso. 3Pues lo que Él desconoce no existe, y, por consiguiente, no se puede dar. 4No pidas ser perdonado, pues eso ya se te concedió. 5Pide, más bien, cómo aprender a per­donar y a restituir en tu mente inmisericorde lo que siempre ha sido. 6La Expiación se vuelve real y visible para los que la ponen en práctica. 7Esa es tu única función en la tierra, y debes aprender que eso es lo único que te interesa aprender. 8Hasta que no lo aprendas te sentirás culpable, 9pues en última instancia y sea cual fuere la forma en que tu culpabilidad se manifieste, ésta procede de no llevar a cabo tu función en la Mente de Dios con toda tu mente. 10¿Cómo ibas a poder escapar de esa culpabilidad si dejas de cumplir tu función aquí?

4. No tienes que comprender lo que es la creación para hacerlo que tienes que hacer antes de que ese conocimiento cobre sentido para ti. 2Dios no rompe barreras, pues no las creó. 3Cuando las abandonas, desaparecen. 4Dios no puede fracasar, pues jamás ha fracasado en nada. 5Decide que Dios está en lo cierto con respecto a ti, y que eres tú el que está equivocado. 6Él te creó de Sí Mismo, si bien, dentro de Sí Mismo. 7Él sabe lo que eres. 8Recuerda que no hay alternativa a Él. 9No puede haber nadie, por lo tanto, que no goce de Su Santidad, ni nadie que no merezca Su perfecto Amor. 10No dejes de llevar a cabo tu función de amar en un lugar falto de amor que fue engendrado de las tinieblas y el engaño, pues así es como se deshacen las tinieblas y el engaño. 11No te falles a ti mismo, antes bien, ofrécele a Dios y a ti mismo Su irreprochable Hijo. 12A cambio de este pequeño regalo de aprecio por Su Amor, Dios Mismo intercambiará tu regalo por el Suyo.

5. Antes de tomar cualquier decisión por tu cuenta, recuerda que ya has decidido ir en contra de tu función en el Cielo, y luego reflexiona detenidamente acerca de si quieres tomar decisiones aquí. 2Tu única función aquí es decidir en contra de decidir qué es lo que quieres, reconociendo que no lo sabes. 3¿Cómo ibas a poder, entonces, decidir qué es lo que debes hacer? 4Deja todas las decisiones en manos de Uno que habla por Dios y a favor de tu función tal como Él la conoce. 5De este modo, Él te enseñará a eliminar la tremenda carga que te has echado encima al no amar al Hijo de Dios y al tratar de enseñarle culpabilidad en vez de amor. 6Abandona ese frenético y demente afán que te priva del gozo de vivir con tu Dios y Padre, y de despertar felizmente a Su Amor y a Su Santidad, las cuales, conjuntamente, constituyen lo que es verdad en ti y hacen que seas uno con Él.

6. Una vez que has aprendido a decidir con Dios, tomar decisio­nes se vuelve algo tan fácil y natural como respirar. 2No requiere ningún esfuerzo, y se te conducirá tan tiernamente como si te es tuviesen llevando en brazos por un plácido sendero en un día de verano. 3Decidir parece ser algo difícil debido únicamente a tu propia volición. 4El Espíritu Santo no se demorará en contestar cada pregunta que le hagas con respecto lo que debes hacer. 5Él lo sabe. 6El te lo dirá y luego lo hará por ti, 7Y tú, que estás can­sado, verás que ello es más reparador que dormir, 8pues puedes llevar tu culpabilidad a tus sueños, pero no ahí.

7. A menos que seas inocente no puedes conocer a Dios, cuya Voluntad es que lo conozcas. 2Por lo tanto, tienes que ser inocente. 3Mas si no aceptas las condiciones necesarias para saberlo, es que has negado a Dios y no lo reconoces, si bien, te rodea por todas partes. 4A Dios no se le puede conocer sin Su Hijo, cuya inocencia es la condición en la que se le puede conocer. 5Aceptar que Su Hijo es culpable es una negación del Padre tan absoluta que impide que el conocimiento pueda ser reconocido por la misma mente en la que Dios Mismo lo depositó. 6¡Si tan sólo escuchases y te dieses cuenta de cuán absolutamente imposible es esto! 7No dotes a Dios de atributos que tú comprendes. 8Tú no lo creaste, y cualquier cosa que comprendas no forma parte de Él.

8. Tu tarea no es construir la realidad. 2La realidad está aquí sin que tú la hayas tenido que construir, pero no sin ti. 3Tú que has tratado de renunciar a ti mismo y que tan poco has valorado Dios, escúchame hablar en favor de ti y de É: 4No puedes com­prender cuánto te ama tu Padre, pues en tu experiencia mundana no hay paralelo que te pueda ayudar a comprenderlo. 5En la tie­rra no hay nada comparable, ni nada que jamás hayas sentido aparte de Él se parece en lo más mínimo a Su Amor. 6Tú no pue­des ni siquiera dar una bendición con perfecta dulzura. 7¿No te gustaría conocer a Uno que da para siempre, y que lo único que sabe es dar?        

9. Los Hijos del Cielo viven en la luz de la bendición de su Padre, pues saben que están libres de pecado. 2La Expiación fue estable­cida como un medio de restaurar la inocencia en las mentes que la habían negado, y que, por lo tanto, se habían negado el Cielo sí mismas. 3La Expiación te muestra la verdadera condición del Hijo de Dios. 4No te enseña lo que eres, o lo que tu Padre es5El Espí­ritu Santo, que lo recuerda por ti, te enseña sencillamente a elimi­nar los obstáculos que se interponen entre ti y lo que sabes. 6Su memoria es tuya. 7Si recuerdas lo que has fabricado estarás recordando lo que no es nada. 8El recuerdo de la realidad se encuentra en Él, y, por lo tanto, en ti.

10. Los culpables y los inocentes son totalmente incapaces de entenderse entre sí. 2Cada uno percibe al otro diferente de como se percibe sí mismo, lo cual impide que pueda haber comunica­ción entre ellos, pues cada uno ve al otro de modo distinto de como se ve a sí mismo. 3Dios sólo se puede comunicar con el Espíritu Santo en tu mente porque sólo Él comparte el conoci­miento de lo que tú eres con Dios. 4sólo el Espíritu Santo puede contestarle a Dios por ti porque sólo Él sabe lo que es Dios. 5Todo lo demás que has puesto dentro de tu mente no existe, pues, lo que no está en comunicación con la Mente de Dios jamás ha exis­tido. 6La  comunicación con Dios es vida. 7Sin ella nada puede existir en absoluto.