DESPERTAR AL AMOR

lunes, 11 de noviembre de 2019

11 NOVIEMBRE: Todos los regalos que mis hermanos hacen me pertenecen.

AUDIOLIBRO



EJERCICIOS


LECCIÓN 315


Todos los regalos que mis hermanos hacen me pertenecen.


1. En cada momento de cada día se me conceden miles de teso­ros. 2Soy bendecido durante todo el día con regalos cuyo valor excede con mucho el de cualquier cosa que yo pudiera concebir. 3Un hermano le sonríe a otro, y mi corazón se regocija. 4Alguien expresa su gratitud o su compasión, y mi mente recibe ese regalo y lo acepta como propio. 5Y todo el que encuentra el camino a Dios se convierte en mi salvador, me señala el camino y me ase­gura que lo que él ha aprendido sin duda me pertenece a mí también.

2. Gracias, Padre, por los muchos regalos que me llegan hoy y todos los días, procedentes de cada Hijo de Dios. 2Los regalos que mis hermanos me pueden hacer son ilimitados. 3Ahora les mostraré mi agradecimiento, de manera que mi gratitud hacia ellos pueda conducirme a mi Creador y a Su recuerdo






Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones para la práctica en las instrucciones de la Segunda Parte del Libro de Ejercicios, o en la Tarjeta de Práctica de este libro.

Comentario

En la Lección 97 se nos dijo que si practicamos con la idea de la lección (“Soy espíritu”) para así acercar la realidad un poco más a nuestra mente, “el Espíritu Santo se regocijará de tomar cinco minutos de cada hora de tu tiempo para llevarlos alrededor de este mundo afligido donde el dolor y la congoja parecen reinar” (L.97.5:1). Dice: “No pasará por alto ni una sola mente receptiva que esté dispuesta a aceptar los dones de curación que esos minutos brindan, y los concederá allí donde Él sabe que han de ser bien recibidos” (L.97.5:2). Dice que “cada ofrenda que se le haga se multiplicará miles de veces y decenas de miles más” (L.97.6:1). Pues bien, 1.000 × 10.000 = 10.000.000 (10 millones). Así que Él multiplicará nuestros regalos por lo menos diez millones de veces, pero dice “decenas de miles”, en plural, así que eso significa hasta 90.000.000 (90 millones) de veces. Quizá los números son sólo simbólicos, indicando “un número extremadamente grande”, pero estoy seguro de que Jesús literalmente quiere decir que, con nuestra elección, un número inimaginable de mentes se beneficiarán. Cada mente abierta a recibir, recibirá nuestro regalo: millones de mentes.

Ahora, en esta lección, vemos el lado opuesto de la moneda. Pues todos aquellos que tienen su mente abierta y, como nosotros, por un instante ofrecen el regalo de su mente a Dios, nosotros recibimos sus regalos. Así pues, cada momento, miles de hermanos encuentran el camino a Dios por un instante y dan un regalo, que yo recibo porque todas las mentes están unidas, como nos dice el primer párrafo: una sonrisa entre hermanos o una palabra de agradecimiento o de misericordia, en cualquier parte del mundo, le ofrece un regalo a mi mente. Puedo recibirlo de cualquiera que encuentra su camino a Dios.

Todas las mentes están unidas. Cada momento, miles de regalos llegan a mi mente, procedentes de otras mentes. Si mi mente está abierta, ¡puedo recibir cada uno de ellos! En un grupo de estudio en el que estábamos tratando esta idea, un alumno observó: “¡Eso suena a un trabajo a tiempo completo!” Por supuesto que sí. Suena también como mi trabajo.

¿Te has preguntado alguna vez de dónde vienen esos benditos pensamientos? ¿Te has preguntado alguna vez por qué de repente, en medio de un día bastante deprimente, algo viene a tu mente y alegra tu corazón? Generalmente pensamos, si es que lo hacemos, que debe ser el Espíritu Santo. Pero podría igualmente ser un hermano que ha encontrado su camino a Dios en ese momento y le ha sonreído a alguien, y al hacerlo te ha enviado a ti el regalo. El Espíritu Santo ha sido el cartero. Alguien a quien no conoces, al otro lado del mundo, ¡acaba de darte una bendición!

El intercambio de regalos del universo dentro de la gran “Internet” universal está ocurriendo todo el tiempo. Todo el mundo está conectado, sólo tienes que leer tu correo.
Así pues, elevemos nuestro corazón en agradecimiento a cada Hijo de Dios. Pasemos esta mañana y esta noche un rato agradeciendo a nuestros hermanos, que son uno con nosotros, por todos sus muchísimos regalos, la mayoría de los cuales no hemos reconocido durante la mayor parte de nuestra vida.

A todos los que leéis esto: “Gracias por recordar, hermano o hermana”. Gracias por amar, en lugar de temer. Gracias por ser consciente, por estar vivo. Gracias por sonreír, por extender alegría. Gracias por mostrar misericordia. Gracias por perdonar. Gracias por uniros a otros. Que hoy mi meditación se centre en todas las maneras en que estoy siendo bendecido constantemente por mis hermanos, y en la realidad que obtengo de todos y cada uno de ellos.

Gracias, Padre, por los muchos regalos que me llegan hoy y todos los días, procedentes de cada Hijo de Dios. (2:1)


¿Qué es el Juicio Final? (Parte 5)

L.pII.10.3:1

Tú que creías que el Juicio Final de Dios condenaría al mundo al infierno junto contigo, acepta esta santa verdad: el Juicio de Dios es el regalo de la Corrección que le concedió a todos tus errores. Dicha Corrección te libera de ellos y de todos los efectos que parecían tener. (3:1)

La mayoría de nosotros, al menos en la sociedad occidental, hemos crecido creyendo en algún tipo de infierno. Decimos: “Dios te hará pagar por eso”. Nos insultamos unos a otros diciendo: “¡Vete al infierno!” Intelectualmente podemos haber rechazado la idea de un infierno literal, con llamas y demonios y horquillas, sin embargo, la idea está entre nuestros pensamientos. Hay un miedo visceral de lo que puede haber después de la muerte, que nos corroe por dentro, negado, reprimido, pero todavía… ahí. Si creemos en Dios, como muchos, nos acecha constantemente la preocupación por cómo nos juzgará, cómo juzgará nuestra vida.

Entonces, el Curso nos aconseja: “acepta esta santa verdad”. El Juicio de Dios no es una condena, sino un regalo: el regalo de la Corrección. No un castigo sino una sanación. No “no hay salida” sino la escapatoria. El Juicio Final no menciona cada uno de nuestros errores y luego nos encierra con sus consecuencias para toda la eternidad. No, corrige nuestros errores y nos libera de ellos, y no sólo “de los errores sino también de todos los efectos que parecían tener”.


Piensa en ello. ¿Cómo te sentirías si supieras sin ninguna duda que estás libre de todos tus errores y de todos sus efectos? ¡Eso sería el júbilo total! El “Aleluya” a pleno pulmón. Pero, el Curso nos dice que eso es la verdad, ésa es “la verdad que jamás ha cambiado” (1:1).Estamos libres de nuestros errores y de sus efectos, siempre lo hemos estado, y siempre lo estaremos. Eso es lo que todos juntos llegaremos a aceptar en ese instante del Juicio Final. Y eso es lo que estamos aprendiendo a aceptar para nosotros mismos, y a enseñárselo a todos nuestros hermanos. Nos liberamos unos a otros de nuestros pecados, para que aquellos que liberamos, a su vez, puedan liberarnos a nosotros.







TEXTO



VII. El soñador del sueño


1. Sufrir es poner énfasis en todo lo que el mundo ha hecho para hacerte daño. 2En esto puede verse claramente la versión desca­bellada que el mundo tiene de la salvación. 3Al igual que en un sueño de castigo en el que el soñador no es consciente de lo que provocó el ataque contra él, éste se ve a sí mismo atacado injusta­mente, y por algo que no es él. 4Él es la víctima de ese "algo", una cosa externa a él, por la que no tiene por qué sentirse responsable en absoluto. 5Él debe ser inocente porque no sabe lo que hace, sino sólo lo que le hacen a él. 6Su ataque contra sí mismo, no obstante, aún es evidente, pues es él quien sufre. 7Y no puede escapar porque ve la causa de su sufrimiento fuera de sí mismo.

2. Ahora se te está mostrando que sí puedes escapar. 2Lo único que necesitas hacer es ver el problema tal como es, y no de la manera en que lo has urdido. 3¿Qué otra manera podría haber de resolver un problema que en realidad es muy simple, pero que se ha envuelto en densas nubes de complicación, concebidas para que el problema siguiera sin resolverse? 4Sin las nubes, el pro­blema se vería en toda su elemental simplicidad. 5La elección, entonces, no sería difícil porque una vez que el problema se ve claramente, resulta obvio que es absurdo. 6Nadie tiene dificultad alguna en dejar que un problema sencillo sea resuelto si ve que le está haciendo daño y que se puede resolver fácilmente.

3. El "razonamiento" que da lugar al mundo, sobre el que des­cansa y mediante el cual se mantiene vigente, es simplemente éste: "Tú eres la causa de lo que yo hago. 2Tu sola presencia justifica mi ira, y existes y piensas aparte de mí. 3Yo debo ser el inocente, ya que eres tú el que ataca. 4Y lo que me hace sufrir son tus ataques". 5Todo el que examina este "razonamiento" exactamente como es se da cuenta de que es incongruente y de que no tiene sentido. 6Sin embargo, da la impresión de ser razonable, ya que cierta­mente parece como si el mundo te estuviese hiriendo. 7Y así, no parece necesario buscar la causa más allá de lo obvio.

4. Pero ciertamente hay necesidad de ello. 2La necesidad de libe­rar al mundo de la condenación en la que se halla inmerso es algo que todos los que habitan en él comparten. 3Sin embargo, no reco­nocen esta necesidad común. 4Pues cada uno piensa que si de­sempeña su papel, la condenación del mundo recaerá sobre él. 5Y esto es lo que percibe debe ser su papel en la liberación del mundo. 6La venganza tiene que tener un blanco. 7De lo contrario, el cuchillo del vengador se encontraría en sus propias manos, apuntando hacia sí mismo. 8Pues para poder ser la víctima de un ataque que él no eligió, tiene que ver el arma en las manos de otro. 9Y así, sufre por razón de las heridas que le infligió un cuchillo que él no estaba empuñando.

5. Ése es el propósito del mundo que él ve. 2Y desde este punto de vista, el mundo provee los medios por los que dicho propósito parece alcanzarse. 3Los medios dan testimonio del propósito, pero no son de por sí la causa. 4Ni la causa puede cambiar porque se la vea separada de sus efectos. 5La causa produce los efectos, los cuales dan luego testimonio de ella, no de sí mismos. 6Mira, pues, más allá de los efectos. 7No es en ellos donde radica la causa del sufrimiento y del pecado. 8No centres tu atención en el sufrimiento ni en el pecado, ya que no son sino reflejos de lo que los causa.

6. El papel que juegas en el proceso de salvar al mundo de la condenación es la manera en que te escapas tú. 2Recuerda que el testigo del mundo del mal sólo puede hablar en favor de aquello que vio la necesidad del mal en el mundo. 3Y ahí es donde con­templaste tu culpabilidad por primera vez. 4El primer ataque contra ti mismo tuvo lugar cuando te separaste de tu hermano. 5Y de esto es de lo que el mundo da testimonio. 6No busques otra causa, ni recurras a las poderosas legiones de sus testigos para deshacerla. 7Ellos apoyan la fidelidad que la separación te exige. 8Y a lo que oculta la verdad no es adonde debes dirigirte a fin de encontrar la verdad.

7. Los testigos del pecado ocupan un reducido espacio. 2Y es ahí donde encuentras la causa de la perspectiva que tienes acerca del mundo. 3Hubo un tiempo en que no eras consciente de cuál era la causa de todo lo que el mundo parecía hacerte sin tú haberlo pedido o provocado. 4De lo único que estabas seguro era de que entre las numerosas causas que percibías como responsables de tu dolor y sufrimiento, tu culpabilidad no era una de ellas. 5Ni tampoco eran el dolor y el sufrimiento algo que tú mismo hubie­ses pedido en modo alguno. 6Así es como surgieron todas las ilusiones. 7El que las teje no se da cuenta de que es él mismo quien las urde ni cree que la realidad de éstas dependa de él. 8Cualquiera que sea su causa, es algo completamente ajeno a él, y su mente no tiene nada que ver con lo que él percibe. 9No puede dudar de la realidad de sus sueños porque no se da cuenta del papel que él mismo juega en su fabricación y en hacer que parez­can reales.

8. Nadie puede despertar de un sueño que el mundo esté soñando por él. 2Pues en ese caso él se ha convertido en parte del sueño de otro. 3No puede elegir despertarse de un sueño que él no urdió. 4Es la víctima impotente de un sueño concebido y preciado por otra mente, la cual no se preocupa por él en absoluto, y es tan indiferente a su paz y a su felicidad como lo es el tiempo o la hora del día. 5No lo ama, sino que caprichosamente lo obliga a desem­peñar cualquier papel que satisfaga su sueño. 6Es tan poca su valía que él no es más que una sombra danzante, que sube y baja al compás de un guión disparatado concebido dentro del fútil sueño del mundo.

9. Ésta es la única imagen que puedes ver, la única opción que tienes ante ti, la otra posible causa, si es que tú no eres el soñador de tus propios sueños. 2Y esto es lo que eliges cuando niegas que la causa del sufrimiento esté en tu mente. 3Alégrate de que lo esté, pues de esta manera tú eres el único que puede determinar tu destino en el tiempo. 4Las únicas alternativas que tienes ante ti son o bien una muerte durmiente y sueños de maldad por una parte, o bien un feliz despertar y la alegría de la vida por otra.

10. ¿Qué otras alternativas tienes ante ti, sino la vida o la muerte, despertar o dormir, la guerra o la paz, tus sueños o tu realidad? 2Existe el riesgo de pensar que la muerte te puede brindar paz porque el mundo equipara el cuerpo con el Ser que Dios creó. 3No obstante, una cosa jamás puede ser su propio opuesto. 4Y la muerte es lo opuesto a la paz porque es lo opuesto a la vida. 5Y la vida es paz. 6Despierta y olvida todos los pensamientos de muerte, y te darás cuenta de que ya gozas de la paz de Dios. 7Sin embargo, si es cierto que realmente puedes elegir, tienes entonces que ver las causas de las cosas entre las que eliges exactamente como son y dónde se encuentran.

11. ¿Qué elección puede hacerse entre dos estados, cuando sólo se reconoce claramente uno de ellos? 2¿Quién es libre de elegir entre dos efectos, si cree que sólo puede escoger uno de ellos? 3Una elección honesta nunca podría percibirse como una en la que la elección es entre un insignificante tú y un mundo enorme, cuyos sueños acerca de tu verdad son diferentes. 4La brecha que separa a la realidad de los sueños no se encuentra entre lo que el mundo sueña y lo que tú sueñas en secreto. 5Pues en ambos casos se trata del mismo sueño. 6El sueño del mundo no es sino una parte de tu propio sueño de la que te  desprendiste y luego viste como si fuese el principio y el final del tuyo. 7No obstante, lo que dio comienzo al sueño del mundo fue tu propio sueño secreto, lo cual no percibes, si bien es lo que causó la parte que ves, de cuya realidad no dudas. 8¿Cómo podrías dudar de ello si aún estás dormido, soñando en secreto que su causa es real?

12. Sueñas que tu hermano está separado de ti, que es un viejo enemigo, un asesino que te acecha en la noche y planea tu muerte, deseando además que sea lenta y atroz. 2Mas bajo este sueño yace otro, en el que tú te vuelves el asesino, el enemigo secreto, el sepultador y destructor de tu hermano así como del mundo. 3He aquí la causa del sufrimiento, la brecha entre tus míseros sueños y tu realidad. 4La pequeña grieta que ni siquiera ves, la cuna de las ilusiones y del miedo, el momento de terror y de un odio ances­tral, el instante del desastre, están todos aquí. 5He aquí la causa de la irrealidad. 6Mas es aquí donde se des-hará.

13. Tú eres el soñador del mundo de los sueños. 2Éste no tiene ninguna otra causa, ni la tendrá jamás. 3Todo lo que aterrorizó al Hijo de Dios y le hizo pensar que había perdido su inocencia, repudiado a su Padre y entrado en guerra consigo mismo no es más que un sueño fútil. 4Mas ese sueño es tan temible y tan real en apariencia, que él no podría despertar a la realidad sin verse inundado por el frío sudor del terror y sin dar gritos de pánico, a menos que un sueño más dulce precediese su despertar y permi­tiese que su mente se calmara para poder acoger -no temer- la Voz que con amor lo llama a despertar; un sueño más dulce, en el que su sufrimiento cesa y en el que su hermano es su amigo. 5Dios dispuso que su despertar fuese dulce y jubiloso, y le pro­porcionó los medios para que pudiese despertar sin miedo.

14. Acepta el sueño que Él te dio en lugar del tuyo. 2No es difícil cambiar un sueño una vez que se ha identificado al soñador. 3Des­cansa en el Espíritu Santo, y permite que Sus dulces sueños reem­placen a los que soñaste aterrorizado, temiéndole a la muerte. 4El Espíritu Santo te brinda sueños de perdón, en los que la elección no es entre quién es el asesino y quién la víctima. 5Los sueños que Él te ofrece no son de asesinatos ni de muerte. 6El sueño de culpa­bilidad está desapareciendo de tu vista, aunque tus ojos están cerrados. 7Una sonrisa ha venido a iluminar tu rostro durmiente. 8Duermes apaciblemente ahora, pues éstos son sueños felices.

15. Sueña dulcemente con tu hermano inocente, quien se une a ti en santa inocencia. 2Y el Mismo Señor de los Cielos despertará a Su Hijo bienamado de este sueño. 3Sueña con la bondad de tu hermano en vez de concentrarte en sus errores. 4Elige soñar con todas las atenciones que ha tenido contigo, en vez de contar todo el dolor que te ha ocasionado. 5Perdónale sus ilusiones y dale gracias por toda la ayuda que te ha prestado. 6Y no desprecies los muchos regalos que te ha hecho sólo porque en tus sueños él no sea perfecto. 7Él representa a su Padre, a Quien ves ofreciéndote tanto vida como muerte.

16. Hermano, lo único que Él da es vida. 2Sin embargo, los regalos que crees que tu hermano te ofrece representan los regalos que sueñas que tu Padre te hace a ti. 3Ve todos los regalos que tu hermano te hace a la luz de la caridad y bondad que se te ofrece. 4Y no dejes que ningún dolor perturbe tu sueño de profunda gratitud por los regalos que te hace.










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