DESPERTAR AL AMOR

viernes, 15 de marzo de 2019

15 MARZO: No hay más voluntad que la de Dios.

AUDIOLIBRO



EJERCICIOS

LECCION 74


No hay más voluntad que la de Dios.


1. La idea de hoy se puede considerar como el pensamiento cen­tral hacia el cual se dirigen todos nuestros ejercicios. 2La Volun­tad de Dios es la única Voluntad. 3Cuando hayas reconocido esto, habrás reconocido que tu voluntad es la Suya. 4La creencia de que el conflicto es posible habrá desaparecido. 5La paz habrá reemplazado a la extraña idea de que te atormentan objetivos conflictivos. 6En cuanto que expresión de la Voluntad de Dios, no tienes otro objetivo que el Suyo.

2. La idea de hoy encierra una gran paz, y lo que los ejercicios de hoy se proponen es encontrarla. 2La idea en sí es completamente cierta. 3Por lo tanto, no puede dar lugar a ilusiones. 4Sin ilusio­nes, el conflicto es imposible. 5Tratemos hoy de reconocer esto y de experimentar la paz que este reconocimiento nos brinda.
3. Comienza las sesiones de práctica más largas repitiendo lenta­mente los pensamientos que siguen a continuación varias veces, con la firme determinación de comprender su significado y de retenerlos en la mente:

2No hay más voluntad que la de Dios. 3No puedo estar en conflicto.

4Dedica entonces varios minutos a añadir pensamientos afines, tales como:

5Estoy en paz.
6Nada puede perturbarme. 7Mi voluntad es la de Dios.
8Mi voluntad y la de Dios son una.
9La Voluntad de Dios es que Su Hijo esté en paz.

10Durante esta fase introductoria, asegúrate de hacerle frente en seguida a cualquier pensamiento conflictivo que pueda cruzar tu mente. 11Di de inmediato:

12No hay más voluntad que la de Dios.
13Estos pensamientos conflictivos no significan nada.

4. Si algún asunto parece ser muy difícil de resolver, resérvalo para un examen más detenido. 2Piensa en él brevemente, aunque de manera muy concreta, identificando la persona o personas en cuestión y la situación o situaciones de que se trate, y di para tus adentros:

3No hay más voluntad que la de Dios. 4Yo la com­parto con Él.
5Mis conflictos con respecto a _____ no pueden ser reales.

5. Después de que hayas despejado tu mente de esta manera, cierra los ojos y trata de experimentar la paz a la que tu realidad te da derecho. 2Sumérgete en ella y siente como te va envolviendo. 3Puede que te asalte la tentación de confundir estas prácticas con el ensimismamiento, pero la diferencia entre ambas cosas es fácil de detectar. 4Si estás llevando a cabo el ejercicio correctamente, sentirás una profunda sensación de dicha y mayor agudeza men­tal en vez de somnolencia y enervamiento.

6. La paz se caracteriza por la dicha. 2Cuando experimentes dicha sabrás que has alcanzado la paz. 3Si tienes la sensación de estar cayendo en el ensimismamiento, repite la idea de hoy de inmediato y luego vuelve al ejercicio. 4Haz esto cuantas veces sea necesario. 5Es ciertamente ventajoso negarse a buscar refugio en el ensimismamiento, aun si no llegas a experimentar la paz que andas buscando.

7. En las sesiones más cortas, que hoy se deben llevar a cabo a intervalos regulares previamente determinados, di para tus adentros:

2No hay más voluntad que la de Dios. 3Hoy busco Su paz.

4Trata entonces de hallar lo que buscas. 5Dedicar uno o dos minu­tos cada media hora a hacer este ejercicio -con los ojos cerrados a ser posible- será tiempo bien empleado.





Instrucciones para la práctica

Propósito: Darte cuenta de que no puedes estar en conflicto, porque tu voluntad y la voluntad de todos es la Voluntad de Dios. Experimentar la paz que procede de este hecho.

Ejercicios más largos: 2 veces, duración de diez a quince minutos. 

  • Di: “No hay más voluntad que la de Dios. No puedo estar en conflicto.” Repite estas frases de una manera especial: “varias veces, lentamente y con la firme determinación de comprender su significado y de retenerlos en la mente” (3:1). 
  • Luego durante varios minutos deja que te vengan pensamientos relacionados. Recuerda tu entrenamiento en esto. 
  • Si te vienen pensamientos acerca de conflictos en tu vida, rápidamente deséchalos diciendo: “No hay más voluntad que la de Dios. Estos pensamientos conflictivos no significan nada.” Si un conflicto determinado continúa intentando introducirse, sepáralo. Brevemente identifica a la persona y situación de que se trata y di: “No hay más voluntad que la de Dios. Yo la comparto con Él. Mis conflictos con respecto a____ no pueden ser reales.” Probablemente necesitarás tener los ojos abiertos durante esta parte para consultar las frases que tienes que repetir. 
  • En este momento, tu mente debería estar despejada y preparada para volverte hacia dentro. El resto del ejercicio es una meditación en la que te sumerges hacia abajo y adentro, al lugar de paz en el que la Voluntad de Dios es tu voluntad. Si estás teniendo éxito, sentirás una paz gozosa y despierta. Niégate a caer en una falsa paz de ensimismamiento. Repite la idea tan a menudo como necesites para salir de él.

Observaciones: Los comentarios de los párrafos 5 y 6 están entre los más importantes del Libro de Ejercicios acerca de la meditación. Deberías tenerlos presentes en cada meditación. Por una parte, te dice que no confundas la meditación con retirarte de los conflictos de la vida a un mundo de fantasía mental. Por otra parte, te pide que hagas todo lo que puedas para evitar esa retirada. Esto significa: no te dejes llevar a la deriva dentro de ese adormilamiento de falsa paz en que puede terminar fácilmente la meditación. La verdadera paz es despierta y gozosa, no adormilada y perezosa. Cuando empieces a caer en el ensimismamiento, repite la idea para sacar a tu mente de él. “Haz esto cuantas veces sea necesario” (6:4). Es mejor hacer esto una y otra vez, aunque no encuentres la paz que buscas, que quedarse dormido en esa bruma adormilada.

Recordatorios frecuentes: A intervalos regulares que puedes elegir de antemano (sugerencia: cada media hora), durante uno o dos minutos. 

  • Di: “No hay más voluntad que la de Dios. Hoy busco Su paz.” 
  • Luego haz una breve meditación en la que intentas encontrar esa paz, con los ojos cerrados si es posible.


Comentario

Esta lección afirma que esta idea “se puede considerar como el pensamiento central hacia el cual se dirigen todos nuestros ejercicios” (1:1). El Curso hace afirmaciones semejantes sobre ideas que parecen totalmente diferentes de ésta, por ejemplo: “¡El mundo no existe!” (L.132.6:2). Sin embargo, todas las ideas identificadas como “pensamiento central” pueden resumirse a lo que podemos llamar “no-dualismo”. Es decir, Dios no tiene opuesto, no existe nada aparte de Él y de Sus creaciones. El demonio no existe, ni ningún poder que se oponga a Él, ni nada que exista separado de Él y pueda tener una voluntad diferente.

Decir que nada puede tener una voluntad diferente de la de Dios nos incluye a nosotros. El resultado de creer esto es que el conflicto abandona nuestra mente. ¿Cómo puede estar nuestra mente en conflicto si no tenemos una voluntad en conflicto con la de Dios?

Aunque, ¿qué podemos decir de nuestra experiencia habitual de querer cosas que pensamos que se oponen a Dios, o de querer hacer lo que Él no quiere que hagamos? ¿O incluso algo más terrenal como sentirnos divididos entre deseos conflictivos? Si no hay más voluntad que la de Dios, ¿cómo es posible tal experiencia?

La respuesta real es: no es posible, a menos que se trate de ilusiones: “Sin ilusiones el conflicto no es posible” (2:4). El conflicto sólo existe entre dos ilusiones. En la realidad no hay conflicto, y tampoco entra en conflicto la realidad con las ilusiones:

“La guerra contra ti mismo no es más que una batalla entre dos ilusiones… No existe conflicto alguno entre ellas y la verdad… La verdad no lucha contra las ilusiones ni las ilusiones luchan contra la verdad. Las ilusiones sólo luchan entre ellas.” (T.23.I.6:1-2; 7:3-4)

Cuando parece que hay una voluntad opuesta a la de Dios, ya sea fuera de nosotros o dentro de nosotros, estamos viendo ilusiones.

“No hay más voluntad que la de Dios. No puedo estar en conflicto” (3:2-3). Ésta es la verdad. A menudo he descubierto que los pensamientos conflictivos en mi mente se calman simplemente al reconocer que no significan nada y que el conflicto no puede ser real. No es posible la paz si creo que mi mente puede estar en conflicto, pero cuando me doy cuenta de que no puedo estar en conflicto, el resultado es una paz increíble.

Hay una observación muy interesante en el párrafo 5 acerca de distinguir la realidad de los sentimientos de paz como lo opuesto de la falsa paz que resulta del abandono y la represión. Según 5:4, la paz verdadera produce “una profunda sensación de dicha y mayor agudeza mental”, mientras que la falsa paz produce “somnolencia y debilitamiento”. En nuestros intentos de entrar en la quietud y sentir nuestra paz, se nos aconseja que evitemos el abandono y que nos llevemos de regreso a la atención vigilante mediante la repetición de la idea de hoy. “Es ciertamente ventajoso negarse a buscar refugio en el ensimismamiento, aun si no llegas a experimentar la paz que andas buscando” (6:5). De esto podemos suponer que incluso el conflicto consciente es mejor que el conflicto reprimido, aunque el propósito es darnos cuenta de la irrealidad del conflicto y de este modo experimentar la paz.

Otro pensamiento: Éstas son instrucciones muy detalladas para la meditación, y muestran que se confía en que los alumnos están intentando hacer estos ejercicios durante diez o quince minutos dos veces al día.




TEXTO
 
XI. El estado de gracia
  
1. El Espíritu Santo siempre te guiará acertadamente porque tu dicha es la Suya. 2Eso es lo que Su Voluntad dispone para todos porque habla en representación del Reino de Dios, que no es otra cosa que dicha. 3Seguirle, por consiguiente, es la cosa más fácil del mundo, y lo único, que es fácil, ya que no es de este mundo. 4Por lo tanto, es algo natural. 5El mundo va en contra de tu natu­raleza, al estar en desacuerdo con las leyes de Dios. 6El mundo percibe grados de dificultad en todo. 7Eso se debe a que el ego no percibe nada como completamente deseable. 8Al demostrarte a ti mismo que no hay grados de dificultad en los milagros, te con­vencerás de que, en tu estado natural, no hay grados de dificul­tad en absoluto porque tu estado natural es un estado de gracia. 

2. La gracia es el estado natural de todos los Hijos de Dios. 2Cuando no están en estado de gracia, están fuera de su medio ambiente, y, por lo tanto, no se desenvuelven bien. 3Todo lo que hacen les produce tensión porque no fueron creados para el medio ambiente que ellos mismos se han labrado. 4No pueden, por lo tanto, adaptarse a él, ni hacer que dicho ambiente se adapte a ellos. 5De nada sirve intentarlo. 6Un Hijo de Dios es feliz única­mente cuando sabe que está, con Dios. 7Ése es el único medio ambiente en el que no sufre tensión porque ahí es donde le corres­ponde estar. 8Es también el único medio ambiente que es digno de él porque su valía está más allá de cualquier cosa que él pueda inventar.

3. Examina el reino que fabricaste y juzga su valor imparcialmente. 2¿Es acaso digno de ser la morada de una criatura de Dios? 3¿Protege tal mundo su paz e irradia amor sobre ella? 4¿Evita acaso que su corazón se vea afectado por el miedo, y le permite dar siempre sin experimentar ninguna sensación de pérdida? 5¿Le enseña que esa forma de dar es su dicha, y que Dios Mismo le agradece lo que da? 6Ése es el único ambiente en el que puedes ser feliz. 7Tú no lo puedes "crear", como tampoco puedes "crearte" a ti mismo. 8Fue creado para ti, tal como tú fuiste creado para él. 9Dios vela por Sus Hijos y no les niega nada. 10Mas cuando ellos lo niegan a Él, dejan de ser conscientes de eso porque se niegan todo a sí mismos. 11Tú, que podrías estar dando el Amor de Dios a todo lo que ves, a todo lo que tocas y a todo lo que recuerdas, estás literalmente negándote el Cielo a ti mismo.

4. Te exhorto a recordar que te he escogido a ti para que le ense­ñes al Reino lo que es el Reino. 2Esta lección no admite excepcio­nes porque la falta de excepciones es la lección en sí. 3Cada Hijo que regresa al Reino con esta lección en su corazón ha sanado a la Filiación y ha dado gracias a Dios. 4Todo aquel que aprende esta lección se convierte en el maestro perfecto porque la ha apren­dido del Espíritu Santo.

5. Cuando una mente contiene solamente luz, conoce solamente la luz. 2Su propia luminiscencia alumbra todo en su derredor, y se extiende hasta la penumbra de otras mentes, y las transforma en majestad. 3La Majestad de Dios se encuentra en ellas para que la reconozcas, la aprecies y la conozcas. La manera de aceptar tu herencia es reconociendo la Majestad de Dios en tu hermano. 5Dios sólo da de manera equitativa. 6Si reconoces Su don en cual­quiera, habrás reconocido lo que Él te ha dado a ti. 7Nada es más fácil de reconocer que la verdad, 8ya que es un reconocimiento inmediato, inequívoco y natural. 9Te has enseñado a ti mismo a no reconocerla, y esto ha sido muy difícil para ti.

6. Al hallarte fuera de tu ambiente natural es muy posible que te preguntes:"¿Qué es la verdad?", toda vez que la verdad es el medio ambiente por el cual y para el cual fuiste creado. 2No te conoces a ti mismo porque no conoces a tu Creador. 3No conoces tus creaciones porque no conoces a tus hermanos, quienes las crearon junto contigo. 4He dicho que únicamente la Filiación en su totalidad es digna de ser co-creadora con Dios, ya que única­mente la Filiación en su totalidad puede crear como Él. 5Siempre que sanas a un hermano reconociendo su valía, estás recono­ciendo su poder para crear, así como el tuyo propio. 6Él no puede haber perdido lo que tú reconoces en él, y tú no puedes sino poseer la gloria que ves en él. 7Él es un co-creador con Dios al igual que tú. 8Niega su poder creativo, y estarás negando el tuyo y el de Dios, que te creó.     

7. No puedes negar parte de la verdad. 2No conoces tus creacio­nes porque no conoces a su creador. No te conoces a ti mismo porque no conoces el tuyo. 4Tus creaciones no pueden establecer tu realidad, tal como tú tampoco puedes establecer la de Dios. 5Pero sí puedes conocer tu realidad y la de Dios. 6Al Ser se le conoce mediante el acto de compartirlo. 7Puesto que Dios com­partió su Ser contigo, Lo puedes conocer. 8Pero tienes también que conocer todo lo que Él creó, para saber lo que ellos han compartido. 9Sin tu Padre no podrás conocer tu propia paternidad. 10El Reino de Dios incluye a todos Sus Hijos y a los hijos de éstos, que son tan semejantes a los Hijos como éstos son semejantes al Padre. 11Conoce, entonces, a los Hijos de Dios, y habrás conocido a toda la creación.









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