DESPERTAR AL AMOR

domingo, 16 de junio de 2019

16 JUNIO: Sólo hay una vida y ésa es la vida que comparto con Dios.

AUDIOLIBRO






EJERCICIOS



LECCION 167

Sólo hay una vida y ésa es la vida que comparto con Dios.


1. No existen diferentes clases de vida, pues la vida es como la verdad. 2No admite grados. 3Es la única condición que todo lo que Dios creó comparte. 4Y al igual que todos Sus Pensamientos, no tiene opuesto. 5La muerte no existe porque lo que Dios creó comparte Su Vida. 6La muerte no existe porque Dios no tiene opuesto. 7La muerte no existe porque el Padre y el Hijo son uno. 

2. En este mundo parece haber un estado que es lo opuesto a la vida. 2Tú lo llamas muerte. 3Sin embargo, hemos aprendido que la idea de la muerte adopta muchas formas. 4Es la idea subya­cente a todos los sentimientos que no son de suprema felicidad. 5Es la alarma a la que respondes cuando reaccionas de cualquier forma que no sea con perfecta alegría. 6Todo pesar, sensación de pérdida, ansiedad, sufrimiento y dolor, e incluso el más leve sus­piro de cansancio, cualquier ligera incomodidad o fruncimiento de ceño, dan testimonio de la muerte. 7Por lo tanto, niegan que vives.

3. Tú crees que la muerte es algo que sólo tiene que ver con el cuerpo. 2Sin embargo, es sólo una idea, y no tiene nada que ver con lo que se considera físico. 3Los pensamientos se encuentran en la mente. 4Éstos pueden entonces aplicarse según lo dicte la mente. 5Y es en su punto de origen donde debe efectuarse el cam­bio si es que éste ha de tener lugar. 6Las ideas no abandonan su fuente. 7El énfasis que este curso ha puesto en esta idea se debe al papel central que ocupa en nuestros intentos de que cambies de parecer con respecto a ti mismo. 8Es la razón de que puedas curar. 9Es la causa de la curación. 10Es la razón de que no puedas morir. 11Su veracidad te estableció como uno con Dios.

4. La muerte es el pensamiento de que estás separado de tu Crea­dor. 2Es la creencia de que las condiciones cambian y de que las emociones varían debido a causas que no están bajo tu control, que no son obra tuya y que tú jamás puedes cambiar. 3Es la creen­cia fija de que las ideas pueden abandonar su fuente y adquirir cualidades que ésta no posee, convirtiéndose así en algo dife­rente de su origen, aparte de éste en lo relativo a su naturaleza, así como en lo relativo al tiempo, a la distancia y a la forma.

5. La muerte no puede proceder de la vida. 2Las ideas permane­cen unidas a su fuente. 3Pueden extender todo lo que su fuente contiene. 4En este sentido, pueden ir mucho más allá de sí mis­mas. 5Pero no pueden dar origen a lo que jamás se les dio. 6Tal como fueron concebidas, así será como ellas a su vez conciban. 7Tal como nacieron, así es como darán a luz. 8Y de allí de donde provinieron, allí mismo regresarán.

6. La mente puede pensar que duerme, pero eso es todo. 2No puede cambiar su estado de vigilia. 3No puede hacer un cuerpo, ni tampoco habitar en un cuerpo. 4Lo que es ajeno a la mente no existe porque no tiene una fuente. 5La mente crea todas las cosas que existen, pero no puede otorgarles los atributos que no posee, ni tampoco cambiar su propio estado eterno de plena conciencia. 6No puede dar lugar a lo físico. 7Lo que parece morir no es sino la señal de que la mente está dormida.

7. Lo opuesto a la vida tan sólo puede ser otra forma de vida. 2Como tal, se puede reconciliar con lo que la creó porque no es realmente un opuesto. 3Su forma puede cambiar, así como apa­rentar ser lo que no es. 4Mas la mente es mente, tanto si está des­pierta como dormida. 5No es lo opuesto a nada que ella misma haya creado, ni a lo que parece hacer mientras cree estar dormida. 

8. Dios sólo crea mentes despiertas. 2Él no duerme, y Sus creacio­nes no pueden poseer algo que Él no les confiera, ni dar lugar a condiciones que Él no comparte con ellas. 3El pensamiento de muerte no es lo opuesto a los pensamientos de vida. 4Libres para siempre de toda oposición, los Pensamientos de Dios son eterna­mente inmutables, y tienen el poder de extenderse inmutable­mente para siempre, aunque dentro de sí mismos, pues son omnipresentes.

9. Lo que parece ser lo opuesto a la vida es meramente un sueño. 2Cuando la mente elige ser lo que no es y asumir un poder que le es ajeno y que no posee, un estado foráneo al que no puede adap­tarse o una condición falsa que no forma parte de su Fuente, simplemente parece que se va a dormir por un rato. 3Y sueña al tiempo: un intervalo en el que lo que parece acontecer en reali­dad nunca ha sucedido, los cambios ocurridos carecen de funda­mento y los acontecimientos que parecen tener lugar no están en ninguna parte. 4Cuando la mente despierta, sencillamente conti­núa siendo como siempre fue.

10. Seamos hoy criaturas de la verdad, y no neguemos nuestro santo patrimonio. 2Nuestra vida no es como nos la imaginamos. 3¿Quién podría cambiar la vida sólo porque cierre los ojos, o porque haga de sí mismo lo que no es al estar dormido y ver en sueños algo opuesto a lo que él es? 4 Hoy no pediremos la muerte en ninguna de sus formas. 5Tampoco dejaremos que ni siquiera por un instante cosas imaginarias que aparentemente se oponen a la vida moren allí donde Dios Mismo estableció el Pensamiento de vida eterna.

11. Hoy procuraremos mantener su santo hogar tal como Él lo esta­bleció y como Su Voluntad dispone que sea eternamente. 2Él es Dueño y Señor de lo que hoy pensamos. 3Y en Sus Pensamientos, que no tienen opuesto, entenderemos que sólo hay una vida, y ésa es la vida que compartimos con Él, con toda la creación, así como con sus pensamientos, los cuales Él creó como una unidad de vida que no puede separarse con la muerte ni abandonar la Fuente de vida de donde provino.

12. Compartimos una sola vida porque tenemos una sola Fuente desde la que nos llega la perfección, la cual permanece por siem­pre en las santas mentes que Él creó perfectas. 2Somos ahora tal como siempre hemos sido y como seremos siempre. 3La mente que duerme no puede sino despertar, según ve su propia perfec­ción reflejando al Señor de la Vida tan perfectamente que se funde con lo que allí se ve reflejado. 4Y ahora ya no es un simple reflejo, 5sino que se convierte en aquello que refleja y en la luz que hace que el reflejo sea posible. 6La visión deja ahora de ser necesaria. 7Pues una mente despierta es aquella que conoce su Fuente, su Ser y su Santidad.



Instrucciones para la práctica

Propósito: Aceptar que la vida que Dios nos ha dado no tiene opuesto, no puede cambiar, no puede morir, y ni siquiera puede dormir. Esforzarnos por mantener nuestra mente como Él la creó, dejar que Él sea el Señor de nuestros pensamientos hoy. Ésta es una lección que acompaña a la Lección 163: “La muerte no existe. El Hijo de Dios es libre”.

Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Por lo menos cinco minutos; lo ideal es treinta minutos o más.
Recuerda que durante estos periodos más largos, en este momento del Libro de Ejercicios, se espera que hagas aquello a lo que te sientas guiado a hacer y que te ha servido hasta este momento.
Mi sugerencia para el día es intentar entrar en contacto con la “mente despierta” (8:1). Esta lección nos enseña que nuestra experiencia de la muerte no se nos impone desde fuera, sino que es únicamente el resultado de nuestra “idea de la muerte” (2:3). Dice que bajo la influencia de esta idea, nuestra mente parece quedarse dormida en el Cielo y soñar con una vida separada de Dios, una vida en este mundo. Y sin embargo, dice la lección, la mente “simplemente parece que se va a dormir por un rato” (9:2; la letra cursiva es mía). De hecho, la mente “no puede cambiar su estado de vigilia” (6:2). Así que, la experiencia de tu mente como algo que cambia, un campo de cambios, con pensamientos de miedo y esperanza constantemente cruzando por ella, es una ilusión. Tu mente está realmente despierta por toda la eternidad, y como tal no puede cambiar en absoluto ni tiene ningún límite. Ésa es la realidad de tu mente. Por lo tanto, intenta en tu meditación ponerte en contacto con esta realidad. Intenta dejar atrás la ilusión de tu mente como un mar agitado, y siente su realidad como una luz firme y sin límites.

Recordatorios cada hora: Uno o dos minutos, a la hora en punto, (menos si las circunstancias no lo permiten).
Repite la idea y luego pasa un rato descansando en el estado de vigilancia despierta que es la realidad de tu mente. Luego dale gracias a Dios por los regalos de la última hora. Y pregúntale cómo puedes expresar, en esta próxima hora, la verdad de que la muerte no existe.

Respuesta a la tentación: (Sugerencia) cada vez que te sientas tentado a reconocer la muerte en cualquier forma, como: sufrimiento, ansiedad, cansancio, incomodidad.
Repite la idea de inmediato. Date cuenta de que tu emoción negativa es una negación de la vida, y utiliza la idea para recordarte a ti mismo que la vida es la única realidad.

Comentario

Aquí hay una repetición, o quizá una afirmación que anticipé cuando al escribir sobre la Lección 163, dije: “La creencia en la muerte es sólo otra forma de la “diminuta y alocada idea de la que el Hijo de Dios olvidó reírse” (T.27.VIII.6:2). Esta lección dice que la muerte “es sólo una idea, y no tiene nada que ver con lo que se considera físico” (3:2). Más adelante dice: “La muerte es el pensamiento de que estás separado de tu Creador” (4:1). Ésa es la esencia de la idea de la muerte: la separación de la vida.

Ésta es la razón por la que podemos decir: “La muerte no existe. Es simplemente imposible: Dios es Vida, y lo que Él crea tiene que estar vivo. Dejar de vivir sería separarse de Dios, para convertirse en Su opuesto. Puesto que Dios no tiene opuestos, la muerte no existe.

La muerte no existe porque lo que Dios creó comparte Su Vida. La muerte no existe porque Dios no tiene opuesto. La muerte no existe porque el Padre y el Hijo son uno. (1:5-7)

“Las ideas no abandonan su fuente” (3:6). Esta idea es muy importante para el Curso. Las ideas existen sólo en la mente del que las piensa. Las ideas no se pierden de la mente, ni tienen una existencia independiente, ni se sustentan a sí mismas, tampoco son capaces de oponerse a la mente que las creó. Simplemente no hacen eso.

Yo soy una idea en la Mente de Dios. Yo soy el pensamiento de “mí”. No puedo separarme de la Mente de Dios, ni vivir independientemente de Él, ni depender únicamente de mí, ni puedo tener una voluntad que se oponga a la de Dios. Sencillamente no puedo hacerlo. Únicamente puedo imaginar que lo estoy haciendo.

(La muerte) Es la creencia fija de que las ideas pueden abandonar su fuente y adquirir cualidades que ésta no posee, convirtiéndose así en algo diferente de su origen, aparte de éste en lo relativo a su naturaleza, así como en lo relativo al tiempo, a la distancia y a la forma. (4-3)

Yo no puedo hacer eso, no puedo abandonar mi Fuente ni adquirir cualidades que no están en esa Fuente. Por lo tanto, no puedo morir.

Necesitamos ver que, como dijo la Lección 163 (párrafo 1), la muerte toma muchas formas. La “atracción de la muerte”, de la que se habla en la sección “Los Obstáculos a la Paz” (T.19.IV), refleja todas esas formas. Esta lección añade unas pocas más:

Sin embargo, hemos aprendido que la idea de la muerte adopta muchas formas. Es la idea subyacente a todos los sentimientos que no son de suprema felicidad. Es la alarma a la que respondes cuando reaccionas de cualquier forma que no sea con perfecta alegría. Todo pesar, sensación de pérdida, ansiedad, sufrimiento y dolor, e incluso el más leve suspiro de cansancio, cualquier ligera incomodidad o fruncimiento de ceño, dan testimonio de la muerte. Por lo tanto, niegan que vives. (2:3-7)

¿Qué es la muerte? Cualquier sentimiento que no sea de suprema felicidad. Cualquier respuesta a algo en nuestra vida que no sea perfecta alegría. ¿Podemos ver que cualquier cosa menor que la suprema felicidad y alegría perfecta es una negación de la vida y una afirmación de la muerte? Ser menos que perfectamente dichoso es afirmar que hay algo distinto a Dios, distinto a la Vida, distinto al Amor, “otra cosa” que disminuye el radiante Ser de Dios.

No estoy defendiendo convertirnos en un feliz idiota, que camina negando el dolor y el sufrimiento en nuestra vida y en las vidas de los que nos rodean, afirmando frenéticamente: “Todo es perfecto. Nada de esto es real. Es una ilusión, no le hago caso. Únicamente existe Dios”

Más bien a lo que animo es a lo contrario. Estoy sugiriendo que necesitamos empezar a darnos cuenta simplemente de cuánta influencia tiene sobre nosotros la idea de la muerte. Necesitamos darnos cuenta de esos ligeros suspiros de cansancio, esas punzadas de ansiedad, y reconocer que la idea de la muerte está detrás de todas ellas, la idea de que la separación de Dios es real, que existe algo distinto a Dios, que se opone y anula Su resplandor. Necesitamos darnos cuenta de que creemos que somos ese “algo distinto”, o al menos parte de ello. Darnos cuenta, y decirle a Dios: “Ya estoy otra vez creyendo en la muerte. Me estoy sintiendo separado de Ti. Y sé, por lo tanto, que este sentimiento no significa nada, porque sólo hay una vida, y la comparto Contigo”.

Únicamente cuando reconoces que tú eres responsable de esos pensamientos de muerte, es cuando puedes entender verdaderamente que no tienen realidad, excepto en tu propia mente. Afirmar que no tienen realidad sin primero hacerte responsable de ellos es una negación enfermiza. Los deja sin una fuente, y tienen que tener una fuente. Así que tu mente atribuye una fuente imaginaria a Dios o a algún otro sitio fuera de ti, y ya estás de vuelta al pensamiento de separación otra vez, porque no existe nada fuera de Dios o fuera de ti. Al gritar: “¡Es una ilusión!” sin saber que tú eres el ilusionista, haces de la idea de la muerte algo real, algo contra lo que luchar y reprimir.

Reconocer los pensamientos de muerte como ilusorios no precisa que ejerzas violencia contra tu mente. Ver más allá de la ilusión es la cosa más natural del mundo cuando sucede de manera natural, como resultado de hacerte responsable de la ilusión. Ver el mundo como una ilusión no necesita esfuerzos coordinados y continuos. No es algo que puedes intentar hacer. Si lo intentas, lo estás haciendo al revés.

El mismo principio sirve cuando la gente dice: “Estoy intentando ver el Cristo en él”. No puedes intentar ver el Cristo en una persona, simplemente lo ves o no. Cuando tienes los ojos abiertos y nada se interpone, ¡no tienes que intentar verle! Simplemente Le ves.
La visión espiritual es lo mismo. Cristo está ahí, en cada persona, y puedes verle ahí. El problema es, si has levantado muchas barreras defensivas, muchas pantallas, que tapan tu vista. Estás viendo el reflejo de tus propias ideas en lugar de ver quién es la persona, que es Cristo.

Por lo tanto, el camino a la visión espiritual, el modo de ver a Cristo en un hermano, es darse cuenta de todas las pantallas que estás levantando, todas las ilusiones que estás proyectando desde tu propia mente, y que impiden la visión. Por raro que parezca, no ves al Cristo en un hermano con mirarle, entrecerrando los ojos y fingiendo que es un ser amoroso; ves al Cristo en él mirando a tu propia mente, tus propios pensamientos, que son el obstáculo a la visión.

Quizá de algún modo tienes miedo de la persona. Te parece una amenaza en algún modo, quizá dispuesto a atacarte físicamente, o a robarte tu dinero. En lugar de intentar verle a través de esa imagen de él como una mala persona, mira a la imagen en sí y pregunta de dónde vino. Con la ayuda del Espíritu Santo, verás que se formó completamente en tu propia mente. Es la suma de tus propios juicios solidificados en una opinión. Es la manera en que te has enseñado a ti mismo a ver a tu hermano. Y eso es todo.

Sabes, o deberías saber, que no puedes juzgar. No puedes tener toda la información. Así que, puedes volverte al Espíritu Santo y decir: “Reconozco que mi opinión de este hermano es mi propia invención. Está basada en la idea de la muerte, de algo separado de Dios y distinto a Él. Como tal, sé que es sólo un mal sueño. No significa nada. Mi hermano no es lo que yo pienso que es, y yo no soy una mala persona por tener este pensamiento, únicamente estoy cometiendo un error. Quiero abandonarlo, y puesto que yo soy la fuente, puedo abandonarlo”.

Puedes seguir sintiendo miedo. La diferencia no está en si el miedo desaparece, a veces desaparecerá. La diferencia está en que, si el miedo (o cualquier sentimiento o juicio del que se trate) está presente, eres consciente de que tú lo estás inventando y que no es real. Esto abre la puerta a que surja en ti un tipo diferente de visión. Si lo que has estado viendo es una ilusión, tiene que haber algo más, otra manera de ver que es real.
La visión de Cristo, que es como el Curso llama esta manera de ver, puede que no entre de repente en tu vista después de una sola aplicación de este proceso mental. Probablemente no lo hará. Tenemos montones y montones de barreras levantadas contra esa visión, y puede que hayas reconocido una de las muchas cosas que te impiden ver al Cristo en tu hermano. Eso es normal. Has entendido que esta barrera concreta es una ilusión, y afirmado que hay otra manera de ver a tu hermano. Eso es todo lo que tienes que hacer. ¡No tienes que intentar buscar la otra manera! Cuando estés listo, cuando las barreras se hayan reconocido como algo que tú te inventas, la visión sencillamente estará ahí.

Sencillamente “estará ahí” porque ya está ahí. El Cristo en ti se reconoce a Sí Mismo en tu hermano. El proceso es parecido a dejar de escuchar la interferencia en una radio que tiene filtros electrónicos. Hay una señal de radio que quieres oír, pero las interferencias y mucho ruido te impiden escucharla. Identificas la interferencia, la aíslas, electrónicamente “das instrucciones” a tu equipo para que no las escuche, y finalmente te llega la señal clara.


Lo que haces en el proceso que el Curso recomienda (mirar al ego y sus pensamientos de muerte, identificarlos, y decidir no hacerles caso porque vienen de una fuente que no es de fiar) es dejar de escuchar la interferencia. Continúa haciendo eso, y la señal clara de la visión de Cristo te llegará. Está ahí, en ti, justo en este momento. Sólo que no puedes “escucharla” por todo el ruido que el ego está haciendo.







sábado, 15 de junio de 2019

15 JUNIO: Se me han confiado los dones de Dios.

AUDIOLIBRO




EJERCICIOS



LECCION 166

Se me han confiado los dones de Dios.


1. Se te ha dado todo. 2La confianza que Dios tiene en ti es infi­nita. 3Él conoce a Su Hijo. 4Él da sin hacer excepciones y sin reser­varse nada que pudiera contribuir a tu felicidad. 5Sin embargo, a menos que tu voluntad sea una con la Suya, no podrás recibir Sus dones. 6Mas ¿qué podría hacerte pensar que hay otra voluntad aparte de la Suya?

2. He aquí la paradoja que sirve de fundamento a la fabricación de este mundo. 2Este mundo no es la Voluntad de Dios, por lo tanto, no es real. 3No obstante, aquellos que creen que lo es no pueden sino creer que hay otra voluntad, la cual produce efectos opuestos a los que Él dispone. 4Esto es claramente imposible, mas la mente de aquel que contempla el mundo y lo juzga como real, sólido, digno de confianza y verdadero cree en dos creadores, o mejor dicho en uno: él mismo. 5Mas nunca en un solo Dios.

3. Todo aquel que alberga creencias tan extrañas como éstas no puede aceptar los dones de Dios, 2pues se ve obligado a creer que aceptarlos, por muy evidentes que se vuelvan, por muy grande que sea la urgencia con la que se le exhorta a reclamarlos como propios, es verse presionado a traicionarse a sí mismo. 3Por lo tanto, tiene que negar la existencia de dichos dones, contradecir la verdad y sufrir para preservar el mundo que él mismo construyó. 

4. He aquí el único hogar que cree conocer. 2He aquí la única seguridad que cree poder encontrar. 3Sin ese mundo que él mismo construyó se siente como un paria, sin hogar y preso del miedo. 4No se da cuenta de que en ese mundo es donde en verdad es presa del miedo y donde no tiene un hogar; donde es un paria que en su vagar se ha alejado tanto de su hogar, y por tanto tiempo, que no se da cuenta de que se ha olvidado de dónde vino, adónde va, e incluso de quién es en realidad.

5. No obstante, los dones de Dios lo acompañan en su solitario e insensato vagar, aunque él no se dé cuenta. 2No puede perderlos. 3Pero no ve lo que se le ha dado. 4Continúa errante, consciente de la futilidad que le rodea por todas partes, viendo cómo lo poco que tiene no hace sino menguar, conforme él sigue adelante sin ir a ninguna parte. 5Pero aun así, continúa deambulando en la miseria y en la pobreza, solo, aunque Dios está con él, y en posesión de un tesoro tan grande que, ante su magnitud, todo lo que el mundo ofrece no tiene ningún valor.

6. Su aspecto da lástima, está cansado y rendido, viene hara­piento, y los pies están ensangrentados por los abrojos del camino que ha venido recorriendo. 2No hay nadie que no se haya identifi­cado con él, pues todo el que viene aquí ha seguido la misma senda que él recorre, y se ha sentido derrotado y desesperanzado tal como él se siente ahora. 3Mas, ¿es su situación realmente trá­gica, si te percatas de que está recorriendo el camino que él mismo eligió, y que no tiene más que darse cuenta de Quién camina a su lado y abrir sus tesoros para ser libre?

7. Este es el ser que has elegido, el que forjaste para reemplazar a la realidad. 2Éste es el ser que defiendes ferozmente contra toda muestra de razón, toda prueba, así como contra todos los testigos que te pueden demostrar que eso no es lo que tú eres. 3No les haces caso. 4Sigues el camino que te has trazado, cabizbajo, no vaya a ser que captes un atisbo de la verdad, te libres del auto­engaño y quedes en libertad.

8. Te retraes temerosamente no vaya a ser que sientas el toque de Cristo sobre tu hombro y percibas Su amorosa mano apuntando hacia tus dones. 2¿Cómo podrías decir entonces que la pobreza te acompaña en el exilio? 3Él te haría reír de semejante percepción de ti mismo. 4¿Cómo podrías entonces seguir teniendo lástima de ti mismo? 5¿Y qué pasaría entonces con toda la tragedia que pro­curaste para aquel que Dios dispuso que gozase únicamente de dicha?

9. Tu miedo ancestral te ha salido al encuentro ahora, y por fin la justicia ha dado contigo. 2Cristo ha puesto Su mano sobre tu hom­bro, y ya no te sientes solo. 3Piensas incluso que el miserable yo que creíste ser tal vez no sea tu verdadera Identidad. 4Tal vez la Palabra de Dios sea más cierta que la tuya. 5Tal vez los dones que Él te ha dado son reales. 6Tal vez tu plan de mantener a Su Hijo sepultado en el olvido y de seguir por el camino que elegiste reco­rrer separado de tu Ser no lo ha engañado del todo.

10. La Voluntad de Dios no se opone a nada. 2Simplemente es. 3No es a Dios a Quien has aprisionado con tu plan de querer perder tu Ser. 4Él no sabe nada de un plan tan ajeno a Su Voluntad. 5Hubo una necesidad que Él no entendió, y Él simplemente dio una Res­puesta. 6Eso es todo. 7Y tú, a quien se le ha dado esa Respuesta, no tienes necesidad de nada más.

11. Ahora vivimos, pues ahora no podemos morir. 2El deseo de morir ha recibido respuesta, y la vista mediante la cual se contem­plaba a la muerte ha sido sustituida por una visión que percibe que tú no eres lo que pretendes ser. 3Uno que marcha a tu lado le ofrece a cada uno de tus temores esta piadosa respuesta: "Eso no es cierto". 4Cada vez que el pensamiento de pobreza te oprime, Él te recuerda todos los dones que posees, y cuando te percibes solo y atemorizado, te recuerda que Él siempre está a tu lado.

12. Y te recuerda también algo más que tú habías olvidado. 2Pues al tocarte ha hecho que seas igual que Él. 3Los dones que posees no son sólo para ti. 4Ahora tienes que aprender a dar lo que Él vino a ofrecerte. 5Esta es la lección que está implícita en lo que Él da, pues Él te ha salvado de la soledad que quisiste forjar para ocul­tarte de Dios. 6Él te ha recordado todos los dones con los que Dios te bendijo. 7Te habla asimismo de aquello en lo que se ha de con­vertir tu voluntad cuando los aceptes y reconozcas que son tuyos. 

13. Los dones de Dios te pertenecen, y se te han confiado para que se los des a todos aquellos que eligen recorrer el solitario camino del que tú te has escapado. 2Ellos no entienden que lo único que están haciendo es ir en pos de sus deseos. 3Ahora eres tú quien les tiene que enseñar. 4Pues has aprendido de Cristo que hay otro camino que pueden recorrer. 5Les puedes enseñar esto demos­trándoles la felicidad que colma a aquellos que sienten el toque de Cristo y que reconocen los dones de Dios. 6No permitas que tus pesares te tienten a no ser fiel a tu cometido.

14. Tus suspiros no harían ahora sino truncar las esperanzas de aquellos que cuentan contigo para su liberación. 2Tus lágrimas son las suyas. 3Si enfermas, no haces sino impedir su curación. 4Tus temores no hacen sino enseñarles que los suyos están justifi­cados. 5Tu mano se convierte en la que otorga el toque de Cristo; tu cambio de mentalidad se convierte en la prueba de que quien acepta los dones de Dios jamás puede sufrir por nada. 6Se te ha encomendado liberar al mundo de su dolor.

15. No lo defraudes. 2Conviértete en la prueba viviente de lo que el toque de Cristo puede ofrecerle a todo el mundo. 3Dios te ha confiado Sus dones. 4¡Que tu felicidad dé testimonio de la gran transformación que experimenta la mente que elige aceptarlos y sentir el toque de Cristo! 5Ésa es tu misión ahora. 6Pues Dios les ha encomendado a todos los que reciben Sus dones que a su vez los den. 7Él ha compartido Su gozo contigo. 8Áhora tú vas a com­partirlo con el mundo.




Instrucciones para la práctica

Propósito: Dar los regalos de Dios a aquellos que todavía recorren el camino solitario del que tú te has escapado. Demostrar con tu felicidad lo que significa recibir los regalos de Dios.

Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Por lo menos cinco minutos; lo ideal es treinta minutos o más.
Pasa un rato sintiendo el toque de Cristo. Has inventado un falso ser que es como una persona sin hogar y mentalmente enferma (ver 4:4). Como resultado, andas sin rumbo sintiéndote solo y empobrecido. En tu meditación, deja que Cristo te dé un toque en el hombro y te ofrezca la consciencia de que no estás solo y que no eres pobre. Siente la alegría que viene al sentir Su toque.
Esto te preparará para un día en el que “tu mano se convierte en la que otorga el toque de Cristo” (14:5), en el que te vuelves el recordatorio a las personas “sin hogar” a tu alrededor de que no están solas y no son pobres. Haces esto principalmente al demostrar la alegría que has recibido de Cristo. “¡Que tu felicidad dé testimonio de la gran transformación que experimenta la mente que elige aceptarlos y sentir el toque de Cristo!” (15:4).

Recordatorios cada hora: Uno o dos minutos, a la hora en punto, (menos si las circunstancias no lo permiten).
Repite la idea e intenta sentir el toque de Cristo. Luego da gracias a Dios por los regalos que Él ha puesto en tus manos durante la hora que ha terminado. Y pregúntale cómo quiere que des estos regalos en esta hora que empieza.

Respuesta a la tentación: Cada vez que te sientas tentado de sentirte triste, temeroso, afligido, o enfermo.
Mi sugerencia: Repite la idea para expulsar esos sentimientos, pues traicionan tu deber sagrado, tu misión. Siempre que tengas miedo, escucha a Cristo responderte: “Eso no es cierto” (11:3). Cuando te sientas pobre, déjale que te señale Sus regalos para ti. Cuando te sientas solo, déjale hablarte de Su compañía.

Comentario

Esta lección continúa con el tono general de la anterior, intentando convencernos para continuar moviéndonos adelante, dejando atrás la ilusión acerca de nosotros mismos con la que hemos estado contentos. Empieza con la idea de que Dios confía tanto en nosotros que Él nos lo ha dado todo. Todo. Él conoce a Su Hijo, y debido a que conoce a Su Hijo, nos da todo sin excepción. Su confianza en nosotros no tiene límites. Dudamos de nuestra propia seguridad, pero podemos depender de Dios.

Confío en la confianza que Dios tiene en mí.

De lo que tenemos miedo es que esa confianza en Dios es “traicionarnos” a nosotros mismos (3:2). Estamos apegados a este mundo que hemos inventado.

Admitir que no es real es traicionarme a mí mismo. Si he avanzado más allá del punto de creer que yo puedo crear como Dios, que puedo hacer un mundo que de algún modo es perfecto, al menos puedo aferrarme a la idea de que puedo deshacer lo que Dios creó, que puedo destruir el mundo y destrozar su perfección. Que se me diga que mis acciones, mis pecados, mis negaciones, mis dudas, y todas las cosas por el estilo, no tienen ningún efecto es humillante para mi ego. Por eso contradigo la verdad del Cielo para mantener lo que yo he inventado.

Hay una parte de nosotros que quiere ser “una figura trágica”, como un héroe o una heroína en una ópera (6:1 y siguientes). Queremos poder decir: “Mira lo noblemente que soporto las adversidades de una suerte atroz”. Pensamos, sin darnos cuenta de ello, que sin la “suerte atroz” perderíamos nuestra nobleza.

Cuando escucho a mi ego, así es como quiero verme a mí mismo. ¡Una figura tan trágica! Pobrecito, tan cansado y agotado. ¡Mira a su vestimenta gastada! ¡Cuánto tiene que haber pasado! Y sus pies… están sangrando. ¡Oh! ¡Pobrecito!

Todos podemos identificarnos con esta figura. “No hay nadie que no se haya identificado con él, pues todo el que viene aquí ha seguido la misma senda que él recorre, y se ha sentido derrotado y desesperanzado tal como él se siente ahora” (6:2). Sabes de qué está hablando esto. Has estado ahí, quizá estás ahí ahora. Sabes lo que significa la “derrota y desesperación”, también las has sentido.

Mas, ¿es su situación realmente trágica, si te percatas de que está recorriendo el camino que él mismo eligió, y que no tiene más que darse cuenta de Quién camina a su lado y abrir sus tesoros para ser libre? (6:3)

¿Es “él”, el héroe trágico (tú y yo), realmente trágico? ¿O es sólo un tonto? ¿Está únicamente cometiendo un error tonto? Cuando ves que está eligiendo su camino y podría elegir de otro modo, ¿puedes considerar trágico su sufrimiento?

“Éste es el ser que has elegido, el que forjaste para reemplazar a la realidad” (7:1). Esto, amigos, es el ego que hemos elegido ser. Es la manera en que nos hemos visto a nosotros mismos. Éste es el ser que estamos defendiendo. Ésta es la persona en la que nos hemos convertido, y negamos todas las pruebas y testigos que demuestran que esto no es nosotros.

Jesús nos pide que abandonemos el papel de víctimas y que reconozcamos: “No soy víctima del mundo que veo” (L.31, encabezamiento), y que reconozcamos:

Soy responsable de lo que veo. Elijo los sentimientos que experimento y decido el objetivo que quiero alcanzar. Y todo lo que parece sucederme yo mismo lo he pedido, y se me concede tal como lo pedí. (T.21.II.2:3-5)

Te ves a ti mismo como esta figura trágica, pero la respuesta de Jesús es: “Él (Cristo) te haría reír de semejante percepción de ti mismo” (8:3).

Me gustaría pensar en eso por un rato. ¡Jesús quiere hacerme reír! Jesús es un humorista frustrado. Bueno, quizá frustrado no; mira lo que consigue a través de Marianne Williamson. ¡Él quiere que nos riamos de nuestro ego! Quiere que vea el humor de mi situación, defendiendo la tragedia cuando yo he elegido a propósito lo que soy.

¿Cómo podrías entonces seguir teniendo lástima de ti mismo? ¿Y qué pasaría entonces con toda la tragedia que procuraste para aquel que Dios dispuso que gozase únicamente de dicha? (8:4-5)

La lástima de sí mismo y la tragedia simplemente desaparecen, eso es lo que sucede. Cuando te ríes de la “lamentable imagen” del ego, la tragedia desaparece.

El párrafo siguiente describe muy bien dónde algunos de nosotros estamos en este mismo momento, justo empezando a darnos cuenta de que no somos el ego. Esta lección está escrita en muchos niveles; en primer lugar como hemos visto, dirigiéndose a la persona que se esconde en la ilusión del ego de tragedia; luego en las siguientes frases, la persona que ha empezado a darse cuenta de que el miserable ego no es su verdadera Identidad; y finalmente, en el párrafo 11, la persona que ha visto claramente y ha aceptado que “tú no eres lo que pretendes ser” (11:2).

En el párrafo 9, vemos a la persona que está a medio camino: sintiéndose hundida, asustada, casi bajo el ataque de Dios, a Quien normalmente ha evitado durante toda su vida. Escuchemos nuestras respuestas cuando Jesús intenta hacernos reír, y ver en todo ello la divertida verdad.

Primero, sentimos la presencia de Dios, de Quien nos hemos estado escondiendo: “Tu miedo ancestral te ha salido al encuentro ahora, y por fin la justicia ha dado contigo” (9:1).

Nuestra reacción: ¡Caray! ¡Es Dios! ¡Me la he cargado!
Jesús: Es ridículo tener miedo de Dios, es absurdo pensar que Él es tu Enemigo y que quiere hacerte daño. ¡Qué idea más tonta, tener miedo de Dios!
La lección: “Cristo ha puesto Su mano sobre tu hombro” (9:2)

Nuestra reacción: ¿Qué ha sido esa sensación extraña? Oh, Cristo, ¿ha sido Cristo? ¿Esa Voz en mi mente es la Suya? Debo estar volviéndome loco.
Jesús: Es tu hermano, y quiere llevarte de vuelta al hogar. ¡Qué locura tener miedo de Él!
La lección: “…y ya no te sientes solo” (9:2).

Nuestra reacción: No estoy seguro de que me guste la idea de tener a alguien siempre conmigo, vigilándome
Jesús: ¡Qué reacción más divertida! Yo soy tu Consuelo y tu Maestro, no tu juez. Es ridículo pensar que prefieres estar solo.
La lección: “Piensas incluso que el miserable yo que creíste ser tal vez no sea tu verdadera Identidad. Tal vez la Palabra de Dios sea más cierta que la tuya” (9:3-4).

Nuestra reacción: ¡No puedo creer que haya empezado a dudar de estas cosas en las que he creído toda mi vida! ¡Debo estar loco!
Jesús: Por otra parte, ¿Quién es más probable que tenga razón: tú o Dios? ¡Sé honesto!
La lección: “Tal vez los dones que Él te ha dado son reales” (9:5).

Nuestra reacción: ¡Sí, y quizá son sólo imaginaciones mías!
Jesús: Pero ¿y si estos regalos son de verdad reales? ¿No es una locura no investigarlo?
La lección: “Tal vez tu plan de mantener a Su Hijo sepultado en el olvido y de seguir por el camino que elegiste recorrer separado de tu Ser no Le ha engañado del todo” (9:6).

Nuestra reacción: Sí, quizá Le ha engañado. Quizá lo he fastidiado tanto que ni siquiera Dios puede arreglarlo.
Jesús: ¡Ahora si que tiene eso gracia! ¿Tú, burlándote de Dios? Sí, seguro, ése es un modo de pensar brillante. Dios decide que Él quiere algo, ¿y tú vas a impedir que suceda?

Nuestra reacción: Pero si no me burlé de Él, entonces todavía debo ser lo que Él dispuso que yo fuera. No estoy seguro de querer dejar de creer en lo que yo siempre he pensado que soy. Me siento amenazado.
Jesús: En ese caso, no pasa nada. Sigue con la imagen de ti que siempre has tenido; estoy seguro de que verdaderamente has disfrutado ser de ese modo. ¿Verdad? Dios no se pelea con ello.
La lección: “La Voluntad de Dios no se opone a nada. Simplemente es” (10:1-2).

No estás luchando contra Dios, y Dios no está luchando contra ti. Él no lucha, Él no se opone. Él simplemente es. Estás luchando contra la realidad misma. Pensar que estás separado de Dios es tan inteligente como una gota de agua que decide que ya no forma parte del océano. Es como un león que decide que quiere ser un ratón. Estás intentando ser lo que no eres, eso es lo que te produce tanta tensión, cuando sólo da risa. La lucha es únicamente por tu parte, contra un enemigo imaginario. Tú eres la Respuesta a todas tus preguntas. No hay nada aquí de lo que tener miedo. La verdad acerca de ti es maravillosa, no temible.

En el resto de la lección, Jesús habla de tres cosas que necesitamos saber. Primero, todos los regalos que Dios nos ha dado, es decir, el Ser real que somos, completo, sano y que lo tiene todo. Segundo, Su Presencia con nosotros, nuestro Compañero de viaje. Y tercero, que los regalos que tenemos son para darlos y compartirlos; tenemos un propósito aquí, dar estos regalos a “todos aquellos que eligen recorrer el solitario camino del que tú te has escapado” (13:1).

En cierto sentido ésas son las tres fuerzas principales de Un Curso de Milagros. Primero, aprender la verdadera naturaleza del Ser, la santidad y alegría de nuestro propio Ser. Segundo, e igualmente importante hasta que dejemos este mundo, es el conocimiento seguro de Su Compañía en el camino, la ayuda que necesitamos para lograrlo. Y finalmente, que la naturaleza de la que nos hemos dado cuenta es la de Dador y Amante; para saber que tenemos el regalo, debemos darlo. Tenemos que enseñar al mundo mostrándole “la felicidad que colma a aquellos que sienten el toque de Cristo” (13:5).

Nuestra misión es simplemente: ser felices. “Tu cambio de mentalidad se convierte en la prueba de que quien acepta los dones de Dios jamás puede sufrir por nada” (14:5).

Conviértete en la prueba viviente de lo que el toque de Cristo puede ofrecerle a todo el mundo… ¡Que tu felicidad dé testimonio de la gran transformación que experimenta la mente que elige aceptarlos y sentir el toque de Cristo! Ésa es tu misión ahora. (15:2, 4-5)

Reconoce Sus regalos. Siente Su toque. Y comparte Sus regalos con el mundo a través de tu felicidad. Ésas son las tres etapas de avanzar hacia delante.


Otra manera de decirlo: Abandona el papel de víctima y toma la responsabilidad como la fuente de tu vida. Elige el Cielo en lugar del infierno, pídele a tu Compañero Su ayuda. Y sé la prueba viviente de la realidad del Cielo con tu alegría radiante y tu negación a sufrir por nada.





viernes, 14 de junio de 2019

14 JUNIO: Que mi mente no niegue el Pensamiento de Dios.

AUDIOLIBRO
 




EJERCICIOS



LECCION 165

Que mi mente no niegue el Pensamiento de Dios.



1. ¿Qué es lo que hace que este mundo parezca real sino tu negación de la verdad que se encuentra más allá de él? 2¿Qué otra cosa sino tus pensamientos de aflicción y de muerte ensombrecen la perfecta felicidad y vida eterna que la Voluntad de tu Padre dispone para ti? 3¿Y qué otra cosa sino las ilusiones podrían ocul­tar lo que no puede ser ocultado? 4¿Qué podría privarte de lo que te pertenece sino tu propia decisión de no verlo, al negar que se encuentra ahí?

2. El Pensamiento de Dios te creó. 2Y no te ha abandonado, ni tú has estado nunca separado de él ni siquiera por un instante. 3Te pertenece. 4Gracias a él vives. 5Es tu Fuente de vida, pues te man­tiene unido a él, y todo es uno contigo porque él jamás te aban­donó. 6El Pensamiento de Dios te protege, cuida de ti, hace que tu lecho sea mullido y allana tu camino, al iluminar tu mente con gozo y amor. 7Tanto la eternidad como la vida eterna refulgen en tu mente porque el Pensamiento de Dios no te ha abandonado y todavía se encuentra en ti.
 
3. ¿Quién negaría su seguridad, su paz, su alegría, su curación y tranquilidad de espíritu, así como su sereno descanso y apacible despertar, si reconociese dónde se encuentran? 2¿No se prepara­ría de inmediato para salir a su encuentro, abandonando todo lo demás como algo sin valor en comparación? 3Y una vez que los hubiera encontrado, ¿no se aseguraría de que permanecieran con él y él con ellos?

4. No niegues el Cielo. 2Hoy se te concede sólo con que lo pidas. 3No es necesario tampoco que percibas cuán grande es este regalo ni cuánto habrá cambiado tu mente antes de que te llegue. 4Pídelo y se te concederá. 5La convicción radica en él. 6Hasta que no le des la bienvenida como algo que te pertenece, seguirás en la incerti­dumbre. 7Mas Dios es justo. 8No tienes que tener certeza para reci­bir lo que sólo tu aceptación puede otorgar.

5. Pide con fervor. 2No tienes que estar seguro de que lo que estás pidiendo es lo único que deseas. 3Mas cuando lo hayas recibido sabrás que estás en posesión del tesoro que siempre anhelaste. 4¿Por qué otra cosa ibas a querer intercambiarlo? 5¿Qué podría inducirte ahora a dejarlo desaparecer de tu extática visión? 6Pues verlo te demuestra que has cambiado tu ceguera por los ojos videntes de Cristo, y que tu mente ha decidido abandonar la negación y aceptar el Pensamiento de Dios como tu herencia.

6. Y ahora las dudas son cosa del pasado, el final de la jornada es indudable y se te ha concedido la salvación. 2Ahora el poder de Cristo mora en tu mente, para que puedas curar tal como fuiste curado. 3Pues ahora te cuentas entre los salvadores del mundo. 4Ése es tu único destino. 5¿Consentiría Dios acaso que Su Hijo permaneciese eternamente hambriento por haberse negado a sí mismo el sustento que le es menester para poder vivir? 6La abun­dancia mora en él, y la privación no puede separarlo del Amor vivificante de Dios, ni de su hogar.

7. Practica hoy lleno de esperanza. 2Pues tener esperanzas está ciertamente justificado. 3Tus dudas no tienen sentido, pues Dios goza de perfecta certeza. 4Y el Pensamiento de Él nunca está ausente. 5La certeza no puede sino morar en ti que eres Su anfitrión. 6Este curso elimina toda duda que hayas interpuesto entre Él y tu cer­teza acerca de Él.
8. Contamos con Dios, no con nosotros mismos, para que nos dé certeza. 2Y en Su Nombre practicamos tal como Su Palabra nos indica que hagamos. 3Su certeza se encuentra tras cada una de nuestras dudas. 4Su Amor, tras cada uno de nuestros temores. 5El Pensamiento de Él todavía se encuentra en nuestras mentes más allá de todo sueño, tal como Su Voluntad dispone.



Instrucciones para la práctica

Propósito: Dejar de negar el Pensamiento de Dios, sentirlo y luego abandonar todas las demás comparaciones sin ningún valor.

Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Por lo menos cinco minutos; lo ideal es treinta minutos o más.
Practica tal como te indique el Espíritu Santo, pero la esencia debe ser deshacer tu negación del Pensamiento que te creó y que te apoya, y pedir conocer ese Pensamiento. De este modo, debe haber una atención negativa en abandonar tu negación y tu resistencia, y una atención positiva en pedir la experiencia del Pensamiento de Dios, la experiencia del Cielo. “Pide con fervor” (5:1) y “lleno de esperanza” (7:1). Es normal que tengas dudas acerca de cuánto lo deseas. La seguridad vendrá únicamente de experimentar lo que estás pidiendo. Esto te llevará más allá de todas tus dudas a donde sabes que esta experiencia es ciertamente lo único que quieres.

Recordatorios cada hora: Uno o dos minutos, a la hora en punto, (menos si las circunstancias no lo permiten).
Repite la idea, intentando abandonar tu negación y dándole la bienvenida a la conciencia del Cielo. Luego dale gracias a Dios por Sus regalos en la hora que ha terminado, y pídele Su dirección para la hora que comienza.

Comentario

La lección de hoy, la de mañana, y las de antes y después, son un aliento inmenso para seguir adelante. En estos días, el Curso está intentando llevarnos más allá de la duda a un compromiso firme.

¿Qué es lo que hace que este mundo parezca real sino tu negación de la verdad que se encuentra más allá de él?... ¿Qué podría privarte de lo que te pertenece sino tu propia decisión de no verlo, al negar que se encuentra ahí? (1:1, 4)

Ken Wilber, autor de muchos libros de psicología transpersonal y crecimiento espiritual, señala que considerado como evolución, el crecimiento espiritual avanza hasta el punto de que deseamos morir al nivel inferior de vida para ir más allá y recordar el nivel superior. El hecho de que nuestra experiencia está a nivel del ego no es porque el nivel más alto no esté ya aquí, es porque hemos elegido el inferior como un sustituto del superior, y lo elegimos en cada instante. Cuando el nivel inferior se ha vivido a tope, se ha probado al máximo en cierto sentido, y se ha descubierto que no satisface, entonces hay motivación para ir al superior.

Necesitamos sentirnos desilusionados del ego hasta tal punto que empezamos a ver a través de sus ilusiones. El grado en que el ego nos parece real es la medida de nuestra negación de “la verdad que se encuentra más allá de él” (1:1). No podemos ver el mundo real porque no queremos verlo. Estamos negándolo activamente. La realidad del mundo real, si se percibe y se acepta, significa el final de la realidad tal como la conocemos ahora. El Cielo nos parece una amenaza a nuestro imaginado nivel de comodidad en el nivel del ego.

Jesús nos pide:

No niegues el Cielo. Hoy se te concede sólo con que lo pidas. No es necesario tampoco que percibas cuán grande es este regalo ni cuánto habrá cambiado tu mente antes de que te llegue. Pídelo y se te concederá. La convicción radica en él. Hasta que no le des la bienvenida como algo que te pertenece, seguirás en la incertidumbre. Mas Dios es justo. No tienes que tener certeza para recibir lo que sólo tu aceptación puede otorgar. (4:1-8)

No tienes que estar seguro antes de pedir el Cielo. “No tienes que tener certeza” (4:8). De hecho, no puedes estar seguro ni tener certeza antes de pedirlo porque “la convicción radica en él” (4:5); es decir, no encuentras la convicción, la seguridad, la certeza hasta que tienes el Cielo, y no puedes saber que lo tienes hasta que lo pides.

Mientras vivimos pensando que somos ego, pensando en ir hacia delante, pensando en abandonar al ego, el ego lucha por su propia existencia. Nos dice: “No sabes en lo que te estás metiendo. ¿Cómo puedes estar seguro de que te gustará? Mejor es asegurarte antes de dar un paso”.

La certeza, la seguridad y la convicción vienen de la experiencia. Cuando hayas experimentado el mundo real, aunque sea un poco, sabrás que eso es lo que quieres y que es lo que has buscado equivocadamente en el mundo de las ilusiones del ego. Así que, pide el Cielo.

Otro consuelo es que no necesitamos entender todo lo que es el Cielo, o el mundo real, antes de pedirlo. No necesitas tener una idea clara de lo que estás pidiendo, de “cuánto habrá cambiado tu mente” (4:3). Ese cambio de la mente no viene antes de la decisión de pedir, sino que viene después. Es el deseo lo que permite que venga.

¡Ni siquiera tienes que estar seguro de que el Cielo es lo único que quieres!

No tienes que estar seguro de que lo que estás pidiendo es lo único que deseas. Mas cuando lo hayas recibido sabrás que estás en posesión del tesoro que siempre anhelaste. (5:2-3)

Es normal entrar en esto a medias, con pensamientos como: “Quizá puedo tener el mundo real y también aferrarme a mis relaciones especiales. O quizá puedo tener paz interior y disfrutar también de mis pequeños placeres”. Todo esto desaparecerá una vez que hayas saboreado lo que es real. Una semejanza pobre, pero que lo aclara: “¿Cómo puedes retenerlos en la granja después de haber visto París?” Una vez que pruebas “el tesoro que siempre has buscado”, ¿por qué ibas a regresar a cosas más pequeñas?

Ya tenemos la seguridad dentro de nosotros, en la realidad. Eso es parte de lo que hemos ocultado con las ilusiones de nuestro ego. Cuando encontramos el Ser, lo encontramos con seguridad total. El proceso del Curso de “despejar los obstáculos que impiden experimentar la presencia del amor” (T.In.1:7), se reafirma aquí en forma de esa seguridad interior: “Este curso elimina toda duda que hayas interpuesto entre Él y tu certeza acerca de Él” (7:6).

El proceso consiste en hacernos conscientes de nuestras dudas, de que las tenemos, reconocerlas, y luego no tomarlas en serio. Éste es exactamente el mismo proceso que seguimos con otros obstáculos, tales como la ira, la tristeza y el dolor. Contémplalos con claridad para que puedas ver que las dudas son parte de la ilusión también. “No tienen sentido, pues Dios goza de perfecta certeza” (7:3). “Su certeza se encuentra tras cada una de nuestras dudas” (8:3).

La seguridad no es algo que nosotros podemos producir por nuestra cuenta. “Contamos con Dios, no con nosotros mismos, para que nos dé certeza” (8:1). Pero para que eso suceda, tenemos que querer avanzar hacia delante, querer “morir” al nivel inferior de vida que conocemos ahora y pedir algo más, una manera de ver diferente, un tipo diferente de visión. Necesitamos estar dispuestos a pedir que “el Pensamiento de Dios” entre en nuestra mente y expulse el sistema de pensamiento equivocado que hemos estado albergando. Necesitamos “seguir las instrucciones”, por así decir, que se dan en el Curso; si lo hacemos, la seguridad vendrá a nosotros.





TEXTO



Capítulo 15



EL INSTANTE SANTO



I. Los dos usos del tiempo



1. ¿Puedes imaginarte lo que sería no tener inquietudes, preocu­paciones ni ansiedades de ninguna clase, sino simplemente gozar de perfecta calma y sosiego todo el tiempo? 2Ése es, no obstante, el propósito del tiempo: aprender justamente eso y nada más. 3El Maestro de Dios no puede sentirse satisfecho con Sus enseñanzas hasta que éstas no constituyan lo único que sabes. 4Su función docente no se consumará hasta que no seas un alumno tan dedi­cado que sólo aprendas de Él. 5Cuando eso haya ocurrido, ya no tendrás necesidad de un maestro, ni de tiempo en el que aprender. 

2. La razón del aparente desaliento del que tal vez padezcas es tu creencia de que ello toma tiempo y de que los resultados de las enseñanzas del Espíritu Santo se encuentran en un futuro remoto. 2Sin embargo, no es así, 3pues el Espíritu Santo usa el tiempo a Su manera, y no está limitado por él. 4Él tiempo es Su amigo a la hora de enseñar. 5No causa deterioro en Él como lo hace en ti. 6Todo el deterioro que el tiempo parece ocasionar se debe únicamente a tu identificación con el ego, que se vale del tiempo para reforzar su creencia en la destrucción. 7El ego, al igual que el Espíritu Santo, se vale del tiempo para convencerte de la inevitabilidad del obje­tivo y del final del aprendizaje. 8Él objetivo del ego es la muerte, que es su propio fin. 9Mas el objetivo del Espíritu Santo es la vida, la cual no tiene fin.

3. El ego es un aliado del tiempo, pero no un amigo. 2Pues descon­fía tanto de la muerte como de la vida, y lo que desea para ti, él no lo puede tolerar. 3Él ego te quiere ver muerto, pero él no quiere morir., 4El resultado de esta extraña doctrina no puede ser otro, por lo tanto, que el de convencerte de que él te puede perseguir más allá de la tumba. 5Y al no estar dispuesto a que ni siquiera en la muerte encuentres paz, te ofrece inmortalidad en el infierno. 6Te habla del Cielo, pero te asegura que el Cielo no es para ti. 7Pues, ¿qué esperanzas pueden tener los culpables de ir al Cielo? 

4. Creer en el infierno es ineludible para aquellos que se identifi­can con el ego. 2Sus pesadillas y sus miedos están asociados con él. 3El ego te enseña que el infierno está en el futuro, pues ahí es hacia donde todas sus enseñanzas apuntan. 4Su objetivo es el infierno. 5Pues aunque tiene por finalidad la muerte y la disolu­ción, él mismo no cree en ello. 6El objetivo de muerte que ansía para ti, le deja insatisfecho. 7Nadie que siga sus enseñanzas puede estar libre del miedo a la muerte. 8Sin embargo, si se pensase en la muerte simplemente como el fin del dolor, ¿se le tendría miedo? 9Hemos visto antes esta extraña paradoja en el sistema de pensamiento del ego, pero nunca tan claramente como aquí. 10Pues el ego tiene que dar la impresión de que mantiene al miedo alejado de ti para conservar tu fidelidad. 11Pero tiene que generar miedo para protegerse a sí mismo. 12Una vez más, el ego intenta, y lo logra con demasiada frecuencia, hacer ambas cosas, valiéndose de la disociación para mantener sus metas contradictorias unidas, de manera que parezcan estar en armonía. 13El ego enseña, por lo tanto, que la muerte es el final en lo que respecta a cualquier espe­ranza de alcanzar el Cielo. 14Sin embargo, puesto que tú y el ego no podéis estar separados, y puesto que él no puede concebir su propia muerte, te seguirá persiguiendo porque la culpabilidad es eterna. 15Tal es la versión que el ego tiene de la inmortalidad. 16Y eso es lo que su versión del tiempo apoya.

5. El ego enseña que el Cielo está aquí y ahora porque el futuro es el infierno. 2Hasta cuando ataca tan despiadadamente que trata de quitarle la vida al que cree que su voz es la única que existe, incluso a ése le habla del infierno. 3Pues le dice que el infierno está también aquí, y lo incita a que salte del infierno al olvido total. 4El único tiempo que el ego le permite contemplar a cual­quiera con ecuanimidad es el pasado. 5Mas el único valor de éste es que no existe.

6. ¡Cuán desolado y desesperante es el uso que el ego hace del tiempo! 2¡Y cuán aterrador! 3Pues tras su fanática insistencia de que el pasado y el futuro son lo mismo se oculta una amenaza a la paz todavía más insidiosa. 4El ego no hace alarde de su amenaza final, pues quiere que sus devotos sigan creyendo que les puede ofrecer una escapatoria. 5Pero la creencia en la culpabilidad no puede sirio conducir a la creencia en el infierno, y eso es lo que siempre hace. 6De la única manera en que el ego permite que se experimente el miedo al infierno es trayendo el infierno aquí, pero siempre como una muestra de lo que te espera en el futuro. 7Pues nadie que se considere merecedor del infierno puede creer que su castigo acabará convirtiéndose en paz.

7. El Espíritu Santo enseña, por lo tanto, que el infierno no existe. 2El infierno es únicamente lo que el ego ha hecho del presente. 3La creencia en el infierno es lo que te impide comprender el presente, pues tienes miedo de éste. 4El Espíritu Santo conduce al Cielo tan ineludiblemente como el ego conduce al infierno. 5Pues el Espíritu Santo, que sólo conoce el presente, se vale de éste para desvanecer el miedo con el que el ego quiere inutilizar el pre­sente. 6Tal como el ego usa el tiempo, es imposible librarse del miedo. 7Pues  el tiempo, de acuerdo con las enseñanzas del ego, no es sino un recurso de enseñanza para incrementar la culpabili­dad hasta que ésta lo envuelva todo y exija eterna venganza.
             
8El Espíritu Santo quiere desvanecer todo esto ahora. 2No es el presente lo que da miedo, sino el pasado y el futuro, mas éstos no existen. 3El miedo no tiene cabida en el presente cuando cada instante se alza nítido y separado del pasado, sin que la sombra de éste se extienda hasta el futuro. 4Cada instante es un nacimiento inmaculado y puro en el que el Hijo de Dios emerge del pasado al presente. 5Y el presente se extiende eternamente. 6Es tan bello, puro e inocente, que en él sólo hay felicidad. 7En el presente no se recuerda la oscuridad, y lo único que existe es la inmortalidad y la dicha.

9. Esta lección no requiere tiempo para aprenderse. 2Pues, ¿qué es el tiempo sin pasado ni futuro? 3El que te hayas descarriado tan completamente ha requerido tiempo, pero ser lo que eres no requiere tiempo en absoluto. 4Empieza a usar el tiempo tal como lo hace el Espíritu Santo: como un instrumento de enseñanza para alcanzar paz y felicidad. 5Elige este preciso instante, ahora mismo, y piensa en él como si fuese todo el tiempo que existe. 6En él nada del pasado te puede afectar, y es en él donde te encuentras completamente absuelto, complemente libre y sin condenación alguna. 7Desde este instante santo donde tu santidad nace de nuevo, seguirás adelante en el tiempo libre de todo temor y sin experimentar ninguna sensación de cambio con el paso del tiempo.

10El tiempo es inconcebible sin cambios, mas la santidad no cam­bia. 2Aprende de este instante algo más que el simple hecho de que el infierno no existe. 3En este instante redentor reside el Cielo. 4Y el Cielo no cambiará, pues nacer al bendito presente es librarse de los cambios. 5Los cambios son ilusiones que enseñan los que no se pueden ver a sí mismos libres de culpa. 6En el Cielo no se pro­ducen cambios porque Dios es inmutable. 7En el instante santo en que te ves a ti mismo resplandeciendo con el fulgor de la libertad, recuerdas a Dios. 8Pues recordarle es recordar la libertad.

11. Si sientes la tentación de desanimarte pensando cuánto tiempo va a tomar poder, cambiar de parecer. tan radicalmente, pregún­tate a ti mismo: "¿Es mucho un instante?" 2¿No le ofrecerías al Espíritu Santo un intervalo de tiempo tan corto para tu propia salvación? 3Él no te pide nada más, pues no tiene necesidad de nada más. 4Requiere mucho más tiempo enseñarte a que estés dis­puesto a darle a Él esto que lo que Él tarda en valerse de ese ínfimo instante para ofrecerte el Cielo, en su totalidad. 5cambio de ese instante, Él está listo para darte el recuerdo de la eternidad. 

12. Mas nunca le podrás dar al Espíritu Santo ese instante santo en favor de tu liberación, mientras no estés dispuesto a dárselo a tus hermanos en favor de la suya. 2Pues el instante de la santidad es un instante que se comparte, y no puede ser sólo para ti. 3Cuando te sientas tentado de atacar a un hermano, recuerda que su ins­tante de liberación es el tuyo. 4Los milagros son los instantes de liberación que ofreces y que recibirás. 5Dan testimonio de que estás dispuesto a ser liberado y a ofrecerle el tiempo al Espíritu Santo a fin de que Él lo use para Sus propósitos.

13. ¿Cuánto dura un instante? 2Dura tan poco para tu hermano como para ti. 3Practica conceder ese bendito instante de libertad a todos aquellos que están esclavizados por el tiempo, haciendo así que para ellos éste se convierta en su amigo. 4Mediante tu dación, el Espíritu Santo te da a ti el bendito instante que tú les das a tus hermanos. 5Al tú ofrecerlo, Él te lo ofrece a ti. 6No seas reacio a dar lo que quieres recibir de Él, pues al dar te unes a Él. 7En la crista­lina pureza de la liberación que otorgas radica tu inmediata libe­ración .de la culpabilidad. 8Si ofreces santidad no puedes sino ser santo.

14. ¿Cuánto dura un instante? 2Dura el tiempo que sea necesario para re-establecer la perfecta cordura la perfecta paz y el per­fecto amor por todo el mundo, por Dios y por ti; 3el tiempo que sea necesario para recordar la inmortalidad y a tus creaciones inmortales, que la comparten. contigo; 4el tiempo que sea necesa­rio para intercambiar el infierno por el Cielo. 5Dura el tiempo suficiente para que puedas trascender todo lo que el ego ha hecho y ascender hasta tu Padre.

15. El tiempo es tu amigo si lo pones a la disposición del Espíritu Santo. 2Él necesita muy poco para restituirte todo el poder de Dios. 3Aquel que transciende el tiempo por ti entiende cuál es el propósito del tiempo. 4La santidad no radica en el tiempo, sino en la eternidad. 5Jamás hubo un solo instante en el que el Hijo de Dios pudiese haber perdido su pureza. 6Su estado inmutable está más allá del tiempo, pues su pureza permanece eternamente inal­terable y más allá del alcance del ataque. 7En su santidad el tiempo se detiene y deja de cambiar. 8Y así, deja de ser tiempo. 9Pues al estar atrapado en el único instante de la eterna santidad de la creación de Dios, se transforma en eternidad. 10Da el instante eterno, para que en ese radiante instante de perfecta liberación se pueda recordar la eternidad por ti. 11Ofrece el milagro del instante santo por medio del Espíritu Santo, y deja que sea Él Quien se encargue de dártelo a ti.