DESPERTAR AL AMOR

martes, 13 de febrero de 2018

13 FEBRERO: Dios es la luz en la que veo.

AUDIOLIBRO



EJERCICIO


LECCION 44


Dios es la luz en la que veo.


1. Hoy continuamos con la idea de ayer, agregándole otra dimen­sión. 2No puedes ver en la oscuridad, y no puedes fabricar luz. 3Puedes fabricar oscuridad y luego pensar que ves en ella, pero la luz refleja vida, y es, por lo tanto, un aspecto de la creación. 4La creación y la oscuridad no pueden coexistir, pero la luz y la vida son inseparables, pues no son sino diferentes aspectos de la crea­ción.

2. Para poder ver, tienes que reconocer que la luz se encuentra en tu interior y no afuera. 2No puedes ver fuera de ti, ni tampoco se encuentra fuera de ti el equipo que necesitas para poder ver. 3Una parte esencial de ese equipo es la luz que hace posible el que puedas ver. 4Esa luz está siempre contigo, haciendo que la visión sea posible en toda circunstancia.

3. Hoy vamos a intentar llegar hasta esa luz. 2Para tal fin, utiliza­remos una forma de ejercicio que ya se sugirió anteriormente, y que vamos a utilizar cada vez más. 3Dicha forma de ejercicio es especialmente difícil para la mente indisciplinada y representa uno de los objetivos principales del entrenamiento mental. 4Requiere precisamente lo que le falta a la mente sin entrenar. 5Con todo, si has de ver, dicho entrenamiento tiene que tener lugar.

4. Lleva a cabo como mínimo tres sesiones de práctica hoy, cada una de tres a cinco minutos de duración. 2Recomendamos enfáti­camente que les dediques más tiempo, pero únicamente si notas que el tiempo pasa sin que experimentes ninguna sensación de tensión o muy poca. 3La forma de práctica que vamos a utilizar hoy es la más natural y fácil del mundo para la mente entrenada, tal como parece ser la más antinatural y difícil para la mente sin entrenar.

5. Tu mente ya no está completamente sin entrenar. 2Estás bas­tante listo para aprender la forma de ejercicio que vamos a utili­zar hoy, pero es posible que te topes con una gran resistencia. 3La razón es muy simple. 4Al practicar de esta manera, te desprendes de todo lo que ahora crees y de todos los pensamientos que has inventado. 5Propiamente dicho, esto constituye tu liberación del infierno. 6Sin embargo, si se percibe a través de los ojos del ego, es una pérdida de identidad y un descenso al infierno.

6. Si te puedes apartar del ego, aunque sólo sea un poco, no ten­drás dificultad alguna en reconocer que su oposición y sus miedos no significan nada. 2Tal vez te resulte útil recordarte a ti mismo de vez en cuando, que alcanzar la luz es escapar de la oscuridad, independientemente de lo que creas al contrario. 3Dios es la luz en la que ves. 4Estás intentando llegar a Él.

7. Da comienzo a la sesión de práctica repitiendo la idea de hoy con los ojos abiertos, luego ciérralos lentamente mientras repites la idea varias veces más. 2Trata entonces de sumergirte en tu mente, abandonando cualquier clase de interferencia e intrusión a medida que te sumerges serenamente más allá de ellas. 3No hay nada, excepto tú, que pueda impedirle a tu mente hacer esto. 4Tu mente está sencillamente siguiendo su curso natural. 5Trata de observar los pensamientos que te vengan sin involucrarte con ninguno de ellos, y pásalos de largo tranquilamente.

8. Si bien no se recomienda ningún enfoque en particular para esta forma de ejercicio, sí es necesario que te des cuenta de cuán importante es lo que estás haciendo, el inestimable valor que ello tiene para ti, así como que seas consciente de que estás inten­tando hacer algo muy sagrado. 2La salvación es el más feliz de todos tus logros. 3Es asimismo el único que tiene sentido porque es el único que tiene verdadera utilidad para ti.

9. Si experimentas cualquier clase de resistencia, haz una pausa lo suficientemente larga como para poder repetir la idea de hoy con los ojos cerrados, a no ser que notes que tienes miedo. 2En ese caso es probable que abrir los ojos brevemente te haga sentir más tranquilo. 3Trata, sin embargo, de reanudar los ejercicios con los ojos cerrados tan pronto como puedas.

10. Si estás haciendo los ejercicios correctamente, deberías experi­mentar una cierta sensación de relajación, e incluso sentir que te estás aproximando a la luz o de hecho adentrándote en ella. 2Trata de pensar en la luz, sin forma y sin límites, según pasas de largo los pensamientos de este mundo. 3Y no te olvides de que no te pueden atar a él a no ser que tú les des el poder de hacerlo. 

11. Durante el transcurso del día, repite la idea a menudo con los ojos abiertos o cerrados, como mejor te parezca en su momento. 2Pero no te olvides de repetirla. 3Sobre todo, decídete hoy a no olvidarte.



Instrucciones para la práctica

Propósito: Ponerte en contacto con la luz dentro de ti, que te permite ver con la verdadera visión.

Ejercicios más largos: Al menos 3 veces, de tres a cinco minutos (se recomienda más tiempo si no produce tensión). 

  • Repite la idea, luego cierra los ojos lentamente, repitiendo la idea varias veces más. 
  • El resto de la práctica requiere que te sumerjas dentro de tu mente. Me resulta útil pensar en este sumergirse como que tiene tres aspectos:

1. Baja para abajo y hacia dentro, dejando a un lado tus pensamientos de la superficie y en dirección hacia la luz de Dios muy profundo dentro de tu mente. Mientras haces esto, “trata de pensar en la luz, sin forma y sin límites” (10:2). Si tu meditación tiene éxito, experimentarás una sensación de aproximarte o incluso entrar en ella.

2. No te permitas distracciones. Esto es importantísimo. Mientras pasas de largo tus pensamientos, obsérvalos sin darles importancia, “y pásalos de largo tranquilamente” (7:5). No tienen poder para retenerte. Si aparece resistencia, repite la idea. Si surge miedo, abre los ojos brevemente y repite la idea. Luego vuelve al ejercicio.

3. Mantén en la mente una actitud de que lo que estás haciendo es algo muy importante, de un valor incalculable, y que es muy sagrado. Esta actitud es más importante que los detalles de la técnica.

Observaciones: Éste es el segundo ejercicio de meditación del Libro de Ejercicios (el primero fue la Lección 41), y puedes ver la inmensa importancia que se le da aquí, especialmente en los párrafos 3-5. Puede que nos resistamos a esta práctica, porque requiere una disciplina que nuestra mente todavía no tiene, y porque significa abandonar nuestros pensamientos del ego y las creencias que hay detrás. Pero éstas son las verdaderas razones por las que esta práctica es tan importante.

Recordatorios frecuentes: Frecuentes; estate completamente decidido a no olvidarte.
Repite la idea con los ojos abiertos o cerrados, como mejor te parezca.


Comentario

El primer párrafo presenta una imagen bastante sorprendente de lo que es este mundo que vemos. Dice que nosotros hicimos la obscuridad, y luego pensamos que podíamos ver en ella. “Para poder ver tienes que reconocer que la luz se encuentra en tu interior y no afuera. No puedes ver fuera de ti, ni tampoco se encuentra fuera de ti el equipo que necesitas para poder ver” (2:1-2). Lo que llamamos luz no es verdadera luz. La luz no está fuera de nosotros, sino que está dentro de nosotros. No es física, es espiritual. Y verdaderamente no vemos con los ojos físicos, sino con la visión interna.

La luz para la visión verdadera está dentro de nosotros, y el objetivo de la lección de hoy es alcanzar esa luz interna. Una vez más el Libro de Ejercicios nos lleva a un ejercicio experiencial de meditación. Este tipo de meditación y la experiencia que busca producir es un componente muy importante de la práctica del Curso. La importancia que se le da no tiene nada de sorprendente.

Se nos dice que es una forma de ejercicio que “vamos a utilizar cada vez más” (3:2). “Y representa uno de los objetivos principales del entrenamiento mental (3:3). Las sesiones más largas se “recomiendan enfáticamente” (4:2). Se nos pide con insistencia que continuemos a pesar de la “gran resistencia” (5:2). Representa “tu liberación del infierno” (5:5). Se nos recuerda “la importancia de lo que estás haciendo, el inestimable valor que tiene para ti” (8:1), y que “estás intentando hacer algo muy sagrado” (8:1). La lección termina con estas palabras: “Pero no te olvides de repetirla. Sobre todo, decídete hoy a no olvidarte” (11:2-3). Es imposible no ser conscientes de que Jesús, como autor, considera que este tipo de práctica de meditación excepcionalmente importante.

¿Por qué? Hay algunas aclaraciones en la lección. En el tercer párrafo, la lección indica que esta clase de ejercicio: sentado en perfecta quietud, sumergiéndose hacia adentro, pasando de largo nuestros pensamientos sin ocuparnos de ellos “Es especialmente difícil para la mente indisciplinada” (3:3). Es difícil porque “requiere precisamente lo que le falta a una mente sin entrenar” (3:4). Es esta dificultad la que demuestra nuestra necesidad de hacerla, tal como quedarte sin aliento cuando corres cincuenta metros te demuestra que necesitas ejercicios aeróbicos. “Si has de ver, dicho entrenamiento tiene que tener lugar” (3:5). En otras palabras, la práctica de la meditación es un requisito para desarrollar la visión interna. ¿Cómo podemos ver con la visión interna si no sabemos cómo encontrar la luz interna?

Éstos son ejercicios de entrenamiento. Al principio nos parecerá difícil. Encontraremos resistencia. El ejercicio se considera un intento (3:1) para alcanzar la luz, indicando que se comprende que es posible que no tengamos una auténtica experiencia de luz inmediatamente, como tampoco correríamos un maratón las primeras veces que nos entrenamos para correr. Es un objetivo de nuestra mente el entrenarse para alcanzar la luz, y probablemente no alcanzaremos nuestro objetivo inmediatamente; aunque es “la más natural y fácil del mundo para la mente entrenada” (4:3). Estamos en el proceso de adquirir el entrenamiento que hará que llegar a la luz parezca fácil y natural, pero ahora no es así porque nuestra mente está todavía sin disciplinar.

No estamos “completamente sin entrenar” (5:1). Si hemos estado siguiendo las instrucciones, hemos tenido 43 días de práctica que nos ha traído a este día. Sin embargo, podemos encontrarnos “con una gran resistencia (5:2). Para el ego lo que estamos haciendo es como “una pérdida de identidad y un descenso al infierno” (5:6). Pero estamos intentando llegar a Dios, Que es la luz en la que podemos ver, eso no es una pérdida. Es escaparse de la obscuridad.


Cuando empezamos a acumular experiencias de luz, de sentir la relajación, de sentir nuestro acercamiento a la luz, e incluso ser conscientes de estar entrando en ella, sabremos de qué está hablando el Curso. Y la anhelaremos cada vez más. No hay nada como la experiencia. Estos instantes santos son anticipos del Cielo, visiones fugaces de la realidad. Nos motivarán en nuestro camino más que ninguna otra cosa. Hay una sensación de realidad tan real que lo que antes parecía real, en comparación, palidece como sombras imaginarias. Cuando hayamos entrado en la luz, reconoceremos que hemos estado en la oscuridad, pensando que era la luz. Esto es lo que da a estas experiencias su “valor incalculable”.






TEXTO


IV. Enseñanza y curación



1. Lo que el miedo ha ocultado sigue siendo parte de ti. 2Unirse a la Expiación es la manera de escapar del miedo. 3El Espíritu Santo te ayudará a reinterpretar todo lo que percibes como  temible, y te enseñará que sólo lo que es amoroso es cierto. 4La verdad está más allá de tu capacidad para destruir; aceptarla, en cambio, está ente­ramente tu alcance. 5Te pertenece porque, al ser tú una extensión de Dios, la creaste junto con Él. 6Es tuya porque forma parte de ti, tal como tú formas parte de Dios porque El te creó. 7Nada que sea bueno se puede perder, pues procede del Espíritu Santo, la Voz que habla en favor de la creación. 8Nada que no sea bueno fue creado jamás, y, por lo tanto, no puede ser protegido. 9La Expia­ción garantiza la seguridad del Reino, y la unión de la Filiación lo protege. 10El ego no puede prevalecer contra el Reino porque la Filiación está unida. 11En presencia de aquellos que oyen la exhor­tación del Espíritu Santo a ser uno, el ego se desvanece y queda des-hecho.

2. Lo que el ego forja se lo guarda para sí, y, por lo tanto, carece de fuerza. 2Su existencia no se puede compartir. 3No muere, simple­mente nunca nació. 4El nacimiento físico no es un comienzo, es una continuación. 5Todo lo que continúa ha nacido ya. 6Aumen­tará a medida que estés cada vez más dispuesto a devolverle a la parte superior de tu mente la parte que no está sana, devolvién­dole de este modo tu mente indivisa a la creación. 7Yo he venido a sentar las bases para que tus propios pensamientos puedan hacerte verdaderamente libre. 8Has cargado con un fardo de ideas que no se pueden compartir y que son demasiado endebles como para poder expandirse. aMas una vez que las concebiste no supiste cómo erradicarlas. 9Tú no puedes cancelar tus propios errores pasados por tu cuenta. 10No desaparecerán de tu mente sin la Expiación, remedio éste que no es obra tuya. 11La Expiación debe entenderse exclusivamente como un simple acto de compar­tir. 12Eso es lo que quise decir cuando afirmé que incluso en este mundo es posible escuchar una sola Voz. 13Si formas parte de Dios y la Filiación es una, no puedes estar limitado al ser que el ego ve.

3. Cada pensamiento amoroso que cualquier parte de la Filiación abriga es patrimonio de todas sus partes. 2Se puede compartir porque es amoroso. 3Dios crea compartiendo, y así es como tú creas también. 4El ego puede mantenerte exiliado del Reino, pero en el Reino en sí el ego no tiene ningún poder. 5Las ideas del espíritu no abandonan la mente que las piensa, ni tampoco pue­den entrar en conflicto entre sí. Las ideas del ego, en cambio, pueden entrar en conflicto porque ocurren en diferentes niveles y también porque incluyen pensamientos que incluso en el mismo nivel están en franca oposición. 7Es imposible compartir pensamien­tos que se oponen entre sí. 8Sólo puedes compartir los pensamientos que proceden de Dios, los cuales Él conserva para ti. 9El Reino de los Cielos se compone de pensamientos de esa clase. 10Todos los demás permanecerán contigo hasta que el Espíritu Santo los haya reinterpretado a la luz del Reino, haciendo que sean también dig­nos de ser compartidos. 11Cuando se hayan purificado lo sufi­ciente Él te permitirá compartirlos. 12La decisión de compartirlos es lo que los purifica.

4. Yo oí una sola Voz porque comprendí que era imposible que pudiese expiar únicamente para mí mismo. 2Escuchar una sola Voz implica que has decidido compartirla para así poderla oír tú mismo. 3La Mente que estaba en mí se siente todavía irresistible­mente atraída hacia todas las mentes creadas por Dios, porque la Plenitud de Dios es la plenitud de Su Hijo. 4Nada puede hacerte daño, y no debes mostrarle a tu hermano nada que no sea tu plenitud. 5Muéstrale que él no puede hacerte daño y que no le guardas rencor, pues, de lo contrario, te estarás guardando ren­cor a ti mismo. 6Ese es el significado de: "Ofrécele también la otra mejilla".

5. Se puede enseñar de muchas maneras, pero ante todo con el ejemplo. 2Enseñar debe ser curativo, ya que consiste en compartir ideas y en el reconocimiento de que compartir ideas es reforzar­las. 3No puedo olvidar la necesidad que tengo de enseñar lo que he aprendido, la cual surgió en mí precisamente por haberlo apren­dido. 4Te exhorto a que enseñes lo que has aprendido porque al hacerlo podrás contar con ello. 5Haz que sea algo con lo que pue­des contar en mi nombre porque mi nombre es el Nombre del Hijo de Dios. 6Lo que aprendí te lo doy libremente, y la Mente que estaba en mí se regocija cuando eliges escucharla.

6. El Espíritu Santo expía en todos nosotros des-haciendo y de esta manera te libera de la carga que le has impuesto a tu mente. 2Al seguir al Espíritu Santo se te conduce de regreso a Dios, que es donde te corresponde estar. aMas ¿cómo podrías encontrar el camino que conduce a Él sino llevando a tu hermano contigo? 3Mi papel en la Expiación no concluirá hasta que no te unas a ella y se la ofrezcas a otros. 4Lo que enseñes es lo que aprenderás. 5Nunca te dejaré desamparado ni te abandonaré porque hacer eso sería abandonarme a mí mismo y abandonar a Dios que me creó. 6Abandonas a Dios y te abandonas a ti mismo cuando aban­donas a cualquiera de tus hermanos. 7Tienes que aprender a ver­los tal como son, y entender que le pertenecen a Dios al igual que tú. 8¿De qué mejor manera puedes tratar a tu hermano que dán­dole a Dios lo que es de Dios?

7. La Expiación te confiere el poder de una mente que ha sanado, pero el poder de crear es de Dios. 2Por lo tanto, aquellos que han sido perdonados deben dedicarse en primer lugar a curar, pues al haber aceptado la idea de la curación, deben compartirla para así conservarla. 3El poder de la creación en su totalidad no se puede expresar si una sola de las ideas de Dios se encuentra excluida del Reino. 4La voluntad conjunta de la Filiación es el único creador que puede crear como el Padre, ya que sólo lo que es íntegro puede pensar íntegramente, y al pensamiento de Dios no le falta nada. 5Cualquier pensamiento que tengas que no sea a través del Espíritu Santo no es íntegro.


8. ¿Cómo es posible que tú que eres tan santo puedas sufrir? 2Todo tu pasado, excepto su belleza, ha desaparecido, y no queda ni rastro de él, salvo una bendición. 3He salvaguardado todas tus bondades y cada pensamiento amoroso que jamás hayas abri­gado. 4Los he purificado de los errores que ocultaban su luz, y los he conservado para ti en su perfecta luminiscencia. 5Se encuen­tran más allá de la destrucción y de la culpabilidad. 6Procedieron del Espíritu Santo en ti, y sabemos que lo que Dios crea es eterno. 7Puedes ciertamente partir en paz porque te he amado como me amé a mí mismo. 8Mi bendición va contigo para que la extiendas. 9Consérvala y compártela, para que sea siempre nuestra. 10Pongo la paz de Dios en tus manos y en tu corazón para que la conserves y la compartas. 11El corazón la puede conservar debido a su pureza y las manos la pueden ofrecer debido a su fuerza. 12No podemos perder. 13Mi juicio es tan poderoso como la sabiduría de Dios, en Cuyo Corazón y Manos radica nuestra existencia. 14Sus sosegadas criaturas son Sus Hijos benditos. 15Los Pensamientos de Dios están contigo.






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