DESPERTAR AL AMOR

martes, 3 de marzo de 2020

3 MARZO: Perdonar es mi función por ser la luz del mundo.

AUDIOLIBRO



EJERCICIOS

LECCION 62

Perdonar es mi función por ser la luz del mundo.


1. Tu perdón es lo que lleva a este mundo de tinieblas a la luz. 2Tu perdón es lo que te permite reconocer la luz en la que ves. 3El perdón es la demostración de que tú eres la luz del mundo. 4Mediante tu perdón vuelves a recordar la verdad acerca de ti. 5En tu perdón, por lo tanto, reside tu salvación.
 
2. Las ilusiones que tienes acerca de ti y acerca del mundo son una y la misma. 2Por eso es por lo que todo perdón es un regalo que te haces a ti mismo. 3Tu meta es descubrir quién eres, al haber negado tu Identidad atacando a la creación y a su Creador. 4Ahora estás aprendiendo a recordar la verdad. 5Para ello, el ataque tiene que ser reemplazado por el perdón, de manera que los pensa­mientos de vida puedan reemplazar a los pensamientos de muerte.
 
3. Recuerda que en todo ataque apelas a tu propia debilidad, mientras que cada vez que perdonas apelas a la fortaleza de Cristo en ti. 2¿Te vas dando cuenta, pues, de lo que el perdón hará por ti? 3Eliminará de tu mente toda sensación de debilidad, de tensión y de fatiga. 4Arrasará con todo vestigio de temor, culpabilidad y dolor. 5Reinstaurará en tu conciencia la invulnerabilidad y el poder que Dios le confirió a Su Hijo.
 
4. Regocijémonos de poder comenzar y concluir este día practi­cando la idea de hoy, y de usarla tan frecuentemente como nos sea posible en el transcurso del día. 2Ello te ayudará a que pases un día tan feliz como Dios Mismo quiere que tú seas. 3Y ayudará a aquellos que te rodean, así como a aquellos que parecen encon­trarse lejos en el espacio y en el tiempo, a compartir esta felicidad contigo.
 
5. Tan a menudo como puedas hoy, con los ojos cerrados a ser posible, repite para tus adentros:

2Perdonar es mi función por ser la luz del mundo.
3Cumpliré mi función para así poder ser feliz.

4Dedica entonces uno o dos minutos a reflexionar sobre tu fun­ción, y la felicidad y liberación que te brindará. 5Deja que pensa­mientos afines acudan a ti libremente, pues tu corazón reconocerá estas palabras, y en tu mente se encuentra la conciencia de que son verdad. 6Si te distraes, repite la idea y añade:
 
7Deseo recordar esto porque quiero ser feliz



Instrucciones para la práctica

Ejercicio: Tan a menudo como puedas (sugerencia: cada hora, a la hora en punto), durante uno o dos minutos. 

  • Dite a ti mismo (con los ojos cerrados si la situación lo permite): “Perdonar es mi función por ser la luz del mundo. Cumpliré mi función para así poder ser feliz”. 
  • Luego usa la práctica que has estado haciendo últimamente: Piensa en las afirmaciones (en este caso, alargándote concretamente en la felicidad que tu función te proporciona). Deja que vengan pensamientos relacionados. Si tu mente se distrae, repite la idea y añade: “deseo recordar esto porque quiero ser feliz”. Este pensamiento añadido motivará a tu mente a que regrese y mantenga la atención.


Observaciones: Fíjate en la gran importancia que se da a tener un día feliz. Por esa razón hacemos las prácticas, nos ayudarán a que nuestro día sea feliz. También traerá felicidad a las personas a nuestro alrededor, ¡incluso a personas de tiempos y lugares lejanos! No es ésta una práctica egoísta.

Fíjate también en que esta lección menciona la fórmula del Libro de Ejercicios de practicar por la mañana, por la noche, y durante el día (4:1). Como ayer, podemos suponer hoy que podemos alargar las prácticas de la mañana y de la noche si queremos.

Finalmente, date cuenta de por qué pueden salir libremente pensamientos relacionados: porque “tu corazón reconocerá estas palabras, y en tu mente se encuentra la conciencia de que son verdad” (4:5). En otras palabras, los pensamientos relacionados vienen de un pozo profundo en nuestra mente, en el que ya entendemos estas ideas. Ellas sacan la sabiduría de ese pozo a la superficie y las hacen nuestras.

Comentario


¿Qué hace la luz del mundo? Perdona. Por ser la luz del mundo, mi función no es enseñar nuevas ideas a la gente, ni corregir sus errores, ni ser el caballero de la brillante armadura (rescatar a otros). Mi función es simplemente perdonarles.

El perdón es la demostración de que tú eres la luz del mundo. Mediante tu perdón vuelves a recordar la verdad acerca de ti. (1:3-4)

El perdón no sólo trae luz a las mentes de aquellos que están a mi alrededor, también me permite recordar la luz en mí mismo, me recuerda la verdad acerca de mí. El perdón es lo que me salva. Hacer aquello por lo que estoy aquí me recuerda lo que yo soy verdaderamente.

¿Por qué? Porque “las ilusiones que tienes acerca de ti y acerca del mundo son una y la misma” (2:1). Si veo la ilusión de pecado en un hermano, estoy realmente viendo mis propias ilusiones acerca de mí. Cuando perdono a ese hermano, me estoy perdonando a mí mismo, estoy viendo más allá de la ilusión que ha oscurecido la verdad tanto acerca de él como de mí. Cuando los pensamientos de ataque se substituyen con pensamientos de perdón, sustituyo la muerte con la vida.

El perdón es el medio que el Curso establece como tu camino para escapar del infierno, porque el infierno en el que estamos se hizo con nuestros juicios y pensamientos de ataque. Perdonar invita al Cristo en mí, mientras que atacar invita a mi propia debilidad. Al invitar al Cristo en mí, Cristo se da a conocer, y empiezo a reconocer a Cristo como mi verdadero Ser. El perdón reinstaura en tu conciencia “la invulnerabilidad y el poder que Dios le dio a Su Hijo” (3:5).

¿Dónde es necesario el perdón? No sólo en lo que pensamos que son cosas importantes: traición, engaño, o intento claro de hacer daño. Cualquier pensamiento en mi mente que me separe de otro y me haga diferente es un pensamiento de ataque, y necesita ser reemplazado con el perdón. Cualquier pensamiento que menosprecie a otra persona, la rebaje, la vea como “menos que”, la considere menos merecedora de amor por alguna razón, la aparte, la mire con disgusto, me vea a mí mismo ganando a costa de que ella pierda, le desee daño o pérdida de algún modo, o dude del amor en su corazón, es un pensamiento de ataque y necesita ser reemplazado con el perdón.


Ésa es mi función, hoy y todos los días. Que libere al mundo del aprisionamiento en el que lo he puesto. Que retire los juicios que he hecho acerca de él, y que así vuelva a descubrir la milagrosa verdad de mi propia naturaleza divina al estar dispuesto a verla en todos los que me rodean.




TEXTO


II. La ley del Reino
 
1. Curar es el único tipo de pensamiento en este mundo que se asemeja al Pensamiento de Dios, y por razón de los elementos que ambos tienen en común, el Pensamiento de Dios puede transfe­rirse fácilmente a él. 2Cuando un hermano se percibe a sí mismo enfermo, se está percibiendo como un ser incompleto, y, por ende, necesitado. 3Si tú también lo percibes así, lo estás viendo como si realmente no formase parte del Reino y se encontrase separado de él, .con lo cual el Reino queda velado para ambos. 4La enfermedad y la separación no son de Dios, pero el Reino sí. 5Si enturbias el Reino estarás percibiendo lo que no es de Dios.

2. Curar es, por consiguiente, corregir la percepción de tu her­mano y la tuya compartiendo con él el Espíritu Santo. 2Esto os sitúa a ambos dentro del Reino y reinstaura la plenitud del mismo en vuestras mentes. 3Es también un reflejo de la creación porque unifica al aumentar e integra al extender. 4Lo que proyec­tas o extiendes es real para ti. 5Esta es una ley inmutable de la mente, tanto en este mundo como en el Reino. 6El contenido, sin embargo, es diferente en este mundo porque los pensamientos que dicha ley gobierna aquí son muy diferentes de los Pensa­mientos del Reino. 7Las leyes deben adaptarse a las circunstan­cias si es que han de mantener el orden. 8La característica más sobresaliente de las leyes de la mente, tal como operan en este mundo, es que al obedecerlas -y yo te aseguro que tienes que obedecerlas- puedes obtener resultados diametralmente opues­tos. 9Esto se debe a que dichas leyes han sido adaptadas a las circunstancias de este mundo, en el que parece posible obtener resultados diametralmente opuestos porque puedes responder a dos voces que se oponen entre sí.

3. La ley que prevalece dentro del Reino se adapta fuera de él a la premisa: "Crees en lo que proyectas". 2Ésa es la manera en que enseña porque fuera del Reino es esencial aprender. 3Dicha manera de enseñar implica que aprenderás lo que eres de lo que has proyectado sobre los demás, y de lo que, por lo tanto, crees que ellos son. 4En el Reino ni se enseña ni se aprende porque en él no hay creencias. 5Tan sólo hay certeza. 6Dios y Sus Hijos, en la certeza de ser, saben que eres lo que extiendes. 7Esa expresión de la ley no se puede adaptar a nada porque es la ley de la creación. 8Dios Mismo creó la ley al crear mediante ella, 9y Sus Hijos, que crean de la misma manera que Él, la acatan de buen grado sabiendo que la expansión del Reino depende de ella, tal como de ella dependió su propia creación.

4. Para que las leyes puedan ser útiles tienen que comunicarse. 2En efecto, tienen que ser traducidas para aquellos que hablan distintos idiomas. 3Un buen traductor, no obstante, si bien tiene que alterar la forma de lo que traduce, jamás altera el significado. 4De hecho, su único propósito es cambiar la forma de modo que la traducción conserve el significado original. 5El Espíritu Santo es el traductor de las leyes de Dios para aquellos que no las entienden. 6Tú no podrías hacer eso por tu cuenta porque una mente en con­flicto no puede serle fiel a un solo significado, y, por lo tanto, altera el significado para conservar la forma.

5. El propósito del Espíritu Santo al traducir es exactamente el opuesto. 2Traduce únicamente para conservar -en todos los idio­mas y desde cualquier punto de vista- el significado original. 3Por consiguiente, se opone a la idea de que las diferencias en lo relativo a la forma sean significativas, subrayando siempre que esas diferencias no importan. 4El significado de su mensaje es siem­pre el mismo: lo único que importa es el significado. 5La ley de Dios que rige a la creación no entraña el uso de la verdad para convencer a Sus Hijos de la verdad. 6La extensión de la verdad que es la ley del Reino radica únicamente en el conocimiento de lo que es la verdad. 7Ésta es tu herencia y no tiene que aprenderse en absoluto, pero cuando te desheredaste a ti mismo te conver­tiste por necesidad en un alumno.

6. Nadie pone en duda la relación que existe entre el aprendizaje y la memoria. 2Es imposible aprender sin memoria, ya que lo que se aprende tiene que ser consistente para que sé pueda recordar. 3Por eso es por lo que la enseñanza del Espíritu Santo es una lección que enseña a recordar. 4Dije anteriormente que el Espíritu Santo enseña a recordar y a olvidar, pero olvidar sirve única­mente para que recuerdes de manera más consistente. 5Olvidas para poder recordar mejor. 6No entenderás Sus traducciones mientras sigas escuchando dos maneras de interpretarlas. 7Tienes por lo tanto, que olvidar o renunciar a una para poder enten­der la otra. 8Ésta es la única manera en que puedes aprender lo que es la consistencia, para que finalmente tú mismo puedas ser consistente. 

7. ¿Qué significado puede tener la perfecta consistencia del Reino para los que están confundidos? 2Es evidente que la confusión del alumno interfiere en su entendimiento de tal significado, y, por lo tanto, le impide apreciarlo. 3En el Reino no hay confusión porque sólo hay un significado. 4Este significado procede de Dios y es Dios. 5Puesto que es también lo que tú eres, es algo que compartes y extiendes tal como tu Creador lo hiciera. 6Esto no tiene que ser traducido porque se entiende perfectamente, pero sí necesita extensión porque significa extensión. 7La comunicación es perfectamente directa y está perfectamente unificada. 8Es com­pletamente libre porque nada discordante puede jamás infiltrarse en ella. 9Por eso es por lo que es el Reino de Dios. 10Le pertenece a Él y es, por lo tanto, como Él. 11Ésa es su realidad, y no hay nada que pueda afectarla.

 








lunes, 2 de marzo de 2020

2 MARZO: Yo soy la luz del mundo.

AUDIOLIBRO



EJERCICIOS

LECCION 61


Yo soy la luz del mundo.


1. ¿Quién es la luz del mundo sino el Hijo de Dios? 2Por lo tanto, esto no es más que una afirmación de la verdad acerca de ti. 3Es lo opuesto a una afirmación de orgullo, de arrogancia o de auto­engaño. 4 No describe el concepto de ti mismo que tú has forjado. 5No se refiere a ninguna de las características con las que has dotado a tus ídolos. 6Se refiere a ti tal como fuiste creado, por Dios. 7Expresa simplemente la verdad.

2. Para el ego la idea de hoy es el epítome de la auto-glorifica­ción. 2Pero el ego no sabe lo que es la humildad y la confunde con la auto-degradación. 3La humildad consiste en aceptar el papel que te corresponde en la salvación y en no aceptar ningún otro. 4 No es humildad insistir que no puedes ser la luz del mundo si ésa es la función que Dios Mismo te asignó. 5Es sólo la arrogancia la que afirmaría que ésa no puede ser tu función, y la arrogancia es siempre cosa del ego.

3. La verdadera humildad requiere que aceptes la idea de hoy porque es la Voz de Dios la que te dice que es verdad. 2Éste es uno de los primeros pasos en el proceso de aceptar tu verdadera función en la tierra. 3Es un paso gigantesco que te conducirá al lugar que te corresponde ocupar en la salvación. 4Es una asevera­ción categórica de tu derecho a la salvación y un reconocimiento del poder que se te ha otorgado para salvar a otros.

4. Debes reflexionar hoy acerca de esta idea tan a menudo como puedas. 2Es la respuesta perfecta a todas las ilusiones y, por ende, a toda tentación. 3La idea de hoy lleva todas las imágenes que tú has forjado de ti mismo ante la verdad y te ayuda a seguir ade­lante en paz, sin agobios y seguro de tu propósito.

5. Hoy se deben llevar a cabo tantas sesiones de práctica como sea posible, aunque no es necesario que ninguna exceda uno o dos minutos de duración. 2 Debes empezar cada sesión de prác­tica diciéndote a ti mismo:


3 Yo soy la luz del mundo.
4Ésa es mi única función.

5Por eso es por lo que estoy aquí.

6Piensa entonces en estas afirmaciones por unos breves momentos, preferiblemente con los ojos cerrados si las circunstancias lo permiten. 7Deja que te vengan a la mente unas cuantos pensamientos afines y, si observas que tu mente se aparta del tema central, repite la idea de hoy para tus adentros.

6. Asegúrate de comenzar y finalizar el día con una sesión de práctica. 2De este modo, te despertarás reconociendo la verdad acerca de ti mismo, la reforzarás a lo largo del día y te irás a dormir re-afirmando tu función y el único propósito que tienes aquí. 3Estas dos sesiones de práctica pueden ser más largas que las demás si te resultan útiles y deseas extenderlas.

7. La idea de hoy va mucho más allá de la mezquina opinión que el ego tiene de ti y de tu propósito. 2Como portador de la salva­ción que eres, esto es obviamente necesario. 3Éste es el primero de una serie de pasos gigantescos que vamos a dar durante las próximas semanas. 4Trata de empezar hoy a sentar las bases para estos avances. 5Tú eres la luz del mundo. 6Dios ha edificado Su plan para la salvación de Su Hijo sobre ti.





Instrucciones para la práctica

Propósito: “Éste es uno de los primeros pasos en el proceso de aceptar tu verdadera función en la tierra” (3:2). Esta lección es una continuación de lo que comenzó en la Lección 37 (“Mi santidad bendice al mundo”), que contenía “los primeros destellos de tu verdadera función en el mundo, o, la razón por la que estás aquí” (L.37.1:1)

Ejercicio: Tantos como puedas, (sugerencia: cada hora, a la hora en punto), durante uno o dos minutos. 

  • Dite a ti mismo: “Yo soy la luz del mundo. Ésa es mi única función. Por eso es por lo que estoy aquí”. 
  • Luego piensa en estas frases. Deja que te vengan pensamientos relacionados. Si puedes, cierra los ojos para hacer esto. Si tu mente se distrae (mejor dicho, cuando se distrae), repite la idea. Éste es el mismo tipo de práctica que hiciste en la Lección 50 y durante el Primer Repaso. Al pensar activamente en la idea, la haces tuya propia.


Observaciones: Empieza y termina el día con una sesión de práctica. Éstas pueden ser más largas si quieres. Estas prácticas harán que tu día empiece, termine, y se llene con la afirmación de la verdad sobre ti. Ésta es la clase de día al que el Libro de Ejercicios nos lleva, en el que practicamos por la mañana, por la noche, y durante todo el día.
Éste es el primero de los siete “pasos gigantescos” en tu viaje de regreso al hogar. Intenta hacer hoy exactamente eso. Utilízalo para “empezar a sentar las bases” (7:4) de los pasos gigantescos que quedan por llegar.

Comentario

Probablemente, si te pareces a mí, la mayoría de los días no te sientes la luz del mundo. Algunos días me siento como el último rescoldo de la chimenea. Pero esta lección no habla acerca de cómo me siento, habla de lo que soy en verdad. “No se refiere a ninguna de las características con las que has dotado a tus ídolos. Se refiere a ti tal como fuiste creado por Dios” (1:5-6). No se refiere a quien yo pienso que soy, se refiere a mis características del diseño original, directamente de la mano del Creador. Según la enseñanza tradicional cristiana, Jesús es la luz del mundo y el resto de nosotros somos los ciegos que necesitan su luz. Decir “Yo soy la luz del mundo” puede parecer demasiado. Puede parecer arrogante, lleno de orgullo, incluso lleno de ego. Cuando Dios te ha hecho la luz del mundo, ¿qué hay más arrogante que decir: “Lo siento, Jefe, te equivocas. Soy un pobre pecador”?

Tú y yo estamos aquí para ser conductores de la luz de Dios. Ser la luz del mundo es nuestra única función, y la única razón por la que estamos aquí (5:3-5). Somos portadores de la salvación, no hay otro modo de que la salvación venga al mundo excepto a través de nosotros, ¡a través de todos nosotros!

La lección pide nuestra aceptación y práctica de esta idea “uno de los primeros pasos en el proceso de aceptar tu verdadera función en la tierra” (3:2), “un paso gigantesco” (3:3), “una aseveración categórica de tu derecho a la salvación” (3:4). No es únicamente una lección más, ¡es cosa seria! Bajarte del tren del “pobre de mí, necesito que me salven” y subirte al tren de “portador de la salvación” puede ser un punto decisivo importante. La clave general de la idea se refleja en el viejo dicho de los años sesenta: ¿Eres parte del problema o de la solución?

Al principio puede parecer que esta idea pide demasiado de nosotros. “¿Quién, yo salvar al mundo? ¿Estás de broma? ¡Ni siquiera puedo salvarme a mí mismo!” Pero esa creencia sobre nosotros mismos es exactamente donde está nuestro problema. Intenta darle amor a alguien hoy y descubrirás que puedes llevar luz a su vida. Haz esto unas cuantas veces y tu opinión acerca de ti mismo empezará a cambiar. Tu verdadera sensación de valía propia empezará a florecer. Al dar ayuda, te estarás ayudando a ti mismo. Afirmas la divinidad de tu Fuente y te reconoces a ti mismo como un Hijo de Dios al reconocer que ser útil, dar amor, extender amabilidad, y mostrar compasión es la verdadera razón por la que estás aquí.




TEXTO


Capítulo 7


LOS REGALOS DEL REINO


I. El último paso


1. El poder creativo de Dios y el de Sus creaciones es ilimitado, pero no existe entre ellos, una relación recíproca. 2Te comunicas plenamente con Dios, tal como Él se comunica contigo. 3Es éste un proceso continuo que compartes con Él, y por el hecho de que lo compartes, te sientes inspirado a crear como Él crea. 4En la crea­ción, no obstante, no existe una relación recíproca entre tú y Dios, ya que Él te creó a ti, pero tú no lo creaste a El. 5Ya te dije que tu poder creativo difiere del Suyo solamente en ese punto. 6Incluso en este mundo existe un paralelo. 7Los padres traen al mundo a sus hijos, pero los hijos no traen al mundo a sus padres. 8Traen al mundo no obstante, a sus propios hijos, y, de este modo, procrean tal como sus padres lo hicieran.

2. Si tú hubieses creado a Dios y Él te hubiese creado a ti, el Reino no podría expandirse mediante su propio pensamiento creativo. 2La creación estaría, por lo tanto, limitada, y no podrías ser co­creador con Dios. 3De la misma manera en que el Pensamiento creador de Dios procede de Él hacia ti, así tu pensamiento crea­dor no puede sino proceder de ti hacia tus creaciones. 4Sólo de esta manera puede extenderse todo poder creativo. 5Las obras de Dios no son tus obras, pero tus obras son como las Suyas. 6Él creó a la Filiación y tú la expandes. 7Tienes el poder de acrecentar el Reino, aunque no de acrecentar a su Creador. 8Reivindicas ese poder cuando te mantienes alerta sólo en favor de Dios y de Su Reino. 9Al aceptar que tienes ese poder, aprendes a recordar lo que eres.

3. A tus creaciones les corresponde estar en ti del mismo modo en que a ti te corresponde estar en Dios. 2Tú eres parte de Dios, tal como tus hijos son parte de Sus Hijos. 3Crear es amar. 4El amor se extiende hacia afuera simplemente porque no puede ser conte­nido. 5Nunca deja de fluir porque es ilimitado. 6El amor crea para siempre, aunque no en el tiempo. 7Las creaciones de Dios han existido siempre porque Él ha existido siempre. 8Tus creaciones han existido siempre, porque tú sólo puedes crear como Dios crea. 9La eternidad es tuya porque Él te creó eterno.

4. El ego, por otra parte, siempre exige derechos recíprocos, ya que es competitivo en vez de amoroso. 2Está siempre dispuesto a hacer tratos, pero no puede comprender que ser igual a otro signi­fica que no es posible hacer ningún trato al respecto. 3Para ganar tienes que dar, no regatear. 4Regatear es imponer límites en lo que se da, y eso no es la Voluntad de Dios. 5Disponer lo mismo que Dios es crear como Él. 6Dios no limita en modo alguno Sus rega­los. 7Tú constituyes Sus regalos, por consiguiente, tus regalos son necesariamente como los Suyos. 8Los regalos que le haces al Reino no pueden sino ser como los regalos que El te hace a ti.

5. Yo le di al Reino únicamente amor porque creí que eso era lo que yo era. 2Lo que tú crees ser determina los regalos que haces, y si Dios te creó extendiéndose a Sí Mismo hasta dar lugar a lo que eres, sólo puedes extenderte a ti mismo tal como Él lo hizo. 3Sólo la dicha aumenta eternamente, pues la dicha y la eternidad son inseparables. 4Dios se extiende hacia afuera, más allá de todo límite y más allá del tiempo, y tú que eres co-creador con Él, extiendes Su Reino eternamente y más allá de todo límite. 5La eternidad es el sello indeleble de la creación. 6Los eternos son felices y viven en paz eternamente.

6. Pensar como Dios es compartir Su certeza acerca de lo que eres, y crear como Él es compartir el Amor perfecto que Él com­parte contigo. 2Hacia esto te conduce el Espíritu Santo, para que tu dicha sea total porque el Reino de Dios es íntegro. 3He dicho que el último paso en el redespertar al conocimiento lo da Dios. 4Esto es verdad, pero es difícil de explicar con palabras porque las palabras son símbolos, y lo que es verdad no necesita explica­ción. 5El Espíritu Santo, no obstante, tiene la tarea de traducir lo inútil a lo   útil, lo que no tiene significado a lo significativo y lo temporal a lo eterno. 6El Espíritu Santo puede, por consiguiente, decirte algo acerca de este último paso.

7. Dios no da pasos porque Sus obras no se realizan de forma gradual. 2No enseña, porque Sus creaciones son inalterables. 3No hace nada al final, porque El creó primero y para siempre. 4Debe entenderse que la palabra "primero", cuando se aplica a Dios, no es un concepto temporal. 5Él es el primero en el sentido de que es el Primero en la Santísima Trinidad. 6Es el Creador Principal por­que creó a Sus co-creadores. 7De ahí que el tiempo no le ataña a Él ni a lo que Él creó. 8Por lo tanto, el "último paso" que Dios dará fue cierto al principio, es cierto ahora y será cierto eterna­mente. 9Lo que es eterno está siempre presente porque su ser es eternamente inmutable. 10No cambia al aumentar porque fue creado para expandirse eternamente. 11Si no percibes su expan­sión significa que no sabes lo que es, 12ni tampoco Quién lo creó. 13Dios no te revela esto porque nunca estuvo oculto. 14Su luz jamás estuvo velada porque Su Voluntad es compartirla. 15¿Y cómo iba a ser posible que lo que se comparte plenamente se hubiese ocultado primero para luego ser revelado?










domingo, 1 de marzo de 2020

1 MARZO: PRIMER REPASO Repaso de lecciones 46 a 50

AUDIOLIBRO



EJERCICIOS


LECCION 60

PRIMER REPASO Repaso de lecciones 46 a 50



Éstas son las ideas para el repaso de hoy:


1. (46) Dios es el Amor en el que perdono.
2Dios no perdona porque jamás ha condenado. 3Los que están libres de culpa no pueden culpar, y aquellos que han aceptado su inocencia no ven nada que tengan que perdonar. 4Con todo, el perdón es el medio por el cual reconoceré mi inocencia. 5Es el reflejo del Amor de Dios en la tierra. 6Y me llevará tan cerca del Cielo que el Amor de Dios podrá tenderme la mano y elevarme hasta Él.

2. (47) Dios es la fortaleza en la que confío.
2No es con mi propia fortaleza con la que perdono. 3Es con la fortaleza de Dios en mí, la cual recuerdo al perdonar. 4A medida que comienzo a ver, reconozco Su reflejo en la tierra. 5Perdono todas las cosas porque siento Su fortaleza avivarse en mí. 6Y empiezo a recordar el Amor que decidí olvidar, pero que nunca se olvidó de mí.

3. (48) No hay nada que temer.
2¡Cuán seguro me parecerá el mundo cuando lo pueda ver! 3No se parecerá en nada a lo que ahora me imagino ver. 4Todo el mundo y todo cuanto vea se inclinará ante mí para bendecirme. 5Reconoceré en todos a mi Amigo más querido. 6¿Qué puedo temer en un mundo al que he perdonado y que a su vez me ha perdonado a mí?

4. (49) La Voz de Dios me habla durante todo el día.
2No hay un solo momento en el que la Voz de Dios deje de apelar a mi perdón para salvarme. 3No hay un solo momento en el que Su Voz deje de dirigir mis pensamientos, guiar mis actos y con­ducir mis pasos. 4Me dirijo firmemente hacia la verdad. 5No hay ningún otro lugar adonde pueda ir porque la Voz de Dios es la única voz y el único guía que se le dio a Su Hijo.

5. (50) El Amor de Dios es mi sustento.
2Cuando escucho la Voz de Dios, Su Amor me sustenta. 3Cuando abro los ojos, Su Amor alumbra al mundo para que lo pueda ver. 4Cuando perdono, Su Amor me recuerda que Su Hijo es impeca­ble. 5Y cuando contemplo al mundo con la visión que Él me dio, recuerdo que yo soy Su Hijo.





Instrucciones para la práctica

Propósito: Repasar las lecciones y así dejar que se adentren en un nivel más profundo. También, ver la relación entre ellas y lo entrelazado que está el sistema de pensamiento al que se te está llevando.

Ejercicios: Tan a menudo como puedas (sugerencia: cada hora, a la hora en punto), durante al menos dos minutos. 

  • Solo y en un lugar tranquilo, lee una de las cinco lecciones y los comentarios relacionados. Fíjate en que los comentarios como si fueran tus propios pensamientos sobre la idea. Intenta imaginarte que son tus propias palabras. Te ayudará introducir tu nombre a menudo. Esto te preparará para la fase siguiente, en la que tú mismo produces pensamientos semejantes. 
  • Cierra los ojos y piensa en la idea y en los comentarios. Concretamente piensa en la idea central del párrafo del comentario. Reflexiona sobre ella. Deja que surjan pensamientos relacionados (utilizando el entrenamiento que has recibido en esa práctica). Si tu mente se distrae, repite la idea y luego vuelve a reflexionar sobre ella. Éste es el mismo ejercicio básico de la Lección 50, en el que activamente piensas sobre las ideas para dejar que se adentren más profundamente en tu mente.


Observaciones: 

  • Al comienzo y al final del día lee las cinco lecciones. 
  • A partir de entonces, haz una lección por sesión de práctica, el orden no importa. 
  • Haz cada lección por lo menos una vez. 
  • Cumplido eso, concéntrate en una lección determinada si es la que más te atrae.


Comentario

Mis Amigos más queridos:

Me dirijo a vosotros de este modo a causa de la línea de esta lección: “Reconoceré en todos a mi Amigo más querido” (3:5). Esa línea me impactó tanto en cierta ocasión que, durante cuatro o cinco meses, cada carta que escribía (excepto a aquellos que probablemente no lo entenderían) la empezaba con “Mi Amigo más querido, (nombre)”.

No es extraño que el Curso nos diga: “En la creación de Dios no hay extraños” (T.3.III.7:7). Mi Amigo más querido es todo el mundo, en la realidad, cada uno es ese Amigo. Ésa es su Identidad real, aunque oculta. Hablando de “Aquellos que aceptan el propósito del Espíritu Santo como su propósito comparten asimismo Su visión” (T.20.II.5:3), el Curso dice: “Él no ve extraños, sino tan sólo amigos entrañables y amorosos” (T.20.II.5:5).

Imagínate ver el mundo de ese modo. Imagínate amar a todos con los que te encuentras, reconociendo en todos y cada uno a un amigo muy, muy querido, y sabiendo que en lo más profundo de sus corazones son totalmente amorosos, al igual que tú. Imagínate estar rodeado de un amor así. Ésa es la visión del Curso del mundo real, el mundo al que se llega mediante el perdón total (ver T.17.II.5:1, y T. 30.VI.3:3).

“El perdón es el medio por el cual reconoceré mi inocencia” (1:4). Y cuando reconozca mi inocencia, ya no veré nada que perdonar (1:3). Únicamente veré amigos amados y amorosos. Mientras vea otra cosa, algo distinto, hay trabajo de perdón que queda por hacer. Estamos aquí por un propósito, y sólo uno: para perdonar al mundo tan completamente que amemos absolutamente a todos y a todo, cualquier cosa que sea menos que eso es perdón incompleto. ¿Qué es lo que limita nuestro amor sino alguna forma de falta de perdón? Únicamente eliminando por completo cada obstáculo al amor llegaremos a conocer la totalidad del amor que somos.

La fortaleza de Dios en mí me permite hacerlo. A medida que perdono, recuerdo esa fortaleza en mí, una fortaleza que yo he olvidado. “Perdono todas las cosas porque siento Su fortaleza avivarse en mí” (2:5). La Voz de Dios me guía en este camino del perdón, paso a paso cuidadosamente, realmente no hay ningún otro lugar al que ir. “Me dirijo firmemente hacia la verdad” (4:4). A veces mis pasos parecen inseguros, pero no puedo perderme. El Amor de Dios me sostiene. Al escucharle avivarse muy hondo dentro de mí, puedo recordar que yo soy Su Hijo.

Nuestros pasos han sido inciertos, y las dudas nos han hecho andar con lentitud por el camino que este curso señala. Pero ahora vamos a ir más deprisa, pues nos estamos acercando a una mayor certeza, a un propósito más firme y a una meta más segura.

Padre nuestro, afianza nuestros pasos. Aplaca nuestras dudas, aquieta nuestras santas mentes, y háblanos. No tenemos nada que decirte, pues sólo deseamos escuchar Tu Palabra y hacerla nuestra. Guía nuestras prácticas tal como un padre guía a su hijo pequeño por un camino que éste desconoce, pero que aun así, el hijo lo sigue, seguro de que está a salvo porque su padre le muestra el camino.
De este modo es como llevamos nuestras prácticas hasta Ti. Si tropezamos, Tú nos levantarás. Si se nos olvida el camino, sabemos que Tú siempre lo recordarás. Y si nos extraviamos, Tú no te olvidarás de llamarnos. Aligera nuestros pasos ahora de modo que podamos caminar con mayor certeza y mayor rapidez hasta Ti. Y aceptamos la Palabra que Tú nos ofreces para unificar nuestras prácticas, a medida que repasamos los pensamientos que Tú nos has dado. (L.rV.In.1:5-3:6)