DESPERTAR AL AMOR

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viernes, 20 de diciembre de 2019

20 DICIEMBRE: Cristo y yo nos encontramos unidos en paz y seguros de nuestro propósito. Su Creador reside en Él, tal como Él reside en mí.

AUDIOLIBRO


EJERCICIOS


LECCIÓN 354


Cristo y yo nos encontramos unidos en paz y seguros de nuestro propósito. Su Creador reside en Él, tal como Él reside en mí.


1. Mi unidad con el Cristo me establece como Tu Hijo, más allá del alcance del tiempo y libre de toda ley, salvo de la Tuya. 2No tengo otro ser que el Cristo que vive en mí. 3No tengo otro propósito que el Suyo. 4Y Él es como Su Padre. 5Por lo tanto, no puedo sino ser uno Contigo, así como con Él. 6Pues, ¿quién es Cristo sino Tu Hijo tal como Tú lo creaste? 7¿Y qué soy yo sino el Cristo en mí?



Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones para la práctica en las instrucciones de la Segunda Parte del Libro de Ejercicios, o en la Tarjeta de Práctica de este libro.

Comentario

Esta lección expresa la consciencia de mi igualdad con Cristo. El Creador está en Cristo y también en mí, Dios está en mí ya que está en Cristo. Exactamente igual. “No tengo otro ser que el Cristo que vive en mí” (1:2).El Curso nos está llevando a esta consciencia de igualdad. Todo nuestro estudio del Curso, nuestra práctica del Libro de Ejercicios, y que apliquemos el perdón en todas nuestras relaciones, nos está llevando a esta consciencia final: “No tengo otro ser que el Cristo que vive en mí”. “¿Y qué soy yo sino el Cristo en mí?” (1:7).

Cuando llegamos a estas lecciones finales, podemos sentirnos como si en algún momento a lo largo del Curso, nos hubiera pasado de largo. Como si en algún momento hubiésemos perdido el barco o, más probablemente, como si nos hubiésemos bajado del barco y quedado atrás. Sé que a veces me he sentido así, también sé que si continúo practicando lo que el Curso me ha enseñado, eso no será siempre así. Un día la comprensión de que no tengo otro ser que el Cristo que vive en mí resonará en mi mente sin ninguna resistencia ni duda.

Creo profundamente que estas palabras son verdad, pero soy consciente de que hay una parte de mi mente que todavía no lo cree. Mi experiencia todavía no se ha puesto a la altura de mi comprensión. Mi mente todavía cree que no soy idéntico a Cristo, y por eso experimento lo que creo, y lo que siento es partes de mí mismo que parecen ser diferentes de este Ser perfecto, Que es completamente igual a Su Padre.

¿Significa esto que el Curso ha fracasado o que yo le he fallado al Curso? No, no lo creo. En el Epílogo que sigue a la Lección 365, Jesús habla de que el Espíritu Santo será nuestro “Guía en toda dificultad o dolor que consideréis real” (L.Ep.4:1). Por eso espera que todo el que ha acabado el Libro de Ejercicios, todavía tendrá dificultades y, a veces, todavía pensará equivocadamente que el dolor es real. Él dice aquí: “Sean cuales sean tus problemas ten por seguro que Él tiene la solución y que gustosamente te la dará sólo con que te dirijas a Él y se la pidas” (L.Ep.1:5). Incluso después de todo esto, todavía tendremos dificultades. “Este curso es un comienzo, no un final” (L.Ep.1:1). El Texto y el Libro de Ejercicios están pensados, no para llevarnos al final de nuestro viaje, sino para entrenarnos en el camino apropiado para el viaje, para desarrollar hábitos adecuados de práctica espiritual. Nos presentan a nuestro Maestro y nos enseñan la costumbre de escucharle. Eso es todo, y eso es suficiente.

Y sin embargo estas últimas lecciones ponen palabras en nuestras bocas y nos hacen hablar como si ya hubiésemos llegado. Piensa en ellas como anticipos de cómo será tu mente cuando hayas terminado el viaje. Sumerge tu mente en ellas y deja que las absorba, transformándote al hacerlo. Cualquier cosa que sientas hoy, cualquier cosa que hoy pienses acerca de ti, estas palabras siguen siendo la verdad.

Lo que somos está más allá del alcance del tiempo y libre de cualquier ley, salvo la de Dios (1:1). No tenemos otro propósito que el de Cristo (1:3). Somos uno con Dios, tal como Jesús lo era y lo es (1:5). Y todo nuestro aprendizaje está planeado para desaprender todo lo que nos dice algo diferente.



¿Qué soy? (Parte 4)

L.pII.14.2:4-5

La verdad de lo que somos no es algo de lo que se pueda hablar o describir con palabras. (2:4)

Las palabras sólo pueden traernos hasta aquí. Pueden llevarnos a la puerta del Cielo, pero no pueden hacernos entrar. Todas las palabras del Curso, tan maravillosas como son, no pueden hacer más de eso. Eso no es una deficiencia del Curso, ni una deficiencia de las palabras. Las palabras son sólo símbolos. No pueden hacer más de lo que los símbolos hacen, y eso es mucho, y todo lo que es necesario. La Verdad Misma de lo que somos hará el resto.

Esa verdad y el completo conocimiento de ella está más allá del alcance de las palabras y, por lo tanto, más allá del alcance de este mundo, que es un mundo de símbolos y no de realidades. Aún así, no hay razón para la desesperanza por eso. Lo que somos no puede estar aquí, igual que una persona física y “real” no puede existir dentro de un sueño, igual que una figura de tres dimensiones no puede entrar en un mundo de dos dimensiones. (Otro ejemplo: un cubo de tres dimensiones no puede existir en una hoja de papel, lo más que se puede hacer es un dibujo en perspectiva que sugiere tres dimensiones).

Podemos, sin embargo, darnos cuenta de la función que tenemos aquí, y usar palabras para hablar de ello así como para enseñarlo, si predicamos con el ejemplo. (2:5)

Aunque no podemos conocer totalmente la verdad de lo que somos, aquí en este mundo, podemos expresarlo; por decirlo de algún modo, podemos crear un dibujo en perspectiva que sugiere esa verdad. ¿Cómo? Llevando a cabo la función que Dios nos ha dado, la función que el Curso ha afirmado repetidas veces de muchas maneras: el perdón, ser feliz, extensión, hacer la Voluntad de Dios, dar de nosotros mismos, aumentar el tesoro de Dios creando el nuestro, dando y recibiendo sanación, aceptando la Expiación. Esto es algo de lo que las palabras pueden hablar, y las palabras pueden también enseñar el perdón, “si predicamos con el ejemplo”. Si las palabras que hablamos inundan nuestro ser, las palabras pueden transmitir lo que es el perdón. Si nuestra vida es un ejemplo de lo que hablamos, nuestras palabras tienen poder. Dicho de otro modo, si llevamos a cabo nuestra función de perdonar, podemos enseñar el perdón. Y eso es nuestro “dibujo en perspectiva” de la verdad de nuestro Ser. Ése es el reflejo en el mundo del Amor que somos.

Considera al Curso como un ejemplo de lo que aquí se nos está diciendo. ¿Por qué son tan poderosas sus palabras? Pienso que la razón es que las dice uno que es un ejemplo de las palabras que dice. Incluso en el modo en que Jesús (el autor) nos habla, y trata a nuestros fallos, nuestra terquedad y cabezonería, nuestras dudas y vacilaciones, podemos sentir la realidad detrás de las palabras que nos dice. Siempre es paciente con nosotros. Nunca nos menosprecia ni nos riñe disgustado por nuestra estupidez. Cuando habla del perdón hay un sentimiento de perdón en las palabras que nos transmite. Cuando nos dice que contemplemos a todos como iguales, sentimos que el nos está contemplando a nosotros como Sus iguales. Cuando dice que podemos mirar a todos sin ver ningún pecado, sentimos que así es como Él nos ve a nosotros.

A eso es a los que nos está llevando, a todos y cada uno de nosotros. Es lo que el Manual para el Maestro llama honestidad, en la Sección sobre las características de los Maestros de Dios.
La honestidad no se limita únicamente a lo que dices. El verdadero significado del término es congruencia: nada de lo que dices está en contradicción con lo que piensas o haces; ningún pensamiento se opone a otro; ningún acto contradice tu palabra ni ninguna palabra está en desacuerdo con otra. (M.4.II.1:4-6)
/
Únicamente al llevar a cabo nuestra función, únicamente al hacernos una encarnación del Curso, podemos llegar a darnos cuenta y reconocer Su mensaje para nosotros. Únicamente al darlo a otros en palabras y de hechos, podemos recibirlo nosotros completamente.






TEXTO

 

III. Los que se acusan a sí mismos

  

1. Sólo los que se acusan a sí mismos pueden condenar. 2Antes de tomar una decisión de la que se han de derivar diferentes resulta­dos tienes que aprender algo, y aprenderlo muy bien. 3Ello tiene que llegar a ser una respuesta tan típica para todo lo que hagas que acabe convirtiéndose en un hábito, de modo que sea tu pri­mera reacción ante toda tentación o suceso que ocurra. 4Aprende esto, y apréndelo bien, pues con ello la demora en experimentar felicidad se acorta por un tramo de tiempo que ni siquiera pue­des concebir: 5nunca odias a tu hermano por sus pecados, sino únicamente por los tuyos. 6Sea cual sea la forma que sus pecados parezcan adoptar, lo único que hacen es nublar el hecho de que crees que son tus propios pecados y, por lo tanto, que el ataque es su "justo" merecido.

2. ¿Por qué iban a ser sus pecados pecados, a no ser que creyeses que esos mismos pecados no se te podrían perdonar a ti? 2¿Cómo iba a ser que sus pecados fuesen reales, a no ser que creyeses que constituyen tu realidad? 3¿Y por qué los atacas por todas partes, si no fuese porque te odias a ti mismo? 4¿Eres acaso tú un pecado? 5Contestas afirmativamente cada vez que atacas, pues mediante el ataque afirmas que eres culpable y que tienes que infligirle a otro lo que tú te mereces. 6¿Y qué puedes merecer, sino lo que eres? Si no creyeses que mereces ataque, jamás se te ocurriría atacar a nadie. 8¿Por qué habrías de hacerlo? 9¿Qué sacarías con ello? 10¿Y de qué manera podría beneficiarte el asesinato?

3. Los pecados se perciben en el cuerpo, 2no en la mente. 3No se ven como propósitos, sino como acciones. 4Los cuerpos actúan, pero las mentes no. 5Por lo tanto, el cuerpo debe tener la culpa de lo que él mismo hace. 6No se le ve como algo pasivo que simple­mente se somete a tus órdenes sin hacer nada por su cuenta. 7Si tú eres un pecado, no puedes sino ser un cuerpo, pues la mente no actúa. 8Y el propósito tiene que encontrarse en el cuerpo y no en la mente. 9El cuerpo debe actuar por su cuenta y motivarse a sí mismo. 10Si eres un pecado, aprisionas a la mente dentro del cuerpo y le adjudicas el propósito de ésta a su prisión, que enton­ces actúa en su lugar. 11Un carcelero no obedece órdenes, sino que es el que le da órdenes al prisionero.

4. Mas es el cuerpo el que es el prisionero, no la mente. 2El cuerpo no tiene pensamientos. 3No tiene la capacidad de aprender, perdo­nar o esclavizar. 4No da órdenes que la mente tenga que acatar, ni fija condiciones que ésta tenga que obedecer. 5Él cuerpo sólo man­tiene en prisión a la mente que está dispuesta a morar en él. 6Se enferma siguiendo las órdenes de la mente que quiere ser su pri­sionera. 7Y envejece y muere porque dicha mente está enferma. 8El aprendizaje es lo único que puede producir cambios. 9El cuerpo, por lo tanto, al que le es imposible aprender, jamás podría cam­biar a menos que la mente prefiriese que él cambiase de aparien­cia para amoldarse al propósito que ella le confirió. 10Pues la mente puede aprender, y es en ella donde se efectúa todo cambio.

5. La mente que se considera a sí misma un pecado sólo tiene un propósito: que el cuerpo sea la fuente del pecado, para que la mantenga en la prisión que ella misma eligió y que vigila, y don­de se mantiene a sí misma separada, prisionera durmiente de los perros rabiosos del odio y de la maldad, de la enfermedad y del ataque, del dolor y de la vejez, de la angustia y del sufrimiento. 2Aquí es donde se conservan los pensamientos de sacrificio, pues ahí es donde la culpabilidad impera y donde le ordena al mundo que sea como ella misma: un lugar donde nadie puede hallar misericordia, ni sobrevivir los estragos del temor, excepto me­diante el asesinato y la muerte. 3Pues ahí tú te conviertes en un pecado, y el pecado no puede morar allí donde moran el júbilo y la libertad, pues éstos son sus enemigos y él los tiene que des­truir. 4El pecado se conserva mediante la muerte, y aquellos que creen ser un pecado no pueden sino morir por razón de lo que creen ser.

6. Alegrémonos de que ves aquello que crees, y de que se te haya concedido poder cambiar tus creencias. 2El cuerpo simplemente te seguirá. 3Jamás te puede conducir adonde tú no quieres ir. 4No es un centinela de tu sueño, ni interfiere en tu despertar. 5Libera a tu cuerpo del encarcelamiento, y no verás a nadie prisionero de lo que tú mismo te has escapado. 6Tampoco querrás retener en la culpabilidad a aquellos que habías decidido eran tus enemigos, ni mantener encadenados a la ilusión de un amor cambiante a aquellos que consideras amigos.


7. Los inocentes otorgan libertad como muestra de gratitud por su liberación. 2Y lo que ven apoya su liberación del encarcela­miento y de la muerte. 3Haz que tu mente sea receptiva al cam­bio, y ni a tu hermano ni a ti se os podrá imponer ninguna pena ancestral. 4Pues Dios ha decretado que no se pueda pedir ni hacer ningún sacrificio.
















jueves, 20 de diciembre de 2018

20 DICIEMBRE: Cristo y yo nos encontramos unidos en paz y seguros de nuestro propósito. Su Creador reside en Él, tal como Él reside en mí.

AUDIOLIBRO


EJERCICIOS


LECCIÓN 354


Cristo y yo nos encontramos unidos en paz y seguros de nuestro propósito. Su Creador reside en Él, tal como Él reside en mí.


1. Mi unidad con el Cristo me establece como Tu Hijo, más allá del alcance del tiempo y libre de toda ley, salvo de la Tuya. 2No tengo otro ser que el Cristo que vive en mí. 3No tengo otro propósito que el Suyo. 4Y Él es como Su Padre. 5Por lo tanto, no puedo sino ser uno Contigo, así como con Él. 6Pues, ¿quién es Cristo sino Tu Hijo tal como Tú lo creaste? 7¿Y qué soy yo sino el Cristo en mí?



Instrucciones para la práctica

Ver las instrucciones para la práctica en las instrucciones de la Segunda Parte del Libro de Ejercicios, o en la Tarjeta de Práctica de este libro.

Comentario

Esta lección expresa la consciencia de mi igualdad con Cristo. El Creador está en Cristo y también en mí, Dios está en mí ya que está en Cristo. Exactamente igual. “No tengo otro ser que el Cristo que vive en mí” (1:2).El Curso nos está llevando a esta consciencia de igualdad. Todo nuestro estudio del Curso, nuestra práctica del Libro de Ejercicios, y que apliquemos el perdón en todas nuestras relaciones, nos está llevando a esta consciencia final: “No tengo otro ser que el Cristo que vive en mí”. “¿Y qué soy yo sino el Cristo en mí?” (1:7).

Cuando llegamos a estas lecciones finales, podemos sentirnos como si en algún momento a lo largo del Curso, nos hubiera pasado de largo. Como si en algún momento hubiésemos perdido el barco o, más probablemente, como si nos hubiésemos bajado del barco y quedado atrás. Sé que a veces me he sentido así, también sé que si continúo practicando lo que el Curso me ha enseñado, eso no será siempre así. Un día la comprensión de que no tengo otro ser que el Cristo que vive en mí resonará en mi mente sin ninguna resistencia ni duda.

Creo profundamente que estas palabras son verdad, pero soy consciente de que hay una parte de mi mente que todavía no lo cree. Mi experiencia todavía no se ha puesto a la altura de mi comprensión. Mi mente todavía cree que no soy idéntico a Cristo, y por eso experimento lo que creo, y lo que siento es partes de mí mismo que parecen ser diferentes de este Ser perfecto, Que es completamente igual a Su Padre.

¿Significa esto que el Curso ha fracasado o que yo le he fallado al Curso? No, no lo creo. En el Epílogo que sigue a la Lección 365, Jesús habla de que el Espíritu Santo será nuestro “Guía en toda dificultad o dolor que consideréis real” (L.Ep.4:1). Por eso espera que todo el que ha acabado el Libro de Ejercicios, todavía tendrá dificultades y, a veces, todavía pensará equivocadamente que el dolor es real. Él dice aquí: “Sean cuales sean tus problemas ten por seguro que Él tiene la solución y que gustosamente te la dará sólo con que te dirijas a Él y se la pidas” (L.Ep.1:5). Incluso después de todo esto, todavía tendremos dificultades. “Este curso es un comienzo, no un final” (L.Ep.1:1). El Texto y el Libro de Ejercicios están pensados, no para llevarnos al final de nuestro viaje, sino para entrenarnos en el camino apropiado para el viaje, para desarrollar hábitos adecuados de práctica espiritual. Nos presentan a nuestro Maestro y nos enseñan la costumbre de escucharle. Eso es todo, y eso es suficiente.

Y sin embargo estas últimas lecciones ponen palabras en nuestras bocas y nos hacen hablar como si ya hubiésemos llegado. Piensa en ellas como anticipos de cómo será tu mente cuando hayas terminado el viaje. Sumerge tu mente en ellas y deja que las absorba, transformándote al hacerlo. Cualquier cosa que sientas hoy, cualquier cosa que hoy pienses acerca de ti, estas palabras siguen siendo la verdad.

Lo que somos está más allá del alcance del tiempo y libre de cualquier ley, salvo la de Dios (1:1). No tenemos otro propósito que el de Cristo (1:3). Somos uno con Dios, tal como Jesús lo era y lo es (1:5). Y todo nuestro aprendizaje está planeado para desaprender todo lo que nos dice algo diferente.



¿Qué soy? (Parte 4)

L.pII.14.2:4-5

La verdad de lo que somos no es algo de lo que se pueda hablar o describir con palabras. (2:4)

Las palabras sólo pueden traernos hasta aquí. Pueden llevarnos a la puerta del Cielo, pero no pueden hacernos entrar. Todas las palabras del Curso, tan maravillosas como son, no pueden hacer más de eso. Eso no es una deficiencia del Curso, ni una deficiencia de las palabras. Las palabras son sólo símbolos. No pueden hacer más de lo que los símbolos hacen, y eso es mucho, y todo lo que es necesario. La Verdad Misma de lo que somos hará el resto.

Esa verdad y el completo conocimiento de ella está más allá del alcance de las palabras y, por lo tanto, más allá del alcance de este mundo, que es un mundo de símbolos y no de realidades. Aún así, no hay razón para la desesperanza por eso. Lo que somos no puede estar aquí, igual que una persona física y “real” no puede existir dentro de un sueño, igual que una figura de tres dimensiones no puede entrar en un mundo de dos dimensiones. (Otro ejemplo: un cubo de tres dimensiones no puede existir en una hoja de papel, lo más que se puede hacer es un dibujo en perspectiva que sugiere tres dimensiones).

Podemos, sin embargo, darnos cuenta de la función que tenemos aquí, y usar palabras para hablar de ello así como para enseñarlo, si predicamos con el ejemplo. (2:5)

Aunque no podemos conocer totalmente la verdad de lo que somos, aquí en este mundo, podemos expresarlo; por decirlo de algún modo, podemos crear un dibujo en perspectiva que sugiere esa verdad. ¿Cómo? Llevando a cabo la función que Dios nos ha dado, la función que el Curso ha afirmado repetidas veces de muchas maneras: el perdón, ser feliz, extensión, hacer la Voluntad de Dios, dar de nosotros mismos, aumentar el tesoro de Dios creando el nuestro, dando y recibiendo sanación, aceptando la Expiación. Esto es algo de lo que las palabras pueden hablar, y las palabras pueden también enseñar el perdón, “si predicamos con el ejemplo”. Si las palabras que hablamos inundan nuestro ser, las palabras pueden transmitir lo que es el perdón. Si nuestra vida es un ejemplo de lo que hablamos, nuestras palabras tienen poder. Dicho de otro modo, si llevamos a cabo nuestra función de perdonar, podemos enseñar el perdón. Y eso es nuestro “dibujo en perspectiva” de la verdad de nuestro Ser. Ése es el reflejo en el mundo del Amor que somos.

Considera al Curso como un ejemplo de lo que aquí se nos está diciendo. ¿Por qué son tan poderosas sus palabras? Pienso que la razón es que las dice uno que es un ejemplo de las palabras que dice. Incluso en el modo en que Jesús (el autor) nos habla, y trata a nuestros fallos, nuestra terquedad y cabezonería, nuestras dudas y vacilaciones, podemos sentir la realidad detrás de las palabras que nos dice. Siempre es paciente con nosotros. Nunca nos menosprecia ni nos riñe disgustado por nuestra estupidez. Cuando habla del perdón hay un sentimiento de perdón en las palabras que nos transmite. Cuando nos dice que contemplemos a todos como iguales, sentimos que el nos está contemplando a nosotros como Sus iguales. Cuando dice que podemos mirar a todos sin ver ningún pecado, sentimos que así es como Él nos ve a nosotros.

A eso es a los que nos está llevando, a todos y cada uno de nosotros. Es lo que el Manual para el Maestro llama honestidad, en la Sección sobre las características de los Maestros de Dios.
La honestidad no se limita únicamente a lo que dices. El verdadero significado del término es congruencia: nada de lo que dices está en contradicción con lo que piensas o haces; ningún pensamiento se opone a otro; ningún acto contradice tu palabra ni ninguna palabra está en desacuerdo con otra. (M.4.II.1:4-6)
/
Únicamente al llevar a cabo nuestra función, únicamente al hacernos una encarnación del Curso, podemos llegar a darnos cuenta y reconocer Su mensaje para nosotros. Únicamente al darlo a otros en palabras y de hechos, podemos recibirlo nosotros completamente.


TEXTO

 

III. Los que se acusan a sí mismos

  

1. Sólo los que se acusan a sí mismos pueden condenar. 2Antes de tomar una decisión de la que se han de derivar diferentes resulta­dos tienes que aprender algo, y aprenderlo muy bien. 3Ello tiene que llegar a ser una respuesta tan típica para todo lo que hagas que acabe convirtiéndose en un hábito, de modo que sea tu pri­mera reacción ante toda tentación o suceso que ocurra. 4Aprende esto, y apréndelo bien, pues con ello la demora en experimentar felicidad se acorta por un tramo de tiempo que ni siquiera pue­des concebir: 5nunca odias a tu hermano por sus pecados, sino únicamente por los tuyos. 6Sea cual sea la forma que sus pecados parezcan adoptar, lo único que hacen es nublar el hecho de que crees que son tus propios pecados y, por lo tanto, que el ataque es su "justo" merecido.

2. ¿Por qué iban a ser sus pecados pecados, a no ser que creyeses que esos mismos pecados no se te podrían perdonar a ti? 2¿Cómo iba a ser que sus pecados fuesen reales, a no ser que creyeses que constituyen tu realidad? 3¿Y por qué los atacas por todas partes, si no fuese porque te odias a ti mismo? 4¿Eres acaso tú un pecado? 5Contestas afirmativamente cada vez que atacas, pues mediante el ataque afirmas que eres culpable y que tienes que infligirle a otro lo que tú te mereces. 6¿Y qué puedes merecer, sino lo que eres? Si no creyeses que mereces ataque, jamás se te ocurriría atacar a nadie. 8¿Por qué habrías de hacerlo? 9¿Qué sacarías con ello? 10¿Y de qué manera podría beneficiarte el asesinato?

3. Los pecados se perciben en el cuerpo, 2no en la mente. 3No se ven como propósitos, sino como acciones. 4Los cuerpos actúan, pero las mentes no. 5Por lo tanto, el cuerpo debe tener la culpa de lo que él mismo hace. 6No se le ve como algo pasivo que simple­mente se somete a tus órdenes sin hacer nada por su cuenta. 7Si tú eres un pecado, no puedes sino ser un cuerpo, pues la mente no actúa. 8Y el propósito tiene que encontrarse en el cuerpo y no en la mente. 9El cuerpo debe actuar por su cuenta y motivarse a sí mismo. 10Si eres un pecado, aprisionas a la mente dentro del cuerpo y le adjudicas el propósito de ésta a su prisión, que enton­ces actúa en su lugar. 11Un carcelero no obedece órdenes, sino que es el que le da órdenes al prisionero.

4. Mas es el cuerpo el que es el prisionero, no la mente. 2El cuerpo no tiene pensamientos. 3No tiene la capacidad de aprender, perdo­nar o esclavizar. 4No da órdenes que la mente tenga que acatar, ni fija condiciones que ésta tenga que obedecer. 5Él cuerpo sólo man­tiene en prisión a la mente que está dispuesta a morar en él. 6Se enferma siguiendo las órdenes de la mente que quiere ser su pri­sionera. 7Y envejece y muere porque dicha mente está enferma. 8El aprendizaje es lo único que puede producir cambios. 9El cuerpo, por lo tanto, al que le es imposible aprender, jamás podría cam­biar a menos que la mente prefiriese que él cambiase de aparien­cia para amoldarse al propósito que ella le confirió. 10Pues la mente puede aprender, y es en ella donde se efectúa todo cambio.

5. La mente que se considera a sí misma un pecado sólo tiene un propósito: que el cuerpo sea la fuente del pecado, para que la mantenga en la prisión que ella misma eligió y que vigila, y don­de se mantiene a sí misma separada, prisionera durmiente de los perros rabiosos del odio y de la maldad, de la enfermedad y del ataque, del dolor y de la vejez, de la angustia y del sufrimiento. 2Aquí es donde se conservan los pensamientos de sacrificio, pues ahí es donde la culpabilidad impera y donde le ordena al mundo que sea como ella misma: un lugar donde nadie puede hallar misericordia, ni sobrevivir los estragos del temor, excepto me­diante el asesinato y la muerte. 3Pues ahí tú te conviertes en un pecado, y el pecado no puede morar allí donde moran el júbilo y la libertad, pues éstos son sus enemigos y él los tiene que des­truir. 4El pecado se conserva mediante la muerte, y aquellos que creen ser un pecado no pueden sino morir por razón de lo que creen ser.

6. Alegrémonos de que ves aquello que crees, y de que se te haya concedido poder cambiar tus creencias. 2El cuerpo simplemente te seguirá. 3Jamás te puede conducir adonde tú no quieres ir. 4No es un centinela de tu sueño, ni interfiere en tu despertar. 5Libera a tu cuerpo del encarcelamiento, y no verás a nadie prisionero de lo que tú mismo te has escapado. 6Tampoco querrás retener en la culpabilidad a aquellos que habías decidido eran tus enemigos, ni mantener encadenados a la ilusión de un amor cambiante a aquellos que consideras amigos.


7. Los inocentes otorgan libertad como muestra de gratitud por su liberación. 2Y lo que ven apoya su liberación del encarcela­miento y de la muerte. 3Haz que tu mente sea receptiva al cam­bio, y ni a tu hermano ni a ti se os podrá imponer ninguna pena ancestral. 4Pues Dios ha decretado que no se pueda pedir ni hacer ningún sacrificio.
















martes, 20 de diciembre de 2016

20 DICIEMBRE: Cristo y yo nos encontramos unidos en paz y seguros de nuestro propósito. Su Creador reside en Él, tal como Él reside en mí.

AUDIOLIBRO


EJERCICIOS


LECCIÓN 354


Cristo y yo nos encontramos unidos en paz y seguros de nuestro propósito. Su Creador reside en Él, tal como Él reside en mí.


1. Mi unidad con el Cristo me establece como Tu Hijo, más allá del alcance del tiempo y libre de toda ley, salvo de la Tuya. 2No tengo otro ser que el Cristo que vive en mí. 3No tengo otro propósito que el Suyo. 4Y Él es como Su Padre. 5Por lo tanto, no puedo sino ser uno Contigo, así como con Él. 6Pues, ¿quién es Cristo sino Tu Hijo tal como Tú lo creaste? 7¿Y qué soy yo sino el Cristo en mí?




TEXTO

 

VII. La nueva interpretación

 

1. ¿Cómo iba a haber dejado Dios que el significado del mundo estuviese sujeto a tu interpretación? 2Si hubiese hecho eso, el mundo no tendría significado. 3Pues es imposible que el signifi­cado de algo cambie constantemente y que, aun así, sea verdad. 4El Espíritu Santo ve en el mundo un solo propósito, el cual es eternamente inmutable. 5Ninguna situación puede alterar este objetivo, sino que tiene que estar de acuerdo con él. 6Pues sólo si el objetivo del mundo pudiese cambiar con cada situación, podría cada una de ellas estar sujeta a diferentes interpretaciones cada vez que se pensase en ellas. 7 Tú añades nuevos elementos al guión que escribes para cada minuto del día, y así, todo lo que sucede ahora tiene otro significado. 8Elimina algún elemento, y el significado cambiará consecuentemente.

2. ¿Qué reflejan tus guiones, sino tus planes acerca de cómo debe­ría transcurrir el día? 2Y así, determinas lo que es un desastre o un triunfo, un avance o un retroceso, una ganancia o una pér­dida. 3Estos juicios se hacen en conformidad con los papeles que el guión asigna. 4El hecho de que de por sí no signifiquen nada queda demostrado por la facilidad con que estas designaciones cambian a la luz de otros juicios que se hacen acerca de diferentes aspectos de la experiencia. 5Y luego, visto en retrospectiva, crees ver otro significado en conexión con lo que ocurrió previamente. 6¿Qué has hecho realmente, sino demostrar que nada de ello tenía significado alguno? 7Mas tú le atribuías significado a la luz de objetivos cambiantes, que alteraban el significado a medida que dichos objetivos cambiaban.

3. Solamente un propósito firme puede otorgarle a cualquier acontecimiento un significado estable. 2Pero tiene que otorgarles a todos ellos el mismo significado. 3Si a cada acontecimiento se le otorga un significado diferente, ello quiere decir que cada uno de ellos tiene un propósito diferente. 4Y ése sería todo el significado que tendrían. 5¿Qué clase de significado sería ése? 6¿Cómo puede ser que el significado de "significado" sea confusión? 7La percep­ción no puede estar fluctuando constantemente y al mismo tiempo tener un significado estable en alguna parte. 8El miedo es un juicio que nunca está justificado. 9Su presencia no. significa nada, excepto que sirve para mostrarte que escribiste un guión tenebroso y que, como resultado de ello, tienes miedo. 10Pero no porque la cosa que temes tenga de por sí un significado temible.

4. Abrigar un propósito común es el único medio por el que la percepción puede estabilizarse, y por el que se le puede dar una sola interpretación al mundo y a todas las experiencias que se tienen en él. 2En ese propósito común, todo el mundo y todas las cosas que ves comparten el mismo juicio. 3Ahora no tienes por qué juzgar, pues has aprendido que a todo se le ha dado el mismo significado, y te alegras de poder verlo por todas partes. 4Dicho significado no puede cambiar porque tu deseo es percibirlo en todas partes, inalterado por las circunstancias. 5Por lo tanto, se lo otorgas a todos los acontecimientos y dejas que ellos te ofrez­can estabilidad a ti.

5. Librarte de juzgar radica simplemente en esto: todas las cosas tienen el mismo propósito, el cual tú compartes con todo el mun­do. 2Y no hay nada en el mundo que pueda oponerse a ese propó­sito, pues es el propósito de todas las cosas y también el tuyo. 3Tener un mismo propósito pone fin a todas las ideas de sacrificio, las cuales no pueden sino atribuir un propósito para el que gana y otro para el que pierde. 4Sin esta idea no podría haber pensamien­tos de sacrificio. 5Y es esta idea de que puede haber diferentes objetivos lo que hace que la percepción oscile y el significado cam­bie. 6Con un objetivo unificado esto se vuelve imposible, pues tu conformidad hace que la interpretación sea estable y duradera.

6. ¿Cómo se iba a poder entablar la comunicación mientras los símbolos que se usan tengan diferentes significados? 2El objetivo del Espíritu Santo ofrece una sola interpretación, la cual tiene sig­nificado para ti y para tu hermano. 3Y así, te puedes comunicar con él y él contigo. 4Cuando se usan símbolos que ambos podéis comprender se deja de sacrificar el significado. 5Todo sacrificio supone la pérdida de tu capacidad de ver la conexión que hay entre todos los acontecimientos. 6Pues si se observan por separado no tienen ningún significado, 7ya que les falta la luz bajo la cual se pueden ver y comprender. 8Y así, carecen de propósito 9y no se puede entender cuál es su finalidad. 10Ningún pensamiento de pérdida significa nada, 11pues nadie está de acuerdo contigo con respecto a su significado. 12Es parte de un guión disparatado, que no puede ser interpretado de manera que tenga sentido. 13Siempre será ininteligible. 14Esto no es comunicación. 15Tus sombríos sue­ños no son más que los absurdos guiones que escribes por tu cuenta mientras duermes. 16No trates de encontrar significado en sueños de separación. 17Sólo los sueños de perdón se pueden com­partir, 18pues significan lo mismo para ti que para tu hermano.

7. No hagas interpretaciones desde una perspectiva de soledad, pues lo que veas no tendrá ningún significado, y lo que representa cambiará. 2Y tú creerás que el mundo es un lugar incierto, por el que caminas en peligro, lleno de incertidumbre. 3Son únicamente tus interpretaciones las que carecen de estabilidad, pues no están en armonía con lo que realmente eres. 4Es éste un estado tan peli­groso en apariencia, que es imposible que no surja el temor. 5Hermano mío, no sigas por ese camino. 6Tenemos un solo Intérprete. 7Y a través del uso que Él hace de los símbolos nos unimos, y así, todos ellos tienen el mismo significado para todos nosotros. 8Nuestro idioma común nos permite hablar con todos nuestros hermanos, y entender con ellos que el perdón se nos ha otorgado a todos, y que, por lo tanto, podemos comunicarnos nuevamente.

domingo, 20 de diciembre de 2015

20 DICIEMBRE: Cristo y yo nos encontramos unidos en paz y seguros de nuestro propósito. Su Creador reside en Él, tal como Él reside en mí.

AUDIOLIBRO


EJERCICIOS


LECCIÓN 354


Cristo y yo nos encontramos unidos en paz y seguros de nuestro propósito. Su Creador reside en Él, tal como Él reside en mí.


1. Mi unidad con el Cristo me establece como Tu Hijo, más allá del alcance del tiempo y libre de toda ley, salvo de la Tuya. 2No tengo otro ser que el Cristo que vive en mí. 3No tengo otro propósito que el Suyo. 4Y Él es como Su Padre. 5Por lo tanto, no puedo sino ser uno Contigo, así como con Él. 6Pues, ¿quién es Cristo sino Tu Hijo tal como Tú lo creaste? 7¿Y qué soy yo sino el Cristo en mí?



sábado, 20 de diciembre de 2014

20 DICIEMBRE: Cristo y yo nos encontramos unidos en paz y seguros de nuestro propósito. Su Creador reside en Él, tal como Él reside en mí.

AUDIOLIBRO


EJERCICIOS


LECCIÓN 354


Cristo y yo nos encontramos unidos en paz y seguros de nuestro propósito. Su Creador reside en Él, tal como Él reside en mí.


1. Mi unidad con el Cristo me establece como Tu Hijo, más allá del alcance del tiempo y libre de toda ley, salvo de la Tuya. 2No tengo otro ser que el Cristo que vive en mí. 3No tengo otro propósito que el Suyo. 4Y Él es como Su Padre. 5Por lo tanto, no puedo sino ser uno Contigo, así como con Él. 6Pues, ¿quién es Cristo sino Tu Hijo tal como Tú lo creaste? 7¿Y qué soy yo sino el Cristo en mí?



viernes, 20 de diciembre de 2013

20 DICIEMBRE: Cristo y yo nos encontramos unidos en paz y seguros de nuestro propósito. Su Creador reside en Él, tal como Él reside en mí.

AUDIOLIBRO


EJERCICIOS


LECCIÓN 354


Cristo y yo nos encontramos unidos en paz y seguros de nuestro propósito. Su Creador reside en Él, tal como Él reside en mí.


1. Mi unidad con el Cristo me establece como Tu Hijo, más allá del alcance del tiempo y libre de toda ley, salvo de la Tuya. 2No tengo otro ser que el Cristo que vive en mí. 3No tengo otro propósito que el Suyo. 4Y Él es como Su Padre. 5Por lo tanto, no puedo sino ser uno Contigo, así como con Él. 6Pues, ¿quién es Cristo sino Tu Hijo tal como Tú lo creaste? 7¿Y qué soy yo sino el Cristo en mí?





TEXTO


Capítulo 31

 

 

LA VISIÓN FINAL



I. La simplicidad de la salvación


1. ¡Qué simple es la salvación! 2Tan sólo afirma que lo que nunca fue verdad no es verdad ahora ni lo será nunca. 3Lo imposible no ha ocurrido, ni puede tener efectos. 4Eso es todo. 5¿Podría ser esto difícil de aprender para aquel que quiere que sea verdad? 6Lo único que puede hacer que una lección tan fácil resulte difícil es no estar dispuesto a aprenderla. 7¿Cuán difícil puede ser recono­cer que lo falso no puede ser verdad, y que lo que es verdad no puede ser falso? 8Ya no puedes decir que no percibes ninguna diferencia entre lo falso y lo verdadero. 9Se te ha dicho exacta­mente cómo distinguir lo uno de lo otro, y lo que tienes que hacer si te confundes. 10¿Por qué, entonces, te empeñas en no aprender cosas tan sencillas como éstas?

2. Hay una razón. 2Pero no creas que es porque las cosas simples que la salvación te pide que aprendas sean difíciles, 3pues la salva­ción sólo enseña lo que es extremadamente obvio. 4La salvación simplemente procede de una aparente lección a la siguiente, mediante pasos muy sencillos que te llevan dulcemente de una a otra, sin ningún esfuerzo. 5Esto no puede crear confusión, y, sin embargo, estás confundido. 6Pues de alguna manera crees que es más fácil aprender y entender lo que es totalmente confuso. 7Lo que te has enseñado a ti mismo constituye una hazaña de aprendi­zaje tan gigantesca que es ciertamente increíble. 8Pero lo lograste porque ése era tu deseo, y no te detuviste a considerar si iba a ser difícil de aprender o tan complejo que no se pudiese entender.

3. Nadie que entienda lo que tú has aprendido, con cuánto esmero lo aprendiste, y los sacrificios que llevaste a cabo para practicar y repetir las lecciones una y otra vez, en toda forma concebible, podría jamás dudar del poder de tu capacidad para aprender. 2No hay un poder más grande en todo el mundo. 3El mundo se construyó mediante él, y aún ahora no depende de nada más. 4Las lecciones que te enseñaste a ti mismo las apren­diste con tanto esmero y se encuentran tan arraigadas en ti que se alzan como pesadas cortinas para nublar lo simple y lo obvio. 5No digas que no puedes aprender. 6Pues tu capacidad para aprender es tan grande que te ha enseñado cosas tan difíciles como que tu voluntad no es tu voluntad, que tus pensamientos no te pertenecen, e incluso, que no eres quien eres.

4. ¿Quién podría afirmar que lecciones como éstas son fáciles de aprender? 2Sin embargo, tú has aprendido eso y más. 3Por muy difícil que haya sido, has seguido dando cada paso sin quejarte, hasta construir un mundo de tu agrado. 4Y cada una de las leccio­nes que configuran al mundo procede del primer logro de tu aprendizaje, el cual fue de tal enormidad que, ante su magnitud, la Voz del Espíritu Santo parece débil e inaudible. 5El mundo comenzó con una extraña lección, lo suficientemente poderosa como para dejar a Dios relegado al olvido y a Su Hijo convertido en un extraño ante sus propios ojos, exiliado del hogar donde Dios Mismo lo había ubicado. 6Tú que te has enseñado a ti mismo que el Hijo de Dios es culpable, no digas que no puedes aprender las sencillas lecciones que la salvación te enseña.

5. Aprender es una capacidad que tú inventaste y te otorgaste a ti mismo. 2No fue concebida para hacer la Voluntad de Dios, sino para apoyar el deseo de que fuese posible oponerse a ella y para que una voluntad ajena fuese incluso más real. 3Y esto es lo que este aprendizaje ha intentado demostrar, y tú has aprendido lo que fue su propósito enseñar. 4Ahora tu viejo y remachado apren­dizaje se alza implacable ante la Voz de la verdad y te enseña que Sus lecciones no son verdad, que son demasiado difíciles de aprender y de entender, y que son diametralmente opuestas a lo que realmente es verdad. 5No obstante, las aprenderás, pues ése es el único propósito de tu capacidad para aprender que el Espí­ritu Santo ve en todo el mundo. 6Sus sencillas lecciones de perdón son mucho más poderosas que las tuyas, pues te llaman desde Dios y desde tu Ser.

6. ¿Es acaso ésta Vocecilla tan débil y queda que no puede alzarse por encima del insensato ruido de sonidos que no tienen sentido? 2La Voluntad de Dios no fue que Su Hijo se olvidara de Él, 3y el poder de Su Voluntad reside en la Voz que habla por Él. 4¿Qué lección vas a aprender? 5¿Qué desenlace es inevitable, es tan seguro como Dios y está más allá de cualquier duda e incertidum­bre? 6¿Cómo iba a poder oponerse tu mísero aprendizaje, que tan difícil fue de aprender y cuyas consecuencias son tan extrañas, a las sencillas lecciones que, desde los orígenes del tiempo y desde que la capacidad de aprender fue concebida, se te enseñan en cada momento del día?

7. Solamente se pueden aprender dos lecciones. 2Cada una de ellas da lugar a un mundo diferente. 3Y cada uno de esos mundos se deriva irremediablemente de su fuente. 4El mundo que ves es el resultado inevitable de la lección que enseña que el Hijo de Dios es culpable. 5Es un mundo de terror y desesperación. 6En él no hay la más mínima esperanza de hallar felicidad. 7Ningún plan que puedas idear para tu seguridad tendrá jamás éxito. 8No puedes buscar dicha en él y esperar encontrarla. 9Mas éste no es el único resultado que se puede derivar de lo que has aprendido. 10Por mucho que te hayas esforzado por aprender la tarea que elegiste, la lección que refleja el Amor de Dios es todavía más fuerte. 11Y aprenderás que el Hijo de Dios es inocente, y verás otro mundo.

8. En el mundo que resulta de la lección que afirma que el Hijo de Dios es inocente no hay miedo, la esperanza lo ilumina todo y una gran afabilidad refulge por todas partes. 2No hay nada en él que no te invite amorosamente a ser su amigo y a que le permitas unirse a ti. 3Ni una sola llamada deja jamás de oírse, se interpreta erróneamente o se queda sin contestar en el mismo lenguaje en que se hizo. 4Y entenderás que ésta es la llamada que todos los seres y todas las cosas en el mundo siempre habían hecho, pero que tú no habías percibido como tal. 5Y ahora te das cuenta de que estabas equivocado. 6Te habías dejado engañar por las for­mas que ocultaban la llamada. 7Por lo tanto, no la podías oír, y así, perdiste un amigo que siempre quiso ser parte de ti. 8La eterna y queda llamada de cada aspecto de la creación de Dios a la totalidad se oye por todo el mundo a la que esta otra lección da lugar.

9. No hay ninguna cosa viviente que no comparta la Voluntad universal de que goce de plenitud y de que tú no seas sordo a su llamada. 2Sin tu respuesta esta llamada se deja morir, de la misma manera en que se la salva de la muerte cuando tú oyes en ella la llamada ancestral a la vida y comprendes que es tu propia llamada. 3El Cristo en ti recuerda a Dios con la misma certeza con la que Él conoce Su Amor. 4Pero Dios sólo puede ser Amor si Su Hijo es inocente. 5Pues ciertamente sería miedo, si aquel a quien Él creó inocente pudiera ser esclavo de la culpabilidad. 6El Hijo perfecto de Dios recuerda su creación. 7Pero en su culpabilidad se ha olvidado de lo que realmente es.

10. El temor a Dios es el resultado ineludible de la lección que afirma que Su Hijo es culpable, de la misma manera en que el Amor de Dios no puede sino recordarse cuando el Hijo reconoce su inocencia. 2Pues el odio no puede sino engendrar temor y con­siderar a su padre igual que a sí mismo. 3¡Cuán equivocado estás tú que no oyes la llamada cuyo eco resuena más allá de cada aparente invocación a la muerte, la llamada cuyo canto se oye tras cada ataque asesino, suplicando que el amor restaure el mundo moribundo! 4No comprendes Quién es el que te llama tras cada manifestación de odio, tras cada incitación a la pugna. 5Pero lo reconocerás cuando le contestes en el mismo lenguaje en que Él te llama. 6Él aparecerá cuando le hayas contestado, y por Él sabrás que Dios es Amor.

11. ¿Qué es la tentación, sino el deseo de tomar una decisión erró­nea con respecto a lo que quieres aprender, y obtener un resul­tado que no deseas? 2El reconocimiento de que ése es un estado mental indeseable se convierte en el medio por el que se vuelve a examinar la elección, viéndose entonces que hay otro resultado más deseable. 3Te engañas a ti mismo si crees que lo que quieres son desastres, desunión y dolor. 4No prestes oídos a esa llamada. 5Escucha más bien la llamada subyacente, que te exhorta a que seas feliz y a que estés en paz. 6Y el mundo entero te brindará paz y felicidad. 7Pues a lo que oigas es a lo que responderás! 8Y ¡oh, maravilla! 9Tu respuesta será la prueba de lo que has aprendido, 10y su resultado, el mundo que contemplarás.

12. Permanezcamos muy quedos por un instante y olvidémonos de todas las cosas que jamás hayamos aprendido, de todos los pensamientos que hayamos abrigado y de todas las ideas precon­cebidas que tengamos acerca de lo que las cosas significan y de cuál es su propósito. 2Olvidémonos de nuestras propias ideas acerca del propósito del mundo, 3pues no lo sabemos. 4Dejemos que toda imagen que tengamos acerca de cualquier persona se desprenda de nuestras mentes y desaparezca.

13. No abrigues ningún juicio, ni seas consciente de ningún pensa­miento, bueno o malo, que jamás haya cruzado tu mente con res­pecto a nadie. 2Ahora no lo conoces. 3Pero eres libre de conocerlo, y de conocerlo bajo una nueva luz. 4Ahora él renace para ti, y tú para él, sin el pasado que lo condenó a morir, y a ti junto con él. 5Ahora él es tan libre para vivir como lo eres tú porque una vieja lección que se había aprendido ha desaparecido, dejando un sitio donde la verdad puede renacer.

 




jueves, 20 de diciembre de 2012

20 DICIEMBRE: Cristo y yo nos encontramos unidos en paz y seguros de nuestro propósito. Su Creador reside en Él, tal como Él reside en mí.

AUDIOLIBRO


EJERCICIOS


LECCIÓN 354


Cristo y yo nos encontramos unidos en paz y seguros de nuestro propósito. Su Creador reside en Él, tal como Él reside en mí.


1. Mi unidad con el Cristo me establece como Tu Hijo, más allá del alcance del tiempo y libre de toda ley, salvo de la Tuya. 2No tengo otro ser que el Cristo que vive en mí. 3No tengo otro propósito que el Suyo. 4Y Él es como Su Padre. 5Por lo tanto, no puedo sino ser uno Contigo, así como con Él. 6Pues, ¿quién es Cristo sino Tu Hijo tal como Tú lo creaste? 7¿Y qué soy yo sino el Cristo en mí?



TEXTO

 

 

II. Caminando con Cristo



1. Una vieja lección no se supera contraponiendo la nueva con la vieja. 2No se la subyuga para que la verdad pueda conocerse, ni se combate para que se rinda ante el atractivo de la verdad. 3No hay que prepararse para ninguna batalla, no hay que dedicarle tiempo, ni tampoco es necesario hacer planes para implantar lo nuevo. 4Una vieja batalla se está librando contra la verdad, pero la verdad no responde. 5¿Quién podría ser herido en semejante bata­lla, a no ser que se hiriese a sí mismo? 6En realidad no tiene ene­migos. 7¿Y podría acaso ser atacado por sueños?

2. Repasemos nuevamente lo que parece interponerse entre la verdad de lo que eres y tú. 2Pues para superar este obstáculo se tienen que dar ciertos pasos. 3El primero es una decisión que tú tomas. 4Pero de ahí en adelante, la verdad se te confiere. 5Tú quie­res determinar lo que es verdad, 6y debido a tu deseo, estableces dos alternativas entre las que elegir cada vez que crees que tienes que tomar una decisión. 7Ninguna de ellas es verdad, 8ni tampoco son diferentes entre sí. 9Sin embargo, tienes que examinar las dos antes de que puedas mirar más allá de ellas a la única alternativa que sí constituye una elección diferente. 10Pero no la busques en los sueños que forjaste con el propósito de que esto estuviese nublado de tu conciencia.

3. Las alternativas entre las que eliges no constituyen una verda­dera elección, y tan sólo dan la impresión de que se trata de una elección libre, pues en cualquier caso, el resultado será el mismo. 2De modo que no es realmente una elección en absoluto. 3El líder y el seguidor parecen desempeñar diferentes papeles, y cada uno de estos papeles parece poseer ventajas que tú no quisieras per­der. 4En su fusión, por lo tanto, parece haber esperanzas de satis­facción y de paz. 5Te ves a ti mismo dividido entre estos dos papeles, escindido para siempre entre los dos. 6Y cada amigo o enemigo se convierte en un medio para salvarte de esto.

4. Tal vez lo llames amor 2O tal vez pienses que es un asesinato que finalmente está justificado. 3Odias a aquel a quien asignaste el papel de líder cuando tú lo quisieras tener, y lo odias igual­mente cuando él no lo asume en aquellas ocasiones en que tú quieres ser el seguidor y abandonar el liderato. 4Para eso fue para lo que concebiste a tu hermano, y te acostumbraste a pensar que ése era su propósito. 5A menos que él sea fiel a eso, no habrá cumplido la función que tú le asignaste. 6Por lo tanto, merece la muerte, al no tener ningún propósito ni ninguna utilidad para ti.

5. ¿Y qué quiere él de ti? 2¿Qué otra cosa podría querer, 3sino lo mismo que tú quieres de él? 4En esto es tan fácil elegir la vida como la muerte, pues lo que eliges para ti lo eliges para él. 5Le haces dos llamamientos, tal como él a ti. 6Estos dos llamamientos ciertamente constituyen una elección, pues de cada uno de ellos se deriva un resultado distinto. 7Si él acaba siendo tu líder o tu segui­dor no importa, pues en cualquier caso habrás elegido la muerte. 8Pero si él clama por la muerte o por la vida, por el odio o bien por el perdón y por la ayuda, entonces el resultado no será el mismo. 9Si oyes el primero de esos llamamientos, te separarás de él y te perderás. 10Mas si oyes el segundo, te unirás a él y en tu respuesta se halla la salvación. 11La voz que oyes en él no es sino la tuya. 12¿Qué te pide? 13Escucha atentamente, 14pues te está pidiendo lo mismo que te ha de llegar a ti, ya que lo que estás viendo es una imagen de ti mismo y lo que estás oyendo es tu propia voz expresando tus deseos.

6. Antes de contestar, haz una pausa y piensa en lo siguiente: 2La respuesta que le dé a mi hermano es la que yo estoy pidiendo. 3Y lo que aprenda acerca de él, es lo que aprenderé acerca de mí. 4Aguardemos luego un instante y estemos muy quietos, olvidán­donos de todo lo que habíamos creído oír y recordando cuán poco sabemos. 5Este hermano ni nos dirige ni nos sigue, sino que camina a nuestro lado por la misma senda que nosotros reco­rremos. 6Él es como nosotros, y se halla tan cerca o tan lejos de lo que anhelamos como le permitamos estar. 7No hacemos ningún avance que él no haga con nosotros, y si él no avanza, nosotros retrocedemos. 8No le des la mano con ira, sino con amor, pues su progreso es el tuyo propio. 9Y recorreremos la senda por sepa­rado a no ser que lo mantengas a salvo a tu lado.

7. Puesto que Dios os ama a los dos por igual, se te salvará de todas las apariencias y contestarás la llamada que Cristo te hace. 2Estáte muy quedo y escucha. 3Despeja tu mente de viejas ideas. 4Olvida las tristes lecciones que aprendiste acerca de este Hijo de Dios que te llama. 5Cristo llama a todos con igual ternura, sin ver líderes ni seguidores, y oyendo una sola respuesta para todos ellos. 6Puesto que Él oye una sola Voz, no puede oír una res­puesta diferente de la que dio cuando Dios lo nombró Su único Hijo.

8. Sumérgete en la más profunda quietud por un instante. 2Ven sin ningún pensamiento de nada que hayas aprendido antes, y deja a un lado todas las imágenes que has inventado. 3Lo viejo y decrépito se derrumbará ante lo nuevo tanto si te opones a ello como si lo apoyas. 4Ninguna de las cosas que consideras valiosas y dignas de tus atenciones será atacada. 5Tampoco se atacará tu deseo de oír un llamamiento que jamás existió. 6Nada te hará daño en este santo lugar adonde vienes a escuchar en silencio y a aprender qué es lo que realmente quieres. 7Esto será lo único que se te pedirá aprender. 8Mas al oírlo, comprenderás que lo único que necesitas hacer es abandonar los pensamientos que ya no deseas y que nunca fueron verdad.

9. Perdona a tu hermano por todo lo que aparenta ser, lo cual procede de las viejas lecciones que te habías enseñado a ti mismo acerca de tu pecaminosidad. 2Oye únicamente su petición de cle­mencia y liberación de todas las pavorosas imágenes que tiene con respecto a lo que él es y a lo que tú no puedes sino ser tam­bién. 3Él teme caminar a tu lado, y cree que tal vez si se atrasa o se adelanta un poco será menos peligroso para él. 4¿Cómo ibas a poder progresar tú si piensas lo mismo, y avanzas únicamente cuando él se rezaga y te quedas atrás cuando él se adelanta? 5Pues al hacer esto, te olvidas del objetivo de la jornada, que no es otro que la decisión de caminar a su lado, de modo que ninguno sea ni líder ni seguidor. 6Se trata, por lo tanto, de que caminéis juntos y no cada uno por separado. 7Y mediante esta decisión, el resul­tado del aprendizaje cambia, pues Cristo habrá vuelto a nacer para vosotros dos.

10. Para que esto suceda, bastará un solo instante que estés libre de tus viejas ideas acerca de quién es tu formidable compañero y de lo que él debe estar pidiendo. 2Y percibirás que su propósito es el mismo que el tuyo. 3Él pide lo que tú deseas y necesita lo mismo que tú. 4Tal vez en su caso ello se manifieste de forma diferente, pero no es a la forma a lo que respondes. 5Él pide y tú recibes, pues has venido con un solo propósito: poder aprender a amar a tu hermano con un amor fraternal. 6Y en cuanto que her­mano tuyo, su Padre no puede sino ser el mismo que el tuyo, ya que él es como tú.

11. Unidos podéis recordar y aceptar vuestra herencia común. 2Solos, se os niega a ambos. 3¿No está claro acaso que mientras sigas insistiendo en ser líder o seguidor pensarás que caminas solo, sin nadie a tu lado? 4Éste es el camino que no conduce a ninguna parte, pues no se te puede otorgar la luz mientras cami­nes solo, y así, no puedes ver por donde vas. 5Esto produce con­fusión y una interminable sensación de duda, a medida que te tambaleas solo de un lado a otro en la oscuridad. 6Sin embargo, éstas no son más que apariencias de lo que es la jornada y de cómo se tiene que recorrer. 7Pues hay Alguien a tu lado que ilu­mina tu camino, de modo que puedas dar cada paso con certeza y sin ninguna duda con respecto a qué camino seguir. 8Tener los ojos vendados puede ciertamente cegarte, mas no puede hacer que el camino en sí sea oscuro. 9Y Aquel que viaja contigo tiene la luz.